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LOS PLACERES PROHIBIDOS. Leer a Cernuda.


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DELLWOOD
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MensajePublicado: Mie May 21, 2008 07:43    Asunto: Responder citando

el poeta con el muchacho que inspiró Los PLaceres Prohibidos.

Ocurrió en un encuentro sobre la cultura en el exilio, en los primeros años de la Transición democrática. En las instalaciones de O Castro se proyectaba la legendaria película L’espoir (1939) de André Malraux, aún hoy tenida como emblema del cine antifascista, y entre el público se encontraba el escritor llegado del exilio Eduardo Blanco Amor —homosexual y editor de los célebres Seis poemas galegos de Lorca (1935)— cuando la fulgurante aparición en la pantalla del actor coruñés Serafín Ferro (uno de los protagonistas de la película) hizo que al escritor ourensano se le escapase un involuntario suspiro — “Ay, Serafín, Serafín..”— que nadie dejó de escuchar en la sala. El suspiro de Blanco Amor —que fue en algún lance celoso rival del triángulo amoroso existente ente Ferro, Lorca y Cernuda en los primeros años 30 y que denostó por escrito al actor coruñés como un “golfantillo intelectualizado”— revela mejor que ningún testimonio que Serafín (la S serpentina que acompañaba las primeras ediciones de Donde habite el olvido, la obra cumbre de Cernuda) era el objeto de deseo de la generación del 27. Lorca, Cernuda, Aleixandre, Dalí. Es imposible teclear su nombre en internet sin que asome el nombre del actor coruñés, omnipresente en todos los estudios sobre la Generación del 27.

El coruñés Serafín Ferro —uno los grandes y malacabados amores de Cernuda, el que dio origen, al concluirse, el libro de 1934 Donde habite el olvido— debía de tener, según quienes le conocieron cuando estaba con Luis, 21 o 22”, añade Luis Antonio de Villena.
El investigador Francisco Chica ofrece la versión más documentada de la tormentosa relación entre Cernuda y el coruñés.

“Fue muy posiblemente en marzo de 1931 cuando Cernuda conoció a Serafín Ferro, su amante a lo largo de más de un año. La aventura amorosa se correspondería con las fechas exactas en las que el poeta sevillano redacta los poemas de Los placeres prohibidos, libro esencial en el que culmina la vertiente surrealista del autor. El hecho explicaría si no el contenido total de la obra, sí la omnipresencia que adquiere el cuerpo en los poemas y el obsesivo ritual erótico al que obedecen muchos de ellos. ¿Quién es el protagonista de esta obra? Por lo que sabemos de él, Ferro había nacido en el seno de una familia obrera de A Coruña alrededor de 1912 o quizás algo más tarde. Fue Lorca quien lo conoció en Madrid en una de sus salidas nocturnas. El muchacho, ‘de gracioso gesto y voz dulce’, —en palabras de Lorca— no era entonces sino un vagabundo que solicita su ayuda y que acaba conmoviendo a Cernuda con el relato de sus andanzas. Presentado por Lorca a Aleixandre y Cernuda, será este último quien se convierta en su más directo protector y quien idealice hasta grados extremos la figura de quien —un mantenido al fin al cabo —acabaría sumiéndolo en la que quizás deba ser considerada como la más absorbente y atormentada historia amorosa de su vida”, señala Chica.

El retrato de Serafín es también ofrecido por alguien muy cercano a Lorca y Cernuda, el diplomático de la embajada chilena Morla Lynch, cuya casa madrileña sirve también de escenario a los encuentros de Lorca, Cernuda y Ferro.
“Pienso nuevamente, mientras lo observo —escribe Lynch en sus diarios— en la bonanza que significa en este mundo poseer lo que yo llamo una fisonomía favorable. El chico la tiene en grado sumo, chispeante, simpática y agraciada. Pequeño de estatura, pero proporcionado, de cabellera ondulada y de tez ligeramente broncínea, tiene esa expresión, entre risueña y dolorida, propia de los adolescentes que acaban de atravesar por una infancia triste. No es un muchacho todavía, pero ya es algo más que un chiquillo: un Juan Bautista de la época en que Jesús era niño... Me conmueve en él esa tristeza indefinida que contrasta con su extremada juventud”.

