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MEMORIA DE MIS PUTAS TRISTES


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DELLWOOD
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MensajePublicado: Jue Oct 21, 2004 03:50    Asunto: Responder citando

Por
Jaime Horacio Arango Duque

Desde las once de la mañana estaba esperando a que Memoria de mis putas tristes fuera puesto en venta.

Debió esperar hasta las doce del día, hora en la que se hizo el lanzamiento oficial del libro y se autorizó su venta en las diferentes librerías del país.

Dio vueltas por los pabellones, hizo tiempo hojeando otros textos, se tomó un tinto y a las 11:55 de la mañana regresó al stand de Norma, en la Feria del Libro en Palacio de Exposiciones, y fue el primero en Medellín en comprar una edición legal de la nueva novela de Gabriel García Márquez.

No se quiso identificar, no se dejó tomar fotos ni entrevistar de un grupo de periodistas. Simplemente, el hombre de 33 años, blanco y de baja estatura, canceló los 26 mil pesos del valor del libro y se retiró del recinto con su obra en una bolsa plástica.

Tarde
Los ejemplares del texto apenas llegaron a Medellín sobre las 11:30 de la mañana y a las dos de la tarde en la Librería Nacional de Oviedo ya se habían vendido 35 números.

"Este libro es la esperanza de la industria editorial. García Márquez es el único capaz de producir este fenómeno de ventas", afirma José Aníbal Laverde, de la Librería Nacional, quien sobre las tres de la tarde ya se había leído la novela.

Mientras en las librerías la espera para vender el nuevo libro de Gabo se terminó a las doce del día, en las calles la versión pirata se comercializa desde hace una semana.

Semáforos, esquinas y glorietas son el punto preferido de los piratas para vender Memoria de mis putas tristes.

"Viejo, qué pena con García Márquez, pero yo tengo que pagar arriendo". Así justifica un vendedor su actividad ilícita en las afueras de La Alpujarra. El hombre reconoce que la situación está "caliente" y que las autoridades los están persiguiendo más que en otras ocasiones.

"Ayer (martes) me quitaron tres libritos. Están ariscos porque es de García Márquez, o sino nos dejarían trabajar tranquilos", anota el vendedor callejero.

A Sol, una estudiante del colegio Jesús María, le sorprendió el tamaño de la novela. "Me lo imaginaba más gordo", dijo sin disimular su sorpresa.

Un total de 3.500 libros dispone la Librería Nacional, 600 de ellos en la Feria del Libro, para la venta en Medellín. El presupuesto es que ese número se agote antes de que finalice el mes de noviembre.

"Este es un libro para todo el mundo, que atrapa a todos los públicos. Es una novela casi autobiográfica que recuerda la época de periodista de Gabriel García Márquez", añadió Laverde, en el stand de Norma, el más visitado ayer en la Feria del Libro y en el único donde, hasta las tres de la tarde, se conseguía el ejemplar legal de Memoria de mis putas tristes.

Puede que las "putas" de la obra de García Márquez estén tristes, pero los libreros y las editoriales están felices con la nueva novela de Gabo, una década después de narrar las historias de amor y soledad de Sierva María de Todos los Santos, en el libro Del amor y otros demonios.
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MensajePublicado: Jue Oct 21, 2004 03:52    Asunto: Responder citando

Bogotá - Colombia Jueves 21 de octubre de 2004







Piratería sin control

Editorial



El caso de la edición pirata del libro de García Márquez no puede ser tomado como más de lo mismo.

La aparición esta semana en las calles de Bogotá de una edición pirata de la más reciente novela de nuestro Nobel Gabriel García Márquez, Memoria de mis putas tristes podría cualquiera interpretarla apenas como una muestra más de un delito que se ha vuelto cotidiano en el país. Ni las agresivas campañas de difusión que ha adelantado la Cámara Colombiana del Libro en los últimos años, ni las muchas operaciones que cada vez con mayor efectividad han realizado las autoridades de Policía contra este delito, podían augurar que no apareciera una edición pirata de un libro que, como éste, debe alcanzar ventas significativas. Sin embargo, en esta ocasión hay elementos desconcertantes que demuestran que no estamos simplemente ante más de lo mismo.

La sorpresa mayor proviene, por supuesto, de la anticipación de la versión pirata a la aparición de la edición legal, a pesar de las precauciones extremas que según se ha informado tomó Editorial Norma para evitar la filtración del material. Lo cual demuestra que no estamos ante un grupo de pequeños empresarios “vivos” en busca de unos pesitos de más, a la vez que generan empleo –como se ha oído argumentar a algunos en estos días–, sino ante una organización delictiva de grandes proporciones.

Tanto es así, que aun cuando sólo en los primeros nueve meses de este año se han decomisado libros piratas por un valor superior a los tres mil millones de pesos, los editores clandestinos persisten en su accionar delictivo. ¿Y por qué lo pueden hacer? La más probable explicación es que confían en que la autoridad bajará la guardia y dejará de perseguir, como ha ocurrido en Bogotá, la distribución ilegal de sus ediciones. Sólo esa certeza de que no serán perseguidos puede explicar el descaro de salir a las calles con sus ediciones antes de que la legal esté en las librerías.

De ahí la perplejidad que generan las argumentaciones –incluso algunas de ellas oficiales– de desdén por la aplicación de la ley a la venta ambulante de estas ediciones piratas. Máxime cuando, como lo ha anunciado este periódico en varios informes y columnas de opinión, se sabe que grupos ilegales armados han encontrado en las redes de piratería de Bogotá y otras ciudades una fuente de financiación para sus actividades de muerte.

