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Clarice Lispector.


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ninguem
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Registrado: 29 Nov 2004
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Ubicación: São Paulo

MensajePublicado: Sab Ene 14, 2006 14:20    Asunto: Responder citando

Dentro de la literatura iberoamericana contemporánea, Clarice Lispector es sin duda uno de los casos más singulares. No sólo por su formación y por las distintas influencias culturales que en ella se reúnen, sino porque su escritura rompe con muchos de los esquemas no sólo de la tradición literaria brasileña, sino de los grandes escritores modernos en lengua castellana y portuguesa. Clarice Lispector nace en Tchetchelnick, Ucrania, en 1926 pero pasó sus años de infancia y adolescencia entre Recife y Río de Janeiro.

Alrededor de 1944, ingresa en la Facultad de Derecho de la Universidad de Río de Janeiro, donde concluye su primera novela, Cerca del corazón salvaje (Perto do coração selvagem), inicio de una carrera meteórica. Aún cuando la editorial José Olympio rechazó publicar esta peculiar historia, la novela recibe al año siguiente el Prêmio Graça Aranha, lo que convierte a su autora en un fenómeno literario por su juventud, y por la calidad de la obra en la que se aúna a un talento narrativo natural la huella de narradores como Graciliano Ramos, Herman Hesse [um dos autores preferidos dela, que dizia ler pouco] y Julien Green. [também K. Mansfield, J. Joyce e os existencialistas]

Es en 1961, con la publicación de La manzana en la obscuridad (A Maçã no Escuro), que Clarice Lispector realmente atrae la atención de la crítica literaria brasileña e internacional. De esta época, marcan el curso de su evolución creadora, La ciudad sitiada (A Cidade Sitiada) (1949), Lazos de familia (Laços de Família) (1960) y La legión extranjera (A legião Estrangeira) (1964).

La narrativa de Lispector sobresale por crear estructuras narrativas muy complejas a partir de anécdotas muy simples. En sus novelas y cuentos los personajes hablan consigo mismos, y analizan el mundo que los rodea. Más que las historias personales de sus personajes, lo que Clarice Lispector nos cuenta es la historia de las almas, el descubrimiento de su propia dimensión espiritual. En las novelas como La pasión según G. H. (A Paixão Segundo G. H.) (1964), o Aprendizaje: el libro de los placeres (Uma aprendizagem ou o livro dos prazeres) (1969), el lector siempre encontrará a una escritora preocupada por reflexionar con profundidad sobre la condición humana, y sobre las grandes preguntas en torno a Dios, el mundo, el individuo, la libertad, el amor, la santidad, el espíritu, reflexiones que, sin dejar de ser profundas, son claras, accesibles, de una belleza e intensidad poco comunes.

A partir de 1971, con la publicación de Agua viva (Água viva) y Felicidades clandestinas (Felicidade Clandestina), Clarice Lispector continúa presente en el ámbito literario latinoamericano, aún cuando sus estadías en Europa se hicieron cada vez más largas y frecuentes. En 1977, año de su muerte en Río de Janeiro, había publicado 10 novelas, dos libros de cuentos, y numerosos volúmenes de crónicas y artículos periodísticos.

IN: http://www.letras.s5.com/lispector030303.htm
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ninguem
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Registrado: 29 Nov 2004
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Ubicación: São Paulo

MensajePublicado: Sab Ene 14, 2006 14:36    Asunto: Responder citando

Escribo porque no tengo nada que hacer en el mundo: estoy de sobra y no hay lugar para mí en la tierra de los hombres. Escribo por mi desesperación y mi cansancio, ya no soporto la rutina de ser yo, y si no existiese la novedad continua que es escribir, me moriría simbólicamente todos los días. Pero estoy preparado para salir con discreción por la puerta trasera. He experimentado casi todo, aun la pasión y su desesperanza. Ahora sólo querría tener lo que hubiera sido y no fui.

