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El Aleph, de Jorge Luis Borges


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valeria rios
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Registrado: 30 Dic 2008
Mensajes: 51
Ubicación: Buenos Aires

MensajePublicado: Sab Ene 17, 2009 02:51    Asunto: Responder citando

"El inmortal" y la eternidad en Borges

Hay en la ficción un indagar filosófico a la inmortalidad. Pero este inmortal no lo es tal porque logra morir. El relato se plantea así: Cartaphilus ofrece a la princesa una edición de la Ilíada traducida por Pope y deja en sus últimas páginas su manuscrito, en el que recuerda varias vidas anteriores. Presenta al comienzo una serie de anacronismos e incongruencias que se aclaran al final y el cuento recupera esa incoherencia esencial como ocurre en los cuentos de Borges. Cartaphilus bebe "del río secreto que purifica de la muerte a los hombres"; inmortalizado, lograr entrar en la Ciudad de los Inmortales".

Pero entonces es ahora todos los hombres hasta que logra tomar del río que borra la inmortalidad y muere. Así que este inmortal tiene solo una experiencia de inmortalidad. Esos dos ríos son dos polos opuestos que marcan el espacio del personaje. Parte de una aventura metafísica de inmortalidad, desde uno de ellos, para llegar al mundo de los hombres, que es su propio mundo, desde el otro río.

Esto nos recuerda a la mitología griega, donde se ubica en las puertas del Hades dos fuentes de las cuales debían beber los condenados: la fuente del olvido Lethe y la de la memoria Mnemosyne correspondientes a las divinidades Letheo y Mnemosyne, el olvido y la memoria. De ahí surgen los términos aletheia: el no olvido, la verdad desnuda, lo que no está oculto, letheia: lo oculto. El que recuerda constantemente está dominado por Mnemosyne y el que olvida está dominado por Letheia.

Cuando hablamos de aletheia, no olvido, memoria, hablamos también de la verdad desnuda, metáfora esta última que se suma con la razón esclarecedora, y no depende de ninguna revelación sobrenatural. La verdad es pues, A–letheia. Por lo tanto, "lograr la verdad de algo es lograr la desnudez, alcanzar la transparencia, desgarrar el velo de la ilusión, del engaño, profanar un misterio. Hay quienes buscan la desnudez de la verdad. "Espíritus religiosos como el de San Agustín, habían afirmado que hay una verdad en el corazón humano, buena o mala, pero que está desnuda ante los ojos de Dios. Surge entonces la pregunta: ¿el hombre puede y lo que es más grave, debe alcanzarla? (Mario A. Silva García. Semanario "Jaque", 24/6/87).

Tenemos entonces que lo opuesto a la memoria, al no olvido, a la aletheia, a la verdad desnuda es el silencio, las tinieblas y el olvido. Y por ahí transitará el personaje del relato cuando logre la inmortalidad: silencio, tinieblas y olvido.

El acápite que usa Borges para este relato, pertenece al ensayo LVIII de Bacon, titulado "Las vicisitudes de las cosas" y dice así: "Salomón dijo: no hay nada nuevo sobre la tierra. De lo cual Platón tenía en la imaginación, de que todo conocimiento no era sino reminiscencia; así Salomón ofrece esta sentencia: que toda novedad no es sino olvido."

