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HOLOCAUSTO NAZI


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thehealer
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Registrado: 03 Abr 2004
Mensajes: 498
Ubicación: The Road Not Taken

MensajePublicado: Jue Ene 13, 2005 23:44    Asunto: El trato nazi a los trabajadores extranjeros Responder citando

"El principio básico fundamental del trato alemán a los trabajadores extranjeros era la doctrina de la superioridad racial de la nación alemana. Esta teoría de la “raza superior” fue expresada por Erich Koch, Comisario del Reich en Ucrania, en los siguientes términos:

"Somos una raza superior que tiene que recordar que el más humilde de los trabajadores alemanes es racial y biológicamente mil veces más valioso que la población de aquí".

La aplicación práctica de esta política entrañaba la subordinación completa de los derechos e intereses de la población no alemana de Europa a la de sus amos alemanes.

"Lo que ocurra a un ruso, a un checo, no me interesa en lo más mínimo. Tomaremos de las naciones lo que puedan ofrecer de sangre buena de nuestro tipo, si es preciso secuestrando a sus niños y educándolos aquí con nosotros. Si las naciones viven con prosperidad o si se mueren de hambre y como perros solamente me interesa en la medida en que necesitemos a sus pueblos como esclavos para nuestra Kultur; por lo demás, no me interesa en lo más mínimo. Si diez mil mujeres rusas se caen exhaustas mientras cavan un foso antitanque, sólo me interesa en la medida en que pueda o no quedar terminado para Alemania ese foso antitanque. Está claro que nunca seremos duros ni despiadados cuando no sea necesario..., pero es un crimen contra nuestra propia sangre preocuparse por ellos y proporcionarles ideales, haciendo así que nuestros hijos y nuestros nietos tengan más dificultades con ellos."

La política de discriminación racial afectaba a casi todos los aspectos del trato alemán a los trabajadores extranjeros: métodos de reclutamiento, condiciones de vida y condiciones de empleo. Además de esta discriminación general, había más discriminaciones según su origen étnico y regional entre los diferentes grupos de trabajadores extranjeros..."

[Fuente: “Hitler’s Europe”; trabajo colectivo sobre la base testimonial de documentos capturados al enemigo por las tropas aliadas para el Royal Institute of International Affairs, por un equipo de economistas, juristas, antropólogos e historiadores coordinados por Arnold J. Toynbee]
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montecristo
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Registrado: 06 Sep 2002
Mensajes: 25
Ubicación: España

MensajePublicado: Vie Ene 14, 2005 16:59    Asunto: Responder citando

Me gustaría aportar este link

http://www.ajzanier.com.ar/geno1.htm
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montecristo
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Registrado: 06 Sep 2002
Mensajes: 25
Ubicación: España

MensajePublicado: Vie Ene 14, 2005 17:02    Asunto: Responder citando

Gracias Nazgul por permitirme estar por aquí...
Ahora solo me queda hacer una pequeña prueba para comprobar si puedo ser capaz de insertar imágenes en algunos de mis mensajes, porque me gustaría aportar a este hilo una obra sumamente interesante, cuya portada es la siguiente:

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montecristo
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Registrado: 06 Sep 2002
Mensajes: 25
Ubicación: España

MensajePublicado: Vie Ene 14, 2005 17:05    Asunto: Responder citando

He tenido éxito en la primera tentativa gracias a las diáfanas instrucciones del amigo Samsa.
Gracias
Continuará...
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nazgul
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Registrado: 23 Abr 2001
Mensajes: 13831
Ubicación: Cartagena, España

MensajePublicado: Vie Ene 14, 2005 17:08    Asunto: Responder citando

ey, montecristo, te sonaría raro mi privado, pero al leer el tuyo, como no me sonaba tu nick, creía que eras un alepho nuevo y que samsa te había tomado el pelo diciéndote que para escribir en el aleph, en general, debías pedirme permiso! Laughing luego ya pensé que a lo mejor te referías a El Templo de Clío y te admití como miembro... sé bienvenido, espero que encuentres temas interesantes aquí! Wink
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montecristo
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Registrado: 06 Sep 2002
Mensajes: 25
Ubicación: España

