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Maria de las Estrellas



 
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Srta.Caroline
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MensajePublicado: Mie Jul 13, 2005 19:03    Asunto: Maria de las Estrellas Responder citando

Hace poco me entere de esta niña y queria compartir con uds. el hallazgo. aca pego algo de lo que hay en internet sobre ella.

MARIA DE LAS ESTRELLAS


Por Beatriz Ferro
Había una vez una niña colombiana que era mágica. Esa niña nació en Bogotá, en 1967, y descubrió tempranamente que su verdadero nombre en el registro de la luz no coincidía con el que sus padres le habían dado. Entonces pidió cambiarlo por María de las Estrellas. Y era maga, en serio. Porque todos sabemos que al morir en un accidente cuando apenas había cumplido 14 años se convirtió en flor. Su obra, claro, perdura en el tiempo y en la mente de quienes la leímos y admiramos.

Las primeras noticias acerca de María de las Estrellas me llegaron una tarde de 1977 en casa de amigos que por esos días albergaban al chileno Eduardo Uhart, trashumante y mundano, de paso por Buenos Aires. Conservo de él en particular un único recuerdo: el despliegue de entusiasmo casi fervor con el que habló de su prodigiosa hija colombiana, mostró sus fotos, las notas periodísticas que le habían dedicado, y los originales de una novela que la niña había pergeniado cuando tenía apenas ocho años. Culminó el despliegue al sacar de su maleta "El mago en la mesa", el libro que reunía sus escritos de los cuatro a los siete años.
Mientras yo me detenía en la bellísima cara de las fotografías, aquél padre exultante siguió abundando en datos sobre la pequeña a quien no dudaba en calificar de niña maga, la que tempranamente había descubierto que su verdadero nombre no era el que le habían dado al nacer, sino el de María de las Estrellas. Una hija que sólo veía cuando ella viajaba de Bogotá a Nueva York para visitarlo.

El hombre centraba su interés en la posibilidad de editar en Buenos Aires su novela "La casa del ladrón desnudo", ganadora del primer premio en un concurso internacional organizado en Colombia por el Congreso de Brujería, en el que María había competido con escritores adultos.
De vuelta en mi casa, provista de copias de textos y fotos, empecé a conocer a quien comenzaba su libro "El mago en la mesa" con estas palabras:
:
Señores y señoras:
La poesía es una paloma que entra en la poesía y vuelve a salir. Uno tiene un librito en la mente y allí está escrito todo. Entonces uno busca y busca en la mente y allí está escrito todo. Entonces uno busca y busca en la mente y allí encuentra lo que tiene que decir. Hay veces que aparece una rosa entre el libro y uno saca la rosa del libro, se la da a una persona, y esta persona busca en su librito hasta que encuentra su rosa y se la entrega a uno. Lo que pasa es que la gente del sistema es muy creída y deja podrir su rosa entre las hojas del libro que no abren nunca. No tengo ni idea de cómo se me metió este libro en la cabeza. Cuando yo estaba feliz me sentaba con mi novio en la mesa del poeta y allí echaba mi charco de babas. A este libro le puse El Mago en la Mesa porque la magia es la gasolina de la poesía. Cuando esté grande no voy a hacer más poemas porque de chiquita hice muchas cosas, y cuando esté grande me convertiré en flor.

La contratapa de “El mago en la mesa” me dio más noticias sobre ella. Allí, junto a una de sus primeras fotografías, figuran estos datos:

María de las Estrellas nació en 1967 en Bogotá, bajo el signo de Géminis. Desde sus tres años comenzó a compartir vida y costumbres con la generación acuariana, en cuyos principales sitios de aglutinamiento, el parque y pasaje de la calle 60 y el Templo de la Calle detrás del Hilton, estuvo iniciándose en los rituales mágicos que desempeñaba su madre, la maga Atlanta. Fueron sus primeros amigos los poetas nadaístas, y de la mano de Jotamario emprendió la realización de este libro en el cual ha invertido cuatro de sus siete años de vida. Dice, refiriéndose a su método de escritura de tipo automático o delirante: “Yo escribo como si estuviera hablando dormida”.