Hasta aquí el acápite, pero Bacon continúa: De dóinde se puede sacar la conclusión de que el Letheo fluye sobre la tierra, tanto como en los Infiernos". (François Bacon: Essais. De La Boetie. 1945. Cap. LVIII, pág. 151.) Por lo tanto entramos con estos conceptos: a que no hay nada nuevo; lo que hay es lo que creó Dios; todo conocimiento es reminiscencia, toda novedad no es sino olvido. Sugería Platón que el maestro, lo único que debe hacer es despertar esas reminiscencias, esos recuerdos incompletos, mediante el diálogo. Desde el comienzo Borges nos quiere acercar a los conceptos platónicos básicos y si bien es cierto que se aborda el cuento como una ficción literaria, no podemos obviar estos conceptos que Borges, como hombre de letras, los fusiona en su ficción para acercarse a la verdad. "Él usa ficciones, donde otros usaron razones. El filósofo no teme a la muerte porque para él es sólo una liberación y el alma entonces, llegará a comunicarse con las ideas". Junto con este primer criterio, también llegan poeta y filósofos griegos a otro más enigmático: filosofar es aprender a morir, la filosofía es el aprendizaje de la muerte, porque el cuerpo, cosa sensible, aprisiona al alma y "es menester que el alma se libere y huya a la región de las ideas donde obtendrá la contemplación de las verdades eternas".

Las ideas son los conceptos, que por otra parte, son lo único real y eterno. Están en nosotros como reminiscencia de una existencia anterior. El alma cae y ese caer es encarnarse, pero le queda un vago recuerdo de lo que había visto y a eso se le llama reminiscencia, recuerdos que no localizamos ni en el tiempo ni en el espacio. Esas almas tendrán de su primaria existencia, reminiscencias, y llegamos a la idea que conocer es recordar. Quizá las diferentes vidas de Cartaphilus no sean más que reminiscencias. Claro que el relato de Borges no es platónico, es borgiano, porque juega con los conceptos metafísicos. Los toma, los abandona.

El jinete ensangrentado que muere al comenzar el relato es quien le habla del "río secreto que purifica de la muerte a los hombres". Al narrador del relato que es Cartaphilus (solo hasta beber del río que le dará la inmortalidad), le bastaba la tarea de encontrarla. Pero una vez que ha probado del agua del río es Marco Flaminio Rufo que se reconoce como Homero y las palabras que pronuncia al beber el agua inmortal: "los ricos teucros de Zelea que beben el agua negra del Esepo", pertenecen a Homero y están al final del Catálogo de las naves. En todo el relato de Flaminio Rufo hay huellas de los poemas homéricos porque Marco Flaminio Rufo, que es Homero y es todos los hombres, logra divisar la ciudad de los inmortales "bajo el último sol o bajo el primero", el tiempo comienza a tejer sus redes. Si bien ya había despertado de la pesadilla, del sueño, estado donde las categorías del espacio y del tiempo no están vigentes, es inmortal y ese sol puede ser el reflejo de otros.

El personaje ha perdido su identidad y como todo hombre puede ser todos los hombres y a la vez nadie. Ser inmortal es haber perdido identidad y por lo tanto, los límites que el tiempo impone al hombre.

Borges crea ésta, como otras ficciones, para que podamos descubrir nuestra finitud. "Soñamos con el infinito, pero de alcanzarlo -en el espacio y en el tiempo, en la memoria y en la conciencia- nos destruiría. El límite se convierte en dádiva, en don. Es todo lo que Borges nos ofrece: el descubrimiento alborozado de la finitud, una mínima averiguación de la condición humana, que no es de orden especulativo sino que pertenece al orden de la vivencia." (Manuel Benavides. Cuadernos Hispanoamericanos, 505–507, págs. 260–261.) Sabe que alcanzar el infinito nos aniquilaría porque los hombres estamos cercados por el espacio, el tiempo, el olvido y la muerte.
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Aldana
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Registrado: 15 Dic 2008
Mensajes: 83
Ubicación: Junto a los libros.

MensajePublicado: Jue Mar 12, 2009 02:31    Asunto: Responder citando

En la literatura de ficción borgesiana, más allá de los ensayos y conferencias donde declaraba públicamente su filiación intelectual e incluso existencial con respecto al tiempo, hay un texto muy interesante, el más interesante acaso desde el punto de vista humano con respecto al tiempo borgesiano, que es El inmortal.