Lorca, cuya presencia se adivina detrás de estas palabras, insiste también en este tipo de rasgos al hablar de la “sonrisa leonardesca” de Serafín Ferro. Atrapados entre las redes de una pasión irresoluble, la relación parece ya totalmente desmoronada en la primavera de 1932, fecha en la que Cernuda comienza a escribir Donde habite el olvido, que nos asoma a la angustiosa situación que vive tras la separación.
Cuando en 1934 la editorial Signo publica la obra, pocos fueron los que advirtieron el verdadero significado de la S en forma de serpiente que aparecía en su contraportada, último homenaje del autor a quien había sido el verdadero protagonista de sus versos. El detalle vuelve a repetirse (con la letra capital en rojo y siguiendo un estilizado diseño de Ramón Gaya) en 1936 cuando el libro queda integrado en La realidad y el deseo. La referencia a Ferro está confirmada por el propio Aleixandre: “Donde habite el olvido fue el fruto poético de su relación amorosa con un chico llamado Serafín, un chulito de barrio que le hizo sufrir mucho, pues el pobre Luis se enamoró perdidamente y el tal Serafín le hacía poco caso, salvo para pedirle dinero.”
Otro estudioso, Miguel Longo, detalla en un artículo —Tralas pegadas de Serafín Ferro, publicado en el volumen Sesenta años después. Os escritores do exilio republicano, Ediciós do Castro, 1999— los pormenores del encuentro entre Lorca, Cernuda y Ferro. El coruñés abordó al poeta granadino en el café El Universal y le pidió que lo invitara a comer.
Federico se interesó por él y lo llevó a casa de Aleixandre, muy frecuentada según Gibson —que por cierto hace ferrolano a Ferro— por los escritores homosexuales que residían en Madrid y le dio varias cartas de presentación, una de ellas para Altolaguirre y otra para Cernuda. Pensaba que Serafín sería el compañero ideal de Cernuda... “si no lo idealiza demasiado”, revela Longo.
La carta de presentación era ésta: “Querido Luis: tengo el gusto de presentarte a Serafín Fernández Ferro (he estado luchando con tres plumas). Espero lo atenderás en su petición. Un abrazo de Federico”.
“Por lo que parece —señala Longo— la lucha con las tres plumas produjo su efecto. Luis Cernuda no tardó en dedicarle —A Serafín F. Ferro— el poema Como leve sonido, compuesto en abril de 1931 y publicado en la revista madrileña Héroe. En un poema inédito, Deseo, en borrador autógrafo, en el dorso de la hoja hay una breve nota de Serafín, sin duda el destinatario.”
La relación con Lorca, Cernuda y Aleixandre le abrió al adolescente coruñés las puertas de las exclusivas tertulias celebradas en casa del diplomático chileno Morla Lynch, a la que acudían artistas, escritores y músicos de fama internacional.

La memoria que permanece de Ferro —escasa— está casi exclusivamente centrada en su relación con los grandes nombres del 27. Sin embargo, Ferro brilló con luz propia. Nacido en el popular barrio de Monelos y vinculado a la CNT, era un autodidacta pero estaba lejos de ser el lector de un solo libro —Cantos de Maldoror, de Lautréamont— que describió con hostilidad Blanco Amor. Sin duda sacó partido de las élites que rondaban el entorno cosmopolita de Lorca y Cernuda —Manuel Altolaguirre lo empleó en su imprenta— pero en los archivos coruñeses puede rastrearse su huella en el intento de elaborar un teatro de altura. Ferro dirigirá un prometedor y pionero grupo Keltya, alabado por Antón Villar Ponte, que representa a Yeats y Álvaro María de las Casas.

“Dentro de poucos días, farase a consagrazón, nun teatro da Coruña deste novo grupo artístico”, escribe Leandro Carré. Era julio de 1936 y la esperada actuación jamás tendrá lugar. El nombre de Serafín Ferro aparecerá por error en una lista de los primeros paseados en la ciudad coruñesa. Ferro se alista en la Legión y durante el sitio de Madrid se pasa en la Casa de Campo al bando republicano. La contienda le lleva como teniente a Barcelona, donde escribirá en Nova Galiza —boletín quincenal de los escritores gallegos antifascistas— y en la legendaria revista Hora de España.
Su momento de gloria llegará en 1939, cuando André Malraux le selecciona para el reparto de actores de la película L’espoir —Sierra de Teruel, en la que también aparece otro actor coruñés: Andrés Mejuto—, el gran filme clásico del cine antifascista.
Ferro se exiliará en México y aunque allí coincide con todo el equipo de L’espoir —que será la columna base del futuro e interesante cine mexicano, recordemos a Buñuel— su nombre se pierde en el olvido. Octavio Paz habla descorazonadamente de él al ferrolano Guerra da Cal en un encuentro en Nueva York: “Nostalgias de la Galicia infinita. Demasiado tequila. Noches de puro tomar y broncos amaneceres”.
Murió solo, fracasado y alcoholizado hace ahora 50 años. Guerra da Cal le escribió el epitafio: “Nació para oscuro malabarista de la vida y desempeñó con valor e ironía el papel de esa aventura acrobática”.



Foto del almbum particular de Cernuda. Residencia de Estudiantes.



Foto de Cernuda dedicada a Ferro.
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DELLWOOD
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MensajePublicado: Mie May 21, 2008 07:48    Asunto: Responder citando

Ferro en la película antifascista La Esperanza, de 1939.



El actorcillo, después de esta película, se exilió en México, donde moriría en 1957, en la indigencia y el alcoholismo, en un hospital.

..................................................................................

Cernuda, se había exilado en Inglaterra en 1938, país que abandona en 1948 para irse a Estados Unidos. Pero se fue a México en 1952.

Quizás hasta se volvieron a ver.

Aunque lo dudo, porque Cernuda se instaló en México por estar enamorado, y correspondido, de un culturista al que le dedicó Poemas para un cuerpo.

Cernuda muere Muere el 5 de noviembre de 1963 en la Ciudad de México y es enterrado pocos días después en la sección española del Panteón Jardín, según unos, y en el Panteón Civil de Dolores, según otros. ¿O es el mismo sitio?


