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MALVA MARINA


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DELLWOOD
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MensajePublicado: Vie Oct 15, 2004 05:32    Asunto: Responder citando

Neruda, en medio del fuego que sangra al pueblo español, viviendo las muertes estremecedoras de García Lorca y Miguel Hernández (de este último se conoce una carta sobre Malva Marina), y otros, organiza congresos antifascistas, escribe "España en el corazón". Regresa a Chile con La Hormiguita, la pintora Delia del Carril. Su padre muere en el sur. Su Mamadre, poco después. Al sacar el ataúd del padre para unirlo a la Mamadre, siento acercarse a Malva Marina en las palabras de su padre:

"La humedad de la zona había partido el ataúd y, al bajarlo de su sitio, yo
sin creer lo que veía, vimos bajar de él cantidades de agua, cantidades como
interminables de agua (...). Ahora bien, esta agua terrible, esta agua
salida de un imposible, insondable, extraordinario escondite (...) me
advertía otra vez con su misterioso derrame mi conexión interminable con una
determinada vida, región y muerte".

Malva Marina, el agua de su cabeza. El agua del cuerpo de su padre. Y las vírgenes en los cenotes, en México.

Porque después de que Neruda organizara la huida de miles de españoles con el barco "Winipeg" de Francia a Chile, parte a México. Malva Marina cumple 5 años en Gouda, en medio de la guerra, lejos de padre y madre, con su familia adoptiva compuesta por Hendrik Julsing y Gerdina Sierks, y sus hijos Heika, Geesje y Frederik. Si alguno de ellos vive aún, se ignora.

Neruda descubre la magia de México en 1940, mientras los nazis invaden Holanda. El visita los cenotes mayas en Yucatán donde se sacrificaban a las vírgenes con cadenas de oro. También allí pareciera estar Malva Marina presente:

"...pero yo, al entrar en esas soledades, no busqué el oro sino el grito de
las doncellas ahogadas. Me parecía oír en los extraños graznidos de los
pájaros la ronca agonía de las vírgenes; y en el veloz vuelo con que
cruzaban la tenebrosa magnitud del agua inmemorial, adivinaba las manos
amarillas de las jóvenes muertas".

Quizás buscaba Neruda a Malva Marina, doncella ahogada en el agua inmemorial de su cabeza?

Mientras Neruda recorría México, comenzaba en 1942 la persecusión de judíos en Holanda y Ana Frank se escondía con su familia en la calle Prinsengracht de Amsterdam. Ana comenzó a escribir su diario de vida mientras Malva Marina vegetaba en Gouda. El 2 de marzo de 1943 terminó la breve vida de Malva Marina. No sabemos cómo. Su padre se enteró de la noticia en México. Ni una palabra dijo en público sobre ella. Tampoco la menciona en sus memorias ni existe algún verso dedicado a María Antonieta.

Todos llevamos zonas dolorosas y oscuras en nuestro interior. Esta es, sin
duda, la zona más oscura de Neruda.

Dos años después, en 1944, Ana Frank moría en el campo de concentración de Bergen Belsen y su Diario daría cuenta de aquellos duros tiempos.

Antonio me espera en la estación de Gouda. El mercado con sus famosos quesos, un sol inauditamente luminoso para estos parajes, un mar de gente, invaden las viejas callejuelas de la ciudad. El camino al viejo cementerio es aventurero. Hay que cruzar puentes, molinos de viento, un canal donde empollan aves al lado de los transeúntes, barcos donde vive gente, una fábrica monumental llena de tubos metálicos.

Antonio está aliviado: María Antonieta Hagenaar había pagado antes de su muerte -al parecer en 1965, en La Haya, después de un corto regreso a Chile bajo González Videla- los derechos de la tumba de la niña hasta el 2003.
Pensando que ya no existía, descubrió Antonio que hace poco, aquel cementerio antiguo fue declarado monumento nacional, y las tumbas quedarán allí. Me pregunto si será una coincidencia, o Malva Marina esperaba ser descubierta este preciso año en que su padre cumpliría 100 años, y ella, 61.

La entrada al viejo cementerio. Al fondo, los altos tubos metálicos de aquella fábrica. El tiempo se ha detenido aquí. Un verdor antiguo, tumbas carcomidas por las hierbas. El señor Spliep, cuidador del cementerio, nos acompaña a la tumba de Malva Marina, a la izquierda de la entrada. Sólo las lápidas asoman entre la maleza alta. Sí. La tumba de Malva Marina es bella. Tan gris y carcomida como las otras, pero en las cuatro esquinas, con lugar para poner las plantas con flores lilas que le trajimos. Los bordes de su tumba tienen hermosos azulejos blancos. En la lápida puede leerse, traducido del holandés:

"Aqui descansa nuestra querida MALVA MARINA REJES nacida en Madrid 18 agosto 1934 fallecida en Gouda 2 marzo 1943".

Siento que la niña -como una suerte de Bella Durmiente- nos esperaba. Esperó 100 años para volver a despertar. Los 100 años de su padre.