MensajePublicado: Sab Ene 15, 2005 03:45    Asunto: Responder citando

La Deportación que tengo el gran honor de presentar, no debe ser solamente para cada familia de deportado o de internado el testimonio duradero de los sacrificios consentidos por la causa de la libertad o de la patria. Se propone una acogida más amplia. Monumento del recuerdo y del reconocimiento para aquéllos cuyo afecto ha permitido, dentro de lo posible, compartir en su corazón unos padecimientos casi inimaginables y asimismo sufrir las crueldades que el espíritu apenas puede concebir.
Este libro está también destinado a los que nada recuerdan por no haberlo conocido, a fin de que lo aprendan y lo comprendan. Pienso ante todo en los jóvenes cuya edad los ha mantenido más acá del recuerdo y a los que importa darles a conocer esta gran y terrible lección junto con los deberes que les impone la misma, en su propio interés.
Pero hay otros muchos, en edad de ser informados y que, por no haberse visto perjudicados personalmente o en sus seres queridos, han conocido mal y han investigado poco la verdad. Desde tiempo atrás, el olvido ha abogado los vagos y lejanos ecos que sus oídos distraídos oían sin retenerlos, habiendo borrado las imágenes percibidas por azar en el cine o en las revistas, y cuyas miradas se apartaban pronto de las mismas.

Esconder la cabeza bajo el ala para ser ciego y envolverse en el silencio, es una cobardía que a menudo se ignora, una manera prudente de dejar la conciencia en reposo, disimulándole una realidad demasiado afrentosa ante la cual, advertida e informada, tendría que conmoverse e interrogarse.
Como si la negativa a saber impidiese que una cosa hubiera sucedido, como si tales cosas no tuvieran consecuencias y que el hecho de haber ocurrido no alterara la serie de los acontecimientos y no impusiera la inquietud forzando la reflexión.
No es posible vivir indefinidamente ignorando el mal que se ha cometido, porque el mismo se prolonga; ni el bien que ha suscitado, porque aporte grandes y elevados motivos de espera. Lo que se ha escrito, lo que se enseña aquí ha pasado hace más de veinte años.
Esperamos todos que los indiferentes de entonces se atreverán ahora a adquirir conocimiento, tal vez con timidez al principio, mientras que poco a poco, prendidos ya en esta revelación, experimentarán, por su tardía emoción, el remordimiento de su querida y larga ignorancia, y su ilusión de haber creído que se podía impunemente tachar de la historia tan viva lo que sólo fue “un mal momento que pasará”.

No existe un pasado muerto, ni hay crimen que dé sus frutos ni sirva de ejemplo. Los campos de concentración hitlerianos donde se amontonó toda Europa, y también Alemania, las cámaras de gas, el genocidio destructor, en las peores condiciones, de millones de judíos, la tortura, las ejecuciones, ese derramamiento de violencias calculadas según un monstruoso diseño, no pasó sobre la tierra como un ciclón de terror tras el cual sólo hay que contar las ruinas y los muertos, en tal cantidad que la historia no ofrece un ejemplo de una destrucción tan salvaje, de una matanza tan feroz y, sobre todo, de tan frío cálculo desencadenante del furor y el odio.

Vemos bien, incluso hoy día, que no se levanten en un solo país, las oleadas de barro que se hallaban estancadas en el fondo de la naturaleza humana, sin que el mundo entero no quede manchado, ni sin que se lleven al paroxismo los instintos más viles, hasta aquí refrenados, sin que los “inocentes” no acaben también por contagiarse.
La violencia llama a la violencia, no para combatirla sino para imitarla en sus excesos.
El mundo, el hombre en el mundo, han dado un gran salto atrás, y basta con mirar alrededor de uno mismo, no importa qué dirección de esta tierra extraviada, para comprobar con espanto que todos los valores difícilmente establecidos por una civilización precaria, frágil y siempre amenazada, han quedado rotos para largo tiempo, tanto en el fondo de los corazones y las conciencias como en la conducta de las naciones.

Jamás la hipocresía respecto a los fines ha conseguido, con el cinismo de los medios aplicados, una relación más estrecha.
Jamás se han invocado tanto, para violarlas mejor, las leyes naturales, humanas y divinas.

El origen de este mal fue Hitler.

Continuará...

Los ajusticiados de Radom. Fueron cincuenta y cuatro, entre los cuales había mujeres embarazadas, unas jovenes
en la primavera de su vida...
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montecristo
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Registrado: 06 Sep 2002
Mensajes: 25
Ubicación: España

MensajePublicado: Sab Ene 15, 2005 04:00    Asunto: Responder citando

Pero Hitler no estaba solo. La derrota había momentáneamente desarmado a los Señores de la Guerra sin reducir sus ambiciones ni despertar sus escrúpulos.
Esperaban, impacientes y vigilantes.
Por Señores de la Guerra no hay que entender solamente al alto mando mortificado sino a los que viven de la guerra y de su preparación, el gran capital y la gran industria, el “Herren Club” de Hugenberg, los Krupp, los Thyssen y los demás.