En dicho relato, en efecto, se trata al tiempo desde el punto de vista más humano posible, desde el que más nos interesa: ese instante indescifrable, incluso en estricta ciencia hasta ahora, en que pasamos de la vida a la muerte o, sencillamente, de la vida a un desconocido, una especie de imagen o visión sin concepto, al que hay que poner nombre: la muerte precisamente.

La acción de El inmortal –o sea, la acción que otorga Borges en el relato y en gran parte de su obra, la acción del pensamiento, de la filosofía– propone el tiempo, digamos, algo pragmáticamente: el tiempo, en efecto, como la medida de la vida y de la muerte humanas; el tiempo como eternidad no cósmica, sino humana. El tiempo, en fin, como la gran posibilidad: la posibilidad de no mori.

En efecto, al comienzo de El inmortal, como el nombre lo indica, se discurre acerca de la milagrosa existencia, en épocas romanas, de un río que otorga la inmortalidad a los hombres y dicho don es adquirido por el narrador. El ficticio narrador, cuya peripecia temporal ocupa siglos, pasa del gozo a una desdicha difícilmente concebible. Y es una desdicha difícilmente concebible puesto que la inmortalidad, en la tierra, más allá de las teologías y creencias postmortales, es, en efecto, difícilmente concebible; es el hecho vertiginoso de la eternidad humana, el hecho de seres que no tienen, según lo sugiere el relato, el don de la mortalidad, el don que, diría el mismo Borges, es parte del universo de Dios y al cual hay que aceptar, como la ceguera.

Lo nocivo que nos presenta el relato es la angustia ya no de la muerte existencialista, sino de la angustia en la existencia de seres en la no-muerte. De la existencia en sí y no condicionada por la muerte; es la angustia del ser humano sin las excusas de la muerte; una angustia más profunda, no por las consecuencias de lo que se es, o sea la muerte, sino por el hecho mismo de lo que se es: un ser humano sin cambios, sin mutaciones, sin fin, sin ese instante, ese tiempo, desconocido o incognoscible incluso.

Luego de beber las aguas del río que otorga la inmortalidad, el protagonista vaga por pensamientos y extensiones; se encuentra con otros inmortales, y, finalmente, en un ciclo virtuoso narrativo, va en busca del río que elimina la inmortalidad: elige el encuentro de ese río; elige, su propia condición humana.

El tedio y el aburrimiento, pues, elevados a categorías filosóficas, a posibilidades angustiosas de una existencia en sí –y no una existencia opositiva, la existencia ante la muerte–, nos hacen pensar en las acciones humanas, en la condición positiva, y no solamente de una inútil antimortalidad, del ser humano. Así como Sábato escribió que la vanidad era un gran motor del progreso humano, la muerte, la posibilidad y amenaza de la muerte, ha de ser un gran motor no solamente del progreso, sino de los actos, pensamientos, sentimientos y deseos humanos en las implicancias de El inmortal; caso contrario, según nos propone El inmortal, se caería en una inacción bestial, bovina, como la que padece la tribu de los trogloditas… La muerte no está ya, en El inmortal, para dirigir la rueda de los acontecimientos humanos, esa pulsión antimortal; y la vida es un sinsentido, ya no por esa muerte inexplicable, sino también por una inmortalidad que, como todo lo eterno, también es inexplicable, es un juego con los límites, con el fin.

Y acaso vivimos, antes que para vivir mejor, esencialmente para no morir; pero Borges humaniza su filosofía y no la hace abstractamente divina en El inmortal. Borges hace una voz narrativa que elige su mortalidad, que elige –sin salirnos de una preocupación filosófica por el tiempo– el tiempo de la mortalidad humana y no divina: ese tiempo-instante desconocido…

Respecto a esa angustia por la abstracción eterna en uno de los tan abstractos personajes de la ficción borgesiana –el narrador de El inmortal–, los seres humanos que no mueren naturalmente perderían mucho de su esencia humana. Antes que seres humanos –cuya condición es la muerte– serían seres no humanos por su eternidad angustiosa: o sea, inmortales; viendo, de esta manera, al tiempo de la muerte natural como un buen definidor de lo humano, o como una esencia imprescindible de la humanidad.

