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García Lorca


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Clio
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Registrado: 15 Jul 2006
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Ubicación: Ciudad Aut. de Bs. As., Argentina

MensajePublicado: Mar Feb 16, 2010 02:59    Asunto: Responder citando

Lo amo, lo amo, lo amo.

De los poetas españoles (tal vez me haya quedado suspendida en el tiempo, con los años puede pasar) Machado y Lorca, aunque relea diez mil veces sus poemas, siempre me hacen vibrar,

Besos.
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Sol
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Registrado: 26 Dic 2001
Mensajes: 4083
Ubicación: Argentina

MensajePublicado: Mar Feb 16, 2010 11:24    Asunto: Responder citando

Si, me encantó. Pero lo último, ¿ no es de Juan Ramón Jimenez?
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DELLWOOD
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Registrado: 25 May 2001
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MensajePublicado: Mar Feb 16, 2010 12:10    Asunto: Responder citando

Creo que ha habido un malentendido. El último poema es de JRJ, como creo que digo en el mensaje en el que lo publiqué.

No obstante, Lorca, como se ha dicho hasta la saciedad, también renegó de su poesía, tanto por haberlo encasillado, como por críticas de su gran amor, Dalí, que le reprochaba tanto panderetismo y romancero. De ahí surge Poeta en N.Y., del deseo de demostrarle a Dalí que él también puede ser surrealista. La gota que colmó el vaso fue Un perro andaluz, la película de Buñuel y Dalí. Lorca se dio por aludido como perro andaluz. Y dijo, pues ahora , de N.Y.
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leo..poco
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MensajePublicado: Lun Ago 27, 2012 14:26    Asunto: Responder citando

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DELLWOOD
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MensajePublicado: Lun Sep 03, 2012 04:35    Asunto: Responder citando

PERIPECIAS FILOLÓGICAS DE LOS SONETOS DEL AMOR OSCURO

«Tú nunca entenderás lo que te quiero / porque duermes en mí y estás dormido / yo te oculto llorando, perseguido / por una voz de penetrante acero». Es el primer cuarteto del soneto El Amor duerme en el pecho del poeta, el penúltimo de la serie de los Sonetos del Amor Oscuro escritos por Federico García Lorca. Y es el primero que habla de un amor masculino como destinatario de sus poemas.

En noviembre de 1983 apareció una edición no venal, clandestina, de los sonetos. Cuatro meses después, el 17 de marzo de 1984, ABC publicaba oficialmente y en exclusiva los 11 sonetos del poeta granadino, por primera vez juntos y ordenados. Esta es una historia de pasión, de miedo y de misterios, una más de las que rodean la vida y obra del gran poeta español del siglo XX. Hoy otra exclusiva que publica el diario ABC.

En la edición no autorizada de los sonetos aparece por primera vez y de forma explícita su reivindicación de la homosexualidad, del amor sin límites, de su queja y angustia por el amor estéril y en aquella época y en tantas otras incomprendido. Quiere hablar de aquellos a los que en Granada «sólo les saludaba el aire», que decía Ángel Ganivet.

El 16 de agosto de 1936, Federico García Lorca fue detenido en casa de sus amigos los Rosales, falangistas de Granada, y fusilado por las llamadas Escuadras Negras y voluntarios golpistas dos o tres días más tarde en el barranco de Víznar. Como se sabe, su cuerpo nunca apareció.

José Rosales, el padre de los falangistas, entregó a Federico García Rodríguez, padre del poeta, todos los documentos que su hijo había dejado en su domicilio de la calle Angulo mientras permaneció allí escondido. En ese momento el poeta era un autor de éxito, pero con escasa publicación de su obra. Se cree que en esos días trabajaba sobre los sonetos y sobre el drama de La casa de Bernarda Alba.

La familia García Lorca, retenida durante la guerra en Granada, pudo abandonar España en septiembre de 1939 rumbo a Nueva York.

