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Cuentos cortos y ultra cortos



 
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Aljamod
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Registrado: 09 Feb 2010
Mensajes: 210
Ubicación: Uruguay

MensajePublicado: Mar Feb 09, 2010 23:53    Asunto: Cuentos cortos y ultra cortos Responder citando

Mi nombre es Javier y vivo en Uruguay.
A continuación algunos de mis cuentos...

Al vacío

Ha sido esta una larga y pesada carga que he debido soportar sobre mis hombros. Un camino largo y tortuoso que comenzó siendo casi un juego, pero que al cabo de los años se reveló como lo que en realidad es.
Admito que no todo ha sido pena y zozobra. Puedo incluso llegar a reconocer la existencia de momentos de cierta satisfacción y hasta algunos instantes de plena dicha, pero han sido tan aislados como solitario resultó ser el recorrido hasta aquí.
Parado al borde del acantilado, con la mirada absorta en la contemplación del oscuro grupo de rocas que el tiempo, el viento y las olas habían tallado cuidadosamente hasta convertirlas en una atroz garganta que en breve lo libraría de la larga y pesada carga que hubo de soportar sobre sus hombros durante tanto tiempo, el hombre se permitió una fugaz sonrisa.
Al cabo de un instante que pareció eterno, lanzó al vacío la pesada carga y regresó hacia donde había dejado el auto.-


Cansado del silencio

Cansado de tanto silencio intolerablemente abrumador, de no hacer más que duplicar
aburridas imágenes insonorizadas, el espejo dio un salto y se salió del marco.
Rompióse contra el piso en agudo estallido, y los mil y un pedacitos brillaron de felicidad al de oír el sonido.-


Como ver el mar

Una vez que se ha visto el mar, se ha visto la totalidad de los mares del mundo. Desde luego, cambian algunos colores, la trayectoria del sol en el cielo, la intensidad del viento, el tamaño del oleaje, el punto de observación, los alrededores del punto de observación, las personas en los alrededores del punto de observación y otro sin fin de detalles. Pero una vez que se ha visto el mar, se han visto todos los mares del mundo.
Yo he visto sus ojos.
Y ha sido como ver el mar, con su inmensidad y sus misterios.-


El acusado

Me acusan de ser un asesino. Dicen que tengo las manos manchadas de sangre. Pero eso no es verdad. Nunca he matado a nadie. Mis manos están limpias e inmaculadas, y no salpicadas de sangre como muchos creen.
Juro ante el Altísimo que siempre he sido un ciudadano respetuoso de la Ley, y con un profundo apego a la moral y las buenas costumbres.
Está la historia plagada de casos como el mío. Personas que en distintas épocas han sido acusadas de actos que no cometieron. Acusaciones, que para desgracia de muchos, derivaron en la ejecución de los imputados.
Más allá de que en un gran número de casos se dicte el sobreseimiento del acusado, siempre queda una mancha que a los ojos de la gente, nunca logra borrarse. Una vez que se ha sido señalado por el dedo índice de la sociedad, no hay medio alguno que logre disuadir al acusador de tal creencia, por errónea que esta sea.
Sí, me acusan de ser un asesino. Pero eso no ha podido ser comprobado, y no me parece justo que alguien afirme tal cosa y quede impune ante tamaña calumnia.
Nadie me acusará de forma tan vil sin tomar el riesgo de encontrar en su camino, una bala que le perfore la cabeza.-


El Amor en dos partes

"Al principio existió el Caos; después la Tierra de amplio seno, base eterna e inquebrantable de todas las cosas, y luego el Amor"

Hesíodo

"El Amor es el primer Dios que Él concibió"

Parménides

Prólogo

Según Aristófanes la naturaleza humana era antes muy diferente de como es hoy día.
Existían tres clases de hombres: mujeres, hombres y un tercero compuesto de estos dos y que fue destruido.
Esos animales, que reunían el sexo masculino y el femenino en un sólo ser, tuvieron la osadía de combatir contra los dioses. Derrotados, fueron castigados por el mismísimo Júpiter, quien los separó en dos.
Por ese motivo muchos de nosotros no somos más que una de dos mitades que alguna vez fueron Uno.

Parte primera (El más antiguo de los dioses)

Aunque hasta el momento su vida no es lo que él sueña, porque las cosas no se han dado de la forma en que siempre esperó, igualmente aun conserva la esperanza de que todo sea mejor.
Su esperanza se ha mantenido inalterable con el transcurso del tiempo y de forma inversamente proporcional a su estado de ánimo, que fluctúa constantemente.
Sabe que su existencia es un obsequio que no debería desperdiciar, pero en esos días de ausencia de sentido en los cuales se pregunta si vale la pena tanto esfuerzo, se anima pensando que la esperanza es lo último que se pierde.
Por otro lado, sabe también, que esa esperanza podría ser una ilusión, una forma no siempre eficaz de negar su presente que le hace demorarse en irreales sueños de plenitud y felicidad...
Sé que la probabilidad de encontrar mi otra mitad es ínfima, quizá consecuencia de mis actos y omisiones. De mil mujeres solamente con una podría unirme y alcanzar, juntos, la Perfección.
Amar a todas y cada una de ese número exagerado pero no imposible, se me ocurre es un ímproba tarea para mi escasa voluntad y pobre perseverancia.
Aunque muy placentera, al embarcarme en tal tarea correría el riesgo de confundir mis sentidos tal cual los confunde quien prueba la esencia de varios perfumes distintos y luego no sabe, ya no sólo cual es el indicado, sino cual es cual.
Creo que preferiría terminar mis días en forma solitaria antes que compartirlos con alguien con el único propósito de evitar la soledad.
Así que aun aceptando ese destino como probable, guardo la remota esperanza de que un día, el más antiguo de los dioses, pose sus ojos en mí.-

Parte segunda (Las dos mitades de naranja)

He estado buscando a mi media naranja desde hace mucho tiempo, casi desde que tengo uso de razón - dijo una mitad de naranja a otra -.
Lo mismo estoy haciendo yo - respondió la otra mitad -, pero últimamente he perdido la esperanza de encontrarla y me estoy cansando de esperar.
Pues tu búsqueda ha finalizado - aseguró la primera -. Yo soy esa mitad que buscas.
Dicho esto, la primera mitad se acercó a la segunda, y comprobando que coincidían exactamente una con otra, ambas se convirtieron en una.
Feliz y consciente de que ese mágico encuentro está solamente reservado a unos pocos elegidos, la naranja se arrodilló y agradeció al cielo la bendición recibida.
Allá arriba, el hecho no había pasado desapercibido a los ojos del dios Amor, el cual aseguran algunos, es el más antiguo y poderoso de todos los dioses.
El Dios alargó entonces el brazo, tomó el recién formado fruto y luego de partirlo en dos, lo exprimió y bebió el puro y fresco jugo de esa unión. Néctar que, aseguran algunos, está reservado a unos pocos elegidos.-


El apretón de manos

Estaba en serios problemas económicos. Una larga serie de hechos desafortunados sumados a los intensos vaivenes que se producían en la economía del país, causados por una creciente inestabilidad en el sistema financiero regional producida por la avidez de las grandes empresas multinacionales, cuyos estudiados movimientos de ajedrez hacían temblar las estructuras de muchos gobiernos en el mundo entero, algunos de los cuales, en ocasiones, terminaban desmoronándose sin más, colocaron a mi empresa, y con ella a sus trescientos empleados, las familias de éstos y a mi propia familia, al borde de la quiebra.
No tuve entonces otra opción que acudir a una institución financiera a fin de solicitar un empréstito que trajera consigo una refrescante brisa con la cual aliviar la temperatura de los estados de situación patrimonial, cuyos números estaban en rojo.
El gerente de la Institución me recibió en su oficina con una gran y brillante sonrisa que iluminaba todo el recinto, estrechándome largamente la mano.
Y al cabo de unos instantes no supe definir claramente donde finalizaba mi brazo ni donde se encontraba la mano de él.-


El café de las seis

El café de las seis me lo tomé a los diez. Después ya no tuve oportunidad de contarte nada, o tal vez, simplemente no supe como hacerlo. De cualquier modo una vez más no estabas cuando regresé a casa, y así se me pasó otro día.
A los seis años de edad el niño ya tiene presente su destino en la vida, aunque pasa el tiempo y a los diez no recuerda absolutamente nada.
A los seis años puede mirar en los ojos de las personas y leer los sentimientos que se esconden en lo más profundo de sus corazones, pero con el correr del tiempo pierde ese don, y a los diez no recuerda absolutamente nada.
Pasé toda mi existencia buscándole el sentido a la vida. Hice, deshice y volví a hacer, afirmé, negué y volví a afirmar, avancé, retrocedí y volví a avanzar, dije, desdije y volví a decir, creí, descreí y volví a creer, amé, desamé y volví a amar.
Y es recién en estos momentos, al acabo de posar un pie en el oscuro borde de mi sepultura cuando vengo a encontrar el sentido de la vida.
Aunque muchos y cambiantes fueron los motivos que me movieron, recién ahora comprendo que todos esos motivos terminan transformándose en uno solo. Pero ahora es demasiado tarde para hacer algo al respecto, salvo decirle a quien se encuentre a la búsqueda de un sentido en su vida que debería prestar un poco más de atención a los ojos de los niños, pues solo ellos conocen el motivo, y a los diez se les olvida.

Cuando regresé a mi taza de café me sorprendí al ver que aun estaba llena. Aunque el humo continuaba saliendo, apenas darle un sorbo me di cuenta que se había enfriado. Entonces lo tiré en el fregadero para que siguiera el camino que lo llevaría junto a las demás aguas del mundo. Y ese café un día volverá a hacerse café, una y otra vez, hasta que alguien decida beberlo...

El niño levanta la taza y bebe lentamente. Mientras por su mente pasa brevemente el lejano sonido de la voz que ya no tendrá posibilidad de volver a oír, mira hacia fuera a través de la ventana. Y vuelve a pensar en lo que ahora realmente importa: sus amigos le esperan para seguir jugando a la pelota.-


El Camino hacia los Sueños Olvidados

Hurgué en el hondo baúl. Inhalé todo el aire que le fue posible almacenar a mis pulmones y me sumergí por unos instantes en el baúl de mi memoria.
Debo decir que me fue imposible llegar hasta su fondo, y que de los treinta y tres niveles de profundidad, sólo pude descender unos veintisiete, tal vez veintiocho.
En el descenso encontré muchas palabras.
Unas, las impronunciables, que por mi propia torpeza nunca pude llegar a decir, habitan en la memoria del silencio.
Otras, las pronunciadas, algunas de las cuales una vez lastimaron mi corazón, habitan en la memoria del dolor. Aunque la gran mayoría de ellas ya no duelen.
Encontré abrazos, caricias y besos que una vez me hicieron sentir dichoso.
Si bien creí que encontraría algunos en la memoria del dolor, pude comprobar que todos habitan en la memoria feliz. Aunque buena parte de ellos ya no brindan felicidad.
Encontré sonrisas que fueron enteramente dedicadas al cielo. Esas habitan en la memoria del tiempo, que, curiosamente, siempre creí era inmemorial.
A algunas de las palabras y sucesos que aun continuaban doliendo pero que ya no tenían ninguna utilidad, aproveché para darles un empujoncito y enviarlas al fondo de la memoria del olvido. Aunque en esta no se puede confiar del todo. De tanto en tanto se olvida que es la memoria del olvido, y trae a la luz cosas que sería mejor mantener olvidadas.
Pero cual no sería mi sorpresa al encontrar en un oscuro rincón del baúl, una polvorienta carpeta en cuya tapa rezaba la siguiente inscripción: el Camino hacia los Sueños Olvidados.
Tocado por la curiosidad resolví hurgar en esa carpeta, para lo cual tuve que leer las instrucciones escritas en la tapa de la carpeta, y que a continuación paso a detallar:

Sin prestar atención a nada de lo que te rodea observa el atardecer, sumérgete en él. Podrás descubrir el lugar en donde se ocultaron aquellos sueños que una vez soñaste pero que fueron quedando a un lado con el transcurrir de los años.
Sé que piensas que es un lugar lejano y difícil de alcanzar, pero verás que no es imposible acceder a él.
Mira una vez más hacia el poniente. Deberás encontrar las razones que te impidieron alcanzar todo lo que alguna vez anhelaste. Probablemente hayan sido obstáculos de diversos orígenes, pero si lo vuelves a considerar, puede que ya no los encuentres insalvables.
Claro que, si bien el sol se oculta todos los días, la puerta que da al Camino hacia los Sueños Olvidados permanece abierta durante escasos instantes, por lo cual tendrás que encontrar el momento justo.
Pero una vez logrado esto, encontrarás el exacto lugar en la memoria en el cual quedó olvidado aquel sueño que soñaste una tarde de noviembre, mientras veías deslumbrado la puesta de sol.-


El derrotero de Victoria

Haciendo oídos sordos a la estruendosa algarabía con que las miles de personas festejaban la victoria de su equipo en la final, y no pudiendo evitar el recuerdo de que alguna vez también él supo exteriorizar su felicidad por esas batallas que se ganan en la vida pero que nos son más que pompas de jabón, masculló entre dientes que la derrota enseña, endurece el carácter, mantiene alerta los sentidos y aumenta la sed de victoria.
Haciendo luego sus recuerdos y pensamientos a un lado, se dispuso una vez más a hurgar en el tacho de la basura.-


El escritor comprometido

Cierto es que en los primeros tiempos supe ganarme el respeto de crítica y público en general. Mis libros se vendían en apreciable cantidad, lo cual me permitió renunciar a mi trabajo y dedicar todo mi tiempo a la escritura, la cual pude notar, en determinado momento comenzó a volverse predecible.
Cada historia que escribía resultaba ser un calco exacto de la anterior. Si bien los relatos nada tenían que ver unos con otros, comúnmente finalizaban éstos con el protagonista muerto, encarcelado, internado en un hospital psiquiátrico, o con cualquier otro final por el estilo.
Pero era la estructura del relato la que lo hacía fácilmente predecible.
Luego de leído el comienzo y la parte central de la historia, el desenlace era perfectamente deducible, por lo cual el placer que en los primeros tiempos me provocaba escribirlos, fue transformándose primero en una aburrida costumbre, para posteriormente volverse un tedio absoluto e intolerable.
Así fue que decidí realizar un cambio radical. Comencé a escribir historias que tuvieran un final feliz, con sus protagonistas contentos y exitosos. Incluso llegué a subirme a uno de los vagones de cola de un tren de moda que pasaba, y escribí historias de hadas, duendes, magos, príncipes y hermosas doncellas. Hube de hacer un enorme esfuerzo, debí buscar material y leer muchísimo para obtener el conocimiento necesario y poder escribir sobre esa amplia gama de seres fantásticos. Pero cuando logré reunir la cantidad suficiente para la publicación de un nuevo libro, me sentí dichoso.
No ocurrió lo mismo con la crítica. Dijeron que preferían aquellas historias que relataban sucesos más reales y cuyos finales eran más creíbles, puesto que mayormente reflejaban la realidad de la vida. Creo que un poco al influjo de la crítica el público tuvo idéntica opinión. Las ventas cayeron tan estrepitosamente que el libro fue considerado un rotundo fracaso.
Así es que decidí volver a lo mío. He escrito en mi último libro el tipo de historias que tanto habían gustado a crítica y público. Las ventas han vuelto a la normalidad y hasta es posible que logre superar mi propio récord de ventas.
Ahora estoy enfrascado en el que será mi nuevo título. Y es precisamente éste que estoy escribiendo en este momento, el relato que cerrará mi nuevo libro.
Se ajustará perfectamente a lo que críticos y lectores quieren de mí, y será, sin duda alguna, un suceso en ventas.
Y creo que a nadie extrañará el hecho de que tengo un treinta y ocho apoyado en mi cabeza, y estoy a punto de apretar el gatillo.-


