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Roberto Arlt


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Nicolas Gonzalez
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Registrado: 15 Feb 2006
Mensajes: 3

MensajePublicado: Vie Feb 17, 2006 21:32    Asunto: Roberto Arlt Responder citando

El mejor escritor argentino de todos los tiempos??

¿Alguien leyó "Viaje a la Patagonia"?

A mi gusto es el mejor escritor que he leido en mi corta vida...quien concuerda conmigo???

Nadie ha sabido hablar tan bien de Bs. As. como este loco
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Johann
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Registrado: 17 Jul 2006
Mensajes: 21

MensajePublicado: Mie Jul 26, 2006 00:30    Asunto: Responder citando

¿Mejor?, ¿para que el mejor?. Decir que algún escritor es el mejor, no me parece del todo acertado.
Roberto Arlt era un fenómeno, de eso no tengo dudas. Los 7 Locos, o El Juguete Rabioso dan cuenta de lo que digo.
Además era un gran observador, y decía lo que pensaba sin vueltas. No como los "afrancesados", que se retorcían en su resentimiento y se hacían los extranjeros.
Les recomiendo la carta ¿Quién quiere ser diputado?, escrita en los años '30, está en las Aguafuertes Porteñas, y es de una actualidad asombrosa. En ese mismo libro, dice, "querer a la substancia rea de esta ciudad tan macanuda". Como para que tomen nota de antemano, los fascinados parisinos por adopción.

J.
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Clio
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Registrado: 15 Jul 2006
Mensajes: 5735
Ubicación: Ciudad Aut. de Bs. As., Argentina

MensajePublicado: Jue Ago 10, 2006 01:35    Asunto: Responder citando

En su afán de seguir la filosofía de Aristóteles, Arlt, muy pequeño descubre la plaza Pueyrredón en Flores, y allí dos librerías famosas: la de los hermanaos Pellerano y la de José Prata. Allí más que libros encuentra conversación y amigos.
En la librería de Pellerano es donde comienza a mostrar todo lo que escribe.

“A don Joaquín lo impresionó de tal forma mi cuento que, emocionado, me lo arrebató de las manos, y prometiéndome leerlo después me regaló cinco pesos.
Ese fue el primer dinero que gané con la literatura”.

También, por esa época, Arlt proclamaba su primer amor:

“Pecosa y bizca yo la creía más hermosa que la luna y por eso le escribí una carta:
Señorita: escapémonos al mar. Vestido de terciopelo negro la voy a llevar a mi barco pirata. Juro por el cadáver de mi padre ahorcado que la amo. Suyo hasta la muerte; Roberto Godofredo; Caballero de Ventimiglia, Señor de Rocabruna, capitán del ballenero El Taciturno”. (Autobiografía).

A pesar de estos episodios literarios, su infancia no fue placentera. César Tiempo, periodista y amigo, en una conversación le sugirió que dos autores tan importantes como Stendhal y Leopardo también habían sido maltrartados por padres muy severos como el que suyo. Y la respuesta no se hizo esperar:

“Ahora va a resultar que tendré que darle las gracias al viejo. Si esos fenómenos resultaron grandes porque el padre los cascaba y los humillaba, a lo mejor termino escribiendo un ‘Rojo y negro’.

La librería de los Pellerano había vendido por primera vez un cuento suyo, pero en la de Prata conoce a su mejor amigo, el poeta Conrado Nalé Roxlo, los dos tienen casi 17 años. Roxlo iba a esa librería a cambiar libros y mientras esto sucedía mantenían largas charlas. En estas conversaciones también participaban dos amigos de Roberto: Juancito Constantini y Julio Monti. Este último le ofreció a Roberto un trabajo como corredor de papeles, pero el trabajo duró muy poco, no logró colocar un solo rollo y además, usaba las muestras para escribir cuentos y novelas.
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Clio
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Registrado: 15 Jul 2006
Mensajes: 5735
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MensajePublicado: Mie Ago 23, 2006 20:13    Asunto: Responder citando

Sigo con Arlt

Roxlo y Arlt llegaron a convertirse en grandes amigos y pasaban casi todo el día leyendo y disertando sobre poesía.

