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SENTIMIENTOS FRUSTRADOS-XIX - repasado y termina


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POLgarci
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MensajePublicado: Mie Abr 06, 2011 11:23    Asunto: Re: SENTIMIENTOS FRUSTRADOS-XIV --y termina Responder citando

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Ultima edición por POLgarci el Mie Ene 09, 2013 15:11, editado 1 vez
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POLgarci
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MensajePublicado: Mie Abr 06, 2011 12:37    Asunto: Responder citando

Gracias y termina

CAPÌTULO XIX

CAPÌTULO XIX


El convoy procedente del Banco Nacional cruzaba junto a una numerosa escolta motorizada la plaza de Atocha y se dirigía a altas horas de la noche en dirección a la carretera de Valencia. Donde un fuerte destacamento del ejército a la altura del Puente de Vallecas, esperaba su incorporación al secreto convoy cargado de barrotes de oro. A poca distancia les seguía cautelosamente, un vehículo marca Citroën y en el asiento de atrás cuenta que iba él con el gobernador del Banco de España, hombre de pocas palabras y que apenas días antes le había sido presentado. Después con una ligera sonrisa, sin dar su nombre y posiblemente por olvido, cuenta que era de menguada talla y debido al intenso frío reinante en el exterior se cubría con un gabán demasiado grande para él; pero además, en su profundo sueño, si no fuese por sus fuertes soplidos le hubiera parecido un simple fardo.

A la mañana siguiente el convoy se detuvo en Albacete y ellos se dirigieron a la comandancia militar donde en un amplio salón se hallaban sentados en una mesa cinco hombres que vestían chaquetas de cuero mal cuidadas. Uno de los hombres con el grado de comandante que se hallaba sentado en el extremo de la mesa, se levantó para decirles que el responsable militar de la base era él ya que las autoridades le habían designado junto con su compañía para escoltar el convoy hasta el puerto de Cartagena.

Luego y apenas unos instantes después de la presentación del militar se abrió la puerta del salón dando paso a otro militar con él grado de capitán, ancho de espaldas con unos papeles bajo el brazo. Este extendió unos papeles sobre la mesa y apoyando su mano izquierda parecía pensativo a la hora de estampar su firma sobre los documentos. Pero ante esta duda el gobernador del banco que debió conocerle, me dio con su codo, para decirme que apenas sabía firmar ya que se trataba de Valentín González (el campesino).

Al observar detenidamente a este legendario personaje, se aprecia en él un áspero bigote y las mejillas con una barba mal cuidada; pero no obstante y por su actitud firme se adivina que pese a su falta de estudios poseía una inteligencia poco común. Al parecer, únicamente quien lo conocía bien solo con el tiempo en él, se podía advertir su fuerte personalidad. Este militar político que terminó siendo una controvertida leyenda, nació en Badajoz y trabajó en las minas de Peña Roya y Pueblo Nuevo de Córdoba. Al estallar la guerra se alistó al V Regimiento y obtuvo al final de ella el grado de teniente coronel, distinguiéndose por su bravura en las batallas de Brunete julio del 37, Belchite agosto y septiembre del 37 y Teruel enero del 38.

La meseta Central Ibérica estaba desierta y triste en aquella fría y ventosa tarde otoñal y la inseguridad por aquella blancuzca y sinuosa carretera la hacía más misteriosa todavía. Además, las lluvias la habían erosionado hasta dejar al desnudo las piedras por donde al pasar los camiones chirriaban en su empinada cuesta del puerto de Almanera a 1.797 y donde nace el río Guadalope que es a la vez subafluente del Guadalimar y más tarde Guadalquivir. Con cierta inquietud que en sus retorcidas y continuas curvas dice que todos sentían el temor de un ataque por sorpresa y miraban con ojos inquietos los pinos gigantes que debido al fuerte viento se mecían al borde de la carretera. Más abajo por este viento fuerte, rumoreaba sordamente el bosque envuelto en niebla y al fondo rugía al chapotear con fuerza un caudaloso torrente.

Más tarde y como un mal presagio uno de los camiones que transportaba el oro no pudo llegar a la cima, pues al parecer había roto su palier. El gobernador que acababa de despertar por el brusco frena-ge del automóvil, sacó la cabeza dando gritos desmesurados, hasta que apareció un capitán con fuerte acento francés que sin levantar la voz le dijo: – Sé ha roto el palier y ya me dirá qué podemos hacer con el camión.
– Qué palier ni ocho cuartos.
– señor oficial, sea lo que sea le aseguro que habrá que arreglarlo, ya que el Camión no podemos dejarlo aquí -por nada del mundo».

La llegada del campesino calmó los ánimos al informarles de que un mecánico intentaba repararlo y, mientras tanto nos invitaba a una posada no muy lejos ya que un café bien calentito nos levantaría los ánimos. La posada se hallaba cerca de un puente, que por su impresionante altura y al asomarse la precipitada corriente del río le causó vértigo. Como también que para evitarlo lo primero que hizo fue volver rápido la cabeza sobre el muro donde se hallaba apoyados en sus fusiles unos soldados que eran los centinelas que vigilaban el puente. Los centinelas al percatarse de nuestra presencia permanecieron inmóviles, para saludarnos pero al instante se echaron el fusil al hombro y se alejaron.

Era ya de noche cuando salieron de la venta, pero que las casi tres horas que paso junto a la confortable chimenea, tuvo tiempo de profundizar la conversación con Valentín González; pero quien más trató fue con el joven oficial francés. El joven en cuestión según le contó era de un barrio céntrico de Marsella y se llamaba Pierre Carré. Al parecer su padre era un enamorado de las letras y poseía una editorial donde él como su hijo, habían hecho ciertos ensayos literarios; pero lo que más le agrado de su interesante charla fue al adivinar que sus ideas coincidían con las suyas. Y esto hizo que más tarde y tras los avatares de la guerra profundizo su amistad con él, debido a que este joven llego a enamorarse de su hija Teresa. La cual corrió la misma suerte que su hermana Teresa al morir en acto heroico y con el grado de comandante en la ofensiva del Paso del Ebro.

A los tres días de la salida de Madrid el convoy, se detuvo en una gran explanada, frente al arsenal de Cartagena y después de la presentación de la documentación necesaria las enormes puertas de acero del arsenal se abrieron para dar paso al convoy seguido de los militares. ¡Misión cumplida! En esta primera fase o etapa del traslado del depósito del oro se habían cumplido rigurosamente todas las formalidades legales entonces vigentes, interviniendo en ella todas aquellas personas que por sus cargos estaban obligados hacerlo. A continuación, Largo Caballero, antes de dar su conformidad, requirió a los servicios jurídicos de la Presidencia del Gobierno, del Ministerio de asuntos Exteriores y el de Hacienda, para que le informasen ampliamente de las condiciones y requisitos legales que habían de cumplirse para realizar la operación dentro de la más rigurosa legalidad.

