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Entrevista a Juan Rulfo



 
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letras_peruanas
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Registrado: 16 May 2004
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MensajePublicado: Mar Jul 13, 2004 18:10    Asunto: Entrevista a Juan Rulfo Responder citando

Primero, señor Rulfo, ¿quisiera usted comentar un poco su formación como escritor?

J. R. Bueno, en realidad es un poco difícil buscar el origen de esa formación. No fue una formación formal, sino más bien arbitraria, si se quiere, basada en lecturas no sistemáticas sino de cuanta cosa me caía en las manos. Por lo tanto no hubo una disciplina formal -una búsqueda tal vez de algo que gustara, que tuviera aspectos humanos coincidentes.

¿Entre estas lecturas más o menos caóticas, pues, había algunas obras que tuvieran una importancia especial?


J. R. Pues sí. Entre ellas, las obras de Knut Hamsun, las cuales leí -absorbí realmente- en una edad temprana. Tenía unos catorce o quince años cuando descubrí este autor, quien me impresionó mucho, llevándome a planos antes desconocidos. A un mundo brumoso, como es el mundo nórdico, ¿no? Pero que al mismo tiempo me sustrajo de esta situación tan luminosa donde vivimos nosotros -este país tan brillante, con esa luz tan intensa. Quizá por cierta tendencia a buscar precisamente algo nublado, algo matizado, no tan duro y tan cortante como era el ambiente en que uno vivía. Entonces, de los autores nórdicos, Knut Hamsun fue en realidad el principio, pero después continué buscándolos, leyéndolos, hasta que agoté los pocos autores conocidos en ese tiempo, como Boyersen, Jens Peter Jacobsen, Selma Lagerlof. Para mí fue un verdadero descubrimiento Halldor Laxness -eso fue mucho antes de que recibiera el premio Nobel. De modo que yo sentía una especie de simpatía hacia esos autores. Me daban una impresión más justa, o mejor, más optimista que el mundo un poco áspero como era el nuestro.

Y en literatura mexicana, por ejemplo en la novela de la Revolución Mexicana, ¿hizo lecturas también?


J. R. Sí. Efectivamente, la novela de la Revolución Mexicana me dio más o menos una idea de lo que había sido la Revolución. Yo conocí la historia a través de la narrativa. Ahí comprendí qué había sido la Revolución. No me tocó vivirla. Reconozco que fueron esos autores, hoy subestimados, los que realmente abrieron el ciclo de la novela mexicana. Por ejemplo, Rafael F. Muñoz, Azuela, Martín Luis Guzmán, López y Fuentes sobre todo en Campamento, más que en el resto de su obra. De Muñoz es importante Se llevaron el cañón para Bachimba. También su novela histórica sobre Santa Anna, que trata irónicamente a este personaje de la historia mexicana.

¿Y había leído a Yañez antes de empezar a escribir?

J. R. Sí, había leído Al filo del agua antes de escribir "Pedro Páramo".

¿Podría dar una idea de cómo llegó a encontrar la manera de escribir "Pedro Páramo"?

J. R. Pues en primer lugar, fue una búsqueda de estilo. Tenía yo los personajes y el ambiente. Estaba familiarizado con esa región del país, donde había pasado la infancia, y tenía muy ahondadas esas situaciones. Pero no encontraba un modo de expresarlas. Entonces simplemente lo intenté hacer con el lenguaje que yo había oído de mi gente, de la gente de mi pueblo. Había hecho otros intentos -de tipo lingüístico- que habían fracasado porque me resultaban poco académicos y más o menos falsos. Eran incomprensibles en el contexto del ambiente donde yo me había desarrollado. Entonces el sistema aplicado finalmente, primero en los cuentos, después en la novela, fue utilizar el lenguaje del pueblo, el lenguaje hablado que yo había oído de mis mayores, y que sigue vivo hasta hoy.

¿Cómo ve usted el hecho de que algunos críticos digan que "Pedro Páramo" es una novela oscura?

J. R. Bueno, para mí también, en realidad, es oscura. Creo que no es una novela de lectura fácil. Sobre todo intenté sugerir ciertos aspectos, no darlos. Quise cerrar los capítulos de una manera total. Se trata de una novela en que el personaje central es el pueblo. Hay que notar que algunos críticos toman como personaje central a Pedro Páramo. En realidad es el pueblo. Es un pueblo muerto donde no viven más que ánimas, donde todos los personajes están muertos, y aun quien narra está muerto. Entonces no hay un límite entre el espacio y el tiempo. Los muertos no tienen tiempo ni espacio. No se mueven en el tiempo ni en el espacio. Entonces así como aparecen, se desvanecen. Y dentro de este confuso mundo, se supone que los únicos que regresan a la tierra (es una creencia muy popular) son las ánimas, las ánimas de aquéllos muertos que murieron en pecado. Y como era un pueblo en que casi todos morían en pecado, pues regresaban en su mayor parte. Habitaban nuevamente el pueblo, pero eran ánimas, no eran seres vivos.

