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MEMORIAS DE ADRIANO


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DELLWOOD
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Registrado: 25 May 2001
Mensajes: 15237

MensajePublicado: Dom Sep 24, 2006 11:41    Asunto: Responder citando

Cultor escribió:


Tono y lenguaje en la novela histórica

Cita:
No se ha puesto bastante de relieve que, aun cuando poseamos del pasado una masa enorme de documentos escritos y de documentos visuales, nada en cambio nos queda de las voces antes de los primeros y gangosos fonógrafos del siglo XIX.

Más aún, en todo aquello que significa representación de la palabra, nada o casi nada fue hecho antes de ciertos grandes novelistas o dramaturgos del XIX. Entiendo por ello que fueron los primeros en poner por escrito la conversación con su espontaneidad, su incoherencia lógica, sus complejos rodeos, sus lagunas y sus sobrentendidos sin hacerla pasar por la estilización trágica o cómica ni por la explosión lírica.

Ni la Antigüedad ni ninguno de los siglos intermedios nos ofrecen algo equivalente a una conversación como la de Pedro Bezukhov y el príncipe Andrés en Tolstoi, ni la de Rosmer de Ibsen con Rebecca West y su cauteloso cuñado ni tampoco a los dos extremos de la cadena lo equivalente a las palabras de Vautrin explicándole a Lucien su visión de la vida, o al breve intercambio de frases entre Marcel y el médico que acaba de auscultar a su abuela. La transcripción de palabras en términos de puro realismo, sin emplear ninguna clase de formas indirectas, es curiosamente contemporánea de esos dos medios mecánicos de reproducción del objeto tal cual como son el fonógrafo y la fotografía.


La idea central de estos párrafos no se corresponde con la realidad. Si bien es cierto que por obvias limitaciones de la tecnología, antes de la llegada del fonógrafo era imposible registrar la fonética de todo habla, no ha sido así con la fonología de prácticamente todas las lenguas. Es así que, por medio de profundos análisis filológicos de la tremebunda disciplina de la fonética histórica y sincrónica, parte de ese monumento al saber que la Historia de la Lengua, sabemos incluso el tipo de latín que se hablaba en la Hispania que vio nacer a Adriano. Es así que el latín hispánico, debido a la pronta colonización de la provincia, tiene una tendencia arcaizante, además de una clarísima tendencia al cambio de timbre, esto es, por ejemplo, a una e cerrada se le otorga el sonido de una a si esta vocal va seguida de r, o de i a e, o de u a o, además de síncopas, pérdida de vocal breve interior, prótesis vocálicas, sonorizaciones en ocntacto con r y un largo etcétera. Además, se conocen los cambios morfosintácticos y léxicos, con todo lo cual podemos decir que del análisis profundo y continuado de la Gramática Comparada a través de la contrastación de regularidades atestiguadas en los documentos literarios y civiles de la Historia de la Literatura, tenemos un gran archivo sonoro que todavía hoy es muhco mayor que el de cualquier FOnoteca.

Además de esto, que es un asunto meramente lingüístico, tenemos un aspecto literario que el texto citado parece no tener en cuenta. En absoluto hay que esperar al S. XIX para encontrarnos en una obra literaria la realidad del habla de una época. Olvida el autor del texto que ,por ejemplo, los albores de la Literatura Hispánica están consignados en la lengua que hablaban las personas en el día a día, la lengua considerada vulgar, el Romance. En El Cantar del Mío Cid el juglar que lo compuso tuvo a bien atreverse a la modernidad de buscar el mayor número de público posible redactando la obra en lengua vulgar y ofreciendo diálogos que si se cotejan con otros docuemntos lingûísticos, como las glosas emilianenses, no ofrecen duda de su realidad auténtica y verosímil.

Una novela histórica que se precie, debe, antes que nada, hacer un estudio filológico del estado de lengua que permita la versomilitud, como por ejemplo, Extramuros, de J. fernández Santos, toda una obra de arte de la reconstrucción lingüística desde todos los aspectos posibles. Los estudios existen, están a la mano de todos, y una académica de la Lengua, con más razón, debería de haberse callado ella para dejar hablar del tiempo.




