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MEMORIA DE MIS PUTAS TRISTES


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DELLWOOD
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MensajePublicado: Dom Oct 18, 2009 14:23    Asunto: Responder citando

El escritor colombiano Gabriel García Márquez, premio Nobel de Literatura en 1982, fue espiado por México por lo menos desde 1967 a 1985, según revela este domingo el diario mexicano 'El Universal'.

El escritor colombiano reside en México desde los años 60. En 1981, pidió asilo en el país tras ser señalado por el gobierno de Colombia como colaborador de la guerrilla de su país.

La publicación, que promete más entregas, basa su información en archivos recién dados a conocer de la disuelta Dirección Federal de Seguridad (DFS), la antigua policía política del gobierno.

El gobierno mexicano, según los archivos de la DFS, reveló los documentos de vigilancia a García Márquez de 1965 a 1985, pero mantiene en resguardo lo que se hizo con respecto al escritor colombiano de 1985 hasta la actualidad.

La publicación, que promete para este lunes la información de la policía política mexicana sobre la conocida relación entre García Márquez y el líder cubano Fidel Castro, adelanta un documento en el que acusa al escritor colombiano de ser "un agente de propaganda al servicio de la dirección de inteligencia de ese país", en referencia a Cuba.

La conclusión de los servicios mexicanos fue escrita en un informe donde se dice: "Gabriel García Márquez, escritor de nacionalidad colombiana radicado en México, informó a Jorge Timossi, director (en México) de la agencia de noticias cubana 'Prensa Latina', que todos los derechos de su libro 'Crónica de una muerte anunciada' pertenecen a Cuba porque él se los obsequió".

El primer documento de espionaje sobre el escritor es de 1967 y se refiere a su participación en el segundo Congreso Latinoamericano de Escritores, celebrado en tres ciudades de México, afirma 'El Universal'.

Luego los informes hacen referencia al año 1981, cuando el entonces presidente francés, Francois Mitterrand, se preparaba para visitar México y participar en la cumbre Norte-Sur que se realizó en México en 1982.

'El Universal' asegura que el espionaje sobre el escritor continuó durante las presidencias de México de Luis Echeverría (1970-76) y José López Portillo (1976-82), ambos mandatarios del PRI.

Los documentos sobre el espionaje a García Márquez indican también que tenía un estrecho contacto con el intelectual francés Régis Debray.

Además, que el Nobel colombiano fue consultado para confeccionar la lista de intelectuales que asistirían a una reunión con el presidente francés durante la visita, así como respecto a contactos con políticos de la izquierda latinoamericana.

La nota revela que durante 1981, antes de una visita de Mitterrand a México y aparentemente en relación con la misma, García Márquez se reunió con los secretario generales de los partidos comunistas de México, Arnoldo Martínez Verdudo y de Chile, Luis Alberto Corvalán Lepe.

El 22 de mayo de 1981, Francia (Miterrand) y México (López Portillo) reconocieron al Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional (FMLN) como "fuerza política representativa" del pueblo salvadoreño, en una declaración conjunta sin precedentes que otorgaba a la guerrilla cobertura política para su acción diplomática.

La nota de 'El Universal' señala que parte del espionaje a García Márquez quedó documentado también en fotos tomadas desde una casa cercana a la del Nobel colombiano, o desde un vehículo.
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MensajePublicado: Vie Nov 06, 2009 11:00    Asunto: Responder citando

