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Y los Autores se hicieron personajes.


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Publicar nuevo tema   Responder al tema    Foros de discusión -> La Cuentoteca de Alephville
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joe
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Registrado: 25 Mar 2003
Mensajes: 93
Ubicación: Lima Peru

MensajePublicado: Jue Feb 10, 2005 10:03    Asunto: El perdón Responder citando

El hombre tenía un problema, su esposa e hijo se habían enterado de su secreto. Mientras veía las fotos en donde él aparecía junto a su otra familia y que estaban tiradas sobre la cama de su hijo, se sintió mal. Cogió las fotos y salió rumbo a su trabajo. Durante todo el día se sintió como medio muerto, esperando la hora de salida para ir a ver a su otra familia.

Cuando llegó, vio en la puerta de entrada a su primera esposa e hijo gritándose a voz de cuello con su segunda esposa... Se ocultó tras un auto y no supo qué hacer: enfrentar los hechos, o desaparecer de la escena. Hizo lo segundo. Mientras se alejaba, pensaba hacia dónde podría ir. Miró su cuenta bancaria y no lo dudó. Fue a una agencia de viaje y tomó el primer avión hacia el otro lado del mundo. "Aún tengo treinta años", se decía.

Apenas llegó al otro lado del mundo tuvo suerte en encontrarse con un paisano. Le comentó que pensaba quedarse en aquel lugar, que en su país nada le había salido como deseaba y esperaba tener otra oportunidad. Tuvo suerte. Durante los siguientes treinta años hizo muchas cosas buenas como dinero, amigos… pero, lo que nunca hizo fue casarse. Aún guardaba la esperanza de volver a su pueblo, pedir perdón a sus dos familias. Morir en paz y en su tierra.

Cuando llegó a tener una gran fortuna, tomó la decisión de retornar a su pueblo. Vendió todas sus empresas y se despidió para siempre de aquel lugar en donde pasó treinta años de su vida. Mientras viajaba en el avión pensaba en los rostros de sus hijos, en sus dos esposas, en las palabras que tendría que decir y en la esperanza de encontrar el perdón de ambas.

Lo primero que hizo fue ir hacia la casa de la primera mujer. Tocó la puerta, pero nadie respondió, la casa estaba clausurada y en venta. Los vecinos le contaron que la señora se había casado con un extranjero y se había ido de viaje muy lejos, y que el hijo se había vuelto en un músico famoso, que viajaba mucho y que era difícil encontrarlo por el pueblo. El hombre se dio media vuelta y esbozó una leve sonrisa. Pensó en buscar a su segunda mujer, esperando pasar el resto de su vida con ella y la hija a la cual abandonó cuando aún contaba con un mes de nacida.

Tocó la puerta y salió una bella mujer que con un niño en los brazos preguntándole lo que deseaba. El preguntó por el nombre de su segunda esposa, y la bella mujer le dijo que hacía poco menos de treinta años que había fallecido, y que había sido su madre... El hombre miró a su hija y algo dentro de él le dijo que callara. Ya estaba por irse cuando vio llegar a un joven que cogió de la cintura a la bella mujer, y supo que era el esposo. No supo qué decir y se despidió. Mientras se alejaba, pensaba que no quedaba nada de su pasado, que tan solo estaba su presente y un futuro al cual desconocía pero que vislumbraba un lugar tranquilo y pacifico.

Se quedó en su pueblo y no hubo día en que no recordara su pasado, lleno de sentimientos, de personas que no existían, y soñaba encontrarlos más allá de la vida... Cuando murió este hombre, nadie fue a su entierro, no hubo una flor en su tumba ni una lágrima, nada... Aquel día hubo mucha lluvia, y mucha gente del lugar sintió que algo de ellos moría para siempre, quizás un sueño, un amigo, quién sabe, pero lo cierto fue que un hombre murió sintiendo que en los brazos más fríos y oscuros que conoció e su vida encontró el perdón y la paz...



Surquillo, febrero del 2005.
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joe
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Registrado: 25 Mar 2003
Mensajes: 93
Ubicación: Lima Peru

MensajePublicado: Sab Feb 12, 2005 10:55    Asunto: EL MENSAJE Responder citando

Iba a morir, a pesar de tener treinta años iba a dejar de respirar, de ver el mundo y enfrentarme cara a cara con la muerte. Parece terrible pero en verdad no lo es. El rostro del doctor parecía mas triste que el mío, por mi parte me sentía raro, como si supieras que alguien vendrá por ti, quieras o no, y sabes que aunque llores o rías será lo mismo, vas a morir... de la misma enfermedad de muchos de tus ancestros.

