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Pueblos que conviene conocer



 
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thehealer
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Registrado: 03 Abr 2004
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Ubicación: The Road Not Taken

MensajePublicado: Mie Ene 19, 2005 01:08    Asunto: Pueblos que conviene conocer Responder citando

Miguel León-Portilla preparó en 1963 (gran año, por cierto), para la “Biblioteca de América” de nuestra Editorial Universitaria de Buenos Aires, “Imagen del México Antiguo”. No obstante los cuarenta y un años que lleva encima, que no son tanto tiempo después de todo Wink , vale la pena echarle una miradita, creo.
Ocurre que gracias al post de ABC acerca de los zapotecas vine a recordar que tenía este libro y al lado nomás, en el mismo estante, apareció otro de la misma serie, de D’arcy Mc Nickle, intitulado “Las tribus indias de los Estados Unidos”. Como además en las inmediaciones -entre otros- he descubierto la “Historia de las razas de América” de Dick Edgar Ibarra Grasso (en algún sitio debería estar "Argentina indígena"), y "El mundo de los Incas" de Felipe Cossio del Pomar, e inclusive -si no se perdieron con destino desconocido- debieran andar el "Discurso de la mita de Potosí" de Victorián de Villava y el "Lazarillo de ciegos caminantes de Buenos Aires a Lima" de Concolorcorvo, a medida que vaya teniendo tiempo (y ganas Mr. Green ) copiaré alguna que otra cosa, a ver hasta qué punto los westerns y algunas nociones de las historias 'oficiales' de por aquí abajo resultan ser confiables, rigurosas, ajustadas a crítica de autenticidad y veracidad cuando hablan de ciertas cosas que tienen que ver con diversos aspectos del pasado americano...


"...Los Olmecas, gente de la región del caucho.

Los olmecas fueron grandes escultores y expertos en el arte de trabajar el jade. A ellos se atribuye la célebre escultura conocida con el nombre de “el luchador”, así como numerosas figurillas humanas de rostros inconfundibles: unas con fisonomía de niños, otras con ojos oblicuos, nariz ancha y boca que recuerda las fauces del tigre. Según Alfonso Caso y otros distinguidos arqueólogos mexicanos, puede considerarse la cultura de los olmecas como una “cultura madre” en el ámbito del México antiguo. A los olmecas se atribuyen los calendarios precolombinos, el solar de 365 días y el calendario ritual de 260.
El influjo olmeca se dejó sentir bien pronto en otros muchos sitios, precisamente al lado de los últimos estratos culturales preclásicos. Como algunos investigadores lo han supuesto, es posible que ese influjo cultural haya venido a superponerse o intercalarse como una especie de fermento. Tan sólo que la gran abundancia de hallazgos, que pueden clasificarse como olmecas en otros numerosos sitios alejados de las costas del Golfo, ha hecho pensar a algunos arqueólogos cuál haya sido en realidad el más antiguo lugar de origen de estos creadores de formas de cultura superior. Un viejo texto en idioma azteca, en el que se habla de los más remotos orígenes culturales* (*León-Portilla anota aquí: Códice Matritense de la Real Academia, Fol. 191, r), señala precisamente las costas del Golfo como el lugar por el que aparecieron los antiguos portadores de cultura. A continuación citamos la versión de ese texto aunque preferimos dejar cierta incertidumbre, que no puede ser superada en función de los datos de que se dispone, acerca del origen último de esta antigua cultura:

En un cierto tiempo que ya nadie puede contar
del que ya nadie puede ahora acordarse
quienes aquí vinieron a sembrar a los abuelos, a las abuelas,
estos, se dice,
llegaron, vinieron,
siguieron el camino,
vinieron a terminarlo,
para gobernar aquí en esta tierra,
que con un solo nombre era mencionada,
como si se hubiera hecho esto un mundo pequeño.
Por el agua en sus barcas vinieron,
en muchos grupos
y ahí arribaron a la orilla del agua
a la costa del norte (N: Golfo de México),
y allí donde fueron quedando sus barcas,
se llama Panutla,
quiere decir, por donde pasa encima del agua,
ahora se dice Pánuco.
En seguida siguieron la orilla del agua,
iban buscando los montes,
algunos los montes blancos,
y los montes que humean,
llegaron a Guatemala
siguiendo la orilla el agua...


