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Alejandra Pizarnik


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Autor Mensaje
monttag
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Registrado: 28 Nov 2001
Mensajes: 1191
Ubicación: Argentina

MensajePublicado: Vie Jun 27, 2003 10:40    Asunto: Alejandra Pizarnik Responder citando

Quisiera recibir opiniones sobre esta poetisa argentina.
"Hace tanta soledad,
que las palabras se suicidan"

A.P.

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Exidor
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Registrado: 26 Nov 1999
Mensajes: 14862

MensajePublicado: Lun Jun 30, 2003 14:52    Asunto: Vacío Responder citando

Monttag, hace poco estuvimos intercambiando opiniones sobre ella en esta sección (o era en Obras?); fijate con el buscador.

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"...entre los escombros de mi alma, búscame, escúchame"
Jaime Sabines
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alephito
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Registrado: 20 Dic 2000
Mensajes: 411

MensajePublicado: Lun Jun 30, 2003 15:33    Asunto: Vacío Responder citando

http://www.elaleph.com/ubb/Forum2/HTML/000508.html
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Agustín Javier
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Registrado: 26 Dic 2005
Mensajes: 1356

MensajePublicado: Lun Ene 22, 2007 03:43    Asunto: Responder citando

EL INFIERNO MUSICAL
A.P

Golpean con soles

Nada se acopla con nada aquí

Y de tanto animal muerto en el cementerio de huesos filosos de mi memoria

Y de tantas monjas como cuervos que se precipitan a hurgar entre mis piernas

La cantidad de fragmentos me desgarra

Impuro diálogo

Un proyectarse desesperado de la materia verbal

Liberada a sí misma

Naufragando en sí misma
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Agustín Javier
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Registrado: 26 Dic 2005
Mensajes: 1356

MensajePublicado: Dom May 06, 2007 01:30    Asunto: Responder citando

Para los habitantes de Buenos Aires informo que se reeditó el libro de versos completos de Pizarnik... a disfrutarlo...
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HERMANN
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Registrado: 15 Nov 2005
Mensajes: 581
Ubicación: MADRID

MensajePublicado: Dom May 06, 2007 14:50    Asunto: Responder citando

Ayer estuve leyendo cuatro o cinco entradas de su diario. Lástima que no me diera tiempo a más. Cerraban la librería. Lo que leí me dejó un rato pensando; un rato largo. Hasta que aparecieron.
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Agustín Javier
Miembro Senior
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Registrado: 26 Dic 2005
Mensajes: 1356

MensajePublicado: Dom May 20, 2007 18:00    Asunto: Responder citando

me alegro que allá en las Españas puedas leer sus diarios, acá en Bs As están agotados... paradojas de todo escritos argentino...

Alejandra Pizarnik o la promesa del silencio
Javier Lancelle
para Revista Criterio

‘A semejanza de todo acto profundamente subversivo, la poesía se desentiende de lo que no es su libertad o su verdad. Decir “libertad” o “verdad” y referir estas palabras al mundo en que vivimos o no vivimos es decir una mentira. No lo es cuando se las atribuye a la poesía: lugar donde todo es posible’. Alejandra Pizarnik

A treinta y cinco años de la muerte de Alejandra Pizarnik su obra continúa planteando al lector un desafío y una promesa. Esta vigencia está íntimamente ligada a la particular “dificultad” que encierran sus textos: quien se enfrenta a ellos no puede evitar la impresión de que algo inasible los atraviesa y compone. La lectura de la poesía de Pizarnik parece una experiencia que no deja marcas, una experiencia robada al espacio y al tiempo. Y es que mientras otros poetas pueden escribir sobre la rosa o el crepúsculo, sobre la luna o la muerte, aquí lo tratado es el mismo proceso de creación poética, las relaciones entre lenguaje y silencio, la exploración de las posibilidades expresivas de la lengua poética; el poema nace, entonces, como reflexión sobre su propia existencia.