Punto de Vista

Mario Tassías

Bajo el título “Gabriel García Márquez, una vida”, Gerald Martin (Londres, 1944), Profesor emérito de la Universidad de Pittsburgh, nos cuenta una “biografía monumental” del autor de “Cien años de soledad”. Es la parte pública, privada y tal vez secreta de un escritor universal.
Gracias al portal www.nexos.com.mx tuve acceso al pasaje titulado: “Hambre en París: La Bohème”, que relata los días de escritura de “El coronel no tiene quien le escriba” en medio de dos compañías abrumadoras: la escasez y el amor.
Ese fragmento del libro, muestra a Gabo padeciendo hambre en una ciudad a la que llega inopinadamente. El texto es una inmejorable oportunidad para palpar los pliegues de una vida llena de realismo mágico. García Márquez (Colombia, 1927) es el personaje de la vida de muchos de los protagonistas de sus novelas.
Martin acumuló 17 años de trabajo y cerca de 300 entrevistas para sacar a la luz un primer borrador de 3,000 páginas. Después de mucho sufrimiento para pasarle tijera, el autor británico publicó el libro en inglés el año pasado. Su traducción al español, editada por Debate (Random House Mondadori), ya está en los estantes del mercado en América Latina con más de 700 páginas.
“Es una figura que no podría ser más importante para la literatura”, dice Martin. “Es el hombre más normal que conozco y también el más extraordinario”.
El libro recorre la infancia en Aracataca. Su juventud; el impacto de la revolución cubana; el descubrimiento de Europa y su consagración como escritor con “Cien años de soledad”; “El otoño del patriarca” y “El Coronel no tiene quien le escriba”.
Martin, especialista en narrativa latinoamericana del siglo XX, ha dicho en entrevistas que cuando propuso a García Márquez escribir su biografía el Premio Nobel le contestó: ¿Una biografía mía? ¿Está enfermo?
“Quién sabe lo que Gabriel García Márquez buscaba al tomar rumbo hacia la capital francesa en diciembre de 1955. Cualquiera que lo conociese habría imaginado que el colombiano costeño se sentiría más a gusto en Italia —tanto social como culturalmente— que en el país situado al norte, un lugar más frío y pagado de sí mismo, más crítico y cartesiano…”
“Del mismo modo que la nostalgia provocada por el viaje con su madre fue el instrumento que daría origen a La hojarasca, una emoción no muy distinta, la desazón por la imposibilidad de vivir en el presente, fue la palanca que separó lo que se convertiría en El coronel no tiene quien le escriba de lo que con el tiempo sería La mala hora, la novela interminablemente atrasada y pospuesta. Y, una vez más, una mujer fue la inspiración: de un modo terrible e inquietante, la novela sobre el coronel sería una proyección del drama que el propio García Márquez empezaba a vivir, allí mismo y justo entonces, con Tachia. Se vieron envueltos en una aventura llena de sorpresas, excitante y apasionada, y del todo inesperada; sin embargo, la falta de dinero enseguida los acució. De buen principio la relación estuvo condicionada por la pobreza y luego, pronto, amenazada por la tragedia. Así que la primera novela, aún en proceso, quedó atada con una vieja corbata de rayas —no sería la última vez— y acabó guardada en el fondo del armario ropero desvencijado del Hôtel de Flandre; y en algún momento de mayo o principios de junio de 1956 dio paso a la historia intensa, obsesiva y desesperada de un coronel hambriento y su desafortunada y sufrida esposa”.
“Años después, El coronel no tiene quien le escriba fue reconocida universalmente como una obra maestra de la ficción corta, como El viejo y el mar de Hemingway, punto menos que perfecta en su intensidad contenida, su trama dosificada con esmero y su brillante broche final. El autor mismo diría que el estilo de El coronel no tiene quien le escriba era “conciso, seco, directo y aprendido directamente del periodismo”.
“No me ha sido fácil sortear las múltiples versiones que García Márquez ha ido sembrando a propósito de todos los momentos determinantes de su vida...” ha dicho Martin.
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MensajePublicado: Dom Nov 15, 2009 17:49    Asunto: Responder citando