Pero antes, durante una parada obligada en Madrid, Federico García Rodríguez buscó y recogió cuantos manuscritos encontró, y depositó toda la obra de su hijo asesinado que pudo recopilar en una caja fuerte del Banco Urquijo. Y allí permanecieron los documentos hasta muchos años después.

Federico García Rodríguez murió en Nueva York el 30 de septiembre de 1945. Allí está enterrado. Su familia regresó a Madrid en 1951 y, a partir de finales de los años sesenta, Francisco, el hermano del poeta, reunió a un grupo de estudiosos lorquianos para que hicieran un inventario, una catalogación de los documentos, con vistas a realizar una edición crítica de su obra, que seguía custodiando el Banco Urquijo.

En ese momento sólo existía la edición de sus obras completas en Aguilar. Publicación, por cierto, autorizada en un Consejo de Ministros de Franco que consideró que se podía vender porque era un libro muy caro y sólo para estudiosos. El prólogo lo pudo firmar el poeta Vicente Aleixandre.

«Fueron unos meses de trasiego constante», recuerda Manuel Fernández Montesinos, «cada día sacábamos los documentos del banco y los llevábamos a mi casa, o a casa de mi tía Isabel, y de allí otra vez al banco. Había que leer la letra ilegible de mi tío, ordenar las cuartillas. Era agotador. Hasta que al fin los trasladamos a una sucursal de la Caja de Ahorros de Madrid, cerca de aquí».

Los investigadores eran el irlandés Ian Gibson, los franceses Marie Laffranque y André Belamich. Y los españoles Eutimio Martín y Francisco Giner. Dos especialistas españoles y tres extranjeros. «Todos vieron todos los documentos… cualquiera pudo copiarlos», dice Montesinos.

En 1981, André Belamich publicó las obras completas de García Lorca en la prestigiosa colección «La Pleiade», de la editorial Gallimard. Esta edición en francés, incluía los Sonetos del Amor Oscuro bajo la supervisión de la hispanista y amiga de la familia Marcelle Auclaire. Era una traducción, de modo que los errores de lectura del original, que los hay, se deducen desde esa traducción. Y ahí comenzaron la aventura y el misterio de los Sonetos que habrían de llamarse «del Amor Oscuro». «El amor que no tiene nombre», que diría Oscar Wilde, del que hablaron Vicente Aleixandre, Pablo Neruda o Rafael de León.

Tras la publicación en Francia y en francés, «en España nadie mostró interés», dice Manuel F. Montesinos, sobrino de García Lorca. Pero se produjo una revolución en el mundo literario español. ¿Por qué se publica en Francia una obra de Lorca que en España no se conoce? Esa pregunta era constante en las tertulias literarias durante aquellos años. Y también la indignación.

La familia no quería publicarlos, dice el hispanista Ian Gibson, «no podían soportar que alguien dijera que Lorca era homosexual». El entonces subdirector de colaboraciones culturales de ABC, Santiago Castelo, añade que «el calificativo de oscuro era un juego que hablaba del amor prohibido entre estos amigos, que nadie de la familia García Lorca quería aceptar».

El catedrático de Literatura Mario Hernández, hoy considerado el máximo especialista en la obra literaria y gráfica de Lorca, señala que las razones eran puramente comerciales. «Había mucho trabajo que hacer, de clasificación, comprensión de aquellos documentos». Lorca había dejado muy poco publicado. La familia intentaba hacer una edición crítica de las obras completas. Nada más. «Si Francisco García Lorca pone a disposición de los lorquistas internacionales todos los manuscritos de Lorca, incluidos los sonetos, ¿dónde estaba el ánimo de ocultación?». Desde 1939, los García Lorca se afanaban por recopilar toda la obra del poeta, de rastrear las ediciones piratas, de las que había muchas y por todo el mundo.