“No quisiera pintar ni describir una cara ni un acantilado ni casas ni jardines, sino algo más que todo eso, algo que si yo no lo hiciera visible, sería una ausencia” dice un personaje de Los poseídos entre lilas, obra teatral escrita en 1969 y publicada póstumamente en Textos de Sombra y últimos poemas (1982). Esta cita expone otro rasgo que contribuye al carácter inaprensible que parecen tener estos escritos: la obsesión por lo indecible que en la literatura de Pizarnik se condensa en la figura del silencio. Se podría afirmar que el silencio es el gran tema que recorre la poesía de Pizarnik siempre y cuando no se ignore –y esta característica bien puede servir para definir su obra– que también constituye el objeto de una búsqueda ensayada en cada uno de sus textos. ¿Cómo expresar, e incluso alcanzar, la pureza del silencio con palabras, irremediablemente con palabras, con aquello de lo cual el silencio es absoluta negación? Este interrogante, tácito o formulado explícitamente, alienta estos poemas irradiándolos sucesivamente de un tono de impotencia y esperanzada celebración. En los diecisiete años en que se desarrolló su producción literaria, período comprendido entre 1955 y 1971 –fechas de aparición de su primer y último libro publicado en vida–, la escritura de Pizarnik sufrió profundas modificaciones que obedecen al intento de dar respuesta a esa pregunta. La más importante de esas modificaciones señala una verdadera ruptura que delimita, más que meras etapas estilísticas, poéticas diferentes y hasta quizás irreconciliables. La primera de ellas se manifiesta en los volúmenes compuestos entre La tierra más ajena (1955) y Los trabajos y las noches (1965): aquí la escritura de Pizarnik está signada por el propósito de crear una lengua poética capaz de expresar los imposibles del lenguaje cotidiano. En esa búsqueda, los poemas de este período muestran una progresiva concentración hasta desembocar en el despojamiento incandescente de los textos de Árbol de Diana (1962). Uno de los breves poemas de dicho libro formula la insuficiencia del lenguaje y, por ello, la necesidad de este esfuerzo fundacional:



explicar con palabras de este mundo

que partió de mí un barco llevándome



Si la fundación de una lengua poética se presenta como imperativo en este primer período, a partir de Extracción de la piedra de locura (1968) comienza a emerger en la escritura de Alejandra Pizarnik una fuerza de disolución. Una de las consecuencias de esta tendencia es el desenvolvimiento de la escritura: la página en prosa irá poco a poco desplazando al verso que, hasta ese momento, fuera la forma exclusiva de su producción. Pero aún más importante es el efecto que este proceso disolutivo conlleva en el aspecto lingüístico. El monopolio del registro alto y del tono contenidamente desesperado de los poemarios tempranos empieza a ceder ante el estremecimiento de la crueldad y el erotismo, primero –expuesto, sobre todo, en La condesa sangrienta (1965)–, y luego ante la desestabilización del sinsentido, la obscenidad y el absurdo. Ya el título del último volumen de poesía de Pizarnik, El infierno musical (1971), refiere la disonancia y el desconcierto de voces, registros y tonos que en La bucanera de Pernambuco o Hilda la polígrafa (texto también inédito hasta Textos de Sombra y últimos poemas) se realizan de un modo terminal. Frente al intento de crear una lengua puramente poética exenta de las limitaciones del lenguaje corriente, el objetivo en este segundo período consiste más bien en forzar esas limitaciones desde el interior mismo del lenguaje, a partir de la acumulación de elementos (onomatopeyas, aliteraciones, neologismos, postergación de la predicación en la frase, obscenidad) que atentan contra la fijación de un sentido único e inequívoco y que abren el texto a una pluralidad caótica y fugaz de significaciones. El poema ya no busca imitar la naturaleza del silencio encogiéndose y concentrándose como un erizo, sino que pretende encontrarlo, sorprender su pureza, entre los resquicios de una extensión de ruido; anhelo trágico, sin duda, pero que también es testimonio del compromiso absoluto con que en esta obra se emprende la búsqueda poética. Responder debidamente a ese compromiso implica para nosotros, lectores, que el destino trágico de la escritura de Alejandra Pizarnik no nos distraiga de su más íntima belleza: la promesa de crear en palabras la libertad siempre postergada del mundo.
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La palabra que sana

Esperando que un mundo sea desenterrado por el lenguaje, alguien canta el lugar en que se forma el silencio. Luego comprobará que no porque se muestre furioso existe el mar, ni tampoco el mundo. Por eso cada palabra dice lo que dice y además más y otra cosa.