Teodosio Fernández / Cien Años de Soledad, o la magia sin fin



Han pasado cuarenta años desde la aparición de Cien años de soledad y todavía hoy se mantiene intacta la magia de ese mundo centrado en Macondo, con el prolongado y laberíntico proceso que lo lleva desde la inocencia de sus orígenes hasta una prosperidad precaria y luego a un final apocalíptico, con el ascenso y la caída de la estirpe de los Buendía, marcada por la obsesión y el temor del incesto. Otros hitos de la narrativa hispanoamericana habían abierto el camino por el que Gabriel García Márquez transitaba entonces, como Pedro Páramo, la extraordinaria novela con la que Juan Rulfo arraigó la imaginación mítica en suelo mexicano, o como El reino de este mundo y las demás obras con las que Alejo Carpentier trató de llevar a la ficción su voluntad de descubrir lo real maravilloso en un paisaje virgen, donde indios y negros mantenían vivo su caudal de mitologías, en el territorio donde los conquistadores españoles habían tratado de encontrar la fuente de la Eterna Juventud y la áurea ciudad de Manoa, y donde en tiempos de la Revolución Francesa aún salían expediciones en busca de El Dorado o de la Ciudad Encantada de los Césares. García Márquez era un heredero declarado de esa actitud, dispuesto a resaltar la presencia de aspectos extraordinarios en la vida cotidiana de América Latina: más de una vez recordaría que a fines del siglo XIX un explorador norteamericano vio en los territorios amazónicos un arroyo de agua hirviendo y un lugar donde la voz humana provocaba aguaceros torrenciales, y que en la costa argentina de la Patagonia los vientos se llevaron un circo entero para que las redes de los pescadores capturasen al día siguiente cadáveres de leones y jirafas. Esa atmósfera propicia a lo insólito se acentuaría en el ámbito de su Aracataca natal, en ese ámbito del Caribe donde Cristóbal Colón pudo encontrar plantas fabulosas y seres mitológicos, donde arraigó la magia traída desde África por los esclavos negros y discurrieron las andanzas de piratas capaces de montar un teatro de ópera en Nueva Orleans y de llenar de diamantes las dentaduras de las mujeres.
Las raíces de esa visión de América Latina eran ya entonces profundas, alimentadas por una convicción que desde los años veinte relacionaba el mito con el modo de pensar de los hombres primitivos, carentes de memoria histórica. Esa América, un continente joven a los ojos de una cultura europea que entonces se decía en decadencia y se mostraba ávida de maravillas, inevitablemente había de estar habitado por las leyendas y los mitos ya desaparecidos ante los avances de la razón y de la ciencia en otras partes del mundo. Por otra parte, la literatura parecía ahora capaz de trazar con nitidez los perfiles de una identidad cultural que antes había resultado esquiva a los numerosos esfuerzos que los intelectuales latinoamericanos habían dedicado a su búsqueda. Determinada por esa visión, Cien años de soledad venía a consolidar una imagen de la realidad y de la historia de América Latina inseparable de esa condición que la convertía en el territorio de lo mágico y legendario, de lo maravilloso y lo fantástico, en un mundo irreducible a los modelos racionalistas europeos y a la represión de los instintos y de la imaginación que se consideró característica de la civilización occidental.
Esa imagen de América Latina continúa hoy vigente en buena medida, aunque ya no lo estén algunos de los presupuestos en que se apoyaba, como la discutible contraposición entre la fantasía latinoamericana y el pragmático racionalismo europeo o norteamericano, racionalismo que precisamente sació su sed de maravillas y de exotismo con ésa y otras muestras de «realismo mágico» que la literatura de Hispanoamérica le proporcionaba. Por otra parte, hoy es difícil defender la relación de la América Latina mítica e insólita con la vitalidad que mostraba entonces su novela, género que ni se agotó en latitudes que habían olvidado sus orígenes míticos o legendarios, como a veces se auguró, ni allí fue capaz de ofrecer por mucho tiempo resultados capaces de mantener la supremacía internacional conseguida en los años sesenta. Es evidente que el éxito extraordinario de Cien años de soledad tuvo que ver con la visión maravillosa y maravillada de la realidad y de la historia que proponía, pero en el secreto de tal éxito estaba también una manera de narrar: nadie había conseguido ni conseguiría una conjunción más lograda de ingredientes míticos y folclóricos para transformar lo inverosímil en cotidiano, ni una voz más adecuada a tal propósito que ésa que García Márquez asoció a la de su abuela cuando le contaba las historias de fantasmas que habían inquietado su niñez; la voz de un narrador imperturbable que entreveraba sin estridencias lo familiar y lo extraordinario. La propuesta de un universo fascinante resultaba, pues, inseparable de las habilidades de un gran escritor.
