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Helena de Troya
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Registrado: 01 Oct 2003
Mensajes: 830

MensajePublicado: Jue Jul 08, 2004 18:59    Asunto: Responder citando

Aquellos segundos fueron eternos…

Tuvo ese pensamiento eléctrico que invade al ser humano en momentos explosivos y que habitualmente, se queda en los posos del pensamiento. Se sintió culpable por exteriorizar esos deseos lujuriosos que la convirtieron en tierra extraña a los oídos de aquel compañero de innumerables fatigas. ¿Era culpable de no haber encontrado el momento oportuno para que la entendiera? ¿Qué es lo que la decidió a dar ese paso? Linda sabía que probablemente había violado el protocolo establecido entre ellos y él se lo tomaría como una afrenta personal.

Finalmente la manecilla se deslizo totalmente...

Ella apareció con un mini vestidito azul turquesa. Estaba realmente linda con su melena castaña. Unas sandalias de pasamanería hacían juego con el resto del atuendo. (que no era mucho…)

El se quedó anonadado como si aquella mujer no fuese la misma que conocía de años.


-Hola querido!, un segundo que la televisión está muy alta. Mi madre recién marchó, y ya conoces el problema de su sordera.

Tuvo que hacer un esfuerzo extraordinario para que la saliva encontrara su camino, entonces espetó:

-Estás cambiada!
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rubendcarvajal
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Registrado: 27 May 2004
Mensajes: 623

MensajePublicado: Lun Jul 12, 2004 03:36    Asunto: Responder citando

-¿Te parece? –preguntó ella mientras apagaba el aparato.
-Si....un poco –dijo el titubeando.
El cambio no era físico. Se conservaba igual de atractiva que antes. Era algo mas, lo había captado inmediatamente. Era su mirada y el trato. Le pareció que lo trató con mucha facilidad en esas pocas palabras, como se trata a un vecino o a un primo. Antes siempre lo trataba con esa tensión que hay entre amantes que no se conocen completamente, como si hubiera un poco de desconfianza. ¡Y que bien se había dado cuenta que aquella mujer con su vestidito azul callejero no era de confiar!
-¿Ah si?
-Si –dijo el, tratando de pensar en algo que decir. Acababa de darse cuenta que no había pensado en como conseguir la información que quería.
-Bueno, que te trajo por acá –agregó ella tratando de evitar un silencio incómodo.-- Y tan temprano...debe ser importante.
Inmediatamente se dio cuenta que ella lo sabia todo, probablemente no conseguiría nada de ella y esto le hizo sentir frustrado. Odiaba que ella tuviera la mano ganadora, que se sintiera superior a él.
-¿No me ofreces un café primero?—respondió el tratando de ganar algún tiempo para pensar.
-No tengo, estoy tratando de dejar todos mis vicios.
-¿Por eso me dejaste? –dijo el con un dejo de sarcasmo en su expresión. Ella se irritó por el comentario y el lo vio en su rostro.
-No seas presumido. ¿a que viniste? –había abandonado toda formalidad.
-Tu ya lo sabes. Por lo que ha sucedido últimamente. –ya no le quedaba mas opción, lo mejor era intimidarla. Tal vez conseguiría algo de esa manera.
-Y por lo que pasó anoche, ya lo sabes ¿no es cierto? –dijo justo cuando ella abría la boca para decir algo. Quería sorprenderla, hacerle saber que todavía había una parte de el que no conocía.
Ella calló y lo miró con una mezcla de ira y desconcierto, se estaba dando cuente que algo en el era diferente ahora, ya no era aquel hombre tonto al que podía engañar y contentar al instante con sexo. Tomo asiento en la poltrona de la sala junto al teléfono y encendió un cigarrillo. El permaneció de pie, mirándola con cierto aire de triunfo.
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Helena de Troya
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Registrado: 01 Oct 2003
Mensajes: 830

MensajePublicado: Lun Jul 12, 2004 17:19    Asunto: Responder citando

...al instante, se oyó un silbido de tetera. Ella apagó el cigarrillo y se incorporó rápidamente. El observaba sus movimientos... un tanto felinos, siempre le habían fascinado sus curvas serpenteado el aire. Jamás se lo había dicho, y a hora, justo ahora que todo acababa, se daba cuenta de las cosas que le gustaban de ella, tal vez no la valoró lo suficiente, precipitándo una decisión irremediable. Recordó como ella durante muchos años había estado a su lado mientras el terminaba de escribir el libro interminable. Eran jóvenes, cualquier sueño podía realizarse. Finalmente llegó. Llegó ese momento que lo consagraria como escritor definitivamente.