“Figuras de la ausencia” en El infierno musical
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Ahora

en esta hora inocente

yo y la que fui nos sentamos

en el umbral de mi mirada



Árbol de Diana
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Clio
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Registrado: 15 Jul 2006
Mensajes: 5735
Ubicación: Ciudad Aut. de Bs. As., Argentina

MensajePublicado: Mar May 29, 2007 15:24    Asunto: Responder citando

Hola.

Lo 'copiego' del enlace que aquí mismo está colgado. Creo que son palabras únicas, porque Alejandra..., no sé qué más se puede aportar sobre ella, pero nunca puede dejar de ser recordada. (El mensaje en donde está este poema le pertenece a Eliana).

Besos.

Y lo que le escribió Cortázar:

Bicho aquí,
aquí contra esto,
pegada a las palabras
te reclamo.
Ya es la noche, vení,
no hay nadie en casa
Salvo que ya están todas
como vos, como ves,
intercesoras,
llueve en la rue de l'Eperon
y Janis Joplin.
Alejandra, mi bicho,
vení a estas líneas, a este papel de arroz
dale abad a la zorra,
a este fieltro que juega con tu pelo

(Amabas, esas cosas nimias
aboli bibelot d'inanité sonore
las gomas y los sobres
una papelería de juguete
el estuche de lápices
los cuadernos rayados)
Vení, quedate.
tomá este trago, llueve,
te mojarás en la rue Dauphine,
no hay nadie en los cafés repletos,
no te miento, no hay nadie.
Ya sé, es difícil,
es tan difícil encontrarse
este vaso es difícil,
este fósforo.
y no te gusta verme en lo que es mío,
en mi ropa en mis libros
y no te gusta esta predilección
por Gerry Mulligan,
quisieras insultarme sin que duela
decir cómo estás vivo, cómo
se puede estar cuando no hay nada
más que la niebla de los cigarrillos,
como vivís, de qué manera
abrís los ojos cada día
No puede ser, decís, no puede ser.
Bicho, de acuerdo,
vaya si sé pero es así, Alejandra,
acurrúcate aquí, bebé conmigo,
mirá, las he llamado,
vendrán seguro las intercesoras,
el party para vos, la fiesta entera,
Erszebet,
Karen Blixen
ya van cayendo, saben
que es nuestra noche, con el pelo mojado
suben los cuatro pisos, y las viejas
de los departamentos las espían
Leonora Carrington, mirala,
Unica Zorn con un murciélago
Clarice Lispector, agua viva,
burbujas deslizándose desnudas
frotándose a la luz, Remedios Varo
con un reloj de arena donde se agita un láser
y la chica uruguaya que fue buena con vos
sin que jamás supieras
su verdadero nombre,
qué rejunta, qué húmedo ajedrez,
qué maison close de telarañas, de Thelonious,
que larga hermosa puede ser la noche
con vos y Joni Mitchell
con vos y Hélène Martin
con las intercesoras
animula el tabaco
vagula Anaïs Nin
blandula vodka tónic
No te vayas, ausente, no te vayas,
jugaremos, verás, ya verás, ya están llegando
con Ezra Pound y marihuana
con los sobres de sopa y un pescado
que sobrenadará olvidado, eso es seguro,
en un palangana con esponjas
entre supositorios y jamás contestados telegramas.
Olga es un árbol de humo, cómo fuma
esa morocha herida de petreles,
y Natalía Ginzburg, que desteje
el ramo de gladiolos que no trajo.
¿Ves bicho? Así. Tan bien y ya. El scotch,
Max Roach, Silvina Ocampo,
alguien en la cocina hace café
su culebra contando
dos terrones un beso
Léo Ferré
No pienses más en las ventanas
el detrás el afuera
Llueve en Rangoon ---
Y qué.
Aquí los juegos. El murmullo
(Consonantes de pájaro
vocales de heliotropo)
Aquí, bichito. Quieta. No hay ventanas ni afuera
y no llueve en Rangoon. Aquí los juegos.
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lorena.flag
Miembro Principiante
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Registrado: 02 Sep 2007
Mensajes: 5

MensajePublicado: Dom Sep 02, 2007 15:14    Asunto: PIEDRA FUNDAMENTAL Responder citando

[PIEDRA FUNDAMENTAL de "Infierno Musical" - Alejandra Pizarnik]

No puedo hablar con mi voz sino con mis voces.



