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Acuñar moneda propia costó un Potosí



 
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thehealer
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Registrado: 03 Abr 2004
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MensajePublicado: Vie Dic 31, 2004 00:17    Asunto: Acuñar moneda propia costó un Potosí Responder citando

Cuando estudiamos Historia, en el colegio, casi nunca nos enseñan algo clave: la historia de la guita. Nuestra guita.

Empecemos por algún sitio. Las primeras cecas establecidas en América fueron posteriores a la conquista y colonización hispanoportugesa: desde 1536 (año en que se estableció la de Ciudad de México) se fueron creando distintas Casas de Moneda. La de la Villa Imperial de Potosí, establecida en 1574 y con una historia vinculada a la explotación de las minas de metales preciosos de la región, fue la proveedora de metal amonedado para el cono sur de América en tiempos de la Colonia y la última que continuó acuñando moneda en nombre de Fernando VII hasta la tardía fecha de ¡1825!.

La moneda era escasa en tiempos de la Colonia. Las autoridades locales, para permitir a los súbditos otro tipo de comercio diferente del trueque, toleraron la circulación de unos rudimentarios tejos de plata cuya ley fue mermando con el tiempo: los llamados 'pesos corrientes' (ahora quienes lo ignoraban ya saben de dónde salió nuestro tradicional signo monetario, también conocido por 'mango', 'sope', 'tela', 'plata', 'guita' o sencillamente "dólar sudamericano" o 'Moneda Sólida del Arrabal del Mundo' Mr. Green ).
En realidad esta moneda de plata al cincuenta por ciento era muy útil para eludir el quinto real (impuesto un tanto elevado, por cierto) y abonar salarios a los trabajadores más pobres, que por una de esas casualidades eran casi todos amerindios. Como para querer trabajar, uno: figúrese el alepho que por ejemplo, era amerindio (acaso lo sea) y, siendo el sistema monetario respaldado en el mismo oro y plata que pesaban los cospeles sellados por los Agentes del Rey, le tocaba el servicio de la mita en la mina de Potosí. Bien, te pagaban con tejos de plata al cincuenta por ciento, que vaya uno a saber si ese cincuenta por ciento era realmente plata, ante la complicidad de casi todas las autoridades. Como cualquier pelafustán bien lo sabe, nuestros antepasados de la Colonia falsificaban y contrabandeaban para no morir de hambre gracias a la extraña política económica susceptible de ser resumida en "mandadnos oro, plata, y todo cuanto esté bueno menos las indias y las negras, y quedáos con ellas, los espejitos y todo lo demás". Por eso, nunca se amonedaba gran cantidad de piezas de cobre u otros metales viles: "la pela es la pela", y los impuestos se pagan en oro y plata, damas y caballeros.

Los tipos de moneda se fijaban en España (bueno, hasta el color y diseño de los calzoncillos se fijaba cada vez que era posible por el gobierno central en España, cuando no perdían una guerra con los ingleses u holandeses y daban a terceros en concesión el comercio con sus súbditos Anxious ). Estos tipos de moneda eran uniformes para las distintas cecas americanas, de modo que la única diferencia entre las circulantes era la marca de cada casa acuñadora y de los Oficiales responsables de los correctos diseño de la moneda patrón y peso del metal amonedado. Hasta 1778 se acuñaban únicamente monedas de plata: de 8 reales (un peso o patacón), que tenía 27 gramos de plata; de 4 reales (tostón); de 2 reales (peseta), de 1 real, ½ real y ¼ real. El mayor valor acuñado en oro era la pieza de 8 "escudos" denominada 'onza', la serie se completaba con 4, 2 y 1 escudos. La relación entre el oro y la plata era de un escudo equivalente a dos pesos (dieciseis reales).