El protagonista del relato y la atmósfera, el aroma de su escritura eligen, digamos, que la humanidad, prefieren el más explicable tiempo humano de lo mortal, del dejar hacer al poder del tiempo y de la naturaleza sobre los seres humanos, antes que el fantástico, pero filosóficamente asaz real para una tesis-antítesis dialéctica, tiempo divino, no humano, de la eternidad inmortal.

En todo caso, el tiempo –puesto que la muerte es un tiempo, es un instante– define en gran medida a los seres de El inmortal, define su persona y sus actos. El tiempo de la muerte; o el tiempo, valga quizá la paradoja, de la eternidad.

Así que, finalmente, el narrador bebe las aguas del río mortal; ve sangre feneciente, finita, salir de su cuerpo y, digamos, recupera su humanidad: la posibilidad de lo mortal.

De esta manera la humanidad de El inmortal, la voz del relato y la voz de Borges en el relato, acaso, eligen la condición humana y la posibilidad de la muerte, ya que no la muerte en sí; y ante la filosofía concreta, de carne y hueso, de la angustia existencial del ser para la muerte, por ejemplo, Borges en su relato contrapone la angustia de la existencia sin fin, no humana.

Es el narrador y no Dios, como un creador de filosofía existencialista pero sin la determinación de la muerte, el que elige; y elige, pues, vivir naturalmente para morir naturalmente. Elige, en fin, una vida cuya esencia es el tiempo filosófico de la mortalidad: la humilde y mortal condición humana.
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Clio
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Registrado: 15 Jul 2006
Mensajes: 5732
Ubicación: Ciudad Aut. de Bs. As., Argentina

MensajePublicado: Jue Jun 11, 2009 00:03    Asunto: Responder citando

Hola.

El autor sitúa la historia en Londres en Junio de 1929 cuando un anticuario (Joseph Cartaphilus), ofrece a una princesa los 6 volúmenes de la Iliada de Pope.

En el último tomo de la Iliadase encuentra un manuscrito, que es realmente la historia que Borges nos cuenta.

En la época en que Diocleciano era emperador, un tribuno de una legión oyó de un jinete moribundo que existía un río que daba la inmortalidad y que en su margen ulterior se elevaba la ciudad de los Inmortales. El tribuno decide ir en busca de este río y esta ciudad, y sale con 200 soldados. Después de muchas peripecias el tribuno se queda solo y llega a la ciudad de los inmortales bebiendo de un arroyo casi seco y lleno de barro.

Logra penetrar en la ciudad a través de un laberinto de cavernas y puertas y al llegar se da cuenta que nada en su construcción tiene sentido.

Decide salir de allí y al llegar de nuevo a la cueva por la que entró se encuentra a un “troglodita” que anteriormente le había acompañado y decide llamarlo Argos (el perro de Ulises) y enseñarle a hablar, no lo consigue, pero un día comienza a llover y de pronto Argos pronuncia unas palabras pertenecientes a la Odisea. Le pregunta que sabe de la Odisea y este le contesta que hará más de 100 años que la escribió.

En ese momento, se da cuenta de que los trogloditas son los inmortales, y que el arroyo de donde bebió era el arroyo que buscaba, por lo tanto, también él era inmortal. Realiza una serie de reflexiones sobre la inmortalidad:

-Hay religiones, como la cristiana y la musulmana que profesan la inmortalidad, pero en realidad solo creen en la vida material, ya que el resto de los siglos venideros están siempre referidos a como se hayan desarrollado los años en los que vives materialmente.

-Un hombre inmortal puede ser a la vez todos los hombres, ya que durante la eternidad, puede suceder todo lo bueno, pero también todo lo malo, se pueden tener todas la virtudes y todos los defectos y hasta se puede escribir por lo menos una vez la Odisea.