Todos estos informes coincidieron en dictaminar que el Gobierno tenía facultad legal para decidir sobre la utilización del depósito. El acuerdo, con un protocolo adicional detallando, la forma en que sería utilizado él deposito fue firmado al día siguiente por el embajador Rosemberg y Negrín. El comisario del Armamento y Municiones seria el organismo que intervendría en la formulación de pedidos y en la recepción del material, según un mecanismo que se estudió. Dicha comisaria la regentaba Indalecio Prieto, al mismo tiempo que la cartera de Marina y Aire. La operación de traslado del oro a Moscú se planeó dentro de la natural reserva, dándole un carácter de “Secreto militar” o una operación de guerra.

Mucho se escribió y fantaseo sobre esto, aunque algunas personas con cargos relevantes entonces, lo hicieron de forma vaga y como ignorantes de la operación hasta después de haber sido realizada. Pero lo que es inaudito es que algunos de los que después han emitido juicios casi censurando el hecho, no manifestaron entonces ninguna consideración ilegal o perjudicial a la operación. También ha habido quienes no han resistido el deseo de fantasear haciendo con los actores o testigos, dando hasta detalles pintorescos. Pero la verdad, es que en las tareas y formalidades de la operación de embarque en el Arsenal de Cartagena, solo estuvieron presentes aquellas personas que por sus cargos estaban obligadas a tomar parte en ella o cumplían órdenes del Gobierno.

Para confirmar su legalidad os diré que fue en el mismo Arsenal de Cartagena donde se firmaron las actas de entrega del cargamento por Méndez Aspe, Stasheski, el gobernador del Banco de España y como él los que estaban obligados hacerlo. El cargamento se hizo en cuatro barcos soviéticos que habían llegado con material cuatro días antes: – El “Jruso”, el “Neva”, el “Kim” y el “Volgores”. Hay que destacar también que no se registró ningún incidente durante las operaciones de embarque. Ya que en dichos barcos, él fue él indicado de nombrar los funcionarios que viajarían de la Dirección General del Tesoro y del Banco de España para efectuar en Moscú las tareas de recuento y entrega efectiva de todo el cargamento, según se había acordado.

Convencido de que los hechos ocurrieron a sí, nos pide paciencia y perdón y sale del salón precipitadamente para minutos después, seguido de la abuela Matilde. Aparece con un fardo de cartas en la mano, mientras la abuela con voz chillona le regañaba por el desorden causado en la habitación al buscar anhelosamente dichos sobres. – «Mirar es un legado patriota de Juan Negrín, una prueba más de la verdad histórica vivida por mí y que justifica la verdad».

Mucho sé a escrito sobre el “Oro de Moscú”. Pero al recordar hoy las afirmaciones del abuelo he interesado por el tema después de la denigrante propaganda del régimen franquista. – Permitirme un inciso en los apasionados relatos del abuelo y voy a leerles ciertos pasajes de Juan Marichal profesor de la Universidad de Harvard, sobre el excepcional libro de Pablo Martín Aceña.

En 1939, los representantes del ejército vencedor acudieron velozmente al Banco de España para comprobar la existencia de las reservas (sobre todo de oro) allí guardadas. Su sorpresa fue mayúscula, pues allí no había nada y supusieron que los soviéticos se habían llevado a Moscú el oro de España. Este tesoro, como bien nos dice el abuelo, fue trasladado a Cartagena para ser embarcado para Rusia y se suponía que iría a parar en los bolsillos de los españoles rojos. Pero el libro de Azaña muestra que todo el Tesoro de España fue empleado para defender la República, comprando armas y víveres para el pueblo español. El libro utiliza el llamado por el banco “dossier Negrín” para poder financiar la guerra. Cuando el doctor Negrín murió en octubre de 1956 en París. Su hijo Rómulo entregó a los representantes del gobierno de entonces un “paquete” cuidadosamente guardado por su padre en un banco de Francia.

– ¿En qué consistía el paquete? Nada menos que los recibos del oro y otras divisas que habían sido transferidos, según las necesidades republicanas, a un banco ruso creado para ese propósito en París.

Las cuentas estaban muy claras y se podía hacer un cálculo favorable a Rusia. En suma, todo el oro había sido empleado por la República para la guerra. La documentación de Moscú era ya conocida; el profesor Ángel Viñas había publicado un libro a propósito, pero no tenía la autoridad que le daba el “paquete” mencionado y que se guardaban en el Banco de España. Ahora, el economista Martín Aceña muestra que en su oficina está la documentación pertinente para el caso, y confirma lo señalado en su libro de hace algunos años. Todo esto es prueba del patriotismo de Juan Negrín. Que se ocupó de dejar a su muerte las pruebas irrefutables de que el “oro de Moscú” se había gastado en defender al pueblo español y alimentarlo. Y si una gran proporción del oro se había empleado en comprar víveres, no podía reclamarse nada a nadie del empleo del llamado oro de Moscú. O dicho en otros términos, lo que había en Moscú, que estaba antes en el Banco de España, fue el costo de la guerra de 1936 a 1939. Y desde luego, no se podía acusar; a Juan Negrín, ministro de Hacienda. Ni a los que participaron en la operación; en suma, Negrín fue un gobernante patriota en él usó de las reservas españolas de oro.

Ya con más calma y si bien recuerdo, también nos dijo, que fue un domingo de primeros de diciembre. Cuando fue despertado por la dueña del pequeño hotel que se hospedaba, no muy lejos del Arsenal de Cartagena y al bajar al comedor desayunando tranquilamente se hallaba el oficial francés ya mencionado que le comunico que a él le habían encargado de conducirles después de la verificación del embarque de oro a Madrid. Por lo que días después acomodado en el mismo automóvil de su último viaje y escoltados por dos potentes motos conducidas por militares dejaron la ciudad de Cartagena en aquel triste otoño del 36. Pero recuerda con cierta melancolía, que en las ventanas de las blancas casas se veían ya pelados los geranios y rosales y en el horizonte desgarradas nubes de un color gris como el plomo flotaban sobre el picado mar.

El viaje fue rápido si se tiene en cuenta, lo difícil que supuso el viaje de ida, con más de una cincuentena de camiones cargados hasta los topes. Al anochecer el vehículo se estacionaba, para dejar al gobernador que nos hizo un viaje sin despegar sus labios, para después estacionar de nuevo en la esquina de la calle de la Ballesta.
Donde el capitán, salió ágilmente del vehículo y se puso a andar por la acera con el fin de estirar las piernas y que al verlos desde el balcón sus dos hijas con gestos de sincera alegría no dejaron de saludarles. Por lo que al ver especialmente a su hija Teresa tan entusiasmada con él con cierta simpatía le invito a subir a su casa.

