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Hablemos de Leopoldo Marechal


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Autor Mensaje
FRANZBINDER
Miembro Junior
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Registrado: 27 Ene 2005
Mensajes: 78
Ubicación: República Del Tucumán

MensajePublicado: Mie Jul 12, 2006 12:46    Asunto: Responder citando

lucas escribió:
FRANZBINDER escribió:
Ya lo creo.

Rolling Eyes
Usted está obsesionado con don Leopoldo...algún día va a tener que terminar el Adán.

Wink
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FlorcitaMartinez
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Registrado: 17 Jul 2006
Mensajes: 1
Ubicación: En mi casa

MensajePublicado: Mar Jul 18, 2006 00:49    Asunto: Responder citando

Cuándo conocí a Adán Buenosayres? Chica de barrio por casualidades de la vida se encontraba de paseo afectivamente aventurero en las costas de Punta del Este. En casa ajena pero no tanto encontró primero un libro acerca de torturas chinas el cual se vio obligada a abandonar luego de 5 capítulos (Ahora me acuerdo, se trataba de Shogun). Entonces, apareció Leopoldo Marechal. No se si fue el mejor libro que leí, pero me resultó misterioso por donde lo mirara. A ver, no podía dejarlo ni de noche ni de día, y además la edición que conseguí (no voy a decir que me la robé, sólo la pedí prestada anónimamente) era hiper liviana y hasta parecía que jamás se terminaban sus páginas.

Desde ese entonces, Leopoldo es uno más en la lista de mis enamorados históricos (con Julio Verne, entre otros).
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Agustín Javier
Miembro Senior
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Registrado: 26 Dic 2005
Mensajes: 1356

MensajePublicado: Lun Jun 11, 2007 18:47    Asunto: Responder citando

Un día como hoy pero de 1900 nacía Don Marechal... solo para exquisitos...

Leopoldo Marechal nace en Humahuaca 464, Ciudad de Buenos Aires, el 11 de junio de 1900. Poeta, narrador, dramaturgo y ensayista. Fue maestro y profesor de enseñanza secundaria. Durante el período 1944-1955 ocupó cargos oficiales. Esta última circunstancia lo llevó al enfrentamiento político con antiguos compañeros de generación literaria y relegó su propia obra al olvido durante dos décadas. Las nuevas generaciones, en cambio, redescubren la obra de Leopoldo Marechal, precursora-sobre todo en la narrativa- de las búsquedas de la literatura latinoamericana. La estrecha relación vida-obra, el voluntario exilio espiritual, la firmeza de sus convicciones, deben sumarse a los datos concretos de su biografía. La incidencia de lo autobiográfico en lo literario es, quizá un rasgo definitorio: la infancia en un barrio de Buenos Aires, los paseos por el campo, en Maipú, la labor de maestro que comienza a los veinte años, los viajes a Europa, elementos que Marechal recrea en su literatura, experiencia y vivencia que hacen no sólo a su formación sino al sentido de su obra. A los doce años escribe sus primeros versos sin dejar por eso de deambular por las calles prefigurando al poeta que, años después, descubrirá sus símbolos. Durante la década del 20 colabora en el periódico literario Martín Fierro (véase) y en la revista Proa. En 1926 viaja por primera vez a Europa, frecuenta en España a los redactores de La Gaceta Literaria y la Revista de Occidente, y se reúne en Francia, con los pintores y escultores del llamado "grupo de París": Butler, Basaldúa, Berni, Bigatti, Forner, Fioravanti, Spilimbergo. En 1929 realiza su segundo viaje a Europa. En 1930, en París, escribe los capítulos iniciales de Adán Buenosayres (véase). Se casa con María Zoraida Barreiro, quien habría de fallecer en 1947, y a quien dedica Laberinto de Amor. En 1948 viaja otra vez a Europa. En 1950, decide convivir con Elbia Rosbaco, inspiradora de algunos de sus poemas. Muere en 1970 en Buenos Aires. (1)

Entre sus obras:

Cinco poemas australes (1937)
Centauro (1940)
Sonetos a Sofía y otros poemas (1940)
José Fioravanti (1942)
Vida de Santa Rosa de Lima (1943)
Viaje de la primavera (1945)
Cántico espiritual (1944)
Adán Buenosayres (1948)
Prólogo indispensable
Antología Poética (1950)
Pequeña antología (1954)
Banquete de Severo Arcángelo (1966)
Heptamerón (1966)
Poema de Robot (1966)
Tres caras de Venus (1966)
Historia de la Calle Corrientes (1967)
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Clio
Miembro Senior
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Registrado: 15 Jul 2006
Mensajes: 5735
Ubicación: Ciudad Aut. de Bs. As., Argentina

MensajePublicado: Sab Ago 02, 2008 16:15    Asunto: Responder citando

Hola.

Levanto este tema porque estoy buscando información sobre El Centauro (1940) y es muy poco lo encontré hasta ahora.

¿Hay alguien que me pueda guiar por dónde buscar o poner aquí si tienen información?

Gracias y besos.
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Agustín Javier
Miembro Senior
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Registrado: 26 Dic 2005
Mensajes: 1356

MensajePublicado: Sab Ago 02, 2008 18:54    Asunto: Responder citando

Clío te trancribí un texto introductorio que se encuantran en sus OC:

El Centauro retoma el poema del largo aliento con su más de medio millar de heptasílabos asonantados. El motivo del viaje se impone, una vez mas, como símbolo de la progresiva exploración espiritual. Texto arduo, no grato para lectores digitales no ejercitados en el juego de los convenientes niveles simbólicos sobrepuestos. Como el Centauro, el alma del poeta, se enfrenta con “signos y figuras”. El alma ha olvidado el sendero que conduce a la Rosa –símbolo de toda perfección, del amor sin defecto, de la Gracia divina- y, viandante por una selva selvaggia –símbolo del extravío como prueba- halla al Centauro, que alude a la Edad Dorada, a la sabiduría antigua, a la razón natural. El Centauro es, además, el equilibrio de contrarios y encarna el mito como explicación primigenia del mundo. El planteo esencial del poema es el desplazamiento del mito por la Revelación de Cristo, que da nuevo sentido a la realidad. Frente a Nemrod y Diana, el Arquero Divino; frente a Jasón y Ulises, el Señor de los Caminos; frente e a Orfeo y Arión, el Tañedor Sublime. Es la clara sustitución de una realidad mítica por una nueva revelación religiosa. O, mejor aún, la nueva proyección de los mitos como ilustración de esa nueva revelación. Los mitos antiguos interpretados “a lo divino”. Marechal lee los viejos mitos desde una óptica conjugada: argentina y cristiana, por eso aquerenciará mitos grecolatinos en tierras del Plata, en su novelística y en su teatro.

También te paso este link que encontré:


http://revistas.ucm.es/fll/02104547/articulos/ALHI8383110161A.PDF
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Rolinga
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Registrado: 18 Abr 2008
Mensajes: 42

MensajePublicado: Vie Ago 08, 2008 08:27    Asunto: Responder citando

FlorcitaMartinez escribió:
Cuándo conocí a Adán Buenosayres? Chica de barrio por casualidades de la vida se encontraba de paseo afectivamente aventurero en las costas de Punta del Este. En casa ajena pero no tanto encontró primero un libro acerca de torturas chinas el cual se vio obligada a abandonar luego de 5 capítulos (Ahora me acuerdo, se trataba de Shogun). Entonces, apareció Leopoldo Marechal. No se si fue el mejor libro que leí, pero me resultó misterioso por donde lo mirara. A ver, no podía dejarlo ni de noche ni de día, y además la edición que conseguí (no voy a decir que me la robé, sólo la pedí prestada anónimamente) era hiper liviana y hasta parecía que jamás se terminaban sus páginas.

Desde ese entonces, Leopoldo es uno más en la lista de mis enamorados históricos (con Julio Verne, entre otros).