......................................
por Juan García Ponce

Cuando José Ángel Valente estuvo en México con dos amigos ingleses, pidió en el panteón Jardín el mapa que les permitiría localizar la tumba de Luis Cernuda y fue a visitarla. Ante ella dijo: "Sólo tú permaneces". Homenaje de un gran poeta y un gran espíritu a otro gran poeta y gran espíritu. Yo tuve la suerte de escribir, en vida de Cernuda, sobre su libro Pensamiento poético en la lírica inglesa, y poco después de su muerte apareció Ocnos, cuya nueva edición él esperaba y sobre la que escribí también. Cernuda había visto la edición completa, publicada por el Fondo de Cultura Económica, de su gran libro La realidad y el deseo, título único que él escogió para la totalidad de su obra poética, que antes había sido publicada también por el Fondo de Cultura Económica, pero con el último libro de poemas, titulado Desolación de la Quimera, todavía incompleto. Este libro fue publicado independientemente por Joaquín Mortiz.

Al morir el poeta sólo doce o trece personas, todos refugiados españoles incluyendo a mi entonces esposa Mercedes de Oteyza, y yo, como único mexicano, estuvimos en su velorio y luego en su entierro. Después, Carlos Pellicer dejó sobre el ataúd un ramo de violetas. Dato muy significativo, Cernuda tiene un poema titulado "A Larra con unas violetas". La Revista Mexicana de Literatura, bajo mi dirección, le dedicó un número entero de homenaje póstumo; di una conferencia en la Universidad Iberoamericana, organizada por Carolina Calderón, en la cual cité varios poemas de Cernuda de memoria y celebré su postura homosexual y anticristiana ("Desprecio a su Dios exangüe", dice Cernuda en un poema), y para los directores de la Iberoamericana la conferencia fue un escándalo; también escribí un largo ensayo cuando publicaron en España su prosa completa. Ésos son los datos sucintos; la inmortalidad de Luis Cernuda en la poesía está asegurada.

Hay que dar ahora una breve justificación de por qué considero esta inmortalidad asegurada. En vida de Cernuda su obra ya era apreciada, y además de sus méritos estéticos hay que subrayar su radical sinceridad. Él nunca dejó de afirmar su actitud homosexual y sus opiniones básicas, lo cual podría ser en cierta época muy valiente. Pensemos en España durante los primeros años treinta, antes de la Guerra Civil. Hablar entonces de "muchacho" cuando todos usaban las palabra "muchacha" para ocultar su homosexualidad, debe haber sido por lo menos escandaloso. Cernuda tenía una actitud semejante a la de otro de mis ídolos: Robert Musil. Cuando Canetti le dijo a Musil, alborozado al recibir sus felicitaciones por su primera novela, que la novela también le había gustado a Thomas Mann, Musil dejó de hablarle, y Canetti lo cuenta aprobando la actitud hosca de éste. Cernuda tenía un carácter difícil, su timidez era excesiva hasta el grado de que otro poeta español, Pedro Salinas, en sus cartas a Jorge Guillén, le decía: "Cernida". Emilio Prados, que era muy amigo suyo, tardó un momento en abrirle la puerta cuando Cernuda fue a visitarlo una vez; luego lo vio bajar las escaleras ignorando todos los gritos que con acento andaluz lo llamaban: "Luí, Luí". Esto me lo contó Juan Martín, que vivía muy cerca de la casa de Prados y era de las pocas personas a quien Cernuda veía y que, con gran regocijo mío, me dijo que mi nota sobre Pensamiento poético en la lírica inglesa le había gustado a Cernuda.

En un poema, Cernuda tiene un fragmento en el que dice: "Un día, tú ya libre / de la mentira De ellos, / Me buscarás. Entonces / ¿Qué ha de decir un muerto?" Así sucedió en efecto. Muerto ya Cernuda, Seix Barral publicó una lujosísima edición de sus poemas completos, incluyendo sus traducciones, y un segundo libro igualmente lujoso con su prosa completa. Hicieron un suntuoso homenaje al que asistieron Octavio Paz y el nieto de Manuel Altolaguirre —muerto hace poco en México—, Manuel Ulacia, además de algunos españoles, porque en España actualmente se pretende ignorar los cuarenta años de la dictadura de Franco, tan sangrienta y cruel desde el principio. La actitud de Cernuda con España es siempre ambivalente: oscila entre la nostalgia absoluta y el desprecio por la España de Franco e incluso por la España en general. Lo mismo dice cosas como "del español terrible [...] con su piedra en la mano", hasta la descripción nostálgica de "Un español habla de su tierra": "Las playas, parameras / Al rubio sol durmiendo, / Los oteros, las vegas / En paz, a solas, lejos; / Los castillos, ermitas, / Cortijos y conventos, / La vida con la historia, / Tan dulces al recuerdo", para terminar en el mismo poema con el adolorido reproche: "Ellos, los vencedores / Caínes sempiternos, / De todo me arrancaron. / Me dejan el destierro. / Una mano divina / Tu tierra alzó en mi cuerpo / Y allí la voz dispuso / Que hablase tu silencio. / Contigo solo estaba, / En ti sola creyendo; / Pensar tu nombre ahora / Envenena mis sueños. / Amargos son los días / De la vida, viviendo / Sólo una larga espera / A fuerza de recuerdos. / Un día, tú ya libre / De la mentira de ellos, / Me buscarás. Entonces / ¿Qué ha de decir un muerto?"
Cernuda vivió fuera de España desde antes de la Guerra Civil; primero en Francia, después en Inglaterra y en Estados Unidos, antes de establecerse definitivamente en México, en donde expresa su alegría por el solo hecho de volver a oír el idioma español. Durante esa larga jornada, su dolor por vivir en lugares ajenos a su idioma está magníficamente retratado en poemas como "Nocturno yanqui", donde además expresa su despreciativa opinión sobre la docencia. Pero quizá, en una obra toda ella mejor, como digo repitiendo su propia opinión sobre Hölderlin, en el número de homenaje que le dedicamos en la Revista Mexicana de Literatura, en donde está citado un poema de cada uno de sus libros, aún más bello y adolorido es el poema dedicado al recuerdo de Federico García Lorca después de su asesinato, titulado "A un poeta muerto (F.G.L.)". En este poema dice Cernuda:

Así como en la roca nunca vemos
La clara flor abrirse,
Entre un pueblo hosco y duro
No brilla hermosamente
El fresco y alto ornato de la vida.
Por esto te mataron, porque eras
Verdor en nuestra tierra árida
Y azul en nuestro oscuro aire.