Roxlo provenía de una familia que hacía décadas había pertenecido al barrio de flores, y por este motivo, conocía cada rincón de ese lugar, pasajes extraños, casas endemoniadas, y por supuesto, lugares en donde el arte estaba al día.

Así fue como un día Roxlo invitó a Arlt a conocer a un poeta. La emoción de Roberto fue grande, porque conocer un poeta, un hombre que hacía versos y los publicaba, y teniendo él (Roberto) nada más que 16 años, le provocaba gran inspiración. Al llegar a casa del poeta comprendió que esa velada literaria organizada estaba organizada por Félix Visillac, fundador de la revista La idea de Flores, una publicación en donde el poeta se expresaba sobre los lugares más aireados de barrio de Flores, y Arlt presintió la gran espiritualidad de Visillac, además también ya estaba, Roberto, bajo la influencia de Víctor Hugo, y ahora, contactarse con otro grande de las letras le abría mayores horizontes.

Se asombró muchísmo, cuando al finalizar la jornada, Visillac lo invitó a tomar un café en un bar de la calle Rivadavia, por supuesto, Roxlo los acompañó.

Arlt, al mismo tiempo se preguntaba si un genio (un poeta consagrado) podría llegar a ser tan familiar al punto de tomar un café y tratar a las personas con tanta familiaridad. Para colmo, mientras caminaban hacia el café, pasó al lado de ellos una señorita, y Visillac dijo: “¡Vieron qué lindas piernas tiene ese niña!". Y fue aquí, donde murió el encantamiento de Arlt ante el desconcierto que le provocaron esas palabras y hasta se sintió molesto al notar que Visillac se expresaba en forma tan chabacana. Esa noche sintió cómo se le había acabado una ilusión.

Igualmente, tanto Arlt como Roxlo siguieron frecuentando las veladas poéticas y algunos años después, Roberto escribió El poeta parroquial, un cuento en el que el personaje principal era un poeta de Flores llamado Villac. Esta narración fue publicada en la revista Proa en 1925.

El gran problema, Roberto lo hallaba en su casa cuando regresaba después de las tertulias literarias, era el momento en que Ekatherine le reprochaba que no había dinero en la casa, dado que él no había querido estudiar y porque además renegaba de trabajar.
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Clio
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MensajePublicado: Lun Ago 28, 2006 02:48    Asunto: Responder citando

¡Pobre don Roberto, habían empezado tan bien!, ¿qué pasó?

Mañana les cuento algo más, es que... ¡me encanta ese vago! Wink
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Clio
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Registrado: 15 Jul 2006
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MensajePublicado: Lun Sep 04, 2006 19:52    Asunto: Responder citando

¡Sigamos!

Encontrar un trabajo en 1916 era una real odisea; este motivo hizo que Roberto los consiguiera, pero solamente temporarios, así fue que abandonó la infancia para entrar en el mundo de los adultos.

Su padre, por esa fecha, quedó sin empleo y la familia comenzó a vivir en la indigencia. Pero Ekhaterine consigue para su hijo una carta de recomendación. Alcanzar algo así en una época de crisis, daba cierto prestigio social, y era como un pasaporte para abrir cualquier puerta.

Roberto, feliz y confiado, va en busca de esa oportunidad que imagina que será un puesto en la administración pública o en la municipalidad, pero no, la carta era para presentarse en una librería de la calle Lavalle al 900, y sus dueños, don Caetano y su mujer, se convertirían en los arquetipos de su primera novela.

El sueldo era bajísimo pero incluía cama y comida. Su trabajo era acomodar y vender libros viejos, limpiar el local, barrer, hacer compras y alguna otra cosa más que a don Caetano o su esposa necesitaran en algún momento.

A Roberto el trabajo no le desagradó, ya que después de todo se hallaba entre libros. Un día entró al local un personaje que lo deslumbró, preguntando por libros de matemática. Este cliente era un joven que entraría rápidamente en charlas y discusiones con Roberto sobre el mundo espiritual y lo guía en la lectura de muchísimos libros antiguos. El muchacho fue bautizado por Roberto como Astier de Villate, y con el nombre de Astier entrará como personaje en la novela El juguete rabioso. La influencia de Artier fue muy poderosa para Arlt ya que terminó preparando un trabajo sobre ciencias ocultas. Esto no es realmente asombroso en la vida de Roberto dado que su madre consultaba constantemente libros de astrología; el astrólogo Alpherat, que escribía estas tiras para el diario El mundo, confirmó el interés de nuestro escritor por los horóscopos, hasta el punto de haberle hecho varias cartas natales.