Münster, Alemania, 13 de mayo de 2004

por Isabel Lipthay, desde Alemania

http://www.escritores.cl/impresion.php?f1=articulos/texto/malva_marina.htm&f2=
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MensajePublicado: Vie Oct 15, 2004 05:39    Asunto: Responder citando

Hace tiempo, en el aleph, en el foro Despedida para Dellwood, que no encuentro, el usuario Montañés, me dedicó un poema que resultó ser de Neruda.Esclarecedor.

Cien sonetos de amor

TARDE

-LXVIII-

(Mascaron de Proa)

La niña de madera no llegó caminando:
allí de pronto estuvo sentada en los ladrillos,
viejas flores del mar cubrían su cabeza,
su mirada tenía tristeza de raíces.

Allí quedó mirando nuestras vidas abiertas,
el ir y ser y andar y volver por la tierra,
el día destiñendo sus pétalos graduales.
Vigilaba sin vernos la niña de madera.

La niña coronada por las antiguas olas,
allí miraba con sus ojos derrotados:
sabía que vivimos en una red remota

de tiempo y agua y olas y sonidos y lluvia,
sin saber si existimos o si somos su sueño.
Ésta es la historia de la muchacha de madera.
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DELLWOOD
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MensajePublicado: Vie Oct 15, 2004 07:03    Asunto: Responder citando

La madre, María Antonieta Haagenaar Vogelzang.



"Mi soledad se redobló. Pensé en casarme. Había conocido a una criolla, vale decir holandesa con unas gotas de sangre malaya, que me gustaba mucho. Era una mujer alta y suave, extraña totalmente al mundo de las artes y de las letras. (Varios años más tarde mi biógrafa y amiga Margarita Aguirre escribiría, acerca de aquel matrimonio mío, lo siguiente: "Neruda regresó a Chile en 1932. Dos años antes se había casado en Batavia con María Antonieta Hagenaar, joven holandesa establecida en Java. Ella está muy orgullosa de ser la esposa de un cónsul y tiene de América una idea bastante exótica. No sabe el español y comienza a aprenderlo. Pero no hay duda de que no es solo el idioma lo que no aprende. A pesar de todo, su adhesión sentimental a Neruda es muy fuerte y se les ve siempre juntos. Maruca, así la llama Pablo, es altísima, lenta y hierática.".) ("Confieso que he vivido" / p. 152 )


Hija de Richard Pieter Fedor Hagenaar (1856-1920) y Antonia Helena Vogelzang. Richard era hijo ilegítimo de Richard Pieter Ferdinand, (1828-1892) casado en Batavia el 11 de Junio de 1853 con Marie Elisabeth Louisa Sophia von Ende, hija de Nicolaus von Ende y Oranina Bloemenstina, a su vez hija de la esclava Oranina de Batavia, adoptada por Willem Vincent Helvetius van Riemsdijk, primogénito del gobernador general de Las INdias Holandesas, Jeremías van Riemsdijk y Adriana Luisa Helvetius.

El gobernador.

http://www.geocities.com/augustsgenealogy/master/fam00440.htm
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DELLWOOD
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MensajePublicado: Vie Oct 15, 2004 07:42    Asunto: Responder citando

La historia de una madre en la Holanda ocupada por los nazis que deja a su hija a cargo de una familia me ha hecho recordar a un vecino mío en Jerusalén, F. Cohen, abogado de Amsterdam que en un momento dado de su vida se enteró no sólo de ser adoptado, sino de ser judío. A través de ese detalle, y de Google, he sabido que el apellido del padre de la esposa de Neruda, Hagenaar, es de origen sefardí, de los sefardís que salieron para Amsterdam.

http://maxpages.com/vibeke/sealtiel

POr ejemplo, en una pàgina de genealogía, he encontrado a una tal Louisa Hagenaar, nacida el 11 de enero de 1887 en Amsterdam, que se casó el 25 de febrero de 1909 con un holandés llamado David Levi Montezinos. Tuvieron una hija, Eva Montezinos. Louisa Hagenaar murió el 23 de abril de 1943 en el campo de concentración de Sobibor, Polonia. Eva Montesinos murió el 26 Aug 1942 Auschwitz.

http://www.mtaonline.net/~rvh/dat60.htm#5

Con lo que nos podemos hacer una idea de por qué María Antonieta Haagenaar tuvo que dar a su hija en adopción y cuál fue la suerte que corrió esta señora, lo cual explica su desaparición.
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MensajePublicado: Vie Oct 15, 2004 08:02    Asunto: Responder citando

Pablo Neruda conoció a María Antonieta Hagenaar en Java. En ese fértil lugar colmado de volcanes, muchos en actividad, se habían descubierto restos fósiles de Homo Erectus, el "hombre de Java", lo cual era indicio de que la isla era la sede de una actividad humana desde hacía ochocientos mil años. Pablo era extranjero entre extranjeros y ya había vivido una violenta experiencia amorosa.