El mismo mito cuenta que esos antiguos inmigrantes, eran grandes artistas y sabios, que al fin se establecieron en Tamoanchan, lugar mítico, no identificado por la arqueología. Lo que sí parece seguro es que el germen cultural de los creadores del calendario y de los grandes escultores de piedras iba a influir tanto en los pueblos sedentarios de la región central de México, como de Oaxaca, Chiapas, Guatemala y en general lo que habría de ser la gran zona maya. Al ser asimilado ese influjo por pueblos tan distintos, iban a nacer los grandes centros ceremoniales con todas las creaciones culturales de lo que se conoce como el esplendor del México antiguo...”


[op. cit., pág. 13 a 15]
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nazgul
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MensajePublicado: Jue Ene 20, 2005 02:45    Asunto: Responder citando

¡Gracias, thehealer! ¡estupendo aporte! Smile
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thehealer
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MensajePublicado: Jue Ene 20, 2005 17:09    Asunto: ¿A quién habremos copiado? Responder citando

Es interesante, nazgul, sí. Por ejemplo, algunos trabajos entre históricos y antropológicos pueden hacernos notar cómo en los Estados Unidos se produjeron también ciertos problemas análogos a otros de por aquí abajo.

Esto que sigue es un fragmento del trabajo "Una época de reajuste", capítulo V de "Las tribus indias de los Estados Unidos" (“The Indian Tribes of the United States. Ethnic and Cultural Survival”, The Oxford University Press, London, 1962) por D'Arcy Mc Nickle (EUDEBA, Buenos Aires, 1965, pág. 64 a 71; traducción de Susana de Aldecoa)

[Primera parte: es un poco largo pero vale la pena]

“La condición de los indios había empeorado grandemente a través de todos esos años. La Cámara de Apelaciones de los Estados Unidos [imagino que se quieren referir a la Suprema Corte de Justicia y han traducido defectuosamente, o quizás a un Tribunal de segunda instancia federal de esa época], al revisar un caso indio a fines del siglo pasado, indicaba su franca perplejidad. La Cámara consideró anómala la situación legal, la “situación desconocida para la ley común, la ley civil o para cualquier sistema de ley municipal. Los indios no eran ni ciudadanos ni extranjeros; ni libres ni esclavos; protegidos de la Nación y sin embargo... eran apenas algo más que prisioneros de guerra aun no habiendo guerra”.
Una investigación del gobierno de los indios dirigida por una organización privada independiente, en 1915 informó que “El superintendente de los indios es un zar dentro de la jurisdicción territorial que le ha sido asignada. Es, ex officio, tanto guardián como fideicomisario. En el ejercicio de ambas facultades actúa, ora decide además lo que el indio necesita, ora provee fondos” [fuente: Bureau of Municipal Research].
Con el paso de los años, el Congreso había dado vigencia a un gran cuerpo de leyes, en gran parte estériles, pero varias promulgaciones, tendientes a controlar esas leyes, se convirtieron en recurso para restringir la libertad india en cuanto a discusión y acción. La ley de 1790, que prohibía la compra de tierra india excepto mediante un tratado público debidamente ejecutado, que derivaba básicamente de la Proclamación Pública de 1763, se convirtió años más tarde en un instrumento que ponía en manos de los funcionarios del Gobierno el control exclusivo del manejo, uso y disposición de las posesiones indias de cualquier naturaleza.
La situación fue conspicuamente demostrada en 1934, cuando doce ordenanzas, que databan del principio mismo del Gobierno Nacional, fueron anuladas. Éstas incluían prohibiciones contra el envío de mensajes sediciosos a los indios o la incitación a éstos a la revuelta, y se usaban para sofocar la oposición a los planes de acción del Gobierno. Los funcionarios estatales podían expulsar de una comunidad india a las personas consideradas “perniciosas para la paz y bienestar de los indios”. El Presidente podía acudir a la fuerza militar para lograr el cumplimiento de las leyes sobre indios.
La libertad religiosa les había sido negada; las danzas y ceremonias, prohibidas por paganas e inmorales. Los escolares eran castigados por hablar en su lengua nativa.
Hasta la tercera década de este siglo [se refiere al siglo XX], la política respecto de los indios se arraigaba en la presunción de que los indios desaparecerían. Las autoridades responsables de esta política continuaban refiriéndose a una población decreciente mucho tiempo después que la curva de crecimiento hubiera comenzado su ascensión. Su justificación social como pueblo separado había terminado. Dada esta premisa, no parecía muy grave consecuencia que la tierra india estuviera mermando; que los beneficios acreditados a las tribus por venta de tierras y pagos de contratos se disiparan en gastos administrativos y pequeñas dádivas, y ni un centavo del dinero se invirtiera en el desarrollo y ampliación de los recursos individuales y de ensayo.
Entonces, en 1933, el Congreso emprendió una revisión radical de su política india. El cambio no ocurrió espontáneamente. Pruebas de que los asuntos indios habían sido mal manejados se hicieron notorias en la década 1920-1930, como resultado de informaciones dadas a conocer mediante investigaciones oficiales y merced a la acción privada.
Uno de los puntos decisivos fue un incidente que hubiera pasado inadvertido de no mediar los esfuerzos de gente interesada...

