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Apuntes sobre un cáncer: el racismo



 
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thehealer
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MensajePublicado: Lun Ene 10, 2005 15:48    Asunto: Apuntes sobre un cáncer: el racismo Responder citando

En el siglo XIX apareció el racismo ideológico moderno para justificar las relaciones de fuerza entre culturas y naciones a favor de los Estados políticamente más poderosos. Es una mera ideología basada en prejuicios antiquísimos, pero potenciada por el contacto con el prurito racionalista de la Ilustración.

"Racismo" es la creencia en que los seres humanos se pueden clasificar en razas características inmutables cuyos caracteres transmisibles son rasgos físicos, aptitudes y actitudes psicológicas que generan las diferencias culturales, por lo que consideran que una (la propia, por supuesto Wink ) es superior a las demás.

Esto es evidentemente un mero estereotipo cultural a partir del abuso de ciertos rasgos sistematizados por los científicos, a los que gente demente o demasiado hipócrita superpuso prejuicios sobre disposiciones intelectuales e incluso espirituales. El racismo tal como lo conocemos hoy día consiste, pues, en una improcedente mezcla de cajón de sastre entre elementos físicos comprobables y prejuicios del ideólogo en funciones.

Muchos genetistas dicen que no habría fundamento científico alguno para clasificar a los seres humanos en razas, al menos a partir de sus rasgos exteriores, ya que la diversidad genética, bioquímica y sanguínea entre individuos de una misma "raza" es incluso mayor que la que existe entre "razas" consideradas distintas. Otros científicos disienten, pero lo cierto es que ni los partidarios de subdividirnos en 'razas' aceptan base comprobable para el racismo.

El problema es que el racismo del tipo nazi es más bien hijo del siglo XIX, con origen en consecuencias extraídas caprichosamente de trabajos científicos muy valiosos del siglo de las Luces; claro que concluir desde ahí, al estilo posmoderno, que es una consecuencia necesaria de la Ilustración, eso es un exceso.

El racismo ideológico de apariencia científica es un fenómeno moderno, un delirio surgido de consecuencias extraídas de manera interesada y prejuiciosa de categorizaciones de las especies vivientes hechas por científicos del siglo XVIII, como Linneo, Buffon y otros. En esa época se hicieron las primeras clasificaciones antropométricas, como las de Camper y Gall, que no sólo ponían caprichosamente al blanco europeo a la cabeza de la Creación (muchas clasificaciones científicas de las razas humanas del siglo XVIII todavía contienen elementos fantásticos de corte racista; véase Arrow http://www.ciencia-hoy.retina.ar/hoy33/raza01.htm), sino que inventaron una ciencia de infausta fama por sus aplicaciones dentro del Derecho: la 'Frenología', cuyo más recordado exponente fuera Cesare Lombroso, según la cual las predisposiciones morales e intelectuales de un ser humano se manifestaban a las claras como consecuencia de la forma que tuviera su cráneo. (Sin perjuicio de que iban errados, esta 'ciencia', apunto al pasar y 'off topic', permitió comprender por primera vez que muchas conductas insociales o criminales iban asociadas a patologías).

El pensamiento teológico en retroceso por aquellos tiempos se convirtió en un sucedáneo de exterior científico y racionalista, pero el que uno se diga racionalista no quiere decir que en efecto lo sea. Entidades decimonónicas como la Sociedad Etnológica de París, la Sociedad Etnológica de Londres, y la también londinense Sociedad Antropológica Inglesa eran difusoras del racismo eurocéntrico que justificaba el imperialismo y la 'carga del hombre blanco'.

Así surgieron teorías luego trasladadas al campo de las ciencias sociales como las de Gobineau ("Ensayo sobre la Desigualdad de las Razas Humanas"; 1853) donde se inventa a una raza aria supuestamente superior a base de una interpretación caprichosa de la lingüística y de literatos románticos alemanes e ingleses, con toda esa carga del 'genio nacional' y otros prejuicios culturales románticos, cuyo último heredero debe haber sido Alfred Rosenberg, eso sin contar al pintoresco Sabino Arana, a quien los foristas españoles ya conocerán a sus expensas. Rosenberg, un alemán báltico con apellido que sonaba a judío y le proporcionaba un complejo de inferioridad notable, fue el ideólogo del partido nazi, el teórico del exterminio. "El Mito del Siglo XX" es un libraco ilegible, difícil de encontrar, pero que no tiene desperdicio, hasta sería cómico si sus estupidísimos postulados, parecidos a ciertas cosas que hemos tenido que leer en estos días en otra sección de estos foros, no fueran indignantes. Gente como Martín Heidegger capituló ante estos payasos pseudocientíficos, coexistiendo con ellos en las Universidades alemanas del régimen nazi, que se caracterizaron por peseguir sistemáticamente los restos de racionalismo y pensamiento iluminista que había en las aulas germanas. Claro que es muy difícil una conquista de Europa y un genocidio científicos sin científicos, así que a la hora de la verdad los muchachos tuvieron que ir a pedir mano de obra al enemigo racionalista, que los había dejado en buena cantidad en suelo teutón.

