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Cartas marinas



 
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Autor Mensaje
Billy MacGregor
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Registrado: 28 Ago 2014
Mensajes: 51

MensajePublicado: Jue Oct 30, 2014 10:51    Asunto: Cartas marinas Responder citando

Se llamaba Rafael y tenía toda la vida por delante. Tenía una novia preciosa y lista como el hambre y una furgoneta Volkswaguen donde en cuanto podían y con sólo unas monedas y un par de bocadillos se escapaban a descubrir mundos nuevos por ahí los fines de semana y a soñar bajo la sombra de una encina que alguna vez tendrían muchas ventanas con macetas que dejaran, abiertas, correr el aire por la casa como un niño. Un perro que se llamara Walter. Uno de esos tocadiscos antiguos, donde escuchar a la Simone llorar apoyada en la farola que hace esquina con Park Avenue, por un mexicano de Chihuahua. Tenía, todas las ganas de ser alguien, una persona por lo menos; tenía un cactus junto al ordenador de la oficina al que siempre en abril le brotaba una ridícula florecita. Tenía un montón de amigos. Los dientes muy blancos. Un tatoo que decía: “Carpe Diem”, y un corazón tan grande, que el día que aquel coche se saltó el semáforo y lo embistió como un rinoceronte, no se cabía en la 212, entre enfermeras; compañeros de curso; primos; vecinos y hasta el panadero del barrio o una mujer que nadie supo nunca cómo se llamaba y que llegó diciendo que si allí era donde el chico aquel tan guapo que una vez me ayudo a cruzar la calle, y así todos los días aunque tuviera prisa por llegar a algún lado. Yo, a veces, tardaba más queriendo, por supuesto en cruzar el paso cebra, a ver si me contaba dónde iba, con aquello latiendo tan rápido, y que cómo se llamaba, ella, claro, porque el chico, dentro de los ojos, tenía algo, ya me entiende, como cuando ves el mar la primera vez, para mí, que era rubia.

Tenía veinticuatro años y ahora hay que regarlo como a una puta planta. No habla. No se mueve. No siente nada. Ni las llagas en la espalda ni el frío ni el calor. Da igual que le des los buenos días o las buenas noches aunque todavía esté brillando el sol. Rafael ya no está. Su actividad cerebral es tan plana desde entonces como una pista de patinaje sobre hielo. A veces, dice su madre, parece que te entiende. Porque es su madre. Pero no te entiende. Nunca más va a hacer otra cosa que apenas respirar, y de vez en cuando, sufrir algún espasmo muscular por completo aleatorio y puntual, y que a ella le parezca que. Porque es su madre. Y aunque ya haya perdido la esperanza, Rafael todavía es su hijo. Y lo será mientras respire. Y cuando ya no lo haga. Pero mientras respire seguirá todas las tardes a la hora del café contándole cosas de ahí fuera. Que Papá no está bien de la tensión, que no hace caso y se levanta por las noches a comer y deja abierta la nevera y aquello hace ¡piiii piiiii piiiiii! y así, no se puede. Que ya ha sido el cumpleaños de Javier, que lo han celebrado a los pies de su cama y su hermano, después de soplar lo ha abrazado y le ha dicho al oído que ya se ha sacado el carnet, que piensa ir a Luxemburgo, que si le deja las llaves. De la Volkswaguen.
Que el equipo de rugby había mandado una postal desde Canadá, porque habían llegado a las semifinales. Que mañana tocaba afeitarlo. Que el domingo iba a hacer arroz con mejillones y esos trozos de pescado que tanto le gustaban. Que no. Que para qué. Si tú ya sólo comes por un tubo esto triturado. Que no estoy llorando. ¿Ves? Tenía un ojo en la cosa. Que te quiero contar... No te enfades: Isabel se casó. Con un muchacho de Alburquerque. Muy alto. Dicen que tienen dos varones. Y que el primero se llama como tú. La última vez que estuvo aquí me dijo que el psicólogo le había aconsejado que dejara de venir, que iba ya para tres años, que tenía que tener una vida, una donde no estuviera todo el tiempo llorando, sin poder hacer nada, porque eso era, le habían dicho los psicólogos me dijo, lo único que se podía hacer...yo, hijo, fui la primera que le dije que tenía unas alas tannnn bonitas... que ya era suficiente, que volara, porque sabes, Rafael, la vida, pobrecita, se le estaba escapando.

Tenía, entre las manos, la arena de la playa.
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