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LOS BORBONES EN PELOTA (o La Cara Oculta de Bècquer)



 
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DELLWOOD
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MensajePublicado: Jue Nov 25, 2004 10:42    Asunto: LOS BORBONES EN PELOTA (o La Cara Oculta de Bècquer) Responder citando

Hasta cierto punto, y en algunas ocasiones, la literatura es una rana que salta desde un nenúfar para sumergirse en una charca, mientras que el crítico, profesional o no, sólo ve las ondas concéntricas que produce el impacto de un cuerpo sobre la superficie del agua. En el caso de Bécquer, la onda más cercana, que también es la de mayor diámetro, parece que muriera en lo cursi de una postal crepuscular adornando el forro de la carpeta de una estudiante de quince años recién estrenada en la espeleología de lo sentimental. Otra onda, quizás la de menor radio, y por tanto, la más cercana al punto exacto de la zambullida, es la que nace en la conocida deuda lírica que reconocen tener con Bécquer los Machado, Juan Ramón Jiménez, Unamuno y todo el grupo del ´27, o lo que es lo mismo, lo más granado de la poesía española del siglo anterior.

Gustavo Adolfo Domínguez Bastida, que así se llamaba, como otros escritores españoles, no alcanzó en vida ni el más mínimo reconocimiento a su talento poético. Más que nada, porque Bécquer -segundo apellido de su padre, pintor- no iba para escritor, sino para dibujante, como su hermano Valeriano. Es más, cuando a los 18 años abandona Sevilla para labrarse un futuro en el Madrid decimonónico, su pretensión es convertirse en un dramaturgo. No tuvo el menor éxito. El único drama becqueriano fue su propia vida, marcada por la tragedia de tres muertes: la de sus padres, siendo niño, la de su hermano, y pocos meses después, a la edad de 35 años, la suya propia.

Nacido en 1836 bajo el signo de por donde sople el viento, vivió en la penuria pecuniaria hasta 1865, pocos años antes de morir. Y es que en la podredumbre social de la España de Isabel II, La Chata, un alto cargo del gobierno conservador lo colocó como censor oficial de novelas. Es la època también en que colabora en el periódico El Contemporáneo o escribe por encargo ensayos como Historia de los Templos de España. También es la época en que, junto a su hermano Valeriano, utiliza el seudónimo de Sem.

Y aquí es a donde llega la última onda acuática del drama que se escribe en la vida de este señor.

En 1991, las Ediciones El Museo Universal publica un libro titulado Los Borbones en pelota, una colección de 89 acuarelas, con textos satíricos, original custodiado en la Biblioteca Nacional de España, y firmado por Sem.

Por ejemplo, podemos ver a Isabel II, con gesto de hipocampus, despatarrada en un jardín, enaguas hacia atrás, sobándose el clítoris con una vara mientras apoya su cabeza en su propio puño derecho, que es el lado al que obviamente se inclina su coronada testa. Desde luego, que agotado su tesoro de asuntos, la lira enmudece y nuestra pupila, aunque no sea azul, nos hace preguntarnos si Bécquer no llevaría dos vidas.

Seguirá en cuanto tenga tiempo.


Ultima edición por DELLWOOD el Jue Nov 25, 2004 11:10, editado 1 vez
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DELLWOOD
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MensajePublicado: Jue Nov 25, 2004 10:48    Asunto: Responder citando



LOS BORBONES EN PELOTA

© 1996 COMPAÑÍA LITERARIA , S.L. / Por los textos: © Robert Pageart, Lee Fontanella, María Dolores Cabra Loredo

Depósito legal: M-19.995-1996
| ISBN: 84-8213-028-5

291 pp. | 28,5 x 20 cm. | cartoné | PVP: 30 €
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DELLWOOD
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MensajePublicado: Jue Nov 25, 2004 10:50    Asunto: Responder citando

LA "GLORIOSA" SÁTIRA, por Lombilla


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A Eva.