Cita:
Volvamos a examinar los textos literarios de donde salen, por decirlo así, sonidos y ritmos hablados, dentro de período que va a muy grandes rasgos desde Pericles hasta Juliano el Apóstata, o sea alrededor de ocho siglos. El diálogo filosófico fue, por excelencia, un género griego y después latino por imitación: las convenciones literarias van en él acompañadas, naturalmente, de convenciones dialécticas. Sólo en algunos breves pasajes, por aquí y por allá, destinados a distraer al lector y, a menudo, en preludios o epílogos, introduce Platón con un arte admirable (e insisto sobre la palabra arte) algunos breves intercambios que podrían ser los de una conversación normal. Los Trágicos, por definición, utilizan el estilo trágico, a menudo nacido de los giros y términos arcaicos de la lengua épica. Los diálogos de la comedia se acantonan o bien en la lengua del pueblo llano (se podría escribir todo un ensayo sobre la divertida condescendencia del autor cómico de todos los tiempos cuando reproduce a su manera el habla popular), o bien con menos frecuencia en la parodia del lenguaje pulido, tal como el público cree que se habla. Las palabras del Sócrates que escribió Las nubes se parecen a las del filósofo como podrían parecerse unas réplicas de Bergson o de Gabriel Marcel traducidas por un cantante. Menandro y Terencio prestan a sus personajes un lenguaje de corrección burguesa y un tanto descolorida que después imitaría, un poco por todas partes, la «alta comedia» del XVII y del XVIII y que jamás se habló a no ser en el teatro. El mimo nos ofrece palabras de una precisión realista exquisita pero de nuevo basada en la condescendencia irónica: Herondas y Teócrito miran a sus proxenetas y alcahuetas olímpicamente. La novela picaresca, de la que sólo nos quedan dos ejemplos: Petronio y Apuleyo, tan pronto tienen las mismas limitaciones que el mimo como las de la «historieta» o el cuento. Ciertos poetas elegíacos o líricos nos informan sobre el tono hablado, gritado o cantado de la emoción. Sentimos que tal grito de pasión en La maga de Teócrito debió ser proferido de esa manera. Incluso hay obras literarias como El arte de amar, de Ovidio, que nos restituyen, sin duda, algo del tono empleado en la conversación galante y esto tanto más cuanto que esta última es convencional. Los epigramatistas griegos abren aquí y allá unas perspectivas relámpago: seis versos de Calímaco resumen lo que pudo pensar y, por tanto, decir, un intelectual al enfrentarse con el suicidio; el esclavo extranjero que pide ser enterrado según sus propios ritos, en un epigrama de Dioscórides, pudo hablar poco más o menos de ese modo, pero encontramos de nuevo esa decantación que es la característica, por lo demás admirable, de la literatura antigua: el poeta desempeña el papel de filtro. Los satíricos exageran profesionalmente. Ciertos epigramas de Marcial nos dan el tono de los cotilleos de Roma; la andanada de injurias que Catulo dirige a César debió salir de la boca de muchos partidarios de Pompeyo, pero esas obscenidades tan bien medidas son asimismo literatura. También los historiadores simplifican y esquematizan, alejándose ya que no de los hechos (¿quién los ha descrito mejor que Tucídides?), sí al menos de la algarabía de palabras en torno a los hechos. Se sabe que ellos se obligaban a rescribir los discursos insertados en su obra, con el fin de hacerles expresar lo que el orador hubiera podido o debido decir. Con mayor razón no oímos en ellos el tumulto de una asamblea; los informes estenográficos existían; hubiera sido contrario a su concepto de la historia darlos como eran. Su objetivo, en efecto, es ejemplar como en Plutarco o, en un sentido y a contrario en Tácito, o analítico como en Tucídides y Polibio. Consiste muy pocas veces o nunca en la realidad del incidente tomado del natural y aún menos en la del intercambio verbal y de la voz. Suetonio nos da el equivalente escrito de los bustos veristas de particulares y hombres de Estado, pero esa serie de rasgos de carácter o de rasgos costumbristas se desprende excepcionalmente de una palabra, nunca de una conversación ni siquiera truncada. Bien es cierto que, de cuando en cuando, una «frase histórica» auténtica o no (y a la distancia que nos separa de ella yo me atrevería a decir que importa muy poco) nos deja oír una voz casi siempre elevada al diapasón del grito, o también unas palabras decisivas, que resumen una situación y quedan grabadas para la posteridad (Tu quoque, Brute... Qualis artifex... Alea Jacta est... ). Las oímos, por así decirlo, en el vacío, separadas de las palabras o de los gritos que precedieron o que siguieron, de las rabiosas interjecciones de los conjurados que se encarnizaban con Julio, del murmullo aterrado de las pobres mujeres y fieles esclavas que rodeaban a Nerón, o de las excitadas palabras de los oficiales y soldados que pasaban el Rubicón con su jefe. En la mediocre Vida de Cómodo de la Historia Augusta, el decreto que envía a Cómodo a las gemonías nos conmueve porque nos hace sentir el enorme impulso de odio de los senadores ante el emperador muerto. Es uno de los pocos casos en que llega hasta nosotros el bramido de una multitud.
Hay, afortunadamente, documentos subliterarios (el que acabo de citar es un ejemplo de ello) que no han sufrido la filtración ni el montaje inseparable de la literatura. Considerandos legales, decretos, tal el senado consulto que castigaba con la muerte la participación en las Bacanales y que nos hace experimentar brutalmente el terror de los interesados; cartas de particulares que nos proporcionan el tono con que un estudiante se disculpa por haber destruido la cuadriga familiar o de un soldado que le pide a su familia un paquete; cartas de Cicerón o de Plinio, más consientes de pertenecer al «género epistolar», que nos comunican algo de los intercambios escritos de la buena sociedad; «graffiti» que contienen el eco garabateado de las palabras y gritos de la calle. Voces procedentes del pasado, éstas, algunas casi en estado bruto, y cada una de las cuales nos produce el ligero sobresalto de lo inesperado, pero nada que me permitiese recrear ni con un mínimo de plausibilidad un intercambio de palabras serias, urgentes, sutiles o complejas, una conversación entre Adriano y Trajano, con Plotina; o con Antínoo con su legal Severo sobre los asuntos de Judea. Nada o casi nada nos queda de esas inflexiones; de esos cuartos de tono o de esas sonrisas a medias que, sin embargo, lo cambian todo.



