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LOS PLACERES PROHIBIDOS. Leer a Cernuda.


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DELLWOOD
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Registrado: 25 May 2001
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MensajePublicado: Dom Feb 13, 2005 03:15    Asunto: LOS PLACERES PROHIBIDOS. Leer a Cernuda. Responder citando



Luis Cernuda, en 1931, en plena Ii República, escribe unos poemas, agrupados bajo el título de Los Placeres Prohibidos, que son básicos para adentrarse en la espeleología de la poesía cernudiana. La realidad y el deseo, juego de tensiones, si es que podemos hablar de juego al hablar de alto tan dramático como es la opresión social por el abuso del prejuicio, lo pone en íntima relación con otro gran lírico de las murallas que construyeron a su alrrededor, Konstantinos Kavafis.

Si la obra completa de Cernuda es La Realidad y el Deseo, tres de sus libros son puro submarinismo por las cuevas de esa disociación dialéctica cuya respuesta es la identidad. Un río, un amor. Los Placeres Prohibidos. Y Donde Habite el Olvido.


Ultima edición por DELLWOOD el Jue Abr 14, 2005 18:35, editado 2 veces
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DELLWOOD
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MensajePublicado: Dom Feb 13, 2005 03:25    Asunto: Responder citando



Diré cómo nacisteis, placeres prohibidos,
Como nace un deseo sobre torres de espanto,
Amenazadores barrotes, hiel descolorida,
Noche petrificada a fuerza de puños,
Ante todos, incluso el más rebelde,
Apto solamente en la vida sin muros.

Corazas infranqueables, lanzas o puñales,
Todo es bueno si deforma un cuerpo;
Tu deseo es beber esas hojas lascivas
O dormir en esa agua acariciadora.
No importa;
Ya declaran tu espíritu impuro.

No importa la pureza, los dones que un destino
Levantó hacia las aves con manos imperecederas;
No importa la juventud, sueño más que hombre,
La sonrisa tan noble, playa de seda bajo la tempestad
De un régimen caído.

Placeres prohibidos, planetas terrenales,
Miembros de mármol con sabor de estío,
Jugo de esponjas abandonadas por el mar,
Flores de hierro, resonantes como el pecho de un hombre.

Soledades altivas, coronas derribadas,
Libertades memorables, manto de juventudes;
Quien insulta esos frutos, tinieblas en la lengua,
Es vil como un rey, como sombra de rey
Arrastrándose a los pies de la tierra
Para conseguir un trozo de vida.

No sabía los límites impuestos,
Límites de metal o papel,
Ya que el azar le hizo abrir los ojos bajo una luz tan alta,
Adonde no llegan realidades vacías,
Leyes hediondas, códigos, ratas de paisajes derruidos.

Extender entonces una mano
Es hallar una montaña que prohíbe,
Un bosque impenetrable que niega,
Un mar que traga adolescentes rebeldes.

Pero si la ira, el ultraje, el oprobio y la muerte,
Ávidos dientes sin carne todavía,
Amenazan abriendo sus torrentes,
De otro lado vosotros, placeres prohibidos,
Bronce de orgullo, blasfemia que nada precipita,
Tendéis en una mano el misterio.
Sabor que ninguna amargura corrompe,
Cielos, cielos relampagueantes que aniquilan.

Abajo, estatuas anónimas,
Sombras de sombras, miseria, preceptos de niebla;
Una chispa de aquellos placeres
Brilla en la hora vengativa.
Su fulgor puede destruir vuestro mundo.

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MensajePublicado: Dom Feb 13, 2005 08:00    Asunto: Responder citando

UNOS CUERPOS SON COMO FLORES

Unos cuerpos son como flores,
otros como puñales,
otros como cintas de agua;
pero todos, temprano o tarde,
serán quemaduras que en otro cuerpo se agranden,
convirtiendo por virtud del fuego a una piedra en un
hombre.

