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Algo sobre el amor o...¿más de lo mismo?



 
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Autor Mensaje
Jezabell
Miembro Principiante
Miembro Principiante


Registrado: 28 Feb 2001
Mensajes: 22
Ubicación: La Plata

MensajePublicado: Mie Abr 25, 2001 23:36    Asunto: Algo sobre el amor o...¿más de lo mismo? Responder citando

críticas, consejos , opiniones, se acepta de todo, solo,¡anímense!, gracias Jezabell.
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Las luces de la carretera iluminando su rostro dejaban entrever que una muy lejana tristeza volvía hoy a remarcarse en su mirada, como si todo este tiempo transcurrido no hubiese sido suficiente para borrarla de sus ojos para siempre.
En sus pensamientos las dudas y los reproches vagaban inútilmente, sin hallar una salida, presos en toda la magnitud de su desesperación.
Con el volumen de la radio al máximo se internaba con prisa en la carretera, y llevado por los cuatro vientos emprendía su viaje hacia los brazos de su dulce realidad, la que le devolvería la paz que ahora más que nunca estaba necesitando.
La música le ayudaba a no pensar, y así es como deseaba permanecer, inerte, alejado de los momentos que estaban por venir, despojado de la súbita responsabilidad de decidir por su vida, su miserable vida.
Al llegar se propuso firmemente desplazar a Miranda de todo su entorno y enfocar todas sus energías en un dichoso reencuentro con Jeza.
Yo, que no hacía más que soñar con ese esperado momento, al verlo me arroje a sus brazos y le entregué, con lágrimas en los ojos, todo el amor que en mi delirio podía caber.
Ansiaba una respuesta positiva a mi gratuita composición de besos y caricias pero para mi sorpresa ( o no), solo recibí a cambio la insana mansedumbre de su triste semblante.
¿Porqué sentía que su actitud no era extraña para mí?
Lo noté ausente, lejano, y temí que mis deseos no fueran correspondidos.
Él lo negó, citaba mil razones, triviales todas, para excusarse y despejar así la grandeza de mi desconcierto.
Yo no le creí, y el dolor, ese nuevo dolor no me permitía ser confiada y olvidar aquella extraña sensación de haberlo perdido por completo.
Dudé, de él, de sus palabras, de su conducta tan distante y sombría y preferí rendirme antes de comenzar la lucha, por temor a tener que asumir una nueva derrota.
Ya no había magia entre los dos, y la sombra de aquel bello sentimiento se disipaba en el suspiro amargo de un,
“ Lo Siento”, que en mi alma se instalaba sin pedir permiso.
Se refirió a un cansancio, eterno, que invadía eventualmente todo el peso de su cuerpo.
Resguardó su culpa tras los nervios que su agitada carrera le provocaba, y me pidió millones de fluctuosas disculpas que preferí aceptar, condescendientemente, para no transformar aquella escena en algo de lo que pudiera arrepentirme luego.
Con una vaga promesa de volver a vernos para dilucidar aquel fugaz encuentro, se marchó, tan ausente y lejano como había llegado, dejando como estela la imperiosa inquietud de sentirme totalmente fuera de su vida.
Nuevamente en la carretera, con la música corriendo por sus venas y la brisa del mar golpeándole en la cara, se extravió conciente en las imágenes que aquella misma tarde en la Mansión atravesaron sus ojos.
¡Fue tan fuerte volver a verla!, escuchar sus palabras tan enérgicas y arrogantes como siempre las había recordado, descubrir la imponente magnitud de sus curvas, tan puntuales y definidas como aún perduraban en su memoria.
¡Y el infierno de aquel beso!, ¿cómo quitarlo de sus labios?, Si toda la pasión que una vez sintió, despertó de golpe con el fuego de aquella “trampa para la cordura”, que resultó ser el conjuro de su boca.
No podía seguir así, deseándola, anhelándola, deshaciéndose en deseos de sentirla nuevamente bajo su piel, estallando como un volcán impaciente y feroz, abrumado por las ansias de volver a amarla.
Cuando regresó de sus perturbaciones, se encontró frente a la puerta de la suite “Reina Victoria” del Hotel más lujoso de Acapulco y decidió, ahí mismo, que debía ponerle un final a tanto martirio.
Debía verla, aunque fuese por última vez y para terminar con todo aquello que malograba sus planes para con su vida y con su futuro.
Le pondría punto final a todas las intenciones que Miranda pudiera albergar y dejaría bien claro que ya nada era posible entre los dos.
Respiró profundo y se lanzó a la lucha...
