elaleph.com
foros de discusión literaria
 
 FAQFAQ   BuscarBuscar   RegistrarseRegistrarse 
 Entre para ver sus mensajes privadosEntre para ver sus mensajes privados  Chat Chat    LoginLogin 
 Biblioteca de libros digitalesLibros Digitales   Edición en demandaPublicar un Libro   Foros PrivadosForos Privados   CelularesCelulares 

El gran amor de Hemingway



 
Publicar nuevo tema   Responder al tema    Foros de discusión -> Autores
Autor Mensaje
Dart Vader
Miembro Semi-Senior
Miembro Semi-Senior


Registrado: 13 Oct 2002
Mensajes: 179
Ubicación: Monterrey, NL

MensajePublicado: Vie Jul 09, 2004 06:53    Asunto: El gran amor de Hemingway Responder citando

Ernest Hemingway uno de los más grandes escritores que ha dado el siglo XX siempre ha sido controvertido. Asi, así es Hemingway con sus problemas de alcohol, su debilidad por las mujeres, su pasión por los toros, hasta que finalmente se suicidó. Sin embargo poco se sabe de Agnes Von Kurowsky. y es precisamente sobre ella de quien hablaremos en este momento.

Como es conocido el deseo de aventura de Hemingway lo llevó a participar en la 1° Guerra Mundial ofreciendose como voluntario de la cruz roja en el frente de batalla.

La explosión de un proyectil lo hirió gravemente, aún así con las piernas impregnadas de los fragmentos de metar tuvo el valor para ir a recoger a un soldado que había perdido ambas piernas.

Fue durante su convalescencia en el hospital donde conoce a la jefa de enfermeras, una mujer rubia, alta y delgada de nombre Agnes Hanna Von Kurowsky. La noticia de que Ernest había sido postulado para la medalla al valor militar hacía de que Agnes tomara cierto interés en él.

Esta relación se fue estrechando hasta que finalmente Ernest terminó completamente enamorado de la enferemera, tal era su obsesión por Agnes que cada noche se ponía a escribir extensas cartas de amor inpirado en la fotografía de su amada la cual siempre portaba.

La querra terminó, Hemingway regreso triste a casa, escribía cada noche cartas a su amada sin embargo no recibía respuesta. Agnes tenía otros planes le causaba cierto temor la idea de casarse con Hemingway asi que decidió hacer su vida en Italia en donde conoció a un teniente napolitano heredero de una gran fortuna con quien finalmente se casa

el 7 de marzo de 1919 Agnes le escribe a Hemingway lo siguiente:
"El amor por ti sigue presente en mí, pero más en la forma de amor de una madre por su hijo que el de una novia, se que esto va a ser duro para ti, pero espero que algún día me entiendas y me perdones para que puedas recordarme con afecto."

La depresión se apoderó de Ernest quien hasta entonces solo vivía para vigilar el buzon donde se depositaría la carta de su amada. Carta que finalmente le destrozó el corazón.

Tras ese amor y aún sin poder olvidar a su amada enfermera la inspiración le llegó y empezó a escribir su primer novela estaba por nacer "adios a las armas

Después de su muerte en sus documentos personales se encontraron unas hojas amarillentas por el paso del tiempo eran las cartas a Agnes Von Kurowsky. Habían pasado más de 40 años y su recuerdo aún estaba presente en la mente del escritor.

Creo que la influencia de Agnes ha sido subestimada por los historiadores
quienes desconocen los estragos de un rechazo, de una decepción.
Volver arriba
Gran Otro
Miembro Semi-Senior
Miembro Semi-Senior


Registrado: 17 Abr 2004
Mensajes: 140
Ubicación: Planeta Reprimido

MensajePublicado: Vie Jul 09, 2004 23:14    Asunto: Responder citando

Seguramente las decepciones, los rechazos, las alegrías, influyen sobre el ánimo de cualquier escritor.
De todas maneras, creo que si yo hubiese sido Agnes, también lo rechazaba.
Hay que notar hasta qué punto la enfermera ejercía su profesión, que este espíritu solitario y sin duda carente de afecto interpretó como amor.
Saludos.
Volver arriba
guerrero_sin_armas
Miembro Principiante
Miembro Principiante


Registrado: 22 Ene 2005
Mensajes: 18

MensajePublicado: Dom Ene 23, 2005 16:30    Asunto: Responder citando

Recuerdo que hace poco encontre un libro respecto a las cartas de Agnes y otro paciente que compartio el cuarto con Hemingway , lastima que no lo compre....

Para mí Hemingway hizo todo desde torear hasta cazar más que por exposición de machismo para poder escribir sobre esto.
Volver arriba
Clio
Miembro Senior
Miembro Senior


Registrado: 15 Jul 2006
Mensajes: 5732
Ubicación: Ciudad Aut. de Bs. As., Argentina

MensajePublicado: Lun Feb 02, 2009 21:52    Asunto: Responder citando

Hola.