Pero el hombre se agita en todas direcciones,
sueña con libertades, compite con el viento,
hasta que un día la quemadura se borra,
volviendo a ser piedra en el camino de nadie.

Yo, que no soy piedra, sino camino
que cruzan al pasar los pies desnudos,
muero de amor por todos ellos;
les doy mi cuerpo para que lo pisen,
aunque les lleve a una ambición o a una nube,
sin que ninguno comprenda
que ambiciones o nubes
no valen un amor que se entrega.


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MensajePublicado: Dom Feb 13, 2005 18:36    Asunto: Responder citando

Hola a todos,

os dejo unas notas tomadas de la introducción biográfica y crítica del libro de Cernuda, La realidad y el deseo, a cargo de Miguel J. Flys, para centrar un poco la figura y la obra del poeta.


<<(...) Luis Cernuda Bidón (el nombre completo según la inscripción de nacimiento es Luis Mateos Bernardo José Cernuda Bidón) nace en Sevilla el 21 de septiembre de 1902. Su padre era natural de Puerto Rico (los abuelos paternos procedían de Galicia y de Palma de Mallorca), casado con una sevillana (con ascendencia francesa por parte del abuelo materno). Luis es el menor de la familia, con dos hermanas mayores: Amparo y Ana.

Desde niño, se desarrolla en Luis Cernuda una exquisita sensibilidad, acompañada de la tendencia a la observación y a la meditación. Tímido por naturaleza, el niño se siente atraído por la soledad contemplativa. Le atraen la naturaleza, el silencio crepuscular y el sonido de la música.
Su primer contacto con la poesía se reraliza a la edad de nueve años cuando sus hermanas le dejan leer las obras de Bécquer.
A los catorce años realiza sus primeros intentos de escribir poesía, animado por su profesor de retórica. El elogio del maestro le causa cierta impopularidad entre los compañeros lo que le hace encerrarse más en sí mismo.
De gran importancia también es la coincidencia de este suceso con el despertar sexual de la pubertad. Esta coincidencia de empezar a descubrirse como poeta y como homosexual consolidará más tarde su percepción radical de sentirse diferente y marginado, casi hasta el punto de fundir ambos aspectos en una inseparable característica de su ser y de su actitud frente a la sociedad.

En 1919, empieza la carrera de Derecho en la Universidad de Sevilla. Tímido, retraido y obsesionado con su problemática personal, entre remordimientos, sentimientos de culpabilidad y, al mismo tiempo, deseos de dicha, el joven Cernuda pasa desapercibido entre sus profesores y compañeros y muestra poco interés en sus estudios. Su profesor de literatura en el primer año es Pedro Salinas, pero no llegan a conocerse hasta mucho más tarde, cuando una revista universitaria publica unos poemas de Cernuda. Es cuando empieza la amistad entre los dos poetas.
Esta amistad es decisiva en la formación de Luis Cernuda como poeta, y él mismo lo reconoce así: “No sabría decir cuánto debo a Salinas, a sus indicaciones, a su estímulo primero; apenas hubiera podido yo, en cuanto poeta, sin su ayuda, haber encontrado mi camino.” Siguiendo los consejos de Salinas, Cernuda intensifica su lectura de los clásicos españoles -Garcilaso, Fray Luis de León, Góngora, Lope, Quevedo y Calderón- y franceses -sobre todo Baudelaire, Mallarmé, Rimbaud y Gide-. Aparte de la importancia que estas lecturas han de tener en su formación como poeta, el conocimento de la obra de André Gide tiene un impacto decisivo en la vida personal del poeta -tan unida a su creación poética-: “Me figuro que Salinas no podía suponer que con esa lectura me abría el camino para resolver, o para reconciliarme, con un problema vital mío decisivo.” Se trata naturalmente del problema amoroso. A través de la lectura de Gide -cuya vida, en ese sentido, oferce cierto parecido con la de Cernuda-, el poeta sevillano encuentra no sólo una reconciliación con su problema, sino también un modo de expresarlo poéticamente. De especial atracción para Cernuda resulta el personaje de Lafcadio, prototipo de un ideal hacia el que Cernuda enfocará su deseo: (...) "allí conocí a Lafcadio, y quedé enamorado de su juventud, de su gracia, de su libertad, de su osadía.”

