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RILKE


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DELLWOOD
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Registrado: 25 May 2001
Mensajes: 15247

MensajePublicado: Sab Abr 21, 2012 19:17    Asunto: Responder citando

1914. Estalla la Primera Guerra Mundial. Rilke está en ese momento en Alemania, en Munich. Sus propiedades en París quedaron confiscadas y, como súbdito de un país enemigo, subastadas.




Rilke, mientras tanto, conoce a la pintora Lou Albert-Lasard...primogénita de una familia judía de Metz que se dedicaba a la banca. Ella se había trasladado a Munich para estudiar y vivía con su hermana, pero se casó y tuvo una hija dos años antes de conocer a Rilke. Aun casada, se fugó con Rilke a Viena, donde por entonces funcionan los círculos pictóricos de Romain Rolland, Stefan Zweig, Paul Klee, Oskar Kokoschka. A principios de 1916, Rilke fue llamado a filas y entra en el ejército austriaco. Amigos influyentes intercedieron por él y el 9 de junio de ese mismo año fue dispensado del servicio militar. Regresó a Múnich, donde permaneció hasta el final de la contienda, con una breve estancia en Bieren (Westfalia), en casa de Hertha König. La traumática experiencia del servicio militar, que le recordó sus años de formación en la Escuela Militar de Sankt Pölten, estuvo a punto de acabar con su carrera como poeta. Ella acabó en un campo de concentración francés, en la frontera con España (de hecho era un campo de concentración de Franco)

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federoco
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Registrado: 20 Oct 2004
Mensajes: 7836
Ubicación: Galicia

MensajePublicado: Sab Abr 21, 2012 20:40    Asunto: Responder citando

Hermoso foro. Lo estoy disfrutando. Gracias...
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DELLWOOD
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Registrado: 25 May 2001
Mensajes: 15247

MensajePublicado: Dom Abr 22, 2012 05:06    Asunto: Responder citando




Cita:
    
    
La cuarta elegía
    
    



Oh, árboles de vida, ¿cuándo será invierno?
Nosotros no vamos al unísono. No somos sensatos
como las aves migratorias. Retrasados y tardíos,
nos imponemos repentina, forzadamente, a los vientos
y nos derrumbamos sobre un estanque indiferente.

Sabemos, al mismo tiempo, florecer y marchitarnos.
Y por algún lado andan todavía los leones que no saben,
mientras sigan siendo majestuosos, de impotencia alguna.
Pero nosotros, cuando queremos una cosa, siempre,
ya estamos acariciando la otra. La hostilidad
es en nosotros lo primero. ¿Acaso los amantes
no están siempre poniéndose límites, uno a el otro,
ellos, que se prometían espacios, presa, hogar?
Ahí, para un dibujo instantáneo, se elabora
penosamente un fondo de contradicciones, de modo
que lo veamos; pues somos demasiado claros,
no conocemos por dentro el contorno del sentimiento, sino
solamente lo que se forma por fuera. ¿Quién no se sentó
inquieto frente al telón de su corazón? El telón
se levantó: el escenario era de despedida. Fácil
de entender. El jardín conocido, y oscilaba un poco:
entonces apareció primero el bailarín. No éste. Basta.

Y aunque sea ligero al actuar, está disfrazado
y se convierte en un burgués, que cruza por su cocina,
entra a casa. No quiero estas máscaras a medio llenar,
prefiero la marioneta. Está llena. Quiero soportar
sobre mí su cáscara, el alambre, su rostro meramente
exterior. Aquí. Ya estoy adelante. Incluso si apagan
las luces, si me dicen: "Ya se acabó"; incluso si
del escenario llega el vacío con la gris ráfaga de aire;
incluso si ninguno de mis silenciosos ancestros continúa
sentado junto a mí, ninguna mujer, ni siquiera
el muchacho de los ojos bizcos, cafés: me quedo,
a pesar de todo. Siempre hay algo qué ver.