Las variedades de moneda eran 1) las circulares 'con cordoncillo' (ideadas para preservar la integridad física de las piezas circulantes: recuérdese que eran de metales preciosos y hubo quienes limaban los cantos para obtener oro y plata), con canto labrado, leyendas, signos, estrías, ya fueran las llamadas 'de busto'(con la imagen del monarca gallego de turno disfrazado de emperador romano, lo que en vivo y en directo hubiera estado muy pero muy gracioso poder contemplar) o 'columnarias' (con el escudo español y la leyenda 'Plus Ultra' bajo las columnas de estilo, hermosas monedas que de tanto en tanto uno encuentra en la vidriera de algún anticuario), y también 2) circulares 'sin cordoncillo' y 'macuquinas', que se cortaban y batían a martillazos, siendo de fácil adulteración, por lo que se intentó preservar las finanzas y la economía retirándolas de la circulación por una Real Orden de fines del siglo XVIII. Pero las dificultades originadas en la falta de numerario permitieron que en los hechos siguieran en curso legal siempre. Lo habitual con las Reales Órdenes para América que, cuando no eran desobedecidas por ser meras expresiones (inocentes o hipócritas) de buenos deseos contradictorias con el interés de los poderosos de la región, solían ser normas de las que nadie hacía el menor caso por inaplicables de aqueste lado de la Mar Océano.

La acuñación del segundo tipo de estas monedas se realizaba fundiendo el metal en las proporciones de ley para confeccionar cilindros que se cortaban en discos o cospeles de peso apropiado y uniforme sobre los que el acuñador imprimía cara y ceca a mazazos. Salían unas monedas asquerosas, de forma irregular y diseño deforme y difícilmente reconocible. Algunos súbditos, refinados estetas del Alto Perú, horrorizados ante semejantes mamarrachos, las bautizaron "makkaikuna", que en quechua significa algo así como "golpeadas, aporreadas". Un modo elegante de aludirlas irónicamente, sin decir "esas monedas de m..." u otras expresiones malsonantes. De ahí lo de 'macuquinas'.

La Casa de Moneda de la Villa Imperial de Potosí era la que surtía de moneda al Virreinato del Río de la Plata (www.virreynato.com.ar Twisted Evil , established in 1778 by Carolvs III, el señor ese del frontis de la Puerta de Alcalá y único monarca realmente hábil de la desafortunada serie de nabos peninsulares que se sucedieron entre 1492 y 1810, que podríamos entonces calificar como el 'inventor' de la República Argentina). Tras el inicio de las operaciones militares en 1810, Potosí pasó de mano de los realistas a los independentistas y viceversa varias veces. Cada bando que retenía por un tiempito a la estratégica ciudad ocupada por sus tropas se apresuraba a recoger metales preciosos, diseñar moldes y acuñar moneda para sus autoridades.

Cuando el Dr. Manuel Belgrano, comandando el Ejército Auxiliar del Norte, tras avanzar luego de la victoria de Salta tomó Potosí en mayo de 1813, ocupación que consiguió mantener hasta fines de noviembre, se encontró con una ciudad que había sido evacuada por los realistas un par de meses antes mediante un proceder análogo al que él mismo empleó al 'hacer el vacío' a distintos contraataques iniciados por los realistas desde el altiplano: destruyendo en la retirada todo tipo de material de valor militar o político como ser insumos alimenticios, reservas de minerales, maquinaria, libros y documentos oficiales.
La Asamblea General Constituyente, a iniciativa del Diputado Agrelo, ordenó al Jefe del Ejército del Norte restaurar la maquinaria de la ceca para acuñar moneda reemplazando en los troqueles el escudo español y el busto de Fernando VII por el sello de la Asamblea y el sol de Mayo.
Casi todos los agentes oficiales de la Casa de Moneda habían huido al abandonar uno de los dos Ejércitos oficiales del Rey de España en América (ambos bandos pretendían al principio de la contienda y hasta muy avanzada la misma combatir 'en nombre de Su Majestad Fernando VII', monarca que pasó mucho tiempo prisionero en Francia y no podía por el momento dar a sus súbditos opinión alguna respecto de esta devota esquizofrenia Rolling Eyes ), porque el expediente para los funcionarios públicos que tenían la mala idea de oponerse a la Revolución era el destierro, el confinamiento, la cárcel o un simpático fusilamiento, a diferencia de lo que ocurría con los partidarios de la independencia que caían en manos de los realistas, que por el contrario eran desterrados, confinados, encarcelados o simpáticamente fusilados.
Así que don Manuel, doctor de Salamanca y ex funcionario colonial de prestigio, amigo personal de Jovellanos, improvisado general a fin de que no molestara con su poderosa cultura a los rosqueros políticos de virreinatopuntocom (gente ducha en maniobras inmorales de todo tipo gracias a su aquilatada experiencia previa en la ahora 'odiada' administración colonial), tomándose muy en serio su deber como siempre hacía, se apresuró, tras ascender a oficiales subalternos de la ceca a talladores y ensayadores de cospeles ad hoc, a hacer acuñar las primeras monedas de las Provincias Unidas del Río de la Plata (uno de los varios nombres oficiales que, conforme el artículo 35 de la Constitución federal, conserva indistintamente aún nuestro querido país).