Parece que conozco los menores detalles de esa norestina, como si viviera con ella. Bien lo adiviné de ella: se me pegó a la piel como un dulce pegajoso o como lodo negro. Cuando era niño leí el cuento de un viejo que tenía miedo de cruzar un río. Entonces llegó un hombre joven; también quería pasar a la otra margen. El viejo aprovechó para decirle:

-¿Me puedes llevar? ¿Puedo ir montado en tus hombros?

El joven dijo sí y ya hecha la travesía le avisó:

-Ya hemos llegado, ahora puedes bajar.

Pero el viejo respondió muy astuto y avisado:

-¡Ah, eso no! ¡Es tan bueno ir montado aquí como voy, que nunca más te dejaré!

Pues la mecanógrafa no se quiere bajar de mis hombros. Ahora mismo compruebo que la pobreza es fea y promiscua. Por eso no sé si mi relato va a ser..., ¿a ser qué? No sé nada, todavía no me he animado a escribirlo. ¿Tendrá acontecimientos? Los tendrá. ¿Pero cuáles? Tampoco lo sé. No estoy tratando de crear en ustedes una expectativa ansiosa y voraz: es que realmente no sé lo que me espera, tengo un personaje en ebullición entre las manos, y se me escapa a cada instante, con la pretensión de que yo lo recupere.

He olvidado decir que todo lo que ahora estoy escribiendo está acompañado por el estruendo enfático de un tambor batido por un soldado. En el momento mismo en que empiece el relato, al punto callará el tambor.

Veo a la norestina mirándose en el espejo y -un toque de tambor- en el espejo aparece mi cara cansada y barbuda. Hasta ese extremo nos intercambiamos. No hay duda de que ella es una persona física. Y además un hecho: se trata de una chica que nunca se miró desnuda porque tenía vergüenza. ¿Vergüenza por pudor o por ser fea? También me pregunto cómo es que voy a dar en cuatro patas en el hecho y en los hechos. Lo que ocurre es que de repente me fascinó lo figurativo: creo la acción humana y me estremezco. También quiero lo figurativo tal como un pintor que sólo pintase colores abstractos querría demostrar que lo hacía por su gusto, y no por no saber dibujar. Para dibujar a la chica tengo que dominarme, y para poder captar su alma tengo que alimentarme con frugalidad de frutas y beber vino blanco helado, porque hace calor en este cubículo en que me he recogido y desde el que tengo la veleidad de querer ver el mundo. También he tenido que abstenerme de sexo y de fútbol. Sin hablar de que no me comunico con nadie. ¿Volveré algún día a mi vida anterior? Lo dudo mucho. Ahora advierto que olvidé decir que entre tanto no leo nada para no contaminar con suntuosidades la simplicidad de mi lenguaje. Porque, como he dicho, la palabra se tiene que parecer a la palabra, instrumento mío. ¿O no soy un escritor? En verdad, más bien soy un actor, porque con sólo una forma de puntuar logro malabarismos de entonación, hago que la respiración ajena me acompañe en el texto.

También olvidé decir que la relación que en breve tendrá que comenzar -pues ya no soporto la presión de los hechos-, la relación que en breve tendrá que comenzar está escrita bajo el patrocinio del refresco más popular del mundo y que ni por ésas me paga nada, el refresco ése difundido en todos los países. Sin embargo, fue el que patrocinó el último terremoto de Guatemala. A pesar de tener el gusto del olor de la laca de uñas, del jabón Aristolino y de plástico mascado. Nada de eso impide que todos lo amen con servilismo y sumisión. También porque -y voy a decir ahora una cosa difícil que sólo yo entiendo-, porque esa bebida que tiene coca es hoy. Es el medio del que dispone una persona para actualizarse y pisar en la hora presente.

En cuanto a la muchacha, ella vive en un limbo impersonal, sin alcanzar lo peor ni lo mejor. Ella vive, tan sólo, aspirando y espirando, aspirando y espirando. A decir verdad, ¿para qué más? Su vivir es ralo. Sí. ¿Pero por qué me siento culpable? Y procuro aliviarme del peso de no haber hecho nada concreto en beneficio de la muchacha. Muchacha ésta -y veo que ya casi estoy en el relato-, muchacha ésta que dormía con una enagua de brin en la que había manchas bastantes sospechosas de sangre pálida. Para dormir en las frías noches de invierno, se enroscaba sobre sí misma, recibiendo y dándose su poco calor. Dormía con la boca abierta porque tenía la nariz tapada, dormía exhausta, dormía hasta el nunca.