Tan preocupante como lo anterior es el impacto que una noticia como la que nos ocupa, que ha merecido titulares en medios de comunicación de todo el mundo, tiene sobre las industrias editorial y de impresión del país, un sector que se ha desarrollado al punto de pasar de ser un importador a convertirse en un exportador permanente y creciente durante los últimos veinte años.

En el caso del libro de García Márquez, se había preferido ya no hacer el proceso editorial en Colombia para tratar de disminuir el riesgo de la piratería. Es de esperar que después de este escándalo, y si no se dan muestras claras de combatir este delito, en el futuro tampoco se haga en el país el proceso de impresión de muchos de estos libros que, por la competitividad de la industria colombiana, se hacen hoy en nuestro país.

La piratería ha producido el cierre de muchas librerías y ha impedido que se desarrolle el comercio legal del libro en las ciudades intermedias. Si no se le pone freno, hará que la crisis llegue también a los editores y a los impresores, y terminará por afectar toda la cadena, incluyendo a los productores de papel.

Ojalá que esta coyuntura y la rápida reacción de las autoridades, movidas en buena parte por la presión mediática, sirvan para desarrollar una lucha seria y eficaz contra este delito en todos sus aspectos, sin soslayo de la ley y sin pretender con argumentaciones peregrinas hacerse el de la vista gorda frente a la cadena ilegal de distribución. Porque, pensaría Perogrullo, nadie va a imprimir un libro pirata si no sabe de antemano que va a poder salir a venderlo.
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MensajePublicado: Jue Oct 21, 2004 04:01    Asunto: Responder citando

García Márquez burla la versión pirata de su nuevo libro al cambiar el último capítulo

El gigante de las letras latinoamericanas, el colombiano Gabriel García Márquez, ha logrado burlar la versión pirata de su última novela, 'Memoria de mis putas tristes', cambiando sutilmente el final de la obra. En pocas horas, el libro se ha convertido en el más vendido de su país.

La nueva novela de Gabriel García Márquez, 'Memoria de mis putas tristes', ha visto la luz este miércoles en todos los países de habla hispana, con una semana de adelanto debido a que copias piratas comenzaron a aparecer en las calles de Colombia.

Pero estas copias, que se venden a un precio menor al original, no son iguales a la versión final del libro, que es la primera novela del afamado escritor en 10 años, según ha declarado el editor, Braulio Peralta.

"Chequen (vean) la versión pirata que salió en Colombia con la versión que esta saliendo de forma legal. Simplemente y sencillamente lo único que les puedo decir es que el último capítulo de este libro, Gabriel García Márquez lo cambió", dijo Peralta a los periodistas.

Copias ilegales en Colombia

La policía colombiana incautó miles de versiones apócrifas del libro publicadas antes de que el Premio Nobel de Literatura en 1982 diera los toques finales a la novela por razones artísticas, agregó.

"Él tuvo la virtud de encontrar algunas sensaciones de atmósfera que necesitaban, o requerían, que determinadas palabras se cambiaran por otras", explicó Peralta, de la editorial Random House Mondadori, durante el lanzamiento del libro en México.

La novela, de 109 paginas, cuenta la historia de un colombiano de 90 años que quiere tener sexo con una mujer virgen, lo que le trae recuerdos de sus antiguas amantes.

García Márquez, de 77 años, reside desde hace tiempo en México. El escritor padece de cáncer linfatico desde hace algunos años y hace pocas apariciones públicas.

El autor de 'Cien años de soledad' y 'Amor en tiempos del cólera' es el creador del estilo llamado 'realismo magico' que impregna toda la literatura latinoamericana.

Demostrando las expectativas creadas, esta novela saldrá con una tirada inicial de un millón de ejemplares, una cifra que en el mundo editorial sólo alcanzan un puñado de escritores y que ademas se prevé se agote rápidamente.

El anterior libro de García Márquez, 'Vivir para contarla', sobre sus memorias, ha vendido en todo el mundo más de un millón y medio de ejemplares desde su lanzamiento en el 2002.

El más vendido en pocas horas

Con más de 650 ejemplares vendidos sólo en la red bogotana de locales de la Librería Nacional hasta la noche de este miércoles, 'Memoria de mis putas tristes' se ha colocado a la cabeza de los libros más vendidos en su país.

"Ese número supera en mucho al de todos los libros de nuestra lista semanal de más vendidos", agregó el portavoz de esta cadena tras precisar que la cifra es un registro preliminar de las ventas en los nueve puntos de la librería en la capital colombiana.

La fuente precisó que la cadena no tenía disponibles los resultados de la jornada en sus sucursales de Cali, Medellín, Cartagena y Barranquilla, que conforman junto a las de Bogotá una red de 24 puntos o librerías.
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MensajePublicado: Jue Oct 21, 2004 06:46    Asunto: Responder citando

El amor en los tiempos de la anorexia y el aumento de la esperanza de vida, cuando muchas muchachas, azotadas por el culto al cuerpo, envejecen su organismo por falta de alimento, cuando dos mil cuatro pensionistas, tirados a la calle por el capitalismo salvaje, son prejubilados por el aumento del paro.