¿No tengo razón? Tú, a quien en mí la vida
supo tan amarga, cuando probaste la mía, padre,
la primera infusión turbia de mi deber;
conforme yo crecí seguiste probándola, y todavía
ocupado en el regusto de un futuro tan extraño,
examinabas mi mirada empañada; tú, padre mío, desde
que estás muerto, dentro de mí, en mi esperanza,
con frecuencia tienes miedo, y me envías serenidad,
como la tienen los muertos, reinos de serenidad,
para mi pizca de destino, ¿no tengo razón? Y ustedes,
¿no tengo razón?, ustedes, las que me amaron
por el pequeño comienzo de amor hacia ustedes,
del que siempre me aparté, porque, para mí, el espacio
dentro de vuestros rostros, aunque lo amara,
se transformaba en un espacio cósmico
donde ustedes ya no estaban... ¿No tengo razón
en esperar, cuando me siento con ganas de esperar,
frente al teatro de títeres? ¿No la tengo, en mirarlo
tan intensamente, de modo que, para contrapesar
mi espectáculo, finalmente haya de venir un ángel,
a manera de actor, que ponga en pie los muñecos?
Angel y marioneta: por fin hay espectáculo. Entonces
se une lo que nosotros siempre desgarramos con solo
estar aquí. Sólo entonces surge de nuestros propios
cambios de estación el círculo de todo el cambio.
Encima de nosotros y más allá entonces actúa el ángel.
Mira, los moribundos, ¿no han de sospechar acaso cómo
todo lo que aquí realizamos es, completamente,
un pretexto? Ninguna cosa es ella misma. Ah, horas
de infancia, cuando detrás de las figuras había algo más
que el mero pasado, y delante de nosotros, ningún futuro.
Cierto, crecíamos, y a veces nos empeñábamos en hacernos
mayores demasiado rápido, en parte por amor a aquéllos,
que ya no tenían otra cosa que el ser mayores.
Y sin embargo, cuando estábamos en nuestra soledad
nos divertíamos con la permanencia y perdurábamos ahí,
en la brecha entre el mundo y el juguete, en un lugar
que desde el principio se había establecido para
un acontecimiento puro.

¿Quién mostrará un niño, tal como existe? ¿Quién
lo colocará en la constelación y le dará en la mano
la medida de la distancia? ¿Quién hará la muerte niña
con pan gris, que se endurece? ¿O se la dejará ahí,
en la boca redonda, como en el corazón de una hermosa
manzana?... Los asesinos son fáciles de entender. Pero
esto: la muerte, la muerte total, aun antes de contener
la vida tan dulcemente, y no ser malo, es
indescriptible.
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DELLWOOD
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Registrado: 25 May 2001
Mensajes: 15247

MensajePublicado: Dom Abr 22, 2012 08:04    Asunto: Responder citando

Retrato de Rilke según Lou, usado como portada de las memorias de la pintora.

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DELLWOOD
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Registrado: 25 May 2001
Mensajes: 15247

MensajePublicado: Jue Oct 04, 2012 08:41    Asunto: Responder citando



Caminos en círculos para ir en línea recta:

Castel Duino, cuando Rilke, amante de Lou Andreas Salomé lo visitaba, era testigo del nacimiento de Raymundo, Raimundo de la Torre e Tasso, que sería Segundo Duque de Castel Duino. Este señor casaría en su momento con Eugenia de Grecia, hija de Jorge de Grecia y su esposa francesa Marie Bonaparte. Bueno, pues Marie Bonaparte, allá por 1926, año de la muerte de Rilke, era amiga de Lou Andreas Salomé, ambas inmersas en el mundo de Freud. (De hecho nosotros conocemos hoy a Freud porque la Bonaparte se enfrentó a los nazis en Viena para sacarlo del infierno que se avecinaba, traduciendo del alemán todas sus obras y pagando de su bolsillo la edición y difusión de sus papeles) LOu era discípula de Freud también, aunque a otro nivel. Eugenia está enterrada en ese castillo.