No tenían ningún medio de presión sobre las masas. Solamente quedaba un recurso: aprovecharse de la misma derrota para despertar el pangermanísmo, fundar sobre la humillación y el desorden un llamamiento al apetito de desquite, al menosprecio de los tratados, al restablecimiento de un orden, del que sería inútil revelar que iba a ser de hierro.

Sin poderes sobre el pueblo, necesitaban actuar por intermediario. Un aventurero demagógico empezaba a hacerse oír. Bajo el color del “socialismo” y de servir los intereses y el honor de la raza germánica, predicaba la misma doctrina pero era escuchado. Hitler tenía el auditorio que a ellos les faltaba. Y ellos poseían el dinero que él no tenía. Apoyando su labor, pensaron que ese agitador se convertiría en su instrumento más dócil. El socialismo no era para él más que una palabra de introducción, de la que ni él ni los otros harían el menor caso.
Las cosas no pasaron, en realidad, de este modo. Llegado al poder por su ascendente popular y por los Señores de la Guerra, Hitler continuó en él. ¿Qué importaba, si así ellos lo ganaban todo? Ellos habían proporcionado los estandartes y las botas lustrosas. Ellos aportaron las armas, y después los tanques y los aviones. Hitler reinaba, ellos prosperaban. La potencia más segura es la que no es visible, y ellos la sobrevivieron.
Lo que en principio tenían él y ellos en común era el desprecio hacia el ser humano. Esto es lo que deben saber quienes lo ignoran, lo han olvidado o no quieren saberlo, pues, en verdad, ello atañe no solamente a su existencia, sino a su propia dignidad ofendida y a su conciencia amenazada.
Era un país que medía la profundidad de su caída por la amplitud de sus pretensiones, humillado y frustrado, con un régimen surgido de la derrota que no había podido reducir los males sufridos ni salvar la moneda. Una democracia verbal planeaba sin raíces sobre una nación que siempre la había ignorado, pasando sin transición de las cadenas del Imperio todos los desenfrenos. La República, mal nacida y mal sostenida para restablecer el orden, para, respetar y aplicar sus propios principios, dejaba Alemania hundirse en la anarquía, prosiguiendo hacia el abismo su desdichada carrera. No prometía ningún enderezamiento, para el que carecía de medios, y ni siquiera parecía concebir, o sea que no prometía, ninguna esperanza, siendo solamente un espejismo.
El éxito de Hitler se basó en este vacío. Durante los años en que sólo fue un agitado aún sin poder y sin una gran influencia, puso, en marcha dos instrumentos de dominio que, debían aterrar a unos, y fanatizar a otros: la mentira, que él llamaba propaganda, y la exaltación de la raza y de la sangre, que era una promesa de venganza y cultura del odio.
Borrar la humillación despreciando los tratados y castigar dentro de la nación a los cómplices del enemigo que habían provocado la derrota.
Ante todo estaban los judíos, un cuerpo extranjero, jamás asimilados, corruptores y dominadores por la gracia del oro, agentes de las potencias imperiales, y los comunistas, traidores a su patria y a su raza, servidores de la Internacional, dóciles lacayos de Moscú.

Luego vendrían todos los que, poco a poco, creían en la democracia aborrecida, en la libertad de pensamiento, en alguna libertad, en cualquier idea, lejos de la sumaria ideología de la Raza.
Cada cual debería escoger entre manifestar un entusiasmo frenético o sufrir el colmo del terror. Podría decirse, parafraseando unas palabras famosas, que “salvo los que lograron huir al extranjero, todo el honor alemán se hallaba amontonado en las prisiones”, antecámaras de las fosas comunes. Hechizado o aterrado, la primera victima de Hitler fue el pueblo alemán que pretendía regenerarse mediante el odio. Los que no quedaron aplastados, reducidos al silencio del terror, de la prisión o de la muerte, quedaron degradados para siempre.