Con el paso del tiempo, Cien años de soledad ya no es sólo el hito con que culminó un largo proceso de la literatura hispanoamericana del siglo XX. Hoy poco queda ya de las convicciones que favorecieron aquella fascinación ante una realidad que se creía diferente, fascinación exigida por la necesidad de regresar a los orígenes y de beber en las fuentes aún vivas de la magia y el mito, por la voluntad de encontrar una dimensión atemporal ajena a las desventajas de la historia y de la civilización. Con lucidez admirable, como adivinando el futuro, Cien años de soledad proponía la mejor concreción literaria de lo real maravilloso de América y a la vez su cuestionamiento: merece especial atención el momento de la novela en que Aureliano Babilonia descubre que los manuscritos del gitano Melquíades refieren toda la historia de los Buendía, y comprende que Macondo, esa ciudad de los espejos y de los espejismos, será arrasada y desterrada de la memoria de los hombres en el mismo instante en que él acabe de leer los pergaminos. En consecuencia, Cien años de soledad no es otra cosa que la lectura de los manuscritos de Melquíades, lo que no sólo habla de la fatalidad que rige la historia de una estirpe condenada de antemano, y de la incapacidad del hombre para alterar un destino preescrito; también insinúa que esa insólita realidad latinoamericana mostrada en el relato no tiene otra existencia que la que le proporciona la literatura. Precisamente en la concreción literaria que representó su expresión cultural más lograda, la realidad maravillosa de América encontraba a la vez su cuestiona-miento y su parodia.
Ahora que el realismo mágico es un capítulo cerrado de la historia de la literatura hispanoamericana, Cien años de soledad revela su capacidad inagotada para tolerar y aun proponer nuevas significaciones, y entre ellas merece atención la que cabe relacionar con García Márquez y con su necesidad de dejar testimonio de su infancia, trascurrida en una casa grande y muy triste, con una hermana que comía tierra, una abuela que adivinaba el porvenir, un abuelo que evocaba recuerdos incesantes de una interminable guerra civil y numerosos parientes de nombres iguales que nunca alcanzaron a percibir claramente los límites que separaban la demencia y la felicidad. Desde esa perspectiva, Cien años de soledad ha podido dejar paulatinamente de ser una imagen y un testimonio de la realidad latinoamericana para convertirse cada día más en un ejercicio íntimo y personal de la memoria, determinado por la nostalgia. No es imposible que esta relectura ayude a rectificar las interpretaciones que vanamente trataron de conciliar las inquietudes y aspiraciones de un tiempo de esperanza, también muy presente en la literatura del momento, con el destino de una ciudad y de una estirpe condenadas a cien años de soledad y a no tener una segunda oportunidad sobre la tierra. En efecto, el destino de Macondo y de los Buendía obliga a matizar la visión de aquellos años sesenta como un tiempo dominado por las utopías revolucionarias, utopías destinadas a desvanecerse en las décadas siguientes, cuando las difíciles circunstancias políticas y económicas, y tal vez el agotamiento de las fórmulas literarias de los años anteriores, determinaron el proceso que paulatinamente llevó a los narradores a enfrentarse con la dura realidad de América Latina, a abandonar el mito para acercarse a la historia, no sin dejar en evidencia que la fantasía podía ser utilizada también para ocultar las carencias y justificar las derrotas. Nadie mejor que García Márquez para seguir la crisis del realismo mágico y de la voluntad de crear atmósferas míticas. Tras El otoño del patriarca y tras el período de silencio con que el escritor quiso condenar la dictadura militar impuesta en Chile por Augusto Pinochet, el alcance voluntariamente menor de Crónica de una muerte anunciada y El amor en los tiempos del cólera significaba un alejamiento consciente de aquella práctica literaria empeñada en proponer imágenes de Latinoamérica y en aproximarse a una identidad que otra vez se mostraba inasible. Entre los muchos aspectos de interés que ofrecen esas novelas, sólo me interesa señalar esta vez que el narrador de la primera trataba de recomponer con su relato «el espejo roto de la memoria», y que en la segunda no sólo prevalecen los aspectos relacionados con el amor sino también los que tienen que ver con los recuerdos personales y familiares del autor. En su condición de novela histórica, El general en su laberinto inevitablemente constituía una recuperación del pasado, esta vez para evocar los últimas días de Simón Bolívar y extraer una reflexión desencantada y plena de significación en ese tiempo contemporáneo que parecía asistir al fin de las utopías. Las nuevas ficciones parecían crear la atmósfera adecuada para volver a Cien años de soledad y descubrir ahora que ante todo se trataba de un esfuerzo de García Márquez para dejar «constancia poética» de su infancia, como él mismo insistiría en explicar. Quienes descubrieron en Cien años de soledad la realidad maravillosa de América, aquel mundo fascinante donde lo cotidiano alcanzaba caracteres de leyenda, pueden volver sobre ella para reencontrar aquel ámbito mágico y para evocar con el autor las fantasías y la inocencia de la niñez perdida, y también para recuperar con ella una parte considerable de la memoria colectiva de los tiempos recientes.
T. F.—UNIVERSIDAD AUTÓNOMA DE MADRID
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MensajePublicado: Lun Nov 23, 2009 05:00    Asunto: Responder citando