Viejos verdes que se vuelven como niños y niñas negras que son mujeres antes de tiempo. El amor en los tiempos de la Viagra y las top models, inmutable círculo de ying yang diamentralmente opuesto a lo cóncavo y lo convexo, de oriente a occidente y de arriba a abajo, comletamente entregados a vivir lo que no se ha vivido, como si las obreras de Venus, ante una carta de despido, tuvieran que aumentar la productividad de su sancta sanctorum, como si los peones de Eros, frente a la manzana verdísima de la primavera, tuvieran que disminuir su aparente inutilidad practicando el rito de la sagrada comunión de los muslos.

............Dell en la bañera.


Ultima edición por DELLWOOD el Jue Oct 21, 2004 06:56, editado 1 vez
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MensajePublicado: Jue Oct 21, 2004 06:52    Asunto: EXTRACTO Responder citando

"El año de mis noventa años quise regalarme una noche de amor loco con una adolescente virgen. Me acordé de Rosa Cabarcas, la dueña de una casa clandestina que solía avisar a sus buenos clientes cuando tenía una novedad disponible. Nunca sucumbí a ésa ni a ninguna de sus muchas tentaciones obscenas, pero ella no creía en la pureza de mis principios. También la moral es un asunto de tiempo, decía, con una sonrisa maligna, ya lo verás. Era algo menor que yo, y no sabía de ella desde hacía tantos años que bien podía haber muerto. Pero al primer timbrazo reconocí la voz en el teléfono, y le disparé sin preámbulos:





-Hoy sí.



Ella suspiró: Ay, mi sabio triste, te desapareces veinte años y sólo vuelves para pedir imposibles. Recobró enseguida el dominio de su arte y me ofreció una media docena de opciones deleitables, pero eso sí, todas usadas. Le insistí que no, que debía ser doncella y para esa misma noche. Ella preguntó alarmada: ¿Qué es lo que quieres probarte? Nada, le repliqué, lastimado donde más me dolía, sé muy bien lo que puedo y lo que no puedo. Ella replicó impasible que los sabios lo saben todo, pero no todo: los únicos Virgos que van quedando en el mundo son ustedes los de agosto. ¿Por qué no me lo encargaste con más tiempo? La inspiración no avisa, le contesté. Pero tal vez espera, dijo ella, siempre más resabida que cualquier hombre, y me pidió aunque fueran dos días para escudriñar a fondo el mercado. Yo le repliqué en serio que en un negocio como aquél, a mi edad, cada hora es un año. Entonces no se puede, dijo ella sin la mínima duda, pero no importa, así es más emocionante, qué carajo, te llamo en una hora..."




Lo dice Mustio Collados, el protagonista de Memoria de mis Putas Tristes, "Ya lo sabes, Delgadina, la fama es una señora muy gorda que no duerme con uno, pero cuando uno despierta está siempre mirándonos a la cara".

El relato es protagonizado por Mustio Collados, un anciano profesor de gramática y latín, amante de la música clásica, que ha trabajado medio siglo en un diario de Barranquilla redactando cables. Medio jubilado, se mantiene escribiendo reseñas de música y una crónica dominical.

Durante toda su vida, el solterón Collados ha pagado por sexo -hasta los 50 años llevó un registro en el que anotó 514 mujeres- y fue iniciado antes de los 12 por una prostituta de experiencia. Al cumplir 90, decide regalarse una noche con una joven virgen.

La elegida para el aniversario es una chica de 14 años, que de día trabaja pegando botones en la fábrica de un libanés y a quien el veterano bautiza como Delgadina.

La primera noche es un fiasco: ligeramente dopada por Rosa Cabarcas, dueña del prostíbulo, Delgadina se transforma en una bella durmiente que ni los ruegos de Collados logran despertar. La segunda noche se repite la escena y así hasta que el viejo se enamora de la ninfa en sueños.

Entre tanto, Collados recuerda a las mujeres de su vida: Casilda, la prostituta que lo inició; su madre Florinda; Ximena, la bella muchacha que dejó plantada en el altar, y Damiana, una criada que -en palabras del narrador- poseía "en reversa". Y sus crónicas se convierten en folletines rosa, lo que le da una inesperada fama local.
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MensajePublicado: Jue Oct 21, 2004 07:11    Asunto: Responder citando

Gossaín, director de noticias de la Radio Cadena Nacional (RCN), señaló que el propio García Márquez le contó personalmente el argumento de la novela, que saldrá a la venta el próximo día 25. Y según el también escritor y periodista colombiano Heriberto Fiorillo, la novela "rinde homenaje al escritor japonés Yasunari Kawabata", premio Nobel de literatura en 1968. Fiorillo señaló que Kawabata también había explorado, de manera melancólica, el sexo en la vida de los ancianos. El mismo Fiorillo, quien escribió un ensayo sobre la nueva novela de García Márquez en la última edición de la 'Revista Diners', revela también que en ella el premio Nobel colombiano "se acerca más a su personaje principal, que es su abuelo Nicolás (...) y al mirarse al espejo ahora ve a su abuelo y puede sentir como él". Fiorillo entrevistó a varias de las personas que se mencionan en el libro del literato colombiano y algunas prostitutas del burdel 'El molino rojo', de Barranquilla, en el norte colombiano, "al cual acudía García Márquez en su juventud para escuchar historias", señala la edición electrónica del diario bogotano 'El Tiempo'.

..........


revista diners

Por Heriberto Fiorillo

Si yo fuera un crítico diría
que el ingrediente fundamental
de todas mis novelas
es la nostalgia.
G.G.M.