Joven pareja entregada al insulto público. (Escrito que lleva la joven: "¡Soy una gran cerda y sólo me acuesto con judíos!"
Escrito del joven: "Joven judío, sólo recibo chicas alemanas en mi dormitorio")
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montecristo
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Registrado: 06 Sep 2002
Mensajes: 25
Ubicación: España

MensajePublicado: Sab Ene 15, 2005 04:22    Asunto: Responder citando

En 1929, Hitler escribió en el Angriff de Goebbels:
“Cuando la propaganda ha llenado a todo un pueblo con una idea, la organización puede sacar de ello la consecuencia con un puñado de hombres”.
Cuatro años más tarde, llamado al poder por el viejo mariscal Hindenburg, mostró rápidamente qué era lo que él llamaba “todo un pueblo” y lo que entendía por una “idea”. Todo un pueblo sojuzgado bajo la más feroz de las tiranías en nombre de una idea que no era sino una impostura estúpida y seductora.
El pangermanismo siempre ha tenido éxito.
La propaganda tuvo éxito también. El Fuhrer no sólo dispuso de un puñado de hombres sino de centenas de millar, ebrios de orgullo, llenos de odio, mentalmente fanatizados por el mito de la superioridad de la Raza de Señores», y a quienes todo estaba prometido y todo permitido. Todo lo que vegetaba, todo lo que algo necesitaba, todo lo que moría sin esperanzas, todo lo que no podía hartarse, asimismo todos los cobardes que preferían causar la muerte que sufrirla, los desgraciados unidos a la mentira, fueron invitados a la gran rebatiña. Los jóvenes fueron objeto de sus especiales cuidados. Hitler los definía así: “Una juventud poderosamente activa, dominante, brutal, he aquí lo que deseo... Quiero ver en sus ojos la chispa de orgullo y de independencia que se ve en la mirada de las fieras. No quiero ansias intelectuales. El saber es la ruina de mis jóvenes”.


Les dieron uniformes, banderas y músicas. Los alimentaron bien. Les impidieron pensar nutriéndolos con eslóganes. Les señalaron los enemigos a abatir y les dijeron que eran numerosos. El delator proporcionaba el pasto al verdugo. Se trataba de transformar a esos muchachos extraviados en brutos orgullosos, ignorantes y feroces; su única educación consistía en hacer ascender desde el fondo de sí mismos sus peores instintos. Y el fabricante de fieras, contento de su obra, concluyó: Así jamás serán libres, jamás en toda su vida.
El desprecio del hombre, del hombre no ario, está en la misma base de todo. Pero no basta con despreciar al hombre, hay que convertirlo en algo desdeñable, y por tanto, degradarle. Sin embargo, todavía no es esto bastante: hay que hacerlo odioso para que los verdugos dejen de tener corazón. Fanatismo en unos, degradación en otros, todo el sistema de los campos de concentración se fundó en estos cimientos dobles.
El asesinato y el expolio, desde los tiempos de las grandes invasiones, fueron la simple y natural consecuencia del espíritu de conquista. Se mataba y se robaba para apoderarse de las riquezas ambicionadas y de las más ricas tierras. El hombre no contaba para nada, ya nada de odio, de desprecio ni menos de piedad. El hombre era tan sólo un poseedor desposeído o un obstáculo en el camino.
Cuando el fanatismo religioso o ideológico intervino en las relaciones entre los más fuertes y los más débiles, y éstos se convirtieron en el enemigo que era preciso abatir o convertir, la idea del castigo se añadió a la simple codicia.
Los vencidos se convirtieron en culpables por no someterse a la “verdad” de los vencedores. Pero, al menos al principio, “errare humanum perseverare diabolicum” (Errar es humano, perseverar en el error, es diabólico), es el Mal, pecado o crimen, al que se pretendía extirpar, mediante la adhesión del pecador o la purificación por la muerte. Siempre en principio, ni el pecador ni el criminal eran objetos de odio: sólo era detestable el Mal que en ellos habitaba...

Madre judía conducida al ghetto de Varsovia.

Hombres, mujeres y niños detenidos por las S.S.
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samsa
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Registrado: 14 Nov 2003
Mensajes: 6822
Ubicación: Cuando no ando en las nubes, ando como perdido

MensajePublicado: Sab Ene 15, 2005 22:00    Asunto: Responder citando

"Nuestro ser estaba definido por eso: estar junto al otro en la muerte que avanzaba. Todos nosotros, que íbamos a morir, habíamos escogido la fraternidad de esta muerte por amor a la libertad."
"Lo esencial del Mal Radical es que se vive como una experiencia de la muerte." "No somos sobrevivientes, somos aparecidos" "El Mal radical no está necesariamente sólo en los campos. Hace falta una experiencia crucial y masiva, que invada todo, que devore todo. Donde la muerte no se roce sino que se viva".


de La escritura o la vida, de Jorge Semprún, sobreviviente del campo de concentración nazi de Buchenwald.
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nazgul
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Registrado: 23 Abr 2001
Mensajes: 13831
Ubicación: Cartagena, España

MensajePublicado: Sab Ene 15, 2005 22:18    Asunto: Responder citando

Arrow Viktor E. Frankl, "El hombre en busca de sentido"
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