Bogotá, 22 Nov. (Notimex).- La periodista mexicana Lydia Cacho aseguró que las novelas del premio Nobel colombiano Gabriel García Márquez reflejan la realidad, aunque consideró legítimo cuestionar la obra del afamado escritor.
Cacho lideró una campaña para evitar la filmación de la película "Memorias de mis putas tristes", basada en el libro de García Márquez del mismo nombre, por considerar que reflejaba una exaltación de la pederastia y la pornografía infantil.

Aseveró en la entrevista que publica este domingo la más reciente edición de la revista "Semana" que "la literatura de García Márquez es producto de su realidad", por lo cual convocó a que la gente lea sus obras y se forme una opinión, pero "no que destruya sus libros".

Aclaró que nunca se manifestó contra "Memorias de mis putas tristes", pero en su opinión le dejó la "sensación de fascinada complacencia con el maltrato a las mujeres, con las niñas prostituidas, el endiosamiento del patriarca".

La periodista mexicana calificó como "ridículo" que las personas que hacen análisis de obras y autores, y que "argumentan sus tendencias de fascinación pederasta, sean catalogados de censores.

"Se supone que los progresistas tenemos derecho a opinar, pero no a cuestionar a `uno de los nuestros". Es como si hubiera una regla que prohíbe que a patriarcas como Gabo (García Márquez) se les pueda tocar. Y yo digo ¨por qué no?", recalcó.

Explicó que sus dichos buscaban "debatir sobre la responsabilidad de los autores en cierto tipo de temas y sobre quienes invierten en sus producciones", pero el diálogo quedó reducido a "un pleito entre feministas contra literatos y cinéfilos progresistas".

Cacho sostuvo que no tiene sentido decir que por este tipo de libros existen los pedófilos, porque "la literatura refleja la realidad. Y la realidad es que cada año 800 mil niñas y adolescentes son compradas y vendidas como prostitutas" en el mundo.

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Lo dicho, Agatha Christie es una asesina, sin duda alguna.
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MensajePublicado: Dom Dic 06, 2009 05:58    Asunto: Responder citando

Cada vez me convenzo más de que la Literatura (con mayúscula) no es sino una forma particular y desinhibida de contar la Historia (también con mayúscula), y de que ni una ni otra disciplina son suficientes para alcanzar la profundidad de una vida personal; mucho menos la vida de una colectividad. Ambas son el cuento de nunca acabar, se rehacen y se reinventan constantemente.
Casi todo (no todo) lo que nos cuenta Gerald Martin sobre la vida y la obra de Gabriel García Márquez lo conocíamos con anterioridad a través de dos fuentes: una indirecta, la narrativa del autor colombiano, en especial su novela Cien años de soledad; y otra fuente directa, el primer tomo de las memorias de Gabo: Vivir para contarla, aparecido en el año 2002.