Diciembre de 1983. Daniel Eisenberg es un hispanista que andaba en aquellos años por España. Desde Nueva York cuenta que el francés Belamich le facilitó una copia de los sonetos. Y esa es la que llegó a manos de otro catedrático, Victor Infantes, que preparó la edición clandestina y la llevó a una imprenta de Illescas. Hizo 250 copias y alguien las envió en un sobre rojo con matasellos de Granada y fechado el 14 de diciembre de ese año. Otro catedrático, Pedro Cátedra, que ni afirma ni niega, pudo participar con otras personas en esta confabulación literaria. Víctor Infantes y Pedro Cátedra se niegan a hablar del asunto: «No es el momento, se puede perjudicar a terceros». Pero ni confirman ni desmienten su participación.

Daniel Eisenberg añade que su abogado les recomendó que no apareciera nombre alguno en la edición no venal. «Así nadie reclamaría derechos, y nadie se querellaría».

Esta edición, con tapas también rojas y páginas rosas en papel verjurado inglés y tipografía bodoni, era como las que empleaba Manuel Altolaguirre para publicar las obras de sus amigos poetas en su imprenta de Málaga. El libro es una edición de bibliófilos y para bibliófilos, lo que va inscrito en el cuidado tipográfico y en la estricta numeración de ejemplares. Eso es sagrado para los especialistas en las ediciones numeradas.

«Este libro clandestino tiene una intención tipográfica selecta —dice Mario Hernández—, la hizo alguien muy culto y sabido. Esta edición en realidad es un juego literario exquisito».

Ian Gibson fue uno de los elegidos. «A mí me llegó una copia, sin remitente, anónima. Yo no sabía nada de este asunto, ¡lo juro! En cuanto a los destinatarios, me gustaría conocer la lista completa. No la tengo yo. Solo sé que a mí me llegó un ejemplar, así como, me imagino, a todos los lorquistas más o menos acreditados y luego a una selección de escritores y a gentes de alguna manera afines. Mi ejemplar está en mi archivo de Fuente Vaqueros».

El entonces director de la Casa-Museo de Fuentevaqueros, Juan de Loxa, recibió otra copia. También el poeta y profesor de Métrica Antonio Carvajal, Félix Grande, Luís Rosales y Vicente Aleixandre. Isabel García Lorca y Manuel Fernández Montesinos fueron otros destinatarios. Indignado, F. Montesinos comenta: «La familia lo vivió como una provocación, como una confabulación de una serie de personas que consiguieron su objetivo: publicitar la existencia de los sonetos sin esperar a que nosotros los editáramos».

El libro no da ningún nombre, no aparece Federico como autor, ni figuran los nombre de Vicente Aleixandre ni de Pablo Neruda, pero sí unos textos suyos, que todo lorquiano conocía pero que no podía denunciar. Y al final, una declaración:

«ESTA PRIMERA EDICIÓN DE LOS SONETOS DEL AMOR OSCURO SE PUBLICA PARA RECORDAR LA PASIÓN DE QUIEN LOS ESCRIBIÓ. GRANADA, EN EL OTOÑO DE 1983»

Si Eisenberg los copió en Francia, o se los dio Belamich y Víctor Infantes los imprimió en Illescas tras hacer la edición en Madrid, ¿quién los envió por correo desde Granada? «La ciudad donde nació y murió Federico es un pretexto simbólico, lo mismo que el otoño. Los dos foman parte de un juego literario propio de entendidos», asegura Hernández, en su ensayo Jardín deshecho, dedicado a los sonetos de la edición no venal. Otoño, la edad madura del poeta... Granada, ¡su ciudad!

Tras la aparición de la edición no venal, la familia se puso en contacto con otro especialista, hoy fallecido, Miguel García Posada. «Todo con mucho secreto —recuerda Santiago Castelo—. En ABC no teníamos ni idea hasta que el director de entonces, Luis María Anson, dio luz verde a su publicación. Fue como una bendición apostólica que otorgaba a los sonetos un periódico de gran prestigio». «Recuerdo perfectamente —dice Manuel Fernández Montesinos— cuando llegó Anson a mi casa acompañado por un fotógrafo, como una tromba. Venía a fotografiar los originales de los sonetos».