Cernuda, siempre de la mano de Salinas, entra en contacto con la literatura de su tiempo. En 1925 conoce a Juan Ramón Jimenez y publica sus primeros versos en Revista de Occidente. Poco después, hace su primera salida a Madrid, donde entabla relaciones con varios escritores y poetas, entrer ellos con Bergamín, D´Ors, Guillermo de Torre y Ortega y Gasset. De vuelta en Sevilla, donde tras unos exámenes finales obtiene su licenciatura en Derecho, trabaja intesamente en la preparación de su primer libro de poesía, Perfil del aire, que, por mediación de Pedro Salinas, se publica en la revista malagueña Litoral, en abril de 1927. Con esta publicación, Luis Cernuda entra a formar parte de la Generación del 27.

Herido por las críticas que recibe Perfil del aire, calificándolas él mismo de injusta y hostiles -no sólo por insistir en la influencia de Jorge Guillén, sino también por tacharlo de poco moderno-, Luis Cernuda reacciona en dirección opuesta, escribiendo lo que será la segunda parte de su obra poética, los poemas Égloga, elegía, oda, de tono clasicista con huellas ostensibles de Garcilaso.

En 1928, tras la muerte de su madre y agobiado por el ambiente provincial que le resulta enojoso, vende su casa y, tras una breve estancia en Málaga, Cernuda se traslada a Madrid. Ya no volverá nunca a su ciudad nativa.

Cernuda, entre Aleixandre y Lorca.

En Madrid se siente satisfefcho y participa en la vida literaria de la capital -sobre todo en el marco cultural de la Residencia de Estudiantes-, trabando amistad con otros poetas, especialmente con Vicente Aleixandre. Pero su estancia en Madrid es breve. Pedro Salinas le gestiona un puesto de lector de español en la Ecole Normale de Toulouse y sale para Francia al mes de establecerse en Madrid. El trabajo de lector, dada su timidez, no le resulta ni fácil ni grato, pero sí la residencia en Francia y la posibilidad de viajar a París. Se intensifica su antigua afición al cine y a la música jazz. De importancia capital es su interés y lectura de los poetas surrealistas que le sugieren la forma ideal para expresar lo más hondo de su naturaleza: sus sentimientos, su rebeldía y su protesta contra la realidad burguesa.

Es en Toulouse donde empieza a escribir su tercer libro Un río, un amor, de marcada influencia surrealista. Lo termina de regreso a Madrid, donde fija su residencia hasta 1936. El intento fracasado de conseguir un lectorado en Oxford -se lo dan a Dámaso Alonso- y el caos político reinante en España -la caída de la dictadura de Primo de Rivera y el resentimiento nacional contra el rey y la monarquía-, agudizan su espíritu de oposición y rebeldía contra la sociedad y sus normas -sobre todo ético-morales-. Testimonios de este exarcerbamiento espiritual son el siguiente libro poético, Los placeres prohibidos, escrito en 1931, y el texto que envia a Gerardo Diego en 1932 para su antología de la poesía española, donde dice: “No valía la pena de ir poco a poco olvidando la realidad para que ahora fuese a recordarla, y ante qué gentes. La detesto como detesto todo lo que a ella pertenece: mis amigos, mi familia, mi país.
No sé nada, no quiero nada, no espero nada. Y si aún pudiera esperar algo, sólo sería morir allí donde no hubiese penetrado aún esta grotesca civilización que envanece a los hombres.”
>>


Saludos.
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MensajePublicado: Lun Feb 14, 2005 19:00    Asunto: Responder citando

Algunas notas más , siempre de Miguel L. Flys, con la idea de que os ayuden a situar mejor los poemas del libro.