Lo que ha hecho Gerald Martin es aplicar una lente de mayor aumento y manejar su escalpelo para revolver en las informaciones que habían quedado algo distorsionadas o veladas acerca de la familia García Márquez. Y en esas andanzas quirúrgicas nos llegamos a enterar de que el modelo usado por Gabriel García Márquez para construir el personaje de Pilar Ternera, la sirvienta lujuriosa y celestina de los Buendía en Cien años de soledad, es ni más ni menos que su abuela paterna, Argemira García Paternina, que permaneció soltera durante toda su vida, aunque fue madre de siete hijos de al menos cuatro hombres distintos, y que tenía siempre en su humilde casa una cama lista a cualquier hora para facilitársela a los amantes que primero la solicitaran.

También queda clara en el libro de Gerald Martin la tensa relación que Gabriel García Márquez mantuvo con su padre, al que nunca admiró y acaso llegó a odiar en más de una ocasión. Gabriel Eligio García Martínez precipitó una y otra vez a su familia en el desbarrancadero de su irresponsabilidad laboral y en los engorros de innumerables relaciones extramatrimoniales de las que su esposa nunca dejó de estar enterada.

El padre de García Márquez era el espejo en el que nunca quiso mirarse nuestro autor, cuya infancia había transcurrido en Aracataca, su pueblo natal, a la sombra de la sabiduría y de la seguridad confortable de su abuelo Nicolás Márquez.

Todas estas circunstancias familiares, investigadas por Gerald Martin con una meticulosidad notarial, nos dan pistas ventajosas sobre el sufrimiento que embargó al niño y al adolescente Gabriel García Márquez en sus años de formación, y más allá de ese periodo, pues Gabo ha sido siempre el sostén económico y moral de una familia destartalada y empobrecida. Por Gerald Martin sabemos además que, a sus catorce años, García Márquez sufrió un ataque de esquizofrenia que lo apartó durante largos meses de sus estudios de secundaria en la ciudad de Barranquilla y estuvo a punto de ver trepanada su cabeza, "en el lugar donde se ubican la conciencia y la memoria", por parte de su disparatado padre, que intentaba remediarle un mal de salud del que él era su principal causante.

Fue el padre de García Márquez quien también lo iniciaría, de una manera traumática y sórdida, en las artes del sexo. En unas vacaciones escolares, a los trece años, Gabriel García Márquez es citado por su progenitor en un burdel del pueblo de Sucre, La Hora, donde una prostituta salió a su encuentro, lo introdujo en su alcoba lúgubre y lo violó sin piedad. Era, según reconoce Gerald Martin, una costumbre muy latinoamericana de adentrar a los hijos en cuestiones de fornicación, una costumbre que en Brasil se conocía como "mandar a los chicos a comprar golosinas".

Sería pertinente preguntarnos cuáles son los sinceros pensamientos y sentimientos de García Márquez con respecto a la mortificada vida que le tocó enfrentar, porque todas esas experiencias amargas han sido luego carnavalizadas tanto en sus novelas como en sus supuestas memorias. García Márquez ha sido un maestro a la hora de dramatizar sus vivencias, de envolverlas en papel literario y de arrojarlas a sus lectores convertidas en risa y desprejuicio.

En una de las páginas del libro de Gerald Martin se reproduce un diálogo entre el biógrafo y el biografiado donde García Márquez, con la sentenciosidad que lo caracteriza, afirma que todo el mundo tiene tres vidas: la pública, la privada y la secreta, y que él facilitaría las dos primeras, pero la secreta sólo se podría encontrar en sus libros; la secreta nunca sería accesible sino a través de la literatura.