El vivía en la calle Probolingo; estaba en un país cuya lengua ignoraba, de la que sólo llegó a saber una palabra: "tinta", pues igual se dice en malayo y en castellano. María Antonieta, hija de holandeses, residía allí con su familia, nada raro, pues en esa isla los holandeses comenzaron a ejercer su dominio desde 1619. Sin duda, en aquel tiempo, su joven novia le resultó buena compañía para conocer mejor la feraz isla, recrearse con sus mariposas, insectos y pájaros, recorrer las tiendas y deleitarse con los bordados, artesanías y estampados de los batik, es decir, había hallado una amiga de gran ayuda para comunicarse:

"Había conocido una criolla, vale decir holandesa con unas gotas de sangre malaya, que me gustaba mucho. Era una mujer alta y suave, extraña totalmente al mundo de las artes y las letras", dice Neruda en Confieso que he Vivido; a continuación, él mismo cita el párrafo de Margarita Aguirre sobre ese matrimonio suyo, donde su biógrafa afirma:

"Ella está muy orgullosa de ser la esposa de un cónsul y tiene de América una idea bastante exótica. No sabe el español y comienza a aprenderlo, pero no hay duda que no es sólo el idioma lo que no comprende. A pesar de todo, su adhesión sentimental a Neruda es muy fuerte y se los ve siempre juntos. Maruca, así la llama Pablo, es altísima, lenta, hierática".

Extraña la suposición de que a Maruca le hubiera gustado casarse con su esposo porque era cónsul. Triste y gris destino es el de los cónsules (Ivo Andric, Premio Nobel de Literatura, lo pintó muy bien en su novela Sucedió en Bosnia). Resulta que Neruda ganaba ciento sesenta y seis dólares con seis centavos al mes, "que no le llegaban nunca", y al recibir los consulados de Singapur y Batavia se los doblaron a poco más de trescientos: equivalentes al sueldo de "un tercer dependiente de botica", según su propia expresión. Como dice en Para Nacer He Nacido: "Yo sólo fui un cónsul perdido en sus pobrezas". Para Neruda, el consulado no era una carrera sino una modesta beca que le permitía, como beneficiado, tener por un tiempo resuelta la sobrevivencia para dedicarse a su oficio.

Neruda no solía referirse a las mujeres en forma burdamente despectiva, le gustaba buscar en ellas una particularidad curiosa, algo que a él lo hubiera sorprendido y de esa sorpresa hablaba su entonación, su manera de decir. Una tarde del verano de 1968, en Isla Negra, Neruda nos había invitado y estábamos ante la barra del bar, mientras él atendía. Se había producido un ambiente de gran comunicación y el poeta hablaba de su vida en España; por algún motivo aludió a su primer matrimonio y entonces le preguntamos: "¿Cómo era Maruca?" El respondió con jocoso lamento: "Era una mujer enorme. Necesitaba comer mucho. A veces, en Madrid, no teníamos sino una lata de sardinas y ella comía con ganas y yo me quedaba mirando"... (Con esa misma jocosidad trivializante nos contó cuán amigo suyo había sido Pablo de Rokha, tanto que pretendía llegar a ser su cuñado: "Quería a toda costa que yo me casara con su hermana. Y ella me escribía unas cartas, unas cartas"... ¿Cómo eran esas cartas? le preguntamos y él dijo riendo: " ... llenas de faltas de ortografía").

El nombre María, predominante entre las mujeres que ganan el afecto del poeta, no lo prefiere en su versión holandesa de Maryka, por eso no tarda en transformarlo en uno muy chileno y, por cierto, con diminutivo. Es así como en la foto de recuerdo de la boda, se puede leer Maruca de Reyes. Se casaron el 6 de diciembre de 1930, en Batavia. Se ve bonita Maruca junto a su esposo, bajo su sombrero alón, sujeta una cascada de flores. En otra foto se ve linda y confiada, apegada a Pablo; de frente no se le nota el prognatismo. Un poco más alta que él, cerca de un metro ochenta, es decir, la estatura mínima hoy exigida a una modelo o aspirante a reina de belleza; tan alta como Gabriela Mistral o la reina Fabiola de Bélgica...

Ya casados, se toman una foto parecida a esas que cuelgan en las salas de los hogares de provincia y que suelen iluminar los farautes, como llaman a esos curiosos buhoneros que van por los pueblos, de casa en casa, ofreciendo poner color a viejas fotos de tonalidades sepia o verde musgo. Ella lleva un sombrerito del que se escapa la tupida melena. Las dos cabezas al mismo nivel revelan casi idéntica estatura. El ya no es flaco; ni triste, ni contento, sino cerrado. Maruca sería linda si no estuviese tan triste; la boca muy roja no sonríe y hace juego con los grandes ojos apagados; los arcos de las bien diseñadas cejas sugieren más que interrogación, una resignación melancólica.

En 1931, Maruca viaja a Singapur, donde su marido, el cónsul, ha sido trasladado. Pero la estancia será breve, pues la crisis mundial obliga al gobierno chileno a suprimir ese cargo. Maruca parte a Chile en 1932, acompañando al marido de regreso a su lejano país natal. De sus sueños, anhelos, temores y esperanzas no queda constancia alguna. Hacen por mar un largo viaje de dos meses, en un hacinado buque carguero cuya sordidez se puede percibir en una alucinante crónica poética titulada "El fantasma del buque de carga." Ese es un viaje de gran navegante al revés, es decir, un viaje sin gloria.