Hemingway, de Cuba a EE.UU

Más de 3000 cartas y manuscritos que el novelista escribió en Cuba viajaron a Boston, gracias a un acuerdo entre ambos países

WASHINGTON, (EFE).- Las copias digitalizadas de más de 3000 cartas y manuscritos que Ernest Hemingway escribió en Cuba estarán disponibles dentro de pocos meses para los investigadores en la biblioteca John F. Kennedy en Boston, gracias a un acuerdo entre ambos países.

La prensa estadounidense publicó hoy que las copias de los documentos ya se encuentran en la biblioteca que lleva el nombre del asesinado presidente.

Cuba y Estados Unidos acordaron el año 2002, gracias a la intercesión del congresista demócrata James McGovern, un plan para preservar miles de fotografías, cartas y otros documentos del novelista estadounidense que se encuentran en "Finca Vigía", el hogar en Cuba del escritor y periodista durante 21 años.

La colección incluye pruebas corregidas de El viejo y el mar, un guión de cine basado en la novela, un final alternativo de Por quién doblan las campanas y miles de cartas, que incluyen correspondencia de los escritores Sinclair Lewis y John Dos Passos y la actriz Ingrid Bergman.

En declaraciones a la prensa, McGovern mostró su satisfacción por los documentos recibidos y señaló que el acuerdo con Cuba ha sido una cooperación histórica entre ambos países.

El congresista consideró que este intercambio puede ser un paso "hacia una relación más racional y madura" entre los dos países.

McGovern consideró que Hemingway (1899-1961) puede ser el puente que permita a ambos países "tener una relación buena y sólida".

La biblioteca JFK ya contaba con una amplia colección documental de Hemingway gracias a la buena relación entre la cuarta esposa de Hemingway, Mary Welsh Hemingway, y la familia Kennedy.

Según indica la institución en su página web, tiene en sus archivos 100.000 páginas de escritos, 10.000 fotografías, pinturas y artículos personales como los pasaportes y la billetera del escritor.

Además de la conservación y digitalización de los papeles de Hemingway, el acuerdo bilateral establecido entre el Consejo Nacional de Patrimonio Cultural de Cuba y del Consejo de Investigación de Ciencias Sociales de Estados Unidos incluyó la restauración de Finca Vigía, convertida en museo en 1962.

Besos.
Volver arriba
jacasu
Miembro Principiante
Miembro Principiante


Registrado: 10 Feb 2009
Mensajes: 8

MensajePublicado: Jue Feb 12, 2009 08:50    Asunto: Responder citando

Menos mal que estos dos paises llegan a acuerdos en cosas como estas,seguro que seran un filon esas cartas y esos manuscritos.
Volver arriba
valeria rios
Miembro Junior
Miembro Junior


Registrado: 30 Dic 2008
Mensajes: 51
Ubicación: Buenos Aires

MensajePublicado: Dom Ago 30, 2009 04:01    Asunto: Responder citando

Gran Otro escribió:
Seguramente las decepciones, los rechazos, las alegrías, influyen sobre el ánimo de cualquier escritor.
De todas maneras, creo que si yo hubiese sido Agnes, también lo rechazaba.
Hay que notar hasta qué punto la enfermera ejercía su profesión, que este espíritu solitario y sin duda carente de afecto interpretó como amor.
Saludos.


El episodio literario del fugaz encuentro entre Agnes von Kurowsky y Ernest Hemingway se produce precisamente junto al Sloppy Joe´s, en Cayo Hueso. Un Studebaker negro, brillante y limpio se detuvo con suavidad en la confluencia de la Greene con la Duval. El Viejo levantó la vista en el exacto momento en que el Studebaker surgió del polvo caliginoso del mediodía del cayo, como un espejismo en el horizonte del mar. La reconoció al instante. Iba sentada en el asiento trasero, junto a otro viejo como él, pero elegante, delgado, aristocrático, un traje de seda beige, impecable camisa blanca y corbata gris: el dibujo de un marido feliz en el trópico tranquilo. "Aggie", musitó Hemingway antes de llevarse el trago a sus labios resecos, con la tembladera del vértigo raspándole la médula de los recuerdos. Llevaba dos horas en el Sloppy, soplando sin parar sus tragos del día, soñaba con París, las nieves del Kilimanjaro y las curdas de los sanfermines, mientras escuchaba ensimismado la música guitarrera de Jeff, un vaquero que viajó desde Arizona hasta el sur de Florida para tocar sus canciones nostalgiosas en el Sloppy Joe´s.