Luego ya en su casa al joven oficial que al hablar lo hacía con un fuerte acento Francés, dice que terminó con su sincera simpatía por agradar a su familia. Pero quien en verdad no le quitaba ojo al joven oficial fue sin duda su hija Teresa, de la que más tarde el francés quedo fuertemente enamorado hasta su muerte. Pues siempre que Pierre Carré conseguía permiso en su regimiento, no dudaba en visitarnos con su doble intención, por un lado encontrar el calor de la familia y por otro los amores de Teresa. El francés escribía a Teresa todos los días y ella se pasaba las primeras horas de la tarde esperando la llegada de su carta. Para luego encerrarse en su cuarto y como alma en pena salía solo para cenar.

Con cierta tristeza en el rostro, sigue diciendo que el año 37, las luchas entre los diferentes partidos y organizaciones obreras eran continuas. Todo ello no era nuevo sino posible en una España, que según muchos años antes Emilio Castelar decía que la historia se seguía y se repetía y no solo eso, sino que ahora había empeorado. Después siguió desconcertándonos, pues si bien alaba el dinamismo, la disciplina, la capacidad organizadora del Partido Comunista, así como su comprensión de los problemas militares y políticos en tiempos de guerra. Nunca comprendió el porque el resto de las organizaciones en su mayor o menor escala no fueron capaces de seguir en tiempos de guerra su misma disciplina. – ¿«Seria acaso porque todos creían con fanatismo, en su superioridad de sus conocimientos y su eficacia»
–Pero la verdad es que ninguno era capaz de sostener una discusión racional.
– ¡En una palabra todos pretendieron repartir la piel del león antes de cazarlo!

Después de un silencio profundo y con cierto recelo a las cortas explicaciones del conflicto entre las principales ideologías que luchaban por la República, por lo que mi amigo Francisco le pide al abuelo explicaciones más profundas al respecto. A lo que él y sin titubeos, pero con el rostro rígido contesta que España fue el único país donde los “Anarquistas” se convirtieron en un poder político, a la vez que negaban toda forma de poder y para él fue esta contradicción una de las causas por las que se perdió la guerra. –« ¿Pero abuelo usted es anarquista?»
–Si es verdad, pero yo por mis responsabilidades no políticas ni militares sino económicas, veo las cosas de diferente manera.
– ¡Ya que como dirían algunos, vi los toros desde la barrera!
– La verdad, es que si la vida es complicada la política lo es más, y creo que os será muy difícil comprender, sobre todo a vosotros, golpeados por la propaganda fascista; pero ante vuestra insistencia, lo intentaré.

Para empezar os diré que somos un país contradictorio. Donde nunca cabe descartar la verdad más opuesta a la apariencia más notable. Vivimos de espaldas a Europa y la historia europea anticipase siempre a la nuestra. Somos un país peninsular. En una palabra, tenemos, sin serlo las trazas de una isla y en esta isla supuesta que se halla unida al continente al tiempo también está separada del mismo, por razones diversas al convivir o malvivir hechos totalmente diferentes. Por todo esto en lo que se refiere a lo político, en nuestro país el anarquismo y marxismo, es totalmente contradictorios e irreconciliables. Bakunin funda todas sus premisas ideológicas en una certeza y a su vez incontrovertibles. Pues mientras para los ácratas, el hombre debe ser libre precisamente por ser bueno, el estado lo corrompe y una sociedad a imagen de su libertad personal lo eximiría de todo vasallaje.

Por lo contrario la concesión marxista desconfía de las flaquezas humanas individuales y hace una reverencia a las masas. Sí, el problema de la España republicana, debería haber sido el ganar la guerra y unir circunstancialmente las partes políticas diversas. Pero la verdad es que no consiguió identificar jamás los medios propuestos para sus logros. Sus sacrificios fueron tan inciertos como su ineptitud para convivir con sus semejantes ideológicos y a este cambio necesario había que sumar la intolerancia hacia un prójimo que era el otro español. En este sentido, al menos, el drama de la República es una tragedia española, pero ante todo, lo fue sin duda para todos nosotros.














CAPÌTULO XX


En Madrid la situación militar se hace cada vez más difícil, el fascismo, día a día va ganando nuevas posiciones y mientras la capital vive días de angustia. Por todo esto el Gobierno Republicano, decide abandonar la capital, actitud que es considerada automáticamente por el pueblo combatiente; como una simple fuga y un imperdonable acto de cobardía. Pese a todo Madrid se defiende y la noche del 7 la lucha fue dura, pero el pueblo y los milicianos combatieron magníficamente. Los altavoces sonaban por todo Madrid en la voz de la C.N.T. y demás organizaciones de izquierda llamando a la resistencia: –«Madrid será la tumba del fascismo»–«No pasaran».

Pese a todo el 12 y 13, se intensifican las ofensivas y las heroicas “Brigadas Internacional”, mandadas por el general Kleber junto con la “columna de Durruti” consiguen hacer un muro a la columna N°4 franquista en el sector Oeste y Norte de la capital tocando los edificios de la Ciudad Universitaria y el 15 de noviembre, día gris y lluvioso la columna Durruti consigue hacer retroceder las tropas franquistas. Pero los fascistas al mando del general Várela ordena un segundo ataque con una fuerza infernal de cañones y de bombas que descuartizan las casas. Para después de intensas batallas las tres columnas fascistas atraviesan el Manzanares y comienzan a ocupar de nuevo la zona universitaria siguiendo sin interrupción el combate todo el día y a lo largo de la noche. Como también hay que destacar que el diecisiete un bombardeo intensivo hace numerosas víctimas por todo Madrid. Los “junker” alemanes se entrenan ya por toda España y solo las fuerzas de Durruti contienen el avance.

Por todo esto el abuelo, con tristeza hace una pausa para decirnos que esta situación no duró mucho tiempo, pues el 19 de noviembre a las 14 horas y en circunstancias misteriosas. Es tiroteado el coche de “Buenaventura Durruti”, al parecer la herida es mortal por hallarse la bala alojada en la zona del corazón y al amanecer del día siguiente Durruti moriría a la edad de 40 años.

Con gran admiración y tristeza, sigue diciendo que él personalmente se trasladó al edificio del sud-Comité Nacional de la C.N.T. Donde se organizó la velada de armas del cuerpo de Durruti y el veintiuno una caravana de coches partió de Madrid en dirección de Valencia para terminar en Barcelona. Adonde al igual que en Madrid una inmensa multitud de más de un millón de persona despidió el féretro de Durruti; que se hallaba cubierto por la bandera roja y negra. La muchedumbre levantaba el puño en alto como último saludo, a la vez que cantaban el himno anarquista, “Hijos del Pueblo”.