Como cualquier tesoro que se precie, este magnífico libro es muy difícil de encontrar. Si un munífico genio, tras ser liberado de su cautiverio nos concede el deseo de poseerlo, o el divino Baco, como recompensa por haber encontrado a su ebrio amigo Sileno en vez de esa vulgaridad de convertir todo lo tocado en oro nos regala sus páginas, entonces nos encontraremos con un documento histórico trascendental.


A través de 89 acuarelas correspondientes a dos álbumes que se conservan en la Biblioteca Nacional de Madrid, más tres trabajos sobre el tema que facilitan al lector la comprensión de la época y las circunstancias en que fueron realizadas, vemos la plasmación gráfica de, como indica el editor en el prólogo, «la más terrible sátira nunca hecha contra el poder».


Bajo el seudónimo Sem, los hermanos Valeriano y Gustavo Adolfo Bécquer, utilizaron su enorme ingenio a modo de guillotina humorística contra Isabel II y toda su "Corte de los milagros". Junto a la ya caída reina, merced a la "Gloriosa" revolución de 1868, estos fraternales humoristas gráficos ajusticiaron al rey consorte Francisco de Asís, al que el pueblo llamaba "Paquita, natillas", sor Patrocinio (su monja preferida), "la monja de las llagas", el padre Claret (confesor de la reina), Carlos Marfori (amante de la reina), el presidente del consejo de ministros González Bravo, y algunos personajes más, en unas acuarelas donde la libertad es absoluta; donde, sin pudor ni recato, dejan volar su imaginación y su espíritu crítico hasta unas cotas que, paradojas de la vida, hoy día escandalizarían no ya a los rancios sectores de siempre, o, por supuesto, a los contumaces monárquicos de toda la vida, sino (tal es el grado de su valiente atrevimiento contra el poder), a sectores más progresistas pero con el lastre de lo políticamente correcto en cuanto a su trato con la corona.

Describir las excelentes láminas de Sem de manera pacata, sería un insulto a la memoria de estos revolucionarios artistas. Es por eso que no podemos conformarnos, en aras del prurito profesional que nos mueve (y siempre, por supuesto, dentro de los límites del buen gusto), con decir que a la reina se la pinta casi siempre desnuda y en actitud procaz con su corte... Que toda la obra está presidida por un claro ambiente sicalíptico... Que... ¡No! Si queremos hacerle el honor que merece a Sem, si queremos (y queremos), sacar a Gustavo Adolfo Bécquer «del tenue purgatorio en que cuatro generaciones le tienen metido», entonces tendremos que decir que en las acuarelas de esta obra sin par, genial, magnífica y ejemplar para estos tiempos de abulia revolucionaria que corren, se ve a Doña Isabel II de Borbón, reina de España por la gracia de Dios, fornicando con todo lo que se le pone por delante: ora con su amante Marfori (en muchas), ora con un pollino en unas caballerizas (p. 281) ...


Tendremos que describir acuarelas donde la reina baila desnuda el cancán con el padre Claret, el emperador Napoleón III y Carlos Marfori que, también desnudos, exhiben ante ella unos enormes falos que harían enrojecer de vergüenza al más conspicuo actor pornográfico de hoy día, mientras desesperado, en un rincón, el rey Francisco de Asís intenta cortarse el suyo (p. 247). En otras se muestra con toda su crudeza el ambiente orgiástico de palacio: podemos deleitarnos con la reina y su amante Marfori copulando montados a horcajadas sobre el rey Francisco de Asís mientras, convertida ella en servicial mamporrera real, dirige con su mano derecha el miembro enhiesto del padre Claret hacia el culo del rey. Al fondo de la promiscua escena, figura la muerte, Luis González Bravo y el emperador Napoleón III ensartados entre ellos (p. 147). O alguna donde el rey es sodomizado por el padre Claret mientras aquél intenta hacer lo propio con González Bravo que está intentándolo con sor Patrocinio, mientras la reina está sentada con una pierna, en actitud explícita, sobre el brazo del sillón ante la atenta mirada de Marfori que sostiene en una mano una copa y, bajo su vientre, sostiene su enorme pene erecto (p. 163).