Detrás de ella fue hasta la cocina. Ella le ofreció té. -Quieres un taza? -Sí, gracias. Mientras linda lo preparaba. El sintió un impulso irrefrenable de abordarla allí mismo, sobre la pica. Avanzó unos pasos y su aliento dibujaron sonidos en el cuello de Linda....
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DIANNA
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Registrado: 29 Oct 2002
Mensajes: 9496
Ubicación: TOMBUCTÚ

MensajePublicado: Mar Jul 13, 2004 11:57    Asunto: Responder citando

Entonces entendió que ese té no era para él y nunca más lo sería. Su pulso se aceleró acorde con los silbidos cada vez más insistentes de la tetera al fuego recordándole su fracaso en su atormentado cerebro, sus manos buscaban temblorosas en su bolsillo, su dedo apretó el gatillo...

Jamás serás de nadie más que de él
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DIANNA
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Registrado: 29 Oct 2002
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Ubicación: TOMBUCTÚ

MensajePublicado: Mar Jul 13, 2004 18:11    Asunto: Responder citando

Volvió a romper el folio, ya era el cuarto que rompía.

Linda no se merecía ese final, la había creado perfecta, la había creado a la imagen y semejanza de su mujer ideal y ahora no podía permitir que él acabase de esa forma con su ideal.

Tendría que volver a escribir de nuevo ese episodio si quería conservar intacta su fantasía, su más sublime fantasía.
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rubendcarvajal
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Registrado: 27 May 2004
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MensajePublicado: Mar Jul 20, 2004 12:40    Asunto: Responder citando

Se estiró hacia atrás en su silla, con las manos en la nuca; quería liberar algo de la tensión acumulada. No había salido de ese pequeño apartamento en mucho tiempo; se la pasó escribiendo y cumpliendo con sus necesidades mas básicas. El calor se le hacia insoportable y el cúmulo de papeles por todos lados le hacían sentir una especie de asfixia extenuante que disminuían su talento. Su vieja lamparita verde daba una luz muy tenue, apenas perceptible; estaba a punto de extinguirse.
Había idealizado a Linda como la mujer perfecta y sin embargo terminó convertida en un ser despreciable. Se había vuelto la mas baja de las personas: mezquina, hipócrita, sin escrúpulos y, lo que era peor para él, una perra. La misma historia lo había llevado a ese fin, no lo había buscado, simplemente termino así y no se lo podía explicar. ¿Sería acaso inevitable que Linda terminara convertida en semejante cosa? Tal vez tendría que revisar toda la historia y escribir de nuevo desde el comienzo.
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Helena de Troya
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Registrado: 01 Oct 2003
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MensajePublicado: Jue Jul 22, 2004 08:36    Asunto: Responder citando

... -desde luego que debes de revisar lo papeles del abogado, tuviste una semana para hacerlo-.

Después de colgar el teléfono, Linda se dejó caer en la cama, su cuerpo rebotó del pequeño impacto. Hubiera deseado quedarse suspendida en el aire pero la gravedad del mullido colchón la devolvió a un conato de realidad. Con un suspiro profundo, ahora observaba el techo, donde se apreciaba una pequeña tela de hilos, parecía la guarida de un arácnido, aquello la transporto hasta el primer encuentro con el hombre...