Otra pregunta para mí importante: ¿cómo se compagina la visión de un mundo muerto, y por implicación de un México muerto; la visión tan pesimista en donde se niega la progresión del hombre en el tiempo, cómo compaginar esa interpretación tan amarga con la de Juan Rulfo, persona e individuo?

J. R. Bueno, es que en realidad nunca he usado, ni en los cuentos ni en "Pedro Páramo", nada autobiográfico. No hay páginas allí que tengan que ver con mi persona ni con mi familia. No utilizo nunca la autobiografía directa. No es porque yo tenga algo en contra de ese modo novelístico. Es simplemente porque los personajes conocidos no me dan la realidad que necesito, y que me dan los personajes imaginados.

Pero se supone que una novela refleja la visión del mundo que tiene su autor.

J. R. Tal vez en lo profundo haya algo que no esté planteado en forma clara en la superficie de la novela. Yo tuve una infancia muy dura muy difícil. Una familia que se desintegró muy fácilmente en un lugar que fue totalmente destruido. Desde mi padre y mi madre, inclusive todos los hermanos de mi padre fueron asesinados. Entonces viví en una zona de devastación. No sólo de devastación humana, sino de devastación geográfica. Nunca encontré ni he encontrado hasta la fecha, la lógica de todo eso. No se puede atribuir a la Revolución. Fue más bien una cosa atávica, una cosa de destino, una cosa ilógica. Hasta hoy no he encontrado el punto de apoyo que me muestre por qué en esta familia mía sucedieron en esa forma, y tan sistemáticamente, esa serie de asesinatos y de crueldades.

Volviendo al arte de escribir novelas, ¿cómo es el proceso de creación de un personaje?

J. R. No puedo saber hasta ahora qué es lo que me lleva a tratar los temas de mi obra narrativa. No tengo un sentido crítico-analítico preestablecido. Simplemente me imagino un personaje y trato de ver a dónde este personaje, al seguir su curso, me va a llevar. No trato yo de encauzarlo, sino de seguirlo aunque sea por caminos oscuros. Yo empiezo primero imaginándome un personaje. Tengo la idea exacta de cómo es ese personaje. Y entonces lo sigo. Sé que no me va a llevar de una manera en secuencia, sino que a veces va a dar saltos. Lo cual es natural, pues la vida de un hombre nunca es continua. Sobre todo si se trata de hechos. Los hechos humanos no siempre se dan en secuencia. De modo que yo trato de evitar momentos muertos, en que no sucede nada. Doy el salto hasta el momento cuando al personaje le sucede algo, cuando se inicia una acción, y a él le toca accionar, recorrer los sucesos de su vida.

Puesto que ya se refirió a su región (Jalisco), ¿no quiere elaborar un poco la personalidad histórica de esa zona?


J. R. Sí, porque hay que entender la historia para entender este fanatismo de que hemos venido hablando. Yo soy de una zona donde la conquista española fue demasiado ruda. Los conquistadores ahí no dejaron ser viviente. Entraron a saco, destruyeron la población indígena, y se establecieron. Toda la región fue colonizada nuevamente por agricultores españoles. Pero el hecho de haber exterminado a la población indígena les trajo una característica muy especial, esa actitud criolla que hasta cierto punto es reaccionaria, conservadora de sus intereses creados. Son intereses que ellos consideraban inalienables. Era lo que ellos cobraban por haber participado en la conquista y en la población de la región. Entonces los hijos de los pobladores, sus descendientes, siempre se consideraron dueños absolutos. Se oponían a cualquier fuerza que pareciera amenazar su propiedad. De ahí la atmósfera de terquedad, de resentimiento acumulado desde siglos atrás, que es un poco el aire que respira el personaje Pedro Páramo desde su niñez. Ahora, para cerrar esta plática, vuelvo al punto del posible negativismo de Pedro Páramo. No creo que sea negativo, sino más bien algo como lo contrario, poner en tela de juicio estas tradiciones nefastas, estas tendencias inhumanas que tiene como únicas consecuencias la crueldad y el sufrimiento

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Exidor
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Registrado: 26 Nov 1999
Mensajes: 14879