El fiel recuerdo

He tenido la fortuna de viajar por el mundo entero, lo cual me ha sido más que suficiente para sentirme bastante cercano a eso que algunos denominan felicidad. Siendo un joven de poco más de veinte años, y habiéndome quedado solo en el mundo a causa de un accidente que me privó de mis progenitores, luego de unos meses durante los cuales no hice más que encerrarme en una habitación negándome a recibir visita alguna, tomé la determinación de dedicarme a viajar por el mundo.
Mis padres eran poseedores de una considerable fortuna - la mayor parte de ella heredada de mis abuelos maternos - la cual estaba conformada, además de una abultada cuenta corriente en el Banco Nacional, por varias propiedades en la ciudad, unos cuantos cientos de hectáreas de campo con varios miles de cabezas de ganado vacuno, un matadero de reses en las afueras de la capital y otros pequeños negocios que fueron adquiriendo, más a modo de pasatiempo que por necesidad.
A decir verdad, durante algún tiempo consideré seriamente la idea de hacerme
cargo de todos los negocios que me legaron, pero afortunadamente, prevaleció la razón. Hacer de mi vida una continuación de la que llevaron mis padres no era algo que me sedujera en lo más mínimo. A pesar de su elevada posición social y económica, mis padres no eran más que esclavos de sus propiedades, a la cuales les dedicaban una exagerada cantidad de horas cada día de la semana, tarea que por supuesto, iba en detrimento de mis propias necesidades, de, para colmo, hijo único.
Debo reconocer sin embargo, que aun no habiéndome dedicado más horas de su tiempo, lo cual creía - y hasta el día de hoy creo - me correspondían, sí se
preocuparon grandemente por mi educación, por lo cual fui enviado al mejor instituto de enseñanza del país. También consideraron necesario que cursara estudios de idiomas, cosa que hice, debo admitir que con agrado, pues fue algo que desde muy pequeño llamó mi atención. A pesar de que mi padre insistía en que lo más conveniente para mi futuro era que realizara mis estudios en el campo de las ciencias, y preferentemente en el área de las matemáticas, pues según él todos los hechos de nuestras vidas estaban signados por los números, primó el deseo de mi madre, quien siempre me animó a dirigir mis pasos a través de las letras y el arte, cosa que con placer hice.
Habiendo transcurrido mi niñez y mi adolescencia rodeado de toda clase de lujos, los que más disfrutaba eran sin embargo la enorme biblioteca de más de dos mil volúmenes que mi madre había heredado de su padre, y que ella se había encargado convenientemente de ampliar y actualizar, y las réplicas de conocidas obras de arte que le daban vida a la casa en que vivía. Había treinta y tres cuadros cuidadosamente distribuidos, principalmente en la biblioteca, la sala de estar y el recibidor.
Recuerdo los domingos por la mañana, único día de la semana en me encontraba libre de mis deberes y obligaciones de estudiante, en los cuales me dedicaba a contemplar largamente mis pinturas preferidas. Es desde entonces que arrastro conmigo la manía de alinear correctamente cada cuadro que veo levemente inclinado hacia uno u otro lado.
Una calurosa mañana de fines de agosto, un jueves, lo recuerdo perfectamente, tomé la decisión de vender todas las propiedades que había heredado y largarme a recorrer el mundo. De esa forma podría, entre otras cosas, visitar todos los museos que me fuera posible y conocer los originales de las reproducciones que tanto deleite me habían provocado.
Apenas iniciado mi largo periplo, el que me llevó a recorrer durante casi veinte años, buena parte de los países del mundo entero, comprendí la importancia de haberle puesto tanta dedicación al estudio de idiomas como el francés y el inglés. Solo tuve ocasionales inconvenientes en algunos países del sureste asiático, más que nada por la hostilidad con que miraban, muchas veces creo que con razón, a cualquier persona que hablara la lengua de Shakespeare. Claro que tantos años sin más ocupación que el completo disfrute de los cinco sentidos me dejó mucho tiempo disponible, el cual empleé, entre otras cosas, al estudio de idiomas como el ruso, el italiano y el árabe.
Durante todo ese tiempo tuve la felicidad de contemplar y fotografiar cientos de paisajes, personas y obras arquitectónicas en cada país. Miles de esculturas, grabados, dibujos y pinturas en museos tales como el Louvre y el Orsay de París, el de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando y el del Prado en Madrid, el Museo Británico en Londres, el de Arte Moderno en Nueva York, el Museo Nacional en El Cairo, el de Mosul en la ciudad del mismo nombre, y el Museo Iraquí de Historia Natural en Bagdad, fueron contemplados con admiración por mis ojos, que no se cansaban nunca de ver tantas maravillas.
Mis continuos viajes por el mundo, realizados sin planificación alguna, sin programas o itinerarios, solamente impulsado por el espontáneo deseo de trasladarme de una punta del planeta a otra, me fueron llevando paulatinamente a prescindir de todo tipo de horarios. No tenía una hora fija para comer o dormir, y menos aun cuando se trataba de viajar.
Al quinto año de trasladarme de un sitio a otro, y por la circunstancia de tener aversión a los hoteles, no importaba que tuvieran estos todas las estrellas de la mismísima Vía Láctea, tomé la decisión de alquilar apartamentos en ciudades
ubicadas estratégicamente para mis desplazamientos.
Cuando llegó el momento de elegir los inmuebles a rentar, no me importó que fueran lujosos; bastaba con que tuvieran las comodidades básicas. Eso sí, era requisito indispensable que estuvieran emplazados en sitios que me permitieran un fácil acceso al aeropuerto más cercano. Es que cuando se apoderaba de mí, la casi enfermiza desesperación de partir hacia un nuevo destino, lo mejor era tener el avión a pocos minutos de la cama. Las ciudades que elegí para rentar mis refugios fueron París, Florencia, Kazán, Tokio, Nueva York y Río de Janeiro.
Viajar tan seguido de una parte a otra me obligaba a no llevar conmigo demasiadas cosas. Creo que lo único que nunca me abandonó fue mi manía de ir por el mundo alineando cada cuadro que veía con una leve inclinación hacia uno u otro lado, costumbre que por cierto, en una ocasión me condujo a estar a punto de ir a parar a prisión, cuando llevado al extremo por ese molesta manía, no tuve mejor idea que intentar nivelar un cuadro que me pareció tenía una leve inclinación hacia la izquierda. Pero claro, esa pintura no estaba en el vestíbulo de un hotel, sino en el mismísimo Louvre, maniobra con la cual, no hice más que disparar el sofisticado sistema de alarmas que posee el museo.
Varias horas invertí en explicar y convencer a la policía francesa de que todo no era más que una manía. De todos modos, la resolución que adoptaron no fue muy gratificante para mí. No solo me vi obligado a pagar una multa de cinco mil francos, sino lo que fue peor, me prohibieron el acceso a todos los museos de París por un año.
A pesar de no estar más de una semana seguida en las ciudades que visitaba, sí permanecía por mucho más tiempo en mis tres predilectas: Río, Kazán y Florencia, aunque lo motivos eran bien distintos.
A Río viajaba todos los años para pasar el verano. A mediados de enero me instalaba en un apartamento frente a la playa de Ipanema en donde permanecía hasta principios del mes de marzo. Los motivos de esta elección a nadie parecerán extraños. El clima, las playas, el carnaval y las mujeres cariocas, son de fama en el mundo entero. A esto se le sumaba mi afición por la música brasileña en general, siendo un admirador de gente como Caetano Veloso, Gilberto Gil, Chico Buarque, María Bethania y Gal Costa entre otros. Eso en lo que refiere a los motivos por los cuales había elegido la ciudad de Río.
Otra de las ciudades elegidas se encuentra en el centro de la Rusia europea, y los motivos por los cuales fue elegida, son bien distintos a los de la anterior.
En la universidad de la capital de la República de Tatarstán, la ciudad de Kazán, situada unos setecientos treinta kilómetros al este de Moscú, en el año 1844, siendo aún un adolescente, iniciaba sus estudios Liev Nikoláievich Tolstói, más conocido como León Tolstoi.
Mi madre, cuyo nombre era Ana Karina, fue una gran admiradora de Tolstoi, de quien poseía todos sus libros. Entre ellos, sus preferidos eran “Confesión” y “Ana Karenina”, aunque principalmente este último. Mamá decía que además de agradarle como escritor tenía la vida de Tolstoi algunos puntos de contacto con la suya.
- Sé que pueden parecer puras tonterías - decía - pero para empezar, nacimos en la misma fecha, 9 de setiembre; él en 1828 y yo cien años más tarde. Tanto mis padres como los de él eran poseedores de grandes extensiones de tierra, y ambos quedamos huérfanos a la edad de nueve años. Eso sin contar con que me siento bastante identificada con la protagonista de esa novela; además, como te darás cuenta, mi nombre es bastante parecido al suyo, agregaba con esa sonrisa cómplice que sólo puede existir entre una madre y su único hijo de no más de diez años.
Sé que puede resultar curioso, pero es ese uno de los pocos recuerdos que guardo de mis conversaciones con mamá, las que por cierto no eran muy asiduas que digamos.
En mi primera visita a Kazán, creo que allá por el año 1990, al pararme a observar el escaparate de una librería divisé el volumen de “Ana Karénina”, el cual adquirí inmediatamente. Aún cuando se me hizo bastante dificultosa su lectura, puesto que todavía no había completado mi estudio del idioma, con la ayuda de un diccionario logré terminar de leerlo. Y no me fue muy difícil advertir muchos puntos de similitud entre la vida de la protagonista y la de mi madre. Lo que hasta el día de hoy me pregunto es si, como Ana Karenina, tuvo mi madre alguna relación extra conyugal, aunque no creo que eso sea algo que deba preocuparme, más aun teniendo en cuenta que han pasado veintiún años de aquel accidente ocurrido en 1983, por el cual un 11 de setiembre me vi privado de mis padres.
El viernes 9 de setiembre de ese año cumplía mi madre 55 años de edad, y pese a que por ese entonces las relaciones entre mis padres no pasaban por el mejor momento, decidieron festejar por partida doble, puesto que al día siguiente cumplían veintiún años de casados. Un matrimonio como supongo son la grandísima mayoría, con altos y bajos; aunque al parecer, en esos tiempos, todo parecía indicar que las cosas no iban bien entre ellos.
Muy temprano en la mañana de ese viernes mi madre me despertó para decirme que a primeras horas de la tarde emprendería junto a mi padre un viaje de fin de semana hacia la ciudad de Porto Alegre, en donde festejarían su aniversario de
bodas hospedándose en el mismo hotel que los alojara en su luna de miel en el año 1962. Si bien hacía un par de semanas que habían programado ese viaje, no fue sino hacia la noche anterior que habían resuelto llevarlo a cabo.
Apenas hubo abandonado mi habitación salté de la cama para ir en busca de los obsequios que le había comprado. El primero era un disco de vinilo con composiciones de Mozart interpretadas por una filarmónica alemana cuyo nombre no recuerdo; en la cara A contenía entre otras la pieza “Night's aria” - la preferida de mi madre -. El segundo era una peculiar edición rusa del año 1928 del libro “Ana Karénina” de Tolstói, encuadernada en piel de Marta Cibelina, animal que me aseguró el librero, era muy apreciado por los peleteros.
El último era una tosca pero bellísima reproducción de la Torre de Pisa, lugar al cual Mamá hace años planificaba viajar, aunque por motivos de trabajo siempre terminaba postergando.
Dejé los presentes sobre su cama y luego de desayunar salí de casa, para encaminarme hacia la Facultad de Bellas Artes, lugar en el cual tomaba un curso de fotografía.
Sobre el mediodía regresé presuroso deseando saber que le habían parecido los obsequios. Para mi desconcierto fui avisado por Mercedes - la señora que se encargaba de las tareas domésticas - que mis padres ya se habían marchado debido a un cambio en el horario de vuelo, pero que mi madre me había dejado una nota.
- Leo: Muchas gracias por los obsequios. Son hermosos. Me llevo conmigo la torre. He hablado con tu padre y hemos acordado viajar a Italia a principios del siguiente año. Así que por favor no hagas planes para enero. El disco lo he dejado ahí. Como comprenderás no me será muy fácil conseguir un tocadiscos donde
poder escucharlo con la tranquilidad que desearía. El libro es muy bonito, aunque como obviamente no entiendo una palabra de ruso, la única forma en que se me ocurre podría disfrutarlo es que alguien lo lea para mí. Quien sabe. Tal vez un día puedas aprender el idioma y quieras leérmelo.
Un beso. Mamá.
Cuando leí su nota no imaginaba que ya no les volvería a ver con vida.
A escasos minutos de las cinco de la tarde del domingo 11, la avioneta de alquiler en la que regresaban desde Porto Alegre, se precipitó a tierra casi sobre las vías del tren, a poco menos de cinco kilómetros del pueblito Ramón Saravia, enclavado casi en el límite de los departamentos de Cerro Largo y Treinta y Tres.
La exacta ubicación en donde se encontraron los restos de la avioneta fue en la conjunción de los 55 grados de longitud oeste y los 33 grados de latitud sur; la única persona que fue testigo de la caída del aparato fue doña Clara Olimar de Gutiérrez, una anciana que 55 años atrás había sido la partera en un alumbramiento que se produjo en el pueblo Ramón Saravia, en aquel entonces apenas un paraje.
El bebé recién nacido fue inscripto algunos días después con el nombre de Ana Karina Saravia, mi madre.
Así que al final mi padre tenía razón. Un montón de estúpidos números leídos en forma de edades, fechas, horas y grados, coincidieron en la fatalidad de un accidente.
Desde el pequeño balcón de mi apartamento en el quinto piso de un edificio ubicado a poco más de trescientos metros de la ribera izquierda del río Arno, se podían divisar perfectamente el mármol rojizo de la Catedral gótica de Santa María dei Fiori y el Baptisterio de San Giovanni.
Era por ese entonces la ciudad de Florencia la que más asiduamente frecuentaba,
y en la cual actualmente resido.
Existe en Florencia todo lo que puede pedir un aficionado del arte. Obras de Rafael y Tintoretto en el Palazzo Pitti; el David en la Academia de Bellas Artes; la iglesia de la Santa Croce, donde reposan los restos de Miguel Ángel; la galería dedicada a pintores italianos, flamencos y franceses en el Palazzo degli Uffizi, y las estatuas de bronce de la Piazza della Signoria, entre las cuales destacan “Perseo” de Benvenuto y “El rapto de las Sabinas” de Juan de Bolonia; aunque la principal causa por la que elegí la ciudad de Florencia, fue su cercanía con Pisa.
Apenas aterrizaba mi avión en el aeropuerto Florencia – Peretola, cogía un taxímetro; siempre pedía al chofer de turno que hiciera el mismo trayecto: recorría por la ruta A 11 los cuatro kilómetros que separan al aeropuerto del cruce con la A 1, luego por esta tomaba a la izquierda y nos trasladábamos unos ocho kilómetros hasta llegar a la ruta SS 67, por la cual luego de unos setenta kilómetros llegaba a la ciudad de Pisa, que allá por mediados de mil novecientos ochenta y cuatro - en ocasión de mi primera visita - no tenía más de ochenta mil habitantes.
El único motivo de mis constantes visitas a Pisa, era concurrir a la Piazza del Duomo en donde se erige la famosa torre que tanto ansiaba visitar mi madre.
Solía pasarme allí tardes enteras contemplando “el Campanile” de cincuenta y cinco metros de altura y dieciséis de diámetro. ¡Qué curioso! Otra vez acudían a mi memoria las palabras de mi padre cuando decía que todos los hechos de nuestra vida estaban signados por los números; los metros de altitud de la torre coincidían con la edad que tenía mi madre en el momento de su muerte. En mi recuerdo, hasta su esbelta figura de piel blanquecina se asemejaba un poco a la torre inclinada.
Inclinada. Demasiada inclinación para mi gusto. Una inclinación que hasta parecía sugerir que en cualquier momento se iría a tierra; de la misma manera en que veinte años atrás, un once de setiembre, se fue a tierra el avión en que viajaba.
En determinado momento comencé a odiar aquella torre. De la misma forma en que mi odio crecía aumentaba la frecuencia de mis viajes a la ciudad.
Por las noches despertaba bañado en sudor, víctima de atroces pesadillas. En unas veía el cadáver de mi madre sosteniendo en su mano izquierda la réplica que de la torre que le había regalado. En otras era un horrorizado e impotente espectador del súbito derrumbe de la torre, en cuya cúspide veía, aferrada a la baranda, a mi madre.
Todo eso comenzó a trastornarme severamente. Hice a un lado mi hábito de frecuentar galerías y museos. Renté un cuarto en un hotel de la ciudad, y todos los días de la semana me dirigía hacia la Piazza del Duomo.
Mi antigua obsesión de corregir la inclinación de los cuadros mutó severamente. Ahora se trataba de corregir la inclinación de la torre. Me devanaba los sesos buscando la manera de evitar lo inevitable: que la torre se fuera al suelo.
Investigué en las bibliotecas acerca de la construcción de la torre; consulté varios libros de restauración de obras de arte; incluso llegué a adquirir herramientas y materiales de construcción con el firme propósito de evitar lo inminente: el derrumbe de la torre.
Eso es todo lo que ahora recuerdo de esos tiempos…
Hace un par de meses comencé a pintar las paredes de mi habitación, con lo cual pude así descubrir que ninguna sensación es comparable a esa.
Pintar produce en mí un sentimiento de libertad que lamento decir hace muchos años no sentía.
El tiempo pareciera detenerse por unos instantes, es como si se transformara en una imagen congelada, una fotografía que retrata el instante eterno. Esa eternidad en la cual confluyen pasado, presente y futuro.
Sin esa noción de tiempo, sin ese dejo de opresión con que el lento pasar de las horas atormenta mi alma, me siento libre.
La paleta me ofrece una amplia variedad de colores destinados a pintar mi libertad, y mi mano no da un instante de descanso al pincel, que viborea, gira, se arrastra, salta de una pared a otra, inquieto, como presintiendo el goce que producirá en mí, el resultado final de sus desplazamientos.
A mi izquierda he pintado la inmensidad de un mar casi confundido con el cielo azul, el sol brillando a pleno, calentando la arena de la playa que espera la refrescante visita de las olas.
A mi derecha una extensa llanura poblada de árboles, arbustos y flores de todos los colores, cercada al fondo por una cadena de montañas coronada de grises nubes que la envuelven.
A mi frente, un largo sendero serpentea hasta perderse entre las rocas de un paraje desolado, que se va transformando hasta convertirse en un desierto.
Al voltear la cabeza veo la más real y cruel de las pinturas. Incrustados a la pared, los barrotes de la celda son el fiel recuerdo de que aún me restan tres años de condena para salir de prisión.-


El Fino Caballero y la Joven Prostituta

Un Fino Caballero de la Cámara de Legisladores y una Joven Prostituta del Más Bajo Fondo se encontraron frente a frente en medio de un puente peatonal que solo admitía el paso de una persona a la vez, y bajo el cual corría un arroyo lleno de desechos tóxicos.
Luego del fugaz cruce de miradas la Prostituta lucía en su rostro una sonrisa y el Fino Caballero sonrojadas las mejillas. Tomaron entonces la decisión de pasar ambos al mismo tiempo y de costado.
Después del breve roce de los cuerpos la Prostituta se alzó con los más bajos y perversos instintos del Fino Caballero, mientras que este cargaba con el producto de las actividades de la Prostituta.
Se pudo constatar también el faltante de la tabla en la que a continuación debía pisar la joven.-


El mal genio de Dionisio

Una fresca tarde de setiembre compré una botella de vino tinto que se encontraba solitaria en un estante del mercado de la esquina.
Por la gruesa capa de polvo que la recubría supuse que habían pasado varios años desde que fuera envasada, pero al ver que decía Tannat cosecha 2009, con gran perspicacia deduje que allí eran poco afectos a la limpieza.
Al llegar a casa tomé una copa y me dispuse a descorchar la botella del preciado líquido, dispuesto, en primer término, a paladear esa marca que aun no conocía, y posteriormente, a comprobar si había mucha borra en el fondo del envase.
Apenas destaparla me invadió su aroma penetrante, aunque no conseguí distinguir los "aromas a frutos rojos y negros muy maduros, especias, chocolate amargo que se acentúan cuando se estaciona por algún tiempo" que describía la coqueta etiqueta plateada.
Lo que sí pude notar fue un extraño y ligero vaho que salió de la botella, que luego se transformó en una densa humareda para posteriormente tomar una forma humanoide que resultó ser un Genio con claros signos de estar completamente borracho.
A continuación me alentó a elegir tres favores que me concedería gustosamente, a condición de que bebiera solamente un copa de vino.
Totalmente irritado, y a la velocidad del rayo, vacié en el fregadero el contenido íntegro de la botella, consiguiendo así la inmediata desaparición del insolente y malvado Genio.
Presuroso volví al super y compré la botella del Tannat de siempre, el cual comprobé, esa vez contenía poco borra en el fondo.-


El nacimiento de un melómano

No es la música tan sólo un pasatiempo, una pared sonora que llena un vacío, o un momentáneo escape del mundo real y todos los problemas que lo acompañan. En realidad es eso y mucho más. Es para mí, el arte supremo, ese que, a través de la inspiración y destreza del ejecutante, y la imaginación y sensibilidad del escucha, contiene a todas las demás artes. La música puede combinar, al ser creada, ejecutada o escuchada, experiencias de origen emocional, intelectual y estético, y su concepción es casi tan antigua como la humanidad misma.
Me es imposible explicar en forma precisa las causas por las cuales me considero un auténtico melómano. Pienso que pueda ser algo con lo que se nace, o bien algo que se adquiere con el paso del tiempo. Tal vez pudiera deberse al hecho no poco probable de que en alguna tarde de junio o julio del año 1971, y encontrándome aun en el vientre materno, en el transcurso del sexto o séptimo mes de gestación, hubieran llegado a mis oídos las notas de alguna melodía que, acompañadas por una fuerte emoción experimentada por mi madre, derivaran luego en mi apego hacia la música, aunque reconozco que todo esto pueda ser tan sólo una débil conjetura sin mayor asidero.
Tal vez, para intentar comprender las causas por las cuales el tiempo me convirtió en un melómano - ese mismo tiempo que es único requisito para que, a través de la combinación de determinados sonidos, se llegue a esa mágica creación que es la música - debería mencionar que uno de los primeros recuerdos que guardo de mi primera infancia, tiene relación con tan sublime arte.
Es probable que tuviera cuatro, quizá cinco años de edad. Por ese entonces vivíamos mis padres y yo en un apartamento en un primer piso de la calle Ituzaingó, en una de sus esquinas con Dr. Maciel.
Una noche había en casa una reunión familiar en la cual estaba, entre otros familiares, María Salomé, mi abuela paterna. En algún momento de la noche mi madre me llevó a la cama con la intención de hacerme dormir, pues era muy tarde, mientras en la radio, que siempre estaba encendida, una voz decía unas palabras y a continuación sonaba una canción.
Ese recuerdo quedó grabado en mi memoria. Años más tarde supe que esa voz pertenecía a un locutor llamado Luis Osvaldo, quién todas las noches, a las once en punto, emitía una canción en homenaje a un grupo musical, a la que precedía con la siguiente introducción: “… las geniales creaciones de los cuatro de Liverpool. John, George, Paul y Ringo… ¡Los Beatles!”.-


El precio de la Justicia

Hacía tiempo que venía esperando con ansiedad la resolución de un caso cuyo desenlace se había demorado mucho más de lo que había pensado en un principio.
Siempre fui un ciudadano respetuoso de la Ley, pero una mañana, harto de esa situación, decidí hacer justicia por mano propia.
Fue así que, comprando jurados y jueces, se hizo justicia.-


El secreto de la Diosa

Los antiguos sabían que la sabiduría era femenina. La mujeres estudiaban las fases de la luna, la sucesión de las estaciones, el cultivo de la tierra y el poder curativo de las plantas, y en la antigua mesopotamia inventaron la escritura.
El tiempo y la ambición de poder de los hombres terminaron inventando a un Dios masculino que surgió de la observación del sol...
¿Cuál es el gran secreto? le pregunté cuando se apareció ante mí.
Ella me respondió - El secreto es estar aquí y ahora, conscientes, con los sentidos despiertos, descalzos sobre la tierra húmeda, contemplando la puesta del sol en el horizonte, escuchando el soplido del viento que trae consigo aroma de jazmines, bebiendo el mágico elixir de la vid/a.
Es no pensar en nada y al mismo tiempo, pensar en todo.
Aquí y ahora. Sin nostalgias de un pasado que hoy no existe, sin incertidumbre de un futuro que nunca llegará, porque lo único que verdaderamente importa, es el momento presente. Ese es el secreto.-


El sueño del Minotauro
(Una re-relectura de La casa de Asterión)

El Minotauro sueña con laberintos perfumados. Multicolores laberintos de arbustos que estallan en miles de flores y frutos.
Laberintos surcados por arroyos cristalinos en donde habitan las más increíbles criaturas, de los más diversos tamaños, formas y colores.
El Minotauro sueña que el viento va y viene, jugueteando entre las ramas de los árboles, que el sol hace relucir su piel bañada en sudor luego de haber corrido por verdes praderas, que el brillo de la inmensa luna plateada proyecta sombras sobre las paredes de su laberinto, que son a su vez, las paredes del universo.
El Minotauro sueña. Sueña que está enamorado. Sueña con el rostro más bello que mortal alguno haya conocido.
Sueña que recorre las playas y montañas que forman parte del paisaje de su laberinto, y que a su lado camina la más bella criatura. La más bella que mortal alguno haya conocido.
Sí, el Minotauro sueña.
Pero una fracción de segundos después de despertar de su sueño alcanza a ver con ojos somnolientos la espada de Teseo que se dirige directamente a su pecho.
Aunque luego de eso el sueño se tiñe completamente de rojo, el Minotauro continúa soñando.
Sueña que es perfume, que es fruta y flor, que es agua cristalina que corre entre los pedregales. Sueña que es playa y montaña, sol y luna, que es un sueño esa aventura, pero también espada y sangre.
Y aunque desearía soñar con su amada, no lo consigue. Ni siquiera logra soñar a Teseo. Porque el Minotauro ya no habita más en el laberinto. Ahora él, es el Laberinto.-


En procura de una gata

Kafka y una cucaracha, Chuag Tzu y una mariposa, Quiroga y una anaconda, Melville y una ballena, Giménez y un burro, Hesse y un lobo, Esopo y la fauna entera...
Tengo un perro, pero como no creo que sea suficiente, esta noche saldré en procura de una gata.-


En la espesura de la selva

Difícil me sería recordar con exactitud la primera vez que lo vi o el primer recuerdo que tengo de haberlo visto, aunque presumo que por entonces era yo un niño de no más de seis o siete años de edad. Pudo haber sido en un libro o una revista, o quizá en la televisión, que en aquellos tiempos era en blanco y negro y tenía una programación que comenzaba a las seis de la tarde y finalizaba a medianoche, pero lo cierto es que desde ese momento, surgió mi una gran atracción hacia la figura portentosa del León.
Su cuerpo grande y musculoso, sus poderosas extremidades, la tupida melena que cubre su cabeza y el magnetismo de sus ojos, lo hacían, ante los míos, un símbolo de fortaleza, poder y temeridad que me deslumbraba.
Con los años esa atracción no decayó. Muy por el contrario. Entre mis juegos preferidos se encontraba la colección de animales de plástico que con el tiempo fui agrandando. Osos negros y polares, cebras, lobos, águilas, caballos y vacas, cocodrilos, tigres, ovejas, hipopótamos, elefantes, rinocerontes, gacelas, antílopes, camellos, y por supuesto, leones. Jugaba a que era estanciero. Con palitos cortados con la precisión de un buen carpintero cercaba el campo, en el cual construía, con trozos de madera y cartón, una casa rodeada de árboles, corrales y un pozo cuyo brocal podía ser una tapa de botella de whisky, trazaba caminos para la circulación de los camiones, tractores, jeeps y camionetas que poseía en mi hacienda. También tenía, como era natural, una casa en la ciudad. La ciudad era la vereda de piedra laja que rodeaba el jardín en el cual estaba ubicada la estancia, y las uniones de cemento que servían de unión a las piedras, eran las calles que a su vez, delimitaban las manzanas de la ciudad. Y como en cualquier jardín que se precie de serlo, además de jazmines, rayitos de sol, rosales y claveles, había también yuyos. Bastaban unas cuantas matas de tupidos yuyos para tener la selva en la que colocar a los animales salvajes. Y el rey de la jungla no era otro que el León. Solía hacerle luchar contra el oso negro, el lobo, el rinoceronte y el tigre, e invariablemente el León siempre salía victorioso de la contienda.
Cuando veía “Tarzán” en la tele o en las revistas de historietas, el momento más ansiado era aquel en el cual aparecía en escena el león, aunque ahí descubrí que los había buenos y malos. Algunos años más tarde, con la televisión a colores pude apreciar que el león bueno se diferenciaba del malo por la tonalidad de su pelaje: el del león malo era siempre más oscuro que el del bueno.
Inversamente proporcional a mi amor hacia el león, era mi odio hacia el tigre, el cual por cierto, era tan poderoso como el león, cuando no más grande, como lamentablemente descubrí un poco más tarde. Curiosamente siempre los vi como el principal enemigo del león, cuando en realidad, la amenaza más grande del león, es ese animal que juzgaba horrible y despreciable, la hiena.
Veía en el tigre a un animal malvado, oscuro, un tanto enigmático, tanto que las propias enciclopedias y libros de zoología poco contaban acerca de él. Ni siquiera me gustaba el negro de sus rayas contrastando con el amarillo del resto del pelaje. Claro que esto último se debía exclusivamente al paralelismo que establecía entre el pelaje del tigre y la camiseta de Peñarol, a la cual, a causa de mi afición por la camiseta tricolor, detestaba.
Lo cierto era que en la realidad, león y tigre no tenían contacto entre sí, y lo más cerca que llegaban a estar el uno del otro, era en los zoológicos y circos.
Estos últimos eran por cierto una gran atracción para mí, y cada vez que alguno arribaba a la ciudad, pedía desesperadamente a mis padres que me llevaran a una función con la más que obvia intención de ver la presentación del domador, ante la cual debo admitir, más de una vez me descubrí en un oscuro y turbio deseo de ver a uno de los felinos atacar al domador que tanto los hostigaba. Otras veces fantaseaba con la idea de que un león escapaba de su jaula, y ante el gran tumulto causado por la muchedumbre que poblaba las plateas y galerías de la gran carpa, huyendo despavoridos en busca de la salida, pisoteándose unos a otros entre los gritos y alaridos de terror provocados por la visión de la gran fiera que se aproximaba tras escapar a la cálida seguridad que para el público eran los barrotes de su jaula, surgía el salvador, el milagroso guardián de la humanidad de los presentes, y en un acto heroico y no menos suicida, se interponía entre la bestia salvaje y la gente. Me acercaba hacia el león, mirándole directamente a los ojos, sin desviar por un segundo su mirada de la mía, tratando de hacerle comprender que no sólo no le temía, sino que le amaba, que era su amigo, y que nada había que temer, que era preferible seguir aguantando la figura pesadillezca del domador y la crueldad de su látigo, que caer bajo el fuego de alguno de los policías que cumplían funciones de seguridad dentro de la gran carpa, seguro destino que llevaría mi desdichado amigo de no aceptar mi protección, mis caricias y palabras dulces. Así, lograba que el pobre animal volviese a su jaula y luego de pasada la conmoción general, la función se reestablecía, ahora con el agregado de un nuevo centro de atención: el salvador, el valiente niño de nueve años que había arriesgado su vida para salvar la vida de los demás. Nunca hubieran sospechado que lo único realmente importante para mí, era salvar al león, mi viejo amigo de mis primeros años de la infancia.
Muchas veces me pregunté si lo mejor no hubiera sido dejar que cayera abatido por las balas en lugar de verlo continuar su vida encerrado entre los barrotes de una reducida jaula, dejar que recuperase su libertad, quizá ya pensando en aquellos tiempoa que morir era algo así como escapar de una prisión, librarse de la opresión que para él significaban el domador y los cuidadores del circo, y para mí por momentos eran mis padres, maestros y cualquier persona mayor que tuviera la costumbre de decirme que era lo mejor para mí, que cosas debía decir y cuales callar.
Cuando en cambio, fantaseaba que quien huía era un tigre, mi comportamiento era completamente diferente. Ese hecho ocurría en la calle, no dentro de la carpa del circo. Por las mañana, y mientras el circo permanecía en la ciudad, me escapaba hasta la avenida que corría a dos cuadras de mi casa para ver el desfile de los animales circenses en sus respectivas jaulas. Entonces, en un momento dado un tigre escapada de su jaula causando espanto entre los sorprendidos peatones que solamente atinaban a correr. Mirando sus rostros me deba cuenta que el miedo producido por la fuga del tigre era aun mayor que la producida por la del león. Pero ahí estaba yo, otra vez el salvador, el valiente niño que arriesgaba su vida para salvar la de los demás. Pero otra vez se equivocaban en cuanto a los motivos de mi arriesgada acción.
Nada me importaba la vida de las personas que huían despavoridas, salvo la de los niños más pequeños que yo. Lo único que me interesaba era terminar con la vida del malvado tigre.
Cuchillo en mano iba a su encuentro, con la mirada desafiante, alerta, preparado ante el inminente ataque del tigre que abriendo sus mortales fauces rugía ferozmente. Y entre saltos y esquivadas, rodaba abrazado a su cuello, clavándole el puñal una y otra vez hasta que caía rendido. Si tenía un mal día y la pelea me era desfavorable, acudía en mi ayuda mi viejo amigo, el león, que escapando también a su jaula, saltaba sobre el desprevenido tigre y terminaba, entre zarpazos y dentelladas, con la vida de mi odiado enemigo.
El tiempo siguió pasando, y al crecer, poco a poco fui dejando a un lado mis fantasías de leones y tigres. En plena adolescencia mis fantasías e incluso mis preocupaciones, como las de cualquier otro muchacho de mi edad, eran otras. Y ciertamente eran más importantes e interesantes que la familia de los grandes Félidos.
Continué poblando mis mundos - el externo y el interno - con nuevos descubrimientos, hechos, pensamientos, fantasías, deseos, alegrías y tristezas, sin saber bien que sería de mí en el futuro, sin tener claro hacia donde encaminar mis pasos, sin siquiera sospechar que uno apenas puede elegir el rumbo que desea tomar, pero que nunca se sabe si la meta a alcanzar es la que se eligió, eso siempre y cuando se arribe a meta alguna.
Siendo ya un joven de más de veinte años, y habiendo abandonado el hogar paterno de la misma manera en que lo hacen los leones jóvenes para procurarse su propia manada, una noche, en ocasión de asistir al cine a ver una película cuyo protagonista era un león, recordé mi antigua afición por el rey de la selva. Claro que, para ese entonces había descubierto unas cuantas cosas acerca de su organización social, la cual, de la misma forma que los hombres, se basa en familias que pueden llegar a ser muy numerosas, y que son dominadas por un macho. Básicamente este se dedica a cuidar de la manada, es un guardián celoso que protege a sus hembras y sus cachorros de cualquier amenaza, principalmente de las temibles hienas, las cuales, a diferencia de los leones, se basan en sociedades matriarcales.
Las leonas cuidan de sus cachorros y se dedican a cazar. Cuando la presa, luego de mucho esfuerzo e intentos fallidos, finalmente es atrapada, llega el macho y ahuyentando a las hembras toma la parte principal del botín.
¡Hasta podían llegaban a ser simples carroñeros! Apenas advertían que otro animal, ya fuera una hiena o un guepardo, lograba cazar una presa importante, aparecía el león para arrebatarle la pieza.
Pero lo peor de todo, es que pueden llegar al extremo de matar a los cachorros de su propia especie. Cuando el macho dominante es retado por un joven león por la posesión de la manada y es derrotado, este último se encarga de rastrear y asesinar a todos los cachorros jóvenes de la manada, logrando con ello que las hembras entren en período de celo y él asegure su descendencia en la manada.
Esas fueron básicamente las razones que me hicieron perder esa admiración que antaño sentía por él. ¡Eso hacía el Rey de la Selva! ¡Cuán engañado estuve durante tanto tiempo! ¡Y cuánto se parecían el León y el Hombre entre si! ¿Era esa la causa por la cual al león se lo consideraba el Rey de la Selva? ¿Lo había denominado así el hombre, el macho de la especia humana, como símbolo de su propio poderío, de su propio dominio dentro de la especie? ¿O era más bien un vano intento de auto convencimiento de una superioridad que en realidad no existe ni existió, pero que le dio resultado durante tantos siglos?
Como sea, miraba hacia atrás, hacia mi niñez y mi primera adolescencia y me veía muy lejano de aquello que alguna vez había creído y sentido, me encontraba en las antípodas de aquella admiración, aquella identificación que tenía con la poderosa y atrayente figura del rey de la selva, apartaba cada vez más de mí al león como ejemplo a seguir.
Y cuánto más descendía mi atracción hacia la figura del León, más crecía hacia la del Tigre.
Este, por el contrario, habita en lo más espeso de la selva, solitario, cazador temido e implacable, dejándose ver en contadas ocasiones. No posee manadas, por lo cual no tiene nada que defender, salvo su territorio de caza. Sólo se aproxima a las hembras en la época de reproducción. Entonces, durante algún tiempo, cazan juntos, se aparean, juegan, beben juntos a la orilla de los ríos y vuelven a aparearse. Después de eso, vuelve a alejarse. Retorna a su vida solitaria, sin más preocupación que la de cazar para sobrevivir. De tanto en tanto, sus ojos, que son como los míos, suelen ser vistos a través de la espesura de la selva.-