Por fin, el sábado 17 de marzo de 1984 el diario ABC publicaba por primera vez en castellano los 11 sonetos de amor, de los que todo el mundo literario hablaba y que pocos habían visto. Acompañaban a la edición artículos de Lázaro Carreter, de García Posada y Montesinos. En las páginas de huecograbado aparecía una serie de fotografías del poeta.

Fue un acto de justicia poética que provocó un gran júbilo entre los amantes de la poesía. Se llamaban Sonetos de Amor. El término oscuro apareció más tarde. El profesor Antonio Carvajal asegura que la publicación fue un acontecimiento de los más hermosos: «Supuso la liberación del lenguaje literario». Vicente Aleixandre le había hablado de la existencia de estos sonetos: «Lorca pensaba hacer un libro, me dijo el premio Nobel». Durante años se pensó que Aleixandre y Carvajal formaron parte de la confabulación que obligó a la edición del ABC: «Ojalá, qué envidia me produjo la edición. Pero yo no fui».

Y no sabemos nada más. Los autores de aquel libro clandestino aún no se atreven a reivindicar su autoría . Será porque la obra era ilegal. O porque les gusta el misterio que está lleno de hostilidades y prejuicios de unos hacia otros . Seguirá siendo un juego exquisito plagado de claves y secretos Como decía Lorca en el último terceto del soneto que encabeza este reportaje:

PERO SIGUE DURMIENDO, VIDA MÍA.

¡OYE MI SANGRE ROTA EN LOS VIOLINES!

¡MIRA QUE NOS ACECHAN TODAVÍA!


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DELLWOOD
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MensajePublicado: Mar Sep 04, 2012 03:10    Asunto: Responder citando




Tras la euforia que provocó la publicación — en ABC en 1984— de los sonetos y por fin las innumerables publicaciones de sus obras completas, el interés de muchos se centró en buscar el significado de cada palabra y a los posibles destinatarios de los «Sonetos del Amor Oscuro».

Tras su viaje a Nueva York, García Lorca volvió liberado de muchos fantasmas y complejos. Y además ya era un autor de éxito, como dramaturgo y poeta. A partir de entonces se vuelve más explícita su homosexualidad. Ya la ha asumido y no le asusta.

A principios de los años treinta se sabe en Madrid que está enamorado de un joven estudiante de Minas y secretario de la compañía teatral «La Barraca». Una carta que conserva la Fundación García Lorca y firmada por Rafael Rodríguez Rapún confirma que existe una relación amorosa. Pero Rapún —tres R, como le llamaba Lorca— es heterosexual y muchas veces le es infiel con mujeres. Tiene 23 años.

El director de escena Cipriano Rivas Cheriff, con quien estrena la actriz Margarita Xirgu las obras del poeta, cuenta en el diario «Excelsior», en 1957, sus memorias desde el exilio. En uno de esos artículos habla de las confidencias que le hace García Lorca en Barcelona en otoño de 1935, donde han estrenado con gran éxito de Yerma.

Según cuenta Rivas Cherif, quien amaba y era amado por Manuel Azaña, una mañana encuentra a Lorca destrozado por una infidelidad más de Rodríguez Rapún. Le abre su corazón y le dice que está desesperado por su íntima tragedia que poco a poco iba asumiendo y defendía: el amor sin límites, libre y sin barreras, el que expresaba tan claramente Walt Whitman, el poeta a quien había descubierto en Nueva York y a quien después dedicó su famosa oda.

Sabemos que la compañía viajó a Valencia en noviembre de 1935, y que el poeta se alojó en el hotel Victoria de esa ciudad. En unas cuartillas escritas a mano por el poeta aparecen los sonetos. Algunos son solamente borradores.

