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Hablemos de Leopoldo Marechal


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yadespiertatenena
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Registrado: 09 Ago 2008
Mensajes: 173

MensajePublicado: Mar Sep 09, 2008 20:52    Asunto: Responder citando

Adán Buenosayres es uno de los mejores libros que leí en mi vida.
Hace poco publiqué en el foro de obras un tema sobre esta novela en particular.
Saludos.
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Dante
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Registrado: 19 Nov 2003
Mensajes: 1118
Ubicación: Zona Cero

MensajePublicado: Vie Oct 03, 2008 06:54    Asunto: Responder citando

Una piedra angular de la literatura Argentina. El que no haya pasado por el aro de Marechal, aún tiene mucho que leer.
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Agustín Javier
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Registrado: 26 Dic 2005
Mensajes: 1354

MensajePublicado: Dom May 10, 2009 11:58    Asunto: Responder citando

DEL ÁRBOL

Hay en la casa un Árbol
que no planto la madre ni riegan los abuelos:
solo es visible al niño, al poeta y al perro.

Su primavera no es la que fundan las rosas:
no es la vaca encendida ni el huevo de paloma.
Su otono no es el tiempo que trae desde el mar
caballos irascibles, por tierras de azafran.
Al Árbol suben otras primaveras e inviernos:
el enigma es del niño, del poeta y del perro.

Cuando la primavera sube al Árbol-sin-nombre,
vestidos de cordura florecen los varones;
y Amor, en pie de guerra, se desliza
de pronto a la sabrosa soledad de las hijas.
Entonces el sabor de algún cielo perdido
desciende con el llanto de los recien nacidos.
Pero cuando el invierno lo desnuda y oprime,
sobre los techos llueven sus hojas invisibles,
y, horizontal, cruza las altas puertas
alguien que por el cielo desaprendio la tierra.

Hay en la casa un Árbol que los grandes no vieron:
el enigma es del niño, del poeta y del perro.
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Sol
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Registrado: 26 Dic 2001
Mensajes: 3958
Ubicación: Argentina

MensajePublicado: Lun Oct 12, 2009 12:12    Asunto: Responder citando

II. Didática de la Alegría. Fragmentos.

3

Desertarás primero la Tristeza,
Con su país de soles indecisos
Y de rumiantes vacas.
La Tristeza es el juego más tramposo del diablo:
Tiene las presunciones de una Musa frutal,
y sólo es un pañuelo con que se suena el alma
su nariz en resfrío.
Elbiamor, ¿qué dirías de una lámpara hermosa,
pero sin luz adentro?
Tal es, yo te lo juro, la Tristeza:
es igual a esos platos de vitrina
que nunca recibieron y no recibirán
ni una manzana verde ni un cuchillo.

4

Si la Tristeza es ya tu inquilina morosa,
Échala de tu casa, pero sin altivez.
Le dirás que se lleve su catre y su baúl,
Que se ponga su gorro de astracán o de lluvia
Y que se vaya, en fin, a pisar hojas muertas
O a tocar los llorosos violines del hastío.

.........................................................................

7

Bueno es ahora que te diga yo
cual ha de ser la esencia de un Alegre perfecto.
No entiendas, Elbiamor, que un Alegre lo es
porque la risa brota sin partera en sus labios
o porque sus talones en frescura
son dos rojos ovillos de la danza.
Baile, canción o risa traducen a menudo
la sola complacencia de un hígado triunfante.
No desdeñes, empero, la humildad de esas flores,
Porque lucir un hígado armonioso
también es un regalo de la Bondad Primera.


8

Según mi ciencia, es un Alegre puro
quien se atrevió a reír
después de haber mirado en equidad
el semblante primero de la Rosa.
¡Que un hombre así merezca tu saludo!
Porque ya es el espejo de una flor sin otoño.

.........................................................................

19

Deja la soledad para el uso exclusivo
de los poetas devastados
y los filósofos en ruinas.
«¡Estoy solo y medito!», se gallardea el búho,
muy arropado en su lujosa noche.
Pero el cóndor sereno de los Andes,
erguido en su montaña y al sol de mediodía,
reflexiona en silencio: «La soledad no existe».
Y es verdad, Elbiamor, que ninguno está solo.

.........................................................................

22

Tomo un pedazo de pan duro,
lo remojo en el agua
y lo doy a los pájaros de arriba.
Come un gorrión el pan y luego tiende
sus alas al espacio:
Elbiamor, el pan duro se ha convertido en vuelo.
Se nutre de mi pan una calandria
Y en seguida retoma su profesión del trino:
Elbiamor, el pan duro se ha transformado en música.
No es bueno destruir el pan duro del alma:
vale más remojarlo y transmutarlo
ya en altura de vuelo ya en canción.