El invento de Teodoro de Samos

¿Quién no ha tenido alguna vez problemas para encontrar ese molesto pero necesario objeto que a través del tiempo ha ido reduciendo su tamaño y aumentando su complejidad?
Hoy día la tecnología ha llegado a modificar su fisonomía a tal extremo, que en países avanzados ya ni siquiera es utilizado y es más que nada un símbolo, aunque aun se mantiene en uso la acción que con ese molesto pero necesario objeto se realiza; claro está que en los países subdesarrollados todavía existe, siendo tan importante que su extravío complicaría la vida a más de uno.
Casi desde los albores de la civilización, tiempo en el cual comenzó el hombre su utilización, debido a la "invención" de la propiedad privada, las llaves han sido de uso común y diario.
La primera llave que documenta la historia procede de Nínive, ciudad de la antigua Mesopotamia. En Egipto, hace 4.000 años, eran de madera, y como sucede con casi todo novedoso objeto que hoy se lanza al mercado, su uso era exclusivo de las personas adineradas.
A través de Teodoro de Samos, siglo VII A.C., fueron los griegos quienes la perfeccionaron y pusieron a disposición del pueblo.
En la época de las Cruzadas y mediante los cinturones de castidad, fue de utilidad para los Caballeros, quienes pudieron pelear sus guerras contra los fieles al Islam con la tranquilidad de que sus esposas no les fueran infieles.
Después, con el transcurso del tiempo, nació la profesión de cerrajero.
Y es precisamente eso lo que estoy esperando mientras esto escribo. Un cerrajero que me permita entrar a mi casa, ya que perdí las putas llaves.-


Fritjof Capra y las palomas

Hace ya unos meses que un par de palomas rondan el techo de mi casa.
Al principio no les presté mayor importancia, más allá del "uh uh, uh uh" (pobre sonido onomatopéyico que se me ocurrió para referirme a...) que en ocasiones se escucha por la boca de la estufa, y el "uh uh, uh uh" que en el silencio casi absoluto de las mañanas de domingo más de una vez me ha despertado.
Pero hace un par de semanas atrás, al lanzar una piedra hacia el techo para espantar a la molesta pareja, resultó que salieron ocho palomas volando.

¡Uf! ¡Mi matemática apesta! pensé...

Unos instantes atrás terminé de lavar el piso de la sala y de la cocina-comedor.
Hace un par de horas se fueron de casa un par de muchachos que vinieron a limpiar la estufa de la sala y el lugar quedó todo sucio, aunque el piso de color gris oscuro no lo evidenciara.
Para darme cuenta del grado de suciedad que había quedado, me bastó con mirar la planta de uno de mis descalzos pies.
Pero lo que más me molestó de la limpieza de la estufa no fue el hollín que quitaron del pulmón, sino la cantidad de tierra, pasto y caca de palomas que había depositado en él.

- ¡Mierda! dije.
- ¡Qué cagada!
- ¡Ahora resulta que el invierno pasado comí algún asadito con aderezos especiales!

Uno de los muchachos me dijo que comprara un poco de maíz y que lo metiera en una botella a la que previamente (o posteriormente) hubiera llenado con querosene, que luego de un tiempo retirara el máiz y que lo dejara secar al sol.

-Eso las matará, me dijo.

Me pareció un tanto cruel matar de esa forma a las palomas. Me parecía un poco más civilizado hacerlo con una chumbera.
Después pensé que ese método referido por el chico no debería ser muy eficaz ya que nada mencionó acerca de darle de comer el maíz a las palomas.
Así que por las dudas, y en caso de realizar dicha operación, le agregaría como paso final tirar los granos de maíz al techo...

Según lo expresa Fritjof Capra (físico austríaco que busca una integración sobre la visión mundial en matemáticas de la física moderna y la visión de Buda, Krishna y Lao Tzu) en su libro "El Tao de la Física", o mejor dicho, según lo que a mí me quedó de haberlo leído (con mucho esfuerzo), es que aun no se ha encontrado el ladrillo básico de la existencia. Que cada pequeño trocito de materia que se ha analizado está compuesto a su vez de otros pequeños trocitos, y así presumiblemente hasta el
infinito. (Me vino a la mente el envase de pulidor Bao (un jabón en polvo de hace 30 años) que solía mirar de niño, y en cuyo envase podía verse a unas personas sosteniendo en primer plano un pote de pulidor Bao en el cual podía verse a un grupo de personas sosteniendo en primer plano un pote de pulidor Bao, y así hasta el infinito. Ese fue el hecho capital, que allá por los siete u ocho años de edad, me hizo tomar consciencia de la idea del Infinito)

La idea que me quedó del libro del buen Capra podría resumirse de la siguiente manera: todos estamos conectados, de alguna forma, con todos. Es decir, todos somos Unos.

Así que aun no decido que hacer con las palomas. Si todo y todos estamos conectados, creo que lo más humanitario sería comprar un par de metros de tejido de alambre para tapar la boca de la chimenea.
Es preferible desalojarlas que matarlas, y tal vez, matarme un poco a mí mismo.-

La otra Singularidad

La Nada, total y absoluta. El gran vacío sin espacio y sin tiempo.
Con la primera operación de la aritmética los números entraron en acción, y la gran fuerza primaria del Uno fue dividida en las cuatro fundamentales.
Gravitación, electromagnetismo, interacciones nucleares fuertes y débiles.
De la singularidad sobrevinieron espacio y tiempo, y en un determinado espacio de tiempo el sonido derivó en la otra Singularidad: La música.-


Las palabras mágicas

Luego de varios años de estudiar ancestrales tradiciones, antiguos tratados de magia y hechicería, teología y cosmogonías varias, encerrado en una cueva en las montañas donde vive mi Maestro, retorné al mundo civilizado.
Durante mi larga ausencia las cosas no habían mejorado demasiado, casi diría que estaban peor. El mundo seguía siendo aquel lugar hostil en donde pasé mi infancia y adolescencia.
De inmediato me aboqué a aplicar todas mis enseñanzas en el diario vivir, en especial lo aprendido en los tratados de Magia y Hechicería.
Mi mejor arma fue la utilización de las Palabras Mágicas, gracias a las cuales se me abrieron infinidad de puertas, aunque debo decir que encontré una tenaz resistencia en muchísimas personas que al parecer, eran totalmente inmunes a Las Palabras Mágicas “permiso”, “por favor” y “muchas gracias”.-


Le digo No

Le digo No a la sensiblería barata que va de la boca para afuera.
No a los dóciles corderos siguiendo caminos trillados por los monos de Gibraltar.
No al amarillismo de ceguera que ofrecen prensa y TV.
No a los chismes de gente que no tiene vida propia y a los chimenteros profesionales.
No a quienes se dejan imponer el consumismo brutal tan solo para sentir que no son menos que los demás.
No a la hipocresía diaria de quien te sonríe de frente y te apuñala por la espalda.
No a los titiriteros de un mundo que entrega oro por espejitos de colores.
No a la oculta mano que mece las cunas y anestesia las mentes de nuestros niños.
No a todas las mentiras que nos han contado a lo largo de la historia.
No a quienes nos empachan con entretenimientos porque no es conveniente que pensemos.
No a los negreros que intentan convencer a sus exclavos de que el trabajo es salud.
Y por sobre todo le digo no a esas personas criticonas y negativas que siempre tienen un no en la punta de la lengua.-


Lo que las Mujere quieren

Prólogo (tomado de "El secreto de la Diosa)

Los antiguos sabían que la sabiduría era femenina. La mujeres estudiaban las fases de la luna, la sucesión de las estaciones, el cultivo de la tierra y el poder curativo de las plantas, y en la antigua mesopotamia inventaron la escritura.
El tiempo y la ambición de poder de los hombres terminaron inventando a un Dios masculino que surgió de la observación del sol...

- o -

Promedialmente (que feo resulta a veces cuantificar) unas cincuenta mil personas mueren al día por causas directamente relacionadas con la desnutrición.
En los últimos diez años han muerto dos millones de niños a consecuencia de conflictos armados.
Anualmente mueren cincuenta y cinco millones de personas a causa de enfermedades de muy diversas clases.
Muchas de las más grandes multinacionales del mundo se agrupan en sectores


Ultima edición por Aljamod el Mie Ago 11, 2010 21:14, editado 1 vez
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MensajePublicado: Mie Feb 10, 2010 00:02    Asunto: Cuentos cortos y ultra cortos (segunda parte) Responder citando

A la gran mayoría

Penetré en el inacabable laberinto formado por las cientos de paredes que contienen la magia milenaria que nos hizo, que nos hace, y que nos hará ser y hacer.
Interminables pasadizos silenciosos donde nada ocurre, y sin embargo, bien se sabe que con solo abrir uno, todo puede llegar a suceder.
Los lomos en los anaqueles me llaman con susurros que a veces son dulces caricias y otras veladas amenazas. Pero no me asustan. Sé que sin mí ellos nada serían.
No formo parte de esas galerías, que a pesar de estar vedadas a la mayoría de los mortales, están siempre esperando la llegada de nuevos volúmenes que pasen a formar parte de sus filas.
Si algún día llegara a ser parte de ese laberinto, ella también estará en él.
Porque fue la causa, porque fue la magia, que me hizo querer hacer lo que nunca creí poder.-


Algo

No me faltan el pan y el vino.
Cada tarde rindo tributo a Orfeo.
Los días no me parecen ni más cortos ni más largos.
De tanto en tanto río con los amigos.
No me seduce ninguna religión.
Estoy en el umbral de la madurez.
Mis padres aun viven.
Tengo la certeza de que algo me falta.-


Bla bla bla y más bla

Bla bla bla y más bla bla bla.
Sí. Los gobernantes del primer mundo y las multinacionales que los respaldan en sus lugares dicen querer la paz en el mundo, manifiestan la importancia de velar por los derechos humanos, brindan ayuda en situaciones de desastre a gran escala como la ocurrida en Haití.
Pero todo es una farsa.
Apenas un débil velo que resulta insuficiente para ocultar sus verdaderas intenciones.
El verdadero objetivo que esconden detrás de sus máscaras y que la mayor parte de las veces terminan cumpliendo: obtener poder y usarlo en su propio beneficio.
A cualquier costo.-


Crimen impune

Agazapados al costado de la ruta, no lejos de la estación de servicio y amparados por la impunidad que les otorga la noche, pacientemente esperan el paso de sus víctimas.
Les llevó un par de días de estudio, y antes de eso, unos cuantos días de observación. Pero han planeado cuidadosamente esta operación que los llevará hacia su objetivo: los corazones de sus víctimas.
En el instante preciso comienza la calculada maniobra, que no dura más de un par de minutos.
Trepan al camión que ha partido desde la estación y lentamente asciende el largo repecho.
Las víctimas son tiradas hacia la banquina donde minutos después son devoradas.
Nada como los rojos y frescos corazones de unas cuantas sandías, robadas en una calurosa noche de verano.-


Crónica de una guerra

Nos falta el aire, y por si eso fuera poco, el poco que hay huele a quemado. La densidad del humo y la arena que levanta el viento dificultan la visión, haciendo que a veces no se distinga al enemigo.
Ellos son superiores en número y armas, están bien alimentados y entrenados, cuentan con un gran apoyo económico y poseen una enorme maquinaria propagandística. Pero a pesar de todo aun resistimos.
Nos falta agua, alimentos, medicamentos, y municiones. Y también nos faltan hombres. En algunas divisiones se han alistado mujeres y niños que han debido abandonar sus hogares -muchos de los cuales fueron destruidos por el bombardeo del enemigo- para luchar junto a sus maridos y padres contra las tropas del Imperio Invasor.
¡Hemos perdido tantas vidas! Hemos perdido terreno ¡Hemos perdido tanta sangre! Pero todavía no hemos perdimos la guerra. Por ese motivo, aun resistimos.
Esta guerra iniciada por motivos presuntamente ideológicos, revelará a su fin el velado y real motivo: la ambición de hacerse con el control de nuestro principal recurso natural, elemento que hoy día mueve al mundo.
A lo largo de la historia han cambiado los protagonistas, los escenarios y la duración de las guerras. Han variado las tácticas, las armas y el número de muertos. Pero hay dos cosas que nunca han cambiado cuando de una guerra se trata, el color de la sangre derramada y la causa que la origina: la ambición.
Hoy los bombarderos del enemigo se han retrasado unos cuantos minutos en dejar caer su mortífera carga. Me pregunto si ya se habrán dado por satisfechos, pues en verdad no queda una sola casa en pie en toda la ciudad.
Estoy a escasos cincuenta metros de lo que hace tan sólo cuatro días atrás fuera mi hogar. Mi mujer y mi pequeño hijo de tan solo un año murieron durante el primer día de bombardeos a esta ciudad, la cual, habían asegurado en un principio, no poseía ningún objetivo militar.
Julián, mi hijo mayor, agoniza en la cama de un hospital de campaña con su cuerpecito de seis años totalmente quemado. Pero a pesar de todo, aun resistimos.
Cae otro proyectil, y otro, y otros dos más.
Ahora confirmo que provienen de los tanques que se encuentran dentro de la ciudad.
No lo entiendo. Simplemente están pulverizando el polvo. Ya no queda nada para destruir.
Quizá lo único sea nuestra entereza, nuestro orgullo, nuestra determinación a luchar hasta que nos sea posible.
No les es suficiente con su descomunal invasión de productos, capitales, costumbres y modas, con los cuales a la manera de un parásito, van secando a sus víctimas desde adentro; sencillamente lo quieren todo.
Mientras tanto las explosiones siguen haciendo temblar la tierra. Pero a pesar de todo, aun resistimos.
Siento un agudo dolor en el pecho. Ya casi no tengo fuerzas para continuar.
Se está acabando la tinta con la cual escribo el detalle de lo poco que veo y lo mucho que siento.
Entonces, en un esfuerzo sobrehumano, alcanzo a garabatear las últimas palabras mojando la pluma en la sangre que mana de la herida abierta en mi pecho…


Cuando Él calla

Al terminar de leer, el hombre esbozó una sonrisa y reflexionó durante unos instantes. Acto seguido, y luego de cerrar el libro y colocarlo en el espacio vacío que había quedado en uno de los estantes de la biblioteca, se dirigió hacia el ventanal de la parte trasera de la casa situada al borde de los acantilados desde donde se divisaba el vasto mar, en el cual se divisaba a lo lejos una embarcación desde la que se divisaba a lo lejos la interminable costa de altos acantilados coronados por grises casas de enormes ventanales y bibliotecas y hombres que esbozan una sonrisa y reflexionan unos instantes al terminar de leer el libro que describe cada uno de los detalles de la vida de ese hombre y de todos los hombres, que describe cada detalle de cada uno de los libros que componen la biblioteca de esa casa y de todos los libros de todas las bibliotecas de todas las casas, que describe cada detalle de lo que se ve desde el ventanal de esa casa y desde los ventanales de todas las casas, que describe cada detalle de ese acantilado sobre el mar y de todos los acantilados sobre todos los mares, y que describe cada detalle de ese mar y de todos los mares, tengan o no acantilados coronados por grises casas de grandes ventanales y bibliotecas con libros como el que acaba de leer el hombre que esbozó una sonrisa y reflexionó durante unos instantes.
Este libro es el mundo –piensa el hombre– y el mundo es un hombre, y el hombre es un libro.
Dios es el autor de ese libro, pero es la mano del hombre la que se mueve.
Dios puede oírlo todo, pero sólo escucha lo que quiere escuchar. Y puede hablar todas las lenguas, pero sólo habla cuando quiere hablar.
Cuando Él habla surgen las palabras con que los hombres llenan las páginas de ese libro que es el mundo, y que es también el hombre. Y cuando Él calla…


El alpinista

Escalar es sin dudas uno de los deportes más emocionantes que he practicado en toda mi vida, los cuales - dicho sea de paso - han sido muchos, pero muy pocas emociones se asemejan a las que proporciona la práctica del alpinismo, actividad que comencé a realizar a la temprana edad de dieciséis años.
Sostenido tan sólo de unos pocos ganchos y cuerdas, puedo trepar, ascender hasta casi tocar las nubes, contemplar el panorama incomparable que se observa desde las alturas, sentir el fresco y a veces fuerte viento que sopla y me balancea a cientos de pies del suelo. Esas son solo algunas de las satisfacciones que me proporciona escalar, y se ven coronadas cuando alcanzo la difícil meta, la lejana cima tan deseada.
Cuento treinta y nueve años de edad. Soy padre de una niña de trece años a la que no veo desde que era un bebé. Habiéndome divorciado de su madre pocos meses después del nacimiento de Alina, mi ex mujer se fue a vivir con un hermano radicado desde muy joven en Australia. Luego de la separación, pasé un par de años en los cuales no hice otra cosa que ir barranca abajo. Refugiarme en el alcohol me llevó, entre otras cosas, a perder el trabajo que tenía.
Llegué incluso a vender la propiedad que había sido mi casa paterna, como forma de garantizar mi supervivencia. Muy a mi pesar debo confesar que el producto de esa venta se evaporó en poco más de dos años y medio de vida disipada.
Ahora hace tres años que trabajo como empleado en una empresa que se dedica a llevar la contabilidad de pequeñas empresas, comercios y alguna que otra fábrica de la ciudad. Supongo que el hecho de estar encerrado en una oficina ubicada en el subsuelo de un enorme edificio en el centro de la ciudad durante diez horas al día, fue lo que me motivó retomar la práctica de mi deporte preferido.
Recuerdo perfectamente la noche en que, contemplando la ciudad desde la terraza del edificio donde vivo, vino a mí la idea de retomar la actividad del alpinismo. Desde que volví a practicarlo he realizado varias decenas de escaladas con gran éxito, y, a pesar de considerarme casi un profesional en la materia, siempre lo practico a solas y sin ningún tipo de publicidad. No busco reconocimiento alguno por parte de los medios de comunicación, pues mi propósito no es la fama.
Mi único objetivo es apropiarme de las joyas y el dinero que pueda encontrar en cada uno de los apartamentos a los que me permite acceder la práctica del alpinismo urbano.-


El Dios de unos indígenas prehistóricos e ignorantes

A mediados del año 1964 un avión de carga cuyo destino eran las ciudades de Lima y Santiago de Chile, tuvo serios inconvenientes mecánicos mientras se encontraba sobrevolando la selva amazónica. Los problemas llevaron a que al capitán de la aeronave, como forma de evitar que el avión se precipitara a tierra antes de llegar a destino, tomara la determinación de deshacerse del cargamento. Gran parte de la carga fue entonces a parar a las aguas del río Amazonas, aunque eso no evitó que poco después el avión se fuera a tierra, cayendo en las cercanías de la localidad de Tauaracá, en el estado brasileño de Acre, a poco más de ochocientos kilómetros de la capital peruana. En el infortunado accidente perecieron todos los tripulantes de la nave.
Solamente una de las cajas que fueran lanzadas se salvó de terminar en el Amazonas, al ir a parar sobre el frondoso follaje de un árbol que detuvo el impulso de la caída, llegando sana y salva a tierra. Luego de unos meses sometida a las inclemencias del tiempo la madera terminó pudriéndose, dejando al descubierto su contenido: un televisor de fabricación europea.
El aparato fue descubierto poco después por los indígenas de una de las tantas tribus que, viviendo casi en la edad de piedra, habitaban en una zona hasta entonces inexplorada de la selva amazónica. Maravillados por el objeto que habían encontrado, y que no se asemejaba en nada a cuanto habían visto, lo llevaron hasta su aldea, enclavada en lo más espeso de la jungla. Allí lo veneraron como a un Dios, realizando grandes fiestas en su honor, las que solían durar días enteros.
Unos cuantos años después quiso el destino que unos jóvenes exploradores norteamericanos llegaran hasta la aldea en cuestión.
Y no daban crédito a lo que sus ojos veían: un aparato de televisión era venerado por lo indígenas tal cual si fuera Dios. Por un lado se preguntaban como había ido a parar un televisor a un lugar tan remoto de la tierra, y por otro, se burlaban de lo absolutamente ridículo de la situación.
Nunca hubieran imaginado que un par de décadas más tarde, ese mismo Dios sería venerado por cientos de millones de personas en todo el mundo.-