Fueron unos discos redondos, "con cordoncillo", que en el anverso llevan efectivamente el sello de la Asamblea del año 1813, o sea el todavía hoy escudo argentino. En el reverso lucen un sol radiante, el mismísimo Tata Inti en persona, tantas veces repetido en la numismática rioplatense, con la inscripción "Provincias del Río de la Plata". Para vuestra ilustración, véanse las actuales monedas argentinas de un peso ($1) que homenajean a esa legendaria hazaña crematística de uno de nuestros mayores héroes patrios. Importante: hay una serie de estas monedas en réplica, conmemorativa emitida en 1913, que entre los rayos solares tiene esparcido el diminuto texto "Centenario 1913". Prosigo: se acuñaron monedas de oro de 1, 2, y 8 escudos u onzas (no se conoce un ejemplar probatorio de que se hayan acuñado monedas de cuatro escudos) y de plata de ½, 1, 2, 4 y 8 reales o pesos.
Derrotado por los realistas campo afuera, don Manuel debió levantar campamento a las corridas, demorándose apenas los días necesarios como para llevarse de Potosí rumbo al sur la mayor parte de la emisión, tan necesaria en territorio propio. Belgrano no tuvo éxito en el intento de hacer volar por los aires el edificio de la ceca durante la retirada, pero muchas de las oficinas de la Casa de Moneda fueron nuevamente destruidas, ahora con el propósito de impedir a los realistas servirse inmediatamente de la ceca, cosa que éstos pudieron hacer recién más un mes después, a la vez que emitían un bando en que se mandaba dentro de tercer día (en la Villa) o de los tres meses (en los alrededores) recoger toda la moneda sellada para las Provincias del Río de la Plata y cambiarla por la que llevaba el busto del Rey.

En 1815, otro contraataque del Ejército del Norte al mando del general José Rondeau (un ex estudiante de Teología de Montevideo) puso a sus tropas nuevamente en transitoria posesión de la ceca, circunstancia aprovechada por los independentistas para acuñar a toda prisa una segunda serie completa de las monedas de plata, o sea aquellos primeros pesos argentinos de 1813. Los tiempos políticos eran otros, a Fernandito ya lo queríamos menos, muchos independentistas eran republicanos (con lo que eso implicaba durante el siglo XIX) y para eliminar de la nomenclatura monetaria la palabra "real" se rebautizó a la moneda de plata, el peso, como "sol". Las monedas de 1815 son de menor calidad que las de 1813, inclusive su plata -obtenida con mucha dificultad- es de más baja ley.
La retirada de las tropas a raíz de la derrota de Sipe-Sipe dejó la ciudad en manos realistas hasta el fin de la guerra en 1825.

En cuanto tenga un poco de tiempo, ya en enero de 2005, seguiré con esta especie de burdo y anacrónico informe monetario, porque las Provincias argentinas, en especial Córdoba, La Rioja y Buenos Aires, emitieron moneda a rolete en el siglo XIX. Y de paso, pongo lo que falta (si no me ganan de mano): algunos enlaces de interés.
Mientras tanto, para que se entretengan, el sitio de la Casa de Moneda de Potosí: Arrow http://www.bolivian.com/cnm/
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thehealer
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MensajePublicado: Sab Ene 01, 2005 19:10    Asunto: La Docta acuña Responder citando

[Arrow Una excelente web sobre este tema es http://www.todo-argentina.net/historia/hist_moneda/ ]

Ya casi totalmente libres de Fernandito, la persistente escasez de numerario llevó a las Provincias argentinas a acuñar durante el caótico período 1820-1823 moneda macuquina, sirviéndose de cecas improvisadas.