[To be continued Twisted Evil Wink : lo que sigue, desde la página 66, trata de un conflicto judicial en que fue parte uno de los pueblos amerindios más interesantes, los ‘anasazi’ o ‘Indios Pueblo’]
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thehealer
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Registrado: 03 Abr 2004
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Ubicación: The Road Not Taken

MensajePublicado: Vie Ene 21, 2005 12:21    Asunto: Continuación del mismo asunto Responder citando

[Segunda parte; les dije que era largo]

“...El incidente abarcaba un intento de despojar a los indios Pueblo, de New México, de tierras que éstos poseían por concesiones de la Corona española. La situación había estado preparándose largo tiempo. Comenzó calladamente en un fallo de la Suprema Corte dado en 1877, el cual sostenía que los indios Pueblo eran ciudadanos, y no protegidos del Gobierno Nacional como otras tribus, pues habían obtenido la ciudadanía de México por una decisión de aquel Gobierno al asumir la soberanía de Nueva España, y el Tratado de Guadalupe Hidalgo preveía que los ciudadanos mexicanos se convertirían en ciudadanos de Estados Unidos a menos que optaran por alejarse del territorio cedido a los Estados Unidos. Esta resolución tuvo por efecto privar a las tierras de los indios Pueblo de la protección de los fideicomisos, tornándolos pasibles de impuesto y enajenación. La ley que prohibía la entrada ilegal en tierras indias no se aplicaba. Alrededor de 3.000 familias, que representaban un cálculo de 12.000 individuos, se trasladaron a la tierra de los Pueblos. En algunos casos habían comprado un supuesto título a un funcionario o individuo Pueblo mientras otros se presentaron ocupando las tierras sin más trámite, en la creencia de que se establecían en dominio público.
En 1913, la Corte cambió de actitud y sostuvo que las tierras Pueblo estaban netamente definidas como región india, es decir que los Pueblo eran naciones interiores subordinadas bajo la protección de los Estados Unidos y que no podían disponer de sus bienes sin la aprobación del Gobierno. Toda transferencia o ingreso en tierras Pueblo era ilegal [fuente: BROPHY, WILLIAM A.,“Spanish and Mexican Influences Upon Indian Administration in the United States", documento preparado para la primera ‘Inter-American Conference on Indian Life’, Patzácuaro, México, 1940 (mimeógrafo) ].
Los reclamantes no indios se dirigieron al Congreso en busca de reparación, y en 1922 se presentó una legislación que arrojaría sobre los indios el peso de la demostración de pertenencia [la ‘carga de la prueba’]. El fracaso en el establecimiento de la prueba de propiedad haría asar el título de posesión al colono usurpador. Para los indios era una carga difícil de llevar y costosa.
El inicuo proyecto legislativo atrajo la censura de grupos de ciudadanos, que se unieron en la controversia para ayudar a los indios a organizar una defensa común. De mucha acción en el grupo fue John Collier, que al cabo e pocos años se convertiría en Comisionado de Asuntos Indios y en dirigente de un movimiento nacional para reformar los planes de acción del Gobierno.
En noviembre de 1922, animados por el grupo de ciudadanos, los Pueblo mandaron delegados a Santo Domingo, uno de los más amplios de los diecinueve establecimientos Pueblo de New México. Era la primera vez que emprendían una acción conjunta desde 1680, cuando expulsaron a los españoles de sus posesiones. En nombre del recientemente formado Concejo de Todos los Pueblo se hizo un llamado a los norteamericanos y una delegación visitó un número de ciudades del país para explicar el problema y solicitar ayuda financiera. La táctica no sólo causó el fracaso del proyecto de ley Bursum, como se llamaba la legislación, sino que también llevó a la creación, por el Congreso, de la Junta de Tierras Pueblo y de una tramitación equitativa para determinar la pertenencia de las tierras disputadas.
El movimiento colaboró también en un propósito aun más amplio al atraer la atención pública sobre la mala situación de los indios. Este grupo de ciudadanos, una vez en acción, encontró abundantes oportunidades de usar la habilidad de sus miembros en la investigación y divulgación de los puntos oscuros de la situación india. Tan perniciosos habían sido los efectos finales de los sistemas de acción vigente en los cincuenta años anteriores que los indios vivían en la pobreza más lamentable: el promedio de mortalidad llegaba al doble de la población general; la tuberculosis y el tracoma los perseguían gravemente; el nivel de enseñanza previsto era inferior al común y pocos indios continuaban en la escuela el tiempo suficiente como para sacar provecho. Según las palabras del tribunal, su status no era ni el de un ciudadano ni el de un forastero. Eran prisioneros de guerra sin que existiera estado de guerra.
En realidad, los indios ya eran ciudadanos para esa época. El Congreso había otorgado ciudadanía, en 1924, a todos los indios nacidos dentro de los límites territoriales de Estados Unidos, como reconocimiento de la gratitud del país por la participación india en la Primera Guerra Mundial. No habían sido sometidos al reclutamiento militar y sin embargo miles de ellos se alistaron voluntariamente. La ciudadanía no era buscada por los indios como grupo; en realidad, muchos jefes se opusieron a la medida, al enterarse de ella, basándose en que en cierto modo podría perjudicar las relaciones tribales. Según la experiencia de su trato con el Gobierno, la ciudadanía no era un goce muy promisorio. Relativamente pocos individuos hicieron uso del derecho político en los primeros años siguientes a la aprobación de la ley de ciudadanía...."