Increible,pensaba que el Adan Buenosayres era una novela "machista" en el sentido de que dificilmente podria atraer al genero femenino,pero parece que no.
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Adán B.
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Registrado: 15 Ago 2008
Mensajes: 1

MensajePublicado: Vie Ago 15, 2008 12:40    Asunto: Noticias sobre Marechal Responder citando

Buenas! aquí se presenta un nuevo marechaliano!
¿sabían ustedes que hay material inédito que se encuentra negado a sus herederas para la publicación?
Una verdadera verguenza, che!
Acá les mando un link que encontré en youtube con una entrevista a la hija.
Después de leer a Marechal, uno siempre queda hambriento de más, y pensar que hay tanto que no conocemos!!

http://www.youtube.com/watch?v=3Isx40DXL8A&feature=related
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Adam El
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Registrado: 29 Ago 2005
Mensajes: 6

MensajePublicado: Lun Sep 08, 2008 22:55    Asunto: Re: El Maestro Leopoldo Responder citando

Solveig escribió:
lucas escribió:
¿Por que a alguien que amaba tanto a su país (a mi país), se le paga con el silencio?


Borges estaba solo junto al ataúd de Marechal, entonces lo tomé de una mano y él, emocionado, me dice, "¿será posible que por esta política de mierda nos hemos peleado tanto? Yo lo quería mucho como amigo".

Contado por José Edmundo Clemente, el segundo de Borges cuando éste era director de la Biblioteca Nacional.

Me pareció bueno traerlo acá, tal vez este comentario "con autoridad" lo rescate del olvido.


¿Es fidedigna la cita?

Me sorprende, porque no se querían. Pero mis datos pueden estar equivocados. Por eso te pediría que cites la fuente de la cual lo extrajiste.

Desde la época del cenáculo de Macedonio (las reuniones en la Confitería del Molino) allá por el 28, que estaban distanciados. En realidad, no sólo Marechal sino otros se distanciaron de Borges en apoyo a Macedonio. Era la época en que algunos desorientados decían que Borges era el Platón de Macedonio. Algo injusto por cierto.

Por supuesto que el compromiso político de Marechal con el peronismo, trajo para éste como consecuencia la enemistad de la gran parte de la intelectualidad argentina, que por entonces conformaba la corte de Victoria Ocampo y la revista Sur.

También su tocayo cordobés (Lugones) por sus ideas políticas (la política y la literatura son cosas que no debieran ir juntas) es hoy injustamente olvidado. Si consideramos que Borges lo consideraba nuestro Quevedo, se hace dificil entender que el goce intelectual de la lectura deba ser relacionado con los errores del hombre que la concibió.

Marechal, que hacia mediados de los sesenta fue rescatado del olvido por muchos jóvenes lectores entusiastas, que redescubrían en 1966 el Adan Buenosayres publicado en 1948, convirtiendo a su autor en una especie de oráculo de Villa Crespo (como lo había sido Goethe de Weimar), es hoy sumido a un olvido injusto. En la nómina de autores propuestos en remplazo de los sugeridos por el Gobierno para la Feria del Libro de Francfort, su nombre no figura. Se ha llegado, incluso, a proponer a Manuel Puig antes que a él. Un disparate, sin perjuicio de que Puig es un importante autor. Pero Marechal ha sido un autor muy completo, que ha sobresalido en poesía, novela, cuento, ensayo y teatro con rara felicidad.

En fin, les mando un saludo.
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Clio
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Registrado: 15 Jul 2006
Mensajes: 5735
Ubicación: Ciudad Aut. de Bs. As., Argentina

MensajePublicado: Mar Sep 09, 2008 01:36    Asunto: Responder citando

Agustín Javier escribió:
Clío te trancribí un texto introductorio que se encuantran en sus OC:

El Centauro retoma el poema del largo aliento con su más de medio millar de heptasílabos asonantados. El motivo del viaje se impone, una vez mas, como símbolo de la progresiva exploración espiritual. Texto arduo, no grato para lectores digitales no ejercitados en el juego de los convenientes niveles simbólicos sobrepuestos. Como el Centauro, el alma del poeta, se enfrenta con “signos y figuras”. El alma ha olvidado el sendero que conduce a la Rosa –símbolo de toda perfección, del amor sin defecto, de la Gracia divina- y, viandante por una selva selvaggia –símbolo del extravío como prueba- halla al Centauro, que alude a la Edad Dorada, a la sabiduría antigua, a la razón natural. El Centauro es, además, el equilibrio de contrarios y encarna el mito como explicación primigenia del mundo. El planteo esencial del poema es el desplazamiento del mito por la Revelación de Cristo, que da nuevo sentido a la realidad. Frente a Nemrod y Diana, el Arquero Divino; frente a Jasón y Ulises, el Señor de los Caminos; frente e a Orfeo y Arión, el Tañedor Sublime. Es la clara sustitución de una realidad mítica por una nueva revelación religiosa. O, mejor aún, la nueva proyección de los mitos como ilustración de esa nueva revelación. Los mitos antiguos interpretados “a lo divino”. Marechal lee los viejos mitos desde una óptica conjugada: argentina y cristiana, por eso aquerenciará mitos grecolatinos en tierras del Plata, en su novelística y en su teatro.

También te paso este link que encontré:


http://revistas.ucm.es/fll/02104547/articulos/ALHI8383110161A.PDF


¡Hola y gracias! Pero mirá si seré tonta, que aquí mismo, en este tópico, Floydan colgó el poema, no sé como no revisé las páginas anteriores. De todas formas, tu aporte me resulta absolutamente útil; muchísimas gracias y qué suerte que han subido este tema.

Existe una carta que Arlt le escribe a Marechal, a propósito del poema mencionado. Es la siguiente:

Buenos Aires, octubre 30 de 1939

Te escribe Roberto Arlt.

He leído en "La Nación" tu poema "El centauro". Me produjo una impresión extraordinaria, la misma que recibí en Europa al entrar por primera vez a una catedral de piedra. Poéticameente son lo más grande que tenemos en habla castellana. Desde los tiempos de Rubén Darío no se escribe nada semejante en dolida severidad. He recortado tu poema y lo he guardado en un cajón de mi mesa de noche. Lo leeré cada vez que mi deseo de producir en prosa algo tan bello como lo tuyo se me debilite. Te envidio tu alegría y tu emoción. Que te vaya bien.

R. Arlt.


Fuente: Revista Capítulo, N.º 47, año 1967.

Vuelvo a citar el poema:

EL CENTAURO (A Maria de los Ángeles)

En una tarde antigua
cuyo paso de loba
fue liviano a la tierra
pero no a la memoria,
extraviado el sendero
que ilumina la Rosa,
vi al Centauro dormido
junto al agua sonora.

Esto pasó en otoño,
cuando la selva entorna
sus parpados y olvida
la muerte de sus hojas,
cuando el sol pinta en Aries
el clavel de la aurora,
cuando los vientos gritan
y calla la paloma.

Perdido yo entre zarzas,
desnudo entre las rocas
hollaba la temida
floresta (¡en mala hora
mis pies abandonaron
el norte de la Rosa
por el zarzal doliente,
por las oscuras frondas!)

¿Fue acaso la impaciencia
del alma que a deshoras
ha encendido el aceite
de las vírgenes locas,
y buscando en la noche
mediodías y bodas
halla sólo el semblante
que le muestra la sombra?

Si arte fue de la noche,
si navío en zozobra,
¡que lo diga el Centauro!
Yo diré mi congoja;
porque duro es el viaje
y escondida la gloria
de hablar con un centauro
junto al agua sonora.

Todavía recuerdo
la hermosura tremenda
del antiguo animal
que dormía en la selva,
y el arrullo del agua
sin edad entre arenas
y flores que peleaban
su luminosa guerra:

Con el torso abrazado
de líquenes y hiedras,
con la grupa en que ayer
jineteó la leyenda,
remontada en el aire
la flor de su cabeza
y los cuatro silencios
de sus patas en tierra,

parecía el Centauro
la figura secreta
de algún viaje que andaba
sin viajero ni estrella,
o el apretado libro
que aún guardaba la ciencia
de los frescos diluvios
y de la risa nueva.

Casi junto a sus manos,
en un brote de higuera
se mecía desnuda
la guitarra soberbia;
y a sus pies derramados,
el carcaj y las flechas
olvidaban al ciervo
de los ojos de almendra.