El abuso o extrapolación de las investigaciones de Darwin a campos impropios contribuyó luego a tener que leer cosas como los trabajos de Glumpowicz, una sociología racista hecha y derecha.

El racismo moderno va ligado a la xenofobia, la actitud desconfiada, reticente, respecto del ajeno a nuestra comunidad. Fue una ideología elaborada desde la biologización de teorías sociológicas, caso del llamado "darwinismo social" (que hoy está de vuelta embutido en algunos discursos políticos, y que imagino hubiera avergonzado intelectualmente a Darwin). Es que en un mundo donde dominar el método científico equivale a lo que en otros tiempos era ser docto en Teología, el uso de la ciencia positiva por un tipo xenófobo y prejuicioso (vale decir, ignorante) conduce con frecuencia a este tipo de disparates. La difusión de estas doctrinas "científicas" en todo el mundo por la escuela, la universidad, el libro, el periodismo, hicieron el resto.

Bajo el común denominador de “racismo” se define a una serie de actitudes y comportamientos discriminatorios.

a) Etnocentrismo: creencia de un grupo determinado de personas convencidas de tener una base biológica diferente de las de los demás de su especie, en el sentido de imaginarse el centro del universo.

b) Xenofobia: añade al anterior comportamiento, bastante infantil por cierto, una equivocada conducta de preservación de la propia identidad cultural por la exclusión de todo individuo que no sea un miembro nativo, por el solo hecho de serlo, independientemente de su valía personal.

c) Racismo propiamente dicho: consiste en la valoración de diferencias biológicas, reales o imaginarias en beneficio de quien la postula y en detrimento del discriminado arbitrariamente a fin de justificar sus privilegios y su agresión". Para Lévi-Strauss, el estructuralista, el racismo es "una ideología precisa en la que se cree que hay una correlación entre el patrimonio genético y las capacidades intelectuales o disposiciones morales; que todos los miembros de una raza poseen esas cualidades; que hay razas superiores e inferiores, y que aquéllas más privilegiadas están "autorizadas" a dominar, explotar o destruir a las "inferiores" si fuere necesario". Bastante buena definición.

Todos somos del mismo tronco común, 'homo sapiens sapiens'. Los técnicos y científicos especializados (genetistas, médicos, bioquímicos, biólogos, antropólogos) aseguran que nuestro componente genético es el mismo y que las diferencias sólo existen en el llamado fenotipo, vale decir nuestros caracteres externos (que demuestran por ejemplo a los ojos del gil de goma o psicótico fanatizado que él es de una Raza Superior, je). Desde esta visión científica moderna acaso no existan las razas como las han definido tradicionalmente los hombres de ciencia de otrora. Lo seguro es que no hay estudios serios que indiquen que biológicamente las denominadas razas, mejor digamos los distintos fenotipos, para no correr el riesgo de decir un disparate científico, tengan mayores o menores aptitudes psíquicas, de inteligencia, morales o de cualquier tipo.

El racismo radica en definitiva en una base irracional: propone cagarse en el sentimiento de empatía, hospitalidad, piedad, curiosidad o caridad o amor que sentimos por nuestros congéneres. Es un fenómeno tan antiguo como el género humano. Lo que sí es genuinamente moderno es su formulación "científica" (Chamberlain, Gobineau & Co.), que data del siglo XIX, y nada tiene que ver con las doctrinas iluministas. Lo que se traen bajo el poncho los posmodernos con su fobia por las grandes generalizaciones teóricas al "acusar" a los iluministas de ser germen del racismo es una carga cerrada contra el marxismo y el liberalismo, ideologías políticas que se basan en una estricta pretensión (muchas veces fracasada, eso sí) de cientificidad que la ciencia moderna, de base rigurosamente racional y positiva (no hay otra: ya no hay "ciencia poética", excepto entre los nazis) a partir del ultimo tercio del siglo XIX, fue desenmascarando.