Aún siendo ésta la tónica general de las obras, no están exentas muchas de ellas de cierto simbolismo que explica, de manera contundente a la par que didáctica, la situación real a que hacen alusión, y el contexto histórico en que se produce. Tal es el ejemplo de la lámina donde Luis González Bravo sostiene en el aire a la reina con su verga mientras la penetra por detrás. Bajo la escena un pie ilustrativo dice: ¡Fue su último sostén! (p. 269). Metáfora alejada de toda sutilidad donde se muestra la situación que vivía la reina a la muerte de Narváez en 1868, cuando nombró a González Bravo primer ministro al considerarlo el único político capaz de imponer el orden y evitar la revolución que, sin embargo (y felizmente) triunfó cinco meses después.

Apenas se esboza una hipótesis en los documentados estudios que acompañan al libro sobre el origen del seudónimo Sem. Al no quedar claro de dónde viene o qué pudo motivar a los hermanos Bécquer para adoptarlo, nos atrevemos a plantear un atrevido juego ucrónico sobre el mismo que se nos antoja adecuado: podría ser, por qué no, que eligieran el nombre del primogénito de Noé por claras coincidencias en sus obras: si aquéllos metieron a los animales en un arca para salvarlos de la inundación, éstos se permiten convertir en muchas ocasiones a la reina y toda su corte en animales (muy propio por otro lado del gusto de la época, en la que se estilaba, y a principios del siglo veinte también, este tipo de caricaturas animalescas, pp. 203, 211, 217 ó 231), y los meten en este simbólico arca de papel donde, a diferencia de la familia bíblica, a quien salvan no es a ellos de una inundación, sino a los súbditos de estos reyes y políticos tiranos, que son salvados por medio de la catarsis colectiva al contemplar estas obras, de su pasiva y temerosa vida de seudo esclavos, gracias al sano ejercicio de la crítica y la sátira política. En definitiva de la libertad.


También se apunta en el libro la posibilidad de que el seudónimo Sem no fuera exclusivo de los hermanos Bécquer: «Desde finales de 1865 hasta 1870 la firma Sem aparece bien en el periódico Gil Blas, bien en los almanaques del periódico, ya sea firmando la cubierta o los dibujos de interior, y a su lado figuran los nombres de Manuel del Palacio, Eusebio Blasco, Federico Balart, Luis Rivera, Roberto Robert, Ortego, Bécquer, Rico, Perea , Giménez y otros; es decir, una selección de la flor y nata de la prensa, de lo mejor del periodismo, el dibujo y el grabado».


Como posibilidad ahí queda, pero la relación de los hermanos Bécquer con el heterónimo Sem es indudable pues como nos recuerda María Dolores Cabra Loredo en su análisis, la revista Gil Blas, a los tres días del fallecimiento de Gustavo Adolfo dio la siguiente necrológica: «contra su costumbre, Gil Blas no puede hoy menos de consagrar un recuerdo a la memoria de quienes, en la primera época de esta publicación, ilustraron sus columnas con dibujos que llevaban la firma de Sem»

Modestamente, emulando a Gil Blas, no podemos hoy menos que consagrar no sólo un recuerdo a la memoria de estos artistas, sino además, queremos lanzar, a quien corresponda, un desesperado grito de rabia reivindicativa de su memoria como geniales satíricos, desconocida por completo de la inmensa mayoría. Y no sólo eso. También creemos que se debería rescatar este enorme documento histórico para las universidades donde Gustavo Adolfo Bécquer (y volvemos a parafrasear al editor en el sabroso prólogo), «se pierde en una honda bruma que difumina su imagen, conformada por el plúmbeo incienso que desde su muerte ha recibido el poeta». Rompamos, gracias al conocimiento de Sem, el mito lánguido y triste que se ha creado de este eximio poeta y excelso y valiente humorista gráfico, satírico genial: Valeriano Bécquer.


Cuán lejano resulta, a la vista de estas obras que engloban Los Borbones en pelota, de esa imagen meliflua a la que tantos aburridos exégetas nos han acostumbrado, pero, como nos recuerda el editor, «el conocedor de la poesía becqueriana no encontrará en esta obra sino el lógico desarrollo de la que su poesía nos ofrece. Y es que el problema principal con Bécquer lo ofrece el hecho de ser el poeta más popular de nuestra literatura, el más popular, pero no el más leído».