Linda estaba de paso por esa localidad .... (no encuentro el dato) unos papeles de la herencia de su padre la habían hecho viajar hasta ese lugar. Nunca tuvo demasiado contacto con su progenitor. Es más.., que ella recuerde... un par de historias nomás. De niña Linda y su hermana vivían con su abuela y su madre en un apartamento. La madre trabajaba como marroquinera en un pequeño taller. Por problemas económicos, un día dispuso que el padre de ellas se hiciese cargo de las niñas. Aquella tarde lloraron todos, madre, abuela y niñas. Una maleta, cuatro colitas en el pelo bañadas en Vétiver de Puig (a granel), fueron la carta de identidad para las niñas. El transporte se quedó en un lapsos. Seguramente el padre las recogió en su automóvil y las condujo hasta su casa. Una mujer amable abrió la puerta. –¡Hola queridas, bienvenidas a vuestra casa!- Eran casi las ocho de la tarde, así que la mujer propuso que dejaran la maleta en el mismo recibidor. -Lavaros las manos que vamos a cenar. En los platos blancos observaron un extraño elemento negruzco, cuyo sabor arenoso disgustó al paladar. Linda, más atrevida, preguntó:
-¿qué es esto? -Hígado de paloma recién cazada por vuestro padre. Los rostros se convirtieron en muecas de asco. La mano de la mujer amable, indicó la ventana y, en la repisa atisbaron palomas heridas y atrapadas en una especie de ratonera gijante. En la siguiente escena, las arcadas se suceden entre vómitos en los platos. Y un castigo que precede al físico, condena a recordar la escena eternamente....
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DIANNA
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Registrado: 29 Oct 2002
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MensajePublicado: Vie Jul 23, 2004 14:47    Asunto: Versión integra corregida Responder citando

Se despertó sobresaltado, nervioso y con el corazón latiéndole tan aprisa que parecía querer salírsele del pecho. De inmediato todos aquellos recuerdos acudieron a su mente como dardos hirientes. No podía creer lo que había pasado la noche anterior, era como si todos los sucesos de su vida pasada lo hubieran arrastrado, como una hoja en el viento, a terminar en aquel lugar y en aquella situación. De repente se dio cuenta que nunca había tenido control en nada de lo que había hecho hasta entonces.

Nunca fue un hombre religioso o supersticioso, pero entonces pensó que alguna fuerza extraña lo empujó durante toda su vida a cometer semejante atrocidad. ¿Qué iba a ser de él entonces? ¿Cómo iba a explicar de una manera creíble todo aquello? ¿Alguien le creería? Cientos de preguntas como estas, el recuerdo de los sucesos de la noche anterior y de su vida hasta esa mañana se arremolinaron en su mente, como si una nube negra envolviera todo a su alrededor, dejándolo solo con sus memorias, sus dudas, su remordimiento.
--Tengo que hacer algo... ¿pero qué? –se dijo a sí mismo en voz alta.

Seguidamente, como queriendo aparcar lo pensado. Tomo de la mesilla de noche el paquete de cigarrillos. Abrió la cajetilla hurgando en su interior, percatándose de que sólo le quedaba uno. Maldijo su mala suerte de aquella mañana extraña. Encendió el cigarrillo y aspiró con ganas. Se tragó el humo con tanto énfasis que le provocó una arcada. Trago saliva para evitarla. Mientras maldecía su estampa por esa adicción cancerígena diaria, que sabía que tarde o temprano acabaría con su vida, decidió apagarlo. Se incorporó de la cama y sus pies rozarón el frío mármol trabertino. La última excentricidad que le permitió a Linda. Sin mirar lo que hacía, palpó con sus pies descalzos el suelo (la alfombra de cachemir se había desplazado) encontrando una sola zapatilla, decidió dejarlo, dirigiéndose al baño descalzo. En ese preciso instante que abría la tapa del retrete con una mano y con la otra intentaba desabrocharse el primer botón de la bragueta del pijama, sonó el teléfono estrepitosamente. Al menos eso le pareció en su embotada cabeza. (Una botella vacía de whisky lo ratificaba) Corrió para atender la llamada, pero la mala fortuna quiso que pisara un charco de agua. El perro estaba debajo de la silla con las orejas bajas...

El teléfono seguía su machacón timbrado mientras él lograba a duras penas mantener el equilibrio.´De un manotazo descolgó el auricular . "Si? Al otro lado sólo un silencio inquietante... ¿digame? ¿aló?
El inquieto silencio seguía respondiendo ajeno a sus preguntas. ¿te parece bien gastar estas bromas?... ¿vas a constestar?... Alguien colgó. ¡Maldita sea!