Leve es la parte de la vida
Que como dioses rescatan los poetas.
El odio y destrucción perduran siempre
Sordamente en la entraña
Toda hiel sempiterna del español terrible,
Que acecha lo cimero
Con su piedra en la mano.

Triste sino nacer
Con algún don ilustre
Aquí, donde los hombres
En su miseria sólo saben
El insulto, la mofa, el recelo profundo
Ante aquel que ilumina las palabras opacas
Por el oculto fuego originario.
La sal de nuestro mundo eras,
Vivo estabas como un rayo de sol,
Y ya es tan sólo tu recuerdo
Quien yerra y pasa, acariciando
El muro de los cuerpos
Con el dejo de las adormideras
Que nuestros predecesores ingirieron
A orillas del olvido.

Si tu ángel acude a la memoria,
Sombras son estos hombres
Que aún palpitan tras las malezas de la tierra;
La muerte se diría
Más viva que la vida
Porque tú estás con ella,
Pasando el arco de su vasto imperio,
Poblándola de pájaros y hojas
Con tu gracia y tu juventud incomparables.

Aquí la primavera luce ahora.
Mira los radiantes mancebos
Que vivo tanto amaste
Efímeros pasar juntos al fulgor del mar.
Desnudos cuerpos bellos que se llevan
Tras de sí los deseos
Con su exquisita forma, y sólo encierran
Amargo zumo, que no alberga su espíritu
Un destello de amor ni de alto pensamiento.

Igual todo prosigue,
Como entonces, tan mágico,
Que parece imposible
La sombra en que has caído.
Mas un inmenso afán oculto advierte
Que su ignoto aguijón tan sólo puede
Aplacarse en nosotros con la muerte,
Como el afán del agua,
A quien no basta esculpirse en las olas,
Sino perderse anónima
En los limbos del mar.

Pero antes no sabías
La realidad más honda de este mundo:
El odio, el triste odio de los hombres,
Que en ti señalar quiso
Por el acero horrible su victoria,
Con tu angustia postrera
Bajo la luz tranquila de Granada,
Distante entre cipreses y laureles,
Y entre tus propias gentes
Y por las mismas manos
Que un día servilmente te halagaran.

Para el poeta la muerte es la victoria;
Un viento demoniaco le impulsa por la vida,
Y si una fuerza ciega
Sin comprensión de amor
Transforma por un crimen
A ti, cantor, en héroe,
Contempla en cambio, hermano,
Cómo entre la tristeza y el desdén
Un poder más magnánimo permite a tus amigos
En un rincón pudrirse libremente.

Tenga tu sombra paz,
Busque otros valles,
Un río donde el viento
Se lleve los sonidos entre juncos
Y lirios y el encanto
Tan viejo de las aguas elocuentes,
En donde el eco como la gloria humana ruede,
Como ella de remoto,
Ajeno como ella y tan estéril.
Halle tu gran afán enajenado
El puro amor de un dios adolescente
Entre el verdor de las rosas eternas;
Porque este ansia divina, perdida aquí en la tierra,
Tras de tanto dolor y dejamiento,
Con su propia grandeza nos advierte
De alguna mente creadora inmensa,
Que concibe al poeta cual lengua de su gloria
Y luego le consuela a través de la muerte.
Cernuda nunca tuvo una opinión política en el sentido de adhesión a algún partido, pero su oposición al franquismo, que hizo definitiva su ausencia de España —volviéndola viva tan sólo en el recuerdo—, permanece en muchos de sus poemas posteriores, resaltando los diferentes aspectos en los que hace evidente la ambivalencia que alimenta sus recuerdos. Sus valores se han hecho puramente espirituales, y en la primera parte que forma Díptico español, subtitulada Es lástima que fuera mi tierra, hace una denuncia de la vida en España bajo la dictadura y dice:

Un pueblo sin razón, adoctrinado desde antiguo
En creer que la razón de soberbia adolece
Y ante el cual se grita impune:
Muera la inteligencia, predestinado estaba
A acabar adorando las cadenas
Y que ese culto obsceno le trajese
Adonde hoy le vemos: en cadenas,
Sin alegría, libertad ni pensamiento.

Y en la segunda parte, subtitulada Bien está que fuera tu tierra, recuerda su lectura de los Episodios nacionales y de otras novelas de Galdós, concluyendo:

La real para ti no es esa España obscena y deprimente
En la que regentea hoy la canalla,
Sino esta España viva y siempre noble
Que Galdós en sus libros ha creado.
De aquélla nos consuela y cura ésta.

