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HOLOCAUSTO NAZI


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montecristo
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Registrado: 06 Sep 2002
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Ubicación: España

MensajePublicado: Dom Ene 16, 2005 06:55    Asunto: Responder citando

El homunculus hitlerianus obedeció a otras leyes. Ninguna distinción sutil entre la falta y quien la cometía, a no ser la de haber nacido. Ninguna posibilidad de redención.
Ningún “perdón”, ninguna piedad. Al negarse a reconocer la soberanía infalible e implacable del Fuhrer, y la superioridad de la «Raza de Señores», se dejaba de ser hombre, o sea raza inferior. Si los cobardes, los avariciosos, los envidiosos, los que odiaban, e incluso los convencidos, surgidos de otras “razas” en el país conquistado, eran tolerados como servidores (menos los judíos y los gitanos), sólo tenían derecho al desprecio de los amos a cuyas órdenes estaban humilladamente sometidos. Al menos habían salvado la vida, con la panza, llena y la bolsa bien repleta.
De este principio fundamental deriva la ley de los campos. Una ley sencilla: una labor de envilecimiento del hombre, cuidadosamente concertada en las altas esferas, debía, mediante, una acción doble, física y moral, reducir a los deportados a la condición de bestias, antes de dejarles morir. Así, no solamente volverían a su condición natural, castigados a la medida de su «crimen», sino que enfrentados entre sí, todos serían objeto de repulsión, confundidos en una abyección común y, desde aquí, aumentada, lo cual agotaría en ellos toda idea de rebeldía.
La degradación física continuó, envolviendo al hombre por todas partes, mediante el agotamiento por el trabajo forzado en atroces condiciones, por el hambre, la sed y el frío, esperas interminables en las noches invernales, desnudos en la nieve para pasar una revisión médica en las que se “pillaba” a los más válidos para un “comando de la muerte”, mediante la falta de sueño (se sabía que en las noches sin alarma se les despertaría para una «llamada» carente de objeto), mediante los golpes que llovían de todas partes, por todo lo que a cada uno podía sucederle de imprevisto y aterrador.
La degradación moral, al actuar sobre un organismo debilitado y casi sin defensas, creaba un estado de incertidumbre, de ansiedad, de angustia perpetuas, una soledad llena de espinos y temerosa en medio de elementos hostiles, una reversión absoluta de todos los valores reconocidos. Ese universo, a la vez espantoso y absurdo, sin punto de referencia, sin seguridad, sin justicia, sin esperanza, donde todo era imprevisible, donde lo peor se convertía en virtud y el bien en amenaza, era preciso aceptarlo en su totalidad, y ello significaba la muerte al cabo de la decadencia, o negarse a toda realidad: ¡cuántos emplearon en ello toda la energía que aún les quedaba!
Incluso en Francia, todavía hay agentes que, por razones tan evidentes como despreciables, se esfuerzan, al no poder negar la realidad de los campos de concentración (M Maurice Bardéche osó escribir, no obstante: “Los campos de concentración…Eso es algo demasiado bello para ser verdad” Se comprende fácilmente el porqué.), en atenuar el carácter atroz de los mismos o, al menos, descargar sobre las S.S. toda la responsabilidad.
Según ellos, si todos los antiguos deportados han mentido en sus testimonios„ es porque ellos y sólo ellos fueron los responsables de la mortalidad en esos campos.