El perro se le acercó con el rabo gacho, como pidiendo perdón por su húmeda trastada, se coló entre sus piernas esperando su ración de afecto, pero estaba demasiado tenso para hacerle carantoñas, así que lo apartó con el pie y se levantó a buscar otro whisky bien cargadito que le ayudaría a relajarse un poco más y a olvidarse de los últimos acontecimientos.

Abrió la puerta de la mesita transformada en mini-bar pero no encontró nada. “Maldición”, dijo en voz alta. Se dirigió a la cocina pero se encontró con una nueva decepción, se conformó con beberse dos vasos de agua casi sin detenerse a respirar. Se quedo un rato absorto, pensando, como si en ese instante alguien le hubiera robado el alma; sabia que todo iba a cambiar tan pronto se supiera lo de la noche anterior. “¿Y esa llamada?” pensó de repente, “solo Linda me llamaba”. Pero su rostro cambió, diciéndose a si mismo que era absurdo preocuparse por una llamada equivocada, y nuevamente fue a descargar su vejiga de lo que le parecía era una eternidad sin evacuar.

Estaba muy pasado, se desnudo y se metió a la ducha, el agua fría tal vez le aclarara un poco las ideas. Se vistió rápidamente con lo que pudo, todo era un inmenso desorden: “Donde esta Linda cuando la necesito”. Llamó un taxi y salió a esperarlo frente a la puerta, le parecía malsano el ambiente que se respiraba en la casa y quería una bocanada de aire fresco. No llevaba allí mas que un par de minutos, pensando, cuando el taxi llegó; debía haber llegado en un tiempo record y esto le desagradó, no lo había dejado terminar la idea que lentamente estaba tomando forma en su mente.

..Sólo la voz del taxista asomado por la ventanilla de un mercedes le devolvió a la realidad. -Señor, pidió usted un taxi?- -Sí, disculpe, voy al Paseo de la Castellana, entre Gran Vía y Rios Rosas... Después de la indicaciones correspondientes al taxista, tomó asiento y se relajó, reclinándo cómodamente su cuerpo al respaldo de piel.... Llevó su mano al bolsillo derecho del pantalón tomando una cartera. La observó atentamente, como si no reconociera el objeto, o fuese la primera vez que lo viera. Se trataba de una cartera Luis Vuilton con sus iniciales en la lengüeta del cierre. Sus pensamientos viajaron hasta el momento en que Linda se la había obsequiado. Apenas una semanas... con motivo de su cumpleaños. Recordó que estaba preciosa con su vestido de corte oriental, ornamentado con flores rosas en un fondo marrón chocolate. Aquel día, ella le había preparado una velada encantadora. Sólo uno pocos días le separaban de aquellos momentos felices y, ahora se sentía anímicamente hundido...

Se encontraba totalmente absorto en sus pensamientos cuando el taxista espetó,

–¡usted dirá dónde lo dejo!...-

-Perdone, a la altura del número 200
-enseguida caballero

En el paseo los coches se agolpaban en ambos lados del carril amenazando con devorar todo lo que encontraban. Los grises árboles de las aceras, exhibían sus ramas desnudas a un sol ceniciento de primeros de diciembre.
Linda seguía allí, anclada en sus pensamientos, como esa espina que se lleva sin entender, como ese soplo de ilusión en su vida que a veces era, pero había que tomar la decisión de una vez por todas y allí, casi ya en su casa, le temblaron las piernas y el corazón se le salía del pecho...

Tocó el bolsillo de la chaqueta. Todavía estaba allí, junto a la billetera, esperando paciente su momento de gloria.

Tenía que hacerlo, tenía que acabar con esa obsesión que le robaba sus días y sus noches, tenía que demostrarle que no bromeaba cuando le juró que lo pagaría caro. Veinte años de su vida había malgastado, veinte malditos años... Quizás si le hubiera dado más fuerte, si la hubiese golpeado cuando subió aquel día tarde de comprar el periódico, justo cuando le dijo que todo había acabado, quizás entonces no hubiera pasado.

Llegó hasta la puerta y timbró. Ese sonido ya le era tan familiar que lo podría distinguir entre mil timbres mas. No dejaba de tocarse el bolsillo de la chaqueta, sentía una especie de comezón, le ardía contra su piel y sentía que solo usándolo con todas sus fuerzas se desharía de ese peso.