.........................................................................

29

Elbiamor, que te vean siempre igual a ti misma,
ya toques las alturas, ya recorras el suelo.
Ni se rebaja el pan en la mesa del pobre
ni se sublima en el mantel del rico.
Sé como el pan, y la Justicia
Dirá tu elogio en su balanza.


Leopoldo Marechal

http://www.poesi.as/lm66010b.htm
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Exidor
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Registrado: 26 Nov 1999
Mensajes: 14437
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MensajePublicado: Sab Oct 22, 2011 11:11    Asunto: Responder citando

Sábado, 22 de octubre de 2011

TEATRO › MALENA MARECHAL Y RUEDA ADAN EN BUENOSAYRES CON SUS AZULES TAPAS

“Mi padre proyectaba nuestra identidad al ámbito universal”

La directora y dramaturga, hija de Leopoldo, montó una versión teatral del clásico Adán Buenosayres. Hasta se animó a agregarle un personaje, Tyché, mujer inventada por la autora para crearle un alter ego femenino al héroe de la epopeya.

Por Cristian Vitale

“Mediocre... jamás.” Malena Marechal alza la mirada y sus ojos claros, algo grandes, se clavan en el techo. Por el ventanal del departamento de Congreso entra un solazo, de esos que calman la angustia, y quiebra sus rayos dorados en libros de Esopo, Platón y Saramago. Ella hace silencio, toma un mate, prende un cigarro, vuelve los ojos y sentencia: “Yo crecí con ese mandato”. Tenía casi 20 años cuando le dijo a su padre, el imprescindible Leopoldo, que iba a ingresar en la Escuela Nacional de Arte Dramático y esa fue la devolución paterna: “Mediocre... jamás”. “También me regaló un libro con las obras de Chéjov, impreso en Moscú pero escrito en castellano. Por un lado apoyó y por otro me puso un límite férreo”, evoca.

–Mensaje contradictorio, como para empezar...

–Totalmente. Cuando me recibí, en 1971, mi idea fue dirigir y no trabajar solo como actriz. Digamos que empecé una batalla que perdí.

La batalla que perdió Malena (abreviación de María Magdalena) fue la de querer ser ella y no su padre con polleras, o algo así. Pareció ganarla cuando en ese agitado 1971 montó Blanco-espacio-humano, una versión libre de El estado de sitio, de Albert Camus. También cuando, siete años después, ideó y expuso Principio de incertidumbre, obra propia que Wladslawa Jaworska comparó con las experiencias de Tadeusz Kantor. Pero el triunfo fue parcial. “Cuando empecé como dramaturga, ni se me ocurría tomar una obra de mi padre, jamás. Me ponía muy mal cuando inevitablemente me comparaban con él, pero a 14 años de dirigir me di cuenta de que, en principio, era la hija y que jamás iba a lograr aquello que yo quería”, reflexiona. Y entonces tomó el sainete La batalla de José Luna y lo adaptó. Lo mismo hizo con la maravillosamente criolla Antígona Vélez y, más acá en el tiempo, con Autobiografía de un sátiro, el cuento marechaliano, cuyo título Malena resumió como Sátiro y estrenó en 1995 en el Centro Cultural San Martín. “No me preocupé más. Si me mencionan como lo que soy yo o como ‘hija de’ será toda la vida así”, despeja. Y se relaja.

En ese marco de identidad personal histórica hay que inscribir la nueva idea de Malena Marechal, despojada ya del peso de ser hija de un grande: tomar nada menos que el Adán Buenosayres, primera y seminal novela del “poeta depuesto”, y versionarla libremente. “De las novelas de mi padre es la que más me gusta”, se posiciona ella. Rueda Adán en Buenosayres con sus azules tapas –así se llama la obra– dura 70 minutos y ocurre cada domingo a las 20 en el teatro Corrientes Azul (Corrientes 5965). Con Miguel Paludi, encarnando a Adán, y Marisa Wiedmer, a Tyché, mujer “inventada” por Malena para crearle un alter ego femenino al héroe de la epopeya. Empieza por la muerte de Adán, contemplando su propio entierro, y prosigue con pasajes reconocibles para quien se haya sumergido en los misterios del libro: el desengaño amoroso con una de las hermanas Amundsen, el mágico encuentro con Rosas, la historia del niño Walter y su caballo Hipogrifo, que pica en la punta del Obelisco, y el mismo Adán profetizando sobre esta ciudad de hermanos y de hombres inicuos, luminosa y oscura. Realismo mágico + teatro físico, en suma. “Tomé esta obra porque la adoro, pero en realidad es mucho más teatral El banquete de Severo Arcángelo. Sería interesante hacerla alguna vez, porque la sola idea de armar un gran banquete e ir metiendo los personajes es un hermoso desafío. Esa grandilocuencia grotesca, esa diversión...”, se entusiasma.