Esta leyenda absurda, que contradicen los innumerables relatos de los testigos, que también fueron víctimas, así como los archivos nazis, descansa sobre una impostura conocida, pero no confesada como tal por los que la esparcen por doquier. La verdad es que, desde el origen de los campos de concentración, en 1933, la Gestapo trasladó a los mismos un lote, cada vez más importante, de criminales de derecho común y, especialmente, de asesinos, salidos de las cárceles del Reich, para convertirse en los cuadros de internados políticos o raciales alemanes, que formaron, como se ha visto, los primeros esclavos arrojados en la fosa de concentración. Esa basura de los bajos fondos tenía todos los derechos, comprendidos los de la vida y la muerte. Cabe adivinar con qué feroz afán esos hombres persiguieron a los inocentes sobre los cuales les habían otorgado todo poder, y qué celo desplegaban para “merecer” y conservar esa promoción inesperada, con todas las ventajas materiales que transformaban su suerte. Tales fueron los cuadros que los falsarios nostálgicos del III Reich fingieron tomar por auténticos deportados.
A medida que Europa fue siendo ocupada, y que los réprobos llegados de todas partes se unieron a los alemanes en los campos cada vez más numerosos, esos “cuadros” ya no bastaron para alimentar a los estados mayores de los bandidos.



Fue tomada en mayo de 1943, en la maternidad del hospital Rothschild en París. Esas jóvenes madres judías, en número de cuarenta, fueron deportadas a Auschwitz-Birkenau con sus bebés.
Antes de partir, una de ellas, Madame Fanny Krauss, de París, consiguió fugarse con su hijito. Fueron los únicos a salvo y a ella se debe esta trágica imagen.
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montecristo
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Registrado: 06 Sep 2002
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MensajePublicado: Dom Ene 16, 2005 07:23    Asunto: Responder citando

Pero no todos los deportados llegados de Europa eran resistentes. Entre ellos, y con una misma intención maligna, la Gestapo importaba miembros del hampa internacional, traficantes de toda especie que habían intentado engañar a los ocupantes y que, en ese juego se habían dejado detener. Las autoridades los campos extraían de esa basura las ayudas que necesitaban para sus propios sustitutos con el fin de responder a la necesidad siempre creciente de verdugos oficiales, bajo la salvaje dirección de las S.S., que, según convenía en ese universo de valores subvertidos, se quedaban en lo alto de esta siniestra jerarquía, eran ampliamente su ejemplo, y servían de modelo a los que, impulsados por su odio a la inocencia y presionados por el temor a sus amos, les trataban de igualar.
Sin embargo, a favor de las circunstancias, comités clandestinos lograron, a veces, introducir entre los jefes de bloques y los capos, en los servicios administrativos, auténticos resistentes que actuaron por el bien de todos, arriesgándose de este modo en gran manera.
Las condiciones existenciales que he resumido tornaban muy precaria la supervivencia.
A las S.S. no les importaba la pérdida de esta mano de obra gratuita... Europa les proporcionaba una reserva inagotable: igual que antaño África a los colonos de Norteamérica. Los que no sucumbían bajo los golpes morían de inanición y fatiga, a menos que no fuesen ahorcados o enviados en hornadas a las cámaras de gas.
Este último suplicio permitía, ante todo, la rápida liquidación de los judíos, “raza” más execrable que ninguna.
Los médicos nazis se encargaban de conseguir un uso final de los que ya no podían trabajar.
Ineptos para toda labor, se convertían en cobayas y servían para los “experimentos” mortales.
De esta manera todo, hasta la ciencia, quedó manchada.
Lo dije todo a la hora de la revelación. Y ciertamente, este álbum revelará a algunos, muchas cosas en torno al horror. Pero hay otras cosas que no pueden demostrarse, puesto que ocurren en el dominio invisible de las almas, por lo que han de decirse aquí. Ellas son la sublime lección que se desprende de esta monstruosidad. Ellas enseñan cómo de lo peor puede nacer lo mejor; pese a haber sido realmente creado para lo peor. Puesto que, quienes en su designio diabólico quisieron reducir al hombre al estado de bestia, exaltando la Raza de los Señores, abatieron a los que se creían Señores por debajo del estado de la Bestia, y elevaron a los hombres que se negaron a ser destruidos, conservando la fuerza moral para obrar, una grandeza, un fuego, un impulso, una fe, que ni siquiera sospechaban poseer. Así se ha visto de qué manera unos hombres han podido vencer al destino y dominar el mal dedicándose a los demás.
Sí, en las extremas condiciones del mal, habiéndose conjurado todo para envilecernos, cuando la Bestia tenía entre sus garras todos los atributos del poder absoluto, la fuerza, la crueldad, la injusticia, la malicia y el engaño, no siempre pudo prevalecer contra el poder del espíritu, reducido a sus últimos recursos en un cuerpo que apenas lo sostenía y que se había convertido en su más insidioso enemigo.
¡Qué importa el número, desconocido, de los que consiguieron conservar intacta su humanidad! ¿Qué digo, intacta? Ella creció al hallar, en ese gran despojo, sus orígenes y sus finales. No importa que no a todos les pareciesen los mismos, que unos los vean limitados a esta tierra en la que vivimos, o prolongados hasta Dios; la medida del hombre es la misma para todos los que logran contemplarla en toda su grandeza. Todos los justos se parecen. Si se superan a sí mismos en la prueba, los anima el mismo sentimiento: el amor a los demás, sin el que nada es posible.