Escucho unos pasos apresurados. “¡Un momento!” dijo ella, con cierta agitación en su voz. Inmediatamente pensó en por que no abría la puerta de una vez. ¿Estaría con alguien? ¿Sabrá todo lo que sucedió la noche anterior? ¿estaría ocultando algo en ese momento? Todo esto acudió a su mente en un fracción de segundo. Pensó que apenas ella abriera la puerta le saltaría al cuello como una bestia salvaje y la atacaría. Suspiro hondo y trato de calmarse un poco, tal vez estaba paranoico con todo lo sucedido. A pesar de todo ella era tal vez la única persona que podría ayudarle, no importaba por ahora que ella era la directa responsable de todo. Después tendría tiempo de cobrarse una a una.

Al otro lado ella preguntó quien era y al escuchar su voz dudó unos segundos antes de deslizar la cadenilla de seguridad. Le parecía increíble que en algún momento pasado le causaba inmensa dicha escuchar ese sonido metálico, que le abría la puerta a momentos de indescriptible placer. Se reprochó como era posible que se hubiera enamorado alguna vez de esa mujer de formas obscenas y risa grotesca.
Vio como ella giraba la chapa y abría rápidamente...

Aquellos segundos fueron eternos…

Tuvo ese pensamiento eléctrico que invade al ser humano en momentos explosivos y que habitualmente, se queda en los posos del pensamiento. Se sintió culpable por exteriorizar esos deseos lujuriosos que la convirtieron en tierra extraña a los oídos de aquel compañero de innumerables fatigas. ¿Era culpable de no haber encontrado el momento oportuno para que la entendiera? ¿Qué es lo que la decidió a dar ese paso? Linda sabía que probablemente había violado el protocolo establecido entre ellos y él se lo tomaría como una afrenta personal.

Finalmente la manecilla se deslizo totalmente...

Ella apareció con un mini vestidito azul turquesa. Estaba realmente linda con su melena castaña. Unas sandalias de pasamanería hacían juego con el resto del atuendo. (que no era mucho…)

El se quedó anonadado como si aquella mujer no fuese la misma que conocía de años.


-Hola querido!, un segundo que la televisión está muy alta. Mi madre recién marchó, y ya conoces el problema de su sordera.

Tuvo que hacer un esfuerzo extraordinario para que la saliva encontrara su camino, entonces espetó:

-Estás cambiada!

-¿Te parece? –preguntó ella mientras apagaba el aparato.
-Si....un poco –dijo el titubeando.
El cambio no era físico. Se conservaba igual de atractiva que antes. Era algo mas, lo había captado inmediatamente. Era su mirada y el trato. Le pareció que lo trató con mucha facilidad en esas pocas palabras, como se trata a un vecino o a un primo. Antes siempre lo trataba con esa tensión que hay entre amantes que no se conocen completamente, como si hubiera un poco de desconfianza. ¡Y que bien se había dado cuenta que aquella mujer con su vestidito azul callejero no era de confiar!
-¿Ah si?
-Si –dijo el, tratando de pensar en algo que decir. Acababa de darse cuenta que no había pensado en como conseguir la información que quería.
-Bueno, que te trajo por acá –agregó ella tratando de evitar un silencio incómodo.-- Y tan temprano...debe ser importante.
Inmediatamente se dio cuenta que ella lo sabia todo, probablemente no conseguiría nada de ella y esto le hizo sentir frustrado. Odiaba que ella tuviera la mano ganadora, que se sintiera superior a él.
-¿No me ofreces un café primero?—respondió el tratando de ganar algún tiempo para pensar.
-No tengo, estoy tratando de dejar todos mis vicios.
-¿Por eso me dejaste? –dijo el con un dejo de sarcasmo en su expresión. Ella se irritó por el comentario y el lo vio en su rostro.
-No seas presumido. ¿a que viniste? –había abandonado toda formalidad.
-Tu ya lo sabes. Por lo que ha sucedido últimamente. –ya no le quedaba mas opción, lo mejor era intimidarla. Tal vez conseguiría algo de esa manera.
-Y por lo que pasó anoche, ya lo sabes ¿no es cierto? –dijo justo cuando ella abría la boca para decir algo. Quería sorprenderla, hacerle saber que todavía había una parte de el que no conocía.
Ella calló y lo miró con una mezcla de ira y desconcierto, se estaba dando cuente que algo en el era diferente ahora, ya no era aquel hombre tonto al que podía engañar y contentar al instante con sexo. Tomo asiento en la poltrona de la sala junto al teléfono y encendió un cigarrillo. El permaneció de pie, mirándola con cierto aire de triunfo.