Aquellos días cuenta que quedaron grabados en su memoria, pues los acontecimientos de la guerra se fueron agravando día a día haciendo insoportable la capital. A las dos de la madrugada, volvieron a sonar las sirenas y apenas les dio tiempo a ganar el refugio cuando las bombas desgarradoras hacían blanco a menos de doscientos metros de distancia. En el refugio, no había sitio suficiente y un intenso griterío de niños y de mujeres asustadas impedía entenderse. Un hombretón a su lado gemía asustado e intentaba cubrirse su rostro con las manos y el abuelo dice que él también sintió todo el tiempo ganas de llorar al compadecerse de aquel hombre joven todavía. Enfrente y en una manta con los ojos desviados por su angustia se hallaba también una joven madre arrullando a sus dos pequeños hijos que dormían incapaces de comprender la tragedia en la que se hallaban. El resto de la gente intentaba con resignación adaptarse a la situación y se preguntaban unos y otros con tremenda inquietud en aquellos días finales del 38.
– ¿Qué pasa en Madrid?
– ¿Cuándo terminara este infierno?

Estos y otros interrogantes eran los que con cierta tristeza ensayaba todo el mundo de explicase y a lo que nadie según él en esos cruciales días de la guerra sabía responder. Lo que sí era verdad es que nada había cambiado, para los madrileños ya que todo ocurría para ellos exactamente como los primeros días de la contienda. Pues seguían sus barricadas, sus escaparates vacíos, sus tranvías abarrotados, sus calles engalanadas con banderas republicanas y carteles de los diferentes partidos y sindicatos llamando a la defensa de la República. No obstante, la gente sensata parecía convencida que la difícil situación que atravesaba no tendría el fin esperado.

Al seguir explicando sus tristes recuerdos, quedamos como asustados al observar el aspecto rígido y tieso de sus manos temblonas intentándolas descansar sobre el mantel, fue cuando comprendimos que se hallaba recordando una de las situaciones más difíciles de su vida. Pero luego como siempre, cogió aire en sus delicados pulmones y con una sombría inspiración prosiguió su penosa charla.
– No, no podréis jamás imaginaras ese Madrid gris, los obuses silbando por la Gran Vía. Si, si ese Madrid hambriento y aterido; con largas colas ante los establecimientos que repartían sus pocas provisiones.
– El Madrid del “metro” caliente como refugio nocturno de familias entera; con sus mujeres atormentadas, sus alegres muchachas desnutridas y sus soldados de todas las edades.
– En fin ese Madrid - “rompeolas de todas las Españas”.

La ofensiva de Extremadura, fue el último y desesperado intento de romper el dogal que amenazaba de estrangulamiento a los ejércitos republicanos situados en el corazón de la península y en esta fracasada ofensiva cundió por todas partes el rumor de que la ofensiva había sido descaradamente saboteada. Hubo órdenes contradictorias y como consecuencia desbarajuste y caos. Pues al sentir de Francisco Ayala. La España republicana– “fue víctima de su desprevenida inocencia” y la batalla del Ebro. Preparada por el Estado mayor soviético lo confirma, donde fracasó la suprema dirección estratégica de los-“consejeros soviéticos y que desde entonces se puso su colaboración en entredicho.”
– ¿Cómo podían ignorar estos señores, tan dotados, que el alto mando fascista no aprovecharía la concentración de sus efectivos, al ser bien informados por su “Quinta Columna”, para emprender una acción ofensiva sobre Cataluña y asestar así a la república el golpe de gracia?

También en las batallas anteriores –Teruel, Brunete, Belchite y tantas otras. –Habíamos emprendido siempre la ofensiva. Pero siempre con resultados demasiado costosos al querer mantener las posiciones y tenerse que retirar poco después para salvar fuerzas y efectivos. En el paso del Ebro, al quinto día del ataque, se sabía con certeza; que nunca se sería lo bastante fuertes para hundir el frente enemigo y al final tuvieron que replegarse poco a poco y evitar así la estéril destrucción del grueso de nuestras fuerzas. Por todo esto, Franco desencadena la ofensiva final, con un ejército de 350.0000 hombres, el 23 de diciembre del 38 y el 26 de enero del 39. Todos nuestros incondicionales del mundo recibían consternados la noticia de la caída de Barcelona.

Otro aspecto de la responsabilidad soviética en la derrota española. Es sin la mayor duda la retirada de los voluntarios de la Brigada Internacional en el momento más dramático de nuestra resistencia en el Ebro y cuando el Gobierno falto de tropas. Tuvo que llamar a filas a los mozalbetes y a los hombres de cuarenta y cinco años y por tanto la consecuencia de todo esto fue cuando los moros y los carlistas habían tomado la capital de Cataluña. Las carreteras se llenaban de desdichados fugitivos, arrastrando sus pobres bienes y sus hijos. Los últimos combatientes del ejército de Cataluña protegían, a la medida de sus escasas fuerzas, la triste retirada de aquella muchedumbre de medio millón de desesperados hacia el paso de Perthus. Sí, aquellos bravos, que arriesgaron cien veces la vida, lloraban de congoja.

Con escondidas lágrimas, el abuelo sigue para decirnos que una mañana a comienzos del mes de octubre y cuando se hallaba desayunando en las dependencias del banco. Al hojear el periódico El País, vio en la lista de desaparecidos y muertos en el frente, el nombre del capitán Pierre Carré. Al salir del banco, torció hacia la avenida de la Castellana pensando cómo dar tan triste noticia a su hija Teresa, y fue al atardecer que después de ambular por las calles. Que se decidió entrar en su casa y contarla todo tal y como el periódico explicaba y sin añadir más: –Hija la cosa no es muy segura pueden haberse confundido. Pero Teresa lo dio por hecho, después de las últimas cartas recibidas por ella, donde le hablaba de las terribles perdidas en dicha batalla.
– ¿Por qué tanto sufrimiento?
– ¿Hasta siempre?… ¡Mi querido Pedro!
Teresa juntó las manos con ademán suplicante, para decir de nuevo.
– « ¡Padre, ayúdame!
– No creo que todo se haya acabado para mí…
–Padre quiero algo completamente distinto de lo que me has contado. Después, Teresa guardó silencio y desprendiéndose de sus brazos salió precipitadamente del salón para encerrarse en su habitación de la que tardó varios días en salir. Y no solo eso, sino que después pasó el resto de su vida sin casarse añorando tristemente a este joven francés.