Mientras salía a la calle, decidí no ir al trabajo, ni avisar a todos mis familiares, pero en verdad es un poco raro saber demasiado, pesa mucho y deseas descargarlo, compartirlo con alguien, con cualquiera que deseara escucharme, pero, quién desea escuchar a un condenado, sólo los curas, y si tienes a una princesa que te ame, nadie mas... Eso es verdad pues si vas donde un amigo seguro que te dirá que vayas a otro médico, que luches por la vida, pero en verdad, yo estaba cansado, de visitar tantos matasanos y decidí no ir nunca mas.

Me senté en un parque y comencé en la manera de matarme. Deseaba morir sin dolor, pues aun recordaba a mi abuelo morirse en su cama gritando hasta el último aliento todo dolor. Recordaba también sus ojos antes de morir, cómo se fijaban en los míos, parecía querer decirme que no lo dejara, que deseaba sentirme... La verdad es que aún siento su mirada, más ahora que sé que pronto estaré de alguna manera mas cerca a él.

Creo haber pensado en cinco maneras de matarme, pero la que mas me gustó fue la de llenarme de insulina y tirarme hacia el fondo del mar donde nadie me pueda encontrar. Me paré y no sabía que rumbo tomar. Vi a un perro que me miraba como si fuera un fantasma y el condenado comenzaron a aullar, eso me asusto mucho, sentí que los espíritus estaban a mí alrededor, pues sentí como un hielo en el espinazo.

Caminé hasta llegar a un barrio de gente de mal vivir. Ya eran mas de las ocho de la noche cuando vi que se me acercaba delincuentes con muy malas intenciones, pero cuando uno no tiene nada que perder como que el miedo no desea acercársele, mas bien comencé a sentirme mejor, como mas alegre. "Hola", les dije. Ellos eran como diez, tenían puñales en sus manos, sus ojos estaban llenos de terror, era como si yo fuera un fantasma... Soltaron sus armas y se fueron corriendo como perros. "¿Estaré muerto?", me pregunté. Me fijé en mi sombra y aún estaba allí... Era raro pues parecía tener como vida propia... Se hacía más grande, más pequeño, mis extremidades se agrandaban, se achicaban, en fin, yo sabía que esto era producto del enfoque de la luz de los postes de las calles. Pero no sé por qué me quedé sentado en el suelo, apoyado sobre el poste de luz, mirando mi sombra; algo dentro de mí me decía que en ella podría encontrar compañía, comprensión, o ese calor que uno desea sentir cuando está solo.

No recuerdo cuanto tiempo estuve así, pero fue lo suficiente como para poder alucinar pues vi que mi sombra se paraba frente a mí y me pedía que lo siguiese. Como no tenía lugar a donde ir, le seguí. Caminamos unidos por un hilo de la oscuridad hasta llegar a una casa abandonada. Entramos, primero él, luego yo. Las luces de la casa se encendieron y aparecieron muchas sombras mas, rodeándome como si yo fuera el hueco de una torta negra. Luego, vi que una pequeña sombrita pronunciaba mi nombre y me decía si deseaba morir o vivir o vivir como ellos, es decir, como una sombra que vive en la oscuridad eternamente. Le dije que deseaba morir. En ese instante, se escuchó como un rumor de olas, como si fueran un mar de sombras... De pronto sentí un impulso y salí de aquella casa. Mientras me alejaba volteé la cabeza y vi que todas las sombras me estaban mirando. Me fijé si la mía aun me seguía y allí estaba la cobarde, como un perro con la cola entre las patas.

Ya estaba por amanecer y pensé en buscar a mí pero enemigo, a uno que en verdad yo odiaba. Después de pensar por varios minutos me acordé de uno que hacía mucho no veía, pero que aún me quedaba las marcas que me dejó cuando me robó lo que yo mas amaba, mi novia.

Sabía el lugar en donde vivía y hacia allí fui. Mientras me acercaba a su casa pensaba en todas las cosas buenas y malas que había hecho yo, y comencé a reírme. "Es bueno vivir", pensaba. Toqué la puerta de su casa y apareció mi exnovia, su esposa. Me miró lívida. Pregunté por su esposo. Después de un rato salió el pobre, estaba temblando. Le dije si podía hablar un momento con él. "¿Para qué, de qué deseas hablar?", preguntó. Le dije que iba a morir y deseaba conversar un momento con él. Me miró extrañado y seguramente pensaba que estaba loco pero aceptó mi ofrecimiento…

Fuimos a un café y le conté lo de mi enfermedad, lo que pensaba de todo y nada mas, mientras él me miraba. Luego me paré y me despedí, antes de irme, le dije si podía abrazarlo. Aceptó. Creo que fue lo más bello que he sentido en mi vida, era como si el dios te ofreciera tu pecho para descargar todos tus dolores, fue tan hermoso que no pude dejar de llorar, luego me largué corriendo como un fantasma.