El incrédulo

Durante toda mi vida he sido una persona que ha descreído en los milagros. No hubo un solo hecho que siquiera por un segundo me hiciera pensar en la remota probabilidad de su existencia. De acuerdo a mis sólidas convicciones todo en la vida se reduce a causa y efecto, acción y reacción. Absolutamente nada hay de milagroso o mágico en el universo.
Y ni siquiera podrá convencerme de ello, ese conglomerado de nubes que en el cielo forma la palabra Incrédulo.-


El único motivo

A mediado de la década del sesenta vivíamos mi familia y yo en una posada ubicada en las afueras de un pequeño pero pujante pueblo situado al sur de país.
Contaba la finca con varias habitaciones, cinco baños, una amplia cocina (nuestro lugar predilecto), una sala que hacía las veces de biblioteca, y una espaciosa e iluminada sala de recepción.
Vivíamos cómodamente. Nada nos faltaba de cuanto pudiéramos necesitar. No podíamos reclamarle a la vida mucho más, excepto por una cosa: las abominables bestias, que por momentos hacían de nuestras vidas algo insoportable, sobre todo desde el momento en que la luz eléctrica llegó al poblado.
Habitualmente, y con el fin de no encontrarnos con ellas, salíamos solamente cuando anochecía. Apenas el sol comenzaba a ocultarse y las penumbras tomaban posesión de la casa, abandonábamos nuestros aposentos, para poder desplazarnos con un poco de tranquilidad, pues las bestias eran un tanto torpes, además de poseer una pobre visión nocturna.
Pero a veces sucedía que en medio de la madrugada, cuando todo estaba en calma y suponíamos que las bestias dormían, una luz se encendía y veíamos aparecer ante nuestros ojos a alguna de las bestias.
Y mientras con sus manos continuaba encendiendo luces, con sus enormes pies realizaba la deleznable tarea de aplastarnos contra el piso por el único motivo de ser cucarachas.-


El niño que quería ser pirata

Desde pequeño soñaba con ser un Pirata. Navegar los siete mares con mi tripulación de bucaneros, capitanear un galeón de negra bandera con dos tibias y una calavera, luchar contra flotas imperiales y bravías tormentas con el ron en la izquierda y la espada en la derecha, colocarme un parche en el ojo tan sólo para infundir temor al enemigo. Establecer mi base en la isla Tortuga y asaltar naves españolas cargadas de tesoros robados de América.
Con el correr de los años no tuve otra alternativa que crecer, y prontamente hube de olvidar todos aquellos sueños de aventuras en alta mar.
Cuando recuerdo aquellas fantasías de mi infancia, no puedo más que sonreír.
Hoy día soy un respetable hombre de negocios que se dedica a descargar, copiar, grabar y distribuir cds y dvds.-


El precio de la Justicia

Hacía tiempo que venía esperando con ansiedad la resolución de un caso cuyo desenlace se había demorado mucho más de lo que había pensado en un principio.
Siempre fui un ciudadano respetuoso de la Ley, pero una mañana, harto de esa situación, decidí hacer justicia por mano propia.
Fue así que, comprando jurados y jueces, se hizo justicia.-


El retrato ovalado

"Todo lo que vemos desfilar ante nuestros ojos, todo lo que imaginamos, no es sino un sueño dentro de otro sueño"

Edgar Allan Poe

He tenido la ocasión de leer en la página literaria de un periódico, una historia fantástica que en realidad no es tal, pues sé a ciencia cierta que efectivamente ocurrió. Mi seguridad al realizar tal aseveración se debe al hecho de haber sido quien esto escribe, uno de los protagonistas de la historia. Y aunque la historia está inconclusa, en pocos instantes usted y yo seremos los únicos en saber toda la verdad. Y, lo juro por el retrato ovalado, será nada más que la verdad.
Relata tal historia que un hombre que viajó al lejano oriente trajo a su regreso, entre otros artículos, un curioso retrato, del cual posteriormente llegó a saber poseía poderes mágicos. Aunque cuando lo supo, ya era muy tarde.
El retrato en sí nada tiene de extraordinario. En él se reproduce la imagen de una mujer, joven en apariencia, de ondulados cabellos color castaño y pálido semblante. Un rostro corriente, salvo por los ojos. Si el más terrible de los horrores pudiera ser explicado por una única mirada, esos ojos serían la definición perfecta. Es posible contemplar en la expresión de esa mirada, el miedo absoluto.
De forma oval, el enmarcado es de color dorado y finamente labrado. Sus dimensiones no sobrepasan el metro de largo por unos sesenta centímetros de ancho.
Fue colocado por su novel propietario, en una de las paredes de la sala de estar de su casa, justo detrás de su butaca preferida, en la cual todas las tardes, acostumbraba sentarse a leer. Y ese fue su fatídico error.
En el atardecer de un tormentoso viernes de julio que dejó sin electricidad a toda la ciudad, le llegó el pedido que la semana anterior había realizado a la librería en la cual solía comprar desde hacía más de treinta años. El hombre, de rostro enjuto y oscuro, y con un grueso bigote que le hacía aparentar unos cuantos años más de los que en realidad ostentaba, luego de despedir al mensajero abrió el paquete. Tras escoger de entre los libros recibidos el tomo I de la obra completas de Edgar A. Poe, se sentó a leer a la luz de las velas que desde temprano, y previendo un posible corte de energía eléctrica, había dispuesto en la sala.
Al cabo de poco más de media hora de lectura, desvanecióse sin dejar rastro. Hasta ahí la historia aparecida en el periódico del domingo, relato que yo misma escribí.
Una vez liberada de mi prisión, me pasé toda la noche pensando que hacer con el maldito retrato, y con su nuevo habitante. La mañana siguiente amaneció soleada, luego de haber llovido durante todo el día y la noche anterior. Salí de la casa con mucha precaución para evitar ser vista por algún indeseable testigo. Penetré en un establecimiento de compra y venta de antigüedades, y luego de una breve negociación con el encargado, le he vendido el retrato ovalado que anoche extraje de la casa. Imagino la cara que pondrá quien, al pasar por la tienda, logre identificar en el retrato colocado en el escaparate a un vecino o amigo.
Durante muchísimos años habité en él, siendo mudo testigo de todos los hechos acontecido ante mis ojos.
A estas alturas adivino que su nuevo inquilino ya tendrá conciencia de la terrible tortura que le espera. Lo que de segurno no sabe, es que deberá aguardar por tiempo indefinido hasta que algún circunstancial lector de Poe se siente a leer de espaldas al maldito retrato, y la frase “El retrato ovalado” pueda ser leída por su ocupante.-


El tigre y yo

Se paseaba de uno a otro lado, como nervioso. Sus rayas negras se confundían con los barrotes de la jaula. De tanto en tanto su mirada buscaba, fugazmente, la mía. A veces bostezaba largamente, abriendo su inmensa boca de largos y blanquísimos colmillos, maniobra que estoy seguro ejecutaba tan sólo para hacerme ver cuán fácilmente podrían sus dientes cerrarse sobre mi garganta, apretándola hasta asfixiarme.
Pero claro, el tigre parecía olvidar algo muy importante: los barrotes de hierro que nos separaban.
Luego de transcurridos unos minutos pareció aburrirse, y lamiéndose los bigotes se fue, dibujando con su cola graciosas figuras en el aire cálido de la tarde.
Si bien su partida me tranquilizó, quedé triste y un tanto abatido, en la abrumadora soledad de mi jaula.-


El hijo del Inmortal

El Inmortal ha llegado a la aldea. Allí construye una choza, labra la tierra, cría bueyes, cerdos y gallinas, fermenta la vid y comparte el vino con los aldeanos.
Algún tiempo después toma por esposa a una joven que engendrará a sus hijos.
Desde pequeños les enseña a cultivar la tierra, a dominar el arte de la espada y a leer en el cielo el secreto de la creación.
Cuando sus hijos se hacen hombres abandona la aldea. Es la única forma de evitar verlos morir. Esa ha sido la historia de su vida. Está condenado a presenciar el transcurso de los siglos, pero a nadie ha enseñado jamás la inmensa soledad de su alma.
Ha olvidado el nombre de los sitios en los que ha vivido. Ya no recuerda los rostros de las mujeres que amó ni los nombres de los hijos que le dieron. Estos le han dado centenares de nietos que le han dado miles de bisnietos, y la lista sigue.
Al cabo de más de veinte siglos su descendientes están dispersos por todos los rincones de la tierra.
Le observo y siento una infinita tristeza de ese hombre que carga sobre sus hombros el desmesurado peso que significa el paso de los siglos, y que abandonará un día esta tierra llevándose consigo apenas un recuerdo, que prontamente confundirá con otros mil.
Él no sabe que conozco su secreto. Ni siquiera sospecha que soy el último de sus
hijo.-


En busca de la felicidad

Hace muchos años, tantos que he perdido ya la cuenta, me embarqué en una viaje sin retorno ni destino, solamente decidido a encontrar la felicidad, unos gramos de su esencia, o, cuando menos, una imagen que poder conservar en la memoria.
Numerosos y diversos fueron los sitios que visité, las personas que conocí, las voces que escuché, las sonrisas que compartí y las miradas que me hicieron descubrir otros mundos, algunas de las cuales, lamentablemente hube de olvidar.
El último lugar al que accedí en mi desesperada búsqueda, fue a un pequeño oasis situado en el medio del Sahara, al sur de las montañas de Ahaggar, enclavadas en la región central de Argelia. Ni siquiera recuerdo como diablos fui a parar a tan recóndito lugar. Lo único que pudo decir es, por extraño que parezca, que nadie vivía en aquel sitio tan bello. Era, sin lugar a dudas, el lugar más exótico y hermoso de cuantos había visitado.
La primera noche que allí pasé, tuve un singular sueño en el cual un Tuareg me decía que para encontrar la felicidad debería contar los granos de arena que formaban la primera duna situada al este del oasis.
Solamente a un loco podría habérsele ocurrido seguir el designio de un sueño semejante, sobre todo teniendo en cuenta lo desmesurado de la empresa, pero la segunda noche el Tuareg volvió a hacerse presente. Sólo que en esa oportunidad no me encontraba dormido.
Acababa de avivar el fuego de la hoguera dispuesto a acostarme cuando surgió a mi lado el Tuareg, una fantasmal silueta que llevaba el rostro cubierto por un velo azul.
Me dijo con voz firme pero calma que si deseaba encontrar la felicidad, debía contar los granos de arena que formaban la primera duna que se encontraba al este del oasis. Acto seguido se esfumó tan rápida y misteriosamente como había aparecido.
La situación me desconcertó por completo. Más aun si se tiene en cuenta que el Tuareg habló en un casi perfecto español, y no en “Tamahaq”, la lengua Bereber que habla el pueblo de los Tuaregs, y de la cual no sé una palabra.
Esa noche me costó bastante poder dormir pensando en lo sucedido. A la mañana siguiente, siguiendo la voz de mi instinto, me encaminé hacia la duna señalada y sin dudarlo un segundo, comencé a contar los granos de arena que la componían.
Ese primer día, cuando el sol se encontraba en lo más alto del cielo, me percaté que había perdido la cuenta de los granos. Lo mismo sucedió en días sucesivos.
A la segunda o tercera semana de haber comenzado mi quijotesca tarea logré llegar a la tarde con la cuenta controlada, pero tanto en ese día como en días sucesivos, al caer la tarde invariablemente volví a perderme en los números.
Cierto día me vi próximo a la meta. Había perdido ya la cuenta del tiempo que había transcurrido desde mi llegada al oasis, cuando me encontré, al caer la tarde, con la cuenta controlada. Comenzaba a anochecer y sólo me restaba un pequeño montón de arena. Apenas un montículo que podía caber fácilmente en un balde.
Fue cuando llegó el viento del Sahara. Pocos minutos después la duna había cambiado totalmente su forma y se habían mezclado los granos que había contado con los que aun me faltaban contar.
Al principio me sentí frustrado, luego un poco confuso. Pero alzando mi rostro al cielo y dirigiendo la mirada hacia la estrella de oriente, me descubrí sonriendo abiertamente al firmamento.
Y descubrí la felicidad, pues comprendí que esta no puede ser buscada, ya que no existe como tal. La verdadera felicidad simplemente sucede cuando uno menos la espera.-


Los entretelones de una Obra

La multitud reunida en la gran sala se hacía oír.
La excitación crecía y de tanto en tanto los ojos del público presente se dirigían hacia la puerta por la cual, pocos instantes después, salen los miembros del Jurado.
-¡Orden en la sala! -exclamó el Honorable Juez.
-¡Orden en la sala! -volvió a repetir, esta vez levantando mucho la voz.
- No es esto una fiesta entre amigos ni una reunión social. Es este acto la más pura y objetiva manifestación de la Justicia. Así que por favor le pido a todos los presentes hagan silencio.
- El Selecto Jurado ha dado su veredicto, y de acuerdo al mismo declaro al Acusado, inocente de los cargos de corrupción y soborno.
Por la noche se realizó una reunión en la casa de un prestigioso legislador de la Nación. Sentados a la mesa bebían y reían juntos el prestigioso legislador, el honorables Juez, algunos miembros del selecto Jurado y el hasta pocas horas antes, acusado de corrupción y soborno.-


El aburrimiento es un mal supremo

El aburrimiento hace que a veces me dedique a pensar tonterías. Por ejemplo: mi nombre es simplemente el sonido resultante de la conjunción de determinados símbolos que forman parte de un sistema creado con el fin de posibilitar la comunicación entre dos o más seres, que como requisito indispensable, deben ser conocedores de los símbolos que componen el sistema, y a la vez, de la mayor cantidad de combinaciones posibles entre dichos símbolos.
Tal vez valdría la pena aclarar que existen diversos sistemas, en los cuales el resultado de la combinación de sus símbolos produce en la mayor parte de los casos, sonidos que hacen posible diferenciar a un sistema de otro.
No se sabe quién o quiénes fueron los creadores de esos distintos sistemas, ni tampoco la razón por la cual a determinado símbolo de determinado sistema le fue asignado tal sonido, de modo que mi nombre bien podría haber tenido un sonido diferente del que tiene, si a cada uno de los símbolos que lo componen le hubieran asignado sonidos distintos a los que les tocaron en suerte.
Tampoco se sabe el motivo por el cual fueron creados tantos sistemas distintos, aunque es posible presumir que podría haber existido algún tipo de enfrentamiento o distanciamiento entre las distintas comunidades, lo que habría llevado a la creación de sistemas propios que diferenciaran a unas de otras.
Cabría pensar que son estos sistemas pequeños símbolos dentro de un sistema mayor que los abarca, y que a su vez, se diferencia de otros sistemas; pero a la larga todos forman parte de un sistema más amplio al que alguien, autoritariamente, llamó Universo.
Podría llegarse entonces a la conclusión de que todo no es más que círculos dentro de círculos dentro de círculos, y así hasta el infinito, o al menos, hasta llegar a una cantidad de círculos limitada pero desconocida.
Bien podría pensarse que el responsable del trazado de tantos círculos no es otro que el Uno, aunque hasta el momento nadie ha tenido la posibilidad de ver la mano de tan ambicioso dibujante.
Claro que de ser esto verdadero podría llegar a pensar que el Uno no es más que el símbolo primario del cual derivaron luego los vastos complejos de símbolos y sistemas.
Se me ocurre que de ser así, en cualquier momento podría el Uno borrar con el codo, lo que escribió - creo yo - en un momento de Aburrimiento Supremo.-


Fuegos artificiales

La infernal cohetería resonó por unos instantes en mis oídos.
Aun confundido a causa del estampido miré hacia el cielo, donde cientos de estelas ascendían velozmente hasta estallar en miles de coloridas lucecitas que morían casi al instante de haber nacido.
De eso se trataba todo pensé.
Nacimiento y muerte. Dos puntos de un recorrido que a veces no tiene mucho sentido. Un brevísimo trayecto en la inmensidad del espacio y el tiempo, tal como el de las luces rojas que se desvanecían en la nada segundos después de haber nacido.
Guardé el arma y dirigí la mirada hacia el hombre tirado en el suelo, de cuyo pecho la sangre aun manaba.-


La belleza

La belleza existe dentro de todos y cada uno de nosotros. Nada más hay que escarbar un poco, y bajo la capa de miseria, frustración, ira, envidia, maldad, mentira y otras cosas por el estilo, finalmente la encontraremos.
Pero una vez encontrada, es aconsejable no hurgar demasiado en ella. Lo más conveniente es disfrutarla y no seguir escarbando más allá.
Podría suceder que debajo, nos encontremos con otra capa de basura.-


La crítica de un crítico

Hace ya ocho años que comencé a escribir en forma asidua. Al principio fueron poemas, letras pensadas para canciones, y finalmente me atreví con relatos muy breves. Como sucede con cada cosa nueva que comenzaba a hacer, al principio no le daba mucho valor. Bueno, en realidad verdaderamente no lo tenía, pero supongo que a fuerza de seguir insistiendo, la práctica hizo que mi habilidad fuera mejorando hasta llegar al punto en que sí comencé a valorizarlos.
Entonces me animé a mostrarlos. Primero a mis hermanas, luego a un amigo, después a otro, para posteriormente enseñarlos a mis compañeros de trabajo.
Generalmente me decían que les gustaba, aunque muchas veces no quedaban del todo conformes con la manera en que finalizaban algunos relatos.
Pero no pude confiar del todo en el juicio realizado por personas tan allegadas a mí, las cuales, tal vez con la intención de no desmoralizarme, emitían veredictos que no eran cercanos a lo que realmente pensaban.
Apenas tuve la oportunidad, le hice llegar varios de mis relatos a un Crítico Literario bastante conocido en el medio.
Un mes después de haberle enviado mi trabajo le llamé por teléfono al número que me había proporcionado, perteneciente a una editorial relativamente conocida en el medio, con la intención de saber su opinión acerca de los textos.
Me dijo que no lo hacía del todo mal, que tenía imaginación, pero que entre otras cosas, debería intentar mejorar los finales de los relatos, agregando que tenía yo una visión demasiado pesimista de las cosas, ya que la vida no siempre nos depara desenlaces tan dramáticos.
De más está decir que mucho le agradecí por su tiempo, aunque le aseguré que el tipo de finales que escribía en mis relatos no significaba que tuviese una visión pesimista de las cosas, sino que obedecía a una especie de ironía que me acompaña desde hace mucho tiempo, tanto que casi podría afirmar es una especia de ironía congénita.
De todos modos, como me aseguró que le pasaría mis relatos a un colega suyo, quedamos en que lo volvería a llamar tres semanas después.
Cuando transcurrido ese lapso de tiempo, lo volví a llamar, en la editorial en la cual trabajaba me dijeron que el Sr. Crítico Literario había fallecido en un accidente.-


La Especie dominante

Hacia mediados del siglo XXI parte de la humanidad evolucionó, o por lo menos, sufrió una adaptación a un nuevo entorno.
Las caderas y el culo de las personas se ensancharon en buena proporción, la cabeza aumentó de tamaño, al igual que los ojos, que además aumentaron su capacidad de ver a corta distancia al mismo tiempo que disminuyeron la capacidad de ver a lo lejos.
Los brazos, las manos y los dedos se afinaron y se volvieron más ágiles. Las piernas se acortaron y perdieron potencia. El tamaño del estómago aumentó y la digestión se volvió más lenta.
Todo se debió a que el número de seres humanos que pasaban frente a su computadora aumentó en proporciones geométricas, aumentando también el tiempo de permanencia frente a las pantallas, aunque poco después del año 2028 los monitores fueron prontamente colocadas en desuso a causa de las U.V..
Con la masificación de las Unidades Virtuales, una especie de anteojo-vincha que colocado en la cabeza y a través de un par de chips instalados uno en cada hemisferio del cerebro, permitía a la persona conectarse a la red y ejecutar comandos tan solo con el pensamiento, además de percibir todo tipo de sensaciones.
El abuso que sufrió la Naturaleza por parte del hombre, con sus guerras, la contaminación, la extracción de todo tipo de minerales, la tala de bosques, y otras mil acciones criminales, hicieron que la humanidad poco a poco se fuera recluyendo en sus casas, que a mitad de siglo se transformaron en pequeños y sofisticados bunkers de sobre vivencia equipados con la más alta tecnología, ya que la permanencia a la intemperie resultaba a veces mortal.
Fue entonces que la célula central de información que regía y controlaba todas las comunicaciones de la red, fue tomando también el control de cada persona que se conectaba.
Así es que hacia el 2084 la vida en la tierra se transformó completamente en una realidad virtual controlada íntegramente por las Máquinas.
Cien años atrás había nacido la Inteligencia Artificial, terminó convirtiéndose en la especie dominante del planeta Tierra.-
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Aljamod
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MensajePublicado: Mie Feb 10, 2010 00:11    Asunto: Cuentos cortos y ultra cortos (tercera parte) Responder citando

La estrella de mi cielo

Una noche de enero - quizá de febrero - vi ascender hacia lo más alto del firmamento una rojiza estrella fugaz; la más grande y luminosa que hubiera logrado divisar en toda mi vida.
Mágicamente apareció en el cielo. Surgida de la gran Nada, ese lugar lejano e inexistente en donde moran las estrellas fugaces, se hizo visible en la oscuridad de la noche como si hubiese sido parida por el techo de su casa, elevándose hasta alcanzar inestimable altura.
Cuando acabó de perderse en la oscuridad, sonreí extasiado por la contemplación de ese increíble fenómeno que jamás lograré olvidar - y que nunca podrá ser opacado por ese ridículo e inútil pasatiempo denominado Ciencia que se empeña en describirlo despectivamente como “meteoro que se vaporiza al atravesar la atmósfera terrestre a gran velocidad causando así dicho fenómeno luminoso” -.
Pero cual no sería mi sorpresa - y mi felicidad - cuando al bajar la vista divisé hacia el otro costado de la calle, a la más grande y brillante estrella.
Fue casi como contemplar a la gran Nada en persona. Ese mágico lugar en donde surgen las estrellas fugaces que alumbran las noches del mundo, y alimentan los sueños de los soñadores. Vi a la madre de todas las estrellas de este universo y del otro.
Y en ese momento tuve, lo que en ese momento creí era una revelación: esa estrella sería la que un día comenzaría a alumbrar los caminos de mi vida.
Lamentablemente algunos meses después pude comprobar que la ciencia, al fin y al cabo, tenía razón.
La importancia que se le otorga a determinados cuerpos celestiales, muchas veces depende del ojo, y sobre todo de la intención del observador.-


La felicidad

La felicidad existe. No es algo que se pueda buscar y encontrar, pues simplemente sucede. Puede durar unos pocos segundos, a veces minutos, pero en verdad existe. Basta con hacer a un lado lo que pasa por la mente, desconectarse por un instante de todo, y tal vez acceda a posar sus alas en uno. Y cuando lo hace, pago con creces todos los momentos de ansiedad y tristeza.-


La memoria del Universo

Existe una memoria universal. En ella es cuidadosamente guardada la historia del mundo entero, desde el primer suceso del comienzo de los tiempos hasta éste del último segundo, que a decir verdad nunca es el último suceso.
Ahora bien. ¿Cómo llega la historia del mundo a ser atesorada en la Memoria del Universo?
En realidad es bastante simple, aunque pudiera parecer muy complejo, y es que todo lo que en el mundo sucede, es cuidadosamente registrado por los espejos.
Y como es bien sabido, está el mundo repleto de estos, y los hay de tipos muy diversos.

La superficie de los charcos de agua estancada.
La de lagos, lagunas y océanos.
La superficie de los vidrios de las ventanas, que son también muy buenos espejos.
La superficie de sus ojos, que de todos, son los espejos más bellos.
Los espejos vigilantes de la noche, que son la luna y las estrellas en el cielo.
La superficie del vidrio de las botellas, que cuando están vacías, dicen suelen emitir los más fieles reflejos.
La superficie de las lágrimas que destilas, que de todos son los espejos más pequeños.