Sus ojos eran la entrada del templo, para mí, que soy errante, que amo y muero. Y hubiese cantado hasta hacerme una con la noche, hasta deshacerme desnuda en la entrada del tiempo.



Un canto que atravieso como un túnel.



Presencias inquietantes,

gestos de figuras que se aparecen vivientes por obra de un lenguaje que las alude,

signos que insinúan terrores insolubles.



Una vibración de los cimientos, un trepidar de los fundamentos, drenan y barrenan,

y he sabido dónde se aposenta aquello tan otro que es yo, que espera que me calle para tomar posesión de mí y drenar y barrenar los cimientos, los fundamentos,

aquello me es adverso desde mí, conspira, toma posesión de mi terreno baldío,



no,

he de hacer algo,

no,

no he de hacer nada,



algo en mi no se abandona a la cascada de cenizas que me arrasa dentro de mí con ella que es yo, conmigo que soy ella y que soy yo, indeciblemente distinta de ella.



En el silencio mismo (no en el mismo silencio) tragar noche, una noche inmensa inmersa en el sigilo de los pasos perdidos.



No puedo hablar para nada decir. Por eso nos perdemos, yo y el poema, en la tentativa inútil de trancribir relaciones ardientes.



¿A dónde la conduce esta escritura? A lo negro, a lo estéril, a lo fragmentado.



las muñecas desventradas por mis antiguas manos de muñeca, la desilusión al encontrar pura estopa (pura estepa tu memoria): el padre, que tuvo que ser Tiresias, flota en el río. Pero tú, ¿por qué te dejaste asesinar escuchando cuentos de álamos nevados?



Yo quería que mis dedos de muñeca penetraran en las teclas. Yo no quería rozar, como una araña, el teclado. Yo quería entrar en el teclado para entrar adentro de la música para tener una patria. Pero la música se movía, se apresuraba. Solo cuando un refrán reincidía, alentaba en mi la esperanza de que se abasteciera algo parecido a una estación de trenes, quiero decir: un punto de partida firme y seguro; un lugar desde el cual partir, desde el lugar, hacia el lugar, en unión y fusión con el lugar. pero el refrán era demasiado breve, de modo que yo no podía fundar una estación pues no contaba más que con un tren salido de los rieles que se contorsionaba y se distorsionaba. Entonces abandoné la música y sus traiciones porque la música estaba más arriba o más abajo, pero no en el centro, en el lugar de la fusión y del encuentro. (Tú que fuiste mi única patria ¿en dónde buscarte? Tal vez en este poema que voy escribiendo).



Una noche en el circo recobré un lenguaje perdido en el momento que los jinetes con antorchas en la mano galopaban en ronda feroz sobre corceles negros. Ni en mis sueños de dicha existirá un coro de ángeles que suministre algo semejante a los sonidos calientes para mi corazón de los cascos contra las arenas.



(Y me dijo: Escribe; porque estas palabras son fieles y verdaderas).



(Es un hombre o una piedra o un árbol el que va a comenzar el canto...)



Y era un estremecimiento suavemente trepidante (lo digo para aleccionar a la que extravió en mí su musicalidad y trepida con más disonancia que un caballo azuzado por una antorcha en las arenas de un país extranjero).



Estaba abrazada al suelo, diciendo un nombre. Creí que me había muerto y que la muerte era decir un nombre sin cesar.



No es esto, tal vez, lo que quiero decir. Este decir y decirse no es grato. No puedo hablar con mi voz sino con mis voces. También este poema es posible que sea una trampa, un escenario más.



Cuando el barco alternó su ritmo y vaciló en el agua violenta, me erguí como la amazona que domina solamente con sus ojos azules al caballo que se encabrita (¿o fue con sus ojos azules?). El agua verde en mi cara, he de beber de ti hasta que la noche se abra. Nadie puede salvarme pues soy invisible aún para mí que me llamo con tu voz. ¿En dónde estoy? Estoy en un jardín.



Hay un jardín.
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lorena.flag
Miembro Principiante
Miembro Principiante


Registrado: 02 Sep 2007
Mensajes: 5

MensajePublicado: Dom Sep 02, 2007 15:16    Asunto: ...y mi favorito... Responder citando

"el centro
de un poema
es otro poema
el centro del centro
es la ausencia
en el centro de la ausencia
mi sombra es el centro
del centro del poema"
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