"¡En otra edad —me dije—
la trotadora bestia
fue dolor en el arco
y armonía en las cuerdas!
¡En otra edad sin nubes,
cuando los días eran
graciosos almirantes
bogando entre sirenas!"

Y como el alma entrase
ya toda en la pelea
de su tormento vivo
con su dulzura muerta,
puse freno al temor
y candado a la pena
por mirar al Centauro
y admirarle de cerca:

Bien ceñido a su frente
o enredado en sus greñas,
el laurel todavía
le formaba diadema;
en su barba de cobre
y en sus crines revueltas
se prendían zumbando
las melosas abejas.

Y tan rara virtud
se mostraba en aquella
gravedad de Centauro,
que la sola excelencia
de su imagen dormida
me libró de cadenas,
y rendido a su gracia
no vi ya la floresta.

Porque, al mirarle, digo
que sentía en mi lengua
resucitar un gusto
de antiguas primaveras,
como si levantando
sus losas polvorientas
de pronto regresaran
los días de inocencia.

"Sólo duerme —pensé
con el alma suspensa—:
el sueño, y no la muerte,
lo abraza en su tiniebla.
Si alguien con voz de niño
se acercase a la puerta
del Centauro y llamara,
tal vez le respondiera.

"Y una canción de oro
sería la respuesta
del animal, si hablara
su lengua verdadera.
Pero la voz del niño
no canta ya en la tierra:
¡Ya no abrirá el Centauro
su boca de azucena!"

Y por mudar el grave
color de las ideas
que ya tejía el alma
volviendo a su querella,
me acerqué a la guitarra
y en el haz de sus cuerdas
hice correr mis dedos,
bien sabe Dios que apenas.

¡Nunca debió tocarlas
mano perecedera
ni tentar el silencio
de la música eterna!
Porque de la guitarra
sólo brotó una queja,
pero un escalofrío
recorrió la floresta.

Las hojas tiritaron
y lloró cada breña:
respondían los ecos
en lejanas cavernas.
Y entonces vi que al solo
clamor de la vihuela
reanimaba el Centauro
su figura de piedra.

Corrió un temblor de luces
en su pelaje oscuro:
la mano retiró
de su pecho velludo.
Sus ojos al abrirse
desgarraron el humo
de las quemadas horas
y los años difuntos.

Y una hermosa violencia
despertaba en el bruto:
con su cola barrió
la hojarasca y el musgo.
Quiso hablar, y en sus labios
pareció que de súbito
se rompía la cáscara
de silencio maduro.

Preguntó:

¿Sin frutos?
(¡Aquella voz tenía
cadencias de diluvio!)
"¿Quién, vestido de sombras
y emboscado en su luto,
se atreve a profanar
la guitarra del júbilo?

"¿Quién, entregado al hierro,
codicia el oro puro,
y audaz en la sentencia
que le dictó el orgullo,
con sus manos de un día
quiere abrir el sepulcro
donde ya es polvo y nada
la juventud del mundo?"

Pedía una respuesta,
con el semblante adusto:
sus cascos impacientes
removieron el humus.
Entre la maravilla
del oído y el susto
de los ojos temblaba
mi deseo nocturno.

Le respondí:

"Centauro,
modera tus impulsos
y escucha las razones
que dicta el infortunio.
No el orgulloso alarde,
sino la incuria,
pudo llevar a tu guitarra
mis dedos vagabundos.

"Por entregarme al sueño
y equivocar el rumbo,
la Rosa me ha negado
su admirable saludo.
¡Y así crucé la hondura,
y estoy en tu refugio,
y enardecí las cuerdas,
y amaneció el preludio!"

No bien oyó el Centauro
mis templadas razones,
en su región de bestia
puso medida y orden;
y como si escuchase
palabras interiores,
se rindió a la dulzura
con la mitad del hombre.