Maruca se embarca en un puerto de Asia y navega en ese buque casi hasta el Cabo de Hornos. Llega al puerto más austral del planeta, cruza el Estrecho de Magallanes y arriba a Puerto Montt para tomar un tren y terminar el viaje en la fría Temuco donde sufre la no menos fría recepción de la familia de su marido y la cicatera hospitalidad. No necesita mucho dominio del idioma ni demasiada sagacidad para notar entre esa gente el poco entusiasmo por la llegada de un joven sin oficio, sin recursos ni ahorros, sin expectativas económicas, poeta más encima, pero acompañado de una mujer sana, fuerte, de buen apetito, y, por si fuera poco, una extranjera que ni siquiera domina el castellano.

La pareja pronto parte a la capital, a Santiago. Neruda se reincorpora enseguida a su ambiente que no ha variado mucho desde su partida a hacerse cargo del consulado. María Antonieta Hagenaar recién llegada a Chile desde las antípodas o poco menos, luego de la breve estancia en Temuco, también viaja a Santiago con su marido y ya sabemos que no es bien acogida por los amigos. Hay una excepción: un ser único llamado María Luisa Bombal, quien se limita a ver en Maruca a una "mujer alta y silenciosa, poco aficionada a las noches de bohemia".

Se destaca en el medio intelectual santiaguino María Luisa Bombal. El poeta la admira por su inteligencia; pronto va a nacer entre Pablo, Maruca y María Luisa una gran amistad. María Luisa forma parte de un selecto conjunto integrado también por sus hermanas, las mellizas Loreto y Blanca, por Pila Subercaseaux, por Gigi y Valérie López Edwards. Estas mujeres son elegantes, curiosas, amigas de los escritores e intelectuales; una de ellas, Valérie, llegará a ser la discreta esposa del escritor Manuel Rojas.

A María Luisa, Neruda le pone cariñosos apodos: "Madame Merimée", porque en La Sorbona se tituló con una tesis sobre dicho autor al terminar sus estudios de literatura francesa; la "Mangosta", en recuerdo de ese animalito regalón que tuvo en Java, o la "María Piojo", en esa forma muy chilena de llamar "piojo" o "piojito" a los niños muy queridos; también la llama "abeja de fuego". Al presentársela a Juvencio Valle, le advierte que es una princesa elegante y graciosa, sobre todo graciosa, además, "la única mujer con la que se puede hablar seriamente de literatura".

Los juicios sobre Maruca, en cambio, suelen coincidir en una suerte de impiedad irradiante. "Una holandesa alta, anodina, sin mayores gracias. Jamás lo acompañaba a las reuniones", dice el pintor Pedro Olmos quien realizó las dieciséis láminas de composiciones fotográficas y el dibujo para la segunda edición de España en el Corazón, publicada por Ercilla en 1938 (en realidad la primera conocida, pues de la realizada en España por Manolo Altolaguirre sólo se conserva un ejemplar en la Biblioteca de Washington). La poetisa Sara Vial, muy joven y bella, no fue testigo, pero se hace eco de esas apreciaciones y afirma:

"La pobre Maruca es un sargento más grande que él. En un país de mujeres graciosas y menudas (sic) como el nuestro, daba susto. Pobrecita. Sin embargo, Pablo la quiso mucho".

Es el escritor Diego Muñoz quien da de ella una más honda semblanza humana:

"Era un ser extraño, hermético, con quien no se podía conversar sino en inglés. Aquella mujer hizo todo cuanto pudo por distanciar a Pablo de sus amigos. El único a quien toleró fui yo, probablemente gracias a la simpatía que tuvo por mi amiga de entonces".

Cuenta Diego una escena conmovedora por sugerir la soledad e indefensión de aquella mujer: dice haber acompañado a Pablo, luego de haber trasnochado bastante, hasta la puerta del edificio donde vivía, frente al Congreso. Ya eran las tres de la madrugada, y en el tercer piso, en el balcón, allí estaba asomada Maruca: "Seguramente esperaba ahí desde tempranas horas".

El propio Pablo no es muy misericordioso. Lo veremos cuando llegue a España y vaya a ver a su amigo Rafael Alberti, entonces le dirá: "Allá abajo está mi mujer, te la voy a presentar. Es casi una giganta".

En ese tiempo, María Luisa Bombal amaba desesperadamente, sin ser correspondida, a Eulogio Sánchez Errázuriz, el comandante de las Milicias Republicanas, organización paramilitar anticomunista, integrada por destacados personajes de la oligarquía criolla, la cual contaba con la anuencia del presidente Arturo Alessandri.

María Luisa comprendió que Eulogio no se separaría de su esposa. Su pena de amor la llevó a un intento de suicidio. Pero ella contó en esas horas de desdicha con la comprensión y afecto de Pablo y Maruca. La quieren mucho, la comprenden en su sufrimiento, pero tienen que irse, porque él ha sido designado cónsul en Buenos Aires. Entonces la invitan a reunirse con ellos, a vivir juntos y compartir una nueva experiencia.