Debo advertir sin embargo que el Universo cuida muy bien a sus espejos, y a quienes no los tratan como es debido, los castiga muy severamente.
Es por eso que se dice, que cuando alguien rompe un espejo, es castigado con siete años de mala suerte.-


La Revelación

Una noche estaba acostado, a punto de dormirme, cuando vino a mí la explicación del más grande enigma de todos los tiempos: el misterio de la existencia.
Durante un breve lapso de tiempo logré vislumbrar el cómo y el por qué de la creación y el funcionamiento del Universo y me sentí pleno, radiante y a la vez perplejo por la sencillez de la revelacion recibida. Sonreía un tanto incrédulo por saberme inmerecedor de tamaño secreto. Durante un rato me entretuve pensando en lo distinta que sería mi vida de ahí en más, hasta que finalmente el sueño me venció.
A la mañana no pude recordar cuál era la Revelación.


La tarde que llega a su fin

La tarde, segundo a segundo, llega a su fin.
Sobre mí, la luna y el lucero dominan el firmamento.
Sentado en mi jardín acompañado de termo y mate, contemplo la pequeña viña que se extiende, calle por medio, frente a mi casa.
Un suave reggae de Bob no desentona con el canto de las aves posadas sobre el enorme ceibo y los cables del tendido eléctrico.
Una suave brisa se ha llevado el pesado calor de la jornada.
Mis pies descalzos sienten el contacto con la hierba.
Entre mis manos un cuaderno y un bolígrafo.
¿Es necesario acaso algo más para sentirse dichoso?


El papel que contiene las respuestas a todos los misterios

El hombre contempló el amanecer, un estremecedor alarido que conmueve al mundo. Un mundo que se mueve en dirección desconocida. Pero el hombre tiene un papel en el bolsillo de su pantalón en el cual está escrita esa dirección. Aunque él no lo sabe.
El hombre contempló el atardecer, un violento terremoto que sacude al mundo. Un mundo que se tambalea y no existe sitio donde caer. Pero el hombre tiene un papel en el bolsillo de su pantalón en el cual está escrito el destino de la caída. Aunque él no lo sabe.
El hombre contó las estrellas del cielo de ese mundo conmovido, a punto de caer. Un mundo único. Pero el hombre tiene un papel en el bolsillo de su pantalón en el cual están escritos los nombres y la ubicación de otros mundos. Aunque él no lo sabe.
El hombre se sentó a la mesa del anochecer. Primero pidió un plato de sopa, luego un churrasco con arroz y posteriormente una taza de café. Una taza de café que al ser golpeada por accidente, derrama su contenido sobre el pantalón del hombre, dejando totalmente ilegible el papel que tiene en su bolsillo. Aunque él, no lo sabe.-


Lo absurdo de la soledad

El hombre reacomoda la almohada tras su espalda y pasa una nueva hoja del libro que comenzó a leer la noche anterior. Recostado en el respaldar de la cama, que cruje con cada movimiento, piensa por un instante en lo absurdo de su soledad.
Pasea la vista por la habitación. Observa el viejo ropero carcomido por la humedad y el paso del tiempo, el ventilador de aspas metálicas que ya no funciona, una pequeña mesa rectangular y su correspondiente silla de alto respaldo, del cual cuelga una arrugada camisa de indefinido color.
Por un breve instante su mirada se ha encontrado con la mía, aunque enseguida apartó su vista de mí, quizá asustado por lo que vio en mis ojos.
Afuera un perro ladra incesantemente, una moto pasa sin frenar en la esquina, y por la mente del hombre, pasa nuevamente lo absurdo de la soledad.
Sobre la pequeña mesa de madera descansan una edición de tapas duras del Rojo y Negro de Stendhal, un vaso de color azul, una botella vacía, un cenicero repleto de colillas y una vela apagada, a medio consumir.
Da una ojeada al reloj que cuelga, también solitario, de la pared. Pasan diez minutos de la medianoche. Bosteza ligeramente. Es aun muy temprano – piensa - y vuelve a dedicar toda su atención al libro que sostiene entre sus manos. Antes de eso, vuelve a posar su mirada en mí, fugazmente, pues sé que tiene miedo a lo que ve en mis ojos.
Yo, silencioso, lo observo desde la solitaria profundidad del espejo.-


Lo que sé de ti

Sé que te entretiene comprar libros y perfumes; que te gusta volver a los sitios en donde están tus afectos y a aquellos en donde eres bien tratada (tal vez por eso todos los años veraneas en el mismo lugar); que te gustan la películas con Mel Gibson (porque te parece que tiene cara de buen tipo) aunque tu artista preferido es Joaquín Sabina; que tienes muchísimas amigas (que a veces parecen formar parte de una corte de doncellas que te rodea); que te encanta hacer regalos a tus sobrinos; que un día te gustaría viajar por el mundo con la persona indicada; que no te gusta estar encerrada, por lo que apenas llegas a tu casa abres las ventanas para que te den esa sensación de estar libre, en contacto con el exterior; que te gusta el vino tinto y lloras con alguna película romántica (no sé bien si por lo emotivo de la película en sí o por efecto del vino, pues no hay bebida que pueda superar su mágico poder para derribar las barreras que imponemos habitualmente para frenar algunos sentimientos); que tu cuerpo está cubierto de lunares (esos que alguna vez fueron las lejanas estrellas que iluminaron mi cielo); que te gusta subrayar con flúor aquellas frases que en un libro te parecen interesantes (como en Demian o El Túnel); que en tu casa no ves televisión pero te gusta que, cuando estás de visita en casa de tu madre, ella te lleve la TV al cuarto en las mañana frías de invierno; que perdiste a tu padre en un accidente cuando aun no te convertías en mujer.
Sé todos estos detalles de ti porque me los has contado en las pocas oportunidades en que hemos conversado en estos seis años, tiempo que ha transcurrido desde la noche de viernes o sábado (nunca puedo recordarlo) en que hablamos por vez primera. Y a decir verdad, no puedo explicar el motivo por el cual recuerdo casi cada palabra que dijiste. Salvo que el temblor que me acomete casi cada vez que te veo, y hace que mis manos o piernas sean como hojas sacudidas por el viento, o el remolino que siento en el estómago, como si estuviera sobre un barco que en alta mar es azotado por furiosas tempestades, fueran la explicación de ese casi exacto recuerdo de cada una de las palabras que me has dicho.-


Lo que se pide al cielo

El hombre que buscaba la verdad, luego de correr desesperadamente durante años detrás del secreto, finalmente se dio por vencido, y, abriendo su corazón al cielo dijo en voz alta: con gusto daría un par de años de mi vida a cambio de tener acceso a la verdad.
Allá arriba alguien escuchaba, y conmovido ante la sinceridad y tenacidad del corazón del hombre que buscaba la verdad, le concedió su deseo.
Esa noche, mientras el hombre que buscaba la verdad observaba el estrellado cielo de una noche de verano, el secreto le fue revelado.
A la mañana siguiente el hombre fue encontrado muerto en su cama, mientras allá arriba, el bondadoso Dios pensaba que los hombres deberían tener más cuidado con lo que desean, y fundamentalmente, con lo que piden al cielo, pues tales pedidos, suelen ser tomados al pie de la letra.-


Lophophora williamsii

Estaba sentado en un banco de la placita que queda frente a mi casa, disfrutando del sol en una fresca mañana de finales de un lluvioso mes de agosto, cuando él se acercó y me miró.
-¡Hola! ¿Cómo estás? –le pregunté con la voz más suave y amable que fui capaz de modular, aunque eso no sirvió para tener una respuesta.
-Mi nombre es Ernesto y vivo allí enfrente, en aquel edificio gris de tres pisos y balcones de madera. Mi apartamento está en el segundo piso, es el de la izquierda, aquel que tiene varias macetas de color rojo. Todas tienen plantados cactus. Adentro tengo unas cuantas macetas más. Todas contienen cactus de diversas especies, aunque mi preferida es una llamada Lophophora williamsii, especie de la cual tengo varias macetas. Como requieren muy poco cuidado y no soy afecto a que algo o alguien dependa de mí en forma desmedida, me he hecho muy aficionado a ellos. Además, adoptan, al crecer, formas muy curiosas.
En su hábitat natural los cactus crecen alejados entre sí para que sus raíces puedan extenderse y absorber la mayor cantidad de agua posible, y las espinas que poseen en sus tallos, resultan ser un excelente sistema defensivo contra ocasionales e indeseables visitantes. Son plantas muy fuertes, aunque también muy solitarias.
Esa es otra de las razones por las cuales me gustan tanto. Yo también soy muy solitario.
-Mucho me llama la atención tu silencio tan prolongado –le dije mirándole a los ojos– pero debo decir que me agrada. No has pronunciado palabra y sin embargo heme aquí, hablándote como si te conociera de toda la vida. Creo que eres como yo, un ser solitario al cual no le agrada demasiado el trato con los demás.
En mi trabajo mantengo una relación mínima con mis compañeros, la indispensable para sacar adelante las tareas, pero eso es todo.
Generalmente me cuesta entablar contacto con las personas, así que cuando llega la hora de salir del trabajo, me voy directamente a mi casa. A veces paso por un supermercado que está enfrente a la fábrica para realizar las compras necesarias. Camino las treinta y tres cuadras que me separan de mi casa cargado de bolsas. En ocasiones no me dan las manos para llevar todo, pero prefiero realizar compras grandes para no tener que entrar muy seguido al súper. Sí, ya sé que allí en aquella esquina hay uno, pero nunca he comprado nada en él. Ahí me reconocerían como vecino y quizá comenzarían los comentarios y las preguntas… “Lindo día ¿no? ¡Qué calor hace! ¡Uy! ¡Cómo llueve! ¡Qué tiempo loco! ¿Usted vive en el edificio de mitad de cuadra? ¿Vive solo? ¿A qué se dedica? Dicen que en la casa de dos pisos de la otra cuadra, aquella que tiene altas rejas de color verde, la otra noche se mató un hombre. ¿Sabe por qué lo habrá hecho? Algunos comentan que estaba muy endeudado, que estaba a punto de perder la casa, y para colmo, que su mujer lo había dejado por otro. ¡Pobre hombre! ¿Tiene hijos usted?”…
No. Prefiero evitar todo eso. Aunque tenga que volver caminando a mi casa cargado de paquetes.
Me pregunto por qué motivo la gente se ve en la necesidad de estar todo el tiempo emitiendo comentarios estúpidos o pidiendo opinión acerca de cualquier cosa.
Si no hablan acerca del estado del tiempo es acerca del partido de fútbol de la tarde anterior, o si no, de que fulanito de tal hizo esto o aquello.
Son cosas que a mí para nada me importan. Por eso prefiero quedarme en mi casa escuchando música o leyendo un libro.
Algunas noches suelo apagar las luces del apartamento, dejo abiertas las cortinas del ventanal que da a la calle y enciendo algunas velas, las cuales coloco sobre el piso. Eso provoca un efecto muy singular y hermoso. Sobre las paredes se ven proyectadas las sombras de los cactus que tengo desperdigados por la habitación. Las sombras oscilan levemente sobre las paredes blancas, lo cual resulta muy bello.
Eso, combinado con la audición del disco “The piper at the gates of dawn” de Pink Floyd…
¿Conocés Pink Floyd? Bueno no importa. Lo cierto es que escuchando ese disco y observando las sombras que se mueven por las paredes logro distanciarme del mundo. Es como viajar a otra dimensión.
¿Ya te vas? –le pregunté cuando vi que se levantaba–. ¿Volverás otro día para seguir conversando? ¿Ni siquiera te vas a despedir?
¡Vaya que hay seres extraños en este mundo! Yo creía ser una persona muy rara, pero veo que hay quienes lo son aun más.
Al ver que alguien depositaba una bolsa de basura sobre la vereda de enfrente, el perro se alejó moviendo la cola.
Entonces Ernesto subió a su apartamento y se dispuse a realizar un preparado especial cuyo principal ingrediente es la Lophophora williamsii, más conocida como Peyote.-


Los consejos de un perfecto ahorrista

Contaba la edad de dieciséis años cuando tuve mi primer trabajo, el cual fue de repartidor en una panadería de mi barrio. Con el tiempo pasé por diferentes sitios a saber: repartidor de una carnicería, cajero en un supermercado y aprendíz en un escritorio de negocios rurales.
Si bien, como se podrá apreciar, la importancia de mis trabajos fue en aumento, el salario que percibí fue siempre el equivalente al salario mínimo nacional que tan generosamente me pagó mi patrón de turno.
Felizmente, y en contra de mi acérrima resistencia, terminó predominando la voluntad de mi padre quien estaba decidido a que no dejara mis estudios, con lo cual, según él, no habría de pasarme la vida galgueando detrás de un peso.
Así, gracias a su invalorable insistencia y luego de algunos estudios contables que realicé, pasé a formar parte de esa fraternidad que es pilar fundamental en la sociedad y economía de nuestro país y del mundo entero: la grandiosa fraternidad de los empleados bancarios.
Si bien desde mi primer trabajo siempre tuve la costumbre de gastar todo mi sueldo y a veces hasta un poco más, pues nunca fui poseedor de esa indudable virtud que es la de ser una persona ahorrativa, supongo que el hecho de haber entrado a trabajar a un lugar de tan alto prestigio (en el cual el ahorro de mucha gente significa en ocasiones la fortuna de unos pocos) hizo que me dispusiera a realizar la difícil tarea de ahorrar.
Sería muy larga de detallar la lista de procedimientos a llevar a cabo por alguien que se proponga seriamente la empresa de transformarse en, diría yo, un ahorrista profesional, y creo que serían vistos esos procedimientos como acciones mezquinas, llenas de avaricia y hasta con una pizca de deshonestidad, pero puedo asegurar que se tratan de requisitos totalmente indispensables si se quiere llegar al objetivo de poseer muchísimo dinero, como ha resultado ser mi caso.
Ahora que lo pienso bien, ponerme a detallar esa larga lista de procedimientos, sería un gasto de tinta, papel y tiempo que no estoy dispuesto a afrontar.-


Mis cinco sentidos

Hay un determinado momento en la vida en que uno adquiere la certeza de cual será la compañía que tendrá en el resto de los años que faltan por vivir:
Aromas, sabores, imágenes y sonidos se combinan y cobran la importancia que tienen el sol, el aire o el agua.
El aroma agradablemente dulzón de los jazmines de noviembre (y de alguna otra flor), el incomparable sabor de un plato caliente de feijoada, la copa de vino que da vida a los espíritus, un amanecer de febrero con el sol saliendo del mar, unos cuantos libros de esos que siempre se quiere volver a leer, una trilogía de discos que comienza en el Lado oscuro de la luna, pasa por Quisiera que estuvieras aquí, pero que nunca termino de completar, y el evidente y eterno recuerdo de unos ojos que nunca se transformaron en sonrisa para mí.
Acaso si estuviera ella a mi lado podría entonces acariciar los lunares de su cuerpo, y completar así la compañía que mis cinco sentidos necesitan para seguir hasta el fin de mis días.-


No hay peor ciego que el que no quiere ver

El mundo no es en realidad lo que parece ser. Los buenos no son tan buenos, y a veces, los malos no resultan ser tan malos. Todo lo que está claro termina oscureciéndose, y lo que está envuelto en tinieblas al final es iluminado por la luz del entendimiento. Los grandes amores finalizan, abogados mediante, entre grandes papeleos, y los descubridores se dan cuenta de que en realidad ellos fueron los descubiertos.
Lo que parece una gran línea recta, vista desde muy lejos resulta ser una enorme circunferencia, que al fin y al cabo, por no terminar nunca de cerrarse, no es más que un simple garabato trazado por la mano de un niño que le dice a su madre que tiene hambre.
Entonces ella se apresura a terminar de cocinar la sopa que está preparando.
Y al final, aunque me cueste admitirlo, el mundo real no es más que eso. Una gran y humeante olla de sopa en la cual tu eres una cebolla, ella es la acelga, y yo, soy un nabo.-


Para qué carajo quiero una computadora

Cuando Juan, mi compañero de trabajo, me dijo que la empresa ofrecía computadoras nuevas a pagar en cuotas a muy bajo interés a todos los empleados que lo desearan le respondí: ¿computadora? ¿y para qué carajo quiero yo una computadora? ¿para estar como un tarado todo el día jugando jueguitos?
Eso sucedió unos diez u once años atrás.
Cuatro años más tarde alucinaba bajando de internet canciones que amaba y que no oía desde que era niño, discos que sólo hubiera podido oír de haber sacado la lotería y videos que no veía desde que MTV dejó de ser un canal musical para convertirse en una parodia grotesca.
En estos momentos mis dedos acarician sus dóciles teclas mientras de tanto en tanto, mis oídos se deleitan con su suave y dulce ronrroneo y su ojo cíclope no se despega un segundo de mí.-


Por Ella

Por ella vine a este mundo. Le debo lo que soy, lo que puedo llegar a ser y lo que nunca seré.
Creo que Ella lo sabe, porque viene a mi encuentro surgiendo mágicamente de los parlantes.-


Un congreso multitudinario

Ayer, gracias a las extraordinarias y mágicas facultades de un amigo a quien le es posible comunicarse verbalmente con los animales, puede enterarme de que fue realizado no hace mucho tiempo atrás un multitudinario congreso, por demás singular.
Dicho evento fue llevado a cabo en una amplísima galería subterránea a la cual asistieron principalmente, ratas, ratones, moscas y cucarachas. El motivo de tan asombrosa reunión no fue menos sorprendente. Luego de largas horas de intercambios de ideas, profundos análisis y arduas discusiones, se llegó a la resolución final de elevar a los gobernantes del país una misiva formal a modo de protesta en la cual declaraban su hondo malestar por la política económica que llevaban adelante. Reclamaban en la misma, que debido a la gravísima situación económica por la cual transitaba la nación, se veían en la incómoda situación de tener que disputar los escasos restos de comida y demás despojos arrojados en los basurales, con unos extraños seres que, caminando en dos patas y cual seres humanos, no tenían nada para comer.
Lo peor de todo esto -agregaron- es que no sólo nos quitan lo que por derecho adquirido desde el comienzo de los tiempos es nuestro, sino que, no satisfechos con eso, nos atrapan y nos comen a nosotros.-


Un hombre en el bosque

Los pies del hombre se hunden en el sendero barroso y tapizado de amarillentas hojas, que zigzagueando se mete entre los árboles hasta terminar desvaneciéndose en la espesura del bosque.
Escondido por un cúmulo de grises nubes, también el sol se hunde, y tras la línea del horizonte el día muere con él, exhalando un último rayo de luz que se difumina entre la copa de los árboles más altos.
El bosque, prontamente teñido de penumbras, es invadido por la inquietud que provoca la llegada de la noche, y sus múltiples sonidos se transforman en un temeroso silencio, porque el hombre está en el bosque, y con él, acecha la muerte.-


Un padre y su hijo

Un hombre caminaba con su hijo de 6 años por una plaza atestada de gente. Al ver que el niño tiraba al piso el envoltorio de una golosina que le había comprado segundos antes, detuvo la marcha y le regaño severamente, obligándolo luego a recoger el papel y depositarlo en un recipiente para residuos que por allí había.
Minutos más tarde, caminando de regreso a su casa por una calle poco transitada, arrojó a la vereda la caja de cigarrillos que había quedado vacía.-


Un regalo para Martín

Cuando Martín perdió su canica preferida en un hoyo que había en el borde de la vereda fue tal su disgusto, que su llanto se escuchó en toda la cuadra.
No fueron suficientes las promesas de su padre de traerle una bolsa llena de nuevas canicas, ni los esfuerzos de su madre de convencerlo de que dejase de llorar a cambio de comprarle el camioncito que había visto en la vidriera de la juguetería y que tanto le gustara. Tampoco le importó que su abuela le prometiera una gran torta con mucho dulce de leche ni que su hermano mayor le asegurara que le prestaría la pelota de basket y que además, jugaría con él.
Martín lloró, gritó y pataleó hasta que el cansancio y el sueño le vencieron y se fue a la cama mucho más temprano de lo acostumbrado.
Muchos años después aceptó el primer obsequio que le pusieron delante sin siquiera esperar los ofrecimientos de las otras personas que se disputaban sus influencias de legislador.-


Un sorpresivo encuentro

A medida que voy avanzando con lentitud siento la fresca humedad que flota en el aire. El espeso colchón de hojas que cubre el suelo del bosque aun no ha sido tocado por los primeros rayos del sol, que débilmente, comienza a asomar por sobre la línea de un horizonte que no alcanzo a ver desde el sitio en el que me encuentro.
El tiempo que faltaba para la llegada de la estación invernal se ha consumido y pronto comenzarán a hacerse sentir los primeros fríos intensos.
Aunque aun es muy temprano, los animales comienzan a despertar de la más larga de las noches del año, y ya puede oírse el canto de algunos pájaros que saludan con alborozo la llegada de un nuevo día.
Mientras el bosque va cobrando vida y color, luego de una noche que como toda noche en el bosque es sinónimo de inquietud, me encamino hacia el espacio desarbolado en donde suelo pasar todas las mañanas de la estación fría.
Realmente no espero de esta vida mucho más de lo que me pueda llegar a dar. Acepto cada cosa que el destino me ponga delante.
Pero de pronto aparece el hombre, quien coge una vara con la cual me golpea fuertemente. Mi cuerpo cruje como una rama seca. Ahora soy solamente un colgajo pendiendo de la vara del hombre. Mi cabeza casi toca mi cola, y mi lengua bífida cuelga entre mis colmillos huecos y aun viscosos por la sangre de mi asesino, que muy pronto me acompañará.-


Una confusa sombra entre los árboles

Algo se mueve furtivamente entre los árboles, acechante o temeroso, pero eso es algo que no se sabe. Si lo que se ve no siempre es lo que parece, y lo que se comenta no es lo que en realidad sucedió, no volveré a creer en todo lo que veo y escucho.
Algo se mueve furtivamente entre los árboles, sombra o sombra de una sombra, pero eso es algo que no se sabe. Si lo que se ve solamente a veces resulta ser real, y lo que se comenta, solo en ocasiones suele ser verdad, he de prestar más atención a lo que no veo ni escucho.
Sin embargo algo se mueve entre los árboles, sombra furtiva, temerosa o acechante, pero eso es algo que no se sabe. Entonces doy unos pasos, y con tranquilidad, salgo del bosque.-


Una leyenda acerca de los espejos

He acabado de leer una leyenda acerca de los espejos y debo reconocer que he quedado aterrado. Son casi las dos de la madrugada y estoy solo en casa. Mis padres salieron hace horas y aun no han regresado, cuando prometieron volver temprano.
Ahora estoy solo en mi habitación, y estoy temblando.
Hay un espejo en ella y debo pasar frente a él para poder salir de mi cuarto.
Bastaría con cerrar los ojos en el momento de cruzarlo, pero no me atrevo, pues mucho me temo que me esté esperando.
Sin embargo, tengo gran necesidad de ir al baño.
Ha pasado más de una hora desde que acabé de leer el relato y acabo de darme cuenta que ya no estoy temblando.
Sin embargo, aun tengo gran necesidad de ir al baño.
El espejo está al lado de la puerta, y desde donde estoy, apenas si lo veo de costado. Bastaría con apagar la portátil de la mesa de luz y pasar frente al espejo con los ojos cerrados, pero no debería olvidar el espejo del baño.
Cuando salga de mi cuarto apagaré la luz del pasillo y entraré al baño con los ojos cerrados.
Y por cierto, no encenderé la luz que está encima del lavabo.
Estoy ahora en el baño. He terminado lo que tenía que hacer.
Solo resta que me lave las manos. Y al abrir el grifo del agua se enciende la luz que está encima del lavabo.-


Una tarde como cualquier otra

Sucedió una tarde. Una de esas que se parece a cualquier otra.
Hacía mucho tiempo que nada se me ocurría, pero esa tarde, mientras oía una canción, algo me vino a la mente.
No recuerdo cuál era la canción que escuchaba en ese momento, seguramente alguna de Floyd, o Marley, o Beatles, Fito, Legião Urbana, Zeppelin, La Tabaré, The Doors, Chico Buarque, o puede que hasta algo de Mozart, Miles Davis o cualquiera de las canciones que de niño me gustaban y aun me gustan, pero que me daría un poco de verguenza nombrar. En en verdad es esa una cuestión que no importa demasiado.
Lo único que cuenta es que un pequeña corriente de energía atravesó mi mente transformándose en una idea.
Cualquier pensamiento o reflexión puede ser pensada y ha sido pensada por cualquier persona en el transcurso de la historia. No importan los nombres, los sitios o el tiempo en el que vivió o vive tal o cual persona. Los pensamientos no son otra cosa que corrientes de energía que circulan por el Universo. A veces algo en nosotros capta esa energía y se transforma en un pensamiento, una reflexión o una idea.
Presuroso corrí entonces hacia mi computadora y me senté dispuesto a escribir algo luego de casi un año.
Mis dedos se movieron ágiles sobre el teclado... "Sucedió una tarde, una de esas que se parece a cualquier otra. Hacía mucho tiempo que nada se me ocurría, pera esa tarde, mientras oía una canción, algo me vino a la mente..."