Debo agregar algo que importa mucho para la comprensión del relato: es que está acompañado desde el principio hasta el fin por un levísimo y constante dolor de muelas, cosa de dentina expuesta. Afirmo también que la narración será acompañada igualmente por el violín plañidero que, justo en una esquina, toca un hombre delgado. Su cara es estrecha y amarilla, como si él ya estuviese muerto. Y tal vez lo esté.

Todo esto lo he dicho con tantas dilaciones por temor de haber prometido demasiado y dar tan sólo lo simple y lo poco. Porque esta historia es casi nada. La cuestión es empezar de golpe, así como yo me echo de golpe al agua gélida del mar, para enfrentar con una valentía suicida el frío intenso. Ahora voy a empezar por la mitad diciendo que...

... que ella era incompetente. Incompetente para la vida. Le faltaba la habilidad de ser hábil. Sólo de una manera vaga se daba cuenta de una especie de ausencia que tenía de sí en sí misma. Si hubiese sido una criatura capaz de expresarse, habría dicho: el mundo está fuera de mí, yo estoy fuera de mí. (Va a ser difícil escribir este relato. A pesar de no tener nada que ver con la muchacha, me tendré que escribir todo a través de ella, entre mis espantos. Los hechos son sonoros, pero entre los hechos hay un susurro. Y ese susurro es lo que me impresiona.)

Le faltaba la habilidad de ser hábil. Tanto que (explosión) no argumentó nada en su propio favor cuando el jefe de la firma de representación de poleas le avisó con brutalidad (brutalidad que ella parecía provocar con su cara de tonta, un rostro que pedía una bofetada), con brutalidad, que sólo iba a mantener en su puesto a Gloria, su compañera, porque ella se equivocaba demasiado al escribir a máquina, además de manchar siempre el papel. Eso dijo él. En cuanto a la muchacha, pensó que por respeto se debe responder algo y habló ceremoniosa a su jefe, que era su amor oculto:

-Discúlpeme por la molestia.

El señor Raimundo Silveira -que a esas alturas ya le había dado la espalda- se volvió un poco sorprendido por la delicadeza inesperada, y algo en la cara casi sonriente de la mecanógrafa le hizo decir con menos grosería en la voz, aunque a disgusto:

-Bien, puede que no la despida ahora mismo, tal vez sea dentro de un tiempo.

Después de recibir el aviso, fue al servicio, para estar sola porque se sentía toda aturdida. Se miró maquinalmente en el espejo que colgaba sobre el lavabo sucio y desconchado, lleno de pelos, algo concordante con su vida. Le pareció que el espejo opaco y oscurecido no reflejaba ninguna imagen, ¿Acaso se habría esfumado su existencia física? Pero esa ilusión óptica se desvaneció y entrevió la cara deformada por el espejo ordinario, la nariz que parecía enorme, como la nariz de cartón de un payaso. Se miró y pensó al pasar: tan joven y ya oxidada.

(Hay los que tienen. Y hay los que no tienen. Es muy simple: la muchacha no tenía. ¿No tenía qué? No es más que eso mismo: no tenía. Si se tercia que me entiendan, está bien. Si no, también está bien. ¿Pero por qué hablo de esa chica, cuando lo que más deseo es el trigo de pura madurez y oro en el estío?)

Cuando era pequeña, su tía, aplicándole el castigo del miedo, le había dicho que el hombre vampiro -el que chupa la sangre de las personas mordiéndoles las carnes tiernas de la garganta- no se reflejaba en los espejos. No estaría del todo mal lo de ser vampiro, porque le iría bien un poco de rubor de sangre en su cara amarillenta, ella, que parecía que no tuviese sangre, a menos que en algún momento la derramara.