Maruca y Pablo parten a Buenos Aires en agosto de 1933. Al mes siguiente, se les reúne María Luisa Bombal. El matrimonio recibe con cariño a esta víctima del amor trágico. Ni ellos ni nadie calcula aún la medida de esta fijación de ella por un hombre que no la ama. Ese empecinamiento del alma afectará algo más que su propia vida, pues años después intentará asesinarle de un balazo, dejándolo mal herido; sólo las declaraciones de él eximiéndola de culpa, la salvarán de la prisión.

Por cierto, los dos años vividos junto a los Neruda fueron también para María Luisa una escuela del conocimiento humano, en especial de la complejidad psicológica femenina, pues se encontró en un ambiente diverso donde las mujeres eran más abiertas y directas para actuar y decirse. También allí pudo advertir las desdichas de la desavenencia de la pareja, las frustraciones, la soledad de a dos y toda una serie de dolorosos sentimientos que enseguida iba recreando en su novela y que le serviría para su obra siguiente. No olvidemos que lo más importante de cuanto escribió en su vida, María Luisa lo fraguó en esa etapa de Buenos Aires. Allí siguió viviendo después que partieron a España los Neruda.

Volviendo al hogar nerudiano, Pablo y Maruca se empeñaron en disimular las discrepancias y éstas no se traslucían en el ámbito diplomático. Es así como en opinión de don Sócrates Aguirre, jefe consular de Neruda en esa ciudad, hacían bien buena pareja, muy metida en la tertulia bonaerense. Don Sócrates, padre de una niña llamada Margarita, la que con el tiempo habría de ser secretaria y biógrafa de Neruda, descubrió su gusto por los disfraces y le pidió al poeta transformarse en viejo pascuero en una navidad.

La bullente Buenos Aires es en aquellos años la verdadera capital cultural de nuestra América y Maruca advierte cómo su marido recibe allí el reconocimiento que le da categoría de poeta universal.

El testimonio de María Flora Yáñez de su viaje a Buenos Aires en aquellos días es de extraordinaria riqueza. Allí es recibida por el cónsul Neruda, quien ofrece un cóctel en su honor.

María Flora Yáñez nos presenta aquel martes 3 de octubre de 1933, en Buenos Aires, a más de Maruca a María Luisa Bombal, "joven actriz chilena", quienes en el consulado ofrecían y hacían los honores: tal es el grado de amistad que Maruca y María Luisa, como hermanas, comparten el rango de anfitriona. De paso, nos deja la crónica viva de lo que fue el encuentro de García Lorca con Neruda en la histórica comida del PEN Club, el sábado 28 de octubre de 1933. Entre otros, asistieron el uruguayo Enrique Amorim, Fernández Moreno, Conrado Nalé Roxlo, Ramaugé, Oliverio Girondo, la rubia Rojas Paz, Norah Lange, González Carvalho... El poeta Amado Villar presentó a García Lorca y a Neruda y de este último dijo: " Es, junto a Rubén Darío, a García Lorca y a Huidobro, uno de los grandes creadores del lenguaje español". Del célebre discurso al alimón, María Flora consigna: "Rubén" murmuró para concluir García Lorca con voz vibrante. "Darío" terminó Neruda con acento pensativo.

Pero, como sabemos, los Neruda no permanecerán en Buenos Aires y partirán a España en 1934. Ansiedad, temor y alegría ante el nacimiento de su criatura, le darán a Maruca ánimos para enfrentar un nuevo arribo a otro mundo extraño: habrá de irse a Madrid donde su marido sucederá a Gabriela Mistral en el consulado.

Maruca ha parido una hija y le gusta el nombre elegido por el padre: Malva Marina. Es dable imaginar con qué espanto escucha al médico cuando le explica que la criatura tiene un defecto congénito. A ese golpe se suma el sufrimiento de su marido ante la constatación de que la hija no tiene remedio. Se agudizan todas las desavenencias, son inevitables los rencores, las sospechas, las suposiciones estériles y corrosivas. El odio. Ella no quisiera entender ni una palabra de castellano para no percatarse de su pregunta desesperada del hombre: ¿Por qué me tenía que pasar esto a mí? ¿Por qué? ¿Qué hice ... ? Agobiado, él escribe un poema tremendo. En "Maternidad" se percibe no sólo que para él no hay consuelo, sino también una reconvención amarga:



Por otra parte, no hay en la lengua castellana poema de la paternidad herida sin remedio ni de tan desgarradora ternura como "Enfermedades en mi casa"; allí el poeta pregunta:

pero a quién pedir piedad por un grano de trigo?

Ese pequeñito grano herido lo hace desnudar su dolor y exclamar:



Como Maruca no escribe, al carecer de su testimonio, apenas podemos avizorar la medida de su sufrimiento. Un "nerudólogo" repitió lo dicho por Emir Rodríguez Monegal sobre la única alusión a María Antonieta que habría hecho Neruda en el verso "Por qué me casé en Batavia", de Estravagario, y ha sido citado una y otra vez; pero no se recuerda la "Oda a Federico García Lorca"; en este poema hay una estrofa que comienza:

Si pudiera llenar de hollín las alcaldías
y, sollozando, derribar relojes
sería para ver cuando a tu cara
llega el verano con los labios rotos (...)