Esta es la parte más jugosa del texto, sin duda alguna. Pero por vaya a saberse qué motivo, el autor ha preferido ser prolijo en exceso y, sin embargo, obviar obras caracterizadas por ser andamio de hablas vulgares, como las de Apuleyo o ,por supuesto, el Satiricón.
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Cita:
Antes de dejar al emperador, permítaseme protestar de un adjetivo que veo demasiado a menudo unido al título de Memorias de Adriano, en unos artículos por lo demás laudatorios: Memorias apócrifas. Apócrifo no se dice o, por lo menos, no debería decirse si no es de aquello que es falso y quiere hacerse pasar por verdadero. Las baladas de Ossian escritas por Macpherson eran apócrifas porque él pretendía que eran de Ossian. Hay algo de fraude en esa palabra. Mi observación no encierra irritación ni, a mi parecer, es ociosa: ese adjetivo impropio (más valdría hablar de Memorias imaginarias) demuestra hasta qué punto la crítica y el público están poco acostumbrados a la reconstitución entusiasta, a un tiempo minuciosa y libre, de un momento y de un hombre del pasado




Pero es que esas Memorias son falsas, M, por la sencilla razón de que no ha sido él sino tú quien las escribió. De acuerdo, no se nos está engañando, todos saben que es la obra descomunal de una persona del S. XX, pero no es un adjetivo impropio para la crítica, aunque sí quedaría mal en el título.

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Gracias por el texto, Cultor. Y por la dedicatoria.
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DELLWOOD
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Registrado: 25 May 2001
Mensajes: 15237

MensajePublicado: Mie Sep 27, 2006 08:54    Asunto: Responder citando

¿Y ese antisemitismo recurrente en el pensamiento imperial que la Yourcenar espolvorea por todas partes y tan gratuitamente?
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Celia
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Registrado: 29 Sep 2006
Mensajes: 1

MensajePublicado: Vie Sep 29, 2006 13:46    Asunto: Responder citando

hola: Me llamo celia y recién entro en este foro y me quería presentar. Rolling Eyes
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DELLWOOD
Miembro Senior
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Registrado: 25 May 2001
Mensajes: 15237

MensajePublicado: Vie Sep 29, 2006 14:38    Asunto: Responder citando

Hola y bienvenida. ¿Te sirvo algo?
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Cultor
Miembro Senior
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Registrado: 25 Mar 2006
Mensajes: 2041

MensajePublicado: Vie Sep 29, 2006 19:27    Asunto: Responder citando

Hola Celia. ¿Estado civil? ¿Medidas?
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Cultor
Miembro Senior
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Registrado: 25 Mar 2006
Mensajes: 2041

MensajePublicado: Sab Oct 07, 2006 20:45    Asunto: Responder citando

DELLWOOD escribió:
¿Y ese antisemitismo recurrente en el pensamiento imperial que la Yourcenar espolvorea por todas partes y tan gratuitamente?