Pasaron varias semanas y cuando ya comencé a sentir los dolores fui a conseguirme la insulina. Después de conseguirla fui hacia el mar, alquilé una lancha, alimentos y una pequeña casa de lona. Aun recordaba una isla en donde mi padre y yo íbamos con frecuencia, hacia allí decidí ir a morir... Mientras navegaba sentí una paz infinita, parecía que estuviera en el cielo, el silencio era hermoso, armonioso, el sol era como un amigo caluroso, los peces como unos inocentes niños de pecho... Todo era bello... Cuando llegué a las isla, armé mi carpa y comencé a escribir este diario que ustedes están leyendo, cuando lo terminé cogí una botella y puse estas líneas dentro, y luego, la tiré al mar...

Si estás leyendo estas líneas es que aún no he muerto, pues si algo aprendí es que uno es algo más que un cuerpo, pensamiento, emociones, uno es su propia vida y estas lineas son mi propia vida, como el sentimiento más puro que tengo...




Surquillo, febrero del 2005.
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joe
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Registrado: 25 Mar 2003
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MensajePublicado: Sab Feb 19, 2005 18:35    Asunto: BUSCADOR Responder citando

Tenía el boleto ganador. El primer premio era de cien mil dólares. Los números eran los mismos que tenía en el boleto guardado en mi saco. No sé porqué no le dije a nadie de esta buena noticia. Esperé el día en que entregaban el premio y fui.

Salí por la televisión, la radio, etcétera; pero apenas me dieron el cheque, fui al primer banco y lo cobré. No sé por qué decidí no ir a mi casa, más bien durante todo este tiempo pensaba qué es lo que haría con todo el dinero. Después de bastantes noches sin dormir encontré la respuesta; viajaría solo por todo el mundo, conocería a gente interesante, tomaría fotos en los lugares que mas me impactaran y luego me quedaría en el lugar mas tranquilo que encontrase.

Viajé a París. No conocía a nadie ni siquiera sabía hablar francés, pero no me importó, deseaba estar en esa soñada ciudad en donde tantos artistas soñaban en estar... Llegué de noche y parecía que nadie dormía, sentí que algo interesante me estaba por ocurrir. Pedí que me llevaran a un hotel cerca del Arco del Triunfo a un muchacho que hablaba ingles.

Mientras viajábamos en el auto veía que toda la ciudad parecía ser el centro de mi propia ciudad, pero más limpia. No había mucha gente pero sí perros, gatos y closhards (vagabundos) con unos carritos que llevaban botellas y cuanta basura cargaban. Me gustó aquella imagen y les tomé una foto. Llegamos al Hotel Saint Pierre, ubicada en el barrio de Saint Germain, cobraban setenta euros por noche, estaban bien. Después de instalarme decidí salir a pasear, conocer un poco la noche de Paris…

Ya en la calle, me gustó que todas las pistas fueran adoquinadas, que el ruido de la noche fuera como poesía, que el ruido de la gente fuera como esos ecos de un pasado muy grande, me gustó todo, tanto que busqué a alguien a quien contar mi sentir… Por suerte vi a un clochard que caminaba surcando el Sena. Le seguí como a unos quince metros. Vi que bajaba hasta llegar a la parte posterior de un puente. Bajé.

Tras una lumbre le ví escribiendo sobre una ruma de arrugados papeles. Me acerqué y le ofrecí un cigarrillo. Aceptó en silencio, luego, preguntó: “¿Eres latino? Le dije que sí y me alegré que supiera hablar español. Conversamos hasta que llegó el amanecer. Me levanté y ya estaba por irme cuando me ofreció una serie de papeles escritos en francés. Le agradecí y fui a mi hotel. Con la ayuda de un diccionario pude traducir los textos. Me quedé anonadado al leer que era una historia en donde un hombre ganaba una fortuna y abandonaba su familia, todo, en busca de algo, cualquier cosa que le diera sentido a su vida… La historia continuó. Decía que aquel hombre gastó hasta el último euro, quedándose pobre. Luego, se fue a vivir como los vagabundos, pero muy lejos de París.

Aquellas letras me hicieron temblar. Fui hasta la bóveda del hotel y comprobé si aún tenía todo mi dinero, para mi suerte aun estaba, sin embargo había algo dentro de mí que me hizo pensar en el futuro, el presente pero no en mi pasado. Salí nuevamente y está vez caminé por la zona pintoresca de Paris. Subí a la Torre Eifeel, alquilé una moto y me puse a pasear por todas las calles, fue bello… pero cuando tuve ganas de comer, vi un pequeño restaurante y me dispuse a comer. Pedí una copa de vino y una pasta de alcachofa. De pronto, mientras comía, vi a través de la ventana al clochard que con la mano me estaba llamando. Con los ojos y mis manos le dije que me esperase a que terminara mi merienda.