Y más adelante prosigue, fundiendo la evocación de la estancia en Buenos Aires y la residencia en Madrid:

llego yo con Oliverio, Norah,
Vicente Aleixandre, Delia,
Maruca, Malva Marina,
María Luisa y Larco, (...)

El poeta reúne en estos versos a los objetos de su afecto borrando las fronteras de tiempo y espacio. Además, allí queda la evidencia tangible de que en Buenos Aires ejerció su oficio de casamentero y contribuyó a la absurda determinación de María Luisa para unirse en matrimonio blanco con Jorge Larco, un artista que sólo podría ser un amigo, pero nunca su verdadero esposo. De esa unión queda una imagen gráfica, pues él ilustrará la primera edición de su primer libro.

Acudimos donde doña Lila Bianchi Gundián, prima hermana de María Flora y de Pilo Yáñez, conocido en la literatura como Juan Emar, aún no tanto como se lo mereciera, quien con mucha gracia nos entregó su testimonio:

"Pilo era lo más feo que se pueda imaginar, cómo sería que lo llamábamos "el hipopótamo con sueño", sin embargo, las mujeres se volvían locas por él. Tenía una verba seductora. Fue uno de los grandes amigos de Pablo Neruda, como mi segundo marido, Luis Cuevas Mackenna, llamado "el Paico" por Neruda, y mi hermano Víctor, quienes de algún modo arriesgaron la vida para protegerlo en la clandestinidad y luego ayudarlo a fugarse del país cuando era perseguido por orden del gobierno de Gabriel González. Ellos se coordinaron con Alvaro Jara, a cargo de la seguridad de Pablo. Compenetrado de la iniciativa de Neruda, Pilo puso su fundo a disposición de gente que venía en el "Winnipeg" (este fundo es el escenario de la novela Paraíso, de Elena Castedo)".

Lila recuerda con nitidez un momento bien especial en esa amistad, pero antes de proseguir, nos muestra un óleo. Es el autorretrato de María Tupper y ocupa lugar destacado en su pieza. Resaltan los grandes ojos inquisitivos de la pintora:

"Maruca Hagenaar vivía donde mi prima, la pintora María Tupper. Nuestra bisabuela era Isidora Zegers y estoy muy orgullosa de ella, porque fue fundadora del Conservatorio Nacional de Música; se casó dos veces, primero con Tupper, que lo mataron en la batalla de Lircay, y después con Huneeus. Mi papá, Ernesto Bianchi, fue ministro de la Corte, un hombre cultísimo, muy amplio de criterio, fue primo hermano de los Tupper Huneeus, los padres de María. Fuimos tan amigas: nos aveníamos, siempre estábamos leyendo el mismo libro. Ella se comunicaba con los espíritus y en su casa las mesas estaban bailando todo el tiempo, las lámparas se encendían sólo cuando se les antojaba, las puertas se abrían cuando querían. Los espíritus lo gobernaban todo. Tenía una casa inmensa, muy antigua, en la calle Rosas, con muchas piezas. Los dormitorios estaban en el segundo patio y tenían puertas con tragaluces siempre abiertos".

¿María Antonieta alojó en casa de María Tupper?

"Sí, pero a la María no le caía bien la Maruca, porque siempre hablaba de lo mismo: de su pobreza, de su abandono, soledad y mala suerte. Neruda le pasaba una mesada, pero ella era muy quejosa. Al fin, mi prima se decidió a hablar con ella y le dijo: "Apúrate para buscar dónde irte"... Pero antes, hube de hacer una diligencia. Pablo me llamó para hablar conmigo. Yo no conocía a Matilde, pero ella me recibió muy atenta. Luego llegó Pablo, quien fue directo al grano: "Tú conoces a la Maruca. Por favor, anda donde ella y dile que no puedo acceder a su pedido: dice que me da la nulidad, pero me pide un millón de pesos a cambio, y yo no los tengo. Podríamos llegar a un acuerdo, pero por menos". Fui a hablar con Maruca y fue tajante: "Pablo no tendrá jamás la nulidad si no me da el millón de pesos. Que me la pague". Le respondí:

"Encuentro muy raro su pensamiento: si una se casa, es porque quiere y, por lo general, los matrimonios tienen feliz comienzo, pero pasa el tiempo y pueden fallar. Debe darse la nulidad si el otro la pide. No pueden hacerse pagar las horas felices" Pero ella me contestó con dureza: "Yo he sufrido demasiado". Le pregunté: "Pero, ¿pasó horas felices?." "Sí", reconoció. "Bueno", le dije: "Fueron felices mientras estuvieron enamorados. Es mayor el sufrimiento en el ser que ya no ama y permanece al lado. Y no puede hacerse pagar las horas de amor que pasaron juntos..." Respondió: "Es inútil. Pensamos muy distinto. Yo no transijo". "Siento tanto no haber podido hacer nada. Y la que más va a sufrir va a ser usted. No le digo hasta pronto, porque no deseo verla otra vez," dije por último. Me acompañó hasta la puerta y por primera vez tuvo un amago de sonrisa: haciendo ver que ella era muy alta y yo, tan pequeña, dijo:

"Ya ve, en todo somos distintas". Sentí que Maruca no era normal en nada. No se trataba de que no entendiera, pues hablaba el castellano perfectamente".