Si hay alguno repetido, sepan disculpar.
Y si se dieron cuenta de que hay alguno repetido, les digo MUCHAS GRACIAS, pues eso supone que los han leído todos. Very Happy
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Aljamod
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Registrado: 09 Feb 2010
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MensajePublicado: Mie Feb 10, 2010 00:32    Asunto: Cuentos cortos y ultra cortos (cuarta parte) Responder citando

Este quedó cortado en el primer post...


Lo que las Mujere quieren

Prólogo (tomado de "El secreto de la Diosa)

Los antiguos sabían que la sabiduría era femenina. La mujeres estudiaban las fases de la luna, la sucesión de las estaciones, el cultivo de la tierra y el poder curativo de las plantas, y en la antigua mesopotamia inventaron la escritura.
El tiempo y la ambición de poder de los hombres terminaron inventando a un Dios masculino que surgió de la observación del sol...

- o -

Promedialmente (que feo resulta a veces cuantificar) unas cincuenta mil personas mueren al día por causas directamente relacionadas con la desnutrición.
En los últimos diez años han muerto dos millones de niños a consecuencia de conflictos armados.
Anualmente mueren cincuenta y cinco millones de personas a causa de enfermedades de muy diversas clases.
Muchas de las más grandes multinacionales del mundo se agrupan en sectores como: Combustibles, Farmacéuticos, Armamentos, Alimentos, etc..

A los grandes grupos de poder económicos del mundo no les conviene que la situación mejore. Ellos hacen todo lo posible para que existan guerras, hambre y enfermedades.
Incluso manejan nuestras vidas a través de los grandes medios de comunicación, desinformándonos, confundiéndonos, mintiéndonos, vendiéndonos lo que no necesitamos; en una palabra, estafándonos para mantener su hegemonía.

Por si esto fuera poco, los lazos se estrechan. Como en los tiempos de Reyes y Emperadores, en que unían sus Reinos e Imperios a través de casamientos "reales", también los grandes grupos de poder del mundo actual se unen.
Apostaría mi cabeza (solo metafóricamente, por las dudas), que la mayoría de esos grandes grupos de poder son dirigidos por las mismas familias que hace, pongamos doscientos años, dominaban el mundo. El poder es como la realeza de antaño. Se va transmitiendo en forma consanguínea y de generación en generación.

Sé que puede parecer irreal, o fantasioso, pues ya lo hemos visto en películas de ciencia ficción.
Pero la ciencia ficción muchas veces tiende a adelantarse al futuro, a predecirlo, y, por qué no, a inventarlo, o por lo menos a sentar sus bases.
Ya sea mediante la Literatura o el Cine algunos autores se han adelantado por muchos años al futuro.
Algunos ejemplos de escritores son Julio Verne, Francis Bacon, Jonathan Swift, H.G. Wells, Arthur C. Clarke, Aldous Huxley e Isaac Asimov.
No es entonces difícil de entender que en un mundo en que la ciencia avanza a pasos agigantados cada día, la humanidad siga su marcha (hacia el incierto futuro que nos espera, por los menos a quienes no pertenecemos a dichos grupos) manejándose con los mismos fines en que lo hace desde hace siglos: la búsqueda de poder para dominar el mundo.
Alguno podrá pensar que exagero, pero ese sueño de poder ya lo soñaron a través del paso de los siglos pesonas como Alejandro Magno, Napoleón Bonaparte o Adolf Hitler, entre una lista interminable de "grandes conquistadores".
Y esa búsqueda del poder es algo casi exclusivo del hombre. Excepcionales son los ejemplos de mujeres en el poder, aunque los hay y muy notorios.

Dicho todo esto debo decir que aunque lo parezca, no creo que seamos los hombres los culpables de que el mundo se desbarranque.
En realidad las culpables son las mujeres, porque nosotros, siempre hacemos lo que ellas quieren.-


Pink Floyd

Anoche, luego de haber dejado la cena lista, y acompañado de una copa de vino y un cigarro, me senté a escuchar el "Dark side of the Moon" de Pink Floyd.
Finalizados Eclipse y la segunda copa de vino, el humo era más denso en la habitación. Entonces llegó "Wish you were here" y la música comenzó a envolverme completamente.
Escuché cada uno de los instrumentos en forma nítida. Lentamente me fui desconectando de la gran Máquina, hasta que con "Have a cigar", comencé a sentir la vibración de la música en la médula. En ese momento me di cuenta de que había estado corriendo durante demasiado tiempo, y que lo mejor era descansar.

- o -

Es imposible correr y correr sin parar. Descansar es la mejor forma de seguir adelante. Tomar un respiro e impulsarse para poder continuar. Y ciertamente, la meta estará mucho más cercana.

- o -

A veces, como ahora, siento que todo este tiempo que ha pasado desde la tarde en que me dijiste que no podíamos estar juntos más de dos horas, ha sido apenas un segundo, de ese tiempo que dijiste, que no podríamos juntos estar.

- o -

Sé que nadie sabe ahora lo que soy. ¿Héroe o Villano? ¿Qué me traeré entre manos?
Pues en verdad puedo decir, que lo único que llevo conmigo, es parte del tiempo que aun puedo esperar por ti.
Porque... ¿Qué importa ganar o perder? Creer para después desilusionarse... ¿Qué importa?
Lo mejor es continuar adelante, luego del breve descanso. Así que... ¿Por qué no seguir brillando como un diamante loco? Brillar como el sol. Como ese sol que se va consumiendo día a día, nos consumimos todos. Así que lo mejor sería brillar.

- o -

Desde que asomé por el horizonte de mi madre había tenido mis días de fulgor, de esos en que no hay nube que pueda ocultarme del mundo. Pero también había tenido de los otros, que no fueron pocos. Cuando las nubes me tapaban y no podía ver nada, solía ponerme triste.
Pero llegó un momento en que dejé de lamentarme. Busqué el secreto y creí encontrarlo en dos oscuros abismos, aunque lloré tantas veces por la luna, que mis ojos también parecieron agujeros negros en el cielo.

- o -

¿Así que yo creía poder cambiar cielo por infierno?
¿Tomar la mano de la Máquina y hacerla mi lugar?
Pero sé que no podré olvidarme de ti, y quizá algún día pueda tomar tu mano.
Desearía que estuvieras aquí.
- o -
Sé que nadie sabe dónde estoy ahora. ¡Lejano pero tan cerca!
Y también sé que los días de fulgor terminarán volviendo, así como cada año regresa la brisa de setiembre, en forma casi mística, y natural.

- o -

No pude ni quise refrenar el impulso. Y me entregué a ella, a la Magia Natural que fluía en el aire.
A su ritmo lento, místico y natural, me salteé El Muro y los Animales. Escuchando atentamente me conecté con las vibraciones en el aire.
Y una vez que penetré los misterios de esa música, oí el sonido de las trompetas y pude hacer a un lado todos los problemas.
Entonces me pregunté... ¿Is this love?

- o -

Sí, lo es. Y quiero amarte. Todos los días.
Cada noche y cada día. Sí, es amor.
Sé que voy a amarte. Sé que te amaré.
Aunque no lo creas puedo oír los rumores de guerra de la Máquina.
Pero sé que soltaré su mano y tomaré la tuya. Y tú tomarás la mía.
¡Ah! ¡Cómo quisiera que estuvieras aquí!

- o -

Son círculos que pasan por el mismo sitio, una y otra vez. También es una interconexión. Todo y todos estamos ligados a todo y a todos.
Y aunque esto lo vuelva mucho más complejo, igualmente quisiera que estuvieras aquí, porque esto es amor.
Tú satisfaces mi alma. Y yo te llamo, y yo te amo. Porque tú satisfaces mi alma.

- o -

Todo está interconectado. Son infinitas líneas que se dirigen hacia uno y otro lado. Van hacia arriba y abajo. Van adelante, y vuelven hacia atrás...
Recuerdo perfectamente cuándo y cómo comenzó todo. Fue una tarde de julio, hace seis años atrás.
Estaba yo sentado en el portal de mi casa, cuando ella pasó, viéndome sin mirar.
Yo, que casi siempre estoy escuchando música, quizá oía en ese momento lo mismo que ahora, salvo que ya no soy el mismo que en aquel entonces solía ser. Claro, esa tarde la vi por vez primera y mi vida ya no volvió a ser la misma, porque verla, fue como hundirme en el río del tiempo. Así que... ¿Como podría olvidarlo?

- o -

Poco tiempo después de conocerla, y al influjo de las Cumbres y de Damian, se me ocurrió la descabellada idea de escribir un libro, como forma de demostrarle mis sentimientos. Pero una cosa son las ideas, los sueños, y otra totalmente distinta los hechos.
Y por mucho que corría, no lograba alcanzar mis sueños.

- o -

Esta tarde, mientras hacía el camino de regreso a casa, vino a mi mente el sueño de la noche anterior, en el que alguien decía:

Alguien te dijo que las estrellas están muy lejanas
pero yo te digo que si tú lo quieres
deberías intentar tomar una.

Alguien te dijo que las montañas son demasiado altas
pero yo te digo que si tu lo quieres
deberías intentar escalarlas.

Alguien te dijo que debes hacer lo que todos hacen
pero yo te digo que si tú lo quieres
deberías hacer sólo lo que tú deseas.

Porque... ¿Qué puede importar lo que digan los demás?

- o -

Cuando llegué a casa me sentía tan cansado, que no tuve ganas de hacer nada. Me tiré en la cama a descansar, y cuando un par de horas más tarde me levanté, la energía había regresado.
Ya eran más de las ocho, así que luego de haber dejado la cena lista, y acompañado de una copa de vino y un cigarro, me senté a escuchar el "Dark side of the Moon" de Pink Floyd.-


Un brillante científico

Trabajo como científico desde hace unos cuatro años en una de las más grandes empresas farmaceúticas del mundo.
Al principio me costó bastante acostumbrarme al ambiente y el ritmo de trabajo. Las presiones eran muchas. En ciertos momentos se me tornó muy difícil adaptarme a la mentalidad de trabajo de la multinacional. Pero me bastó un descubrimiento importante para pasar a formar parte del directorio de la empresa.
Descubrí y aislé la mutación de séptima generación de un virus desconocido, el cual siendo fácilmente esparcible y sumamente contagioso, podría acabar con la vida de millones de personas en todo el mundo.
Y claro está, inventé el principio activo que destruye el virus.-


Un cuento que aún no termino de escribir

Prólogo

Este pequeño cuento fue publicado en un foro de Argentina, parte por parte, mientras lo iba escribiendo.

(Parte I)

Ya no conservo algún rencor del pasado que me amargue la sangre y me haga sentir enojado aun.
Nada tengo que ocultar de todo lo que hice, así que no poseo arrepentimientos que me carcoman por dentro.
Todo aquello que en mi vida no hice pretende de tanto en tanto pasarme la cuenta de mi no-acción, pero fácilmente me libro respondiendo que si no lo hice fue porque realmente no me importaba mucho. Y quien sabe. Algunas de esas cosas puede que al final las termine haciendo.
Lo verdaderamente importante es el presente, el aquí y ahora, tiempo-espacio-ahora, con todos los sentidos despiertos al unísono.
Pero de vez en cuando suelo volver la vista atrás(acabo de recordar algo muy importante que debí escribira aquí y ahora, pero rápidamente lo he olvidado).

Voy a publicar esto ahora, y lo iré completando en la medida de mis posibilidades en el transurso de esta serena nochecita del 22 de enrero del año 2010, ubicado en alguna ciudad del Departamento más rico (de sabor, no de plata che!!!), y siendo las 22:39 (ya son como 22:43, o 22:45) horas en todo el territorio de la República Oriental del Uruguay.
Y voy a publicarlo mientras lo voy inventando, de a pedacitos, porque si termino de escribirlo (puedo demorar un rato largo) y más tarde lo leo, seguro que no voy a querer hacerlo. Pero ahora ya he tomado la decisión... así que aquí va

PD. Lo estoy escribiendo en txt (bloq de notas) sin hacerle correcciones de ortografía y gramática, así que perdón (por si las moscas).


(Parte II)

1 - Torturador y asesino

Como iba diciendo rápidamente lo he olvidado. Pero luego de breves momentos lo he recordado.
De vez en cuando suelo volver la vista atrás. No porque tenga importancia un pasado que ya no existe más que en mi mente (recuerden que hay tantos pasados como personas habemos en el planeta -eso sin contar a los animales "inferiores"-), como tampoco importa un futuro que nunca llegará (porque cuando llega -si llega- se transforma en presente y ahí el futuro ya es otro). No. Lo hago (volver la vista atrás) para intentar encontrar los motivos por los cuales soy así o asá, o para saber en que momento de mi vida comencé a tomar la elección de cual camino tomar.
Uno de esos recuerdos me asaltó hoy. Tendría alrededor de 7 u 8 años cuando por primera vez (que yo recuerde conscientemente) ejercité mis facultades de torturador y asesino (todos, absolutamente todos, y de alguna forma, tenemos esa facultad).
Las víctimas de mi crueldad infantil fueron las abejas que entre finales de primavera y principios de verano, se instalaban (acabo de recibir un llamado de papá preocupado porque llamaba a la casa de mi hermana y no le constestaba) en el jardín que había en el fondo de mi casa (de mis padres). El jardín, de mi madre (quien no hubiese llamado porque... iba a decir algo injusto, o por lo menos, algo que no quiero decir).


2 - De Flor vengo, y en Flores terminaré

Allí, entre las Margaritas, Rosas, Alhelís, Azaleas, Violetas, Carlinas, Melisas, y Dalias (¿he escrito todos los nombres de las flores en mayúscula porque me di cuenta que eran todos nombres de Mujeres, o he escrito sólo flores con nombre de mujeres porque son lo más lindo de la vida -mmm...¿y la música?-)...

Esta es la segunda parte.
Ya lo sigo...


(Parte III)

1 - Mi Musa

También, me he dado cuenta, he colado, entre los nombres de Mujeres (a propósito, obvio) el nombre de una marca de zapatos femeninos (Azaleia, lo cual, ustedes comprenderán, está firmemente emparentado con las mujeres), y además (he depositado mis dedos suavemente sobre el teclado para escribirlo) el nombre de mi Musa, que comenzó a inspirarme allá por el año 2002, y que a veces, como ahora (lo único importante), vuelve a visitarme de tanto en tanto.
Por cierto que no he llegado a establecer una diferencia clara entre Muso y Amor.
O quizá no he llegado a reconocer que ella no puede ser "Mi Musa", por no considerarme un escritor. Y eso hace que quiera pensar en Ella como el Amor de mi Vida (amor semi-platónico a los 30 años y luego de una relación de siete laaargos años).
Aunque en el fondo sé, y lo acepto, que es Mi Musa.

2 - ¡Qué casualidad! (Azar, causa-efecto y destino)

(Olvidé mencionar que sólo me fue posible mencionar todas esas flores -también la Flor con el nombre parecido a Mi Musa- visitando un página de Internet.
Estoy seguro que de no haberlo hecho no hubiera visto el nombre de esa Flor y no hubiera escrito nada acerca de Mi Musa, lo cual hubiera dado por tierra todo lo escrito posteriormente acerca de que si era Musa o Amor de mi Vida.
Y aunque lo hubiera hecho (es decir, no haber visitado esa página de Internet en la que ví escrito el nombre de esa Flor, y por lo tanto no hubiera escrito nada acerca de Mi Musa), igual seguiría creyendo -creo- que es Mi Musa y no el Amor de mi Vida)

Je je je. Buscando en Internet un nexo entre Musa y Abejas encontré una página a la que hacían mención de ambas, y al entrar me encontré con un libro (al parecer interesante, aunque leído muy por arriba se me antojó un poco loco), publicado en el año 2005 por un francés cuyo nombre es Marc Fumaroli.
Je je je. Qué casualidad.
Los sucesos pueden ser vistos como azarosas, complejas e intrincadas tramas tejidas sin ton ni son, como el inequívoco producto de la ley de causa y efecto, simple y sencillamente como predestinación, o bien como una mezcla de los tres: azar, causa-efecto y destino...

Esta es la tercera parte.
Ya lo sigo...


(Parte VI)

1 - Bolsos, rayas y pinchas

Como no encontré en el libro de Marc Fumaroli nada que ligase a las musas con las abejas, me decidí a encontrar el nexo a través de mis pobres posibilidades. Digo pobres posibilidades no como falsa modestia, sino por la convicción absoluta de que son Muy Pobres, porque el único nexo que encontré fue que Mi Musa es simpatizante de un equipo de fútbol (de primera división -por ahora- del fútbol uruguayo) que en el siglo pasado fue bastante -debo admitirlo- famoso, pero que hoy día no corta ni raya... perdón... no corta ni pincha (y no digo pincha por la supuesta afinidad entre el equipo del qué es simpatizante Mi Musa -¿o Amor de mi Vida?- y los "pincharatas" como es conocido popularmente el club Estudiantes de la Plata ¡no por otra cosa eh!. Ese equipo en cuestión lleva los mismos colores que las abejas.
Así que veré la conveniencia de retomar (en unos instantes) el cuento que venía escribiendo.

2 - Regresando al principio (Un círculo más de tantos)

Creo que el asunto venía por el lado de que las abejas visitaban el jardín, en donde habían varios tipos de flores (en realidad eran solo margaritas, rayitos de sol, claveles y un rosal, pero me permití engañar a la memoria y agregarle nombres de flores que me posibiliataran seguir hilvanando la historia que en breve retomaré...

Esta es la cuarta parte.
Ya lo sigo...


(Parte V)

1 - Lo qué es no tener nada para hacer un viernes por la noche

(Comencé a escribir la primera parte de "Un cuento que aún no termino de escribir", escuchando a Bob Marley, y como ya casi es costumbre, me he pasado a la versión reggae-dub del álbum "Dark side of the moon" de "Pink Floyd" realizada por "Easy Star All Stars" cuyo título es "Dub side of the moon". Luego, estoy seguro, pasaré al "Dark side of the moon" de Pink Floyd para posteriormente deslizarme hacia el "Wish you were here", también de Pink Floyd)

2 - ¿Lobo suelto? o ¿Cordero atado? (felizmente esto último) Algunos uruguayos, no todos, entenderán. Estoy seguro que algún argentino también. Las diferencias que he hecho entre "nacionalidades" son estúpidas (es lo de menos). Lo peor es que esas diferencias de nacionalidades fueron impuestas por las "familias" que aun hoy, y luego de siglos, dominan el mundo. Lo más irónico es que luego de tomarse el trabajo de dividir al mundo en pequeñas porciones de tierra, hoy intentan hacer todo lo contrario. Supongo que la punta de la pirámide se ha ido estrechando. La cantidad de personas que controlan el mundo es menor que antes.

Bien, a decir verdad en este momento no sé muy bien el por qué del subtítulo 2 de la quinta parte: "2 - ¿Lobo suelto? o ¿Cordero atado? (felizmente esto último) Algunos uruguayos, no todos, entenderán y bla bla bla...
¡Ah! ¡Sí! Lo recordé (¡qué loco es tener en el teclado el signo de interrogación que abre oración al final de la fila numérica y el signo que cierra oración al comienzo, o a la izquierda).
Je je ¡Soy de izquierda pero no para tanto! ¡A los extremos conviene visitarlos sólo de vez en cuando pero no quedarse a vivir en uno de ellos!
En fin, que lo de "lobo suelto o cordero atado" es por lo del torturador y asesino Manuel Cordero que fue extraditado a la Argentina hace pocos días.

Sí. Yo ejercité mis facultades de torturador y asesino cuando contaba la edad de 7 u 8 años de vida. Cazaba sin piedad a las abejas utilizando una cajita de fósforos o cerillas (utensilio fungible consistente en una varilla en uno de cuyos extremos -la cabeza de la cerilla- hay una gota de un compuesto que contiene fósforo, que se enciende si se frota contra una superficie adecuada como lija), muy populares en aquella época.
Luego de la caza las encerraba en una bolsa de nylon (lamentablemente aun no se han extinguido), para posteriormente sumergirlas en el agua con que previamente había llenado la pileta (de lavar ropa, obvio), hasta matarlas (luego de intentar con la asfixia y ver que la cosa demoraba mucho, lo hacía mediante la asfixia por inmersión).
¡Por favor no se asombren!
¡Es que las abejas respiran por "tráqueas adaptadas para la respiración en un ambiente terrestre. Cada tráquea termina en la parte superficial del cuerpo por un orificio llamado estigma!

Esta es la quinta parte.
Ya lo sigo...


(Parte VI)

1 - Un cambio de planes

Antes que nada debo decir que hubo un cambio de planes. En vez de escuchar el "Dark side of the moon" de Pink Floyd, me he decidido a oírlo en la version "A Capella" de unos tipos que la rompen... No sé bien el nombre (creo que Vocomotiono algo así) pero... ¡es increíble que hayan grabado el Dark Side solo con voces.

2 - Un nuevo cambio de planes

Acabo de darme cuenta de que como estoy bebiendo cerveza y no vino, deberé dejar de oír "Floyd". Permiso. ¡Ya mismo cambiaré el cd!

Acabo de poner el cd "Mais do mesmo" de Legião Urbana. Es una recopilación. Y sin ser muy cervezera esta banda, la he elegido porque tiene un ritmo un poco más rápido, y es lo que exige la cerveza. Sino te dormís... ("...y te meas y te meas..." como dice la canción "Grapa con limón" del Cuarteto de Nos).

3 - Volviendo a lo nuestro... A lo mío por ahora. Sólo será "lo nuestro" si han leído esto desde el comienzo y si la torpe numeración realizada en números romanos (que luego he corregido) no causó confusión.
Confusio, Lao Tzu. ¡Maestros!
Más que nada el segundo, que cronológicamente fue el primero.
El otro era demasiado burocrático...

Esta es la sexta parte.
Ya lo sigo...


(Parte VII)

1 - Ahora sí volviendo a lo nuestro

Volviendo a lo nuestro. Sí, mataba a las abejas. Quizá estaba descubriendo algo. Yo, que al parecer ya sabía de la muerte (quizá ya tenía el concepto más o menos claro), intentaba ahora sentir como se sentiría terminar con una vida. Pero terminar con una vida en modo puramente intencional, como la finalidad de terminar, de matar, ya que seguramente había matado con anterioridad a alguna mosca o mosquito, pero en defensa propia.

Supongo que no sentí gran cosa, o que por lo menos no me fue suficiente matar unas cuantas abejas para llegar a "sentir" lo que se experimentaba cuando se terminaba con una vida puramente por el placer de hacerlo.
Y digo que no sentí gran cosa porque ese recuerdo "de matar abejas" corresponde a unos pocos días de esa primavera-verano. Aunque por mucho tiempo no volví a realizar algo semejante (o ya no lo recuerdo), luego de unos años mi sed de conocimiento se volvió a interesar en la misma sensación.

2 - Este preciso momento

Saber que se sentiría al matar. Lo de la tortura ya había dejado de interesarme. Ahora sólo se trata a de matar, asesinar (terminar en forma abrupta intencionada y sin motivación aparente, una vida).
Ya tenía unos 10 años. Acababa de finalizar los 6 años de escuela un año antes de lo normal a causa de que a una maestra se le antojó que los números que había escrito en orden ascendente (supongo) y el dibujo del tren que había realizado, eran superiores a lo normal, y no tuvo mejor idea que mostrárselos al Director de la Escuela Nº11 Brasil del barrio Ferrocarril, quien a su vez no tuvo mejor ocurrencia que pasarme de jardinera a primero teniendo 5 años de edad, e impidiéndome así continuar y profundizar en el dibujo y adentrarme en el collage y la pintura, actividades que el año de jardinera me reservaba. ¡Quién sabe! Tal vez si hubiera sucedido así estaría ahora dibujando o pintando y no aplastando el culo desde hace casi 3 horas frente a la computadora, como en este preciso momento...

Esta es la séptima parte
Ya lo sigo...


(Parte VIII)

1 - Pi pi, pii pii yeah!

He realizado un nuevo cambio en lo que a música se refiere. Saqué Legião. Primero puse el "Arquivo" de Paralamas, pero enseguida me arrependí. Inmediatamente vino a mí (¡Vino! ¿A mí?) la idea de oír el Rubber Soul de "The Beatles".
Y aquí estoy "...Pi pi, pii pii yeah! Baby you can drive my car..."