Ya en la calle continuamos conversando de cualquier cosa, menos de aquellos escritos. Como tenía mi cámara le pedí si podía tomarle otra foto, me dijo que sí. Cuando llegamos al Sena nos despedimos y antes de que me fuera me entregó otros textos, iba a rechazárselos pero no pude. En el hotel cogí mi diccionario y después de traducirlo me quedé boquiabierto. Decía que en una vieja ciudad, por el medio oriente yo conocería a dios, en carne y hueso y que me haría su discípulo, y le seguiría por el resto de mi vida. Y por orden de esta reencarnación de dios volvería a mi país y fundaría como un movimiento revolucionario en donde las únicas armas serían el perdón, la claridad, el servicio mutuo y nada mas… Concluía que mi nombre cambiaría, y que mucha gente pronunciaría mi nombre y sería muy feliz, y que moriría lleno de paz y con los ojos puestos en una especie de ojo de dios…

Apenas dejé de leer este texto lo solté pero sentí en todo mi ser como una vibración que me ponía a piel de gallina… Luego sentí como una presencia, como si alguien estuviera cerca de mí. “¿Será cierto todo esto?”, pensaba. Lo cierto fue que traté de vivir disfrutando de mi dinero pero una voz se expandía en mi alma, como si una gota de pureza hubiera caído en el océano de mi inconciencia y estuviera expandiéndose más y más hasta que una noche no pude mas y saqué mi dinero y me fui de Paris.

No recuerdo por cuantos países estuve pero si algo sentí en todos ellos fue aquella vibración que se hacía mas fuerte en el silencio de la noche. De pronto sentí un llamado, como si estuviera soñando pero estaba despierto, al menos eso me pareció. Salí de Bruselas y tomé el avión hacia la China. Cuando llegué, tomé un auto que me llevará a un hotel y en el transcurso tuvimos un fuerte accidente. Mi auto se volcó y mi chofer murió. Yo quedé casi sin cerebro, pero aun podía vivir. Pasó mucho tiempo cuando aquella misma voz se hizo fuerte y le escuché a través de un ensueño que me parase y viajara a la India. Me paré y cuando traté de revisar mi dinero, ya no tenía nada…

Estuve vagando por un lado a otro, por mas que pedí a mi consulado que me ayudaran lo unico que conseguí fueron tiketes de comida, pero solo por un tiempo. Con suerte conocí a un chino que hablaba español y le pedí si podía darme un trabajo. Me lo dio y estuve trabajando por un año hasta conseguir dinero para retornar a mi país. De pronto cuando ya tenía mi pasaje en la mano, y mientras caminaba hacia el aeropuerto escuché nítidamente la misma voz interior que me hablaba, pero esta vez a través de un niño de doce años. Sin pensar le seguí hasta llegar a su hogar que estaba repleta de personas de todos los lugares del mundo.

Me atendieron y me invitaron a vivir en aquella casa que era grande y llena de vegetación. Aquel niño cuyo nombre no puedo pronunciar me llamó a su cuarto y mientras me hablaba sentí en mi alma que se trataba de dios en la forma de un niño de doce años. Lo supe pues apenas sonrió, mis ojos, mi alma, todo en mí, se puso a sus pies… Mi alma lloró al haberle encontrado, y me quedé junto a él por muchos años… Hasta que una noche, sin que nadie se diera cuenta, me pidió que le siguiese. Lo seguí y caminamos hasta llegar a un río. Nos sentamos y me dijo cosas muy bellas, luego calló y me pidió que cerrase los ojos. Le obedecí. De pronto sentí que como un aire puro limpiaba toda la oscuridad de mi interior y pude ver un universo lleno de astros… Escuché como si en aquel universo una gran orquesta tocara una bella sinfonía de ángeles… Cuando abrí los ojos, estaba solo, el niño dios estaba regresando hacia el hogar.

Al día siguiente me dieron un pasaje para regresar a mi país. Antes de irme le pedí a niño si podía quedarme con él, y el me respondió: “Mientras respires, a tu lado estaré”.

Tomé el avión y mientras retornaba a mi país pensé qué era lo que debía de hacer… de pronto sentí aquella vibración interior y supe que tan solo debía hacer una sola cosa: Cerrar los ojos y sentir aquella belleza, nada más…

Han pasado muchos años, y he conocido mucha gente y a todo les he hablado del niño dios. Muchos me han creído otros no. Todo seguiría normal sino fuese que me llegó una carta en donde el niño, que ya era un hombre, me anunciaba que muy pronto vendría a visitarme… No hubo día en que no esperase la carta de llegada, hasta que llegó.