En los últimos tres meses de la guerra se hizo evidente que era inútil resistir, pero las cosas en el ámbito político no estaban claras pues en la capital y no lo dice con tristeza, recibió la orden de ocuparse del último envío de oro y trasladarse de nuevo al Arsenal de Cartagena. Un mes después las cosas se empeoraron hasta el extremo que el 27 de marzo el Consejo Nacional de Defensa abandonó Madrid, para establecerse en Valencia. Y mientras Besteiro se queda en Madrid, Miaja huye en avión y el resto de la Junta del coronel Casado se aleja de España en un barco de guerra Ingles. El 25 de marzo el general Franco comienza su ofensiva en el frente extremeño; el día 26 en el frente de Andalucía, el 28 entra en Madrid, mientras que el cuerpo de Ejército Italiano avanza hacia el litoral y ocupa Alicante y el 1de abril.“La guerra ha terminado”.

La verdad es que el final de la guerra no lo hubiera evitado ni aplazado Negrín y ni siquiera intentó hacerlo. En cuanto a lo desastroso de ese final, tampoco es cierto que fuera culpa de la Junta de Defensa y tan siquiera la lucha ocurrida en Madrid puede imputársela a ella. Pues con o sin la Junta, nadie hubiera podido frenar los odios acumulados en la mayoría de las unidades no comunistas del ejército. Por tanto, habría que condenar la huida de la Marina de Guerra Española en Cartagena, Pues esta sin lugar a dudas fue la causa de la desbandada de todas las agrupaciones populares y la del ejército de la zona Centro-sur. Pues lo verdaderamente lamentable fue no haber podido hacer salir de aquella zona, a las treinta o cuarenta mil personas republicanas más significadas.

Ya que muchos de las cuales, pagaron con sus vidas la lealtad a la República. Pero esto tampoco es imputable a la Junta de Defensa, pues como bien digo si hubiésemos conservado la Escuadra; no cabe la menor duda que se hubieran salvado no solamente los que nos encontrábamos en la costa. Sino muchos pertenecientes a los ejércitos de Andalucía, Extremadura y centro. Dado que se replegaron hacia la costa, por no existir una “frontera”, que les estimulara hacerlo. La marcha de la Escuadra fue, como ya he dicho, la causa de este humano desastre.

Otro error, quizá consecuencia del primero, fue el lema de paz, que comenzó por enarbolar Casado; cuando debía de haber hecho todo lo contrario. Levantando la moral de la zona, organizando los cuadros de mando con la llegada de militares profesionales y reforzando las unidades con parte del armamento que existía en Francia. Y todo porque aunque no pudiera emplearse todo él, hubiéramos podido presentar en el Centro un ejército mucho más potente que el de Cataluña. Con ello nos asegura que la resistencia se hubiera prolongado unos meses más y lo suficiente para dar lugar a un cambio en la situación internacional; como fue el comienzo de la II Guerra Mundial.




















CAPÌTULO XXI

Cualquier mediano observador, podía saber perfectamente que después de Munich la guerra mundial era inevitable. Pues recuerdo, que la primera noche que pase en Marsella le dije a un oficial francés que pronto lucharíamos juntos, a lo que este lo reconoció al tener las mismas convicciones que yo. Pero cuando la cosa no dejó lugar a dudas, fue en marzo del 1939 después de la entrega de Checoslovaquia a los Alemanes. A partir de aquel momento, incluso Chamberlain, deseaba la guerra. Pero sigamos en nuestro país, para deciros que Cartagena en los últimos días de la guerra era un hervidero de gentes en busca de una plaza en cualquiera de los barcos que salían precipitadamente del arsenal, para entregarse a las autoridades francesas y con gran tristeza explica que dos días después de su llegada a Marsella. Los periódicos locales daban la noticia del final de la guerra Española.

El abuelo ahora hablaba pausadamente y sin gran tristeza en su voz. Como si hubiera largo tiempo meditado este momento. Para decirnos que en un buque de la Armada Española de guerra llegó a últimos de marzo a Marsella y recuerda que experimentó cierta admiración al doblar el cabo Croisette y ver cómo se abría ante la proa una vasta curva marítima. En el centro de ella, una colina abrupta y desnuda avanzaba hacia el mar, sosteniendo en su cumbre la basílica y la torre cuadrada de Nuestra Señora de la Guardia.

Marsella era por aquel entonces el puerto más importante del Mediterráneo, y en su bahía de cortas olas se alzan varias islas amarillentas con franjas de espuma y sobre ellas las torres robustas del novelesco castillo de If. Donde el Conde de Montecristo consiguió evadirse para limpiar su nombre y lograr así su venganza. Luego nos recuerda que él ya conocía Marsella pero que siempre llegó a ella por tierra y ahora al contemplar la ciudad desde el mar le parió como algo especialmente nuevo. Ya que ese día el mar se hallaba picado por un fuerte “Mistral” forzando la embarcación hacia la bahía.

A llegar al puerto observo como este hallaba repleta de mástiles y al fondo su amontonamiento de edificios grises, sobre los cuales brillaba la cúpula bizantina de la nueva catedral. En torno de Marsella se abre un semicírculo de alturas desnudas y secas, coloreadas alegremente por el sol de la Provenza y más allá de dicho semicírculo el horizonte estaba cerrado por un anfiteatro de ásperas y pardas montañas.

– ¡Marsella, señor Hernández! Le dijo el oficial que gobernaba el buque y que según nos cuenta, era un madrileño de carácter muy abierto y que por lo visto el también en varias ocasiones había hecho escala en la ciudad. –«Sonría hombre que cuando terminemos los trámites administrativos con las autoridades, le convido a una “buillabaisse” en el mejor restaurante de la Cornisa.

Es terrible y espantoso dice con un gesto agrio el abuelo. Para repetirnos que para él, Marsella en estos momentos, no tenía mayor interés y reconoce que había perdido su vigorosa alegría de vivir y el recuerdo de sus años jóvenes en esta ciudad le producía aún más trágica desesperación al no poder olvidar su familia abandonada a su suerte en ese Madrid vencido.

El buque amarró en la misma boca del puerto viejo, dejando a su derecha y en lo alto las baterías del faro. Este puerto viejo era el recuerdo más interesante de la antigua Marsella que tantas veces inmortalizo “Marcel Pagnol” a través de sus libros. Este puerto penetra como un cuchillo acuático en las entrañas de la ciudad y es original observar como los edificios se extienden por sus muelles. Es como una plaza enorme de agua a la que afluyen todas las calles. Pero su área, por resultar insignificante para tanto tráfico marítimo, hizo que ocho puertos nuevos venían de abrirse cubriendo toda la ribera de la bahía y finalizando en el pequeño puerto pesquero de la Estaca. Donde desde aquí el nuevo puerto se prolonga tierra dentro por el gran canal subterráneo que veía de nuevo su luz en el municipio de Marignane, para seguir su ingenio trazado hasta poner en comunicación al puerto con el Ródano.