Otra aportación de Gerald Martin al conocimiento de esa vida secreta es el hallazgo de Tachia, la novia vasca de Gabriel García Márquez durante la primera estancia parisina del escritor. Una relación amorosa que acaba mal, con un aborto con secuelas y un comportamiento algo extraño de García Márquez, que su biógrafo no se atreve a indagar con todas las consecuencias. Tachia, una antigua amante del poeta Blas de Otero, es una actriz española intrépida y curiosa que Gabo conoce una noche en el París de 1956 y cuyo carácter bien pudiera ser el que inspirara el personaje de la mujer terca del coronel que no tenía quien le escribiera, la novela que García Márquez tenía entre manos en esos años.

Más allá de todas estas curiosidades de la vida intensa de García Márquez, el libro de Gerald Martin es una contribución inestimable a la bibliografía del Nobel colombiano, un texto bien ordenado donde vamos conociendo año por año las venturas y desventuras de un creador que nació para su oficio y que programó su vida colocando con un esfuerzo implacable las piezas de su itinerario personal, un proyecto tan perfectamente diseñado que muchos malignamente tienden a rebautizarlo como Gabriel García Marketing.
Bromas aparte, el libro de Gerald Martin casi se lee como una hermosa novela del autor biografiado, tal es la magia que parece inspirar García Márquez a todo a aquello que lo involucre.
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DELLWOOD
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MensajePublicado: Lun Dic 14, 2009 08:56    Asunto: Responder citando

Colombia: Museo del Caribe estrena una sala dedicada a Gabriel García Márquez
lunes, 14/12/2009
Colombia. El Museo del Caribe de Barranquilla presentó una nueva sala dedicada a Gabriel García Márquez, coincidiendo con el lanzamiento en castellano de una biografía del premio Nobel, escrita por el británico Gerald Martín.
Este espacio permite al visitante adentrarse en la redacción de un periódico de los años 50 y recorrer la obra, personajes e imaginario del escritor, a través de proyecciones y objetos de la época, explica un comunicado oficial.
Más allá de la reconstrucción arqueológica de la sala de redacción donde el escritor trabajó, existe otro nivel de narración. A través de proyecciones interactivas en su mesa, en las paredes y en los objetos de la sala, aparecen los personajes de su obra, dando vida al imaginario del escritor y del Caribe, que tanto protagonismo cobran en su obra.
El museógrafo de la sala, el brasileño Marcello Dantas, lo describe como “el universo lírico de Gabriel García Márquez, producto de la mágica cultura caribeña que cobra vida de repente, sorprendiendo al visitante”. Las personas que recorren la sala entran, literalmente, en la obra de Gabo, se pasean por su imaginación y sus pensamientos y conocen la inspiración del escritor, hasta que, lentamente, la sala retorna a su estado de contemplación, de espera.
La inauguración de esta nueva sala, ubicada en el sexto piso del Museo del Caribe, ha coincidido con el lanzamiento en castellano de su biografía titulada “Gabriel García Márquez. Toda una Vida”, escrita por Gerald Martin y editada por Random House Mondadori. Un trabajo monumental que desmitifica ciertos aspectos de la vida del Nóbel pero que sirve para demostrar que su existencia es tan extraordinaria como sus novelas.
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Clio
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Ubicación: Ciudad Aut. de Bs. As., Argentina

MensajePublicado: Sab Mar 06, 2010 17:07    Asunto: Responder citando

Hola.

La escritura embrujada

(Documental imperdible).

Que lo disfruten.

http://en.sevenload.com/videos/uFleBco-Gabriel-Garcia-Marquez-La-escritura-embrujada

Besos.
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MensajePublicado: Jue Abr 15, 2010 19:30    Asunto: Responder citando

El diseñador español Modesto Lomba fue el encargado de crear el traje que evoca las mariposas amarillas de "Cien años de soledad". La exposición “20 trajes para Europa, diálogo entre moda y literatura”, busca resaltar por medio de vestidos grandes obras literarias con el fin de romper la frontera existente entre la literatura y la moda.
Modesto Lomba, presidente de la Asociación de Creadores de Moda de España, fue el encargado de darle vida a las mariposas amarillas que aparecen en el libro "Cien años de soledad", del premio Nobel Gabriel García Márquez. Modesto aseguró a RCN Radio La Radio de la Tarde que con esta exposición lo que se busca es unificar dos formas de comunicación del ser humano como son la moda y la literatura, “todos los días nos vestimos y todos los días nos comunicamos a través de la escritura, de la propia literatura, y la moda es el lenguaje universal, el que no necesita traducción”.