Amante del poeta, parece seguro que Rapún es el destinatario del «Soneto gongorino en el que el poeta manda a su amor una paloma». Un escritor valenciano, Juan Gil-Albert, le había regalado a Lorca una paloma y el poeta escribió ese soneto. «En la biblioteca personal de mi tío Federico hay un libro de Gil Albert dedicado, donde dice: «A mi palomo con cariño». Puede que Gil Albert inspirase ese soneto», dice Montesinos... O Rapún.
Hace unos meses ha aparecido otro posible amor de última hora: Juan Ramírez de Lucas, especialista en arte, arquitectura y cerámicas, y colaborador del ABC desde 1957 hasta 1998. El escritor Manuel Francisco Reina, autor de la novela «Los amores oscuros», defiende que Ramírez de Lucas es el destinatario de todos los sonetos y dice saber que «Lorca quiso que Juan le acompañase a Valencia».

El poeta Antonio Hernández apoya la tesis de Reina. Muy amigo de Luis Rosales, dice que le habló de un amor de última hora, crítico de arte en ABC. Hernández está a punto de publicar «Nueva York después de muerto», un libro sobre sus conversaciones lorquianas con Rosales.

Pero un familiar de Ramírez de Lucas lo desmiente: «Es imposible, Juan conoció a García Lorca en febrero o marzo de 1936. Según los diarios que custodia la familia, sí fueron amantes clandestinos porque Ramírez de Lucas era menor de edad en 1936. Pero en esos documentos no se habla de la obra lorquiana».

Al parecer, Juan Ramírez de Lucas dejó a su familia unos diarios, una carta de Lorca, un romance y un dibujo. Todo habla de sus amores con el poeta granadino, documentos que muy pocos han visto. A varias personas que sí han tenido acceso a ellos, sin embargo, no les cuadra la angustia que desprende buena parte de los sonetos con el tono feliz que reflejan los papeles de Ramírez de Lucas en los que habla de su relación con el poeta.
Sólo uno de los investigadores de la vida, obra y muerte de García Lorca le ha mencionado: Agustín Penón. Nadie más. Luego Gibson siguió el rastro abierto por Penón, sin éxito. Ninguna foto, ninguna mención a este amor que Ramírez de Lucas ocultó hasta su muerte. Que sepamos, hasta la fecha. Por razones que desconocemos, la familia se niega a dar a conocer los manuscritos. Desgraciadamente, hasta que no vean la luz y se investiguen no se podrá decir la última palabra sobre el asunto. Juan Ramírez de Lucas murió en Madrid a los 93 años, en 2010.

Sin embargo, a Rafael Rodríguez Rapún le conocía todo el mundo cercano a Lorca en aquellos tiempos de la República. Uno de los poemas de «Poeta en Nueva York», titulado «Danza de la muerte», se lo dedica a Rapún.

El dramaturgo Rivas Cherif sostiene en otro artículo publicado también en el diario «Excelsior», en 1957, que Margarita Xirgu le pide poco antes de partir hacia América que busque cualquier trabajo para Rapún en su compañía teatral porque, si no, «Federico no viajaría con nosotros a México». Fue en 1935. Pero según cuenta Ramírez de Lucas, el viaje tambien lo proyectó con él en 1936.

Ese viaje estaba programado para el otoño de 1936 y Federico fue asesinado en agosto de ese año.


Rafael Rodríguez Rapún estaba estudiando Ingeniería y Derecho en 1936. Su sobrina Sofía Rodríguez cuenta que «cuando comenzó la guerra, tanto él como mi padre, Tomás Rodríguez Rapún, participaron en la defensa de Madrid, como milicianos, antes de ir ambos a formarse como oficiales a las escuelas populares de guerra. Rafael lo hizo en la de Lorca, Murcia, que era la de artillería, de la que salió como teniente a defender el frente norte de las tropas de Franco. Murió en Bárcena de Pie de Concha, cerca de Reinosa, el 19 de agosto de 1937, un año después de la desaparición de García Lorca en Víznar, Granada. Está enterrado en el cementerio de Ciriego, cerca de Santander.
Y otro amor, desde 1931. Eduardo Rodríguez Valdivieso, heterosexual enamorado de García Lorca —¿amor literario?—. Estuvo con varias veces en en la Huerta de San Vicente en julio de 1936.