"Forastero —me dijo—,
¡bien anuncian tus voces
la congoja del hierro
y el afán de la noche!
Cuando en la plata nueva
lucía el oro joven,
cuando el sol y la luna
se cambiaban amores,

el Centauro afinó
sus orejas, y dócil
al grito de las almas
que perdían el norte,
les enseñó la ciencia
de partir horizontes,
con los rumbos dorados
y las plumas veloces.

"Pero la gaya ciencia
se recató en el monte:
dormida está en su lecho
de fatigado bronce.
La buscas, y se niega;
la llamas, no responde.
¡Se han perdido las llaves
y no giran los goznes!"

Si empezó en la tristeza,
concluyó en el suspiro:
se nublaron sus ojos
de color de jacinto.
Pero ya se atrevía
la esperanza, y un ritmo
de Centauro habitaba
para siempre mi oído:

"¡Bien reconozco ahora
tu verdadero signo
—le dije— y tu palabra
caliente como el vino,
y atento a la fogosa.
primavera del himno,
ya recobra su audacia
mi deseo dormido!

"Centauro de otros días,
iniciador antiguo,
¡que abandonen tus remos
esa cárcel de limo!
¡Reviva en tus arterias
el furor extinguido!
¡Rompe tus duras líneas
y cabalga conmigo!

"Sin látigo ni espuela,
sin freno y sin estribo
crucemos la encantada
provincia del sigilo:
firme yo en tus riñones
y a tus crines prendido,
tú devolviendo al mundo
su llorado prodigio.

"Si es un viaje terrestre
(lo prefiero yo mismo),
¡que nos abra la tierra
sus puentes y caminos!
La tierra es venerable
y armonioso el oficio
de combatir dragones
resucitando idilios.

"Si es otro tu elemento,
galoparé contigo
la ruta que frecuentan
los caballos marinos;
o el sendero del aire,
donde tiene dominio
ya la pluma del ángel,
ya la garra del grifo.

"Pero si te inclinara
mi voz, nuestro destino
sería Buenos Aires,
la durmiente del río:
¡Tal vez al saludarnos
dijeran mis amigos
que, despertando amores,
llegamos de otro siglo!"

Mi ruego así clamaba,
y el Centauro al oírlo
pareció recobrar
un instante su brío
(tal un corcel añoso
que desde su retiro
vuelve a escuchar la voz
del metal aguerrido).

Pero templó sus fuegos
el animal cautivo,
como si le tirase
las riendas al instinto.
Se desmayó en sus ojos
el exaltado brillo:
sus sienes dibujaban
el gesto negativo.

Me respondió:

"Si pesas
al Centauro dormido,
justo hallarás el peso
de su carne y su signo:
si calla, la justicia
gobierna su mutismo;
si duerme, su reposo
no es obra de castigo.

"¿A qué llorar, buscando
primaverales ritmos,
cuando en el aire silban
las hoces del estío?
Y cuando entre sus hojas
negrean los racimos,
¿a qué plañir las flores
de rostro fugitivo?

"¡Que duerman en el polvo
los caballos antiguos:
ya no tendrán jinete
ni empresa ni albedrío!
Con sus proas ancladas
y sus remos partidos,
¡no zarparán ya nunca
los audaces navíos!

"Porque logró la tierra
su madurez y ha visto
fructificar el árbol
que se lloró perdido;
porque, Jasón del aire
y Ulises del abismo,
nos ha llegado el nuevo
Señor de los caminos."

No dijo más. A tierra
descendía su frente,
y aún cantaba su voz
en la cúpula verde:
ya el silencio sagrado
recogía en sus redes
el adiós de un centauro
y el anuncio de un héroe.

Pero, yo no alcanzaba
sus razones, de suerte
que atento a los peligros
de la noche creciente,
sólo entendía, ¡oh ciego!,
la renuncia solemne
de aquel maravilloso
corcel entre corceles.

Fue así que levantando
las armas relucientes
del cazador, le dije:
"No perdieron su temple.
Bien resiste la cuerda,
limpio el arco se tiende
y aún la flecha conoce
los caminos del éter.

"Cazador, si tus lomos
ya no admiten jinete
y en tus remos la audacia
desmayó para siempre,
¡que tu pulso de arquero
no desmaye, y que vuele
tu saeta en procura
de un regalo celeste!"