Por Villiers, Arlt, con solo 17 años, comenzó a ir a las reuniones en la escuela teosófica y se entusiasmó muchísimo con las ciencias ocultas. De esta manera, descubrió a una Buenos Aires misteriosa, con demonios que molestaban a la gente de la ciudad. Su tratado sobre las ciencias ocultas lo terminó en 1920 y lo firmó como Godofredo, el héroe libertador de las ciudades endemoniadas. También llegó a interesarse por el tercer ojo, y si bien se burlaba de sus propias creencias, el sentía que la mirada tenía un poder mágico, motivo que lo llevaba a mencionar siempre a un antepasado suyo, Fernando Arlt, que había sido oftalmólogo. Roberto indicaba que hasta los ciegos participaban de una visión distinta, y esto lo demuestra en la Cieguita o los Espila en Los siete locos y en Los lanzallamas.

Las ciencias ocultas en Buenos Aires, presentado en 1920, se lo dedica a dos amigos: Juan Carlos Constantini y Guido Spano. La búsqueda constante de magos y de nigromantes escondidos en Buenos Aires es el impulso inicial para muchos de sus trabajos.
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Clio
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MensajePublicado: Vie Sep 15, 2006 00:37    Asunto: Responder citando

Holi.

Si nadie se me anticipa, el sábado llegaré con Arlt y... shhhhh... "las mujeres, siempre las mujeres". Wink
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Clio
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MensajePublicado: Sab Sep 16, 2006 23:07    Asunto: Responder citando

¡Las mujeres, siempre la mujeres! —dice Arlt mientras festeja su cumpleaños número 38 en una mesa del café Dos mundos.

De sus romances de juventud solo quedó en el escritor el nombre de Maruja Romero, a quien amó realmente. La había conocido en Córdoba (pcia. de Arg.) y paseaban y hablaban sin cesar. Siempre los temas eran la aparición de una novela o de algún libro. Muchos escritores amigos de Arlt indican que él había conocido al amor de su vida. Maruja era una mujer pequeña y de tez muy blanca, además todos aseguran que era realmente inteligente.

Esa relación prosperó, hasta que un día Maruja comenzó a poner objeciones y reservas. Roberto, que siempre fue muy decidido, cuando notó que Maruja se alejaba, intentó por todos los medios aclarar la situación. Hasta que se encontraron una tarde y ella le dijo que necesitaba la concreción de esa relación, ya fuese a través del matrimonio o una convivencia. Arlt se sintió espantado, porque además, en ese momento estaba unido legalmente con Carmen Antonucci.

Roberto dudó durante dos semanas, pero cuando se decidió a llamarla, Maruja ya había optado por no responderle e incluso cuando lograron hablar, ella le rogó que no volviera a llamarla. De esa forma regresó a Buenos Aires recordando los momentos más hermoso vividos con ella. Había sido una relación ideal, conversaban hasta muy tarde, Roberto hablaba de la gente con un interés especial, no tomaba a las personas como si fueran de verdad, sino como si los seres humanos ingresaran en una categoría sin clasificar, aunque algunos no tenían clasificación posible. Mientras tanto, Maruja hacía del entorno un descubrimiento constante. Ella era indiferente a sus exabruptos y se reía y disfrutaba de sus arrebatos amorosos. En él todo era posible. Nunca había límites claros para nada. Arlt jamás pudo entender qué fue lo que le sucedió a Maruja, pero ella había tomado una decisión irrevocable. Es que ella le reprochaba su inestabilidad emocional y además su predisposición enamoradiza ante cualquier jovencita que pasara a su lado. Arlt cambió de ciudad enojadísimo, pretendía con todas sus fuerzas recuperarse del desencanto que le había provocado esa mujer. En 1929, dedicó a Maruja Romero la primera edición de los Siete locos, pero no lo hizo en ediciones posteriores.