<< (...) Octavio Paz, en su penetrante ensayo sobre la poesía de Luis Cernuda, La palabra edificante, la califica de “biografía espiritual”. Ciertamente, pocos poetas de este siglo han vertido en su obra tanta experiencia vital como ha hecho Cernuda. No se trata, por supuesto, de una poesía narrativa o confesional, sino de una expresión quintaesenciada que, partiendo de las vivencias reales, busca una comprensión y una interpretación conceptual de las huellas anímicas que dejan y que, de una manera inevitable, modulan la percepción vital del poeta y determinan su propio vivir.

Este libro que ahora merece nuestra atención , Los placeres prohibidos, podemos considerarlo como la tercera entrega de esta “biografía espiritual”, anotando como primera entrega los libros Primeras poesías y Égloga, elegía, oda; como segunda Un rio, un amor, y como cuarta Donde habite el olvido.

Los placeres prohibidos, como el anterior, Un rio, un amor, sigue aprovechando varias de las técnicas inspiradas en el surrealismo; temáticamente representa un cambio considerable, según lo indicado en el título mismo.
El contraste entre Un río, un amor y Los placeres prohibidos denota una intensificación del aspecto erótico del tema amoroso. En el primero, el poeta pretende lograr la realización de su ensueño juvenil, un amor ideal, pero fracasa en su intento; es un libro triste en que destaca la ausencia del amor y se afirma su imposibilidad. En éste, Placeres..., por el contrario, el amor se identifica con el deseo y el placer, perdiendo su profundidad espiritual.
La experiencia frustada de la búsqueda del amor deja a Cernuda desengañado y amargado. Aunque el fracaso sea íntimo y personal, su causa radica en la realidad hostil que le rodea y la amargura del poeta se traduce ahora en una rebeldía violenta y mordaz contra esa realidad, destructora de su ideal anhelado.

Es indudable que el poeta considera el amor erótico como parte de su destino vital y la justificación de su existencia, pero su poesía no se convierte en anecdótica en ningún momento. Al contrario, no sólo persiste sino que se profundiza el proceso de hacer pasar sus experiencias por un agudo análisis mental y sicológico para ver la naturaleza de este hallado amor y sus efectos sobre el poeta -y sobre el hombre en general-. A través de los poemas del libro encontramos, pues, hondas revelaciones sobre el amor erótico como una fuerza cruel, inútil y, sobre todo, efímera que deja un vacío cuando desaparece.

El tono moral de la voz poética de Cernuda, convencido ya de que el amor ideal no existe, expresa también el descubrimiento de que esa única forma asequible, el efímero placer del acto erótico, está destinada por su naturaleza a una corrupción inevitable.

Así, el conflicto entre deseo y realidad se multiplica en varios conflictos o contradicciones: el amor es necesario, pero imposible; el deseo es bueno, pero necesariamente corrupto; el placer, por efímero, lleva al vacío y a la postración; en suma, la verdad es mentira. Ante este panorama de un amor triste e inútil, quedan dos alternativas: el autoengaño y la evasión.

La materialización de esa evasión, como justificacion de su existencia, dará pie al último capítulo de la atormentada biografía espiritual de Luis Cernuda, Donde habite el olvido, compuesto a raíz de una dolorosa experiencia amorosa que le dejó en estado de postración absoluta. >>
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MensajePublicado: Lun Feb 14, 2005 19:07    Asunto: Responder citando

SI EL HOMBRE PUDIERA DECIR LO QUE AMA

Si el hombre pudiera decir lo que ama,
si el hombre pudiera levantar su amor por el cielo
como una nube en la luz;
si como muros que se derrumban,
para saludar la verdad erguida en medio,
pudiera derrumbar su cuerpo,
dejando sólo la verdad de su amor,
la verdad de sí mismo,
que no se llama gloria, fortuna o ambición,
sino amor o deseo,
yo sería aquel que imaginaba;
aquel que con su lengua, sus ojos y sus manos
proclama ante los hombres la verdad ignorada,
la verdad de su amor verdadero.