Estos restos mortales pertenecen a 1.200 evacuados de los comandos Dora, encerrados y quemados vivos por las S.S en esta granja de Gandelegen. Algunos que forzaron las puertas fueron abatidos a disparos.



Bajo las puertas intactas, otros desdichados cavaron agujeros con las uñas. Uno de ellos logró psar un brazo, luego la cabeza, pero el resto fue encontrado calcinado.

¡Que horror díos mío...!
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nazgul
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Registrado: 23 Abr 2001
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MensajePublicado: Dom Ene 16, 2005 08:19    Asunto: Responder citando

Realmente horrible! Sad
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montecristo
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Registrado: 06 Sep 2002
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MensajePublicado: Lun Ene 17, 2005 03:53    Asunto: Responder citando

Al querer salvar a sus hermanos, en ocasiones se han salvado a sí mismos, lo cual es, a veces, una especie de propina. Cristianos, judíos, marxistas, agnósticos de generoso corazón, al ver lo que puede hacer el hombre, mantenido por el sentimiento de la más íntima solidez que une cada uno con todos, yo he aprendido lo suficiente para otorgarle mi confianza. Y en esos lugares malditos, transformados por ellos en benditos, ya no he oído, con lucidez afligida, murmurar que el deseo supera a veces a la esperanza, puesto que entonces esto no era cierto.
Esta solidaridad era una de las formas de la Resistencia. Fue, hasta los últimos meses de la guerra, casi imposible preparar una verdadera revolución armada. No sólo el estado de agotamiento físico y moral de los deportados apenas permitía intuir un levantamiento, sino que las delaciones que practicaban en abundancia todos los individuos serviles que ya mencioné, junto con los otros, dificultaba la menor concertación. Tanto más cuanto que algunos detenidos, no ya serviles sino frustrados, se sometían a la “ley” de los campos en lugar de oponerles una total negativa, y creían, al denunciar al “delincuente” o al sospechoso, realizar una especie de acto cívico, que, por otra parte, obtenía un premio en materia de alimentos o como descanso en los trabajos. Finalmente, una continua agitación dentro de un campo obligaba a que trasladasen a los hombres de un bloque a otro, para dispersar a los que hubiesen podido conjurarse, y los traslados, bien a un comando, bien a otro campo, agravaban la dificultad de preparar algo de manera continua.
Pese a todos estos impedimentos y a la perpetua sospecha y vigilancia de los «triángulos verdes» y los S.S., era posible, aunque con grandes riesgos, aportar un poco de ayuda material, no a los más desprovistos de todo (¿quiénes no lo estaban?), sino a los más heridos en sus carnes o en su desamparado espíritu. Algunos de nosotros habíamos conseguido, por el bien general, tener un empleo muy subalterno, que permitía llevarles un pedazo de pan, alguna prenda de vestir, un consuelo tan moral como físico, gracias al cual muchos pudieron prolongar su miserable vida o incluso escapar a la muerte. El papel de los médicos deportados resultó, particularmente, bienhechor, tanto más meritorio cuanto que el problema de la elección de los hospitalizados les imponía casos de conciencia trágicos: ¿era preferible que entraran en el “Revier” los más enfermos, los que realmente estaban perdidos, o los que, menos atacados, podían aún salvar la vida mediante ese albergue?