Empezó a escribirla a principios de los años ochenta, pero entonces sintió que ni el tono ni el estilo ni el carácter de los personajes eran los adecuados. Le resultaban tan inverosímiles como la mayoría de las sesenta historias que había escrito sobre latinoamericanos en Europa y que terminaron en la caneca. Después reescribió algunas y las publicó como Doce cuentos peregrinos, pero aquella novela sobre el anciano que recuerda amores extraviados continuó en veremos. Leyó entonces dos libros que supuso útiles. El primero, La educación sentimental, de Gustave Flaubert, con la intención personal de eludir analogías que hubieran resultado sospechosas. Eso, de todos modos, no le resolvió el problema. El segundo, La casa de las bellas durmientes, del Premio Nobel japonés Yasunari Kawabata, obra que había leído por vez primera un par de años antes y que le había golpeado el alma.
Texto y fotos exclusivos
de Heriberto Fiorillo
para la Revista Diners
“Ésta es la única novela que me habría gustado escribir”, manifestó García Márquez emocionado, sólo que en esta nueva ocasión su lectura le sirvió poco porque él andaba buscando pistas acerca del comportamiento sexual de nuestros ancianos, y el de La casa de las bellas durmientes es sobre ancianos japoneses, tan raros como todo lo japonés, bien distintos de nuestros viejos en el Caribe. De modo que Gabito decidió consultar a su plana mayor durante una comida familiar. Rodrigo, uno de sus dos hijos, director de cine, le recomendó volver a leer Los sufrimientos del joven Werther. El escritor obedeció esperanzado, pero no logró superar la lectura de la octava carta en el libro de Goethe. El otro, Gonzalo, acucioso y práctico, le había sugerido en aquella misma ocasión, sólo paciencia: “Espera unos años más –le dijo– y lo averiguarás por tu propia experiencia”.
Veinte años después, la aplicación del consejo de Gonzalo por parte del maestro ha producido Memoria de mis putas tristes, para deleite de los millones de lectores que ha conquistado en el mundo.
“Creo que nunca, en ninguno de mis libros –ha dicho Gabo– he narrado episodios ocurridos hace menos de veinte años. Estimo que toda experiencia personal requiere un proceso de asentamiento en el escritor, un largo proceso de sedimentación, necesario para ser valorado en todo su peso poético; el peso poético que sólo el tiempo, la memoria y la nostalgia pueden dar”.
Ahora, en su cumpleaños noventa y dos, el protagonista, el personaje narrador de la nueva novela de García Marquéz, decide revivir en su memoria el más intenso y definitivo momento de su existencia, ese que ha vivido en una Barranquilla innombrable junto a Alfonso, Germán, Álvaro y Ramón, el sabio catalán, mientras escribe columnas en El Heraldo y cuentos y reportajes en Crónica y sostiene un noviazgo tan largo como prometedor con Mercedes, su cocodrilo sagrado, la hija del boticario Barcha.

¿Novela o reportaje novelado?, se pregunta uno con más curiosidad que ironía frente a este nuevo libro cocinado con los sueños, las realidades y las técnicas del periodismo y de la ficción de un autor que estudia, domina, experimenta y combina géneros y formatos de toda clase, incluyendo la misma temática como preocupación narrativa de los cuatro despotricadores en el universo narrado, discusión candente entre ellos mismos mientras beben y observan en los burdeles de los barrios Abajo, Chino y La Ceiba.
“Yo aún tengo un pie en un lado y otro en el otro, literatura y periodismo –ha escrito García Márquez– pero esas diferencias, esos conceptos, todas esas cosas que tanto me han servido en la vida y que se discuten tanto en las universidades, entre críticos, en los artículos de prensa, nunca los aprendí en la universidad ni en la escuela, sino en las conversaciones que tuve en Barranquilla, en las borracheras y en las parrandas, en los burdeles, en la casa de La Negra Eufemia…”.
Estos episodios están, de distinta manera, en Cien años de soledad, en El Amor en los tiempos del cólera, en Vivir para contarla y en Memoria de mis putas tristes. Son novelas y reportajes novelados. Ambas cosas en sus memorias y en su Memoria forman parte del desorden literario que él buscaba y halló en los burdeles de la Barranquilla innombrable, descubriendo con Álvaro que la literatura, la escritura, era el mejor juguete para burlarse de la gente. “La arbitrariedad –ha dicho Gabo– también tiene sus leyes, y uno debe conocerlas para respetarlas”.

Al final de Cien años sabemos que el epígrafe de los pergaminos es lo único ordenado en el tiempo y el espacio de los hombres. El resto de los hechos, un siglo de episodios cotidianos, los concentró Melquíades, de tal modo que todos coexistieran en un instante. Lo mismo que ha hecho Gabriel García Márquez con sus demás historias de novela o de periodismo literario.
La ciudad de esta nueva novela es Barranquilla pero no se llama así porque –como le dijo Ramón Vinyes a Gabito– se trata de un nombre tan condicionado por la realidad que le dejaría al lector muy poco espacio para soñar. Pero el lector notará el regreso a las últimas páginas de Cien años de soledad, a sus mejores colegas, a la misma conversación trascendental con el sabio catalán, al momento cumbre en que recibe el gran empujón como escritor, ese que le durará toda la vida.