Libertad no conozco sino la libertad de estar preso en alguien
cuyo nombre no puedo oír sin escalofrío;
alguien por quien me olvido de esta existencia mezquina
por quien el día y la noche son para mí lo que quiera,
y mi cuerpo y espíritu flotan en su cuerpo y espíritu
como leños perdidos que el mar anega o levanta
libremente, con la libertad del amor,
la única libertad que me exalta,
la única libertad por que muero.

Tú justificas mi existencia:
si no te conozco, no he vivido;
si muero sin conocerte, no muero, porque no he vivido.
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MensajePublicado: Lun Feb 14, 2005 19:11    Asunto: Responder citando

TE QUIERO

Te quiero.

Te lo he dicho con el viento
jugueteando tal un animalillo en la arena
o iracundo como órgano tempestuoso;

te lo he dicho con el sol,
que dora desnudos cuerpos juveniles
y sonríe en todas las cosas inocentes;

te lo he dicho con las nubes,
frentes melancólicas que sostienen el cielo,
tristezas fugitivas;

te lo he dicho con las plantas,
leves caricias transparentes
que se cubren de rubor repentino;

te lo he dicho con el agua,
vida luminosa que vela un fondo de sombra;
te lo he dicho con el miedo,

te lo he dicho con la alegría,
con el hastío, con las terribles palabras.
Pero así no me basta;
más allá de la vida
quiero decírtelo con la muerte,
más allá del amor
quiero decírtelo con el olvido.
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DELLWOOD
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MensajePublicado: Mar Feb 15, 2005 06:15    Asunto: Responder citando

La última foto de Cernuda, en el lago Arrowhead, California, 1960.



Lorca, que fue quien le presentó a Serafín Fernández Ferro, trotamundos gallego y amante del poeta, sobre Cernuda.

...................................................................

No vengo yo en este momento a esta mesa como amigo de Luis Cernuda, ni amigo vuestro, ni a ofrecer este banquete para cumplir un rito gastado ya en tantas farsas con discursitos decorados, con envidias cubiertas de veneno y lágrimas de cocodrilo. No vengo tampoco dispuesto a que mi voz la lleve el aire para recibir en cambio, como tantas veces, una bandeja de aplausos coronada por un "muy interesante" de merengue. Yo vengo para saludar con reverencia y entusiasmo a mi "capillita" de poeta, quizá la mejor capilla poética de Europa, y lanzar un vítor de fe en honor del gran poeta del misterio, delicadísimo poeta Luis Cernuda, para quien hay que hacer otra vez, desde el siglo XVII, la palabra divino, y a quien hay que entregar otra vez agua, juncos y penumbra para su increíble cisne renovado.

No me equivoco. Lo que voy a decir es verdad y está en la conciencia de toda persona sensible. La aparición del libro La realidad y el deseo es una efemérides importantísima en la gloria y el paisaje de la literatura española. No me equivoco, porque para decir esto aquí yo he luchado a brazo partido con el libro, leyendo sin gana al acostarme, al levantarme; leyendo con dolor de cabeza, sacando ese poquito de odio que sentimos todos contra autores de obras perfectas; pero ha sido inútil. La realidad y el deseo me ha vencido con su perfección sin mácula, con su amorosa agonía encadenada, con su ira y sus piedras de sombra. Libro delicado y terrible al mismo tiempo, como un clave pálido que manara hilo de sangre por el temblor de cada cuerda. No habrá escritor en España, de la clase que sea, si es realmente escritor, manejador de palabras, que no quede admirado del encanto y refinamiento con que Luis Cernuda une los vocablos para crear su mundo poético propio; nadie que no se sorprenda de su efusiva lírica gemela de Bécquer y de su capacidad de mito, de transformación de elementos que surgen en el bellísimo poema El joven marino con la misma fuerza que en nuestros mejores poetas clásicos. Entre todas las voces de la actual poesía, llama y muerte en Aleixandre, ala inmensa en Alberti, lirio tierno en Moreno Villa, torrente andino en Pablo Neruda, voz doméstica entrañable en Salinas, agua oscura de gruta en Guillén, ternura y llanto en Altolaguirre, por citar poetas distintos, la voz de Luis Cernuda erguida suena original, sin alambradas ni fosos para defender su turbadora sinceridad y belleza.