Gracias a... lo que sea, corren otros tiempos. La Monarquía no es lo que era (menos mal). Pero a pesar de todo, y a la vista de esta obra satírica, nos queda un cierto regusto amargo al ver que toda la enseñanza que encierran estos dibujos (como por lo general suele ocurrir con las obras de los grandes satíricos), que toda la brutal y divertida lección de humildad que se le da a las personas que por circunstancias políticas o de cuna se sitúan por encima del bien y del mal, no ha fructificado en la estabulada sociedad de hoy día, y aunque insistimos en que son otros tiempos, se sigue cayendo en el error histórico, a nuestro juicio, de reverenciar y respetar más allá de los límites que el sentido común está dispuesto a tolerar, a personas e instituciones anacrónicas y sin razón de ser en pleno siglo XXI, donde, sin el menor pudor, aún siguen, de manera obscena, exhibiendo sus privilegiadas vidas que tanto contrastan con la de los ciudadanos que pagan los inexorables impuestos para que ellos sigan manteniendo este monumento a la sinrazón humana que da en llamarse Monarquía.

Hagamos pues, un ruego a los dioses de la libertad en honor de los transgresores hermanos Valeriano y Gustavo Adolfo Bécquer, herederos del periodismo lúcido e inteligente para que esta época tenga algún día tanta libertad como aquélla y nos sigamos riendo de los Borbones... Esperando el advenimiento de la tercera República española.
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MensajePublicado: Jue Nov 25, 2004 11:00    Asunto: Responder citando

Y ahora pasemos al otro lado del espejo.

Alfonso Ussía, monárquico, en referencia al mariposón que le lanzó Alfonso Guerra, a Mariano Rajoy.

...

Deduzco que Alfonso Guerra se ha acordado del desdichado Francisco de Asís de Borbón, Rey consorte por su matrimonio con Isabel II, y no quiere que se repita la experiencia.
No fue, en efecto, un consorte alumbrado por la brillantez, pero dio juego
a los satíricos de la época, y eso merece un mínimo respeto literario.
«Sem», el seudónimo con el que firmaban sus trabajos satíricos los
hermanos Gustavo Adolfo y Valeriano Bécquer, no era muy partidario del
rey consorte: «El Rey consorte/ el mayor pajillero de la Corte». Se le
presumía al infeliz Francisco de Asís poca virilidad para apagar el
volcán de la Reina Isabel, pechugona y castiza. Un malvado escribió:
«Paquito Natillas/ es de pasta flora/ y orina en cuclillas/ como una
señora». Lo cierto es que a Francisco de Asís jamás se le sorprendió con
bujarrones o miramelindos, pero su fama de blando venía de antiguo.
Según los hermanos Bécquer, calmaba sus limitadas apetencias con la
extraña Sor Patrocinio, la Monja de las Llagas, una religiosa
rasputiniana muy cercana a la Corte. Y otro desvergonzado, probablemente
el mismo autor que el de la cuarteta anterior, reincidió en el bulo: «Y
don Francisco de Asís/ sacando su minga muerta,/ al amparo de una
puerta/ lloriquea y hace pis». En aquellos tiempos se editaban en España
más de cincuenta revistas satírico-políticas, y de ellas nacieron los
grandes poetas burlones del siglo XIX, que tuvieron en Manuel del
Palacio a su sumo sacerdote.
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MensajePublicado: Jue Nov 25, 2004 11:05    Asunto: Responder citando

Pero volvamos al libro en cuestión.



Por probar de todo...de tirarse un pollino encontró modo



El Rey Consorte, primer pajillero de la Corte.


.....

También vemos personajes menos relevantes, como la Infanta Isabel, el rey Napoleón III de Francia, Carlos VII y Margarita de Parma, Novicias, el joven Alfonso XII etc. Pero si hay un modo de comprender la enrevesada vida política española de la segunda mitad del siglo XIX
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DELLWOOD
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MensajePublicado: Jue Nov 25, 2004 11:14    Asunto: Responder citando

Extracto del libro “El Dardo en la Palabra” pág. 1976-77, de Fernando Lázaro Carreter, en la que explica el origen de la expresión estar “en pelotas”.