2 - La nada

Ya tenía unos 10 años. Acababa de finalizar los 6 años de escuela. Al comienzo de las vacaciones, que luego me depositarían de cabeza en el liceo que quedaba a una cuadra y media de mi casa (je, je, je... qué cosa más linda tener cerca las responsabilidades para empezarlas enseguida y dejarlas pronto, y tener lejos lo que hacemos por amor para que demore en comenzar -suspirando por la espera- y que tarde mucho en irse, o no se vaya nunca), recibí la invitación de unos tíos para ir a pasar un par de semanas al campo. Y en un Departamento tan grande como un corazón gigantesco ir al campo era ir al campo. Era internarse varios kilómetros en un viejo y destartalado jeep por caminos vecinales hasta llegar a algún paraje en medio de la nada.


3 - El Todo y la Nada

Cuando todo parece perfecto, cuando cada cosa se encuentra en su lugar, cuando incluso las estrellas y los planetas, cada constelación y cada galaxia del Universo parecen estar perfectamente alineadas, es cuando entra en acción el Caos.
En realidad está siempre actuando e interconectado con la Perfección, pues no son más que parte del Todo y la Nada.-

Esta es la octava parte.
Ya lo sigo...


A continuación la respuesta al comentario de las primeras partes de este cuento, por parte de una lectora del foro.

Monique: Tenía la secreta convicción de que podrías ser (quizá la única) lectora "cuasi on-line" de esta saga (omito intensionalmente adjetivos pues tendría que inclinarme por uno u otro, y al final de cuentas es lo mismo).

Gracias
Saludos
J


(Parte IX)

1 - "Bajos instintos"

En un paraje en medio de la nada mi primo (pocos meses menor) y yo, nos encontramos con una chumbera en nuestras manos y un monte de eucaliptus y otro natural de arroyo para satisfacer nuestras "curiosidades", entre otros entretenimientos livianos como pescar, ayudar a alambrar, cosechar papas, y entre otras cosas, a ordeñar (cosa a la que me negué rotundamente; ¡esas de ninguna manera serían las primeras tetas que tocaría en mi vida! Por lo menos intencional y apasionadamente y con "bajos" instintos).

2 - ¡Ay que pena me da!

Aun conserva mi memoria el recuerdo de aquella tarde en que hicimos con mi primo un montoncito con los 7 u 8 pajaritos que habíamos matado, y la emoción experimentada, por mí inexpresable en aquel momento con palabras.
Hoy sólo se me ocurren pena, devastación, culpa, dolor, estupor...

Esta es la noVena parte.
Ya lo sigo...


(Parte X)

1 - El final se acerca

Ya está. Lo he logrado.
Había entablado contacto con alguien. Se llama Monique. Sus comentarios me gustaron desde el comienzo. Comentaba la raiz central los cuentos y hacía sus propios comentarios al respecto. No se limitaba a decir "bien" o "mal", que en realidad sólo son palabras, le daba su propia impronta al asunto en cuestión.
Luego de un cuento escrito en varias partes durante un viernes de enero, mordió el anzuelo. Me dio su dirección. No su dirección cibernética, sino su dirección en nuestro tiempo-espacio, la real.
Me llevó algún tiempo planearlo todo. Pero al final lo conseguí.
Ahora, Monique, estás a punto de convertirte en la tercera etapa de ese proyecto que comencé cuando tenía no más de 8 años, allá al norte del río Tacuarembó.
Comprobaré la diferencia escencial entre matar abejas, aves, y un ser humano...

2 - Y se acercó nomás

Esta ¿última parte? la realicé oyendo una recopilación confeccionada por mí mismo de Arnaldo Antunes, el ex integrante de Os Titãs y Tribalistas.-


Epílogo

No. Nooo. Esto fue solamente una ficción escrita "cuasi on-line". ¡Holaaa! ¡Moniqueeee! ¿Está ahí? ¡Holaaaaaaaaa!
No, en serio. Si le pasó algo raro a alguna Monique a 1.000 kilómetros a la redonda del Río Urguay os aseguro que no fui yo. Esto es una mera coincidencia, un suceso que puede ser visto como una azarosa, compleja e intrincada trama tejida sin ton ni son, como el inequívoco producto de la ley de causa y efecto, simple y sencillamente como predestinación, o bien como una mezcla de los tres: azar, causa-efecto y destino.
Pero os aseguro que no tuve nada que ver, aunque no lo pueda probar.
Ahora, si el insuceso se registró a mayor distancia que la mencionada anteriormente, de seguro no fui yo. No me darían las bolas para desplazarme más de 1.000 kilómetros solamente para demostrar o no, que ya no conservo rencores del pasado que me amarguen la sangre.-


Un espectáculo muy esperado

Estoy parado sobre el escenario con cientos de personas a mí alrededor, quienes están pendientes de mis movimientos y gestos.
Escucho los gritos ensordecedores que al mezclarse unos con otros llegan a mí en forma bastante confusa.
Sé que soy el lógico centro de atención, pero no dejo de prestar la atención debida a la muchedumbre que me acompaña.
Veo sus rostros expectantes, esperando que de una vez por todas comience la función. Luego de una breve presentación de orden, finalmente todo está listo.
A la hora previamente indicada se inicia el espectáculo.
El encapuchado patea el banco, y mi cuerpo, luego de un breve forcejeo, queda pendiendo de la soga que tengo atada a mi cuello.-


Un futuro prometedor

Hay situaciones en la vida de todo niño, adolescente o joven, que lo marcan e influyen en el camino que luego habrá de tomar.
Si bien puede tratarse de circunstancias fortuitas, a la larga llegan a ser éstas las causantes de una manera determinada de comportarse, y a veces, hasta una guía que conducirá al individuo hacia las actividades que la vida le tiene reservada.
De cuarto año escolar emerge la primera de las situaciones a las que me refiero, aunque puede que tenga raíces más antiguas. Son esas situaciones las que ahora quisiera, en la medida de mis posibilidades, explicar lo más claramente posible.
Apenas trascurridos un par de meses de concurrir a clases contraje hepatitis, lo cual hizo que me ausentase de la escuela durante cuatro largos meses.
En este caso, la causa aparente de mi prolongada ausencia a clases es la enfermedad en sí, pero el motivo de tan larga convalecencia fue un error médico.
El buen doctor, luego de transcurrido un mes de mi enfermedad, manifestó que podía abandonar el régimen alimenticio al que estaba sometido y comenzar a comer normalmente, lo cual derivó en una recaída que bien pudo tener un desenlace fatal.
Pero siempre es bueno sacar algo positivo de las cosas negativas.
Mi padre no encontró mejor forma de entretener a un niño de apenas ocho años, el cual debía permanecer todo el tiempo en cama, que comprarle revistas de historietas, muchas revistas de historietas.
Esas revistas no sólo fueron una grata compañía sino que fomentaron en mí el hábito de la lectura y además, debido al carácter fantasioso que poseían, la creencia de que la vida tenía muchos puntos de contacto con la fantasía, y que podría lograr casi cualquier cosa que me propusiera realizar.
Tal vez la primera meta que me propuse alcanzar, aunque en buena medida se debió a la insistencia de mis padres, fue seguir cursando cuarto año desde mi cama.
Bastaba para eso con mantener los cuadernos al día y realizar los ejercicios de matemáticas que la maestra mandara.
Habiendo transcurrido dos o tres semanas de mi reintegro a clases la maestra Lilián comenzó a llamar por su respectivo nombre a cada uno de los alumnos y fue formando una fila en la cual quedé por la mitad.
Luego de que la fila quedó completa me señaló, y dirigiéndose a quienes habían quedado detrás de mi, dijo: “miren manga de burros… Leonardo faltó a clases cuatro meses y aun así, quedó por delante de todos ustedes en las calificaciones”.
Si bien el hecho me hizo sentir vergüenza, de él pude extraer la conclusión de que en modo alguno era necesario mantener una concurrencia asidua a clases para poder llevar a buen término un curso, pues aun con una gran cantidad de inasistencias era posible llevar a cabo una gestión que pudiera asegurar un banco en el siguiente año.

Las siguientes situaciones que me tocaron vivir, y que dejaron en mí huellas tan profundas que terminaron por determinar mi futuro, ocurrieron en primer año de secundaria.
Una mañana me encontraba en clases de matemáticas. La profesora había ordenado una serie de ejercicios que debíamos realizar, según sus deseos, en absoluto silencio. Cada vez que un alumno finalizara sus tareas debía dirigirse hacia su escritorio a fin de que le fuera hecha la corrección correspondiente.
Tenía yo en ese entonces once años, un año menos que el resto de mis compañeros. Eso se debía a la decisión del Director de la escuela a la que asistí, de pasarme de Jardinera a primer año, cuando aun no llevaba más que un par de semanas de clases con mis compañeritos de cinco años.
Hoy en día tengo la más absoluta convicción de que fue esa una de las principales causas de una timidez casi enfermiza, que me provocó en su momento muchos dolores de cabeza, pero que al fin y al cabo debo reconocer ha sido una fiel compañera, pues me acompaña hasta el día de hoy.
Pasar de clases, prácticamente un año antes de lo previsto, se debió -de acuerdo a lo manifestado a mis padres por el Director de la escuela- a que, según sus propias palabras, estaba yo demasiado “maduro” para estar en jardinera.
Intento hoy imaginar lo que por mi cabeza pasaba en aquel tiempo, y no consigo otra cosa que la idea de sentirme una manzana rojiza y jugosa en medio de un cajón repleto de manzanas verdes. Bueno, supongo que algo de eso había, pues era yo un niño bastante rollizo y rozagante por aquel entonces. No en vano cargué hasta los catorce o quince años con el mote de “Gordo”.
Al parecer, la causa ocasional -con el paso del tiempo comprobé que casi siempre existe una causa ocasional para todo, algo así como la gota que desborda el vaso- fue el simple e ingenuo dibujo de un tren. Una locomotora corriendo por sus rieles echaba por la chimenea un oscuro humo y arrastraba tras de sí tres vagones de pasajeros. A veces me pongo a pensar si ese director de escuela, cuyo nombre no recuerdo, y el cual no dudo, tuvo la mejor de las intenciones, no terminó cortando con su decisión, la carrera de un promisorio dibujante o pintor. Se agregaba a la ejecución de mi primera y única obra de arte, la circunstancia no menos importante de tener un conocimiento bastante claro de los números.
El único recuerdo claro que tengo de esos momentos, es el instante en que mi maestra me saca el delantal y los cubre mangas de color celeste, y abriendo la puerta que comunicaba con el salón contiguo, me traslada a un mundo distinto, poblado de niños más grandes que vestían túnica y moña azul. También recuerdo que, mientras me sentaban junto a la que habría de ser mi compañera de banco, yo estaba llorando.
La enseñanza que me dejó ese hecho fue la convicción de que para progresar en la vida, no era necesario matarse trabajando ni tener demasiados conocimientos, pues es más que suficiente con aparentar que se trabaja y hacer creer a los demás que se sabe mucho. Una vez se ha llegado a ese punto, basta con una movida efectista para meterse a la gente en el bolsillo.

Pero volvamos a los ejercicios de matemáticas que la profesora de primer año de secundaria nos había asignado.
Lo único que se me pasaba por la cabeza en esos momentos era ser el primero en terminar de resolver los problemas, y por supuesto, hacerlos bien.
Mi pupitre se encontraba ubicado al final de una de las filas del medio, con la pared de ladrillos a la vista a mi espalda. Era mi ubicación un resultado del estricto orden alfabético por el cual nos habían sido asignados los asientos. En años posteriores, algunas de las normas del Liceo al que asistía fueron resquebrajándose. Cabe aclarar que detrás de ese resquebrajamiento, asomaba lentamente la apertura democrática, luego de un régimen militar que se mantuvo en el poder desde mi nacimiento hasta fines de mi niñez.
Atrás de mí, la pared de ladrillo a la vista era única testigo de la velocidad con que mis manos seguían las directrices de mi cerebro. Faltando tan sólo una división para finalizar el último ejercicio, me sentía alentado por el hecho de que aun nadie se había acercado al escritorio de la profesora con los ejercicios concluidos.
Corrí la coma dos lugares a la izquierda. Ya está. Terminé. Me levanté precipitadamente y con el cuaderno en las manos y el paso orgulloso y seguro me encaminé hacia la profesora.
Imaginaba los ojos de todos mis compañeros de clases clavados en mi figura, que orgullosa de la tarea realizada, se encaminaba hacia la segura meta.
Pero más que los ojos de todos mis compañeros, me imaginaba los verdes y casi transparentes ojos de Blanca, una muchacha de largos cabellos castaños y oscura piel trigueña que magnéticamente para mí, contrastaba con el color de sus ojos y la blancura de su nombre y su sonrisa.
Así, embelesado por las mieles de un triunfo que consideraba seguro, deposité el cuaderno en el escritorio de la profesora, quien tras una rápida pero minuciosa inspección de los procedimientos y resultados por mí presentados, emitió su veredicto inapelable:
-Excelente Leonardo- fue la proclama, incomparable la sensación triunfalista que experimenté y de oreja a oreja la sonrisa que exhibí en mi camino de regreso hacia el pupitre número veintitrés que ocupaba. Y explosivo fue el cabezazo que pegué contra la pared al sentarme en mi banco.
El estampido resonó en todo el salón y provocó la unísona carcajada de todos mis compañeros, Blanca incluida.
Mortífera fue la estocada recibida en mi vanidad, pero eficaces las enseñanzas que me dejó tal desenlace.
En ese momento comprendí que no siempre gana el que llega primero a la meta, y que a pesar de la risa o del comentario de los demás, el verdadero triunfador continúa adelante.

Una situación similar ocurrió en el mismo año, pero esta vez en clase de historia.
La historia universal es algo que hasta el día de hoy, al igual que las matemáticas, me gusta.
No tengo recuerdo preciso de cual era el tema que estábamos tratando. Supongamos que revisábamos los finales del siglo XI y se trataba el tema de las Cruzadas que ideó el Papa Urbano II; o que repasando el siglo XV el tema fuera el fin de la Guerra de los Cien Años; o que en pleno siglo XX examinábamos la causa ocasional de la primera Guerra Mundial.
Cualquiera fuera el tema, no importa demasiado, pues de todos modos no hay un momento en la historia de la humanidad que no esté adornado por una guerra.
En aquel entonces pensaba que los motivos que en aquellos tiempos originaban las guerras eran básicamente dos: amor u odio.
Hoy día se sabe que hasta las guerras son menos románticas, y los motivos se han reducido a uno solo: ambición, ambición de poder.
De todos modos, cualquiera haya sido el tema que estuviéramos tocando, no hace a la cuestión. Si es importante decir que se trataba de una clase de carácter oral, que los alumnos levantábamos la mano para tener derecho de responder a las preguntas, y que el profesor Omar se encargaba de indicar a quién correspondía develar tal o cual interrogante.
También debo decir que levantaba yo la mano en todas las preguntas, y que el par de oportunidades en que me tocó responder, lo había hecho en forma por demás correcta. Aunque debo decir también, en determinado momento el profesor se encaminó hacia mí, tomó el libro que abierto ocultaba yo debajo de un par de cuadernos cerrados, y enseñándolo a la clase puso en evidencia el pequeño engaño por mí ejecutado, lo cual volvió a provocar la risa de la clase entera, aunque esta vez no la de Blanca, quien esa mañana no había concurrido a clases por estar enferma.

En esa oportunidad la enseñanza fue que el engaño suele tener patas demasiado cortas, y que una vez descubierto el responsable, lo deja totalmente indefenso.
Aunque intenté no volver a repetir la operación, tomé nota mental de que no recibí castigo alguno por tal acto.

La tercera situación, también ocurrida en ese primer año de la secundaria, aconteció en clase de Geografía.
En esa ocasión realizábamos un escrito cuyo tema era la península escandinava. Antes de comenzar con la prueba la profesora nos dijo que si alguien tenía dudas acerca de cómo se escribía tal o cual palabra referida a las regiones, ciudades o ríos de la zona en cuestión, se dirigiese hasta su escritorio y en voz baja le indicáramos la duda.
Una de las preguntas requería los nombres de las ciudades capitales de la región. Había escrito el nombre de todas, excepto el de la capital de Finlandia. Hice un gran esfuerzo en recordar el nombre pero no hubo caso.
En ese momento vino a mi mente la idea de la manzana madura en medio del cajón de manzanas verdes y resueltamente me encaminé hacia la profesora con una posible solución a mi problema.
Al aproximarme, y adoptando un tono de voz seguro pero hablando bajito para que solamente ella pudiera oírme le dije: Profesora… ¿Cómo se escribe la capital de Finlandia?
Ella, con algo de malicia en su mirada me respondió: y… ¿Cuál es la capital de Finlandia?
La inmediata respuesta que le brindé fue el acalorado rubor de mis mejillas, tras lo cual emprendí un cabizbajo regreso hacia mi banco, no sin antes oír como la profesora, con voz cargada de sorna, hacía conocer a la clase el carácter de mi ineficaz y vergonzosa maniobra.

La conclusión que saqué fue que, por más que se sea una manzana madura en un cajón de manzanas verdes, siempre hay otra que lo es aun más. O que ya es compota, mermelada o simplemente una manzana en estado de putrefacción. Aunque no por eso ha olvidado que es manzana, y que ha vivido una larga vida de experiencias.

Finalicé la secundaria sin mayores sobresaltos, aunque sin volver a intentar ninguna treta, pues había aprendido que cuando un enemigo es más poderoso, es mejor no enfrentarlo abiertamente. Siempre existen caminos alternativos para poder superar cualquier obstáculo.

Había dejado de ser un niño precoz para transformarme, primero en un adolescente frustrado en su intento de tomar el camino del engaño, y luego en un joven que prontamente se vio perdido y sin encontrar su vocación en un mundo que no alcanzaba a comprender cabalmente.

Pero afortunadamente el tiempo transcurrió y un haz de luz vino a iluminar mi camino.
He reflotado las conclusiones y enseñanzas que he referido, las cuales me han conducido a las actividades que la vida me tenía reservada.
Hoy día me encuentro embarcado en una nueva carrera y vislumbro un futuro prometedor, tanto para mí como para las personas que me han brindado su incondicional apoyo en esta, mi nueva etapa.
Siempre llevo conmigo una libretita en la cual tengo anotadas las enseñanzas que extraje de mis años juveniles, las cuales aplico y seguiré aplicando, cuando obtenga una banca en la Cámara de Diputados de mi país.-


Un hombre sumamente preparado

He sido profesor de filosofía e historia en una prestigiosa universidad europea, y de economía en varios institutos de enseñanza media. Lo soy también de español, italiano, francés y alemán, aunque nunca he ejercido.
He escrito varios libros que han abarcado diferentes temas, tales como la economía política del nuevo milenio, la historia de la cultura española del último siglo y su influencia en la América Hispana, ensayos sobre la obra de autores como Friedrich Nietzsche, Hermann Hesse, y Ralph Waldo Emerson entre otros, además de haber publicado varias novelas.
He trabajado como colaborador en la confección de distintas enciclopedias de España e Italia y dictado infinidad de conferencias alrededor del mundo.
Mi nombre fue mencionado como candidato al premio Nóbel de Literatura, el cual fue finalmente otorgado a un conocido escritor portugués.
Pese a todo, ninguno de mis antecedentes me fue de utilidad cuando debí permanecer durante seis días en una deshabitada isla del Egeo, al haberse hundido la pequeña embarcación en la cual recorría las costas de Grecia.
De no ser por el equipo de rescate, hubiera muerto de hambre o de sed, desesperadamente solo y al borde de la locura, en un pequeño islote desierto en el patio del primer mundo.-


Un suceso singular

"Cuando un loco parece completamente sensato, es ya el momento de ponerle la camisa de fuerza."

Edgar Allan Poe

No he cometido ni cometeré, por mi propio bien, la imprudencia de indicar la ubicación precisa del lugar al que accidental y desafortunadamente fui a dar, acaso por haber olvidado ya la trayectoria que siguieron mis pies, acaso por la sencilla razón de que ese lugar nunca haya existido y sea tan sólo producto de mi febril imaginación o de un mal sueño; aunque creo más bien debería decir producto de una pesadilla.
En el transcurso de los meses subsiguientes a la degradante experiencia que me tocó vivir, numerosas han sido las oportunidades en que he relatado lo sucedido. Lo he pensado mucho, y es probable que ya no recuerde los hechos tal cual sucedieron. Puede que, de tanto contar los aberrantes sucesos, simplemente haya memorizado una a una las palabras con que relataba el hecho, transformándose a la larga en el recuerdo del recuerdo de un suceso.
Tan honda fue la impresión que me causaron esos días vividos en algún recóndito lugar del planeta, que ha debido nublar mi buen juicio, y mi razón está dudando de que esas horas realmente hayan transcurrido.
Por las noches tengo pesadillas que, si bien generalmente nada tienen que ver con lo sucedido, hacen que me despierte creyendo que estoy en ese lugar atroz.
En el decurso de los últimos años fui cayendo en un progresivo mutismo que terminó por apartarme de la gente que me rodeaba, incluso hasta de mi propia familia.
Hace un par de años mi esposa pidió el divorcio, y por supuesto, la custodia de nuestros hijos. Un día dejé de ir a trabajar, hasta que me informaron que estaba despedido, lo que poco después derivó en que el Banco ejecutara la hipoteca que tenía sobre mi casa.
Nunca dejé de plantearme la veracidad de los hechos, hasta que en algún impreciso momento sencillamente los olvidé.
Hace un año recomencé a vivir. Luego de mudarme a otro país conseguí un nuevo trabajo y algunos meses más tarde contraje matrimonio por segunda vez.
He oído interesantes y extrañas historias en este lugar de cultura tan diferente a la de mi país, pero por sobre todas una ha llamado mi atención. Refiere a un hombre que estuvo durante varios días en un recóndito sitio del planeta durante los cuales pasó por sucesos tan inconcebibles para la mente humana, que acabó por volverse loco.
Al principio, mientras me contaban la increíble historia, pude notar un atisbo de intranquilidad en mi alma, pues el relato me traía vagos recuerdos. Pero por más que me esforcé no puede recordar absolutamente nada.
Ni siquiera recuerdo el motivo por el cual comencé a escribir esto que estás leyendo, y que en este mismo instante he decidido concluir aquí.-

Como conseguir popularidad y fama

Cuando tu nombre no significa nada, nadie te presta la menor atención, pasas total y brutalmente desapercibido e ignorado.
Pero cuando tu nombre tiene cierta reputación, muchos hablan de ti, o escuchan tu música, o leen tus cuentos, o se visten como tú, o toman tus opiniones como propias e incluso te felicitan cuando vas por la calle.
Eso no significa que como por arte de magia, y de la noche a la mañana, te hayas convertido en un músico virtuoso, un hábil jugador, un escritor con ingenio o un brillante actor.

Es solo que el mero hecho de que unas pocas personas hayan puesto su atención en ti ha llevado a hacer lo mismo a unas cuantas más, y luego a muchas más...
Más tarde puede que un sello discográfico, un club de fútbol, una editorial o una agencia de artistas posen sus ojos en ti, y un poco más tarde los medios de comunicación, quienes traen consigo esa mágica fórmula de conseguir adeptos en forma masiva que es la publicidad.

Los Beatles, esa mágica conjunción de músicos responsables de buena parte de las mejores canciones que nos ha regalado el siglo XX, comenzaron votándose masivamente a sí mismos, consiguiendo la atención que necesitaban.

Claro que no siempre la cosa se trata de publicidad.
Es necesario tener además un mínimo de oído, sensibilidad, perfecta noción del tiempo y la suficiente capacidad de ejecutar un instrmento musical en el caso de un músico. Un estado físico insuperable, dominio del balón, agilidad y buen pie cuando se trate de un jugador de fútbol.
Cierto conocimiento del idioma, memoria y un poquitín de inventiva en aquellas situaciones en que se trate de un escritor.
Empatía, sensibilidad, actitud de diversos tipos y un fran carisma cuando sea un actor.
También es necesario poseer, y esto es común a todos, Amor por lo que se hace.

Aun reconociendo que lo hecho por Los Beatles sería una buena treta a efectuar cuando se tiene el sueño de publicar un libro y convertirse en un escritor (lo más importante y difícil), soy totalmente consciente de que hoy día esa treta es algo complicada de realizar con todo esto de la dirección ip, los cookies y los spywares.