En total fueron veinte diseñadores españoles, belgas y húngaros, quienes se inspiraron en pasajes de grandes obras literarias, que se podrán apreciar en la sede del Instituto Cervantes de Madrid hasta el próximo 23 de mayo.

El evento buscó la presencia de todos los géneros literarios y dio prioridad a los autores premiados con los máximos galardones de las letras hispanas, haciendo de éste modo, un homenaje especial al Premio Nobel, Gabriel García Márquez.

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DELLWOOD
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MensajePublicado: Lun Abr 19, 2010 19:16    Asunto: Responder citando

Más moda.

Guayabera de Gabriel García Márquez en Museo espirituano

Blanca y de mangas largas es la guayabera de Gabriel García Márquez, Premio Nóbel de Literatura, que desde este sábado se exhibe junto a la de otras personalidades en el Museo Provincial General de la ciudad de Sancti Spíritus.

Donada al proyecto sociocultural La Guayabera, la prenda la entregó Mercedes, la esposa del escritor colombiano, a Senel Paz, vicepresidente de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, quien a su vez la hizo llegar mediante la Fundación del Nuevo Cine Latinoamericano a su destino final.

Según explicaron a la Agencia de Información Nacional Carlo Figueroa y Ciro Bianchi Ross, gestores del proyecto espirituano, la camisa fue usada en varias ocasiones por el Gabo y pertenece a la marca Criolla, que se confecciona en Cuba.

Acompañan la prenda de vestir un sobre remitido a La Guayabera firmada por el autor de "Cien años de soledad" y una carta de la Fundación del Nuevo Cine Latinoamericano.

La entrega estuvo precedida por un periplo en coche de estudiantes colombianos, en recordación al que realizaran el Comandante en Jefe Fidel Castro y Gabriel García Márquez durante la IV Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estados, acontecida en Cartagena de Indias, en 1994.

En esa ocasión el líder de la Revolución cubana usó por vez primera, después del primero de enero de 1959, una guayabera, pieza que actualmente preside la colección que atesora el museo de la Villa del Yayabo.

Esta nueva donación se convierte en la segunda de un Premio Nóbel de Literatura, pues con anterioridad el patrimonio espirituano recibió la del guatemalteco Miguel Ángel Asturias.

El escritor y periodista Gabriel García Márquez ha publicado libros, devenidos muchos de ellos joyas de la literatura contemporánea como El amor en los tiempos del cólera , Del amor y otros demonios y El General en su laberinto .

Gramma, ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ
CENTRAL DEL PARTIDO
COMUNISTA DE CUBA
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MensajePublicado: Mie Mar 07, 2012 08:46    Asunto: Responder citando

Gabriel García Márquez festejó por anticipado sus 85 años -los cumplió ayer-. El domingo pasado, el colombiano recibió un pastel adornado con mariposas amarillas que podrían haber salido de una de las páginas de "Cien años de soledad".

Según fotografías que publicó el diario mexicano "La Jornada", la celebración se realizó en casa de su amigo José Luis Cortés y fue llamada "La fiesta de los Piscis", porque reunió a seis amigos nacidos bajo el mismo signo del zodíaco.

Vestido con saco a cuadritos, camisa oscura y corbata, "Gabo" sopló las velitas rodeado de Carmen Mutis, Ana Terán, Carmen Parra, Eduardo Terrazas y el anfitrión. La cantante peruana Tania Libertad entonó "Las Mañanitas". En el pastel se colocaron seis velitas entre las mariposas y Gabo levantó una copa mirando hacia la cámara en el brindis.
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