Los incuestionables descubrimientos realizados en el cine y en el teatro de nuestro país, han dado impulso a la locución en pelotas para salir del suburbio e instalarse en el idioma corriente, hablado o escrito. Y así –un ejemplo entre mil- he podido leer en un articulista a quien admiro mucho, la verdadera y necesaria afirmación de que “el público de las salas cinematográficas no ululan cuando la actriz se queda en pelotas”. Me fijo en este texto porque puntualiza: “si es que tal vulgarismo puede decirse de una actriz”.

He aquí un equívoco en el que la mayor parte de los hispanohablantes ha caído La historia es simple. Esa locución se documenta en la forma en pelota desde el siglo XVII, aunque debió de surgir en el XVI. Cuando los galeotes corresponden como es sabido a la libertad que les procura Don Quijote, dice Cervantes que “a Sancho le quitaron el gabán y dejáronle en pelota”. Evidentemente, no quedó desnudo, sino “a cuerpo”. Por esa época, la desnudez total se aludía con las locuciones en cueros y en carnes. Y con aquella acepción se documenta a lo largo del seiscientos, aunque cargándose progresivamente de la que va a seguirle. En efecto, el cambio semántico que conducirá del significado ‘a cuerpo’ al de ‘sin ropa’, puede vislumbrarse en este texto de los Avisos de Barrionuevo: “hombres y mujeres, en pelota, medio vestidos y desnudos”. Y aparece ya plenamente confirmado en el siglo XVIII, cuando el Padre Isla habla de “un joven desnudo y en pelota como su madre le parió”. A partir de entonces, no se documenta la vieja acepción, que quedó fijada en las alocuciones en cuerpo y, después, a cuerpo.

Obsérvese que en pelotas surge y se mantiene durante siglos en singular. Y ello porque es herencia de la locución medieval en pellote, con la que se aludía al vestido casero. Trotaconventos persuade a Doña Endrina de que la visite, en el Libro del Buen Amor, con estas palabras: Desde aquí a la mi tienda non hay si non una pasada, en pellote vos iredes como por vuestra morada.

Los cambios de indumentaria –el olvido del pellote- dejaron a merced de la etimología popular y en la locución fue sustituida por pelota, derivado burlesco de piel, latín pellis (se ha dicho que tal vez de pelo, pero no lo creo por el género). Influyó también el hecho de que la pella significara, precisamente, pelota. De ese modo, en pelota equivalía en pellote, esto es ‘a cuerpo’ (o con atuendo casero) sugiriendo ya la hiperbólicamente el desnudo total: ir a cuerpo o en cuerpo (falta de etiqueta que, por ejemplo, en la corte solo era lícita al heredero del rey), era como no ir vestido formalmente, y se ponderaba diciendo que se iba en pura piel, o en puros cueros, en pelota. En el siglo XVIII, como vimos, la locución perdió su sentido hiperbólico, para ajustarse a su significado literal: desnudo totalmente.

Pero la historia prosiguió; en la voz pelota dejó de advertirse su vinculación con piel, y fue creciendo la etimología popular que la asociaba con los atributos viriles. En medios populares, se impuso el plural, y desde el siglo XIX comienza a registrarse en pelotas, tanto en España como en América, alternando con el singular. Éste es dominante en los escritores que poseen buen sentido del idioma, y que no han caído en la vulgar tentación asociativa. He aquí ejemplos de las dos orillas de nuestra lengua: “El jefe se quedó en pelota” (Miguel-Angel Asturias, 1952). “Volvió a hacer la operación de secarse en pelota” (Juan Rulfo, 1953). “A mí no me importa beber, fumar ni andar en pelota” (R. Pérez de Ayala, 1921).