–Pero tomó Adán... porque la adora. ¿Cuál es el nudo? ¿Qué es lo que quiere contar, centralmente?

–Quiero contar la historia de una duda remitida a cierto anecdotario con el cual Marechal expone la inquietud del poeta, la del ser como existencia perdurable, metafísica y política, porque Adán no deja nunca de manifestar sus ideas sobre nuestra identidad. Marechal tiene algo interesantísimo: proyecta las ideas sobre nuestra identidad al ámbito universal, y es ahí donde deja de ser prosaico y cobra una dimensión más grande, más amplia. A mí me interesó contar eso, el conflicto interno que tiene ese Adán que contempla el mundo con ojos que no tienen memoria, con mirada de pájaro, ‘gorrionesca’ como decía mi padre, que nos involucra en su viaje externo y en su viaje espiritual. Entiendo que fue muy difícil poner en escena su presente, su pasado y su futuro hipotético, porque hay un ensamble de tiempos, pero fui en esa dirección.

–Su física y su metafísica...

–Tal cual, o sea que fue un riesgo poner en escena una obra en la que los tránsitos son innumerables, por lo tanto los espacios tienen que ser mutables y es aquí donde, según lo que a mí me interesa del teatro –el realismo y hasta el híper realismo, pero no el naturalismo–, me pregunté: ¿cómo se hace? Me interesó como desafío y fue un interrogante grande. La pregunta estuvo en mí durante mucho tiempo, hasta que empezaron a aparecer elementos que no eran descriptivos, sino significantes. Una luz que circunscriba y vaya trasmitiendo los momentos internos de Adán como paisaje, sumados a una proyección que también sugiera los estados externos e internos del personaje, mucho más allá de lo anecdótico.

–Hubiese sido menos complejo abordar esa cosa tan popular y cotidiana que también tiene el Adán, ese personaje entrañable que recorre los barrios porteños buscando su ser, con su barra de amigos. En la cosa metafísica que le aporta Marechal está precisamente su complejidad...

–La barra, sí, esa pandilla ruidosa, muy contestaria, muy precedente en la ciudad, pero bueno, al ser otro el aspecto tomado, hubo que resolverlo muy de a poco con el equipo maravilloso que me ayudó: la escenografía y la música, que para mí es tan importante en el teatro como en la vida. Es tan sugeridora de lo que uno quiere transmitir, que siempre pensé que este Adán Buenosayres debía sonar musicalmente en varias partes de su transcurrir.

–El aporte, la licencia que usted se tomó, fue crearle al héroe un personaje femenino, que no está en la novela de su padre. ¿Cuál es su funcionalidad?

–Es un personaje simbólico que encarna el destino de Adán que, como tal, se aproxima, se aleja, le pega, lo consuela. Es un personaje puesto para dar luz a la versión teatral, es el necesario contrapunto femenino que tuve en cuenta porque la mujer era símbolo nodal para Marechal.

Malena no se crió con su padre. Cuando murió su madre (María Zoraida Barreiro) ella y su hermana María de los Angeles fueron llevadas a una escuela como pupilas, donde permanecieron mientras el escritor conocía a Elbia, su segunda compañera. María de los Angeles (hoy al frente de la Fundación Marechal) quedó allí, hasta que se recibió de maestra, y Malena se fue a vivir con su abuela materna cuando tenía 12 años. “Después, cuando cumplí 18, le golpeé la puerta a mi padre y le dije ‘soy yo, vengo a vivir con vos’ y me instalé”, recuerda. La convivencia no duró más de tres meses. “Viví un tiempo con Marechal y con Elbia, pero nunca pude tener un diálogo a solas con él, porque siempre estaba ella a su lado. A mi corta edad, y en ese momento de nuestra historia como sociedad, nunca se me ocurrió decirle ‘che, papá, por qué no vamos a tomar algo juntos’. Nunca tuve esa intimidad que tienen en general los hijos con los padres, ese diálogo profundo. Nunca lo pude tener, pero tuve una suerte a cambio: puedo leer su obra desvinculándome del hecho de que fue mi padre. Sería terrible estar leyendo y pensando ‘esto lo escribió mi papá’. Digamos que lo he conocido más leyendo su obra que personalmente.”