En los orígenes de la cultura de la Antigüedad casi siempre se excluye de derechos al extranjero y se legitima el esclavismo. Estas primeras formas de mentalidad racista se acompañan de formas de legitimación mítica de la superioridad propia. La "raza superior" y sin mezcla es una boludez cuya máxima expresión procede de la hermosa mitología griega, vean ustedes. Sólo que el presente desarrollo científico nos quita toda esperanza de absolución si pretendemos sustentar doctrinas racistas.

La mentalidad racista se apoyó muchas veces en la religión. La pertenencia a la cristiandad o al Islam, sin ir más lejos, indicaba -según una interpretación impropia de sus doctrinas respectivas, que tuvieron expresiones de base bastante igualitaria en ambos casos- estar en la religión "verdadera" y ser el pueblo "elegido". Aparecerá el concepto de "paganii" para discriminar a los campesinos europeos ingenuos y todavía fieles a las deidades grecolatinas y el de "infiel". El cristianismo y el Islam legitimaron con esta última categoría la necesidad de sumisión y conversión de los otros pueblos: Cruzadas, guerras e Inquisiciones.

En el Renacimiento, la mentalidad occidental racista se reforzó: la "superioridad" ética (presunta) y tecnológica (real, esa sí) del hombre blanco se apoyaba en el pretexto religioso para hacer una labor "civilizadora". Los amerindios de México o de la Mita de Potosí se la pasaron bomba. Los negros, ni les cuento. América fue un buen laboratorio: tráfico de esclavos negros, encomiendas de indios, la mita (solución creada por los Incas que le hubiera encantado a Stalin, de ahí que tantos comunistas se la pasaran hablando del 'Imperio socialista de los Incas'), el yanaconazgo, los pongos (estos eran lisa y llanamente esclavos indios; que los hubo), plantaciones y minas en base de esclavitud, crearon la base de una sociedad fuertemente clasista y racista, sobre todo en Estados Unidos. Tocqueville ya hizo notar al respecto que las evidentes diferencias religiosas y de costumbres y del color de la piel sellarían la permanencia de unos caracteres físicos sobre los que justificar la discriminación.

Con la revolución industrial, la independencia yanqui primero e hispanoamericana después (ésta 'ayudada' por los ingleses para impedir que España desarrollara una especie de Commonwealth - idea que tuvieron por un ratito Carlos III, Aranda y Floridablanca y de la que se apropió Gran Bretaña con singular éxito- y facilitar la plena expansión colonial inglesa), aparecerá en el siglo XIX una ola racionalista y científica que querrá atribuir fundamentos biológicos a las diferencias étnicas y culturales entre los pueblos y, en el contexto general del evolucionismo, defenderá la base genética de las diferencias entre razas superiores e inferiores, proponiendo como modelo el desarrollo tecnológico.

Este racismo servirá políticamente desde ese período para legitimar la servidumbre del dominado convenciéndolo de que hay presuntas pruebas científicas de unas falsas características propias inferiores, irreductibles y permanentes, y no en función de una relación de opresión respecto del dominador, que sería más incómodo y siempre cuestionable si los factores de esa dominación cambian. Todo esto sin contar los problemas internos de cada sociedad que hacen aflorar la oportunidad de ejercitar los prejuicios etnocéntricos, xenófobos y racistas: en tiempos de graves crisis económicas y financieras (desempleo, empobrecimiento extemo, aumento de la marginalidad y la delincuencia) algunos sectores son erigidos en "sospechosos" de todos los males. Así, sólo por citar un ejemplo, los inmigrantes suelen encontrarse con que entre sus 'anfitriones' puede haberse desarrollado una tendencia a buscar culpables, chivos expiatorios a quienes atribuir esos problemas. Es sobre este fenómeno y el descubrimiento colectivo de la dependencia respecto de ciertos (intocables) factores de poder que han pivotado siempre los fascismos. Por eso son racistas.

Cuando me acuerde, pongo algunos enlaces.

[Sí, alephos: compilé este texto porque me hinché los que ya saben de tanto leer pavadas en Temas Varios II Mr. Green. No descubro la pólvora, pero por lo menos hago catarsis y no me meto en peleas absurdas que ayudan a los fachos a hacer su propaganda.]
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