Libro luminoso y terrible en el que confluyen Dios, el tiempo, la magia, el yoga, el cosmos, la reencarnación- dedicado a “la mejor mamá que he tenido en mis vidas”.
Está claro que, en los primeros años, la maga Atlanta y los poetas amigos conformaron la abigarrada familia de María de las Estrellas; el libro trae permanentes referencias a la madre colombiana, mientras el padre aparece sólo bajo la fórmula mística de “Dios es nuestro papá” o momentáneamente sustituido por el poeta nadaísta.

Subámonos en los platos de la balanza
Para ver en cuál de los dos corazones
Habita el amor.
Como dice la Maga en la carnicería,
Carne flaca señora, por Dios, carne flaca.

Jotamario Arbeláez, compañero de Atlanta, fue quien anotó sus primeros poemas. Elijo dos del capítulo “El camino del cielo” que corresponde a los cuatro años.

Adentro del sol
hay unas palomitas de calor
que todos los días se derriten
para darnos luz.

Jotika no más poemas
vámonos para la cama
¿a qué?
a e i o u.


En el capítulo siguiente, “El ego en el trono” que abarca sus cinco años, éste Jotamario o Jotica demuestra haber anotado y compilado todo, a veces sin piedad:

Yo ya no soy María de las Estrellas.
Yo ya soy un loco.
Pero esto no lo vaya a escribir
porque después me lo hace recordar
y es muy triste.


Se supone que es él el papacito, el poeta nadaísta a quien consuela:

Al fin del nadaísmo

Tranquilo papacito
que en la próxima encarnación
va a haber otros nadaísmos
mas bellos.
O qué quería
que una época
fuera toda la vida?


En los 55 poemas de ese año de arremolinan los hippies y el diablo, el paraíso, el sexo, la melancolía , el amor.

Encerrémonos en el aire

Voy a volverme enfermera
para curar nuestro amor si se enferma
voy a volverme costura
para coser nuestro amor si se rompe
voy a volverme lavandera
para lavar nuestro amor si se ensucia
voy a volverme astronauta
para llevar nuestro amor a los planetas
voy a volverme sacerdotisa
para hacer el amor de Dios a todo el mundo
voy a volverme amor
para olvidarte.


Le sigue “Los dientes de hierro” que reúne los trabajos de sus seis años. Son los que mejor reflejan los códigos cerrados de los hippies que habitaban la región de la Miel donde creció María de las Estrellas, con la absoluta condena a la vida urbana y al sistema y la exaltación de la naturaleza y el despojamiento.

Ciudades del diablo

El sistema
es
el diablo
pero
Dios
es la felicidad.

Y
entonces
Dios
es el reino de los cielos
y el diablo
es un prostituto.

Y todos
somos hijos de Dios
y no platudos
como el diablo

A lo demás
el diablo
es de la ciudad


Un capítulo denso que da para todo como el guión de cine: “La reina desnuda” o la fantasía desatada de “El parque de las estatuas” donde un señorcito corre a esconderse debajo de un río, o la pirueta de “El ángel y la jirafa” en que un ángel aterriza en la terraza de un aeropuerto junto a una novia gigante, una jirafa. Hasta para los juegos del lenguaje que nos disparan de pronto hacia un ordenado planteo existencial.

El zapatero no tiene zapatos
el carpintero no tiene madera

La secretaria no tiene secretos
el siquiatra no tiene loquitos

El médico no tiene remedio
la gracia no tiene payaso

Y yo
que tengo un planeta dentro de mi
botella
no tengo dónde poner mi botella
en este planeta.


Si hasta ahora no supimos quiénes eran los poetas nadaístas compañeros y amigos de María de las Estrellas, ella nos los presenta en “El reloj de la vida”, última parte del libro que corresponde a su séptimo año.