Año 1950, tiempo de tertulia en casa de la poeta Meira Delmar, de los paseos de Gabito con el Mono Guerra, de sus conversaciones con María Encarnación, Catalina La Grande y demás hetairas de la pensión que habitó al otro lado de las notarías, en la Calle Obando o del Crimen, las del burdel zoológico de La Negra Eufemia y Pilar Ternera en el Barrio Chino, íntimas de Aureliano y José Félix, colegas todas de Nigromanta, asomada en varios libros del autor, esas del Bar Rosita, donde reinó Orlando Figurita Rivera mientras acarició sus curvas y pintó sus murales. Putas tristes. Tristes por viejas. Por solitarias. Putas sentadas, esperando dormidas junto a la victrola. Mujeres de alquiler, bostezando de tedio en los abandonados salones de baile, bajo los ventiladores de aspas atornillados en el cielo raso. Putas tristes, muchachitas que se acuestan por hambre, como Eréndira, la niña escuálida que dio su virginidad a cambio de un plátano maduro y fue luego prostituida por su abuela. Putas luego alegres como la misma Eréndira, acaballada sobre Ulises. Putas también de las peores, las otras, como dicen las mismas putas acerca de las mujeres que se casan por interés o que engañan al marido: putas putas.


La tristeza es, en García Márquez, hermana de la soledad. Y ahora, de la vejez. El sentido trágico de la vida concluye poco a poco en la muerte. “Soy –ha dicho él– uno de los seres más solitarios que conozco, y de los más tristes, aunque resulte increíble. La gente del Caribe es muy así aunque tenga fama de todo lo contrario, de gregarios, de pachangueros, de fiesteros, pero tú los ves en plena fiesta y están con unos ojos de melancolía...”.


El amor durmiente
Los burdeles en García Márquez son eso, burdeles del Caribe, patios de baile con guirnaldas de colores en los almendros, con alcaravanes o gallinas impávidas y mulatas bellas sin desbravar que se prostituyen más por la fiesta que por la plata y que a veces incurren en la descomunal inocencia de suicidarse por amor.


Enrique Scopell, fotógrafo, y Juancho Jinete, administrador, antiguos miembros de la cofradía artística y putañera local y asiduos de La Cueva, aceptan participar en este ensayo periodístico, que tiene de todo menos de novela. Dominan el tema. Son del grupo. Fueron con Gabo a los burdeles. Al final de la charla quedará claro que por más creativos y experimentadores que hubiesen sido, los amigos del grupo ejercieron todos, o casi todos, hace cincuenta años, como monógamos secuenciales, nada de uno con tres ni ensambles colectivos de cualquier índole. El burdel donde quedaba el cuarto de Gabito, llamado por Alfonso El Rascacielos, se llamaba la Pensión Vargas, precisa Scopell. Y las mujeres de ese burdel y de las demás cantinas de la Calle del Crimen caminaban por el Paseo Colón en busca de clientes, y con el mismo fin entraban en el Colonial Cabaret, donde tocaba Pacho Galán y en ocasiones, junto a La Ronca, cantaba también Nelson Pinedo y bailaba Figurita Rivera, pintor del grupo, que vivía en burdeles y manicomios, donde pintaba sus murales de infierno.
La nueva novela de Gabito transcurre pues en esa misma mansión de antiguos navieros, con columnas enchapadas de alabastro y frisos de oropeles, alrededor de un patio interior cubierto por un vitral. Gabo describe el lugar como un edificio muy antiguo pero bien mantenido a costa de las putitas de solemnidad que merodeaban por el Paseo Colón desde el crepúsculo. En sus memorias, el escritor cambió el nombre del portero, que siempre fue Dámaso (como el que se roba las bolas de billar en En este pueblo no hay ladrones) por el de Lácides, aunque mantiene de él lo sustancial: es quien le aceptaba el mamotreto de su novela como garantía de que esa misma noche o al otro día le pagaría el arriendo del cubículo, subsidiado a veces por su carnal Germán Vargas.En sus memorias, el escritor cambió el nombre del portero, que siempre fue Dámaso (como el que se roba las bolas de billar en En este pueblo no hay ladrones) por el de Lácides, aunque mantiene de él lo sustancial: es quien le aceptaba el mamotreto de su novela como garantía de que esa misma noche o al otro día le pagaría el arriendo del cubículo, subsidiado a veces por su carnal Germán Vargas.


En la novela de Kawabata, la esencia del placer consiste en observar la belleza de las durmientes. No se las puede despertar ni tocar. En el universo de García Márquez lo que cuenta son las historias. A eso van los despotricadores que visitan bares y prostíbulos en los años cincuenta. Todos, incluyendo a Figurita y Obregón. A conversar, a que les echen más historias que polvos. Historias como las que referirán después. Historias en las que el amor no es casi nunca el amor sino un desenfreno, una confrontación violenta y desaforada, hechos turbulentos en los que hombres con hálito de amoníaco en las axilas, o mujeres rejugadas en el placer, cazan su presa de turno en la oscuridad, la desnudan por asalto y la despojan de su virginidad en un santiamén.