[to be continued, again, ahora hasta el final; lo precedente eran las páginas 66/68, op. cit.]
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thehealer
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MensajePublicado: Vie Ene 21, 2005 13:55    Asunto: THE END Responder citando

[última parte: páginas 68 a 71, op. cit.]

“... Mientras tanto, los esfuerzos de grupos privados continuaron hasta que en 1926, el Gobierno autorizó un estudio económico y social de las condiciones de vida indias. El ministro del Interior, Hubert Work, solicitó al Instituto de Investigaciones Gubernamentales, establecimiento de fundación privada, que condujera la investigación. Lewis Meriam y un grupo de socios resultaron designados.
El resultado fue un informe de hallazgos que, por primera vez, proporcionaba un análisis detallado y objetivo de lo sucedido al pueblo indio bajo la administración fiduciaria del Gobierno. Se propuso un programa de acción reparadora que requería el repudio tanto de actitudes como de prácticas entonces acostumbradas. El sistema de adjudicación, en particular, fue citado como ejemplo de cómo había fracasado el Gobierno en su papel de fideicomisario y de mentor.
“Sin el acompañamiento de una instrucción adecuada en el uso de la propiedad” - decía el informe -” respecto de la política de adjudicación, ha fracasado ampliamente en el logro de lo esperado al usarla. Ha traído mucha pérdida de tierra y un incremento enorme de los detalles administrativos sin un adelanto compensador en la habilidad económica de los indios... Pareciera casi como si el Gobierno creyera que alguna magia en la propiedad individual evidenciara un factor civilizador educacional, pero desdichadamente esta política ha obrado casi siempre en sentido contrario” [fuente: MERIAM, LEWIS, & Asoc; “The Problem of Indian Administration”, Brookings Institutions, Washington D.C., 1928].
“Tal vez la más valiosa contribución de la investigación Merriam y las recomendaciones en pro de la acción fue la formulación de un concepto básico de la tarea de administración que adelantaría la posición económica de los indios y alentaría el ajuste social. Los problemas de pobreza, los promedios de enfermedad excesivos, viviendas inadecuadas, bajo resultado educativo y desaliento general, derivaban todos del descuido de asistencia en estos terrenos vinculados entre sí. De ahí la recomendación siguiente:
“El requisito fundamental es que la tarea del auxiliar del indio sea reconocida como primariamente educativa en el más amplio sentido de la palabra y que se la transforme en un instrumento educativo eficiente que consagre sus principales energías a promover social y económico de los indios, de modo que puedan fundirse en la civilización prevaleciente o estar preparados para vivir en la presencia de esa civilización, al menos según un mínimo e salud y decencia” (la bastardilla es mía).-
Esto fue romper definitivamente con la filosofía de gobierno que había prevalecido desde 1871, cuando el Gobierno aceptó para sí la tesis de que un pueblo puede ser legislado en el acatamiento. La formulación Merriam reconoció que la libertad de elección es esencial para el crecimiento de un pueblo y que esta libertad no puede ser ejercida a menos que verdaderas oportunidades sean accesibles.