Si algun día quieren el azar, el destino o una combinación de causa-efecto (o quizá las tres al mismo tiempo) que me convierta en un escritor, que Dios, Mahoma y Buda me libren de la popularidad, y de lo que es peor, creérmela por haberla conseguido.-
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Aljamod
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MensajePublicado: Mie Feb 10, 2010 20:57    Asunto: Las ocho patas del Infierno Responder citando

Aquí va uno que terminé recién...


Las ocho patas del Infierno

Primera pata

Anoche, un rato antes de acostarme, recordé que tenía ropa para colgar. Así que sacándola del lavarropas me dirigí hacia el fondo de mi casa con la intención de hacerlo.
Primero debía recoger el lavado que había tendido en la tarde, y al intentar descolgar una de las camisas pude ver, como pegada a ésta, pendía una telaraña de buen tamaño con su artesana expectante en el medio de su red.
Me sobresalté un tanto y fui en busca de un insecticida que "lo-mata-todo", con el cual rocié sin piedad al arácnido que había osado realizar su telaraña entre la cuerda para colgar la ropa y la parra de jardín, lugar que respeto enormemente y al cual intento no aproximarme demasiado.
Unos minutos después y luego de estar seguro de no encontrarme con otra sorpresa, colgué finalmente la ropa, teniendo eso sí, mucha precaución y un poco de sensación de hormigueo en el cuerpo, además de un leve escozor en el pie causado por la mordida de una hormiga colorada que llevó el mismo fin que la araña, pero por aplastamiento.
Súbitamente caí en la cuenta de que tenía la ventana del dormitorio abierta. Estamos en verano y desde hace unos cuantos días venimos atravesando un clima sumamente caluroso y a la vez muy húmedo, el cual resulta ideal para las arañas.
Así que corrí presuroso a cerrarla. Sacudí bien las cortinas de la puerta-ventana, luego la cerré y bajé la persiana.
Así que a causa de haber recordado que tenía ropa para colgar, mi memoria catapultó hacia el presente recuerdos de un pasado un tanto lejano...

Segunda pata

En más de una ocasión mi madre nos contó a mí y a mis hermanas que siendo yo un bebé (bastante feo al parecer) de pocos meses y encontrándome en mi cuna, al entrar al dormitorio vio una araña que se desplazaba por sobre el tul que recubría (por obra y gracia de mamá) mi cuna.
Estaba justo sobre mí, sobre mi cabecita feíta y peluda cuando la mano salvadora de mi madre le propinó un golpe, arrojándola lejos.

Tercera pata

Hay quienes afirman que cuando se es muy pequeño, aquellas cosas que aun nos son desconocidas sólo pueden llegar a afectarnos cuando nos provocan algún tipo de daño.
Quizá el hecho en sí de ver a aquella araña caminando sobre el tul no hubiera provocado en mí mayores consecuencias, y claro está, ni siquiera sabía que era "aquello". Pero supongo que mi madre me transmitió en ese momento su intranquilidad, su miedo, su alarma por ver al arácnido caminando sobre mí. Fue su reacción la que determinó mi llanto, y por ende, sentir lo mismo que sintió mi madre y asociarlo a la araña.
Esa experiencia ha de haber quedado grabada fuertemente en mi subconsciente, y con el transcurso de los años, haber oído es relato y tener, como supongo habré tenido, posteriores encuentros con tales criaturas, derivaron en el inmediato traslado de esa experiencia desde mi subconsciente a mi plena conciencia, tanto que a la larga terminó transformándose en un sexto sentido.

Cuarta pata

Tenía yo, y aun tengo, un excelente campo de visión. Podía estar sentado viendo la televisión y aun así lograba divisar a dos o tres metros de distancia y por el rabillo del ojo a una araña deslizándose furtivamente por el piso.
Unos años más tarde esa visión perimétrica bastante amplia me sirvió mucho a la hora de jugar basketball, pues me era muy fácil tener presente la ubicación de mis compañeros en la cancha aun teniendo la vista fija en la pelota o en mi marcador de turno. Pero esa es, o quizá pueda llegar a ser, otra historia.
Recuerdo que en una ocasión, viviendo temporalmente en la casa de un tío que residía en la capital, ciudad en donde se encontraba la facultad en la cual yo estudiaba, me sucedió un hecho curioso.

Quinta pata

Una noche estaba acostado leyendo algo, o quizá simplemente haciendo nada, cuando decidí apagar la luz y disponerme a dormir.
Tuve que levantarme de la cama y caminar unos cuantos pasos hasta el interruptor de la luz, pues no había portátil en la mesita de luz.
Una vez apagada e iluminado por una débil penumbra creada por la iluminación que procedía de la calle y que débilmente atravesaba las cortinas de la ventana, me dirigí hacia la cama, en la cual, desde luego, me acosté.
Pero apenas transcurridos unos segundos tuve la sensación de que algo no estaba bien. Había algo que no encajaba. Una especie de hormigueo me recorrió la espalda...
Había algo que no encajaba. Una especie de hormigueo me recorrió la espalda, y levantándome velozmente corrí a encender la luz.
Y al acercarme a la cama, vi sobre el respaldo, prendida a la pared, una araña, la cual hizo que todos los vellos de mi joven cuerpo de 17 años se erizaran hasta parecer un cachorro de erizo o un puerco espín.
Un par de años más tarde tuve la oportunidad de ver la película "Aracnofobia" durante la cual me parecía a un faquir hindú, solo que en vez de estar sobre una cama de clavos, los tenía incorporados a mi cuerpo.

Sexta pata

Contando ya con veintipico de años estábamos una noche con mi novia de aquel entonces entregados a determinados menesteres, cuando me levanté de la cama y me dirigí hacia la sala con la intención cambiar de Cd.
También en penumbras me puse en cuclillas frente al equipo de música y coloqué el "The Wall" de Pink Floyd.
Cuando volvía sobre mis pasos y llegaba ya a la puerta del dormitorio, otra vez tuve esa sensación de hormigueo que tanto conocía. ¡Qué extraño resulta decir "hormigueo" cuando se está hablando de arañas! Pero bueno, arañeo suena feo...
Muy lentamente giré sobre mis talones, en cámara lenta encendí la luz e inmediatamente inspeccioné la sala, en la que todo parecía estar bien. Pero al mirar hacia el techo, exactamente sobre el sitio en el cual me había acuclillado para cambiar el cd, vi una tarántula de unos quince centímetros de esas bien peludas que cuando se sienten amenazadas expulsan una buena cantidad de pelitos de su cuerpo, lo que resulta bastante irritante para la piel.
Saltando como un bailarín danzando la Tarantella (curioso baile italiano que durante la Edad Media se creía era eficaz para curar una especie de locura supuestamente producida por la mordedura de la más grande de las arañas europeas, la araña lobo o tarántula) llamé a los gritos a la muchacha que me esperaba en el dormitorio para que viniera en mi ayuda, cosa que no sucedió, pues una vez comprendido el motivo de mi requerimiento, hube de hacer el trabajo sucio yo solito mientras.
Mentalmente le enviaba cordiales saludos al propietario del predio lindero al apartamento en el que por entonces vivía, y que en jornadas cálidas y húmedas como aquellas, y como las de estos últimos días, parecía una jungla.

Séptima pata

En el verano del 2005 alquilé una cabaña ubicada frente al mar en la hermosa costa del departamento de Rocha, unos doscientos cincuenta kilómetros al este de Montevideo.
Era la vivienda una pequeña construcción de ladrillo a la vista en dos plantas.
La planta baja tenía una cochera abierta y un parrillero, y la alta, una pequeña cocina comedor, una salita, un baño y una escalera de madera que conducía hacia los dos dormitorios instalados en el entrepiso de madera al cual coronaba un quinchado.
Al poco de llegar y luego de inspeccionar la vivienda me puse a abrir las ventanas a fin de que penetraran el aire marino y un poquito de la escasa luz solar que aun quedaba. Fue luego de subir una cortina de cañas cuando presentí que algo no andaba bien, y al volver a mirar hacia la ventana vi como me veía...
Y pude sentir como sintió lo que yo sentía, pues enseguida intentó poner patas en polvorosa, aunque fui más rápido que ella.
De todos modos, y aun luego de una minucioso y precavido escrutinio de cada rincón del entrepiso, decidí que esa noche, bajaría un colchón a la sala y dormiría en el piso.
Y por supuesto, repetí esa operación cada una de las restantes catorce noches que permanecí en la cabaña.

Octava pata

Siendo un preadolescente leí, como muchos, "La metamorfosis" de Franz Kafka, y como todos desperté felizmente al otro día con mis dos brazos y mis dos piernas, y no como el pobre Gregorio, que quizá la víspera de su mañana infernal había leído a Chuang Tzu, pero no tuvo tanta suerte.
Poco tiempo después, casi a los veinte años, vi el video que la banda The Cure realizara de "Lullaby", tema 6 de su CD "Disintegration". Y hasta puede que Robert Smith (en realidad estoy seguro), haya sido influído por el relato de Kafka para escribir la letra de su canción.
Lamentablemente leí en más de una ocasión "La metamorfosis" y he escuché infinidad de veces esa canción, como otras tantas de esa buena banda inglesa.
No le encuentro otra explicación al hecho de haberme despertado convertido en una espantosa araña de diez patas.
Pero como la horripilante hembra a la que he fecundado ya se ha comido uno de mis brazos y dirige sus mandíbulas hacia el otro, en breves instantes contaré solo ocho patas, y no podré seguirles contando acerca de mi particular Infierno.-
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Aljamod
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MensajePublicado: Mie Feb 10, 2010 21:17    Asunto: Responder citando

Creo que debí leer "bienvenida y presentación" antes de postear mis cuentos. Así que...

Mi nombre es Javier Modernel, tengo 38 años, vivo en Canelones, Uruguay.
En el 2002 comencé a escribir en forma más o menos asidua, y luego de una larga pausa de 2 años volví a hacerlo. Y me dieron ganas de mostrar lo que tenía, así que busqué en Internet, y entre otros lugares encontré este foro.
Mi influencia más importante es la música, las canciones que escucho desde que tengo memoria. Y también algunos libros y revistas, los cuales en el orden en que fueron cruzándose en mi camino, paso a detallar:
Comics de Disney y Warner, Patoruzito y sus parientes, Condorito, Mafalda, El Tony, D'artagnan, Nippur, Serafín J. García, Horacio Quiroga, Edgar Allan Poe, El libro de las Mil y Una Noches, Paulho Coelho, Hermann Hesse, Eduardo Galeano, El libro del Tao Te Ching, Jorge Luis Borges, y luego, a sugerencia indirecta de este último, unos pocos de los tantos autores que él leyó.
No tengo estudios literarios realizados. Tampoco talleres. No sé si podría decirse que soy autodidacta, pues mis maestros han sido y son los textos que leí y leo, las canciones que escuché y escucho, las personas que han pasado por mi vida y las que todavía están, y el niño que aún llevo dentro.
Sin más
Mis Saludos
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Aljamod
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MensajePublicado: Vie Feb 26, 2010 21:55    Asunto: Responder citando

Acá van algunos nuevos...


El libro del Alfarero

El hombre cerró el libro que acababa de leer. Por unos instantes una sonrisa iluminó su semblante. Sus ojos brillantes observaron el sol que se ocultaba en el horizonte. Un mundo perfecto... Imposible -pensó-, quizá mejor sí, pero la perfección esta vedada al Hombre.
Entrada ya la madrugada apagó la luz y se dispuso a dormir. En su mente imaginó un mundo mejor, hasta que el sueño profundo se apoderó de sus sueños...

El otro hombre cerró el libro que acababa de leer. Por unos instantes una sonrisa iluminó su semblante. Sus ojos brillantes observaron los últimos rayos de sol entre los rascacielos. Un mundo perfecto... Claro que sí, en eso estoy, pensó divertido por la idea, mientras llamaba a su socio para informarle que la crisis económica en el mundo continuaba según lo habían planeado, que lo de Irán estaba cerca y que lo de Haití había sido un éxito...

Inspirado en el cuento "El alfarero" de Serrana



Cuentos de un melómano 2

Parte I - La Música

La Música es algo grandioso, y aunque mucho se ha escrito por parte de grandes pensadores y escritores de todos los tiempos para definir lo que representa en nuestras vidas, creo que quizá, y sólo quizá, juntando todas esas definiciones podría llegar a tenerse una expresión más o menos cercana de lo que significa para algunos de nosotros y nuestros pobres oídos mortales.
La música es algo Universal, no tiene barreras. No puede contenerla ninguna frontera, y por cierto, ningún idioma. No hay barrera en el mundo que la frene, salvo la sordera.
Entre todos los malos futuros que pueda imaginar para mi persona, uno de ellos sería sin dudas quedar sordo.
Una de las cosas que hace irresistible a la música son las mixturas. Mixturas de estilos, y estas mixturas, a su vez mezclados con los diferentes idiomas que existen.
Y entre todos esos idiomas, el portugués es uno que al ser cantado, suena a música de por sí, es muy musical. O por lo menos esa es mi percepción.
Una interrogante que me planteo y que intentaré develar, es si los hechos históricos sucedidos en Uruguay hace un siglo y medio, pueden haber influido o determinado mis gustos musicales.

Parte II - Los hechos históricos

Cuando de tramas políticas se trata nunca se sabe la verdad exacta, sobre todo si se tiene en cuenta que ocurrieron hace 160 años. Quiero decir, las tramas políticas a la que me refiero ocurrieron hace 160 años; antes de eso existían, y hoy, son el pan de cada día.
Sobre mitad del siglo XIX en los territorios al oriente del río Uruguay, se vivían profundas conmociones políticas y sociales, es decir, se libraba una guerra.
Pocos años antes, en 1936, se fundaban en La República Oriental del Uruguay, dos partidos políticos. El Partido Nacional y el Partido Colorado nacían casi juntos, el primero el 10 de agosto y el segundo el 19 de septiembre.
Los dos grupos de poder que luchaban entre sí desde hacía más de cien años elegían así el color de camiseta que los identificaría de ahora en más. Y por supuesto, estaba en juego el dominio de un gran pedazo de tierra ubicado al este del río Uruguay.
Y no es casualidad que en el año 1831, quienes cinco años más tarde se transformarían en los padres de ambos partidos políticos, siendo uno presidente y el otro ministro de guerra, exterminaran a los auténticos dueños de ese territorio, los Charrúas. Quienes no murieron, emigraron hacia Brasil, Argentina o Paraguay.
Lo cierto es que una de las grandes consecuencias generadas por esas turbias tramas políticas entre los dos partidos, y en la cual también colaboraron actores como Argentina, Brasil e Inglaterra, fue la reducción del territorio Uruguayo, al perder vastas cantidades de tierra ubicadas al norte del río Cuareim, hoy actual límite con la República Federativa del Brasil.

Parte III - Cerca de la frontera

Habiendo nacido y luego vivido por más de 18 años a poco más de 100 kilómetros de la frontera con Brasil, estuve influenciado de alguna manera por el idioma y la cultura del país vecino, nada nuevo para todos aquellos fronterizos del mundo entero.
Siendo un niño de no más de siete u ocho años visité en varias oportunidades una de las ciudades ubicadas en la frontera con el coloso norteño, lo cual para mí era como un mundo nuevo, totalmente desconocido.
Para empezar, tuve mi primer encuentro con los misterios del tiempo. No podía comprender como de un lado de la frontera eran las 10 de la mañana y del otro las 11.
Para mí era como si existieran un presente y un pasado que se desarrollaran en el mismo momento y a la vez casi paralelos en el espacio. Esto, sumado al recuerdo del envase de pulidor Bao que se usaba en mi casa y en cuyo envase podía verse a unas personas sosteniendo en primer plano un pote de pulidor Bao en el cual podía verse a un grupo de personas sosteniendo en primer plano un pote de pulidor Bao, fueron dos hechos reveladores que se mezclaron en mí, vaya a saber de que forma. Tiempo e infinito, dos vagas nociones infantiles que con el paso del tiempo terminarían transformándose en cosa seria, o al menos interesante.
Como quiera que sea, la frontera con el Brasil me embelesó desde pequeño. Y no fue solamente por el asunto del tiempo y por oír a mi lado a personas hablando otro idioma, fueron también la vestimenta y sus colores, las comidas y sus olores los que contribuyeron a ese embelesamiento que comenzó en la infancia, y que ha continuado creciendo hasta el día de hoy.

Parte IV - O meu Brasil brasileiro

Si esa reducción del territorio uruguayo no hubiera sucedido, las cosas serían diferentes. Además de vivir en un paisito más grande, la frontera con Brasil estaría mucho más lejana del sitio en el cual nací y me crié.
Quizá no hubiera hecho entonces, siendo como era un niño pequeño, tan largo viaje solamente por acompañar a mi abuela, quien de tanto en tanto me llevaba de paseo en sus por entonces, asiduos viajes a la frontera. Y finalmente, mi embelezamiento por el Brasil quizá no hubiera existido, y tal vez no disfrutaría de tantas canciones brasileñas como sucede en el presente.
Quizá artistas y bandas como Chico Buarque, Os Titãs, Paralamas do Sucesso, Gabriel o Pensador, Legião Urbana, Caetano Veloso y otros tantos, no engalanarían mi colección de Cds. No me habría copado con canciones como "Você não me ensinou a te esquecer" de Caetano, "Imaginou" de Arnaldo Antunes, "Faroeste Caboclo" da Legião, "Construção/Deus lhe pague" de Chico, "Cachimbo da Paz" de Gabriel o "Lança perfume" de Rita Lee entre tantos cientos de excelentes canciones cantadas en portugués.
Otra causa que terminó aumentando mi simpatía hacia el país norteño, fue el conocimiento, bastante tardío por cierto, de que mi abuelo era Brasileño. Teniendo ya veintipico de años, y viviendo en la zona sur del Uruguay, una prima me contó que nuestro abuelo había nacido del otro lado de la frontera, y que además, sus padres habían nacido también en Brasil.

PARTE V - Eso tan pero tan grande

Era brasileño mi abuelo, y mi abuela nieta de indígenas venidos al Uruguay desde Paraguay, y quien sabe si no descendiente de aquello indios charrúas corridos de su propia tierra.
Siendo jóvenes se conocieron en la frontera, supongo que en uno de esos viajes que mi abuela doña María realizaba periódicamente, y más tarde se fueron juntos a vivir cien kilómetros hacia el sur.
Entonces, si la frontera nunca se hubiese modificado, los antepasados de mi abuela no hubieran emigrado al Paraguay, y la nacionalidad de mi abuelo sería "Oriental", es decir, uruguayo. Y quien sabe, quizá jamás se habrían visto y yo no estaría escribiendo esto.
Así que... ¿debería llegar a la conclusión de que tal corrimiento de fronteras efectivamente influyó y determinó mis gustos musicales?
O es que la Música, ese idioma universal que puede unir personas de diferentes países y culturas como nada en el mundo, es algo tan pero tan grande... ¡que nada hubiera cambiado mis gustos musicales!


Empleado del Señor (una historia sórdida y real)

Mi nombre no importa. Basta con decir que soy empleado del Señor. Empleado del Sr. Manuel, propietario de una carnicería en la cual trabajo desde hace un par de años.
El confió en mí y en mis aptitudes, ya que soy Médico especializado en medicina forense, carrera que me llevó nueve años finalizar, aunque no ejerzo.
Si bien llegué a considerar seriamente la idea de ejercer, la prostitución, porque sé que hay ahí dinero seguro, el tiempo pasó y no me decidí. Ahora con 38 pirulos creo que ya es algo tarde.
Cuando mi mujer se enteró de que esa idea estuvo rondando por mi cabeza desde antes de casarnos, puso el grito en el cielo. Me preguntó por qué no lo hice.
Le respondí que si bien el tamaño de mi "sin hueso" era imponente, me parecía un poco antihigiénico usarla con cualquier desconocida.
Ella me respondió que tenía razón pero que eso no me impedía ganar algún dinerillo, pues lo único que tenía que hacer era bajarme los pantalones, agacharme, y quedarme quietito dándole la espalda a cualquier desconocido.
Indignado y levantando mucho la voz le retruqué que para puto yo no servía. Que ya había probado fresco, mamado y drogado pero que ninguna de las tres veces me gustó.
Su grito alcanzó entonces el cinturón de asteroides entre Marte y Júpiter. Hecha una furia me echó el vale cuatro diciéndome que tampoco le gustaba la pocilga de mierda en la que vivimos y sin embargo ahí estaba todos los días.
Todos los días nos gritamos. Nos gritamos para podernos oír. Porque vivimos en pleno centro, entre una sala de maquinitas y un boliche de Salsa.
Salsa para vivir, salsa para ser feliz dice una canción del grupo argentino Los Twist.
Bailando un twist de Chubby Checker nos conocimos en un baile de disfraces. Ella llevaba un gracioso disfraz de bruja y yo uno de Rock Star.
A mí me sedujo ver como montaba su escoba y a ella mi lengua a la Gene Simmons. Y no era de utilería.
Es que cuando niño mis padres me llevaron a consultar porque hablaba con un poco de acento frrancés, arrrastrando demasiado la letra errre. Y la doctora creyó que cortando mi frenulum linguae arrreglaría el inconveniente.
Luego el problema fue otro, aunque cuando a los doce años conocí a Kiss ya no me sentí tan solo, y unos años más tarde ya no volví a estar solo jamás.
Jamás pensé que el disfraz de mi mujer era en verdad su atuendo de todos los días, y que su escoba volara de verdad. Claro que ella tampoco imaginó que mi ropa de cuero y tachas y mi cara pintada como la de un murguista fuera lo que usaba a diario.
A diario me solicitaba que utilizara en ella mi "sin hueso" porque aseguraba que la hacía volar más que su escoba, que últimamente estaba perdiendo las pajas.
De las pajas no voy a hablar porque considero que es algo muy íntimo.
Pero si de confesiones se trata he de hacer la mía.
Una tarde corté varias de las cuerdas que unían las pajas de la escoba de mi mujer, y cuando esa noche se fue a una reunión con sus amigas y colegas de la infancia, cayó al suelo desde inestimable altura, esparciéndose sus vísceras por varios metros a la redonda.
Cuando llegó el momento de realizar el reconocimiento de su despedazado cadáver, no tuve problema alguno. Me limité a mirar a mi colega y asentir con la cabeza.
Su nombre era Alicia Blair. Su nombre de bruja claro, no el real.
El mío no importa. Basta con decir que soy empleado del Señor.-



Mi detector de mordacidades

Soy una persona que a menudo utiliza la ironía para expresarse, pero debo aclarar que lo hago en algunas de las cosas que escribo.
En la vida real solo la utilizo con gente conocida o amiga, y entre bromas, ya que es una herramienta que pude llegar ya no solo a molestar, sino que puede herir a las personas.
Y como soy bastante consciente de que existe gente que utiliza el cruel sarcasmo en forma diaria, casi siempre tengo encendido mi detector de mordacidades.
Sobre todo cuando se trata de algún elogio que pueda recibir, y de los que la mayor parte de las veces descreo, porque además, y dicho sea de paso, soy bastante desconfiado.
Sin ir más lejos, el otro día me comuniqué telefónicamente con el mandamás de una Editorial a la cual había enviado mi trabajo de ocho años.
El jefazo, con un altisonante parloteo intelectualoide que no llegué a comprender del todo me dijo, entre otras mil palabras que no recuerdo, que me encontraba a la vanguardia de los escritores actuales, que mi trabajo le había resultado de lo más original, ingenioso e inteligente que había leído en los últimos tiempos, y que sería un gran honor para él y su editorial, contarme entre sus más prestigiosos literatos.
Yo solté una generosa carcajada. Luego le di las gracias. Pero más tarde, y por las dudas, lo mandé a la puta madre que lo parió.
Acto seguido en la línea se escuchó un tuuuuuuu, el cual atribuí a lo pésimo de las líneas telefónicas.-


Poemas de Amor

Como muchas personas en el mundo entero, solía pensar en el Mar como alguien cercano a mí, depositario de mis sueños y frustraciones.
Inspirador de incontables poemas escritos o declamados por poetas de todos los tiempos y de todas las tierras, el Mar, con sus misterios, nos llama, nos reclama para sí, porque de él venimos, según la teoría de la evolución.
Acaso por sus reclamos, hacia él se fueron cientos de vidas humanas y una cantidad desconocida de otros animales cuando el Tsunami del año pasado.
Podría decirse entonces, que todos volvieron al Origen.
Yo, que me salvé de morir, porque unas horas antes y en contra de mi voluntad tuve que viajar a El Cairo por razones de trabajo, te digo mi tan dolorosamente querido mar, que ya no te encuentro tan misterioso y cercano. Y ciertamente ya no serás para mí, inspirador de Poemas de Amor.-
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