Enrrique Scopell y Juancho Jinete, los dos últimos sobrevivientes de La Cueva que viven en Barranquilla actualmente.
“Nos gustaba quedarnos hasta tarde –recuerda Scopell– hasta cuando cerraba el lugar, para esperar a que las niñas se acercaran a la fritanga de enfrente y nos contaran sobre sus clientes”.
“Pero la mayoría –dice Jinete– tenía una ética envidiable. No revelaban nada de lo que ocurría en su cuarto o cubículo, en cambio sí todo lo que lograsen captar del vecindario”.
“La primera pregunta que formulábamos –explica Scopell– era la más común: ¿Y qué hace una niña como tú en un sitio como éste? Pero eso bastaba para echar a andar la historia o la fábula. Entre los relatos más repetidos por parte de las muchachas, figuran la de haber sido violada por su padre o su padrastro; o la de haber sido preñada por su novio y rechazada tanto por él como por su propia familia.
A veces, casi como en la novela de Kawabata, los personajes de García Márquez, sus amigos y él mismo, prefieren quedarse con estas mujeres de consuelo, dicen, no tanto por vagabundería ni por las historias, como por la dicha de sentirlas respirar dormidas. En la pensión-burdel, los desayunos con ellas, cerveza y huevos, parecen siempre más alegres y tiernos que los de la propia casa, y la verdadera fiesta empieza a las once de la mañana, bajo los almendros apagados.
Otro del grupo, el pintor Alfonso Melo, que vive en Miami, nos cuenta que entre los burdeles de ínfima categoría en Barranquilla figuraba El Molino Rojo, sitio preferido de Alejandro Obregón, García Márquez y Alfonso Fuenmayor. &Mac253;Yo los acompañé algunas veces. Las mujeres de este lugar habían trabajado en las mejores casas de la ciudad y habían venido bajando de categoría hasta llegar ahí. Todos bebíamos ron blanco a palo seco y bailábamos cachete a cachete con la pareja&Mac253;.
Melo cuenta que una noche, un borracho llevó al Molino un perfume de mujer barato, lo abrió y lo esparció sobre todos los presentes. Después se resbaló y terminó lanzándolo contra la pared, donde se reventó. &Mac253;Ese día –agrega– tuvimos todos que llegar a nuestras casas con olor a perfume de puta. Si de estas aventuras no salimos con enfermedades de por vida, fue por milagro de Dios&Mac253;.
Scopell y Jinete recuerdan haber ido con el grupo a El Botecito, un burdel de Carlota Medina en la Calle Caldas, y frecuentar el bar Normandie, que ella misma tenía en el centro. “Cuando estábamos muchachos –dice Scopell– y como Carlota era comadre de Rafael Bornacelli, padrastro de Álvaro, ella no lo dejaba entrar. Entonces yo entraba de primero y esperaba a que Carlota se moviera de la entrada para abrirle a Álvaro”.

Los dos mosqueteros mencionan el grill Las Mellas, en Las Flores, donde dos hermanas igualitas atendían de cuerpo entero a su esmerada clientela. En el centro estaba ubicado también Los Arrayanes, un amanecedero de pescadores donde Alejandro Obregón quiso pintar la pesca de un flamenco, y uno de los pescadores le quitó de pronto el lápiz, “para dibujarlo yo, señor, porque usted no sabe de eso”.Muchos años atrás, Alfonso Fuenmayor acompañó a García Márquez al Barrio Chino de Barranquilla con el ánimo de encontrar y entrevistar a unas famosas prostitutas francesas.
El libro de Adlai Stevenson, Polvos y arena, explica que las llamadas putas francesas, oriundas de distintos puntos de Europa, habían entrado a finales de los años treinta por Puerto Colombia, causando conmoción entre la población masculina, hasta que decidieron trasladarse al Barrio Chino de la capital del Atlántico.
“Quedaba una –contó Alfonso Fuenmayor en una crónica–.


Creo que era octogenaria, pero todavía ejercía su profesión. Entonces nos acercamos y Gabito empezó a hablar con ella. El francés se le había olvidado ya a aquella anciana no nacida en Francia sino en Hungría. Su memoria era tan débil y sus respuestas tan esquemáticas, que Gabito decidió irse casi enseguida. Me acuerdo que dijo al salir: “No cuenta nada. Yo a esta mejor me le invento toda la historia’”.
Isabel Vergara Porto, de Sincé, por treinta años matrona de La Casa Verde en el Barrio Chino, conoció a las francesas, pero no fue su amiga. “Gabrielle me trataba pero no éramos amigas porque a ella le gustaba el trago y yo no tomaba. Ella me insultaba entonces, me decía: `Crematica, creída´ y otras cosas. Las otras también eran igual. Bebían mucho”.
Isabel y María Pretelt, quien fuera su ayudante de cocina a principios de los años sesenta, recuerda que aquellas prostitutas extranjeras eran rubias, hermosas, de ojos verdes y azules. “No tan jóvenes pero hablaban español y cada una vivía en su casa, donde había en la puerta un bombillo rojo y otro blanco”. “Las francesas –rememora Enrique Scopell– sacaban una ponchera con permanganato de sodio para lavar el pipí de sus clientes y evitar una gonorrea. Figúrate que una de ellas, en una de esas limpiezas manuales me sobó tanto que me vine rapidito, y entre carcajadas la francesa tuvo el coraje de cobrarme, de todos modos, toda la plata”.
Es común que a esas francesas de Barranquilla se les atribuya el origen de la palabra mondá para llamar al miembro viril, porque se cuenta que una noche se presentó un moreno fornido al burdel donde ellas atendían y expuso su miembro viril a la limpieza de rutina, provocando un halagador ¡Mon Dieu! (¡Dios mío!) de las asombradas extranjeras.