La chica tenía hombros curvos, como los de una zurcidora. De niña había aprendido a zurcir. Se hubiese sentido mucho más a gusto entregada a esa tarea primorosa de recomponer hilos, tal vez de seda. O de lujo: satén bien brillante, un beso de almas. Zurcidorica mosquito. Cargar como una hormiga un grano de azucar. Era tan insignificante como una idiota, sólo que no lo era. No sabía que era desventurada. Era, porque tenía fe. ¿En qué? En ustedes, pero no es necesario tener fe en alguien o en algo, basta con tener fe. Eso a veces le daba un estado de gracia. Nunca había perdido la fe.

(Esta muchacha me incomoda tanto que me he quedado vacío. Estoy vacío de esta chica. Me incomoda tanto más cuando menos exige. Tengo rabia. Una ira como para tirar vasos y platos y romper cristales. ¿Cómo vengarme? O mejor, ¿cómo compensarme? Ya lo sé: queriendo a mi perro, que tiene más comida que esa chica. ¿Por qué no reacciona ella? ¿Dónde está su fibra? No tiene, es dulce y obediente.)

Vio entonces dos ojos enormes, redondos, saltones e interrogativos -tenía la mirada de quien tiene un ala herida-, tal vez un problema de tiroides, ojos que preguntaban. ¿A quién interrogaba? ¿A Dios? Ella no pensaba en Dios, Dios no pensaba en ella. Dios es de quien consigue llegar a Él. En la irreflexión aparece Dios. No hacía preguntas. Adivinaba que no hay respuestas. ¿Iba a ser tan tonta de preguntar? ¿Y recibir un "no" en la cara? Tal vez una pregunta vacía valiese tan sólo para que un día nadie pudiera decir que ni siquiera había preguntado. A falta de quien le respondiese, ella misma parecía haberse contestado: es así porque es así. ¿Existe en el mundo otra respuesta? Si alguien sabe alguna mejor, que se presente y la diga; hace años que espero.

Entre tanto, las nubes son blancas y el cielo es todo azul. Para que tanto Dios. Por qué no un poco para los hombres.

Ella había nacido con malos precedentes y ahora parecía una hija de no-sé-qué con aire de pedir disculpas por no ocupar un espacio. En el espejo, distraída, examinó de cerca las manchas de su cara. En Alagoas se llamaban panos, decían que venían del hígado. Ocultaba las manchas con una capa espesa de polvo blanco y, si se veía medio revocada, era mejor que verse pardusca. Toda ella estaba un poco sucia, porque raro era que se lavase. De día llevaba la falda y blusa y de noche dormía con la enagua. Una compañera de cuarto no sabía cómo advertirle que olía a mugre. Y como no sabía, se quedó en eso, porque tenía miedo de ofenderla. Nada en ella era iridiscente, aun cuando la piel de su cara tuviese entre las manchas un ligero brillo de ópalo. Pero no importaba. Nadie la miraba en la cale, ella era café frío.

Así pasaba el tiempo para esta chica. Se sonaba la nariz en el dobladillo de la enagua. No tenía esa cosa delicada que se llama encanto. Sólo yo la veo encantadora. Sólo yo, su autor, la amo. Sufro por ella. Y sólo yo puedo decirle así: "¿Qué habrá que me pidas llorando y yo no te dé cantando?" Esa muchacha no sabía que ella era lo que era, tal como un cachorro no sabe que es cachorro. Por eso no se sentía infeliz. Lo único que quería era vivir. No sabía para qué, no se lo preguntaba. Quien sabe, tal vez encontraba que había una ínfima gloria en vivir. Pensaba que una persona está obligada a ser feliz. De modo que lo era. ¿Antes de nacer ella era una idea? ¿Antes de nacer estaba muerta? ¿Y después de nacer iba a morir? Pero qué fina tajada de sandía.