–¿Cómo era él?

–Era un personaje, caramba... andaba con la cabeza siempre en otro lado. Trabajaba mucho. Se levantaba tarde, tipo dos, y se encerraba en el estudio, que era sagrado. Estaba ahí escribiendo y escuchando música hasta las nueve de la noche. Tenía un misal muy grande que no sé en qué lengua estaba escrito y, según el pensamiento que lo ocupara en ese momento, ponía ciertas partes de la Biblia, del Nuevo o del Antiguo Testamento. A la noche se reintegraba, cenaba y se enchufaba con la televisión, que se había comprado de grande. La miraba hasta la madrugada.

–Un hombre casero.

–Absolutamente. Sobre todo cuando yo viví con él, estaba jubilado y su filiación política lo había recluido, o hizo que él se recluyera en su departamento de la calle Rivadavia. Lo visitaba poca gente, pocos amigos. No se hablaba mucho de él hasta que se editó El Banquete de Severo Arcángelo, en 1968. Solo Dios sabe por qué fue best seller.

–El redescubrimiento del “poeta depuesto”.

–Claro. Gente que decía “vaya, ¿vive todavía?”. Es algo que él contó cuando fue jurado en la Casa de las Américas, en Cuba. Aterrizó en el Hotel Nacional con otros colegas y muchos lo miraban como diciendo “caramba, yo pensaba que no vivía más...” Eso por el silencio que se generó a su alrededor.

–De ese viaje a Cuba él sacó un artículo muy interesante, La isla de Fidel, cuyo alegato sobre la tolerancia religiosa que se vivía en Cuba, y que era negada por muchos, coincide con parte del ideario del cristianismo revolucionario de la época.

–Sí, lo tengo entre mis escritos más queridos.

–Cuando usted se va a vivir con él, seguramente estaba escribiendo Megafón o la guerra, su tercera novela, en la que muestra un gran acercamiento con los jóvenes. Pese a sus casi 70 años toma referencias de Los Beatles, los hippies, los happenings. ¿Cómo le tocaba a usted esta situación, siendo una joven de 20 años?

–Pasa que, como todo artista en el verdadero sentido de la palabra, Marechal tenía algo de visionario. Interpretaba la realidad desde un universo muy amplio y creo que esa amplitud le permitía no sólo comprender sino a la vez nutrirse de lo que estaba ocurriendo. Como dije, yo viví un tiempo con él y no pude tener un diálogo a solas, pero era muy visitado por los jóvenes, e incluso más por ellos que por gente contemporánea a él. Esa proximidad le dio un entendimiento muy grande de lo que estaba pasando con los pibes, sumado a sus propias características individuales, claro. Era un hombre con una gran curiosidad.

–Y un tacto inclusivo, que ya mostraba en el Adán, donde, siendo él un cristiano confeso, trata con mucha ternura al sociólogo ateo, al astrólogo, al criollista o al que no cree en la existencia del alma. Es una clave para entenderlo...

–Sus ironías tiernas, sí. Es extraordinario cuando dice “yo puedo encontrar a Dios delante de un tótem o debajo de un árbol”. Lo que pasa es que él era cristiano, no católico, y fue un gran lector de los clásicos, de los místicos. El mismo Cristo está en cada uno, no era necesario construir iglesias...

–Su padre fue casi el único intelectual de primera línea que adhirió al movimiento peronista en su origen. Es una marca, un icono muy fuerte que, se intuye, usted debe llevar en su mochila espiritual e ideológica.

–Es muy fuerte que haya tenido el carnet número 46 de afiliado al peronismo. Siempre cuenta que el 17 de octubre de 1945 salió a la calle y, cuando vio a la gente, adhirió totalmente. El siempre hablaba del caso de su abuelo paterno, que había muerto muy joven por la falta de leyes sociales. Era obrero de una fábrica, tuvo una gripe, lo obligaron a integrarse al trabajo antes de estar curado y murió de una neumonía. Siempre hablaba de esas cosas que fueron forjando su filiación política.

–¿Y usted?