Mis ojos al verle bajar del avión rompieron en lágrimas. Me eché al piso y él me dio su bendición…Fue hermoso, y fui feliz. Paseamos por todas las calles y él hizo muchas conferencias, y en todas ellas vi que mucha gente se identificaba con sus palabras, con su voz que parecía ser como el gran poeta de la vida y del corazón… Cuando se fue, me dijo algo que nunca olvidaré, “Volveré”. Han pasado muchos años y no ha vuelto. Y aunque ya soy un anciano nunca he perdido la esperanza de volverle a ver… Es que es hermoso encontrarse con alguien como él, que cambia la oscuridad en claridad, la noche un día, el odio en amor…

Ahora que estoy en mi lecho de muerte, me llega el recuerdo de aquel clochard que vi en el Sena, en Paris, en toda la gente que he conocido y recién ahora he podido vislumbrar que todos era uno mismo, que cada cual era una parte de toda esta sinfonía que, en esta parte de mi vida, es mi existencia… Mientras veo como mi vida se me va, siento que tras la esquina de la existencia se encuentras aquella voz tan amada por mí… y yo la espero con todo mi corazón…



San Isidro, febrero del 2005.
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guillermo garcía
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MensajePublicado: Dom Feb 20, 2005 02:39    Asunto: Re: EL MENSAJE Responder citando

joe escribió:
Iba a morir, a pesar de tener treinta años iba a dejar de respirar, de ver el mundo y enfrentarme cara a cara con la muerte. Parece terrible pero en verdad no lo es. El rostro del doctor parecía mas triste que el mío, por mi parte me sentía raro, como si supieras que alguien vendrá por ti, quieras o no, y sabes que aunque llores o rías será lo mismo, vas a morir... de la misma enfermedad de muchos de tus ancestros.

Mientras salía a la calle, decidí no ir al trabajo, ni avisar a todos mis familiares, pero en verdad es un poco raro saber demasiado, pesa mucho y deseas descargarlo, compartirlo con alguien, con cualquiera que deseara escucharme, pero, quién desea escuchar a un condenado, sólo los curas, y si tienes a una princesa que te ame, nadie mas... Eso es verdad pues si vas donde un amigo seguro que te dirá que vayas a otro médico, que luches por la vida, pero en verdad, yo estaba cansado, de visitar tantos matasanos y decidí no ir nunca mas.

Me senté en un parque y comencé en la manera de matarme. Deseaba morir sin dolor, pues aun recordaba a mi abuelo morirse en su cama gritando hasta el último aliento todo dolor. Recordaba también sus ojos antes de morir, cómo se fijaban en los míos, parecía querer decirme que no lo dejara, que deseaba sentirme... La verdad es que aún siento su mirada, más ahora que sé que pronto estaré de alguna manera mas cerca a él.

Creo haber pensado en cinco maneras de matarme, pero la que mas me gustó fue la de llenarme de insulina y tirarme hacia el fondo del mar donde nadie me pueda encontrar. Me paré y no sabía que rumbo tomar. Vi a un perro que me miraba como si fuera un fantasma y el condenado comenzaron a aullar, eso me asusto mucho, sentí que los espíritus estaban a mí alrededor, pues sentí como un hielo en el espinazo.

Caminé hasta llegar a un barrio de gente de mal vivir. Ya eran mas de las ocho de la noche cuando vi que se me acercaba delincuentes con muy malas intenciones, pero cuando uno no tiene nada que perder como que el miedo no desea acercársele, mas bien comencé a sentirme mejor, como mas alegre. "Hola", les dije. Ellos eran como diez, tenían puñales en sus manos, sus ojos estaban llenos de terror, era como si yo fuera un fantasma... Soltaron sus armas y se fueron corriendo como perros. "¿Estaré muerto?", me pregunté. Me fijé en mi sombra y aún estaba allí... Era raro pues parecía tener como vida propia... Se hacía más grande, más pequeño, mis extremidades se agrandaban, se achicaban, en fin, yo sabía que esto era producto del enfoque de la luz de los postes de las calles. Pero no sé por qué me quedé sentado en el suelo, apoyado sobre el poste de luz, mirando mi sombra; algo dentro de mí me decía que en ella podría encontrar compañía, comprensión, o ese calor que uno desea sentir cuando está solo.

No recuerdo cuanto tiempo estuve así, pero fue lo suficiente como para poder alucinar pues vi que mi sombra se paraba frente a mí y me pedía que lo siguiese. Como no tenía lugar a donde ir, le seguí. Caminamos unidos por un hilo de la oscuridad hasta llegar a una casa abandonada. Entramos, primero él, luego yo. Las luces de la casa se encendieron y aparecieron muchas sombras mas, rodeándome como si yo fuera el hueco de una torta negra. Luego, vi que una pequeña sombrita pronunciaba mi nombre y me decía si deseaba morir o vivir o vivir como ellos, es decir, como una sombra que vive en la oscuridad eternamente. Le dije que deseaba morir. En ese instante, se escuchó como un rumor de olas, como si fueran un mar de sombras... De pronto sentí un impulso y salí de aquella casa. Mientras me alejaba volteé la cabeza y vi que todas las sombras me estaban mirando. Me fijé si la mía aun me seguía y allí estaba la cobarde, como un perro con la cola entre las patas.

Ya estaba por amanecer y pensé en buscar a mí pero enemigo, a uno que en verdad yo odiaba. Después de pensar por varios minutos me acordé de uno que hacía mucho no veía, pero que aún me quedaba las marcas que me dejó cuando me robó lo que yo mas amaba, mi novia.

