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Muerte de un historiador de raza



 
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nazgul
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Registrado: 23 Abr 2001
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Ubicación: Cartagena, España

MensajePublicado: Mar Ago 01, 2006 10:05    Asunto: Muerte de un historiador de raza Responder citando

NECROLÓGICA

Pierre Vidal-Naquet, historiador
Experto en la Grecia antigua, fue un intelectual comprometido.
Pierre Vidal-Naquet nació el 23 de julio de 1930, en París. Historiador especializado en la Grecia antigua, fue un intelectual comprometido con su tiempo: la guerra de Argelia, la cuestión palestina o la insumisión fueron temas en los que se implicó de lleno. Falleció en Niza el pasado 28 de julio, a los 76 años.


OCTAVI MARTÍ
EL PAÍS - Gente - 01-08-2006

Pierre Vidal-Naquet era historiador. De la Grecia antigua. Pero ha escrito sobre la tortura durante la guerra de Argelia, contra los coroneles griegos o contra el "negacionismo", ese movimiento que intenta convertir las cámaras de gas en reductos para matar piojos. Obviamente, también lo ha hecho sobre Atenas, sobre el esclavismo en la Grecia clásica o sobre el papel de los mitos como reveladores de las estructuras profundas de las sociedades ateniense, cretense o de Esparta.

Había nacido el 23 de julio de 1930, en París, y ha muerto en Niza, el 28 de julio, víctima de una hemorragia cerebral. De origen judío, consideraba, como su bisabuelo Moisés Vidal-Naquet, comerciante de vinos en Montpellier, que "en el templo o en la iglesia, se puede ser judío o cristiano, pero en todos los actos de la vida política hay que ser francés ante todo".

Vidal-Naquet era hijo de un abogado, Lucien, y de Margot, de familia campesina. Tuvo una infancia sin problemas hasta que los nazis ocuparon Francia. Entonces sus padres se refugiaron, con todos sus hijos, en la zona llamada libre, controlada por Pétain. En Marsella sus padres entraron en contacto con la resistencia. Pierre Vidal-Naquet decía "haber quedado marcado por la explicación" que su padre le hizo, "a finales de 1941 o comienzos de 1942, del affaire Dreyfus". La razón de Estado es la sinrazón de los hombres. Y Lucien también le dijo que las leyes antisemitas del Gobierno colaboracionista del mariscal "hacen que sienta como francés el insulto que me hacen en tanto que judío".

El 15 de mayo de 1944 los soldados alemanes detuvieron a Lucien y Margot. Les torturaron antes de enviarlos a morir a Auschwitz. Y al joven huérfano le crearon un doble compromiso, una doble obligación: luchar contra la razón de Estado y, sobre todo, contra la tortura y la desaparición de las personas.

Buen estudiante, en 1955 ya era profesor de instituto en Orleans. La guerra en Argelia, la guerra sin nombre, había comenzado un año antes, y Pierre sabía que era una guerra colonial, en la que su país estaba en el bando de los que merecen ser denunciados. Participaba en discusiones políticas, pensó en enrolarse en el Partido Comunista Francés -"puso como condición el no tener que respetar a Stalin", recordaba un amigo- y enseguida se preocupó por difundir otras verdades que las de los comunicados militares oficiales.

Otro affaire ocupó su atención: el del profesor de matemáticas Maurice Audin, secuestrado en Argel por militares franceses pero del que nunca más se supo después que estos afirmaran haberle dejado en libertad. Pierre Vidal-Naquet escribió en 1958 un libro sobre el caso en el que prueba las mentiras de los militares y que Audin, desaparecido, fue torturado. El escándalo fue mayúsculo.

Dos años después firmó el Manifiesto de los 121 en el que defendía el derecho a la insumisión. El Ministerio de Educación Nacional le suspendió de empleo y sueldo y, sin quererlo, le convirtió en militante liberado de la causa anticolonial.