-Lo que hace mortal es la consciencia de lo que significa la muerte, los seres que no la tienen, son inmortales.

-Lo que hace importante a un acto, es que no se volverá a repetir, cuando el futuro es infinito, nada es original; por esto los inmortales son seres apáticos que limitan su actividad al pensamiento.

Viendo que la inmortalidad no es lo ideal, el tribuno decide buscar el río que le devuelva la mortalidad.

Besos.
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javi_bcn77
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Registrado: 08 Jun 2011
Mensajes: 2

MensajePublicado: Mie Jun 08, 2011 13:18    Asunto: Re: El Aleph, de Jorge Luis Borges Responder citando

Webmaster escribió:
El hecho de que Emma se autocastigue dejándose violar por un marinero



Hola, permíteme una pequeña corrección. Emma no se deja violar, simplemente va al puerto y se hacer pasar por prostituta para acostarse con el primer marinero que encuentre, y tener así pruebas reales de un coito. El coito con el marinero es totalmente consentido, ella necesita tener esas pruebas para despues poder acusar al otro de violación.
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Enric
Miembro Principiante
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Registrado: 21 Jun 2011
Mensajes: 4

MensajePublicado: Mar Jun 21, 2011 09:28    Asunto: Responder citando

Saludos, soy nuevo en el foro. Y me apasiona Borges, creo que es el mejor escritor que ha conocido el castellano.
Sobre el inmortal, Borges deja claro que su intención es crear una suerte de ética inmortal, toda ética está cimentado sobre el valor dado a la vida, al eliminar la muerte, la ética no se funda ya en el valor de la vida.
Por otra parte, no solo la vida y la muerte rigen la ética, sino también el sufrimiento y la felicidad, que la ética puede mitigar pero no evitar, de ahí que si el tiempo es infinito, otra porción, también infinita, de ese tiempo, corresponde a felicidad y otra porción igualmente infinita corresponde al sufrimiento, por ello, evitar o mitigar el sufrimiento o buscar activamente la felicidad son dos absurdos, de ahí la inacción constante de los inmortales, pues han perdido toda motivación humana (mortal).
En la obra de Borges se deja entrever, también el concepto de plenitud, es decir, vivir, experimentar (soñar) todas las posibilidades del mundo, de nuevo este es un concepto absurdo para un inmortal pues es inevitable, (creo que esto se plasma en el hecho de que uno de los inmortales escribe la odisea y además argumenta frente al sorprendido tribuno que este es un hecho inevitable, y que lo sorprendente sería lo contrario, de nuevo con una lógica inmortal), no obstante, hay algo que es irrepetible, algo que nos impide alcanzar la plenitud, a nosotros los mortales y a los inmortales, hablo de la muerte, un hombre puede vivir todas las experiencias del mundo, pero solo una muerte, un inmortal ni siquiera eso, creo que esta es la motivación de lo humano que queda en el tribuno por una experiencia nueva.
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GarriK
Miembro Principiante
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Registrado: 27 Mar 2012
Mensajes: 2

MensajePublicado: Mar Mar 27, 2012 10:22    Asunto: Mi nuevo Borges..... Responder citando

Creí haber leído Borges, Bioy, Wilde....hasta que , por primera vez hoy, entro en un foro de discusión literaria. Enmudecí. Creo nunca haber leído...puesto que nunca pude compartir mis experiencias....no sé si ésto es ridículo, pero la necesidad de re-leer ciertas páginas se inicia con Borges, para poder re-interpretar y co-interpretar .Y aquí viene un concepto: la percepción. Todos no vemos lo mismo en las letras, como en un cuadro.....entonces: qué podemos compartir? Compartimos el momento, no el gusto por la tostada tibia con mermelada. Compartimos el gusto por leer, no la apreciación de la sucesión de letras.....estoy dispersando o eso mismo es El aleph que menciona Borges? Todos encontramos ese rincón en nuestra escalera. La cosa es encontrar el escondite que guarda ese rincón.
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