Así lo hicieron Tucumán, La Rioja, Santiago del Estero y Mendoza. Como siempre ocurría con las macuquinas, una serie de falsificaciones de esta moneda -generalmente de buena ley pese a estar burdamente acuñada- desprestigió completamente a este numerario, y tuvieron que retirarlo de la circulación.

No era necesario ser extremadamente hábil para falsificar exitosamente una macuquina; era un problema que venía del tiempo de la Colonia y sólo fue resuelto por la generalización de la moneda de metales viles y el papel moneda y unos más severos controles estatales.

Algunos Estados argentinos de mayores recursos, como Córdoba y Buenos Aires, decidieron acuñar moneda con tipos propios y mayores condiciones de seguridad. La provincia mediterránea emitió una famosa serie entre 1838 y 1843, en medio de dificultades de todo tipo y sirviéndose de concesionarios particulares, lo que dio a sus emisiones un carácter un tanto carnavalesco -o 'cuartetero', si prefieren un anacrónico toque de color local Wink - por su notoria falta de uniformidad en tipo, peso y ley. Estos últimos inconvenientes se superaron desde 1844, año en que fue creada la Casa de Moneda de Córdoba, la primera oficial en territorio argentino, cuyos cuños y demás herramientas de amonedar fueron en su mayoría provistos por medio de la expropiación de maquinarias de particulares. Una parte de las maquinarias procedía sin embargo de compras de maquinarias en desuso efectuadas en Buenos Aires y Montevideo. Con esas maquinarias de segunda y tercera mano, gastadas y defectuosas pero bajo control estatal, se amonedaron piezas de 4, 2, 1 y 1/2 reales de entre 1844 y 1851. La ceca amonedó plata, con el tradicional torreón del escudo cordobés en su cara y en la ceca un sol. El sol del reverso no siempre fue el tradicional de los emblemas argentinos, pareciéndose muchas veces a una 'estrella federal'.

En 1850 el ingeniero de la Casa de Moneda, especializado en este tipo de trabajos, Jean Roqué, solicitó y obtuvo autorización al Gobierno cordobés para comprar en París nuevas herramientas para la ceca, tarea que haría personalmente en base a sus conocimientos en la materia. En pago se le permitió introducir en Córdoba otras mercaderías sin abonar derechos de aduana.

Se estipuló que el ingeniero Roqué debía traer a Córdoba un volante para sellar toda clase de monedas, una máquina de cortar cospeles, otra de acordonar, dos cilindros para estirar metales, rieleras, punzones, troqueles y crisoles. En los primeros meses de 1852, todos esos efectos se introdujeron por Buenos Aires y se entregaron al Gobierno provincial cordobés. Desde entonces y hasta 1854 se acuñaron monedas de 8, 4, 2, ½ , ¼ reales.
Una parte de los cuños empleados en esa etapa fueron confeccionados en Francia como parte del encargo de Roqué, y otra fue preparada por el diseñador de La Rioja José Barros Quintero.

La secesión bonaerense, entre tanto (Buenos Aires, que entonces tenía por capital a la ciudad homónima, se convirtió en un Estado autónomo entre 1853 y 1860, reconocido diplomáticamente por otros Estados, que reivindicaba para sí la Aduana, el Puerto, el Río de la Plata y toda la Patagonia con su larguísima costa atlántica y la parte sur de la Pampa seca), puso en gravísimas dificultades al resto de las Provincias argentinas: la plata de amonedar escaseaba porque no había dinero para comprarla, pese a los esfuerzos de las autoridades, y los costos de mantenimiento de la ceca se hacían insostenibles para Córdoba y para la Confederación. Las dificultades financieras de Córdoba llevaron a su Gobierno a usar el equipamiento de la ceca, máquinas muy modernas y valiosas entonces, como garantía real de un empréstito. El gobierno de Paraná ordenó suspender provisionalmente el funcionamiento de la ceca a mediados del año siguiente. 'Provisionalmente' en la legislación federal argentina suele querer decir una de estas dos cosas: a) 'se acabó lo que se daba', o b) 'nunca lo derogaremos'. Como se trataba de un gasto público y no de un ingreso por derechos de aduanas, tarifas, impuestos, tasas o contribuciones, la exégesis legal debía conducir directamente a la primera interpretación Crying or Very sad .

Lo que sigue es hablar de la Casa de Moneda de hecho más importante de este período 1820-1860: la de La Rioja.
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