–Fui peronista durante mucho tiempo, hasta Menem, pero no puedo, hasta el día de hoy, dejar de conmoverme cuando aparece Evita en algún lugar. Es un ser que me mueve y conmueve profundamente. Y volví a adherir ahora. Hay una resignificación. A veces me pregunto qué hubiese pasado si mi padre hubiese estado vivo. Creo que hubiese estado firme, como siempre, pero con una postura fuertemente crítica hacia expresiones que desnaturalizaron al movimiento. Ahora, ¿quién se puede negar a la justicia social y a la soberanía nacional? Yo no puedo.

http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/espectaculos/10-23273-2011-10-22.html
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leo..poco
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MensajePublicado: Lun Ene 13, 2014 16:48    Asunto: Responder citando

EL BANQUETE DE LEOPOLDO MARECHAL

En el mes de octubre se realizó en la ciudad de Jena el encuentro internacional más importante que se haya efectuado hasta el momento sobre la obra de Leopoldo Marechal. No es algo casual, ya que su literatura, y en especial el Adán Buenosayres, viene siendo objeto de una creciente revalorización. Pero además del rescate de obras inéditas o manuscritos que se creían perdidos, resta mucha tarea por hacer. Su hija María de los Angeles Marechal, que además preside la fundación que lleva el nombre de su padre, llama la atención sobre materiales en peligro y la existencia de textos que podrían haber sido alterados con correcciones y agregados póstumos. Moderno y revisitado, Marechal plantea nuevos desafíos a especialistas y lectores.

Por María Rosa Lojo

Leopoldo Marechal es desde hace tiempo un clásico hispanoamericano y un escritor argentino universal. Se lo sigue leyendo, se lo sigue estudiando más allá de nuestro país como un renovador. Es más: como el fundador de la literatura argentina moderna. Ese precisamente fue el tema del más reciente y tal vez más importante encuentro académico internacional que tuvo lugar en octubre de este año, realizado hasta ahora sobre el autor de Adán Buenosayres.

La cita fue en Jena: una bella ciudad rodeada de montañas, en el corazón de la Alemania del Romanticismo. La Universidad Friedrich Schiller ofició de anfitriona, con la infatigable organizadora de este evento: Claudia Hammerschmidt, catedrática de la casa, especialista en literatura latinoamericana y autora, en su momento, de una tesis sobre Marechal.

Los invitados llegaron desde diversos puntos, aunque los de Argentina, como era casi lógico, fuimos mayoría (Ana María Zubieta, Graciela Maturo, Adriana Mancini, Ester Andradi, Marta Nesta, Jorge Monteleone, Enrique Foffani, Raquel Maciucci, Fernanda Bravo Herrera, Mariela Blanco y quien esto firma). Pero no faltó la representación de otros países donde también la obra de este gran escritor es conocida: España (Javier de Navascués), Italia (Marisa Martínez Pérsico), Canadá (Norman Cheadle), Cuba (Ernesto Sierra), México (Rose Corral), Alemania (la misma Hammerschmidt, Ulrike Kröpfl, Andrea Pagni, Jorge Locane, Carolin Voigt). Claudio Ongaro Haeltermann (Universidad de Firenze) y Marián Semilla Durán (Universidad de Lyon) estuvieron ausentes por razones de fuerza mayor. Más que invitada, alma mater, María de los Angeles Marechal, presidenta de la Fundación Leopoldo Marechal y principal custodia del legado de su padre, fue una presencia clave. Junto a la Fundación Marechal, apoyaron el coloquio convocado por Hammerschmidt la Deutsche Forschungsgemeinschaft, la Ernst-Abbe-Stiftung y la Embajada de la República Argentina.

Si algo quedó en evidencia desde el principio, con solo leer el programa, fue la versatilidad del escritor abordado, en su calidad de poeta, novelista, ensayista y dramaturgo, así como la pluralidad de los enfoques de sus críticos. Adán Buenosayres (1948), no obstante, siguió siendo el texto más citado y frecuentado, como hito de la novelística latinoamericana. Las distintas voces convocadas adujeron numerosas buenas razones: despliega en clave narrativa el programa de la vanguardia y a la vez lo interpela desde adentro; cuestiona el canon nacional reciclando los estereotipos populares y poniendo en valor la cultura plebeya, deconstruye las dicotomías tradicionales y anticipa la nueva novela de Latinoamérica e incluso la novela postmoderna; utiliza la parodia como eje revolucionario de otra visión del mundo y la literatura; propone la nación argentina misma como una gran metáfora vanguardista, creadora de identidades nuevas con los elementos dispares y distantes provenientes de una inmigración ecuménica.