Sabía el lugar en donde vivía y hacia allí fui. Mientras me acercaba a su casa pensaba en todas las cosas buenas y malas que había hecho yo, y comencé a reírme. "Es bueno vivir", pensaba. Toqué la puerta de su casa y apareció mi exnovia, su esposa. Me miró lívida. Pregunté por su esposo. Después de un rato salió el pobre, estaba temblando. Le dije si podía hablar un momento con él. "¿Para qué, de qué deseas hablar?", preguntó. Le dije que iba a morir y deseaba conversar un momento con él. Me miró extrañado y seguramente pensaba que estaba loco pero aceptó mi ofrecimiento…

Fuimos a un café y le conté lo de mi enfermedad, lo que pensaba de todo y nada mas, mientras él me miraba. Luego me paré y me despedí, antes de irme, le dije si podía abrazarlo. Aceptó. Creo que fue lo más bello que he sentido en mi vida, era como si el dios te ofreciera tu pecho para descargar todos tus dolores, fue tan hermoso que no pude dejar de llorar, luego me largué corriendo como un fantasma.

Pasaron varias semanas y cuando ya comencé a sentir los dolores fui a conseguirme la insulina. Después de conseguirla fui hacia el mar, alquilé una lancha, alimentos y una pequeña casa de lona. Aun recordaba una isla en donde mi padre y yo íbamos con frecuencia, hacia allí decidí ir a morir... Mientras navegaba sentí una paz infinita, parecía que estuviera en el cielo, el silencio era hermoso, armonioso, el sol era como un amigo caluroso, los peces como unos inocentes niños de pecho... Todo era bello... Cuando llegué a las isla, armé mi carpa y comencé a escribir este diario que ustedes están leyendo, cuando lo terminé cogí una botella y puse estas líneas dentro, y luego, la tiré al mar...

Si estás leyendo estas líneas es que aún no he muerto, pues si algo aprendí es que uno es algo más que un cuerpo, pensamiento, emociones, uno es su propia vida y estas lineas son mi propia vida, como el sentimiento más puro que tengo...




Surquillo, febrero del 2005.

Hey, Joe. Apenas voy por esta entrega. Me gusta mucho esta en particular. Gracias. Te leo después.
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joe
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MensajePublicado: Mie Feb 23, 2005 01:43    Asunto: Sueño de Libertad... Responder citando

Volví a mi viejo pueblo después de mucho tiempo. Lo primero que hice fue mirar la casa en donde viví cuando era un muchacho. Mientras me encaminaba hacia mi casa, pasé por el viejo sendero y percibí los mismos aires, la misma gente, las calles llenas de polvo, la pista aun sin terminar y con sus mismos huecos, y la vieja tienda con un perro descansando en su entrada. Sí, casi todo estaba igual desde la última vez que estuve en mi pueblo, pero el tiempo había arañado y arrancado casi toda su frescura.

Cuando estuve frente a la puerta de mi antigua casa estuve a punto de tocarla, pero el ruido de la gente que vivía en su interior me hizo dudar y retrocedí unos pasos, como si temiera encontrarme conmigo mismo, con aquel chiquillo alistándose para irse a jugar con todos sus amigos. Me amilané, y luego de retroceder unos pasos, me escondí tras un árbol, el mismo en que subía y bajaba como un simio jugando con mi hermano y mis amigos.

De pronto, vi que la puerta se abría y un grupo de muchachos salieron corriendo cual bandada de palomas. Sentí un impulso por ir tras ellos pero dudé un instante y esperé a que pasaran por mi lado sin que se percataran de mi presencia tras el árbol. Cuando estuvieron un poco lejos, los seguí. ¡Cómo corrían rumbo al viejo lago con unos palos de pescar, unas hondas para matar a las palomas y ratas! ¡Cómo gozaban por una nueva aventura por vivir!… Me sentí tan contento de verles que no dejé de seguirles como si mi alma estuviera hambrienta de sus juveniles figuras...

Les vi jugar en el lago, y luego, todos juntos se unieron en un solo abrazo y partieron disparados rumbo hacia el bosque para jugar al fútbol. Los vi jugar, sudar y correr sin cansarse. Los vi tan frescos y llenos de energía que me sentí contento al volver a recordar mi vieja juventud cuando realizaba las mismas cosas que aquellos muchachos. Mi alegría era máxima. De pronto, percibí que alguien tocaba mis espaldas... Volteé y vi que el sol me iluminaba el rostro y me impedía verle la cara a dicho muchacho… Escuché que decía algo pero sólo pude entender que pronunciaba mi nombre, me gustó escucharle. Todo era tan extraño que sin preocuparme de nada, me dejé llevar de la mano del chico rumbo hacia la vieja montaña del pueblo… Siguiéndole, me sentí nuevamente como él, no pensaba en nada, tan solo deseaba jugar un momento más y ser feliz, totalmente feliz…