En sus memorias, García Márquez habla del bar Gato Negro, donde trabajó en sus comienzos La Negra Eufemia y donde Álvaro Cepeda Samudio y Enrique Scopell levantaron a pura muñeca, por el simple hecho de divertirse, a una docena de marinos noruegos. Los tiempos de El Gato Negro son también los del Place Pigalle, La Gardenia Azul y El Palo de Oro, para sólo mencionar tres bastiones de la rumba nochesca en esta ciudad. Eran los tiempos de la Sonora Matancera, y Emma Blanco se dio el lujo de contratar a Daniel Santos, Celio González, Alberto Beltrán y Bienvenido Granda para presentarlos en su Gardenia Azul, inspirada en El Tropicana, de La Habana.


Emma Blanco era la regente del Colonial Cabaret, el prestigioso lugar de la Calle de Jesús en Barranquilla, entre Veinte de Julio y Progreso, donde ocurrió el episodio que dio origen al cuento La mujer que llegaba a las seis, de García Márquez.
El lugar, frecuentado por las muchachas que, como Gabito, se hospedaban en la Pensión Vargas y otros hoteluchos de la Calle del Crimen, se abarrotaba de gente.
“Recuerdo al pintor Obregón y a Cepeda Samudio –dice Emma–, pero entre tanta oscuridad y tantos rostros hay muchos que podría confundir con García Márquez. Lo más probable es que él hubiese ido al Colonial. Y La Gardenia Azul era el sitio in, adonde iba todo el mundo”.
El Carnaval, de Gumersindo Ibáñez, también brillaba con luz propia en los amaneceres de la Barranquilla de esos tiempos. Su propósito: vivir en carnaval, todas las noches del año. Por eso Gumersindo decoró con cadenetas de papel de colores todos los rincones del establecimiento, y con máscaras de toritos y congos todas las paredes, mientras que los meseros atendían de monocuco y de rumberos cubanos.


Otro amanecedero, El Tetero, exhibía un aviso de neón en el que un gigantesco tetero derramaba gotas de leche azul resplandeciente sobre la calle arenosa. Su decoración interior era un ejemplo clásico de la estética popular, con arcos y objetos varios que caían como lluvia del techo y paredes pintoreteadas de máscaras extrañas. En una de las pocas fotos que subsisten de La Ceiba tomadas por Nereo, aparece Alejandro Obregón acompañado por el poeta Vidal Echeverría, Alfonso Fuenmayor, Gunter Lachman, Álvaro Cepeda y Jorge Child. Una fecha especial, porque esa noche de 1957 el grupo ha recibido de Juan Antonio Roda el retrato magnífico Los amigos de La Cueva, que él había pintado tiempo atrás. Esa noche es de rumba y El Tetero es apenas una escala en la ruta del estremecimiento colectivo.

También en el Barrio Chino, Emma Blanco ha abierto La Máxima o El Maxi, donde el cantante cienagueroGuillermo Buitrago ameniza con su voz y su
guitarra las noches del popular Ron de Vinola. No hay duda alguna: los burdeles parecen ser, como decía Ramón Vinyes, el destino natural de la literatura. En aquellos gloriosos años cincuenta, cuando Emma Blanco, la mandamás del Colonial Cabaret, buscó un lugar fuera del Barrio Chino para abrir su Gardenia Azul, ¿saben dónde lo encontró? En La Ceiba de Rondón, un terreno amplísimo, un monte largo y coposo atravesado por la carretera rumbo a Cartagena, propiedad de Jorge Rondón, el padre de los dos hermanos dueños de la Librería Mundo, donde Gabriel, Alfonso, Álvaro y Germán empezaban sus discusiones de literatura por la mañana y daban origen, junto a José Félix Fuenmayor y el sabio catalán, al tan mentado Grupo de Barranquilla.

http://www.revistadiners.com.co/noticia.php3?nt=24359
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DELLWOOD
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MensajePublicado: Jue Oct 21, 2004 18:29    Asunto: Responder citando

New Garcia Marquez novel already a bootleg bestseller
By David Usborne in New York
16 October 2004


The author they call the master of "magical realism", Gabriel Garcia Marquez, has not treated his millions of fans around the world to a new book of fiction for nearly a decade. The drought, however, is about to end, following confirmation that a new novel by the Colombian Nobel laureate will come out later this month.

New York publisher, Alfred Knopf, has announced that the book will be released in Spanish in Latin America, the United States and Spain on 27 October. Such is the anticipation that pirated copies are already available in Bogota, the capital of Colombia.

There is no word from the publishers on when the book, which runs to a modest 115 pages, will be released in English or in other languages. Its English version, however, is certain to generate enough sales to give Garcia Marquez, 76, another best-seller.

Memoria de Mis Putas Tristes (Memories of my Melancholy Whores) which follows the recollections of an old man about his encounters with prostitutes while he has sex for the last time, seems set to stir controversy.

While the author's best-known work 100 Years of Solitude has long been required reading for students everywhere, the provocative title of this book may keep it off some curricula. "There was time when Marquez's language seemed crude," conceded Moises Melo, the book's Colombian editor. "But these days, this seems to be the most normal, the most ingenious part of his writing."

Mr Melo speculated that his publishing house, Norma de Colombia, may be forced to push forward the release date in Colombia as increasing numbers of pirated copies show up at discount prices.

Though Colombian by birth, Garcia Marquez, who won the Nobel Prize for Literature in 1982, has lived in Mexico City for many years. Two years ago, he released a memoir of his life until 1955. Living to Tell the Tale includes passages describing how he visited brothels in Colombia's coastal city of Barranquilla as a young man.