Cuando, en el Diario de un emigrante, Miguel Delibes se expresa por su cuenta, utiliza cuidadosamente el singular; en cambio, cuando es Lorenzo, su gran personaje, quien habla, dice siempre en pelotas. Ningún ejemplo mejor para mostrar la conciencia lingüística alerta, que distingue bien entre el uso propio, de excelente alcurnia, y el vulgar.

¿Qué hacer? En pelotas, que revela una asociación maliciosa y tosca, está extendido por todo el ámbito del idioma, y hay que confesar su rotundidad expresiva. ¿Puede decirse de las mujeres? No sólo las pelotas se les atribuyen para encarecer su valor, sino, directamente, lo que las pelotas evitan nombrar, léanse, si no, los ejemplos que Camilo-José Cela aporta en su Diccionario secreto, I, pp. 105 y ss. Pero fuera de esas hipérboles del carácter y de la valentía, parece evidente que atribuir pelendengues a las damas es barbaridad contra natura. En cambio, el singular, esto es, “en piel o en pellejo”, les acomoda tan bien como a los hombres. Y Pérez de Ayala escribía adecuadamente de una actriz que “se presenta casi en pelota”.

Esto último ocurría en 1921; ahora vuelve a suceder en 1976. Los progresos son bien notables. Pero, dejando esto aparte, me permito recomendar la locución en pelota, y el olvido completo del plural. O si ello resulta ya imposible, que los hablantes distingan con claridad en pelotas y en pelota y que no confundan esta última, el pellejo o cuero, con las témporas.
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MensajePublicado: Jue Nov 25, 2004 13:13    Asunto: Responder citando

Otra onda becqueriana es la que se genera a partir del mismo seudónimo SEM-

En principio, es obligado decir que Bécquer es un reconocido antisemita y la mayor prueba de ello es la redacción de un relato como La Rosa de la Pasión.

Pero SEM también es un nombre hebreo, concretamente el de uno de los hijos de Noé y que a su vez es padre de los pueblos semíticos como Cam lo fue de los camíticos. También es el nombre de un escritor español de la Edad Media conocido con el nombre de Sem Tov El significado de Sem en hebreo, señal.

¿pero por qué podrían haber escogido los hermanos Dominguez Bastida firmar con el seudónimo Sem?

Como dije antes, Bécquer es el segundo apellido del padre del poeta y el judaísmo sólo se trasmite por vía materna. Resulta que los Bécquer, palabra que tiene evidentes similitudes con el término hebreo BAKAR, ternera, eran originarios de Flandes, ese lugar al que tantos judíos españoles huyeron con la expulsión de los Reyes Católicos en 1492. Da la casualidad de que los Bécquer se asentaron en Sevilla, provinientes de Flandes, como queda dicho, en el S. XVI, cien años después de la expulsión. También da la dramática casualidad de que muchos insignes literatos españoles y conversos, como la misma Sta Teresa de Jesús, para escapar de la neurosis de la limpieza de sangre que existe en España por aquellas fechas, adoptaban una piedad católica mayúscula para cubrirse las espaldas y poder vivir con dignidad. Es decir, que lo más probable es que adoptaran el seudónimo de Sem porque la familia del poeta y el poeta mismo eran criptojudíos. Aunque también pudiera ser que el antisemitismo de los Bécquer, cuyo empeño estaría justificado por no hacerse ellos mismos sospechosos, hubiera favorecido el escoger un nombre muy hebreo y muy bíblico para que las culpas por las ofensas a la corona isabelina, borbónica si se prefiere, recayeran una vez más en el chivo expiatorio de los judíos.

Ahora vuelvan a leer a Bécquer como si de un baño de azúcar se tratara.
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MensajePublicado: Vie Nov 26, 2004 15:44    Asunto: Responder citando

No, no me he olvidado de que si conocemos a Bécquer es por sus versos y por sus leyendas.

Parece ser que en Bécquer, lo doble -Rimas y Leyendas, por ejemplo- es un factor importante para acometer su estudio.

La base estructural de su poética, dice Dámaso Alonso y Carlos Bousoño en una obra tan fundamental como Seis calas de la poesía española, la clave, decía, está en el paralelismo.

Totalmente de acuerdo.

En una rima como esta, se ve muy claramente.