El Gobierno de Franklin D. Roosevelt, quien asumió su cargo en 1933, aceptó la tesis radical de que la raza india no se encaminaba a una extinción temprana. El curso de la población había comenzado un movimiento ascendente, y un cuerpo creciente de estudios etnológicos ofrecían pruebas de que la supervivencia cultural era amplia, realmente. Las reformas que siguieron fueron proyectadas para reparar algunos de los daños ya cometidos, para acrecentar la base de los recursos y para incluir y utilizar instituciones y jefaturas nativas supervivientes. El nuevo objetivo fue expresado muchas veces: un compendio de 1938 bastará por ahora [Report of the Commisioner of Indian Affairs, 1938]:
“Nuestra tarea es ayudar los indios a hacer frente a la miríada de situaciones complejas, vinculadas e interdependientes que surgen entre ellos, según el mejor punto de vista que podemos adoptar respecto de estos hechos...
“Nosotros, en consecuencia, definimos nuestra política india como sigue, en cierto modo: usar tan provechosamente los dineros adjudicados a los indios por el Congreso, como para permitirles ganarse decentemente la vida con buenas tierras y adecuadas de su propiedad, y llevar vidas organizadas y de propio respeto en armonía con sus objetivos e ideales, como parte integral de la vida norteamericana. Bajo tal sistema, el resultado ideal será la desaparición definitiva de cualquier necesidad de ayuda gubernamental o de supervisión. Esto no ocurrirá mañana; tal vez tampoco en el curso de nuestra existencia; pero con la revitalización de la vida india merced a los actos y actitudes de este Gobierno durante estos últimos años, tal objetivo constituye una probabilidad.”
El programa de reforma de la Administración Roosevelt, dirigido por John Collier en calidad de Comisionado, surgió como finalidad consciente de la idea de proceso educativo. Con la promulgación de la Ley de Reorganización India del 18 de junio de 1934 recibió soporte legal. La ley era permisiva y las tribus tenían opción a aceptarla o rechazarla por mayoría de votos. Una elección semejante nunca se había ofrecido a los indios y algunas tribus evidentemente dieron voto adverso en la creencia de que aceptar la ley acarrearía sumisión posterior al Gobierno.
En cuanto a las tribus que aceptaron la ley, ésta prohibía cualquier división posterior de tierras tribales en adjudicaciones individuales y autorizaba al ministro del Interior a devolver a la propiedad tribal las tierras quitadas para ocupación de fincas rurales inalienables y que no habían sido ocupadas. Autorizaba una consignación de dos millones de dólares para compra de tierras y establecía un fondo público de crédito de diez millones (más tarde aumentado a doce millones) para permitir a los indios mejorar sus heredades y comprar los equipos necesarios de trabajo.
El verdadero núcleo de la ley lo constituían las partes que autorizaban a las tribus a actuar bajo gobiernos de su propia elección, formalizado mediante documentos escritos o según la costumbre, y a establecer sociedades comerciales para el manejo de sus recursos. Esto hizo explícito por primera vez en ley estatutaria [el derecho anglosajón distingue ‘statute law’, garantías y derechos puestos solemnemente por escrito, de ‘common law’, derecho de base consuetudinaria] el principio que los tribunales habían seguido desde los dictámenes del juez Marshall en la década 1830-1840, reconociendo el derecho inherente de autogobierno que poseían las tribus indias.
A este respecto, la ley de 1934 fue el instrumento que en nuestra época convirtió a la política india estadounidense en un segmento integrante de la tradición humanística comenzada por España, mejorada por Inglaterra e incorporada a las primeras leyes y fallos judiciales de la república norteamericana.”