Elegía Número Cinco, para vagos sin escrúpulos de rapsodia.

La troupe de saltimbanquis no es más la (falsa) prefiguración del trabajo de los verdaderos enamorados.







Texto de las elegías en pdf con intro de Domechina

http://189.206.56.76/cerebro/coleccion/coleccion_pdf/43000027938.pdf

Evidentemente, se alquila para bodas de amantes de la poesía



La quinta elegía


Dedicada a Frau Hertha Koening

(Propietaria (en 1915) del cuadro de Picasso Les Saltinbanques -pintado en 1905- al que Rilke alude varias veces en esta elegía)




¿Pero quiénes son ellos, dime, los ambulantes, los que
son un poco más fugaces aún que nosotros mismos,
los urgentemente retorcidos, desde pequeños, por qué
—¿por amor de quién?— voluntad nunca satisfecha?
Pero ella los retuerce, los dobla, los entrelaza, los
hace girar, los arroja y los vuelve a atrapar;
como provenientes de un aire aceitado y más terso,
bajan a la alfombra desgastada, luida por su salto
perpetuo, a esta alfombra perdida en el universo.
Colocada como un parche, como si ahí el cielo
de los suburbios hubiese herido la tierra.
Y apenas ahí,
derecha, presente y revelada: la gran inicial
del Estar-Ahí ..., pues incluso a los hombres
más fuertes los aplasta nuevamente, por broma, la mano
crispada siempre próxima, como a un plato de estaño
Augusto el Fuerte en la mesa. [11]
Ay, y alrededor de este
centro, la rosa del espectáculo: [12]
florece y se deshoja. Alrededor de este pisón,
este pistilo, reencontrado por su propio polvo florido,
para volver a fecundar el fruto aparente del tedio,
su tedio nunca consciente —reluciendo con la más
delgada superficie de ligera, aparente sonrisa.

Ahí, el marchito, arrugado levantador de pesos, [13]
el viejo, el que ya nada más toca el tambor,
contraído dentro de su piel poderosa, como si antes
hubiera contenido dos hombres, y ya uno
yaciera ahora en el panteón, y él sobreviviera al otro,
sordo y a veces un poco
confundido en la piel viuda.

Pero el joven, el hombre, como si fuera el hijo
de un pescuezo y de una monja: tirante, relleno, tenso
de músculos y de simpleza.

Oh, ustedes,
a los que en otro tiempo, una pena, que era pequeña
todavía, los recibió, como juguete, en una
de sus largas convalecencias...

Tú, que caes con el golpe
que sólo las frutas conocen, verde todavía,
diariamente cientos de veces del árbol del movimiento
construido en común [14] que, más rápido que el agua,
en escasos minutos tiene primavera, verano y otoño),
cae y golpea sobre la tumba;
algunas veces, a media pausa, quiere asomar en ti
un amable rostro para tu madre, rara vez tierna,
pero se pierde sobre tu cuerpo, que lo consume
en su superficie, el tímido gesto apenas intentado...
Y nuevamente el hombre da una palmada anunciando
el salto a tierra, y antes de que, en las cercanías
del corazón siempre encarrerado, se distinga en ti
claramente un dolor, le llega el ardor
de las plantas de los pies a él, su salto originario:
primero en ti, en los ojos, con un par de lágrimas
fugitivas, físicas. Y sin embargo, a ciegas,
la sonrisa...

¡Angel! Oh, tómala, arráncala, la hierba curativa,
florida y pequeña. Haz una vasija, ¡guárdala! Colócala
entre esos goces que todavía no están abiertos
para nosotros; en una urna hermosa alábala
con una inscripción elocuente y florida:
“Subrisio Saltat” [15]
Entonces tú, preciosa,
tú, de los goces más excitantes
muda omisión. Quizás son
tus rizos dichosos para ti;
o sobre los jóvenes
pechos tensos, la seda verde, metálica,
se sienta interminablemente mimada y no le falta nada.

