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Cranach y la adúltera



 
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Jordan Rambert
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Registrado: 05 Ago 2003
Mensajes: 23
Ubicación: Londres, Inglaterra

MensajePublicado: Mar Sep 30, 2003 10:10    Asunto: Cranach y la adúltera Responder citando

La mano de los testigos será la primera en tirar piedras para matarlo.
Después, todo el pueblo acabará de apedrearlo. Así harás desaparecer
[ el mal de en medio de ti.
Deuteronomio 17:7

En el octavo capítulo del Evangelio de san Juan se narra la historia de Jesucristo y la mujer adúltera. Cientos de artistas han recogido este particular episodio, ejemplo de la comprensión, el perdón y el amor divino. Desde mi perspectiva aquellos que más me cautivaron fueron los de Michael Pacher (s. XV, Iglesia de Sant Wolfgang, Viena), Tiziano (s. XVI, Galleria Borghese, Roma) y Rembrandt (s. XVII, National Gallery, Londres). El primero condensa la magia del pintor y escultor austriaco que muestra la dulzura del Renacimiento flamenco, mientras conserva la típica concepción medieval de las formas, al presentar al Nazareno en actitud indulgente señalando sus propios pies mientras perdona a la adúltera. El segundo nos muestra a un Tiziano que ya ha absorbido el manierismo miguelangelesco, y que logra captar a un casi numinoso Padre del Siglo Futuro escuchando las hipócritas palabras fariseas. El tercero, apoyándose en un juego de contrastes de luces y sombras –intento ¿platónico? de dar realidad a su obra– sigue la línea simbólica de la contraposición de la grandeza del Cordero de Dios contra la vileza de los falsos maestros (en la parte superior del cuadro aparece un rabino rodeado de lujos, mientras que en la parte inferior Cristo perdona a la adúltera genuflexa).
Una historia distinta es el cuadro de Lucas Müller Cranach (al que llaman el Viejo, pero deberían decirle el Único) que alberga el Metropolitan Art Museum de Nueva York. El cuadro en cuestión muestra a Jesús en medio de un tumulto, tomando de la muñeca a la adúltera, mientras enfrenta casi furioso a los impíos. Los anacronismos son propios del arte renacentista (soldados doríforos que cargan armaduras, etc), pero hay un detalle que sobresale: el vestido de la mujer acusada, si bien responde a un modelo de la época, parece estar demasiado abultado en el área del vientre. Es aquí donde esta el quid.
Cranach era hijo del grabador Hans Maler, seguidor de Durero, representante de la Escuela del Danubio, amigo de príncipes y nobles (Federico el Sabio, Juan el Constante, Juan-Federico el Magnánimo, etc), iconógrafo protestante, burgomaestre de Wittemberg, boticario y continuador de la tradición de la Buenamontaña. En su biografía pocos se atreven a mencionar el episodio que generó ese cuadro: una prostituta, un amor demasiado tórrido, un hijo inesperado. Erwin Guido Kolbenheyer en su novela Die Werkstatt (Berlín, 1936) ignora –casi a propósito– la existencia de la pintura; Susanne Päch, cuarenta y cinco años después, en Die geheime Venus (Munich, 1981), escribe una novela histórico-erótica en donde, no sólo da cuenta de la anécdota, sino que termina sugiriendo que Guiomar, la bella esposa del pintor, no es el monótono modelo de mujer de los muchos cuadros (la mórbidamente delicada forma femenina característica en la obra de Cranach), sino que esa mujer sería –como ya habrá imaginado– la Adúltera.


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Jorge Daniel Tobìas Rambert
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