Los trámites con las autoridades francesas fueron excelentes, y el “prefecto” que le recibió personalmente quedó sorprendido por su buen francés no tardando en expedirle su carta de refugiado político; a la vez de ofrecerle una ayuda económica momentánea hasta que encontrara una ocupación remunerada. Al salir de la prefectura se dirigió a las señas que un gendarme le había aconsejado como hotel muy cerca de la famosa “Cannebiere” vía central que termina en el puerto y concentra la mayor actividad de la ciudad.

Ese día un viento fresco y violento arremolinaba en ella el polvo y los papeles. Este molesto Mistral pone en guardia a los comerciantes y cada dueño de establecimiento se preparaba para hacer frente al habituado “huracán”. Que vuelca mesas e impide a las gentes, en sus ráfagas continuas poder marchar sin sujetarse fuertemente. Más tranquilo y con un rostro que determinaba resignación, sigue para decirnos que le gustaba por las mañanas pasear ante los puestos de pescados que todavía algunos de ellos se movían vivos con movimientos bruscos ante la falta de su única posible existencia - el agua. También con gran curiosidad dice que admiraba estos puestos alineados a lo largo del viejo puerto a la vez que poder discutir con algún grupo de español y también con estas gentes del sur habladoras y simpáticas.

Después marchaba a una de las calles paralelas a la Cannebiere donde había un local frecuentado por españoles y era raro el día que no se acercaba a este pedazo de España. Ya que en su interior, laminas en colores representaban corridas de toros, periódicos de Madrid olvidados en las mesas y una guitarra en un rincón hacían de este establecimiento algo que le hacía menos penoso su exilio. Si, ese era el lugar ideal donde españoles con sus mismas inquietudes buscaba las últimas noticias de su tierra.

Los días al principio parecían monótonos, pero no tardó mucho en producirse el acontecimiento terrible del siglo. Pues como era de esperar la IIª Guerra Mundial acababa de estallar y pese que ese día encontró un grupo de españoles que le aseguraban que la guerra sería muy corta. El les aseguro que no sería así, y el tiempo le dio la razón ya que la guerra se prolongaba y nadie podía adivinar su término. Por el dueño del bar que era un catalán con ideas anarquistas y afincado desde niño en Marsella, ese día por primera vez participó en una reunión que se celebraba en un local de la F.A.I (Federación Anarquista Ibérica) no muy lejos de allí y más preciso, en la rué Pavillon. Y que fue allí que pronto conoció a un sinnúmero de refugiados como él y, que por sus conocimientos del francés fue elegido al comité de resistencia “antifascista” ya la vez responsable de relaciones con las autoridades.

En realidad su responsabilidad era la solidaridad con los demás grupos y sobre todo la ayuda a todos los españoles necesitados. La campaña contra Francia comenzó el 5 de junio, Italia declaró la guerra a Francia y Reino Unido el 1 de junio. La “Línea Maginot”, que dejaba a merced del enemigo la frontera con Bélgica que creían indestructible, no fue capaz de aguantar la poderosa ofensiva Alemana. Pues el comandante de las fuerzas francesas, el general Máxime Weygand, no disponía de ningún medio para proteger París por el norte y el oeste. El 17 de junio, el mariscal Henri Philippe Pétain, nombrado jefe de gobierno el día anterior, solicitó un armisticio, que fue firmado el 22 de junio, en el que se acordó que Alemania controlaría el norte y la franja Atlántica de Francia. Pétain estableció la capital de su gobierno en Vichy el 1 de junio, en la zona no ocupada del sudeste y constituyó así un régimen colaboracionista.

El 6 de diciembre del 40 François Pietri, embajador del gobierno de Vichy y allegado del Estado español. Presentó sus cartas credenciales al general Franco, y mismo se dice que Pietri y Franco se separaron fríamente. Más tarde los dos consejeros y funcionarios del ministerio de Asuntos Exteriores. Lebel y de la Tour du Pin completaron el equipo de Pietri, consiguiendo inmejorables relaciones de cooperación. A estos les siguieron los agregados militares. El capitán Delaye y los tenientes coroneles Epine y Beroetta. Que llegaron a un acuerdo vergonzante de colaboración que incluirá la represión y entrega sistemática de los refugiados españoles unos a los alemanes y los más significativos, al gobierno Español. En estas circunstancias pronto comenzó un éxodo masivo de evadidos de Francia.

En cuanto a las cifras, unos dan 35.000 alistados en las fuerzas francesas combatientes, formando los batallones de choque. Otro número importante se lanzó a la lucha guerrillera en las ciudades o en el monte, y otros fueron apresados y conducidos por fuerza a trabajar en las fábricas alemanas. Así como los que con menos suerte, al ser delatados por los servicios secretos españoles, fueron conducidos a los tristes campos de exterminio. Esta situación desesperante dio luz al crearse la “Francia Libre”. Denominación que recibió el grupo de voluntarios franceses que, durante la IIª Guerra Mundial, se reunieron en torno del general Charles De Gaulle. Después de su llamamiento, hecho desde Londres el 28 de junio de 1940, para proseguir la lucha contra la ocupación alemana.

–«Perdone abuelo pero quisiera preguntarle, si usted mientras tanto mantenía correspondencia con la familia». El abuelo sonríe y colocando cariñosamente su mano en la de él. Se sentó a su lado y dijo con voz apagada: –Antoñito no creas que me olvide de la familia.
–Pero os explicaré con detalle como por mis responsabilidades en la resistencia francesa conseguí mantener comunicación continua con la familia.

Bueno, durante algún tiempo, las responsabilidades en el comité se limitaron a ayudar económicamente a través de La Cruz Roja Francesa a los compatriotas necesitados; pero la situación fue empeorando por una guerra que se prometía larga y sus responsabilidades fueron cambiando hacia actitudes cada vez más peligrosas. Ya que fue en noviembre del 42 que comenzó el éxodo en masa de evadidos franceses. Ante tal situación y por sus conocimientos, fue nombrado por los dirigentes de la resistencia de la que hacia parte activa. Responsable de organizar la salida masiva de oficiales franceses dispuestos a ganar Londres o Argel con el fin de incorporarse a la Francia Libre.