Y todavía en su último libro, en el poema titulado "1936", se conmueve ante el encuentro ocasional con su miembro de las Brigadas Internacionales, expresando al mismo tiempo cómo su fe en las causas nobles se reafirma con ese encuentro:

Recuérdalo tú y recuérdalo a otros,
Cuando asqueados de la bajeza humana,
Cuando iracundos de la dureza humana:
Este hombre solo, este acto solo, esta fe sola.
Recuérdalo tú y recuérdalo a otros.

En 1961 y en ciudad extraña,
Más de un cuarto de siglo
Después. Trivial la circunstancia,
Forzado tú a pública lectura,
Por ella con aquel hombre conversaste:
Un antiguo soldado
En la Brigada Lincoln.
Veinticinco años hace, este hombre,
Sin conocer tu tierra, para él lejana
Y extraña toda, escogió ir a ella
Y en ella, si la ocasión llegaba, decidió a apostar su vida,
Juzgando que la causa allá puesta al tablero
Entonces, digna era
De luchar por la fe que su vida llenaba.

Que aquella causa aparezca perdida,
Nada importa;
Que tantos otros, pretendiendo fe en ella
Sólo atendieran a ellos mismos,
Importa menos.
Lo que importa y nos basta es la fe de uno.
Por eso otra vez hoy la causa te aparece
Como en aquellos días:
Noble y tan digna de luchar por ella.
Y su fe, la fe aquella, él la ha mantenido
A través de los años, la derrota,
Cuando todo parece traicionarla.
Mas esa fe, te dices, es lo que sólo importa.

Gracias, Compañero, gracias
Por el ejemplo. Gracias porque me dices
Que el hombre es noble.
Nada importa que tan pocos lo sean:
Uno, uno tan sólo basta
Como testigo irrefutable
De toda la nobleza humana.

Además del rencor, sería apropiado decir que el dolor de Luis Cernuda es natural ante su difícil vida. Fuera de la enseñanza en países extranjeros, nunca pudo vivir con sus propios recursos como poeta, por lo cual sus años en México los pasó viviendo en la casa de Manuel Altolaguirre, quien en segundas nupcias se casó con una cubana muy rica. En esa casa vivía Concha Méndez, la primera mujer de Altolaguirre, con quien por supuesto Cernuda estaba peleado y no se hablaban; en cambio, tenía una relación cariñosa con los nietos de Altolaguirre, los Ulacia, tanto que dos poemas suyos están inspirados por ellos: "Niño tras un cristal" y "Hablando a Manona" —esta Manona se cambió el apellido, adoptando el Altolaguirre, y es la que ahora ha prestado algunos fragmentos de los manuscritos de Cernuda para el homenaje que con motivo del centenario de su nacimiento le harán en España. En la casa de Altolaguirre, también, encontraron a Cernuda muerto, víctima de un súbito ataque al corazón. Ante el homenaje que le harán en España, hay que recordar dos poemas de Cernuda: "Birds in the night" y "Ninfa y pastor, por Ticiano". Al final de "Birds in the night" dice:

¿Oyen los muertos lo que los vivos dicen luego de ellos?
Ojalá nada oigan: ha de ser un alivio ese silencio interminable
Para aquellos que vivieron por la palabra y murieron por ella,
Como Rimbaud y Verlaine. Pero el silencio allá no evita
Acá la farsa elogiosa repugnante. Alguna vez deseó uno
Que la humanidad tuviese una sola cabeza, para así cortársela.
Tal vez exageraba: si fuera sólo una cucaracha, y aplastarla.

La postura vital de Luis Cernuda está magníficamente expresada al principio de "Ninfa y pastor, por Ticiano":

Lo que mueve al santo,
La renuncia del santo
(Niega tus deseos
Y hallarás entonces
Lo que tu corazón desea),
Son sobrehumanos. Ahí te inclinas, y pasas.
Porque algunos nacieron para santos
Y otros para ser hombres.

Ante la vida y la obra de Luis Cernuda, tan sólo debe citarse a Hölderlin, al que él tanto admiró: "Y en la Perfección ya no hay lugar para ninguna queja."
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MensajePublicado: Mie May 21, 2008 09:06    Asunto: Responder citando

....

Imagenes de Burgohondo en 1932, durante las Misiones Pedagogicas
Apenas dura unos segundos, al fondo se ve una panorámica del pueblo en el verano del 32, mientras en primer plano aparecen los llamados "misioneros pedagogicos" jugando al corro de la patata con niños,y con ellos el poeta y escritor Luis Cernuda.



Ultima edición por DELLWOOD el Jue May 22, 2008 16:04, editado 1 vez
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MensajePublicado: Jue May 22, 2008 15:46    Asunto: Responder citando

Cernuda fue feliz.

Sí. Los dioses le recompensaron haciéndole viajar de Massachussets, donde impartía clases luchando contra la depresión provocada por el clima, a México, que le recordaba el mundo español. Pero es que además en México conoció a Salvador. Salvador Alighieri, culturista.

Salvador Alighieri, que no sabemos si desciende de Dante, hoy tiene casi ochenta años y trabaja en un taller de curtido de pieles de Guadalajara. Se casó dos veces y tiene seis hijos. Pero conoció a Cernuda en un gimnasio y nunca supo que el poeta le escribía versos como los de Poemas para un cuerpo. Salvador, alias el Chocolate, tenía 20 años. Cernuda 49. Se conocieron, según El Chocolate, en un gym de l calle Tacuba, México.