La pluma que dibujó los primorosos mapas de los árabes, la que inventó clavellinas y negras mariposas en las cintas de los niños muertos, la pluma que ha escrito con sangre una carta de amor sobre la que después se ha escupido, la que ha copiado con temblor un torso de Apolo en la agonía de los institutos, pluma de pena y frenesí de rocío. es la que ha sostenido entre sus dedos Luis Cemuda mientras oía la voz que dictaba su Realidad y el deseo. Desde que el poeta canta en 1924:


Va la brisa reciente
por el espacio esbelta

y en las bojas, cantando,

abre una primavera.

empieza un duelo con sus tristezas, con su tristeza de sevillano profundo, duelo elegantísimo, con espadín de oro y careta de narcisos; pero con miedo y sin esperanza, porque el poeta cree en la muerte total. Este duelo sin esperanza de paraíso, que hace que el poeta quiera fijar eternamente los hombros desnudos de un navegante o una momentánea cabellera, anima todas sus páginas, hasta que al fin cae victoriosamente rendido.


Fortalecido estoy contra tu pecho
y augusta piedra fría,

bajo tus ojos crepusculares,

¡oh madre inmortal!

en el grave himno de la "Tristeza", uno de los últimos de La realidad y el deseo.

No es hora de que yo estudie el libro de Luis Cernuda, pero sí es la hora de que lo cante. De que cante su espera inútil, su impiedad, y su llanto, y su desvío, expresados en norma, en frialdad, en línea de luz, en arpa. No me equivoco. No nos equivocamos. Saludemos con fe a Luis Cernuda. Saludemos a La realidad y el deseo como uno de los mejores libros de la poesía actual de España.
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DELLWOOD
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MensajePublicado: Mar Feb 15, 2005 06:30    Asunto: Responder citando

Qué ruido tan triste el que hacen dos cuerpos cuando se aman,
parece como el viento que se mece en otoño
sobre adolescentes mutilados,
mientras las manos llueven,
manos ligeras, manos egoístas, manos obscenas,
cataratas de manos que fueron un día
flores en el jardín de un diminuto bolsillo.

Las flores son arena y los niños son hojas,
y su leve ruido es amable al oído
cuando ríen, cuando aman, cuando besan,
cuando besan el fondo
de un hombre joven y cansado
porque antaño soñó mucho día y noche.


Mas los niños no saben,
ni tampoco las manos llueven como dicen;
así el hombre, cansado de estar solo con sus sueños,
invoca los bolsillos que abandonan arena,
arena de las flores,
para que un día decoren su semblante de muerto.



Cernuda lee uno de sus poemas

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MensajePublicado: Mar Feb 15, 2005 19:13    Asunto: Responder citando

TELARAÑAS CUELGAN DE LA RAZÓN

Telarañas cuelgan de la razón
en un paisaje de ceniza absorta;
ha pasado el huracán de amor,
ya ningún pájaro queda.
Tampoco ninguna hoja;
todas van lejos, como gotas de agua
de un mar cuando se seca,
cuando no hay ya lágrimas bastantes,
porque alguien, cruel como un día de sol en primavera,
con sólo su presencia ha dividido en dos un cuerpo.

Ahora hace falta recoger los trozos de prudencia,
aunque siempre nos falte alguno;
recoger la vida vacía
y caminar esperando que lentamente se llene,
si es posible otra vez, como antes,
de sueños desconocidos y deseos invisibles.

Tú nada sabes de ello,
tú estás allá, cruel como el día;
El día, esa luz que abraza estrechamente un triste muro,
un muro, ¿no comprendes?
un muro frente al cual estoy solo.
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