LA HORA DE LA ESTRELLA
Clarice Lispector
1977
Traducción al español de Ana Poljak
en Periolibros, diciembre de 1994
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lavartu
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Registrado: 15 Ene 2006
Mensajes: 8

MensajePublicado: Dom Ene 15, 2006 17:40    Asunto: Responder citando

"Moriana", ¿este nombre es por "El veneno de Moriana", la que mata al amante porque va a casarse con otra?
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marsalla
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Registrado: 15 Ene 2006
Mensajes: 147

MensajePublicado: Lun Ene 16, 2006 10:21    Asunto: Responder citando

Maravillosa, maravillosa Clarice Lispector. Su escritura es intensa, un atrevimieto fantástico, es original y sus cuentos te descubren el mundo cotidiano de una forma singular. Yo he leído una colección de CUENTOS REUNIDOS editados por Alfaguara, pero me he quedado enganchada de lo que ha escrito aquí ninguem y seguiré buscando sus escritos. Gracias ninguem.
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Exidor
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Registrado: 26 Nov 1999
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MensajePublicado: Mar Nov 27, 2007 16:27    Asunto: Responder citando

A 30 AÑOS DE LA MUERTE DE LA GRAN ESCRITORA BRASILEÑA
Clarice Lispector, la voz de los secretos


Decía que estaba entre preservar su intimidad o contar "lo que todos sabemos".

Por: María Paula Bandera


En unos días, el 9 de diciembre, se cumplirán treinta años desde la muerte de la escritora Clarice Lispector. Una reciente biografía suya, escrita por Nádia Battella Gotlib, se tituló Clarice. Una vida que se cuenta. El título es acertado: Lispector volvía transparente la relación entre vida y obra.

La brasileña hablaba de este movimiento entre la exhibición literaria de ciertos aspectos de su vida y el ocultamiento de otros: "Delatarme, realmente eso es fatal, no tanto en las columnas, sino en las novelas. Estas no son ni lejanamente autobiográficas, pero después me entero por quien las lee que me delaté. Sin embargo, paradójicamente, y al lado del deseo de defender mi propia intimidad, está el deseo intenso de confesarme en público y no con un padre. El deseo de decir finalmente lo que todos nosotros sabemos pero mantenemos en secreto".

Sus relatos son complejos pero parten de situaciones tan simples que a veces parece errado afirmar que contaba historias. "Mis libros no se ocupan de hechos en sí porque para mi lo importante es cómo esos hechos repercuten en el individuo". Así, en su libro Literatura comentada, el crítico Youssef Abdalla decía que "Clarice rompía con la narrativa referencial centrada en hechos y acontecimientos, en lugar de eso, emergía una narrativa centrada en la vivencia interior de un personaje".

Le molestaba ser tipificada como una escritora femenina. "¿Usted cree que mis libros no podría haberlos escrito un hombre?", le preguntó a una periodista de la revista Crisis en 1976. Battella Gotlib, la biógrafa, explica que: "Clarice no estaba ligada a esa cuestión de literatura femenina o a una postura feminista. Pero practicaba una literatura feminista. En primer lugar porque las cuestiones que propone y discute en sus libros están ligadas, en su gran mayoría, a personajes femeninos... en sus lazos de familia, en los diversos períodos de su vida: infancia, adolescencia, madurez y vejez. Con una propuesta recurrente: la necesidad de la mujer de construir su libertad, de afirmarse profesionalmente, de tomar consciencia de sus problemas. En fin, de reconocerse como ser individual... en ese sentido tal vez sea una de nuestras escritoras más feministas".

Aunque la crítica literaria suele establecer que nació en 1925, diversos documentos acreditan que nació en 1920. La escritora decía haber nacido en 1921, 1926 o 1927 de acuerdo a la ocasión. En su licencia de conducir figura como fecha de nacimiento 1921; mientras que su matricula profesional indica que nació en 1926 y su pasaporte en 1927.

Su concepción y nacimiento son dignos de una telenovela brasileña: nace con la marca de la culpa por la esperanza no cumplida: "Mi madre ya estaba enferma y, por una superstición muy difundida, se creía que tener un hijo curaba a una mujer de su enfermedad. Entonces fui deliberadamente creada: con amor y esperanza. Sólo que no curé a mi madre. Y siento hasta el día de hoy esa carga de culpa: me hicieron para una misión determinada y fallé (...) Sé que mis padres me perdonaron por haber nacido en vano y haberlos traicionado en la gran esperanza. Pero yo, yo no perdono". La madre murió cuando Clarice tenía nueve años.

