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"La Peste" un cuento de taller



 
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Goliardo
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Registrado: 23 Nov 2000
Mensajes: 1270
Ubicación: Capital Federal (Argentina)

MensajePublicado: Lun Feb 05, 2001 04:31    Asunto: "La Peste" un cuento de taller Responder citando

Este es un cuento escrito de cero en un par de días, a partir de las propuestas de trabajo de taller y como ejercicio de taller. A ver qué excesos o carencias me señalan, el Jefe, los compañeros talleristas y el que se asome por aquí también.

Hubo un error, mil perdones a Camús, el verdadero título era:

La Plaga
-¡Cómo puede ser que existan, criaturas tan horrendas!- chillaba mi clienta mientras yo, religiosamente me aplicaba a la inspección de alacenas y bajomesadas, en busca de señales que denuncien, la presencia de: “La Plaga”-¡Horror!¡Peste!¡Inmundicia!- el timbre elitroso de sus quejas, no dejaba de irritarme. Pero la dama estaba aterrada, sus signos de alteración, eran evidentes: la expresión desencajada, miembros rígidos oprimidos contra el abdomen, más la corrosiva tensión de sus modales acentuando mi fastidio (el que siempre me acompaña, a la hora de atender reclamos nocturnos) La hembra zumbaba al borde del desquisio-¡Cómo es posible que existan, criaturas tan horrendas!- y a esas alturas, aunque en otro sentido, yo me hacía la misma pregunta.
-¡Nunca habrá modo de acabarlas!- rechinaba furias, muy de acuerdo a lo convenido para el rito -¡Lo dicen los científicos!- Amén, es cierto, pensé, hemos evolucionado tanto como especie, y aún no hallamos el modo de acabar a todas las Amas de Casa: ¡Maldito el día en que la Revolución contra la Magna, proclamó democráticamente el pequeño imperio de una reina en cada hogar! Y la Reina en cuestión era, de las que toman muy en serio su papel, y no dudan en dar alarmas de Invasión a las horas más impropias, interrumpiendo nuestras partidas de naipes, allí en el cuartel de guardias.
-¡Son vehículos de la Inmundicia! ¡Portadores de La Peste!- Aullaba, así está escrito, aunque por supuesto, se trate de una creencia absolutamente falsa.
Sucede que en nuestras modernas ciudades de cristal proteico, ninguna porquería rastrera representaría jamás, una verdadera amenaza sanitaria. Sea individualmente o en enjambre, la Plaga es por completo inofensiva, carece de aguijones o ponzoña, y difícilmente hallaría en nuestras colmenas inmundicia alguna a la que transportar.
Aire y luz, penetran filtrados a la ciudad, por los instersticios moleculares de la proteina con que elaboramos, el casquete translúcido que recubre cada colmena. Y para el caso de que alguna partícula nociva ingresara al ambiente por cualquier otra vía, jamás lograría prender sobre las superficies astrigentes de nuestros materiales de construcción, los que instantaneamente desecan al contacto, cualquier tipo de flora bacteriana, hongo o espora. Por otra parte nuestros sistemas inmunológicos, han sido modificados genéticamente, los anticuerpos que nos protegen, son generados por diseño biomolecular. No existe mutación virósica ilegal, que logre pasar inadvertida a los letales y siempre alertas “nanos”, microcomputadoras automorfas del tamaño de una célula grasa, encargados de patrullar la atmósfera que respiramos y la intimidad de nuestros fluidos orgánicos.
Al fin, hemos vencido, ya nada puede matarnos, más que el aburrimiento en este maldito planeta de asepcias y burocracias.
-¡Cómo es posible que existan criaturas tan horrendas!- salmodeaba incansable la Bruja ¿Cómo es posible? No lo sé, sin embargo aquí estamos, presos y desecados en nuestros translúcidos caparazones, oprimidos, como insectos incapaces de librarse de sus mudas, acobardados, ante la desnudez a la que nos expondríamos, de tan solo dar un paso, un solo paso más en el camino..¿pero hacia dónde?