Uno de los aportes destacables del coloquio fue sin duda la atención prestada a una figura no menos inspiradora que la de Macedonio Fernández para la generación de la revista Martín Fierro. Se trata del multifacético artista Xul Solar (su verdadero nombre era Alejandro Schulz Solari), que se trasluce en un personaje clave del Adán: el astrólogo Schulze, demiurgo de Cacodelphia. Pintor y visionario, Xul es objeto de estudios cada vez más diferenciados a partir de los años ’80 del siglo XX. La ponencia de Andrea Pagni recordó su intensa circulación entre los martinfierristas, así como su peculiar “política de la lengua” y la invención del idioma “neocriollo” que Marechal recoge en su novela. Los múltiples vasos comunicantes entre el ideario de Xul Solar y el Adán Buenosayres permiten pensar –añado– que en esta “novela total” se realiza de alguna manera la panlingua soñada por Xul. Lejos de escribir su epitafio, la novela rescataría, antes bien, el legado más radical del grupo Martín Fierro, apuntó Pagni en sus conclusiones.

Otra singularidad estética del Adán fue puesta de relieve en el trabajo del canadiense Norman Cheadle sobre su teoría y práctica de la imagen, omnipresente y avasallante en todo el texto. Una “guerra de imágenes” (en lucha por la “identidad argentina”) es lo que se desata en el arrabal de Saavedra, donde arquetipos a veces caricaturescos se proyectan contra la noche como figuras de un teatro de sombras o de cartoon. Entre la iconofilia y la iconoclastia (formas acaso complementarias de la misma idolatría, del mismo deslumbramiento), Adán, el poeta, libra su batalla personal contra el tiempo para salvar su amor de la caducidad.

EL MENU DE JENA

Aunque el Adán fue el “plato principal” en el banquete de Jena, no faltaron alternativas. Antígona Vélez, soslayada en la enumeración de las Antígonas hecha por Steiner, fue el objeto de los trabajos de Adriana Mancini (la estética de la muerte que redime el horror en la belleza) y de Ester Andradi (la lectura de la construcción histórica nacional como negación absoluta del otro). Los estudios de Enrique Foffani y Jorge Monteleone abordaron especialmente la poesía, en un recorrido integrador y exhaustivo. Foffani recuperó la primera obra poética: Los aguiluchos, marcando la continuidad de modernismo y vanguardia y la importancia de la alegoría cristiana, trabajada por Baudelaire, en el autor argentino. Monteleone dibujó su tránsito de la vanguardia al arquetipo, colocando la metáfora sorprendente en el lugar de una tradición ahistórica.

El detallado análisis de Rose Corral se centró en el mapa de la vanguardia y sus revistas y la particular posición de Marechal dentro de él. Raquel Maciucci habló de la “biblioteca española” del autor, menos citada, por lo general, que otras fuentes.

Los investigadores más jóvenes presentaron trabajos en proceso. Mariela Blanco abordó la cuestión del nacionalismo como tensión planteada entre Borges y Marechal en los años posteriores a la militancia vanguardista de ambos. Fue entonces cuando la mexicana Corral aludió a las memorias y el epistolario de Alfonso Reyes, donde Borges aparece, insólitamente, como un nacionalista encendido que provoca en Reyes (embajador de su país en Buenos Aires) cierta incomodidad. Borges (remató Corral) se propondría negar y eludir este pasado de fervores patrióticos en su obra ulterior. Jorge Locane marcó paralelismos entre una “novela total” contemporánea: Los detectives salvajes, de Roberto Bolaño, y el Adán. Y Marisa Martínez Pérsico se refirió a una obra inédita de teatro: Polifemo, precedida de una extensa consideración sobre los “bestiarios”.

El banquete de Severo Arcángelo, fascinante enigma alquímico-policial, fue objeto de la indagación de Marta Nesta (Foro de Pensamiento Latinoamericano). Y Graciela Maturo dedicó su conferencia plenaria al análisis de Megafón o la guerra. En ella se explayó sobre las claves hermenéuticas de lectura, desde las mítico-religiosas hasta las políticas. Como broche final, se proyectó el documental Marechal, o la batalla de los ángeles, de Gustavo Fontán, al que las dramatizaciones de obras de Marechal y el testimonio de sus dos hijas, María de los Angeles y Malena, agregan un particular valor estético y emotivo.

De manera informal, pero elocuente, se presentó también Valoración múltiple: Leopoldo Marechal (2011), una antología internacional al cuidado de Ernesto Sierra, editada por Casa de las Américas, de La Habana, que reúne un vasto panorama de opiniones de escritores y fragmentos de estudios críticos sobre el autor.