De esta manera se establecieron cadenas de solidaridad, comités clandestinos, no sólo para una ayuda material sino para organizar el sabotaje, recibir informes, cada vez más reconfortantes, aumentar la moral por la palabra y por el ejemplo. Se pensará que todo esto era muy poco. Pues no, porque era enorme ver, en aquel mundo inhumano, a compañeros de infortunio tratados como a hombres, demostraros su afecto, conservar la esperanza y comunicarla, ya que era la desesperación la que hacía caer desde el estado en que se sobrevive apenas a aquél en que se renuncia a vivir, que es el más mortal de los males, y del que ya nadie vuelve a levantarse.
A pesar de la casi imposibilidad de concertarse, organizarse, de encontrar armas, 1944 y 1945 vieron, no obstante, verdaderas revueltas, teniendo lugar las cuatro primeras, a mi entender, en los campos de judíos de Treblinka, en Agosto de 1943, de Sobibor en octubre de 1943, del “Sonderkommando” de Auschwitz en febrero 1945.
Revueltas salvajemente reprimidas, pero que demuestran la obstinada negativa a someterse, transformada en acción, no inútil, desde el momento en que era posible combatir sin esperanzas de ganar.
Se nos dirá: “Vosotros queréis la paz entre los pueblos, el entendimiento entre las naciones, solidaridad entre los hombres, y el progreso común. ¿Por qué, pues, evocar ese momento atroz de la historia, despertar, con el recuerdo de tales crueldades, los antiguos odios que empezaban a adormecerse, y que tantos horrores inflamaron con justicia? ¿No es ir contra los mismos fines que proclamáis como necesarios, tarea tan difícil de llevar a cabo que ni se le ve el final, ni apenas el comienzo?”
No se trata del odio. Se trata de vigilancia. Lo dije al principio de este texto, y no haré más hincapié sobre ello. El olvido del mal realizado jamás ha hecho progresar el bien, ni agotar, antes al contrario, las fuentes de la violencia, tan ricamente alimentadas hasta el punto de diseminar por doquier sus ondas infectadas con las que todos nos hemos contagiado.
No se trata tampoco de perdón. Pero suplico que nadie se extravíe en una confusión detestable. No se puede perdonar a los que no son culpables. Sería una grave injusticia hacer pesar sobre todo el pueblo alemán la responsabilidad moral de un mal cuyo nacimiento no supo discernir en las condiciones históricas en las que se debatía. Cuando intuyó el peligro ya era tarde para impedir su crecimiento, y él mismo fue su primera víctima, cuando muchos de sus hijos fueron al principio los valedores engañados del régimen, antes de sufrir a su vez las mortales consecuencias. ¿Cuántos, en el resto del mundo, fueron más clarividentes, hasta que estalló la guerra?



Vista de la cantera de Mauthausen con su escalera monumental de ciento ochenta y seis peldaños. En primer plano, a la derecha, una roca a pico:desde arriba, los presos elegidos al azar por los S.S., eran lanzados al vacío. (Foto tomada tras ser liberado el campo)

La victima, llamada en burla "paracaidista" por sus verdugos, tenía derecho: a saltar por su propia voluntad o a esperar a ser empujado, pero la caída era la misma y terminaba, como para este joven ruso, 40 metros más abajo. (Foto tomada por los S.S.)
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montecristo
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Registrado: 06 Sep 2002
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Ubicación: España