...al instante, se oyó un silbido de tetera. Ella apagó el cigarrillo y se incorporó rápidamente. El observaba sus movimientos... un tanto felinos, siempre le habían fascinado sus curvas serpenteado el aire. Jamás se lo había dicho, y a hora, justo ahora que todo acababa, se daba cuenta de las cosas que le gustaban de ella, tal vez no la valoró lo suficiente, precipitándo una decisión irremediable. Recordó como ella durante muchos años había estado a su lado mientras el terminaba de escribir el libro interminable. Eran jóvenes, cualquier sueño podía realizarse. Finalmente llegó. Llegó ese momento que lo consagraria como escritor definitivamente.

Fue detrás de ella hasta la cocina. Ella le ofreció té. -Quieres un taza? -Sí, gracias. Mientras linda lo preparaba. El sintió un impulso irrefrenable de abordarla allí mismo, sobre la pica. Avanzó unos pasos y su aliento dibujaron sonidos en el cuello de Linda....

Entonces entendió que ese té no era para él y nunca más lo sería. Su pulso se aceleró acorde con los silbidos cada vez más insistentes de la tetera al fuego recordándole su fracaso en su atormentado cerebro, sus manos buscaban temblorosas en su bolsillo, su dedo apretó el gatillo...

Nunca serás de nadie más.

Volvió a romper el folio, ya era el cuarto que rompía.

Linda no se merecía ese final, la había creado perfecta, la había creado a la imagen y semejanza de su mujer ideal y ahora no podía permitir que él acabase de esa forma con su ideal.

Tendría que volver a escribir de nuevo ese episodio si quería conservar intacta su fantasía, su más sublime fantasía.

Se estiró hacia atrás en su silla, con las manos en la nuca; quería liberar algo de la tensión acumulada. No había salido de ese pequeño apartamento en mucho tiempo; se la pasó escribiendo y cumpliendo con sus necesidades mas básicas. El calor se le hacia insoportable y el cúmulo de papeles por todos lados le hacían sentir una especie de asfixia extenuante que disminuían su talento. Su vieja lamparita verde daba una luz muy tenue, apenas perceptible; estaba a punto de extinguirse.

Había idealizado a Linda como la mujer perfecta y sin embargo terminó convertida en un ser despreciable. Se había vuelto la mas baja de las personas: mezquina, hipócrita, sin escrúpulos y, lo que era peor para él, una perra. La misma historia lo había llevado a ese fin, no lo había buscado, simplemente termino así y no se lo podía explicar. ¿Sería acaso inevitable que Linda terminara convertida en semejante cosa? Tal vez tendría que revisar toda la historia y escribir de nuevo desde el comienzo.

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... -desde luego que debes de revisar lo papeles del abogado, tuviste una semana para hacerlo-.

Después de colgar el teléfono, Linda se dejó caer en la cama, su cuerpo rebotó del pequeño impacto. Hubiera deseado quedarse suspendida en el aire pero la gravedad del mullido colchón la devolvió a un conato de realidad. Con un suspiro profundo, ahora observaba el techo, donde se apreciaba una pequeña tela de hilos, parecía la guarida de un arácnido, aquello la transporto hasta el primer encuentro con el hombre...