Readers are likely to wonder to what extent the narrative of his new book is a description of the author's own experience. It is well known that many of the stories told in 100 Years of Solitude, which he took 18 months to write and was first published in 1967, were based on real events.

Even though Garcia Marquez was only then emerging as a literary force, the book sold half a million copies in three years.

Love, romance and melancholy have been career-long topics for Marquez, another of whose big-selling novels isLove in the Time of Cholera.
21 October 2004 23:24
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elCascarudo
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MensajePublicado: Jue Oct 21, 2004 23:00    Asunto: Responder citando

lo consegui prestado el dia de hoy y ya me lo lei (aunque "devore" seria mas apropiado) de un tiron. prometo futuros comentarios. sublime el ultimo capitulo.
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DELLWOOD
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MensajePublicado: Vie Oct 22, 2004 03:37    Asunto: Responder citando

¿6.80, Webmaster?

En España, en un sitio como Casa del Libro, 17.0-


http://www.elaleph.com/libros.cfm?item=377215&style=biblioteca


Ultima edición por DELLWOOD el Vie Oct 22, 2004 04:34, editado 1 vez
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DELLWOOD
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MensajePublicado: Vie Oct 22, 2004 03:39    Asunto: Responder citando

elCascarudo escribió:
lo consegui prestado el dia de hoy y ya me lo lei (aunque "devore" seria mas apropiado) de un tiron. prometo futuros comentarios. sublime el ultimo capitulo.


¿De qué final hablas, del pirata o del de última hora?

..........................

1

El año de mis noventa años quise regalarme una noche de amor loco con una adolescente virgen. Me acordé de Rosa Cabarcas, la dueña de una casa clandestina que solía avisar a sus buenos clientes cuando tenía una novedad disponible. Nunca sucumbí a ésa ni a ninguna de sus muchas tentaciones obscenas, pero ella no creía en la pureza de mis principios. También la moral es un asunto de tiempo, decía, con una sonrisa maligna, ya lo verás. Era algo menor que yo, y no sabía de ella desde hacía tantos años que bien podía haber muerto. Pero al primer timbrazo reconocí la voz en el teléfono, y le disparé sin preámbulos:


-Hoy sí.





Ella suspiró: Ay, mi sabio triste, te desapareces veinte años y sólo vuelves para pedir imposibles. Recobró enseguida el dominio de su arte y me ofreció una media docena de opciones deleitables, pero eso sí, todas usadas. Le insistí que no, que debía ser doncella y para esa misma noche. Ella preguntó alarmada: ¿Qué es lo que quieres probarte? Nada, le repliqué, lastimado donde más me dolía, sé muy bien lo que puedo y lo que no puedo. Ella replicó impasible que los sabios lo saben todo, pero no todo: los únicos Virgos que van quedando en el mundo son ustedes los de agosto. ¿Por qué no me lo encargaste con más tiempo? La inspiración no avisa, le contesté. Pero tal vez espera, dijo ella, siempre más resabida que cualquier hombre, y me pidió aunque fueran dos días para escudriñar a fondo el mercado. Yo le repliqué en serio que en un negocio como aquél, a mi edad, cada hora es un año. Entonces no se puede, dijo ella sin la mínima duda, pero no importa, así es más emocionante, qué carajo, te llamo en una hora.


No tengo que decirlo, porque se me distingue a leguas: soy feo, tímido y anacrónico. Pero a fuerza de no querer serlo he venido a simular todo lo contrario. Hasta el sol de hoy, en que resuelvo contarme como soy por mi propia y libre voluntad, aunque sólo sea para alivio de mi conciencia. He empezado con la llamada insólita a Rosa Cabarcas, porque visto desde hoy, aquél fue el principio de una nueva vida a una edad en que la mayoría de los mortales están muertos.





Vivo en una casa colonial en la acera de sol del parque de San Nicolás, donde he pasado todos los días de mi vida sin mujer ni fortuna, donde vivieron y murieron mis padres, y donde me he propuesto morir solo, en la misma cama en que nací y en un día que deseaba lejano y sin dolor. Mi padre la compró en un remate público a fines del siglo XIX, alquiló la planta baja para tiendas de lujo a un consorcio de italianos, y se reservó este segundo piso para ser feliz con la hija de uno de ellos, Florina de Dios Cargamantos, intérprete notable de Mozart, políglota y garibaldina, y la mujer más hermosa y de mejor talento que hubo nunca en la ciudad: mi madre.


El ámbito de la casa es amplio y luminoso, con arcos de estuco y pisos ajedrezados de mosaicos florentinos, y cuatro puertas vidrieras sobre un balcón corrido donde mi madre se sentaba en las noches de marzo a cantar arias de amor con sus primas italianas. Desde allí se ve el parque de San Nicolás con la catedral y la estatua de Cristóbal Colón, y más allá las bodegas del muelle fluvial y el vasto horizonte del río grande de la Magdalena a veinte leguas de su estuario. Lo único ingrato de la casa es que el sol va cambiando de ventanas en el transcurso del día, y hay que cerrarlas todas para tratar de dormir la siesta en la penumbra ardiente. Cuando me quedé solo, a mis treinta y dos años, me mudé a la que fuera la alcoba de mis padres, abrí una puerta de paso hacia la biblioteca y empecé a subastar cuanto me iba sobrando para vivir, que terminó por ser casi todo, salvo los libros y la pianola de rollos.
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