Como veréis todo sucedió al azar, pues al mantener un contacto permanente con La Cruz-Roja y recibir consignas del comité de Argel por el intermediario de un comisario de Asuntos Extranjeros del que se manifestó voluntario a colaborar con La Cruz-Roja, nos dio por zonas geográficas los centros hoteleros dispuestos ayudarnos en España. Y así fue pues una mañana a comienzos de diciembre, les presentaron a tres oficiales franceses, que por casualidad uno de ellos fue Louis Jacquinot y que después de la guerra fue ministro de De Gaulle. Si fue Luis Jacquinot quien le facilitaría el contacto con Mgr André-Mas, responsable del paso de fronteras, a la vez Mgr André-Mas les proporcionaría unos voluntarios anónimos que les ayudaban a pasar la frontera por unos puntos clave, de este a oeste de los Pirineos. Siendo los más destacados; Dancharinea, Elizando, Valcarlos, Isaba, Nuria y un etcétera y una vez pasada la frontera debían ganar Madrid.

Es verdad que parecía una misión difícil, pero al parecer el enlace que les acompaño. Conocía a un compatriota suyo, llamado Monsieur Joaquín Sánchez Robles, director del hotel Mora de Madrid. Situado cerca del museo del Prado y que durante la guerra hospedaba a gran número de franceses evadidos y con el beneplácito de ciertos policías locales bien remunerados. A este francés procedente de Argel y de origen español, el abuelo, le dice que le quedó muy agradecido por sus servicios a él personalmente y en particular a La Cruz-Roja.

Sí, os aseguro que después las cosas fueron más fáciles de lo que creyó pues las cartas con sus señas pasaban por la mano del dueño del hotel Mora a su mujer y que luego periódicamente él se encargó durante años de que no le faltara correspondencia. Y es por ello que supo que su hija Matilde se había casado con un juez de primera instancia y que un año después nació este mocoso que es mi nieto. También os diré que en estos años tan difíciles y peligroso tuvo mucha suerte al estar siempre muy resguardado por gentes de diferentes ideologías y que nunca podrá agradecerles lo que hicieron por él. Ya que al poco tiempo las tropas estadounidenses y francesas, habían llegado a la costa meridional de Francia (al sur de Marsella) el 19 de agosto y establecieron el contacto con las fuerzas de Bradjey en las proximidades de Dijon la segunda semana de septiembre.







CAPÌTULO XXII


Al terminar la guerra en Francia. Las cartas de Matilde fueron más continuas y alentadoras donde le decía que por mediación de su madre y de su yerno que él no conocía. Habían intervenido en la persona de un responsable político de alta categoría de la falange (Rafael Sánchez Mazas). Que no era otro que aquel joven gafo-tas que en su día conoció en los salones del Casino de San Sebastián y que pretendió ser el futuro marido de Matilde. Y así fue pues al poco tiempo le comunicaron el día que debía pasar por el consulado de Marsella a recoger el visado que le permitiera regresar sin ningún peligro, de nuevo a Madrid.

Y así fue pues al poco tiempo le comunicaron el día que debía pasar por el consulado de Marsella a recoger el visado que le permitiera regresar sin ningún peligro, de nuevo a Madrid. Pero os aseguro que siempre odié con todas mis fuerzas el fascismo, y ahora se me permite volver con el rabo entre las piernas a condición de perder mis actividades y presentarme periódicamente en la comisaria cetro situada en el número 1 de la Corredera Baja.
– ¡Qué pena siento!… ¡Qué pena!»…

Al ver en la situación que se hallaba nos precipitamos todos hacia él, para pasarle las manos por los hombros y al unísono le dijimos: –«abuelo no sufra la vida es así».

–Muchachos… ¿Qué decís?
– Sí, soy viejo pero no le deseo a nadie esta vida. – ¡Qué asco! – ¡Qué asco!
– En fin. – ¿Espero no volver a contar a nadie todo esto?
– Abuelo no sufra y sepa que nosotros le comprendemos su lucha y además, creemos que no fue en vano.
–Ya que con su sacrificio un día mismo si usted no lo ve.
–Conseguiremos que los hombres sean libres y los “Derechos Humanos” sean una razón de Estado.

Al abuelo por fin, le hicimos sonreír y la pesadumbre que sintiese poco antes parecía desvanecerse. Pero también es verdad que nosotros aunque conseguimos tranquilizarle su últimas palabras crearon una angustia indescriptible en nosotros. Después se sentó de nuevo cerca de su nieto, para decirle: – ¿Comprendes? –No tuve más remedio que seguir viviendo así y te pido que no-té de pena de mí, pues yo hice lo que creí que era mi obligación moral.
– Pero en fin la vida es así.
– ¿Comprendes Antoñito, no puede ser de otra
Manera?
–«Es verdad que al principio se me hizo muy cuesta arriba, pero ahora he llegado a comprender que no puedo seguir amargando las vidas de mis seres queridos».
–Bueno muchachos creo que no obstante debo continuar explicados como fue mí llagada a la capital.

Sí, os diré que pasé toda una noche sin dormir y que por fin, a las cinco de la tarde llegó el tren sin mayor complicación a la estación del norte y os aseguro que el Madrid del año 45 me dio mucha pena. Ya que mismo si se había establecido la tranquilidad de los años de la guerra asegura con cierta resignación que las gentes marchaban tristes y con un abatimiento general.

De nuevo sintió otra vez odio contra esta dictadura fascista inhumana y retrograda y, al llegar a la altura de la Plaza del Callao permaneció inmóvil con la mirada perdida en este gentío; pero nos asegura que percibió en sus rostros una notable indiferencia a los acontecimientos. Algo así como si su única ilusión fuera pasar desapercibidos en su precaria subsistencia. Luego levanto los hombros y sonriendo con desprecio a esta pasividad de las gentes, se dijo con cierta resignación que con el tiempo la dictadura se fortalecería por su privilegiada situación geográfica en Europa y contaría siempre con el apoyo incondicional de las potencias capitalistas de Europa e Incluido por los Estados Unidos por su visceral anticomunismo.

Como si le animase de pronto una nueva fuerza, se puso a caminar por la calle abajo en dirección a la Corredera Bajo de San Pablo y no volvió a levantar los hombros al sentirse acobardado ante su nueva situación tan desagradable. Pero ahora hacia su persona; por haber aceptado volver… Pero que según se acercaba a su casa se fue calmando poco a poco al recordar que su familia le necesitaba y que no eran responsables de sus derrotadas ideas.