Ella miró distraída hacia el interior sombrío del Sloppy a través de los limpios cristales del Studebaker negro y reluciente. Sus ojos se paralizaron al entrever al fondo de su mirada la silueta del bebedor pasional a quien había salvado una pierna en el hospital de la Cruz Roja de Milán, durante la Primera Guerra Mundial. Lo reconoció entre palpitaciones que alteraron su respiración. "No puede ser, es él, pero no puede ser", se dijo al apartar los ojos de la vieja sombra que desde dentro del Sloppy la miraba con fijeza hipnótica. El tiempo tatuó en un segundo la cicatriz entre los antiguos amantes, pero Agnes von Kurowsky se zafó de la visión de Hemingway del mismo modo que había rechazado sus amores en Italia. Otra vez fue como decir adiós a una estatua. Sacó sus ojos del espejismo del recuerdo y del fondo sombrío del Sloppy, suspiró sin nostalgia, volvió a la realidad de la Greene Street, de Cayo Hueso y sonrió a su marido, William Stanfield, su presente y su futuro.

Resulta sospechoso, pero ni Ernest Hemingway ni Agnes von Kurowsky supieron nunca que los dos vivían al mismo tiempo a un par de kilómetros de distancia en aquel pequeño islote de Cayo Hueso, que los gringos habían rebautizado como Key West, gracias a una hábil y continuada deformación fonética de la toponimia original. Jamás se enteraron de que habían coincidido en ese fugaz encuentro o nunca enteraron a nadie de aquel suceso sorprendente. Tal vez no quisieron enterarse del espejismo, aunque lo sabían, pero nadie sabe -nadie ha dicho que lo sabe- que alguna vez llegaron a saberlo los dos, cada uno por su lado o quizá uno de los dos solamente, la enfermera Von Kurowsky o el mismo Hemingway. Cuando el Studebaker negro, limpio y reluciente se fue de sus ensueños de alcohol, el Gran Viejo apuró de un golpe un largo trago de ginebra en las rocas. Como cada vez que no salía a la mar en el Anita de Josie Russell, el escritor se había escapado de su casa -907 Whitehead Street- como un fugitivo cuyo instinto de supervivencia lo arrastraba hasta el Sloppy Joe´s para encontrarse con sus propias sombras, en el mismo corazón de sus tinieblas.

Tres mil palabras escritas habían sido suficientes aquel día para calmar su irrefrenable ansiedad de vivir sin parar otras vidas que quiso vivir, imaginar, inventar y experimentar. Había saludado con un guiño al faro antes de doblar la esquina de la derecha de su casa y enfilar hacia la Duval. En veinticinco minutos recorrió lentamente el camino de siempre, bajo el sol de un mediodía luminoso que lo hacía respirar como un asmático. Iba tocado con una gorra de beibolista y cubría sus ojos de la luz con unas gafas de cristales oscuros tras los que, en realidad, se refugiaba la extraña timidez de un hombre grande. Nunca se detenía en su trote de animal cansado, ni a lo largo del camino hablaba con nadie, pero si alguien lo saludaba por su nombre, el Gran Viejo le contestaba como a García Márquez la única vez que el colombiano lo vio en París, años más tarde: "Aadiooús, ammigoouuu", decía sin mirar a nadie y levantando la mano derecha con amabilidad.

El día de ese encuentro con Aggie von Kurowsky en Cayo Hueso, mientras bañaba su soledad cotidiana con la gloria del alcohol, Ernie lo mantuvo para siempre en secreto, como si no lo hubiera vivido: nadie le iba a creer que nunca pasó nada más que aquel espejismo entre los dos. Todo lo demás son habladurías, chismes de la chusma, especulaciones que imaginan los escritores para acercarse hasta la profundidad más íntima de la leyenda. Pero sucedió. Escritores, que van a la mar por naranjas, sostienen que el mito huele demasiado a estas alturas de su siglo.
Volver arriba
Smith
Miembro Semi-Senior
Miembro Semi-Senior


Registrado: 18 Mar 2006
Mensajes: 320

MensajePublicado: Dom Ago 30, 2009 18:00    Asunto: Responder citando

valeria rios escribió:
si alguien lo saludaba por su nombre, el Gran Viejo le contestaba como a García Márquez la única vez que el colombiano lo vio en París, años más tarde: "Aadiooús, ammigoouuu", decía sin mirar a nadie y levantando la mano derecha con amabilidad.

El caso fue, o parece que fue, que el joven García Márquez (tendría unos treinta años entonces) vio venir a Hemingway y a su mujer por la acera contraria a la que él iba, y, en la duda de si abordarle o no, inseguro de cometer el atrevimiento de ponerse a hablar con alguien que no le conocía y confiando poco en su limitadísimo inglés, optó por abocinar las manos delante de la boca y lanzar un grito de ¡Maeeestro!, al que Hemingway (que no tuvo ninguna duda sobre a quién iba dirigido) respondió con el citado "¡Adiós, amigo!".
Volver arriba
Mostrar mensajes de anteriores:   
Publicar nuevo tema   Responder al tema    Foros de discusión -> Autores Todas las horas son GMT - 3 Horas
Página 1 de 1