_¡“Que sea lo que Dios quiera”! _ Exclamó en voz alta y se dispuso a terminar por fin con todas sus vacilaciones.
Miranda abrió la puerta y la llama se encendió, pocas fueron las palabras que enmarcaron aquel fastuoso despliegue de besos y abrazos y no encontraba un lugar, en tan agitada sinfonía de gemidos, la anteriormente ensayada explicación que debió acompañar aquel encuentro.
Atras, muy atras, quedaron los débiles pensamientos que rezaban que ya nada podía suceder entre ellos, y cerca, muy cerca podía percibirse la fragancia que el fragor de sus cuerpos ardientes emanaba sin desvelo
Se amaron como antes, más que antes, con la misma voracidad de esos días de grandes apetitos sexuales, cubierto de superficiales pasiones y frágiles sentimientos.
Por su mente pasaba la vida, la que vivió junto a ella con todo el peso de los años trascurridos y la memoria de un abandono que aún latía en sus recuerdos.
Por su piel pasaba el deseo, el que jamás desapareció y que renacía hoy, ahora, en la inmensidad de aquel encuentro y con la pasión enmarcando aquella locura.
Por su corazón pasaban la angustia y el dolor, por que su vida no era la misma, por que había conocido la dulzura de otros labios y el suave destellar de otros ojos y comprendía, que a pesar de la fuerza irresistible que Miranda ejercía sobre sus instintos, una reciente naturaleza lo elevaba por sobre sus raíces, llevándolo a descubrir la grandeza del celeste puro y magistral que se reflejaba en un nuevo firmamento.
Desde allí y subido a la imponencia de su Ángel alado podía sentir que el mundo lo resarcía de su falta de Fe, otorgándole la invalorable segunda oportunidad que todos anhelamos.
¡Pero que extraña la vida!, ¡Que injusto el destino!, Que debió caer en la trampa de su primitiva condición humana para descubrir el valor que se escondía en la sencillez de una palabra dulce o de un par de rosas blancas.
Debió beber de la sangre de sus viejas heridas, para comprender que no es posible terminar con lo que jamás ha comenzado.
Por que no se pierde lo que nunca se tuvo, y esa mujer que yacía vehemente bajo su cuerpo jamás le había pertenecido, no de la forma o el modo que él se merecía, con amor, el mismo inmenso amor que alguna vez él sintió por ella.
Miranda solo fue cáscara, la que cubrió de oro y plata sus jóvenes delirios, la que lo vistió de poder y desenfreno, la misma que lo dejó, al quebrarse sin remedio, vació y solo y sin nada dentro suyo a lo que pudiera aferrarse.
Tendido sobre la cama, con la mirada perdida en el blanco sublime que le devolvía el impecable cielorraso de la habitación, se dejaba llevar por sus remordimientos recién nacidos, producto de la culpa y el dolor que aquel acto, consumado unos segundos atras le ocasionaba.
Miranda, que extasiada con la satisfacción de su victoria tan esperada se desdibujaba sonriente en un ángulo de ese cuarto, apenas se limitaba a atender los reclamos que su sudoroso cuerpo le exigía, sin prestar la más mínima atención a ese ser exhausto y tembloroso que ocupaba la mitad izquierda de su cama.
Luis se sentía enfermo de vergüenza, aterrado por las consecuencias que debería afrontar debido a su falta de atributos masculinos, en los momentos que precedieron aquella locura que acababa de cometer.
Pero Miranda no lo notaba, y en el supuesto caso de que sí lo hiciera, no le habría importado, por que lo único valedero en ese momento para ella era el deleite que le provocaba sentirse ganadora en el desafío que Misha le había impuesto.
Ahora tenía la certeza de que su vieja enemiga le había mentido, no existía para Luis ninguna mujer que pudiera reemplazarla y así había quedado demostrado en la fogosa realidad que acababan de vivir.
Ni por casualidad Miranda podía prever la desdicha que cubría de penumbras el alma de su amante.
Y convencida de los logros alcanzados se perdía en el placer de un cigarrillo, disfrutando en cada bocanada del goce de su venganza recientemente iniciada.
Así permanecieron durante varias horas, él inmerso en la helada crueldad de su arrepentimiento, ella bañada por la cálida caricia que su seguridad le brindaba,ambos entregados al letargo de sus pensamientos.
El sueño llegó tardío, demorado por la pesadumbre y el regocijo y solo pudo detenerse en ella, porque el horror de unos ojos de hielo no le permitieron anclarse en él.
Cuando la supo plenamente dormida, se dispuso a marcharse, dejando sobre las sábanas todo el peso de su culpabilidad y llevándose como una carga la certeza de haber cometido el mayor error de toda su existencia.