Acabóse, por fin Mr. Green
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nazgul
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Registrado: 23 Abr 2001
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Ubicación: Cartagena, España

MensajePublicado: Mar Ene 25, 2005 03:14    Asunto: Responder citando

Shocked Applause thehealer, estoy encantado de tenerte en mi -nuestro- foro, tus aportes son siempre muy valiosos! sigue así! Smile
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nazgul
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MensajePublicado: Mar Ene 25, 2005 03:37    Asunto: Responder citando

Yo tengo un libro estupendo, no sé si lo conoces: Historias de Pieles Rojas, de Frederik Hetmann. Recoje muchas de las historias que en la tradición oral de los pueblos indios de norteamérica se han transmitido durante generaciones de padres a hijos...

El índice es como sigue:

-Prólogo, por Frederik Hetmann
-RELATOS EN TORNO A GLUSKAP (indios canadienses)
    
    
Gluskap y su pueblo
    
    

    
    
De cómo Gluskap encontró el verano
    
    

    
    
Nokome y el Rey de los Hielos
    
    

    
    
La transformación de Mikjeech
    
    

    
    
Oojigueas y el joven invisible
    
    

    
    
Abligumush, el conejo holgazán
    
    

    
    
El tejón y el Gigante Verde
    
    

-RELATOS EN TORNO A JOVEN ZORRO (indios californianos)
-Y AÚN SIGUE SIENDO ASÍ (relatos para niños de los navajo, hopi, quechan y apaches)
    
    
De porqué ladran los perros
    
    

    
    
De porqué la serpiente de cascabel tiene colmillos venenosos
    
    

    
    
De porqué los coyotes no tienen la piel azul
    
    

    
    
Relatos sobre el coyote
    
    

    
    
    
El coyote y el pavo
    
    
    

    
    
    
El coyote y el abejorro
    
    
    

    
    
    
El coyote bajo el granizo
    
    
    

    
    
    
El hermoso sueño
    
    
    

    
    
    
De cómo el coyote fue a cazar codornices
    
    
    

    
    
    
El coyote y el árbol del dinero
    
    
    

    
    
El canto del grillo
    
    

    
    
Negocios bancarios
    
    

    
    
Chuka o El viaje de la muerte a la vida
    
    

-Fuentes
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thehealer
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Ubicación: The Road Not Taken

MensajePublicado: Dom Feb 20, 2005 15:30    Asunto: Sube, sube, sube la espumita... Responder citando

A fin de rescatar el Templo de Clío de las garras de los fabricantes de ladrillos sumerios, podría cometer el error de perderme en los meandros de mis conocimientos escolares acerca de cómo preparaban en Ur y Sumer las tablillas para luego escribir en ellas con cuñas, procedimiento que conozco, contra mi escasamente aristocrática voluntad, desde hace mucho: en un tiempo, las escuelas del Estado argentino supieron ser muy buenas y uno no podía evitar enterarse de ciertas cosas. Pero mi propósito es menos pretencioso: formular, a través del recuerdo de un "pueblo que conviene conocer", un merecido homenaje a uno de nuestros símbolos patrios, nada menos que la popular marca de cerveza bonaerense a cuyos efectos estimulantes y somníferos tan aficionado ha resultado ser el veterano forista enmascarado tras el nick Exidor, que, según los rumores emanados de fuentes tan habitualmente bien informadas como ellos mismos, es acompañado en semejantes menesteres libatorios por el legendario coforista que gira aquí bajo la denominación de 'navegante'.

A unos doscientos kilómetros de la ciudad de San Miguel del Tucumán, Capital del pequeño Estado provincial homónimo, y a unos quince o veinte de la localidad de Amaicha del Valle, sobre el cerro Alto el Rey, están las "ruinas de Quilmes", en la región de los Valles Calchaquíes. Sitas entre las localidades de El Mollar y Quilmes, constituyen el asentamiento prehispánico más grande de la República Argentina.

Se pueden observar en dicho lugar construcciones realizadas aprovechando las naturales crestas montañosas, con paredes de piedra colocadas sin argamasa, zonas destinadas a la molienda y sectores de producción, canales, senderos y patios, atalayas y morteros comunes, y hacia el sur, gran represa que era empleada para regadío y canchones aterrazados para el cultivo y los dos cementerios. Las primeras investigaciones las hizo a finales del siglo XIX don Juan Bautista Ambrosetti, pero los estudios más recientes y la reconstrucción que demoró más de dos años (1978-80), estuvieron a cargo de Norberto Pelissero, por convenio entre el Gobierno de la Provincia de Tucumán (por entonces en tenebrosas manos, lo que es harina de otro costal) y la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires.