«Iba cada tercer día, hacía ejercicios muy ligeros como abdominales, un poco de sentadillas, de vez en cuando se metía a los aparatos, pero pesas hacía muy pocas; yo creo que lo que quería era no sentirse tan solo»

Se hicieron amigos. «Cernuda desbordaba amor a pesar de ser una persona muy seria. A veces, me abrazaba muy fuerte, no como cualquier amigo, sino que irradiaba ese aprecio, que por mi parte era correspondido»

Cernuda fue padrino de uno de sus hijos. Y en Historial de un libro el propio Cernuda dice que «ninguna otra vez estuve, si no tan enamorado, tan bien enamorado (...) jamás en mi juventud me sentí tan joven como en aquellos días en México. Cuántos años habían debido pasar, y venir al otro extremo del mundo, para vivir esos momentos felices»

«Sabía que era homosexual, pero pienso que él creía que, si hubiera pasado algo, se habría roto ese encanto que sentía. Su desahogo era que yo estuviera con él, aunque no habláramos. No niego que alguna vez le di un beso en la mejilla porque yo lo sentía (ese deseo) y tenía ganas de demostrarle que lo quería. Luis no era amanerado, no tenía ojos más que para las clases que daba (en la UNAM), para sus poemas y creo que para mí también», recuerda el viejo buscavidas.

Varios viajes juntos a Acapulco y una larga amistad, que se desvaneció en 1955 cuando el mexicano partió hacia la frontera con Estados Unidos en busca de una vida mejor como emigrante.

Durante muchos años, los especialistas sólo supieron el nombre de pila de este gran amor, Salvador, porque así se titula la primera composición de Poemas para un cuerpo. La única referencia con nombre y apellido la encontró el investigador del Colegio de México James Valender, al editar en 2003 el Epistolario (1924-1963) de Cernuda, con motivo del centenario de su natalicio.

«Yo no quise a Luis Cernuda, yo amé a Luis Cernuda, fue tan grande el aprecio que le tuve», afirma el mexicano sin ningún pudor.


En 1955, Alighieri abandonó a sus dos hijos y a su esposa, de la que luego se divorció, y se fue a Nuevo Laredo, en el norte del país, con la intención de cruzar la frontera con Estados Unidos, lo que no logró.

Se quedó a trabajar como recaudador del puente internacional de esa ciudad limítrofe hasta que en 1963 regresó a Ciudad de México para participar en una competición de culturismo, donde ganó el título de "Mister México Junior".

Ese año contrajo matrimonio con otra mujer, con la que tuvo otros cuatro hijos, y recibió la noticia de la muerte de Cernuda.

"Entonces me dijeron que acababa de morir Luis (el 5 de noviembre de 1963) y me deprimí porque pensé que después de tantos años de no verlo había llegado para saber que ya no existía", señala.

"No he vuelto a tener un amigo como él, esos amigos se tienen una sola vez en la vida y hoy lo extraño mucho", concluye.

Cernuda (y en esto coincidía con Lorca) era de ese tipo de homosexuales que suelen enamorarse de muchachos heterosexuales o al menos bisexuales, según el intimismo y la clase social. Esos amores (como parece que fue asimismo el caso de Serafín Ferro, el otro frustrado amor de Cernuda, antes de la guerra, o el de Lorca con Emilio Aladrén, que provocó el desamorado viaje a Nueva York) es difícil por no decir imposible que cuajen en pareja tal como suele entenderse convencionalmente, y en el mejor de los casos -pero es raro- culminan en amistad. No es nada infrecuente que haya habido relaciones físicas -ocasionales- aunque con el tiempo el antiguo joven prefiere negarlas, entre otras cosas de cara a sus nietos, como parece el caso de Salvador Alighieri, aún reconociendo la intensidad del afecto que sintió por parte del poeta español. En los poemas, de otro lado, hay claras aunque pudorosas alusiones a la relación carnal: Tú y mi amor, mientras miro / Dormir tu cuerpo cuando / Amanece... O esta otra: La hermosura, inconsciente/ De su propia celada, cobró la presa / Y sigue. Así, por cada instante/ De goce, el precio está pagado: / Este infierno de angustia y de deseo.

Es indudable que el alto amor de Cernuda no fue correspondido en términos parejos (no era posible) y por eso la amistad terminó cerrándose. El poeta no quería sólo compañía (o cama) ocasionales, buscaba verdadero amor de enamorados y ése no lo hubo. Pero es hermoso -aunque defienda ahora su pudor, junto al orgullo de haber sido el inspirador de esos poemas amorosos- ver el antiguo cuerpo con 20 años de Salvador en la portada de una revista de fisioculturismo, comprobando que, en este caso, el término cuerpo no sólo servía para evitar un femenino (como ocurría con no poca poesía homosexual en nuestra lengua), sino que era absolutamente denotativo: el poeta, en verdad, se había enamorado de un cuerpo atlético, cuando aún no estaban de moda ni los gimnasios ni el body building.