Tú,
colocada una y otra vez de modo diferente, sobre
todos los oscilantes platillos de la balanza,
fruta de la serenidad, llevada al mercado,
públicamente, entre los hombros.

¿Dónde, oh dónde está el lugar —lo llevo
en el corazón— donde ellos, ni de lejos, podían
desprenderse unos de otros, como encabalgándose,
no exactamente como animales apareados; donde los pesos
de la balanza todavía tienen gravidez, donde todavía,
de sus varas inútilmente oscilantes, los platillos
se tambalean...

Y de pronto, en este penoso ningún lado, de pronto,
el inefable sitio donde el puro demasiado-poco
incomprensiblemente se transforma, trocándose
en ese vacío demasiado-mucho.
Donde la cifra de muchos números
se queda sin ninguno.

Plazas, oh plaza en París, teatro interminable,
donde la modista, Madame Lamort,
enlaza, teje los incansables caminos del mundo, cintas
infinitas, y encuentra nuevas formas de enlazarlas:
volantes, flores, escarapelas, frutas artificiales,
todas falsamente coloreadas, para los baratos
sombreros de invierno del destino.

Angel: si hubiera una plaza que no conociéramos, y ahí,
sobre una alfombra inefable, los amantes mostraran
aquéllas, las que aquí nunca lograron hacer posibles:
las audaces, altas figuras de los impulsos del corazón:
sus torres de placer, levantadas desde hace mucho,
donde nunca hubo suelo, solamente escalones
que se apoyan uno en otro, temblorosos -si pudieran
hacerlo, ante los espectadores en corro, entonces,
¿los innumerables muertos silenciosos, arrojarían
sus últimas, siempre ahorradas, siempre secretas,
desconocidas para nosotros, eternas monedas vigentes
de la felicidad, ante la pareja, por fin verdaderamente
sonriente, sobre la apaciguada
alfombra?

* * * *

Aparato Crítico



(11) Príncipe elector de Sajonia, se divertía deformando platos de estaño con la mano (Barjau).

(12) Glosa de toda la estrofa -resumida del comentario de Leishmann: los saltimbanquis configuran la flor del espectáculo, su centro, su pistilo; con sus saltos sobre la tierra, como manos de mortero o triturador, o pisones ("Stampfer"), levantan polvo florido, que a manera de polen los refertiliza. Así surge la rosa del espectáculo, aparente o falsa flor del tedio, que provoca la sonrisa igualmente superficial, ligera y luminosa, del tedio de los propios saltimbanquis.

(13) En el cuadro de Picasso, el ex-hombre fuerte, el saltimbanqui gordo, con gorro. Se describen luego otras figuras: el "Hijo de un pescuezo y de una monja" es el arlequín; quien cae "con el golpe que sólo las frutas conocen", el niño más pequeño; la mujer del extremo es acaso su madre "rara vez tierna"; del adolescente del tambor no se hace mayor mención; la muchacha es la "fruta de la serenidad, llevada al mercado".

(14) El árbol humano -en gimnasia, pirámide- que construyen, montados unos sobre otros, los saltimbanquis.

(15) Abreviación de una frase latina: "Subrisio Saltatoris", la sonrisa de los saltimbanquis. Inscripción a manera de los membretes de los herbolarios y las farmacopeas medievales para las sustancias curativas y mágicas.


Y para finalizar este post os iba a poner a Lady Gaga, sí, Lady Gaga, que en París hacia 2009 dijo que la gente en vez de criticarla debieran de ponerse a leer a Rilke, y se puso a hablar de Las Cartas de un poeta. Supongo que era todo pose diseñada por su manager, pero dijo que se iba a tutuar el nombre de Rilke....En fin. Que Rilke sirve hasta para los bares de chill out

Y si no, escucha sus poemas

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DELLWOOD
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Mensajes: 15247

MensajePublicado: Sab Oct 13, 2012 20:48    Asunto: Responder citando



Las elegías del Duino y otros poemas

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