Este monumento arqueológico -ruinas restauradas y organizadas en museo- enseña mucho al visitante sobre una importante población indígena y sobre una época, y es el recuerdo de ciento treinta (130) años de resistencia contra la ocupación y evangelización española, tras algunos siglos de hacer lo propio contra el no menos opresivo imperio de los incas hasta que fueron doblegados en 1666 (Roberto J. Payró, recuerdo, ha narrado el episodio en una serie de novelas, de las que hacen parte 'Chamijo' y 'El Falso Inca').

Las viviendas que se ven en ese yacimiento pertenecían al pueblo Quilmes: huellas rectangulares y circulares que muestran los cimientos de las construcciones. Los quilmes mantuvieron su fortaleza desde el año 800 D.C. hasta esa derrota de 1666, y su número se calcula era de entre 3.000 y 5.000 personas. No sé si quedará alguno.
Habían abandonado sus tierras en lo que hoy es el norte de Chile con el fin de evitar rendirse al conquistador inca (entre los Incas y los conquistadores no se sabe qué era peor, si a uno le había tocado no ser quichua ni español: véase para ilustrarse, y sólo por citar un libro breve, elemental, "El mundo de los Incas", por Felipe Cossio del Pomar, ed. FCE, México, Breviario nº205).

Cruzaron la cordillera de Los Andes llegando hasta ahí, lo que hoy es Amaicha del Valle de Santa María (o 'de Yocavil'). Los calchaquíes, población local de la zona, creyéndolos invasores, entablaron duras batallas con los quilmes, hasta que finalmente efectuaron acuerdos de paz, conviviendo en territorios vecinos y acabando por sufrir la misma suerte.

Es conocido para los argentinos bien formados en materias históricas el triste destino de sus pobladores, quienes hicieron parte de la rebelión Calchaquí (sus al principio enemigos, luego aliados), encabezada en el siglo XVII por el 'falso Inca' Pedro Bohórquez, y fueron derrotados. Recuperando una antigua tradición incaica (muchos de los medios de explotación y castigo del prójimo usados por las autoridades coloniales los encontraron funcionando ya en América y los tomaron prestados), los sobrevivientes (hombres, mujeres y niños) fueron obligados a hacer a pie el camino desde esos cerros a la llanura pampeana, arreados hasta las cercanías de la ciudad de la Ciudad de la Santísima Trinidad y Puerto de Nuestra Señora de los Buenos Aires (que así se llama la Capi), trayecto de más de mil quinientos kilómetros que hoy día si uno tiene la temeridad de hacerlo en automóvil, en ómnibus o en tren y prescindir del avión, así le queda el culo Wink . La mayoría de los quilmes murió en el camino. Los que constituían la pequeñísima minoría que sobrevivió a la travesía soportaron en el nuevo territorio el diferente clima, la orografía de la llanura (esa trampa de nuestra pampa, que promete libertad y puede hacernos perder en el infinito si no la conocemos), el maltrato de las autoridades coloniales, y fueron utilizados como esclavos hasta que terminaron de morir los últimos que quedaban en el pueblo que hoy lleva su nombre a pocos kilómetros de la hoy Capital Federal. Ese es el origen de la bonita ciudad de Santa María de los Quilmes, la "ciudad cervecera", sita a medio camino entre Buenos Aires y La Plata, donde está la fábrica famosa, hoy de la brasileña Brahma, otrora del padre de la cineasta María Luisa Bemberg, Otto.

Como verán, "Quilmes" es gente, el recuerdo de un pueblo desgraciado. Mucho más que una famosa cerveza que es uno de los emblemas de la Argentina y se puede llegar a beber en Europa (sé de algun@s individu@s de disolutas costumbres que se agarran unas "alegrías asistidas" temibles consumiéndola en la ciudad de Valencia, España, alternándola con Corona, Heineken y otras marcas menos prestigiosas; será una venganza póstuma de los castigados de 1666 Wink ). Y también mucho más que una importante ciudad de la Provincia de Buenos Aires.

Un enlace que tiene algo que ver: de dónde nos vino el quichua santiagueño, y otras historias de pueblos amerindios del NOA (NorOeste Argentino) Arrow http://usuarios.arnet.com.ar/yanasu/Cap1-4.htm
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