Más tarde, al recordar de nuevo su situación actual y observar que no dejaba de su mano el salvoconducto que le entregaron en Marsella le hizo reflexionar sobre su situación y comprendió que si su vida estaba amenazada y controlada; no debían por su familia crearla de nuevo más problemas.– Y, además. – ¿Quién sabe si le habrán seguido hasta aquí?
– Él tenía la certeza que por mediación de la policía francesa conocían sus actividades en Marsella y que en todo instante seria vigilado.
–Maldita-política…Está desesperada afirmación de su situación, le hizo sonreír burlonamente al recordar su doloroso pasado y reconocía que su recuerdo pesaría el resto de su vida como una losa. Dado que si su filosofía de la vida era una utopía, sus ideas eran buenas pero las religiones seguían envenenado todo lo relacionado con este humanismo que cada vez era más imposible

Ante la insistencia de sus recuerdos y la tenacidad con que se repetían. Terminó por cerrar sus puños y avanzar con paso rápido por la calle, hasta encontrarse ante el oscuro y silencioso portal de su casa. Y como si le animase de pronto una nueva fuerza, dice que sonó la puerta como si fuera un ser extraño y, al abrir la puerta una mujer surgió del profundo pasillo para saltar hacia él con los brazos extendidos. Pero os aseguro que el impulso fue tan violento que le hizo chocar contra el cerco de la puerta. Era Matilde que con su abrazo femenino cerró a la vez sobre él su boca con esos de labios ávidos, suspirantes; a la vez que sus ojos lagrimosos por la emoción, eran acompañados de una sonrisa, mezcla de amor y de nerviosidad dolorosa.

– ¡Tú!… ¡Tú! Volvió a repetir Matilde con voz llorona, a la vez que le temblaban las piernas y como una ola de frío le estremeció la espalda de felicidad. – ¡Antonio! Suspiró Matilde, intentando abrazarle de nuevo y después recuerda que era tal su felicidad que poco a poco se fue habituando a la luz difusa del pasillo. La cual le permitió ver detrás de ella a su hija Teresa esperaba su abrazo, que fue a la vez prolongado, cariñoso pero a la vez sufrido. Luego al contemplar de nuevo a las dos mujeres con ojos amorosos dice, que aunque aun guardaba cierta timidez llego a decir a Matilde: – ¡Estás muy bonita! – ¡No has cambiado nada! A lo que Teresa al ver en la situación en que se hallaban sus padres terminó por decirles: – ¿Qué hacen ahí, contemplándose con ojos de cordero degollado? – ¡Cierren la puerta y pasen al comedor que padre estará cansado!

Os lo afirmo con la mayor convicción que fue después de este hermoso momento, que comprendí que al fin y al cabo la vida era hermosa; pese a la situación en que se encontraba. Si era la teoría del eterno comenzar de las cosas, mismo si no aceptaba su falsedad. Para él los hombres y los sucesos, se continuarían repitiendo como ocurre en la tierra, los días y en las estaciones y aunque todo a los ojos de los demás pareciese igual para él las cosas ya no serían nunca realmente iguales para él. Es verdad que la vida se desarrolla, siempre ocultando su lado mentiroso e inmovilista. Pero reconocía que sus ideas, mismo si ahora quedaban vencidas. Un día se desarrollarían como él siempre había soñado. Y por tanto debía de dejar de soñar y a su asumir sus FRUSTRADOS SENTIMIENTOS.



EPÍLOGO

Ante nuestro silencio profundo, y después de extender su mirada cansada por cada uno de nosotros, se levantó cautelosamente y con gesto de fatiga nos pidió perdón para con movimientos torpes caminar hacia el pasillo donde la abuela Matilde le esperaba con la sonrisa de siempre. Mientras tanto España, se cierra en una larga historia cada vez más complicada haciendo Franco oídos sordos a los continuos fusilamientos de los llamados rojos y donde más de 300.000 serán fusilados. Sin contar los miles que fueron abandonados en las cunetas después de ser vilmente asesinados.

Pues para un buen español su deber era denunciar a un “Rojo”; pero los abusos fueron tantos que tuvieron al final que verse obligados por adelantado tener que hacer las denuncias por escrito y firmar. No obstante, los consejos de guerra instituidos por Franco, son de corte marcial y sin apelativos… Y por tanto fueron inútiles todas las protestas internacionales. Así fue como: –« España entró en una situación trágica y oscura».

Para hacerse una idea del poder de la dictadura habría que remontarse al decreto del 4 agosto de 1937, en el que define a Franco como instigador. –«De una época histórica durante la cual España cumplía su destino. –Sí, en una palabra cumplía los objetivos del “Movimiento”». –“El caudillo” ejerce la autoridad la más absoluta y en el más amplio término. –« El Caudillo es responsable delante de Dios y de la Historia». – Las leyes de los años siguientes le acordaran «todo el poder del Estado, todas las funciones gubernamentales» –«Y por tanto este poder supremo de establecer las normas jurídicas de carácter general son solo responsabilidad de él». –En una palabra, él es el Caudillo de España por la gracia de Dios, o sea: – « ¡El estado es mío!».

Fue la última vez que el abuelo volvió a sentarse con nosotros de la misma manera y fueron los años de dura frustración que acabaron con él. Pero para mí, el abuelo no llegó a comprender que le tocó vivir la época más brutal de la historia humana. Al ser la codicia probablemente la problemática más dura que ha de afrontar el ser humano… No creo que el carácter fundamental de la humanidad vaya a cambiar pero de lo que sí estoy seguro, es que somos animales carnívoros y esto nos fundamenta. Como también estoy seguro de que su vida fue como la de tantos otros en el sufrido periodo que le tocó vivir y sus quejas son las mismas que años después corrientemente escuche en las cárceles franquistas.

Sí, sus sentimientos como los míos nos vienen de que cuando fuimos jóvenes había cuatro o cinco pensadores que marcaron la pauta del siglo… Einstein, por ejemplo, era uno de ellos, otros fueron: – Bacunin, Marx, Alber Schweitzer, Ghandi y alguno más a los que él admiró. Pero ahora, desde que asesinaron al “CheGuevara.” – Ya no queda nadie…
– Sin embargo, siempre recordaré palabra por palabra todo lo que “el abuelo” contó todo pese a que siempre tuve miedo a la huida del tiempo, al desgaste del recuerdo y las esperas frustradas.
–Por eso decidí escribir algo parecido a sus memorias que él no llegó nunca a escribir.
– No obstante, la verdadera historia de Antonio Hernández fue su gran personalidad y sus hermosos sentimientos humanos que cautivaron.
– Y por eso estoy seguro de que su sacrificio como el de tantos otros no fue en vano, pues ellos contribuyeron con su ejemplo y sacrificio a que otros más jóvenes más tarde hiciéramos realidad sus sueños. «Una España soberana y democrática»
Marignane - Francia - 2002-08-06
Pablo-García-Cabrero



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MensajePublicado: Mie Ene 09, 2013 15:14    Asunto: Responder citando

Gracias y termina
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