Triunfamos, y con eso detuvimos la historia.
Somos criaturas verdaderamente horrendas.
-¡Que asco!¡Que asco!- chilla que chilla, los cristales del mobiliario vibraban, resonantes a su registro soprano. Increible, hasta los objetos inertes temen a las Reinas, y las Reinas se temen a sí mismas, pero más que nada temen al silencio, que es la revancha de los hijos y machos obreros, a lo que sumamos ocasionalmente la traición, en alguna cópula ilícita con hembras sin corona (siempre tentadas, las pequeñas, por envidiosas) El rencor hiede, aún apagado, por debajo las bruñidas apariencias, rencor que se hace asco, asco del otro y de uno mismo, asco de todo. Pestilencia que inunda la atmósfera de nuestras colmenas y ni el cristal proteico ni los “nanos”, son capacer de lavar.
Así es que nuestra raza, se debate al límite de la Náusea Universal.
Todos lo sabemos, pero no podríamos discutir al respecto, sin infringir con ello alguna norma cívica (tenemos normas contra toda ocurrencia que hiera la vanidad triunfal de nuestra raza) No por nada se nos hizo indispensable, distinguir el objeto apropiado hacia el que orientar, lícitamente, nuestro furioso autodesprecio:
-¡Horrible, horrible inmundicia!¡Fuera de mi casa!- ¿Por qué creen que las religiones fueron deshechadas, de la vida pública y privada en nuestros colmenares? Pues, porque habiendo vencido a la muerte y ya cautivos, de una vida miserablemente pulcra y ordenada, fueron desapareciendo los credos positivos y propagándose las riadas apologistas del suicidio.
Debido a esto, los Guardianes del Orden Gregario, se vieron obligados a asumir drásticas medidas. Tras votación parlamentaria, no se hizo más que censar y tomarle la palabra, a cada profeta o feligrés, para así darles gusto, disponiéndose una operación policial sin precedentes históricos por la magnitud y presteza de su ejecución.
Se instaura la Reforma y se decreta el olvido, ni los ajusticiados ni la Gran Purga figuran en registro alguno.
Y es así como aparecimos nosotros en el punto de la amnesia: Los Sacerdotes del Nuevo Credo, purificadores ambientales, sufridos héroes del cotidiano combate contra “la Plaga”, encargados, de atender con celo, a la higiene espiritual de nuestro pueblo: “Kar Vins, operador clase A, Genocontrol de Plagas de Alto Riesgo¡En donde se localiza el foco!”¿Lo he dicho bien?¿Sonó convincente? Así debe ser, o perdería mi licencia.
Sepan que sin la Plaga y sin el Gremio, la vida en la colmena sería insoportable ¿Irse? No hay donde emigrar, el planeta entero ha sido cubierto por nuestros domos de cristal. ¿Morir? ya a nadie se le permite, no antes de cumplir los ciento ochenta, para recién entonces sí, marchar alegremente al crematorio como un feliz y realizado ¡insecto! Condecorado, por el Consejo de la Reforma.
¿El suicidio? ¡Tabú! Pensarlo es un delito, desearlo provoca angustia, y el Diperimidol, está a la espera de todo aquel que lo intente. No importa si lo logras, serás reconstituido y reanimado, sometido a juicio y condenado a la fatídica hipodérmica de “Diperimidol-Divinil-Di-Phosfato”, sustancia cuya ingesta o inoculación, desequilibra el sistema ganglionar, provocando una secuencia caótica de malestares, que ya no permite al condenado ni dormir ni despertar del todo, permanecer quieto ni moverse con acierto. De ese modo, el traidor pena sin solución de continuidad, hasta cumplir sus ciento ochenta reglamentarios, encerrado en una celda transparente y expuesto a la mirada del paseante, situación que el diperimidol, permite al delincuente percibir con la suficiente claridad de conciencia, para cerrar el cuadro, por si fuera poco, con el detalle de la humillación pública.