Quizá sea un poco más triste para Salvador Alighieri saber ahora (en su día conocería poco del poeta en cuanto tal) que Luis Cernuda no fue nunca muy dichoso ni en su vida pública ni en la privada, y sobre todo saber -aunque no pudiese él remediarlo- que el amor (el alto amor, no el venal ni el ocasional, ni el que quiere confundirse con lo amistoso) le falló siempre al gran poeta andaluz, que pensando en Salvador escribió este dístico, que es como una oración al dios desconocido: Fuerzas las puertas del tiempo, / Amor que tan tarde llamas. Cernuda no era griego en ese senil temor ante la juventud. Acaso hoy, para sí, en silencio, pueda Salvador modificar levemente el primer verso: Fuerza las puertas del tiempo, el buen amor siempre gana. Pero no hubo el mismo amor de un lado y del otro, aunque nos guste ver a ese cumplido anciano, gimnasta aún, al que Luis Cernuda amara hace medio siglo largo, y no en vano.
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DELLWOOD
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MensajePublicado: Jue May 22, 2008 15:50    Asunto: Responder citando

Un poco surrealista.

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DELLWOOD
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MensajePublicado: Jue May 22, 2008 16:04    Asunto: Responder citando

14-02-2008

El poeta español Luis Cernuda recibió hoy un homenaje en el Panteón Jardín de Ciudad de México, donde se presentó la restauración de la lápida que recuerda al escritor, exiliado en este país y figura destacada de la Generación del 27.




En la leyenda de la sepultura puede leerse "Luis Cernuda Bidou", como el poeta sevillano se hacía llamar en vida, y no Bidón, que era su apellido original.

El acto culminó con un minuto de silencio, la ofrenda de ramos de violetas -las flores preferidas de Cernuda- y la lectura de unos versos de algunas de las obras del poeta.
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Hermes
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MensajePublicado: Sab May 24, 2008 17:39    Asunto: Responder citando

fANTASTICO HILO, DELWOOD. Se me han saltado las lágrimas sobre algunos poemas, algunas historias. Maravilloso todo lo que expones para adentrarse en la obra de este poeta sin igual. Un abrazo.
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DELLWOOD
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MensajePublicado: Dom May 25, 2008 04:40    Asunto: Responder citando

Me alegro de que dispongas de la suficiente sensibilidad y buen gusto como para valorar tan alta cota de poesía.

Y ahora, un poema que le dedicó su amigo Octavio Paz.

Paz y Cernuda se conocieron en Valencia, España, el cuatro de julio de 1937, entonces capital el Gobierno de la II República Española, con motivo de un famoso congreso de intelectuales llamado Congreso de Escritores Antifascistas. Un año después, como contara el propio Paz cuando en 1985 publicara en Vuelta una obra inédita de Cernuda, los dos poetas comenzaron a escribirse cartas entre México e Inglaterra. En una de ellas, Cernuda pide a Paz hacerse con el manuscrito de una obra de teatro que ha escrito: La familia interrumpida.

El poema de Paz sobre Cernuda,

*******************************

Ni cisne andaluz

    
ni pájaro de lujo
    

Pájaro por las alas

    
hombre por la tristeza
    


Una mitad de luz Otra de sombra

No separadas: confundidas

una sola substancia

vibración que se despliega en transparencia

Piedra de luna

    
más agua que piedra
    


Río taciturno

    
más palabra que río
    


Árbol por solitario

    
hombre por la palabra
    

Verdad y error

    
una sola verdad
    

una sola palabra mortal



Ciudades

    
humo petrificado
    


patrias ajenas siempre

sombras de hombres

    
En un cuarto perdido
    


inmaculada la camisa única

correcto y desesperado

escribe el poeta las palabras prohibidas

signos entrelazados en una página

vasta de pronto como lecho de mar

abrazo de los cuatro elementos

constelación del deseo y de la muerte

fija en el cielo cambiante del lenguaje

como el dibujo obscenamente puro

ardiendo en la pared decrépita



Días como nubes perdidas

islas sepultadas en un pecho

placer

    
ola jaguar y calavera
    

Dos ojos fijos en dos ojos

    
ídolos
    

siempre los mismos ojos

    
Soledad
    


única madre de los hombres

¿sólo es real el deseo?

Uñas que desgarran una sombra

labios que beben muerte en un cuerpo

ese cadáver descubierto al alba

en nuestro lecho ¿es real?



Deseada

    
la realidad se desea
    

se inventa un cuerpo de centella

se desdobla y se mira

    
sus mil ojos
    

la pulen como mil manos fanáticas

Quiere salir de sí

    
arder
    

en un cuarto en el fondo de un cráter

y ser bajo dos ojos fijos

ceniza piedra congelada









Con letra clara el poeta escribe

sus verdades obscuras

    
Sus palabras
    

no son un monumento público

ni la Guía del camino recto

    
Nacieron del silencio
    

se abren sobre tallos de silencio

las contemplamos en silencio

Verdad y error

    
una sola verdad
    

Realidad y deseo

    
una sola substancia
    


resuelta en manantial de transparencias



Octavio Paz Poemas (1935-1975)
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MensajePublicado: Lun May 26, 2008 03:44    Asunto: Responder citando

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DELLWOOD
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MensajePublicado: Lun May 26, 2008 03:55    Asunto: Responder citando

LUIS DE BAVIERA ESCUCHA LOHENGRIN

Sólo dos tonos rompen la penumbra:
Destellar de algún oro y estridencia granate.
Al fondo luce la caverna mágica
Donde unas criaturas, ¿de qué naturaleza?, pasan
Melodiosas, manando de sus voces música
Que como fuente escondida, lenta fluye
O, crespa luego, su caudal agita
Estremeciendo el aire fulvo de la cueva
Y con iris perlado riela en notas.