MensajePublicado: Lun Ene 17, 2005 04:06    Asunto: Responder citando

Aún sería más injusto hacer pesar sobre los jóvenes alemanes de hoy la falta de algunos de sus padres, crímenes de unos, ceguera de otros, olvidando a todos los que en cantidad innúmera sufrieron y perecieron bajo el terror, y a los que resistieron en condiciones todavía peores que las que nosotros conocimos. Tal maldición sería algo así como un genocidio moral, una forma insidiosa de racismo y la mala aplicación del principio, detestable entre todos, de la responsabilidad colectiva, uno de los fundamentos más odiosos del “derecho” hitleriano.
Quedan aquéllos a los que no se puede aplicar la súplica de Jesús en la Cruz: Padre mío, perdónalos porque no saben lo que hacen. Los explotadores del racismo, los que engañan a una juventud más permeable a la pasión que sensible a la perfidia, los inventores del sistema concentracionario, de las matanzas en masa y de las torturas, los que desearían borrar al pueblo judío de la faz de la tierra, que no han podido imaginar otro medio para acabar con la humanidad, destruyendo a los seres humanos o convirtiéndolos en sus esclavos, que desnaturalizándolos mediante la degradación de los unos y la corrupción de los otros... ésos sabían lo que hacían, en la medida en que el hombre es libre y responsable de sus pensamientos y de sus actos.
Esta medida no la conocemos. Por lo cual no hay que responder a la violencia con el odio. Sin embargo, el olvido sería claudicación, y el perdón ofensa a la justicia e insulto a las víctimas. Así como no se puede aceptar la prescripción para los crímenes de guerra (¿hay prescripción para los millones de muertos, o resucitarán cuando se otorgue la inocencia a sus verdugos?), tampoco es posible olvidar todo lo cometido, porque todo puede volver a empezar en condiciones análogas.
¿Quién no ve hoy día que la impunidad y el olvido aún hacen fermentar en ciertos espíritus nostálgicos la idea de una restauración de la dictadura en la que ellos serían los jefes todopoderosos? Y que, dirigiéndose de nuevo a los frustrados, a los descontentos, a los jóvenes mal informados de lo que pasó, encuentran un auditorio bien engañado. No sólo en Alemania, sino allí donde el odio susurra, donde se incuba la violencia.
Estos sueñan y hacen soñar en lo que les parece un gran momento de la historia: enseñarles lo que fue esta realidad de la que lo ignoran todo, salvo la derrota y la vergüenza que pusieron fin a la pesadilla, es despertar la conciencia, y con ella el horror de las mentiras renovadas, de las promesas falaces, y de los injustos y crueles furores que desencadenaron en el mundo.

Lo que aquí hemos querido lanzar es un llamamiento a la concordia, a la razón y a la dignidad del hombre, revelando lo que, por un momento, fue el triunfo de su contrario para la mayor desdicha de todo el género humano, y de los que golpearon como de los que fueron golpeados.

LOUIS MARTIN- CHAUFFIER
Del instituto, noviembre 1967.




Cadáveres entremezclados con troncos de maderas.



Dibujo expuesto en el Museo de Auschwitz, que representa cómo se hacía la selección de las presas destinadas a la cámara de gas.
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nazgul
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Registrado: 23 Abr 2001
Mensajes: 13831
Ubicación: Cartagena, España

MensajePublicado: Dom Ene 23, 2005 12:02    Asunto: Responder citando

Arrow Artículos y recursos sobre el Holocausto
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stardust
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Registrado: 15 Jun 2004
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MensajePublicado: Lun Feb 14, 2011 23:36    Asunto: Responder citando

"Por el bien de la raza alemana y de su expansión, es preciso aspirar a una Europa vacía, lo cual significa el aniquilamiento de todas las otras naciones" -Heinrich Himmler, discurso a los generales SS en Weimar, 12 de diciembre de 1943-

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