A los veinticuatro años publicó su primera novela Cerca del corazón salvaje, que fue recibida con elogios por la crítica. En 1967, las circunstancias económicas la obligaron a escribir crónicas para el Jornal Do Brasil. Las crónicas, publicadas entre 1967 y 1937, fueron recopiladas en el libro Revelación de un mundo. En ellas hablaba de los asuntos más variados: hombres, infancia, mucamas, taxistas. Allí nos iba revelando su mundo, un mundo en el que lo simple se volvía complejo, abriendo la puerta a otras realidades, las que se esconden detrás del disfraz de lo cotidiano y que sólo pueden ser descubiertas por miradas sagaces.

Una muestra en Buenos Aires

"Infelizmente cuanto más pobre, con más adornos me adorno". Así le escribía por el año 1947 la escritora brasileña Clarice Lispector a su amigo y escritor Lúcio Cardoso. Se refería a la pena que sentía por el hecho de que no le hubiera gustado el título de su segunda novela, La araña: "Exactamente por lo que no te gustó, por su pobreza, es que me gusta a mí".

La carta operaba como una declaración de los principios estéticos que en adelante buscaría la escritora reflejar en su obra. Esa "pobreza" a la que aludía iba a estar en cada uno de los personajes y contornos que más tarde creara y de quienes le interesaría su ser sin nada, sin sus pertenencias, más allá de su sangre y su lengua, un ser despojado.

Su "no-estilo", como solía definirlo la misma escritora, es el objeto de la muestra Pulsaciones, en el Centro Cultural Recoleta. Allí se exponen sus libros y fragmentos de sus textos. Y se puede escuchar sus cuentos en castellano y portugués, además de ver el último reportaje a la autora de La pasión según G.H realizado por la televisión brasileña poco antes de su muerte.

La exposición se complementa con el ciclo "Palabras, lazos y lecturas", todos los miércoles hasta el 9 de diciembre. Son lecturas y charlas a cargo de expertos en sus textos. Entre ellos, las más importantes intérpretes de la obra clariciana, las escritoras y ensayistas brasileñas Yudith Rosenbaum (mañana) y Vilma Areas (el 5/12).

"Cada espacio instalado apunta a reflejar su prosa poética, que en Lispector es más pensamiento que ficción en sí misma, aunque no se trata de un pensamiento que se origina en la cabeza, sino que parece brotar de otras partes del cuerpo", dice Isabel Puente, asesora de Dirección del Recoleta.

Por eso, explica, algunas de las frases en carbonilla o ploteados que exhiben las paredes tienen en la muestra más que un valor alusivo: "Destacan palabras que son insistencia en Clarice".

Puente destaca que "muchos de los textos a disposición del público forman parte de la biblioteca privada de los responsables de la muestra. A partir de ella hablamos con varias librerías para incentivar su edición. Pero Brasil y Argentina deberían tomar la posta en este hueco que existe"

Gisela Antonuccio


Ficha
Lugar: C. C. Recoleta, Junín 1930.
Fecha: Hasta el 9/12.
Videos homenaje: "A hora da estrela", el 5/12 a las 15. "O Corpo", mañana a las 15 y a las 17. El 5/12 a las 17.


http://www.clarin.com/diario/2007/11/27/sociedad/s-03201.htm
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leo..poco
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Registrado: 19 Oct 2003
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MensajePublicado: Dom Abr 15, 2012 07:53    Asunto: Responder citando




Clarice Lispector: la mujer a la que no le gustaba hablar
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Exidor
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Registrado: 26 Nov 1999
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MensajePublicado: Mie Ene 28, 2015 19:05    Asunto: Responder citando

Estoy leyendo mi primer libro de Clarice, Revelación de un mundo. Me está enamorando. Son crónicas escritas por ella en las páginas del Jornal do Brasil de los sábados entre 1967 y 1974. Una joyita.
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