Sombras la sala de auditorio nulo.
En el palco real un elfo solo asiste
Al festejo del cual razón parece dar y enigma:
Negro pelo, ojos sombríos que contemplan
La gruta luminosa, en pasmo friolento
Esculpido. La pelliza de martas le agasaja
Abierta a una blancura, a seda que se anuda en lazo.
Los ojos entornados escuchan, beben la melodía
Como una tierra seca absorbe el don del agua.

Asiste a doble fiesta: una exterior, aquella
De que es testigo; otra interior allá en su mente,
Donde ambas se funden (como color y forma
Se funden en un cuerpo), componen una misma delicia.
Así, razón y enigma, el poder le permite
A solas escuchar las voces a su orden concertadas,
El brotar melodioso que le acuna y nutre
Los sueños, mientras la escena desarrolla,
Ascua litúrgica, una amada leyenda.

Ni existe el mundo, ni la presencia humana
Interrumpe el encanto de reinar en sueños.
Pero, mañana, chambelán, consejero, ministro,
Volverán con demandas estúpidas al rey:
Que gobierne por fin, les oiga y les atienda.
¿Gobernar? ¿Quién gobierna en el mundo de los sueños?
¿Cuándo llegará el día en que gobiernen los lacayos?
Se interpondrá un biombo, benéfico, entre el rey y sus
ministros.
Un elfo corre libre los bosques, bebe el aire.

Esa es su vida, y trata fielmente de vivirla:
Que le dejen vivirla. No en la ciudad, el nido
Ya está sobre las cimas nevadas de las sierras
Más altas de su reino. Carretela, trineo,
Por las sendas; flotilla nívea, por los ríos y lagos,
Le esperan siempre, prestos a levantarle
Adonde vive su reino verdadero, que no es de este mundo:
Donde el sueño le espera, donde la soledad le aguarda.
Donde la soledad y el sueño le ciñen su única corona.

Mas la presencia humana es a veces encanto,
Encanto imperioso que el rey mismo conoce
Y sufre con tormento inefable: el bisel de una boca,
Unos ojos profundos, una piel soleada,
Gracia de un cuerpo joven. Él lo conoce,
Sí, lo ha conocido, y cuántas veces padecido,
El imperio que ejerce la criatura joven,
Obrando sobre él, dejándole indefenso,
Ya no rey, sino siervo de la humana hermosura.

Flotando sobre música el sueño ahora se encarna:
Mancebo todo blanco, rubio, hermoso, que llega
Hacia él y que es él mismo. ¿Magia o espejismo?
¿Es posible a la música dar forma, ser forma de mortal alguno?
¿Cuál de los dos es él, o no es él, acaso, ambos?
El rey no puede, ni aun pudiendo quiere dividirse a sí del otro.
Sobre la música inclinado, como extraño contempla
Con emoción gemela su imagen desdoblada
Y en éxtasis de amor y melodía queda suspenso.

Él es el otro, desconocido hermano cuyo existir jamás creyera
Ver algún día. Ahora ahí está y en él ya ama
Aquello que en él mismo pretendieron amar otros.
Con su canto le llama y le seduce. Pero, ¿puede
Consigo mismo unirse? Teme que, si respira, el sueño escape.
Luego un terror le invade: ¿no muere aquel que ve a su doble?
La fuerza del amor, bien despierto ya en él, alza su escudo
Contra todo temor, debilidad, desconfianza.
Como Elsa, ama, mas sin saber a quién. Sólo sabe que ama.

En el canto, palabra y movimiento de los labios
Del otro le habla también el canto, palabra y movimiento
Que a brotar de sus labios al mismo tiempo iban,
Saludando al hermano nacido de su sueño, nutrido por su sueño.
Mas no, no es eso: es la música quien nutriera a su sueño, le dio forma.
Su sangre se apresura en sus venas, al tiempo apresurando:
El pasado, tan breve, revive en el presente,
Con luz de dioses su presente ilumina al futuro.
Todo, todo ha de ser como su sueño le presagia.

En el vivir del otro el suyo certidumbre encuentra.
Sólo el amor depara al rey razón para estar vivo,
Olvido a su impotencia, saciedad al deseo
Vago y disperso que tanto tiempo le aquejara.
Se inclina y se contempla en la corriente
Melodiosa e, imagen ajenada, su remedio espera
Al trastorno profundo que dentro de sí siente.
¿No le basta que exista, fuera de él, lo amado?
Contemplar a lo hermoso, ¿no es respuesta bastante?

Los dioses escucharon, y su deseo satisfacen
(Que los dioses castigan concediendo a los hombres
Lo que estos les piden), y el destino del rey,
Desearse a sí mismo, le transforma,
Como en flor, en cosa hermosa, inerme, inoperante,
Hasta acabar su vida gobernado por lacayos,
Pero teniendo en ellos, al morir, la venganza de un rey.
Las sombras de sus sueños para el eran la verdad de la vida.
No fue de nadie, ni a nadie pudo llamar suyo.

Ahora el rey está ahí, en su palco, y solitario escucha,
Joven y hermoso, como dios nimbado
Por esa gracia pura e intocable del mancebo,
Existiendo en el sueño imposible de una vida
Que queda sólo en música y que es como música,
Fundido con el mito al contemplarlo, forma ya de ese mito
De pureza rebelde que tierra apenas toca,
Del éter huésped desterrado. La melodía le ayuda a conocerse,
A enamorarse de lo que él mismo es. Y para siempre
en la música vive.

................................
Luis Cernuda.
................................
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