Y yo soy parte de este enorme fraude, sacrificado combatiente contra La Plaga, ese vehículo de la Peste, ese agente del Apocalipsis, desenlace que según lo escrito, no podrá postergarse indefinidamente. Y esto es maravilloso, ya que de solo fantasear con que todo lo que odiamos desaparecerá algún bendito día, conciliamos gustosos el sueño como mansos pulgones: “¡Dormid en Paz, ciudadanos, La Plaga llegará, a barrer nuestras miserias!”
La Plaga, sí, justamente, esos seres infectos incapaces de transmitir infección alguna, esos habitantes de la “podredumbre”, parasitando una ciudad que los alimenta adrede y en la que nada puede “pudrirse”, sin llenar por triplicado las formas correspondientes en el Departamento de Salubridad.
¿Es que acaso nadie se pregunta, puesto que estos bichos son tan de cuidado, por qué diablos no se programa a los “nanos” para que detecten y destruyan hasta el último ejemplar de la porquería? Sería fácil, por ejemplo, causarles la muerte mediante el bloqueo de alguna enzima nerviosa vital, mucho más económico y eficaz, que destinar todo un ejército de especialistas a la onerosa tarea de perseguirlas manualmente.
¿Pero qué sucede a cambio? Pues que los nanos contribuyen a “La Causa” manteniendo limpio y sano, por dentro y por fuera, a cada infeliz bicho al igual que a nosotros.
¿O a qué se deberá que aún hoy respetemos, ciertos detalles tradicionales de buen gusto, que a nadie gustan, más que a las nidadas de la Peste a la que sirven de refugio?
Por otra parte, en nuestros pulcrísimos hogares, toda suciedad desaparece casi antes de producirse, y si alguna sabandija ingresara en las cámaras anaeróbigas procesadoras de detritus, en pocos segundos moriría ahogada.
Entonces ¿De qué se alimenta la Plaga? Lo único a su alcance es el mismo pesticida, y mostrarse a la vista del ama de casa, es el recurso desesperado al que apelan los hambrientos, para que al toque de alarma, nos presentemos en el acto a llenarles las barrigas. Pero hasta ellos respetan el ceremonial, y una vez satisfechos, nuestros comensales retornan muy ufanos a sus cómodas madrigueras.
-¡Pido se libere a mi hogar, de la malsana pestilencia!- Cierto, allí seguía La Reina, y se supone que a ese parlamento yo debía responder: “El portador de la Peste será contenido, por la autoridad que me confiere el bla, bla, bla...” . Pero esa noche no estaba de buenas, es más, creo que mis tiempos de idealista combatiente, para entonces, ya eran historia.
-En realidad, Señora mía, hay mucho que agradecer a estas feas criaturas.
-¿Pero?..
-Sus cuerpos comportan el setenta por ciento de la proteina viva del planeta, son fundamentales para la continuidad de la cadena alimentaria y el equilibrio quimiorgánico de los suelos en las áreas de cultivo.
-Lo denun...lo denun...
-¿Sabía Usted que estas sucias alimañas, fueron reclutadas hace siglos por brillantes agrónomos, para servir en los campos como alimento a la bellísima fauna ornamental, la fertilización de suelos y el tratamiento natural de la carroñá?
-¡Ah, ah, ah!- jadeaba la horrenda criatura presa de la excitación.
-Aunque por supuesto, nada tengan que hacer en nuestros hogares, donde representan la mayor amenaza para la salud de nuestras colonias.
-¡Y dicen los científicos que la Plaga conquistará el mundo!- zumba dramáticamente mi buena clienta, ya casi recompuesta y honrando con su cita a la liturgia estatuida.
-Oh, claro, claro...pero en todo caso, lo re-conquistarían, dado que millones de años atrás, estas especies, ya fueron ¡los verdaderos Reyes de la tierra!
-Tonterías, voy a denunciarlo- me reconvino con admirable soltura ¡La Corona volvía a su cabeza!
-Por supuesto que estos “Reyes de la Inmundicia”, concluyeron ahogándonse en sus propios excrementos. Incapaces de comprender la lógica del cosmos, esa misma legalidad de causas y consecuencias que les permitiera predominar en eras arcaicas, luego les arrebató su posición de privilegio. Al multiplicarse y cubrir el planeta sin planificación ni mesura, perturbaron a ciegas el clima global con sus escabrosas actividades, promoviendo el advenimiento de un nuevo medio ambiente planetario, cataclísmico para éllos, pero óptimo para nuestros antepasados ¡Los Padres Primitivos!