Escalamos la montaña hasta llegar a la sima, y encontramos en un rincón la vieja casucha echa por mis propias manos, y entonces, tuve ganas de llorar, y lloré sin parar. Luego, caí al suelo y continué con mi llanto hasta sentir que las manos del muchacho acariciaban mis cabellos. Me avergoncé y levanté la vista, pero el sol aún no me dejaba verle el rostro, pero me di cuenta que sonreía... Me soltó las manos, y se encaminó hacia el abismo, y como si fuera un ángel se aventó hacia el vacío, dejándome el alma lleno de dolor al recordar el instante en que jugando, era yo quien caía cuando aún era un muchacho que soñaba con ser libre como las aves del cielo...





San Isidro, febrero del 2005.
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MensajePublicado: Vie Feb 25, 2005 01:41    Asunto: SIETE ANCIANOS Responder citando

Sentado frente a siete ancianos pensaba en la manera de irme sin que se dieran cuenta de mi ausencia, pero fue imposible, los siete me miraban sin pestañear y una que otra vez me preguntaban si deseaba continuar escuchándoles las historias de sus vidas. Sonreí por compromiso y continué escuchándoles.

Uno de ellos me contaba en la forma en que hizo mucho dinero, otro en todas las mujeres que había conquistado, otro en los países en los cuales hubo vivido, y así cada cual me contaba lo más resaltante de sus historias, pero sólo a mí, pues entre ellos no deseaban escucharse. Quizás por ello, aquel extraño tipo vestido todo de negro y de rostro oculto tras una máscara me contrató. La paga era buena y acepté el trabajo, pero yo, como siempre, incauto por naturaleza, no pregunté el horario ni los días de labor.

Y allí estaba siete días a la semana sin poder salir a la calle pues dormía en la misma casa, con los siete viejos. La idea misma me agotaba y hastiaba. Y cuando pasaron más de siete meses, sentí que iba a enloquecer. Decidí renunciar. Me paré y me despedí de cada uno de ellos, pero cuando quise abrir la puerta estaba con llave. Pregunté si alguien la tenía, pero todos ellos comenzaron a reírse sin parar, como si les hubiese contado una broma.

Busqué una ventana para escapar, pero todas estaban selladas con barras de acero, como las cárceles. Espantado y con las burlas de los siete ancianos vibrando en toda mi conciencia, cogí una barra de acero y empecé a tratar de romper la puerta, y me di cuenta que también estaba cubierta por barras de acero. "Estoy preso como un pajarito", pensé. Y sin dejar de escuchar las risas de los ancianos sentí que enloquecía.

Me paré y les grité que callaran, pero fue peor, parecían que sus voces tuvieran resonancia o una especie de parlante que sacudía toda mi alma. Les cogí del cuello pero continuaron burlándose. Y cuando sentí que el demonio se apoderaba de mi alma, apreté con fuerza la barra de acero y empecé a golpearles para que callaran... Los seguí golpeando hasta dejarlos con los cráneos partidos, los pechos mutilados y sin una gota de vida...

De pronto, el silencio de la casa comenzó a tomar relevancia y como una extraña presencia una sombra empezó a materializarse ante mis ojos... Era el hombre vestido de negro pero esta vez no llevaba antifaz y pude ver como un hueco negro en la silueta de su rostro. Aun así pude observar que en su pecho brillaban las siete llaves de la casa. Se las sacó y las aventó al piso, y luego, desapareció como si fuera humo. Cogí las llaves y empecé a tratar de abrir la puerta.

Cuando abrí la primera encontré otra puerta esperándome. Y cuando abrí la segunda pasó lo mismo. Y así estuve hasta llegar a séptima que cuando la abrí encontré al fin la salida. Solté las siete llaves y partí corriendo de aquel extraño lugar, y no paré hasta llegar a mi hogar. Apenas entré, cerré la puerta con llave. Prendí las luces de toda la casa y para mi estupor me encontré cara a cara con los mismos siete ancianos que con sus ojos sin brillo parecían estar esperándome, intuí que deseaban continuar narrando sus viejas historias. Cogí una silla y me senté al lado de ellos pensando que estaba en una pesadilla, o que estaba loco, cuando percibí que alguien echaba llave a la puerta de mi hogar…




San Isidro, febrero del 2005.
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joe
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MensajePublicado: Mar Mar 15, 2005 03:35    Asunto: EL NAVEGANTE Responder citando

Estaba sentado en una silla durante horas, sin embargo, aún me sentía agotado. Pensé en que quizás los pensamientos eran como aerolitos etéreos que llueven constantemente por todo el espacio y que caen por todo mí ser, haciendo al descanso en un asunto de encuentros no buscados; en fin, estaba sentado con los ojos cerrados, roncando, cuando tuve un sueño que cambió mi vida para siempre…