A todo esto, doña María Tupper estaba medio atacada con Maruca Hagenaar y de ello nos entrega vivo testimonio su hija, la dramaturga y novelista Isidora Aguirre:

"La casa de mi mamá estaba habitada por los espíritus y las puertas se abrían y cerraban cuando querían. Allí estuvo viviendo Maruca. Para colmo, mi mamá llegó a tenerle recelo, pues le parecía que ella emanaba fuerzas negativas capaces de echar a perder el califont e influir en el desencadenan- de otros estragos. Tú sabes, en un país como Chile, siempre se ha tenido cuidado en economizar la luz eléctrica. Para mí mamá era un misterio que en el cuarto de Maruca siempre estuviese la luz encendida hasta pasada la medianoche. Una vez, ya eran más de las dos de la mañana y su antigua empleada decidió poner una escala de mano y mirar por el tragaluz, a ver qué pasaba. Desde la altura no podía verle la cara a Maruca. A mi mamá le costó creer cuando su empleada bajó muda. Hasta que pudo decirle con espanto: "Señora, está comiendo pan, habla sola y tiene tres sombreros puestos..."

Esta es la última imagen recordada de Maruca Hagenaar: su cabeza sumida entre una nube de velitos desgarrados, apolillados fieltros, plumas rotas, chafados terciopelos; una boca hablando a la nada, mientras come pan ...


Fuente: "Cuadernos", Fundación Pablo Neruda, Año VIII, Número 31, 1997, pp. 53-61
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MensajePublicado: Vie Oct 15, 2004 08:17    Asunto: Responder citando



Pablo Neruda en Batavia, el día de su boda.

Delia del Carril, a quien conoce en 1934, el mismo año en que nace Malva Marina, en casa de Morla Lynch. Neruda se separa de Maruca en 1936. Probablemente ahora entendamos por qué se puso tres sombreros.


Morla Lynch...


Macías ha utilizado como fuente el diario del embajador Carlos Morla Lynch, que es acusado por distintos autores (Jorge Edwards, p.e.) de no ayudar a Miguel Hernández y de tener una postura defensora del régimen nazi. De los documentos se deduce que Morla no era nazi y era partidario de ayudar a las personas necesitadas de ayuda en los dos bandos contendientes.

La versión según la cual Morla Lynch habría negado el asilo al poeta español aparece inclusive en Confieso que he vivido: "Miguel Hernández buscó refugio en la embajada de Chile, que durante la guerra había prestado asilo a la enorme cantidad de cuatro mil franquistas. El embajador de entonces, Carlos Morla Lynch le negó el asilo al gran poeta, aun cuando se decía su amigo. Pocos después lo detuvieron, lo encarcelaron. Murió de tuberculosis en su calabozo, tres años más tarde. El ruiseñor no soportó el cautiverio".
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MensajePublicado: Dom Oct 17, 2004 05:37    Asunto: Responder citando

http://www.pedisurg.com/SpanishPediSurg/sp-hidrocefalia.htm
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MensajePublicado: Mie Oct 20, 2004 10:42    Asunto: Responder citando

A quienes creen que Pablo Neruda es el poeta más importante de Chile, a quienes ven en él un elefante que marca, con su patita, el compás de los poetas chilenos, Dios los guarde.
Neruda tiene sin duda un lugar de privilegio en la historia cultural chilena y latinoamericana, pero, ya sea por razones literarias, políticas o puramente personales, para muchos es un personaje irritante y aun despreciable. "Gallipavo senil y cogotero", lo llamó el poeta Pablo de Rokha, su detractor vitalicio. De "gran mal poeta" lo trató Juan Ramón Jimenez.
Y Vicente Huidobro sentenció su obra como "la poesía especial para todas las tontas de América". Huidobro acuñó también el curioso y ladino apodo con que los antinerudianos conocen al autor de Crepusculario: el Bacalao.

Curiosamente, o quizás no tanto, en la miríada de retratos que se han hecho del poeta suele estar ausente ese pez escurridizo, oscuro y abismal que fue Neruda en más de un aspecto. Este reverso de la medalla, menos grato que el del poeta coleccionista y enamorado, resulta imprescindible sin embargo para el conocimiento cabal de uno de los grandes hitos de la poesía latinoamericana.