Muchos años después, cuando Ariel Sharon reprimió a sangre y fuego la llamada segunda intifada, Vidal-Naquet firmó su último manifiesto, en esta ocasión contra el nacionalismo judío y una "lógica que sólo cree en las victorias militares".

Es el fin de trayecto de una vida de militante, de intelectual comprometido. Y entre batalla y batalla, entre discusión y discusión, entre análisis y análisis de la realidad contemporánea, reflexiones sobre el pasado lejano, de hace 20 o 50 siglos, sobre nuestros mitos fundacionales, sobre el papel de algunos líderes de la llamada Democracia Ateniense.

En esos casos trabajó casi siempre en colaboración con su gran amigo, el filósofo e historiador Jean-Pierre Vernant. Es la otra parte de una vida que no puede dividirse. En España se han publicado Formas de pensamiento y formas de sociedad en el mundo griego (1983); Economía y sociedad en la antigua Grecia (1986); La democracia griega: una nueva visión: ensayos de historiografía antigua y moderna (1992); Mito y tragedia en la Grecia antigua (2002); El mundo de Homero: breve historia de la mitología griega (2002), y El espejo roto: tragedia ateniense y política (2004).
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belemin
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Registrado: 04 Dic 2005
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Ubicación: Almería, España

MensajePublicado: Mar Ago 01, 2006 18:31    Asunto: Responder citando

Justo homenaje a un historiador hijo de su siglo, como diría un pedante al uso.

Sin duda es uno de los miembros de esa escuela francesa de helenistas del siglo XX, ajenos al campo propio de la filología, que incluye principalmente a historiadores, pero también a filósofos: Vernant, Detienne, Marrou, Levêque..., sin olvidar a historiadoras muy notables como Claude Mossé.
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nazgul
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Registrado: 23 Abr 2001
Mensajes: 13825
Ubicación: Cartagena, España

MensajePublicado: Dom Ago 08, 2010 05:15    Asunto: Responder citando

Ha muerto Tony Judt, otro gran historiador... Crying or Very sad


Tony Judt, historiador y experto en cuestiones europeas
Su crónica 'Posguerra' es un análisis monumental del continente desde 1945

DAVID ALANDETE 08/08/2010
EL PAÍS


Tony Judt, uno de los historiadores e investigadores de la Europa de finales del siglo XX más respetados en su profesión, falleció este viernes en su residencia de Nueva York, según confirmó la Universidad de Nueva York, para la que trabajaba como profesor. Tenía 62 años y había padecido, durante casi dos años, los devastadores efectos de la enfermedad de Lou Gehrig, o esclerosis lateral amiotrófica.

Judt nació en el seno de una familia judía de Reino Unido en 1948. En su juventud vivió en un kibutz en Israel. La experiencia en la granja colectiva constituyó una etapa importante de su formación y le marcó como sionista de izquierdas durante algunos años. Llegó a servir como conductor voluntario en la Guerra de los Seis Días que enfrentó a Israel con la coalición de países árabes en 1967.

Aquel fervor sionista de juventud, sin embargo, no le duró mucho. Pronto cambió su izquierdismo con toques radicales por unas posturas más socialdemócratas. Y en sus textos criticó no solo el poder y la prominencia internacional de Estados Unidos, sino el peso de las instituciones judías dentro de la arquitectura política norteamericana.

Su obra más famosa, publicada en 2005, es Posguerra: Una historia de Europa desde 1945, una crónica monumental del continente en los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial. En su análisis, Judt afirma que la cooperación de los países europeos en los 30 años posteriores a la caída de Adolf Hitler da muestra de que el pacifismo y el multilateralismo pueden engendrar una estabilidad y una prosperidad duraderas. Con Posguerra quedó finalista al Premio Pulitzer en 2006.