Se conocieron en una fiesta de disfraces en 1931. Eduardo Rodríguez Valdivieso también ocultó su amistad con el poeta. Hasta que, en los años noventa, entregó su archivo a Fuentevaqueros. Entonces se conocieron las cartas que le había escrito García Lorca, tan líricas y explícitas como los sonetos. Un Romancero Gitano ilustrado por el poeta y dedicado. También quería hacerle actor y llevarle con él fuera de Granada, como a Rafael R. Rapún y a Juan Ramírez de Lucas.

¿Quién se habría ido con él si no le hubieran asesinado en agosto de 1936? Nunca lo sabremos.
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DELLWOOD
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MensajePublicado: Mar Sep 04, 2012 03:16    Asunto: Responder citando

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Clio
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Registrado: 15 Jul 2006
Mensajes: 5735
Ubicación: Ciudad Aut. de Bs. As., Argentina

MensajePublicado: Mar Sep 18, 2012 07:52    Asunto: Responder citando

No vale, loquito Smile, me hiciste lagrimear. Te quiero, DELL.

Besos.
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DELLWOOD
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Registrado: 25 May 2001
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MensajePublicado: Jue Ene 15, 2015 15:00    Asunto: Responder citando




La piedra oscura, título de una obra de teatro de Federico García Lorca, no se sabe si perdida o nunca escrita, de la que solo se conocen los personajes y los momentos iniciales, y en la que el poeta iba a abordar el tema de la homofobia, da título también a la pieza que el dramaturgo Alberto Conejero (Jaén, 1978) estrena el próximo miércoles en el teatro María Guerrero, de Madrid, bajo la dirección del argentino Pablo Messiez (Buenos Aires, 1974) y la interpretación de Daniel Grao y Nacho Sánchez. La piedra oscura, publicada por Ediciones Antígona con prólogo de Ian Gibson, está inspirada en el personaje real de Rafael Rodríguez Rapún, estudiante madrileño de Ingeniería de Minas, secretario del grupo teatral La Barraca y, según Ian Gibson, “el más hondo amor de Lorca”, que murió a los 25 años el 18 de agosto de 1937, luchando como teniente en el bando republicano tras las heridas sufridas en el frente de Santander, en Bárcena de Pie de Concha. A partir de hechos reales de la existencia de Rodríguez Rapún —dos años de investigación y testimonios directos de conocidos y familiares sobre este estudiante del que se conoce poco, hijo de un frutero y una criada, que muy joven vivió el impacto de conocer a Lorca no solo en su relación homosexual, sino también en ese explosivo y creativo entorno cultural de la II República en España—, Conejero teje un mosaico de ficción y fabula en torno a lo que pudo ser, pero no fue, la última noche de Rafael cuando, hecho prisionero por el bando nacional, pasó esas horas bajo la vigilancia de un jovencísimo e inexperto soldado que antes del comienzo de la contienda se dedicaba a las faenas del campo con su madre. Toda una construcción de una ausencia —nombres, datos y fechas son absolutamente reales— para poner sobre el escenario, de manera directa y emotiva, la necesidad de memoria colectiva —“¿cómo podemos seguir teniendo muertos en las cunetas?”, se pregunta Conejero, que prefiere hablar de memoria colectiva más que de memoria histórica—, pero también la redención a través del encuentro con el “otro” y la capacidad sanadora y salvadora del lenguaje cuando este se aborda sin manipulaciones. De alguna manera, la ficción le ha permitido al autor arrojar luz sobre la realidad.
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