MensajePublicado: Mar Jul 20, 2004 18:44    Asunto: Responder citando



Acabo de terminar Pedro Páramo y me pareció una belleza. Seguiré con el Llano en Llamas. Fue una hermosa sorpresa toparme con este libro.
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runa2
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Registrado: 25 May 2003
Mensajes: 216
Ubicación: Chile

MensajePublicado: Jue Jul 29, 2004 19:05    Asunto: Responder citando

Gracias letras_peruanas por la entrevista a este gran autor.
Yo también leí recién Pedro Páramo, la historia de un pueblo muerto como dice Rulfo. ¿Por qué tantos muertos en su familia?, "no se puede atribuir a la Revolución". ¨¿Tú sabes algo de eso?.
Saludos.
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letras_peruanas
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Registrado: 16 May 2004
Mensajes: 305

MensajePublicado: Jue Jul 29, 2004 22:31    Asunto: Responder citando

Muy poco, pero algunos datos de la entrevista se pueden rescatar, su familia se vió afectada -si así se le puede llamar al asesinato- por cambios sociales de su tiempo quizás la revolución méxicana entre 1905 y 1911 si recuerdo bien, quizás como menciona en Pedro Páramo -indirectamente- por la revolución propiciada por la cristiandad que al parecer también produjo muertes ó derrepente individuos ambiciosos aprovecharon ambas situaciones. De seguro existió algo de envidia y ambición, tan arraigada en el ser humano desde siempre.
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solentiname
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Registrado: 25 Oct 2003
Mensajes: 338

MensajePublicado: Vie Jul 30, 2004 01:35    Asunto: Responder citando

Chicos:
A mi también me gusta mucho Rulfo. Hace unos años preparé un trabajito sobre Pedro Páramo para una exposición oral, por lo que no está bien escrito, pero a pesar de eso y de que trabajo un tema puntual, puede ser útil en este caso para pensar las cuestiones sociales que desarrolla la novela. Para entrar en la problemática de la revolución a mi me resultó muy esclarecedor el libro Breve historia de la revolución mexicana de Jesús Silva Herzog (México, Fondo de Cultura Económica, 1960). En el trabajito que les traigo a continuación he nombrado muchos autores que trabajaron sobre la obra de Rulfo. Como no pude poner las notas al pie, las referencias bibliográficas quedaron fuera, pero el que las quiere me las pide.

Espero que sirva de algo y Exidor: no te enojes por el ladrillo que me estoy mandando.
Besos.