-¡Ohhh!
-Y como estos repulsivos bichos eran ya de lo que más abundaba, nuestros antepasados: ¡Se los comían!
-Agggg..¡Que asco! No puedo creer que nuestros Padres Primitivos hayan podido...
-Pues créalo, mi Señora, créalo, está demostrado, es más, estas alimañas, eran de un tamaño incomparablemente mayor al de la actualidad, y nuestros antepasados, al contrario, muchísimo más pequeñitos de lo que hoy nosotros, sus descendientes y herederos.
-¡Imposible!
-Pues está demostrado, mi buena Señora, está demostrado. De hecho, Los Padres Primordiales eran bastante golosos, y ganaron en porte gracias a la abundancia de alimento. Por supuesto que se les perdonaba la vida a las presas más pequeñas, las únicas que con el tiempo, sobrevivieron a la depredación.
-Ohhh...
-En la medida que nosotros evolucionábamos dominando el Globo, hasta la gloria actual de nuestra Raza regidora de galaxias y destinos, estas “horrendas criaturas”, fueron adaptándose a una existencia cobarde y rastrera, retornando a chapotear en el sieno que les dio origen, excluidas por eso de la dieta y sobreviviendo como especie, merced al admirable desarrollo de sus órganos reproductivos.
-¡Asquerosos!
-Bien sabemos que las tasas de natalidad, resultan impúdicamente elevadas en las formas de vida inferiores, y en cambio, casi nula en la nuestra, puestos como estamos al Tope, de la pirámide evolutiva- Para estas alturas, mi antes escandalizada clienta, era ganada por el acento patriótico de mi imaginativo discurso. Y debo señalar que una denuncia por irregularidades protocolares, me habría valido un bonito par de meses a diperimidol.
Pero al fín, que ya tenía lista mi pistola de cebos feromónicos, infalible tentación a la lujuria de aquel pueblo promiscuo, afincado en huecos y tuberías.
-¿Dígame, acaso es tóxico su producto?- Y esta emergencia era sistemática, nunca faltó su mención a lo largo de mis cuarenta años de aporte a la función que me privilegia. Sin embargo, se trataba de una línea absolutamente fuera del guión estatuido y ni siquiera una entre las variantes insertas, en el amplio catálogo de transgresiones tolerables. Aún así, era un hecho de la experiencia profesional, que trátese de machos, hembras, ambigüos o hermafroditas y sin distinción de edad, ninguno se abstuvo de manifestar ante mi presencia, este recelo incohercible hacia los plaguicidas.
Yo opino que nuestra raza, padece un temor congénito al envenamiento, que ha de tener su raíz en algún histórico mal recuerdo asociado a los pesticidas, e irremoviblemente depositado en nuestros genes.
Por mi parte, como operador de Genocontrol de Plagas de Alto Riesgo, yo no estaba obligado a contestar esa pregunta, ni hacer lugar a insolencia alguna, al contrario, mi deber era ignorarlo y proseguir con el ceremonial. Pero ocurre que aún hoy, nada me agrada más que comportarme amablemente, justo allí donde las reglas, imponen la intransigencia.
-Por favor, Señora mía, no se preocupe, este gel feromónico de alta selectividad, es absolutamente inocuo para nuestra salud, resultando en cambio “letal”, para la odiosa sabandija.
-Ohhh.
-Es que siendo tan distinta la constitución, de un organismo de hemolinfa blanca a otro de sangre roja, nada hay que temer de nuestra parte a...- y en ese mismo momento, al remover la membrana de una boca de desagüe, cierto desafortunado especimen enloquecido de amor a la feromona, vino a servir, involuntariamente, a los efectos de mi demostración: -¡Crack!- resonó, hecho papilla bajo mi garra.
-¿Ve Usted, Señora mía? ¡Sangre roja!- sentencié con orgullo académico, mientras mi delicada Reina, abría la carrera en dirección al sanitario, sobre tres ágiles pares de miembros. (Gustavo Senatore 9-2-2001)