Tú eras el huracán y yo la alta
torre que desafía su poder:
¡tenías que estrellarte o que abatirme!...
¡No pudo ser!

5

Tú eras el océano y yo la enhiesta
roca que firme aguarda su vaivén:
¡tenías que romperte o que arrancarme!...
¡No pudo ser!

10

Hermosa tú, yo altivo: acostumbrados
uno a arrollar, el otro a no ceder:
la senda estrecha, inevitable el choque...
¡No pudo ser!
......................

No sólo es que Bécquer por un lado escribiera versos mojando su
pluma en agua azucarada, sino que, como hemos visto, también trabajaba
en libros satíricos de alto voltaje. O un poeta que escribía crítica
de teatro. No sólo es que Bécquer sea un romántico tardío sino también
un simbolista incipiente. Porque Bécquer no sólo es Bécquer el
madrileño, sino tambien el sevillano Gustavo Adolfo Domínguez
Bastida.

En la rima que he copiado y pegado, el paralelismo es obvio si se
parte de que la metáfora es un significado connotativo que corre
paralelo al denotativo, aunque por las fechas en que se escribió esa
rima Freud sólo era un estudiante de medicina y todavía sus teorías
interpretativas de los símbolos no habían cuajado para intentar una
espeleología del simbolismo que encierran esas imágenes, en los que el
sujeto lírico se ve a sí mismo bajo evidentes símbolos fálicos y el
tú, por el contrario, como lo más incorpóreo y por tanto
inaprehensible que hay, el aire.

Pero más que paralelismo lo que hay
es verdadera geometría si te fijas en que los pronombres que
determinan a los tèrminos imaginarios de esas metáforas, son
precisamente inversos a la naturaleza: para el sujeto lírico, que se
supone masculino, se prefieren determinantes femeninos, y viceversa,
para los femeninos, los masculinos. Tú eras EL huracán y yo LA
altA...Tú eras El océano y yo LA enhiestA, y como final, la estrofa
que sería el tercer lado de un triángulo equilatero del no pudo ser,
LA senda estrecha, inevitable El choque.

Paralelismo no sólo en la bimembración sintáctica de los versos, donde
todo se contrapone, sino incluso también morfológica, pues la mayoría
de los conceptos son bisílabos, torre, poder, o si no se toma en
cuenta la sinalefa del verso tres, ambos tetrasílanos, estrellarTE,
abatirME.
que n oes ,desde el punt ode vista semántico, sino una convergencia dinámica.

Impresionante aliteración de vibrantes en el primer verso, donde se
puede escuchar el rugido del viento, Tú eras el huracán. Por no decir
nada ya de romperTe y arrancarMe, en donde con la sinalefa vuelve a
haber ritmo binario, el crujido de esa /r/ y la contraposción de los
pronombres.

Geometría pura. Sin duda alguna porque en las estructuras de su
cerebro está, genéticamente heredada de su padre pintor, una visión
espacial que además él mismo habría desarrollado en su infancia, en la
que fue formado academicamente también para ese arte.

Por último decir que rasgos propios del Romanticismo serían esa
identificación del sujeto lírico con las fuerzas desatadas de la
naturaleza oponiéndose a la consecución de un ideal, al parecer
bastante carnal en este caso concreto, eso de los amores imposibles y
el sabor de las almendras amargas de las que hablaba García Márquez.
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DELLWOOD
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MensajePublicado: Vie Nov 26, 2004 15:49    Asunto: Responder citando



La reseña parece que es un poco becqueriana. Dice que es un poeta sencillo y que las Rimas son aparentemente fáciles. O lo uno, o lo otro. La difícil sencillez de lo auténtico. Lo dicho, muy becqueriano. Merece la pena, sobre todo para poetas en ciernes.
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MensajePublicado: Jue Dic 16, 2004 19:23    Asunto: Responder citando

Parece ser que la fama de Sem traspasó fronteras , porque en el ambiente proustiano del París de pricipios de siglo enocntramos a otro caricaturista, Georges Goursat, que se hacía llamar también SEM-

http://wwwcano.lagravure.com/2sem_pierrot.htm
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