"América tendría el mayor Ejército y China crearía más productos, y más baratos", escribe en la conclusión del libro. "Pero ni América ni China disponían de un modelo útil que sirviera para la emulación universal. A pesar de los horrores de su reciente pasado (y en gran medida gracias a ellos) eran los europeos los que ahora estaban genuinamente posicionados para ofrecerle al mundo algún modesto consejo sobre cómo evitar repetir los errores del pasado. Pocos lo habrían dicho hace 60 años, pero puede que el siglo XXI pertenezca aún a los europeos".

Era profesor de la Universidad de Nueva York desde 1987. En esa institución ayudó a fundar el Instituto Remarque, donde investigaba y enseñaba historia reciente de Europa. Judt cuenta nueve libros, sobre todo análisis respetados en ese campo. A parte, colaboraba con la revista New York Review of Books, en la que consagró su cambio de ideas sobre el conflicto árabe-israelí . En un polémico análisis de 2003, proclamó que Israel era un "anacronismo" y pidió la creación de un estado binacional repartido entre árabes y judíos. Uno de sus últimos artículos defendía que las críticas a los actos de fuerza del Ejecutivo de Israel no están motivadas por el antisemitismo y que, además, el abuso de este calificativo es peligroso para la memoria del Holocausto.

En otoño de 2008 se le diagnosticó esclerosis lateral amiotrófica (ELA), que provoca una progresiva parálisis de los músculos. Se trata de la misma enfermedad degenerativa que padece el científico Stephen Hawking. Judt estaba paralizado de cuello para abajo. Le costaba tragar, hablar, incluso sujetar la mandíbula. Necesitaba ayuda para prácticamente todo.

A lo largo de sus últimos meses, escribió acerca de su enfermedad y sobre sus impresiones de la vida, lo que supuso un giro a su carrera y la inauguración de una nueva etapa de reflexiones muchos más personales. En cuestión de meses, Tony Judt se convirtió en cuadripléjico, necesitado de un tubo de oxígeno para respirar. Su mente, sin embargo, estaba intacta, y siguió produciendo sus lúcidos análisis sin mella alguna, casi hasta su último día de vida.

Prisionero en su propio cuerpo

El pasado enero EL PAÍS publicó el relato en primera persona del día a día de la enfermedad de Tony Judt,. Estos son algunos extractos de su experiencia.

"Padezco un trastorno neuromotor, en mi caso una variante de la esclerosis lateral amiotrófica (ELA): la enfermedad de Lou Gehrig...".

"Los rasgos distintivos de la ELA —la menos habitual de esta familia de enfermedades neuromusculares— son que no hay pérdida de sensación (lo cual tiene sus ventajas y sus desventajas) y que no hay dolor. Por consiguiente, al contrario que en casi cualquier otra enfermedad grave o mortal, aquí uno tiene la posibilidad de contemplar a sus anchas y con unas incomodidades mínimas el catastrófico avance de su propio deterioro...".

"Es verdad que esta enfermedad tiene una dimensión enriquecedora: gracias a mi imposibilidad de tomar notas o prepararlas, mi memoria —que ya era bastante buena— ha mejorado considerablemente, con la ayuda de técnicas adaptadas del "palacio de la memoria" descrito de forma tan intrigante por Jonathan Spence. Pero es bien sabido que las pequeñas satisfacciones que compensan por algo son pasajeras. No tiene nada de bueno estar encerrado en un traje de hierro, frío e implacable. Los placeres de la agilidad mental están sobrevalorados, como es inevitable —me parece ahora—, por quienes no dependen exclusivamente de ellos. Lo mismo se puede decir, en gran parte, de las palabras de ánimo bienintencionadas que sugieren que encontremos compensaciones no físicas cuando lo físico falla. Es inútil. Una pérdida es una pérdida, y no se gana nada llamándola con un nombre más bonito. Mis noches son interesantes; pero podría vivir muy bien sin ellas.


Tony Judt en 2006, durante una visita a Madrid
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