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Didática elemental para una maestra incompetente.



 
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hermes de paula quezada
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Registrado: 27 Abr 2003
Mensajes: 522
Ubicación: Republica Dominicana

MensajePublicado: Dom Abr 28, 2013 09:33    Asunto: Didática elemental para una maestra incompetente. Responder citando

No fueron necesarias para Josué, las lecciones de geometría que la maestra de básica del segundo año impartía sin dominar. Con apenas siete años, se incorporó a la ventana de la casa del tercer nivel donde aprendió sus primeras lecciones de miseria e impertinencias de los malos vecinos y gritó, Mira papi, cuatro hombres tan grandes y duran tanto para construir una Z. Su padre ignoró la invitación. Con una mirada sonriente, en medio del exagerado volumen del radio que tocaba la bachata quiso sugerirle que los hombres no estaban construyendo una Z, estaban jugando Dominó. Debido a la consistencia del niño que lo alaba hacia él por el rostro con la palma de la mano derecha, Ven mira como están mirando la Z que tienen en la mesa, el padre tuvo que incorporarse a la ventana.


Son los jugadores de Dominó contestó el padre sin encontrar en su rostro el menor gesto diferente al de mirar la Z que los jugadores habían armado, hasta que bajó de la ventana como si estuviese enojado por el salvajismo de aquellos hombres que destruyeron con violencia y discusiones acaloradas, lo que había sido para él objeto de análisis e interpretación.


Como cualquier niño inquieto, Josué dañaba todo. Jugaba en la computadora, hacía dibujos interesantes y utilizaba el procesador de texto para escribir sus primeras palabras. En lo mesa estaban los trabajos que los alumnos de su padre habían entregado, uno con habilidades y capacidad creativa, otros con esfuerzo y ojeras matutinas, algunos con ingenio y dedicación, otros con historial de fracaso y habilidades para copiar de sus compañeros, pero todos habían entregado sus trabajos.


En la habitación, Martha y su esposo hacían algunas tareas eróticas de casados con hijo jugando en el ordenador. Se iban consumiendo en ese mundo que los acercaba a los límites infinitos del universo que habían inventado en noches anteriores. Hasta condensar en la húmeda pseudoesfera que dibuja en su centro el fin de los placeres masculinos, los efectos sagrados de un punto donde termina la recta.


Josué estaba acostumbrado a dañarlo todo, ellos lo sabían, pero como estaban involucrados en importantes asuntos de la cama, no repararon en que los trabajos estaban tirados en el piso. Mientras su padre se bañaba le llegó la idea de decirle al niño que la Z estaba formada por tres rectángulos. No solamente lo pensó, sino que recordó que el tema de los trabajos que le habían entregado los estudiantes era “Área de algunos polígonos irregulares”. Ya había abierto la boca para decirle a Josué que la Z estaba formada por tres rectángulos, pero cuando vio los trabajos tirados en el piso escupió la frase porque ya la tenía en la punta de la lengua. Josué siguió de espalda dañando las carpetas, No son tres, papi, son veinte y ocho, los conté cuando los hombres la estaban formando sobre la mesa. El padre caminó enojado hacia donde estaba el niño dañando los folders. De repente cambió de actitud, Josué había dibujado las veintiocho fichas de dominó y estaba sentado contemplando la Z que también había construido en el piso.
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