Linda estaba de paso por esa localidad .... (no encuentro el dato) unos papeles de la herencia de su padre la habían hecho viajar hasta ese lugar. Nunca tuvo demasiado contacto con su progenitor. Es más.., que ella recuerde... un par de historias nomás. De niña Linda y su hermana vivían con su abuela y su madre en un apartamento. La madre trabajaba como marroquinera en un pequeño taller. Por problemas económicos, un día dispuso que el padre de ellas se hiciese cargo de las niñas. Aquella tarde lloraron todos, madre, abuela y niñas. Una maleta, cuatro colitas en el pelo bañadas en Vétiver de Puig (a granel), fueron la carta de identidad para las niñas. El transporte se quedó en un lapsos. Seguramente el padre las recogió en su automóvil y las condujo hasta su casa. Una mujer amable abrió la puerta. –¡Hola queridas, bienvenidas a vuestra casa!- Eran casi las ocho de la tarde, así que la mujer propuso que dejaran la maleta en el mismo recibidor. -Lavaros las manos que vamos a cenar. En los platos blancos observaron un extraño elemento negruzco, cuyo sabor arenoso disgustó al paladar. Linda, más atrevida, preguntó:
-¿qué es esto? -Hígado de paloma recién cazada por vuestro padre. Los rostros se convirtieron en muecas de asco. La mano de la mujer amable, indicó la ventana y, en la repisa atisbaron palomas heridas y atrapadas en una especie de ratonera gijante. En la siguiente escena, las arcadas se suceden entre vómitos en los platos. Y un castigo que precede al físico, condena a recordar la escena eternamente....
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rubendcarvajal
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Registrado: 27 May 2004
Mensajes: 623

MensajePublicado: Jue Jul 29, 2004 03:18    Asunto: Responder citando

Fue en ese momento cuando vio a su padre por primera vez en mucho tiempo. Venia con un rifle viejo y sucio al hombro. Su ropa estaba llena de barro, y unas manchas que parecían ser sangre oscurecían los puños de su camisón de lana. Al abrir la puerta el se quedo quieto viendo la escena de vómito y gestos de asco de sus hijas; y ellas, a su vez, quedaron perplejas ante ese gigante que casi tumba la casa del portazo. Era inmenso, de cara cuadrada y frente ancha. Una barba gruesa cubría su rostro dándole un aspecto de troglodita. La orbita de sus ojos era grande, con unas pupilas que parecían desproporcionadamente pequeñas, lo que le daba una intensidad siniestra a su mirada; la cual, justo en ese momento, era una mezcla de desconcierto e ira.
Linda se preguntaba si ese señor sería su padre o algún conocido de la mujer que les sirvió las horribles vísceras. Sin decir nada descargó el rifle en el suelo junto a la puerta y cerró de nuevo la puerta de un manotón que estremeció los cimientos otra vez. Sus movimientos hacían perfecto juego con su físico; bruscos y ruidosos.
-¿Qué pasa? –dijo el con una voz gruesísima que lo envolvía todo. La mujer se levantó rápidamente y se puso a limpiar el reguero de las niñas. La prontitud y rapidez con que lo hizo delataban el temor que le tenía al padre.
-Nada...que el guisado se me pasó de sal –respondió la mujer, que claramente quería evitar cualquier confrontación. Linda corrió su asiento hacia atrás y se puso de pie medio asustada...
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DIANNA
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Mensajes: 9496
Ubicación: TOMBUCTÚ

MensajePublicado: Jue Jul 29, 2004 17:08    Asunto: Responder citando

Aquella escena le marcó el alma. Aún muchos años después de aquello sentía nauseas cuando veía palomas y sentía una aversión indescriptible hacia las armas. Pensaba que sus relaciones con los hombres tenían mucho que ver con aquella experiencia en la que, en su inocencia infantil, reconoció una figura monstruosa como el progenitor que le había dado una vida y, y ese modelo fue el que tuvo en su mente hasta bien entrada la adolescencia.

Después, inconscientemente, había seguido buscando en cada hombre a aquel modelo grabado, como una forma compulsiva de atender su carencia, de restaurar una infancia incompleta que ansiaba terminar. Pero esa solución se le volvía una y otra vez en su contra y ella sabía que tenía que cambiar esa situación, tenía que abandonar aquella carencia de niña y madurar hacia el equilibrio de una mujer adulta, completa y serena, y tenía que liberarse de la necesidad de buscar lo que debía olvidar de una vez. Y resolvió abandonar lo que la sometía a ese vaiven constante de infelicidad, aún sabiendo que quizás el precio iba a ser demasiado alto.

Nunca se imaginaba ella hasta cuánto
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