Me hallaba en una isla acompañado de seres salidos de la más oscura de todas mis pesadillas. Parecían esperarme desde hace mucho. Se acercaron con sigilo, y cuando estuvieron a unos pasos sentí todo el hedor de sus repugnantes cuerpos. Sin saber qué hacer grité con todas mis fuerzas, saliendo de aquel sonido como un eco en forma de gota de agua que crecía y crecía hasta formarse en una burbuja, aumentando tanto su volumen que todos estos demonios fueron chupados por esta especie de globo de vidrio, o algo parecido... Fue muy desagradable verles a todos tratando de escabullirse del recinto, parecían extraños peces golpeándose contra una gigantesca pecera. Me acerqué por curiosidad, y anonadado por el tamaño del globo de vidrio, la toqué con la punta de mis dedos. Estaba fría. Sentí que la burbuja palpitaba y respiraba al compás de mi existencia, como si se tratase de un pedazo de uña que continuaba creciendo... De pronto vi que todos los demonios se acercaron al punto en que tocaba la burbuja, y con extraños gestos y gritos me pedían que les diera libertad...

- ¿Qué debo hacer? - pregunté.

- ¡¡Sóplala, sólo así nos libraremos!! – me gritaron todos, y luego, me mostraron sus jetas, dientes en punta y escariados, y empezaron a soplar y soplar como si fueran a apagar las velas de una torta de cumpleaños…

- Después lo haré… - les dije -. Quisiera despertarme, pues aun estoy extenuado…, luego veré qué hacer con este sueño y con ustedes...

Dicho esto me di media vuelta y caminé hasta llegar a las orillas del mar. Y cuando sus aguas mojaron mis pies, sentí el llamado del océano. Me tiré y me abracé a sus aguas como si la mar fuera una mujer... Empecé a bucear hasta llegar a su parte más oscura y profunda. Y aunque estaba umbrosa pude vislumbrar el contorno de una puerta, o la entrada a una especie de cueva. Navegué hasta llegar al umbral y la penetré. Adentro de la cueva encontré un espacio sin agua, como un palacio de húmedas piedras y musgos… En cada rincón noté y escuché pequeñas cascadas de agua que a través de su brillo mostraban imágenes, una serie de formas humanas en donde aparecía yo en diferentes etapas... Me gustó lo que vi y me acerqué a una de ellas. Era yo, y estaba joven. La caída de aquellas aguas parecían susurrarme melodías, cantos que había escuchado en tiempos lejanos, percibí una brisa de nostalgia que empañaba mi alma. Cogí una vasija y la llené con un poco de su agua. La tomé, estaba dulce... Y sin saber cómo ni por qué fui transportado, o llevado al lugar en donde charlaba con amigos de diecisiete a veinte años. Me noté tan joven y contento que sentí ganas de vivir intensamente, y sin importarme nada empecé a reírme de cualquier cosa como un tonto. Luego, me levanté del lugar, salí corriendo por las calles y abandoné a mis amigos para siempre…

Desde aquel sueño me volví en un navegante...



San Isidro, marzo de 2005.
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DIANNA
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MensajePublicado: Mar Mar 15, 2005 07:06    Asunto: Responder citando

Estoy leyendo tu texto y recuerdo mis propios sueños con el mar.

Precisamente esta noche he tenido uno de ellos: yo estaba en una caseta de madera al lado del mar, y, de repente, la marea comenzaba a subir y a inundar mi caseta. Cada vez su nivel era más alto y al final tenía que desmontarla y abandonar el lugar porque había dejado de ser tierra firme. El mar lo devora todo.

Otro sueño que tuve hace mucho tiempo, sobre los 13 0 14 años. Era sobre un tunel que empezaba en la orilla y se adentraba en el mar y yo no me resistía a recorrerlo. Dentro estaba llenos de puertas que daban a diferentes habitaciones. Sobre ese sueño escribí un cuento.
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joe
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MensajePublicado: Mar Mar 15, 2005 17:54    Asunto: Mis sueños... Responder citando

Gracias por compartir tus vivencias, sueños y, si lo deseas, aquel cuento de varias puertas... Creo habertela leído en otra pagina, pero, no está demas que lo puedas poner para degustar tus letras... Mis relatos tienen mucho de imaginación, personajes que he visto, conocido o soñado...

Bueno, gracias por leerme,

Joe
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joe
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Registrado: 25 Mar 2003
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Ubicación: Lima Peru

MensajePublicado: Mar Mar 15, 2005 17:58    Asunto: Me olvidaba Responder citando

Justo ayer soñé con una isla tan especial porque podía reconocer cada parte de aquel lugar, mucho despues me di cuenta que esa isla era yo cuando me siento a escribir... Y bueno, escribí un cuento llamado "Mi isla". Lo pondré esta noche, espero les guste a todos.

Joe Blisouto
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