Este libro recoge textos antinerudianos en dos sentidos: textos contra Neruda propiamente tales, y textos que muestran diversas facetas de ese Antineruda desconocido o históricamente soslayado, muy diferente del vate fotocopiado que vive ahora en Isla Negra

............................Extracto de la contraportada de este libro:

http://www.camlibro.cl/catalogo/ficha_libro.asp?id=3564
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MensajePublicado: Mar Oct 26, 2004 18:23    Asunto: Responder citando

Cuesta creerlo pero no hay por qué dudarlo. A mí es que no se me va de la cabeza.
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MensajePublicado: Vie Dic 24, 2004 04:45    Asunto: Responder citando

Para quien sostiene que la vida privada de un autor no le hace ni mejor ni peor poeta -cosa que por otra parte no se juzga en este foro- recuerdo una vez más la breve explicación sobre el papel de la biografía en los estudios literarios y según presupuestos de Víctor Manuel Aguiar

Al estudioso de la teoría de la literatura, la biografía puede aportarle tres ángulos distintos desde los cuales analizar la literatura y el literato. Primero, el más importante para la investigación literaria, la biografía puede aportar detalles que ayuden a la comprensión profunda de una obra poética; después, en un nivel más sociológico que literario, la biografía puede arrojar datos importantes a la hora de estudiar al artista en cuanto a personalidad genial; por último, y aquí es donde biografía y psicología interactúan, la biografía de un autor puede ser uno de los aspectos que nos brinden información práctica sobre el estudio psicológico del poeta y de su creación poética.

Pero la biografía literaria plantea dos preguntas fundamentales: ¿Hasta qué punto una obra literaria ofrece datos biográficos de su autor? ¿Hasta qué punto la biografía de un autor puede ayudarnos a comprender su obra?

Para responder a estas preguntas, no podemos pasar por alto que no disponemos del mismo número de datos biográficos para estudiar a los autores antiguos que a los contemporáneos. De los primeros, en algunos casos desconocemos por completo sus trayectorias vitales, llegando incluso al hecho de que algunos críticos llegan a poner en tela de juicio la existencia real de algunos autores, como Homero o Shakespeare. En otros casos, como el de Gonzalo de Berceo, sólo conocemos de sus vidas lo que se desprende de pequeños documentos legales. Y en otros casos, como el del Arcipreste de Hita, el autor inserta en su obra pequeños datos aparentemente autobiográficos que, por incomprobables, muchos críticos acaban por tomarlos como meros recursos literarios que convierten el dato en metáfora. No obstante, algunos biógrafos se atreven a lanzar conclusiones en base a estudios anímicos preponderantes en las obras de ciertos autores, obviando, por ejemplo, que no hay por qué ser una persona trágica para escribir tragedias. Pero otra cosa muy distinta es el caso de los poetas, pues estos, al escribir desde el Yo y desde los sentimientos de ese Yo, vierten en sus versos la biografía de su sentimiento, que evolucionará paralelamente a su vida interior, siempre en función de los avatares de su vida exterior. Motivos e imágenes, fuentes ye incluso fines, por no hablar ya de temas, están en la obra de un poeta lírico siempre fundamentados en una realidad de la que el poeta bebe para cumplir el milagro de la mímesis aristotélica que fundamenta el arte literario.

Puesto que con el transcurrir del tiempo los autores han ido tomando conciencia de serlo y, por tanto, hablan más de sí mismos, el estudio biográfico de los autores modernos es más sencillo, ya que nos permite generalizar dividiéndolos en dos categorías diametralmente contrapuestas: el poeta objetivo, en el cual el arte prevalece sobre la personalidad, y el poeta subjetivo, en el que la personalidad se manifiesta a través del arte. Pero sólo una extralimitación del género biográfico permitiría tomar como reales los aparentemente claros datos biográficos que haya en la obra de un autor, pues el carácter connotativo que le es inherente al lenguaje literario está muy lejos de la mera transcripción de sentimientos y vivencias; la obra de un autor puede haber sido inspirada por una ensoñación sin más objeto que la evasión de la realidad, o como máscara catártica de un anti yo e incluso como proyección de un alter ego, por lo cual el biógrafo está obligado en su trabajo a una escrupulosidad científica que no dista de la que le es exigida al historiador.

La biografía puede ayudar a explicar, por alusiones y referencias, la evolución, madurez y posible decadencia del arte de un autor, ofreciéndonos, por ejemplo, información sobre las lecturas que el autor realizó en vida, o comentarios sobre determinados temas que el autor hizo a otros literatos, pero es sumamente peligroso atribuirle una importancia crítica a estos factores porque, si no hay pruebas, todo puede ser falso y destinado a fines que nada tienen que ver con el estudio profundo de una obra y su autor.........................

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Nada de lo concerniente a un autor en concreto es desdañable si eso ayuda, aunque sea en un ápice, a leer con sentido crítico a un autor. El soneto titulado La Niña de Madera ha pasado, por ejemplo, a ser totalmente transparente. La hondura de la verdad en la expresión escrita sobre el sentimiento en este autor,a lo largo y ancho de toda su obra lírica, ahora pasa por el peso del hecho sacado a la luz en este foro. La literatura también está muy manipulada. De hecho hay poetas de profundo sentido crítico, como Juan Ramón Jiménez, que dijeron en alguna ocasión palabras poco propicias para la obra de Neruda. Por algo será, aunque claro, esto no quiere decir nada. Det odos modos, las consecuencias del abandono de tu única hija, una niña enferma, en la Europa nazi, para un alma sensible como la de Neruda, deben de haber condicionado mucho el sentimiento de la vida interior del propio poeta, que no olvidemos, trabaja sus versos desde la expresión de su propio sentimiento.
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