Los nadaístas comen tierra

Los nadaístas eran Amilkar U., Jotamario Arbeláez, el poeta X-504, María de las Estrellas, Kafka, y mientras los espaguetis se comían a Beethoven, Beethoven tocaba sus trompetas, sus pianos, dirigía sus orquestas y decía que eso no era nada. Porque las rosas se detenían en todos los caminos del mundo y la Quinta Sinfonía ya no es nada para los poetas. Porque la Novena y la novela son de Cachifo. El poeta más novelista del mundo. Gonzalo es el cartel que tengo colgado en mi nariz. Jan Arb es la silla donde se sentaba la mosca de Modigliani. Y el Monje Loco es el cocuy que es me ha volado hoy.
De Eduardito Zalamea hablaré en otra ocasión. De Dariolemos digo lo que no me parece. Y de Eduardo Escobar digo lo que menos pienso.

En la página siguiente, una recreación alucinante de Caperucita Roja. En mi vida he leído –y hasta escrito- muchas y diversas versiones de cuentos clásicos y fábulas, pasando por las del inefable humorista James Thurber y las de Marcel Aymé, pero será para mí inolvidable:

Caperucita loba

Había un lobo que era muy bueno. Y Caperucita le hacía maldades. Pero el lobo decía: Un día de estos me volveré malo y te comeré. Pasaron los años y los días y nada que se volvía malo. Entonces Caperucita le dijo: Oye, no te has vuelto malo, no? Y él le dijo: De hoy en adelante me volveré malo. Y ese día no se volvió malo, ni al otro ni al otro. Entonces Caperucita le dijo: Ajajajá, no te has vuelto malo. Y en el instante se volvió malo. Pero como Caperucita era más mala que él, entonces se puso más furiosa y se comió al lobo.
Y su mamá la regañó y le dijo: ¿Por qué te comiste ese lobito tan bueno que era el que alegraba toda la ciudad? Caperucita le dijo: Tuve que matarlo porque se había vuelto malo conmigo. Y la mamá le contestó: No digas brutalidades, Caperucita. Y abriendo una boca muy grande, se tragó a Caperucita.

En este punto debo detenerme. Estoy tentada de transcribir aquí prácticamente todo “El mago en la mesa” y esto es producto de la frustración. Del hecho de no haber podido interesar a ningún editor en la publicación del libro o la novela. María de las Estrellas asusta. “El mago en la mesa” fue un libro-test sin quererlo; cuando yo leía algunas páginas a amigos o conocidos, se dividían en dos grupos, casi bandos: el de los que se hermanaban conmigo en la fascinación y el asombro, y el de los que se asustaban mucho. Hubo quienes no quisieron saber nada de tener una hija como ella. También elaboraron toda clase de fantasías sobre cómo vivía, qué hacía, qué ingería.
Ya que estamos, aclaro que en 1977 finalmente traté de localizar a aquél Eduardo Uhart en su dirección de Nueva York. Se había ido a París el día anterior. De todos modos yo no tenía ninguna buena noticia que darle, ya que no había ninguna posibilidad de ediciones, pero me interesaba saber más sobre su hija. También algo más sobre Atlanta, la que –según me había dicho él en Buenos Aires- había intuido que concebiría una niña extraordinaria y que, al encontrarlo en Bogotá, había decidido que él fuese el padre. La separación creo fue inmediata: él conoció a María de las Estrellas ya crecida.
No hice nuevos intentos. Seguí conviviendo con los manuscritos y el libro. Y con una de sus fotos. En esa no miró al fotógrafo, pero también es mirada la forma de su cabecita, el largo pelo, la actitud reposada del blusón con flores bordadas en las mangas. Está en un estante de mi biblioteca con dos tablitas de madera de la India, en el centro cada una un pájaro pequeño, que dicen haber sido pintadas por un tal Suffering Moses de Kashmir.
No quiero cerrar estas líneas con la noticia de la muerte reciente sino con la palabra viva de María de las Estrellas. Por eso digo ahora que , en junio ultimo, me sorprendió encontrar su nombre en el diario la Prensa. Era la primera vez que se la mencionaba en una publicación de Buenos Aires. María de las Estrellas era el título de la nota firmada por Germán Arciniegas.
Un emocionado recuerdo de Arciniegas, amigo de Carrascosa, su abuelo materno. Me enteré así de que a su pedido lo había permitido ingresar a la Universidad a pesar de no tener aún la edad reglamentaria, y que había asistido con enorme interés a loas cursos de literatura. Supe también que en esos días, María de las Estrellas había muerto en un accidente de tránsito. Siete años atrás había escrito:

El testamento perdido

A Berlín yo le dejo la gota de oro.
A Rusia yo le dejo la mesa de 30 mil pesos.
A Colombia le dejo a Simbad el Marino
Al jefe de la oficina le dejo todas
mis riquezas

Y a todo el mundo le dejo todas mis
Cosas
Y mi cuerpo se lo dejaré a Dios
Y mi alma se la dejo a mi familia.
Ahora ya pueden decir Amén.


Alejandra Pizarnik

Espejos
polveras musicales
tapetes
pianos
cortinas
camas donde dormir
la palabra de cada día

La palabra de cada día
es la manzana del amor
y los tragones del paraíso
se le comieron el corazón

Cuando Alejandra Pizarnik de acostaba
se sentía tan sola tan sola
que un día se suicidó

Los reloj tic tac tic tac


Siento que esta presentación de María de las Estrellas no es tardía ni mucho menos póstuma. Tal vez porque, como cuele ocurrir, todavía tendré que contarme a mí misma muchas veces que ha muerto para poder llegar a creerlo. Tal vez por otras razones que ella supo dar de esta forma:

Cumpleaños del tiempo

He comprendido
en la mitad de estos dos pasos
que un año acaba de pasar
Cada minuto
cada segundo
pasa un año
porque todos los años
no empezaron al mismo tiempo
Empecé este poema
cuando tenía 7 años
y ahora tengo 700.


Recuerdos del futuro

Te acuerdas cuando en Egipto
vivíamos tan felices
en las pirámides
y ahora estamos en el fin del mundo?

Te acuerdas cuando oíamos
música clásica de Beethoven
en el museo arqueológico
del arca de Noé?

Te acuerdas cuando volábamos por el
espacio
aprendiendo a manejar los platillos
y vimos la primera guerra de faraones?

Te acuerdas cuando vivíamos en el mar
de las sirenas?

Te acuerdas cuando dibujábamos con la
pluma de una paloma
los planetas del arco iris
y cuando las flores se abrieron como una
pomarrosa
en los corazones que palpitaban?

Te acuerdas cuando los ángeles
tocaron sus trompetas
en el paraíso terrenal
y nosotros estábamos dándole la vuelta
a la manzana?



También la conocí independientemente de los textos, a través de sus jugosas respuestas en una de las muchas entrevistas que le hicieron las revistas de Bogotá. Inteligente, natural, ingeniosa, concreta. Con largos párrafos sobre la vida cotidiana en la que parecía cobrar entonces mayor importancia el abuelo. En ese momento, los poetas españoles compartían sus preferencias con los relatos de aventuras y las historietas. En cuanto a sus escritos, hablaba de ellos espontáneamente, como de esas cosas, como de esas cosas que le había tocado escribir.
De mis desprolijas memorias surge ahora su retrato pintado por el famoso Jaime Botero, pintor colombiano residente en París. Y la dedicatoria que ella escribió en el ejemplar de “El mago en la mesa” que le regaló a Dalí: “A Salvador, con todas mis Estrellas”.
Cedo el lugar a un extracto de “La casa del ladrón desnudo”, novela corta delirante en la que María de las Estrellas construye vertiginosas escaleras transitadas por una multitud de personajes –entre otros la mujer de Franquestein, el jefe chibcha Chulimboni, la sacerdotisa Anitra, los Niños de la Montaña y Helena de Troya- que en un ir y venir incesante van uniendo cielos diversos, con esta tierra y las estaciones intermedias.
Antes, por último, pesco y ofrezco aquí estas líneas:

La vida
no es así.
La vida resplandece
hasta que se va.
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