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Jezabell
Miembro Principiante
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Registrado: 28 Feb 2001
Mensajes: 22
Ubicación: La Plata

MensajePublicado: Mie Abr 25, 2001 23:41    Asunto: Vacío Responder citando

largo, no?
Pues así salió y así se los muestro, no tiene correcciónes, eso se los dejo a Uds.
todito de un tirón parí este relato, ahora ayúdenme a criarlo!!
Besos y gracias desde ya!!
Jezabell
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pibson
Miembro Principiante
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Registrado: 23 Abr 2001
Mensajes: 34
Ubicación: Colombia

MensajePublicado: Lun Abr 30, 2001 01:34    Asunto: Vacío Responder citando

Hola Jeza, gracias por leerme, tus comentarios y tu invitación a leerte que acepto con gusto. Menuda tarea pues, este no es mi estilo de escritura pero tengo ideas para tu escrito, son varias y a medida que se vayan generando ahí las vas a tener, pues es un trabajo que consiste en releerlo una y otra vez. Ah, antes de... te recomiendo este libro y si ya lo tienes es hora de sobreexplotarlo: La cocina de la escritura, de Daniel Cassany, Ed. Anagrama.

Bien, en materia:
Mi primera impresión: le hace falta algo, un ingrediente, no se qué. Genera como una desazón porque (ojo con tus –porque- ¿por qué?) es un tema mostrado en una forma que no impacta. Es muy difícil generar un tema nuevo; la cuestión radica en la magia que le pongamos al escrito para atrapar al lector.
Estás desarrollando una historia muy lineal, creo que podrías alterar el modo de narrar trayendo cosas del final o del medio al principio, sin que se cause distorsión; así puedes generar –y casi obligar al lector para llegar hasta el final- una mayor intriga.
Hay altibajos o intercambios entre dinamismo y estatismo. Porque en algunos pasajes estás mostrando lo que ocurre –y esto atrapa y hace que el lector se meta en la piel del personaje y lo haces bien- y en otras partes te dedicas a contar los sentimientos que el personaje experimenta –esto hace que el lector siga siendo eso, lector, entonces no llega a involucrarse- volviéndolo como un objeto y tus personajes dan para más.
Empieza la narración en tercera persona, después cambia a primera y luego vuelve a tercera. En mi gusto, pues ni que fuera un auto para andar haciendo tantos cambios en un cuento de esta extensión. Idea1: hazlo todo en tercera persona. Así puedes crear una mejor narración, y saliéndote puedes eliminar la descripción de la que ya te hable. Deja la narración en primera persona para monólogos o para textos de mayor extensión. Idea2: déjalo así pero entonces debes aumentar la extensión. Idea3: déjalo en primera en persona. Tú decides.
El reto está en narrar y no describir escenas. Tienes unos buenos ambientes, puedes extenderte en ellos para tener una atmósfera más acogedora, cosa que el lector se sumerja a medida que lee. Y no como si sencillamente estuviera mirando un cuadro.
En cuanto a los nombres de los personajes: los de las mujeres perfectos, causan aceptación, intriga, interés y gusto. Pero el del hombre, uff!!, que desinflada. Lo siento querida pero apesta. Sin ofenderte por el término ni a quien se llame así. Lo cierto es que aquí, para mi gusto, no tiene musicalidad. O pues no sé si alguna mujer pueda hallarlo llamativo. Ah, claro tampoco vayas al extremo y mal bautizarlo con algo rebuscado. Recuerda que son como tus hijos y no hay que traerlos de los pelos.
En algunas partes haces muy buen uso del léxico mientras que en otras rayas con frases demasiado trajinadas, frecuentes y hasta redundantes, que se caen de su peso: “lágrimas en los ojos” pues en dónde más mi niña? En las orejas acaso? ¿No sería mejor agregarle un sustantivo? Pienso que puede ser más impactante de esta manera, aunque aquí creo estar poniendo de presente mi género de escritura, pero te puede funcionar, nada pierdes.

Espera otros ideas. Te espera bastante trabajo. Estos comentarios los hago con mucho respeto y de ninguna manera pretendo hacer una crítica destructiva. Espero que así los recibas. Tengo un gran interés en la escritura, no es mi profesión pero la primera intención es hacerlo con seriedad. Creo que estás bien encaminada y en estos foros vas a tener orientación, apoyo y hasta críticas mal intencionadas, pero se sabe que a eso nos exponemos. Buena suerte, insomnio, mate, un par de cervezas, amigos de “indias” (para observarlos), soledad y todo lo que te cause placer. Cuenta con este ciberamigo.

Con amistad y aprecio,


_pibson
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