Solentiname



FERTILIDAD Y ESTERILIDAD EN PEDRO PÁRAMO

Un narrador en primera persona, Juan Preciado, es el que abre Pedro Páramo . Se trata de un narrador que rompe con las características del narrador realista, dado que sus percepciones no ofrecen ningún tipo de certidumbre. Nos encontramos ante un narrador con el cuerpo fraccionado ya que sus ojos y sus oídos le ofrecen un referente contradictorio. Juan va en busca de lo que oye: la descripción que hace su madre de un pueblo vivo y fértil. Pero lo que ve, no es más que un páramo, un pueblo fantasma . De esta forma nos encontramos frente a dos series: La de Pedro Páramo, que responde a la fertilidad de un tiempo pasado, y la de Juan Preciado, que se da en presente, en un pueblo muerto, estéril.
Distintas lecturas nos ofrecen una explicación del por qué la prosperidad se transforma en esterilidad. Jean Franco sostiene que la aparición del dinero dentro de un anacrónico orden feudal subvierte los valores sociales y morales, dejando al pueblo sin base productiva. Es decir que existen dos ordenes sociales funcionando a la vez, lo que provoca la aniquilación del pueblo. Desde otro ángulo, Martín Lienhard justifica la destrucción de Comala recurriendo a la tradición prehispánica y haciendo una analogía entre Pedro Páramo y el dios de la lluvia (Tlaloc). Esta comparación es posible dado que tanto la producción agrícola como la existencia del Comala dependen de él y están amarradas a sus caprichos y deseos . Desde un análisis más historicista Jorge Ruffinelli considera que el la desolación del paisaje de Comala tiene que ver con el despoblamiento del campo jalisciense en busca de una mejor supervivencia.
No pretendemos equiparar la realidad histórica de México con el texto literario, sino que la yuxtaposición de la fertilidad y la esterilidad sobre un mismo espacio: Comala, nos ofrece una analogía entre la utopía de las consignas de la revolución con lo que Juan Preciado sale a buscar; y su fracaso en la puesta en práctica con el rol de Pedro Páramo, es decir que Pedro Páramo sería el punto en el cual las expectativas (tanto de Juan como de la revolución) se subvierten. Sin embargo, estamos de acuerdo con Carlos Monsivais dado que considera que, a diferencia de la “novela de la revolución”, “la violencia en Rulfo no se estaciona en los grandes-movimientos-históricos-de-la-Nación, los precede y los continúa, es la atmósfera general que explica el porqué de ese tiempo aparentemente detenido, el porqué en el mundo rulfiano la revolución poco significa y poco altera”. En el artículo tercero del Plan de San Luis, y en el Plan de Ayala, encontramos la fuerte preocupación de los revolucionarios ante la mala distribución de la tierra. La consigna era, entonces, dividir los latifundios y redistribuir las tierras. Muy por el contrario, Pedro Páramo, es el cacique, no existe la división del latifundio, sino que a partir de no tener nada, se va apropiando de la tierra hasta que se convierte en el dueño de todo. Al respecto afirma Monsivais que: “Sin pretender la denuncia social, Pedro Páramo muestra los procesos de injusticia y despojo, las maneras en que la posesión de tierras y dinero se traduce en soberanía sobre vidas y honras”. A diferencia de la “novela de la revolución”, en donde la narración se centra en las desesperanzadas luchas de los revolucionarios, en Pedro Páramo se aborda la revolución desde la elipsis temporal, como si todos los grupos fueran exactamente iguales , y en lugar de encontrarnos con la desesperanza, se nos presenta la imposibilidad del cambio social, antes que este está la muerte.
A partir de esta lectura, entendemos que la aniquilación de Comala no surge de un momento a otro sino que la esterilidad ya se encuentra en el período en el que Pedro Páramo es más poderoso. La esterilidad se comienza a propagar inclusive antes de que él declare: “-Me cruzaré de brazos y Comala se morirá de hambre”, ya aparecen en el texto algunas marcas de la imposibilidad de reproducción sexual y por ende social, y falta de fecundidad de la tierra. Consideramos, entonces, que el texto presenta zonas en donde el poder de Pedro Páramo tiene limitaciones.
Susana San Juan, y Dorotea presentan dos características en común: ambas están vinculadas con la locura, y ambas están imposibilitadas para tener hijos. En el caso de Susana, su imposibilidad radica en que el sexo se da tan sólo en un mundo onírico en el que vive con su marido muerto, a pesar de ser la mujer legítima de Pedro Páramo. De esta manera, tal como lo considera Gustavo Lespada, se “reduce el poder a la impotencia”. En el caso de Dorotea, es la misma esterilidad la que la lleva a la locura, los sueños son los que le hacen creer haber tenido un hijo, con la imposibilidad de distinguir entre sueño y verdad.
Mientras que ellas no distinguen la diferencia entre sueño y verdad, tampoco se puede establecer una diferencia importante entre la vida que llevan y las características de la muerte que les toca padecer. En ese caso, acordamos con Carlos Fuentes que Rulfo “escribe una novela poemática en donde no cabe hacer la distinción entre hypnos y tanatos, entre el sueño y la muerte”. Estamos entonces en condiciones de afirmar que el poder de Pedro Páramo se vería limitado ante la presencia de la locura y el sueño, porque no puede luchar contra la muerte, dado que es él el que la genera.
En cuanto a la fertilidad de la tierra, Pedro Páramo, es el que controla los ciclos agrícolas antes de decidir la muerte de Comala, pero tampoco tiene en su dominio la fecundidad de todas las semillas. El padre Rentería al conversar con el sacerdote de Contla, observa que uvas, naranjos y arrayanes son ácidos, que no crecen como en el seminario. Cito: “Yo traje aquí algunas semillas. Pocas; apenas una bolsita... después pensé que hubiera sido mejor dejarlas allá donde maduraran, ya que aquí las traje a morir.”Que estas semillas crezcan ácidas se podría pensar como una inversión del resultado que la importación de plantas ha tenido en América después de la colonización. De otra manera, podemos pensar que dentro de los dominios de Pedro Páramo no pueden crecer especies que provienen de centros de poder más grandes que el suyo, como puede ser la iglesia.
Concluimos entonces, que la esterilidad en la novela deviene del poder y la tierra enquistados en dos personajes con la incapacidad de legar, en el caso de Páramo porque no le quedan hijos reconocidos, y en el caso de Rentería por los votos eclesiásticos. Tras su impotencia o desaparición, la única alternativa que tiene Comala, es también morir con ellos.
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Exidor
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Registrado: 26 Nov 1999
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MensajePublicado: Jue Ago 05, 2004 18:54    Asunto: Responder citando

Ningún ladrillo, Solen, está muy interesante.
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