¿Por qué "gratuitamente"? Para Roma, los judíos debieron haber sido como una pequeña astilla en el ojo de una loba.
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DELLWOOD
Miembro Senior
Miembro Senior


Registrado: 25 May 2001
Mensajes: 15237

MensajePublicado: Dom Oct 08, 2006 18:36    Asunto: Responder citando

¿Y los escitas no? ¿Y los astures tampoco? ¿Y los germanos? En la obra es sospechosamente reiterativa la profusión de frases en contra de los judíos, mientras que nunca encuentras nada en contra de otros pueblos sometidos por Roma y levantados contra ella.

Por otra parte, no sé de qué democracia griega y de qué sabiduría helenística estaba imbuido un ser que pese a todo su bagaje cultural no tenía escrúpulos en profanar templos de pueblos ajenos y prohibir a los fieles incluso el más mínimo contacto con sus tradiciones, porque para mí eso es una dictadura. Adriano, no lo olvidemos, destruyó Jerusalén hasta el extremo de cambiarla de nombre en un alarde de egolatría injustificable, llamándola Aelia Capitolina, y poniendo un gimnasio en el Sancta Sanctorum. Por sólo poner ejemplos, porque hizo mucho más. No es de extrañar que la YOurcenar haya sido criticada por gran parte del mundo intelectual por haberse puesto demasiado ella misma en la voz de Adriano, algo siempre imperdonable en la novela histórica.
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federoco
Miembro Senior
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Registrado: 20 Oct 2004
Mensajes: 7699
Ubicación: Galicia

MensajePublicado: Dom Oct 08, 2006 19:26    Asunto: Responder citando

Una obra maestra de genio con frecuencia es "imperdonable".
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Cultor
Miembro Senior
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Registrado: 25 Mar 2006
Mensajes: 2041

MensajePublicado: Dom Oct 08, 2006 21:09    Asunto: Responder citando

Cita:
En la obra es sospechosamente reiterativa la profusión de frases en contra de los judíos, mientras que nunca encuentras nada en contra de otros pueblos sometidos por Roma y levantados contra ella.


¿Y qué si Yourcenar tenía reservas sobre los judíos? ¿Habrá que demonizarla, denunciarla, lapidarla? ¿O acaso está a priori censurado que un escritor cuestione a los judíos? ¿Son incuestionables?
La obra se resuelve dentro de sí misma. Esa es su verdad.
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DELLWOOD
Miembro Senior
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Registrado: 25 May 2001
Mensajes: 15237

MensajePublicado: Lun Oct 09, 2006 01:29    Asunto: Responder citando

No se trata de eso, se trata de que la voz del autor, cuando dicho autor pone voz a un personaje histórico, no debe sino de callarse a sí mismo para dejar que hable el personaje, proque de lo contrario estás frente a un fraude donde no hay novela histórica sino un mero vehículo para decir en primera persona lo que tú quieres decir, no lo que tenga que decir el personaje en cuestión. La Yourcenar habla en sus Cuadernos de Notas de ser consciente de que ella tiene que desaparecer en el silencio, ocultar su propia murmullo por debajo de la voz del emperador. La crítica textual y sus colegas le han reprochado eso mismo. También lo dicen porque una lesbiana del S. XX no tiene ni idea de lo que pudo ser el amor en un hombre del S. II y en muchas ocasiones el estilo de Adriano amante es como lésbico, o por decirlo de otra manera, poco viril, poco propio de la época, donde todavía no habían tenido la empalagosa desgracia de sufrir el advenimiento de los códigos del amor cortés...

Y una cosa es cuestionar y otra es insultar repetidamente a quien cuestionaba la furibunda dictadura y esclavitud de un Imperio sobre una cultura conquistada con legiones. La YOurcenar no cuestiona, sencillamente insulta, incluso sin venir a cuento. Cuando el Adriano de la Yourcenar habla de otros pueblos que se levantaban contra Roma y sus abusos, Adriano no dice nada. Y mira que fueron muchos los que no soportaban su imperialismo aniquilador. Con los judíos, Yourcenar aprovecha cualquier ocasión, incluso cuadno no habla de los judíos, para cargar las tintas y solazarse en lo peyorativo con una obsesiva reicidencia típica de esa enfermedad psicológica llamada antisemitismo. ¿Acaso la Yourcenar es perfecta e incuestionable como escritora? Sería lógico que en un momento dado, cuando Adriano habla de su experiencia siria, manifestara disgusto ante las innumerables tribulaciones que el pueblo hebreo ocasionó a quien quiso erradicarlo hasta el extremo de cambiarle el nombre. Pero que lo haga cada dos por tres, cuando no viene a cuento de nada...


Ultima edición por DELLWOOD el Lun Oct 09, 2006 06:50, editado 1 vez
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