LOS REGRESOS Y LOS INEDITOS

Adán Buenosayres fue revisitado además por otros motivos. En la mesa de apertura Javier de Navascués se refirió a su nueva edición de la novela, que acaba de lanzarse en la Colección EALA (Ediciones Académicas de Literatura Argentina), siglos XIX y XX, de Corregidor, dirigida por mí y co-dirigida por Jorge Bracamonte. Se trata de la primera edición crítico-genética de esta obra publicada en la Argentina, y cuenta ahora con una base de pre-textos y manuscritos originales (casi la totalidad) que no estuvo disponible para las ediciones anteriores. Entre otros problemas propios de esta labor, Navascués abordó el de las notas al pie, dadas las casi innumerables correcciones establecidas por un autor minucioso al extremo. ¿Sería realmente necesario marcar todos esos cambios? El editor optó por una selección de lo que le pareció verdaderamente significativo. Aun así, la obra, precedida de un fundamental estudio preliminar, incluye más de cuatrocientas notas, entre las léxicas y generales, y aquellas específicas sobre el proceso genético.

Por otra parte, Norman Cheadle anunció que su traducción del Adán al inglés canadiense, ya concluida, será pronto publicada por la Universidad McGill. En la mesa inaugural, al lado de Navascués, se refirió a los desafíos particulares de la difícil tarea y deleitó al público con la lectura y la explicación de largos pasajes. Esta versión inglesa se suma a la traducción italiana publicada en 2010 por la editorial Vallecchi, de Firenze; ambas fueron financiadas por el Programa Sur, creado por la Dirección de Asuntos Culturales de la Cancillería Argentina con motivo de la presencia argentina en la Feria del Libro de Frankfurt como país invitado de honor, y que hoy continúa como política de Estado.

Alijerandro, una obra de teatro de Marechal nunca publicada antes, compuesta presumiblemente entre 1950 y 1955, se presentó en el mismo coloquio, como “cierre estelar” de la mesa de balance que tuvo lugar en la Embajada Argentina en Berlín el último día. La presentación estuvo a cargo de su editor, Javier de Navascués, y el público pudo admirar la edición artesanal para bibliófilos, de apenas cien ejemplares, realizada por la madrileña editorial Del Centro. Alijerandro (etimológicamente, el hombre alado, o volador), cuya capacidad efectiva de vuelo nunca se prueba, es un personaje idealista que intenta conciliar clases sociales, ideologías en pugna, bandos políticos y actitudes vitales enfrentadas. Ni demasiado astuto ni demasiado eficaz, no tiene éxito en sus propósitos pese a sus buenos deseos. La parodia y la sátira ejercida por los clowns Barrantes y Barroso contrapesan sus pretensiones didácticas y algunos hechos trágicos le demuestran su fracaso. No obstante, conoce por fin la plenitud del amor terrenal en Corina y se hace cargo de la finitud y de la muerte sin abandonar la esperanza trascendente.

Pero Alijerandro es solo la punta del iceberg en un territorio inexplorado. María de los Angeles Marechal comentó la existencia de varias obras dramáticas nunca dadas a conocer en el archivo que las hijas y herederas del escritor lograron recuperar en 2008, después de una ardua lucha: Estudio en Cíclope (que el autor decidiría llamar Polifemo), El arquitecto del honor, El Mesías, Muerte y epitafio de Belona (que podría considerarse un apéndice del Adán), Don Alas o la virtud, Un destino para Salomé, La mona de oro, Gregoria Funes y Tu vida en la balanza (estas dos últimas incompletas).

Se han recobrado asimismo los manuscritos y pretextos de sus otras dos novelas, lo cual permitiría realizar, como se ha hecho en el caso del Adán Buenosayres, nuevas ediciones de índole crítica y crítico-genética iluminadoras del proceso creativo, siempre intrincado y complejo en el caso marechaliano. También algunas conferencias completas e incompletas. Lamentablemente, no todas son buenas noticias en este rubro.

TEXTOS CAUTIVOS & ALTERACIONES VARIAS

En efecto, parte del material inédito, textual y pretextual, según declaró María de los Angeles Marechal, se halla hoy, junto con lo que resta de la biblioteca del autor, en una sala de la Universidad Nacional de Rosario (Facultad de Filosofía y Letras), aún sin catalogar y en situación de riesgo.

La investigadora Marisa Martínez Pérsico publicó este año un extenso estudio en la revista Cartaphilus, cuyo título habla por sí mismo: “Biblioclastia por incuria: la biblioteca personal de Leopoldo Marechal en Rosario”. La “biblioclastia por incuria”, define, siguiendo a Umberto Eco, no es sino el abandono y el olvido al que son sometidos algunos textos, en este caso, los libros y los manuscritos que fueron objeto de una donación realizada años después de la muerte de Marechal y no autorizada por sus hijas. Las fotos del material, exhibidas en el coloquio por María de los Angeles, también se expresaron por sí mismas con elocuencia suficiente. Durante su última visita en 2012 –señaló–, después de sortear múltiples impedimentos burocráticos, las condiciones de conservación no habían mejorado.