Me respondió:

"En el sueño
de las armas advierte
que llegó la dulzura
sobre campos de aceite.
Yo te anuncio al donoso
cazador, al perenne
sagitario que acecha
sin carcaj ni lebreles.

“Yo te anuncio al arquero
de la pena, más fuerte
que Nemrod y que Diana,
la señora de nieve.
Porque a la muerte misma
cazó y a la serpiente,
vestido con el traje
severo de la muerte."

Respondía otra vez
con el no a mis afanes:
otra vez humillaba
corazón y lenguaje.
De nuevo, ante la bestia,
reñían en mi sangre
la animosa esperanza
y el recelo cobarde.

Y como ya la noche
plantaba su estandarte
de hiel en las vencidas
almenas de la tarde,
buscando a la zozobra
de mi deseo un mástil,
puse otra vez los ojos
en el Centauro grave.

Le dije así:

"Que duerman,
arquero, tus metales,
ya que otra ley asume
la gloria y el combate.
Pero si la justicia
de rostro venerable
no se ha perdido, escucha
la voz del suplicante:

"Ya me negó el caballo
su equitación y viaje,
ya el cazador me niega
las frutas de su arte;
ya sólo a mi esperanza
le queda ese linaje
de furor armonioso
que animó tus cantares.

"¡Descuelga la guitarra
(bien sé que a su cordaje
no en vano se aproximan
los dedos musicales)!
¡Abrázala, Centauro,
contra tu pecho, y tañe!
¡La música recobre
sus limpias mocedades!"

Así le suplicaba,
pero volvió a negarse,
¡oh guitarrero inmóvil!,
¡oh guitarra sin ángel!
Me respondió:

"Esa caja
no ha de rendirse a nadie:
ya es mediodía y sobran
las cuerdas matinales.

"Bajada de los cielos
y vestida de carne
la Música en persona
visitó a los mortales,
para entonar el himno
que rompe toda cárcel
y apura los delfines
de Arión el navegante.

"Si bien tañía Orfeo,
cuando por escucharle
bajaban de sus grutas
rayados animales,
¡no hay tierra que desoiga
ni cielos que no alaben
al Tañedor que pisa
las aguas sin mojarse!"

Negado a mis fervores,
pero atento a mi lucha,
tercera vez me hablaba
con signos y figuras.
¡Qué remontado el aire
de la bestia crinuda!
Su misterioso idioma,
¡qué cerca de la música!

Le dije al fin:

"Entiendo
que ya no queda ruta
por donde hasta la Rosa
me lleve la fortuna.
Tres veces ha quebrado
rni anhelo en tu cordura:
me dirigí a tres puertas
y no se abrió ninguna.

"Pues bien, si tus razones
otra verdad anuncian
y sí otro amor deshace
las viejas ataduras,
¡dime, Centauro, al menos
en qué tierra se oculta:
si flechero, en qué bosque,
si cantor, en qué gruta!"

Y respondió el Centauro:
"No esconde su dulzura
ni se rinde a las armas
del rigor o la astucia.

Porque sale al encuentro
de la sed que le busca:
porque su canto hiere
las orejas nocturnas."

En torno del Centauro
crecía la penumbra:
su cuerno de novilla
levantaba la luna.
Con el deseo en llamas
y la razón a oscuras
quise tentar el juego
de las palabras últimas:

"Y tu virtud —le dije—,
¿ya no dará su fruta?
"¿Ya no tendrás, arquero,
trabajos y aventuras?"
Apoyada en el hombro
la cabeza greñuda,
náufrago ya del sueño,
dijo el Centauro:

"Nunca".

Y aquel nunca final
recorrió la espesura:
los vientos agitaban
sus banderas de furia.
Después cayó la noche,
y en la selva profunda
se construyó el silencio
sobre firmes columnas.

Besos.
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Rolinga
Miembro Principiante
Miembro Principiante


Registrado: 18 Abr 2008
Mensajes: 42

MensajePublicado: Mar Sep 09, 2008 10:14    Asunto: Responder citando

Es entendible lo que sintio Roberto Arlt en su momento.
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