[Este mensaje ha sido editado por Goliardo (editado 09 Febrero 2001).]
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Caronte35
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Registrado: 08 Feb 2000
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Ubicación: La Estigia y el rio Aqueronte tambien.

MensajePublicado: Lun Feb 05, 2001 15:45    Asunto: Vacío Responder citando

Eres buen narrador, pero te falta, todavia te falta. Usas demasiado y hasta abusas de la voz pasiva. Repites la idea y, no conforme con todo esto, la atiborras de palabras. Tambien, de giros poco elegantes muchas veces.

Por ejemplo, a mi me hubiera gustado un primer parrafo asi:

"Malditas criaturas"!, se quejaba, chillaba esta clienta. Yo, inspeccionaba alacenas y bajomesadas en busca de algun vestigio que denunciase la presencia de "la plaga". Pero que chasco; aunque me hubiera conformado con la mas leve huella, el mas reciente atavio. Pero nada, fue una inspeccion sin exito.

Ves? Ese es el TONO de ese magnifico cuento tuyo!

Y te lo digo porque si alguien hay aqui con posibilidades de llegar a ser un magnifico cuentista, ese eres tu. Se te ocurren buenos temas y los narras bien.

Y que maese Di Marco te ayude y te alumbre la entendedera de la cuentistica en especial!


Saludos,

Caronte!

II...

Mas bien me referia al tono del trabajo. Al parecer, ese cuento da para ironizar mas, aunque te confieso esta muy bien ubicada la ironia del paralelo "criatura horrenda" en referencia a las bacterias cuando la aplicas a la clienta. Ella misma es horrenda! Sin embargo, no esta bien lograda la ironia. No se, me parece abrupta y poco elegante la forma en que la introduces. Eso si, no dejo de decirte que esta muy bien colocada la ironia aqui. NO es forzada y el lector hasta sonrie.

Tambien, pienso que este trabajo da para criticar y satirizar incluso. Piensa en todos esas "criaturas horrendas" que dicen, especula la gente, fueron creadas en laboratorios humanos, y "escapadas" despues como el SIDA. Tambien, la guerra bacteriologica. Luego, el mismo ser humano las crea, las cultiva y las distribuye! Juega con esto y lograras un buen cuento.

Hay bastante materia para tu cuento. Aprovechala!

[Este mensaje ha sido editado por Caronte35 (editado 05 Febrero 2001).]

[Este mensaje ha sido editado por Caronte35 (editado 05 Febrero 2001).]
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Goliardo
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Registrado: 23 Nov 2000
Mensajes: 1270
Ubicación: Capital Federal (Argentina)

MensajePublicado: Lun Feb 05, 2001 18:58    Asunto: Vacío Responder citando

Yo estoy pensando en sacarle cosas en lugar de ponerle, pero esta es la última versión y así queda a la espera de más opiniones.
Me gustaría saber que es lo que entiende de lo que se dice, qué cosas son confusas, y más que nada si el desenlace es claro y eficaz.
En cuanto al ritmo, pretendí respetar una escena en donde el pèrsonaje tiene una persona exhaltada por detrás, algo muy alterado que concluye en una especie de sopapo.

Espero opiniones, lo más básicas posible, esto quedará así por un tiempo, sin nuevas reediciones

[Este mensaje ha sido editado por Goliardo (editado 07 Febrero 2001).]
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