En el caso de los libros, por lo que parece, no son todos los que están, ni están todos los que son. Algunos, muy posteriores al año de su muerte, no pudieron pertenecer al escritor. Ni siquiera es verosímil que, de haber vivido, este los hubiera adquirido o guardado, como ocurre con La antidieta (1978), o con una biografía del ex presidente argentino Carlos Menem. Por otra parte, otros títulos brillan por su ausencia. Faltan los textos vanguardistas de Borges, Güiraldes, Girondo. No hay nada de Cortázar, admirador de primerísima hora del Adán Buenosayres y con quien Marechal mantuvo correspondencia. Tanto Martínez Pérsico como Horacio Zabala, en su folleto pionero El expolio del legado de un escritor argentino, destacan las excedencias y las faltas.

Por otra parte, dentro de cinco cajas sin inventariar, se acumulan, al decir de los investigadores, manuscritos, fotos y cartas todavía por descubrir y describir. Martínez Pérsico llegó a realizar un estudio de sesenta y dos fichas ológrafas, que constituyen materiales pre-textuales de Adán Buenosayres. Se trata de una colección de refranes, proverbios y lugares comunes del folklore oral que se resignificarían luego en la novela con originalidad poderosa.

Un tema no menos delicado, que también surgió en el contexto del coloquio, atañe a las alteraciones realizadas después del fallecimiento del autor en los manuscritos conservados; esto había sido marcado por los filólogos que trabajaron con los originales de Adán Buenosayres. Pero las modificaciones podrían haber afectado incluso a su última novela, Megafón o la guerra, publicada en forma póstuma, según adujo en su ponencia la investigadora alemana Ulrike Kröpfl. Ha sido posible ya comprobar en parte una hipótesis temprana de la misma Kröpfl: que el final de la novela fue en efecto intervenido con añadidos que no están en los manuscritos pasados en limpio. Como se sabe, la novela se publicó en forma póstuma y no fue su autor quien revisó sus segundas pruebas.

En el caso de Alijerandro, Javier de Navascués destacó en su edición crítica las correcciones efectuadas sobre los manuscritos por una mano claramente ajena a la caligrafía del escritor, que someten la obra a una “operación desmarechalizadora”. Así, el nombre del protagonista se convierte en Cristóbal, el título se reemplaza por “Los mecanismos del vuelo”. Y se realizan otras alteraciones que “actualizan” la época probable en que la obra fue compuesta, como reemplazar tranvías (que dejaron de funcionar en 1963) por colectivos, o suprimir el anticuado “quemador de magnesio” cuando se refiere a la cámara de fotos.

Aun en el caso de los libros depositados en la Universidad de Rosario, los investigadores señalan tachaduras, marcas y sobreescrituras discordantes con respecto al sistema de lectura que podría identificarse como propio del autor.

El coloquio de Jena de 2013 se recordará sin duda como un hito en los estudios sobre Leopoldo Marechal: resumen de lo hecho hasta hoy y comienzo de una nueva etapa en la difusión internacional del autor argentino.

Después de este encuentro queda sobre el tapete una verdadera agenda de trabajo y de asignaturas pendientes para los estudios marechalianos, entre ellas, las más elementales: bregar por la conservación, en las condiciones adecuadas, de su biblioteca personal; lograr los recursos para catalogar el frondoso archivo inédito, tanto el que se halla bajo custodia de la Fundación que lleva su nombre, como del que se aún se encuentra en Rosario, y que las herederas de Marechal reclaman para su preservación e inventario.

A partir del cumplimiento de esta agenda, se podrá proceder a la edición de los inéditos desconocidos, al establecimiento riguroso de autoría en el caso de obras publicadas bajo otro nombre (y que se presume podrían ser de Marechal) y al estudio exhaustivo de todos los manuscritos para determinar, sin que haya lugar a dudas, las posibles manipulaciones de los mismos; también se enriquecerá el mapa de los originales, los bocetos, los pretextos que podrán utilizarse en ediciones más complejas y refinadas de los textos que ya se publicaron.

Marechal, el moderno, sigue dando sorpresas, y su obra, lejos de estar cerrada, se abre desde archivos todavía secretos que tienen algo de baúl de tesoro y de caja mágica, a la espera de sus descubridores.

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Fuente: http://www.pagina12.com.ar/imprimir/diario/suplementos/libros/10-5205-2013-12-29.html
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