Fue allí cuando Roberto profundizó aún más su relación con Ekhaterine y Lila (madre y hermana, respectivamente), que siempre estuvieron pendientes de su carrera de escritor, a través de las cartas que iban venían de Córdoba a Buenos Aires. Sobre la mesa de la casa de Roberto en Flores, nunca dejó de estar una foto de él y de su madre de principios de siglo, en donde están tomados de la mano y según él, listos para ingresar en un país de ficción. El mundo comienza aquí para él, y la fundación literaria de Arlt ya había tenido sus inicios. Siempre se percibió un gran misterio rodeando a Arlt. Y a pesar de su imagen de mujer frágil, Ekhaterine siempre fue la columna vertebral de la familia y de la casa. La literatura creció en Arlt gracias a la mano de su madre y de Ester, la bibliotecaria de la calle Terrero.

Roberto siempre tuvo una preocupación descomunal por ver su palabra impresa, por ver en un libro su nombre y apellido, y eso fue lo que realmente lo decidió para la publicación de su obra. De su padre también heredó el sabor por la aventura y la desesperanza.

Ekhaterine escribió muchísimas cartas, lástima que hoy aún, muchos de sus dueños no desean publicarlas.

Con su hermana Lila, Roberto también se escribió mucho y sobre todo, sobre acontecimientos de la infancia y de sus problemas sentimentales. Él le revela a Lila cada paso en su vida. Ella es la primera en enterarse de todos sus viajes y de sus amores, es ella quién sabe que su matrimonio no tiene arreglo, está segurísimo de que ya nada lo une a Carmen, que no hay intereses en común entre ella y él. Lila intentó evitar la separación, pero el hecho ya estaba consumado. Él le escribió a Lila:

Algún día en un libro, será el más espantoso que escriba y lo empezaré pronto, contaré mis relaciones con Carmen. Mi vida de sufrimiento con esta mujer con la que me casé. Tengo tantas y tantas cosas que escribir y que contar, a favor y en contra de mí, que ahora sé que todo lo que se ha escrito vale, y vale porque fue escrito con sangre.

Parte de lo que he sufrido al lado de esta mujer está en los “Siete locos” en el capítulo de la “Casa Oscura”. No sé quién te ha metido en la cabeza eso de casarse con un hombre de dinero aunque no lo quieras. No hagas nunca ese disparate.


En otra carta le escribe a Lila lo siguiente:

Ella permanece impasible leyendo un libro que a mi me hace llorar a gritos. Qué querés. Somos dos sensibilidades distintas. Dos vidas distintas. El único punto de contacto de contacto es el instinto, satisfecho este (sería más cómodo ir a un prostíbulo) no queda entre nosotros sino frialdad y desgano. Qué querés que hagamos juntos, decime. Estoy en un momento de mi vida en que tendré dinero y tengo experiencia para ensayar otra vida. Si ese ensayo fracasa, tengo energías, talento y fuerzas para separarme de lo que no me concierne. Por ahora sé que lo que no concierne es esa mujer. Mirá, tengo tantas cosas que decirte, que no terminaría nunca. He caminado mientras que tú estuviste estancada. Y lo único que sé es que la casa Antinucci y la casa Arlt han sido las perores que me han sido dadas a conocer en la vida. Nuestra madre una egoísta, nuestro padre un agonista, qué querés. Qué decirte de la casa Antinucci. Eso es peor. No quisiera hablar todas esas cosas con vos, porque bien te quiero, más de lo que tú puedes creerte, lo único que puedo decirte es esto: No hay un solo crítico de mi libro que no haya escrito. Lo grande de ese libro es el dolor que hay en Erdosian. Pensá que yo puedo ser Erdosian, pensá que el dolor no se inventa ni tampoco es literatura, es dolor el que he llevado al lado de ocho años de condenación. Ocho años de angustia… Cómo quererla si ella no tuvo lástima de mí. Quiso que fuera hasta aprendiz de almacenero, para salvar su maldita plata. ¿Por qué no se casó con un tendero en vez de casarse con un escritor.

En este lapso lo esperaba el triunfo periodístico y literario en Europa. Mientras, escribió notas en El Mundo.

Arlt tuvo una hija con Carmen, y si bien siempre fue muy poco demostrativo, jamás se despreocupó de ella y recordaba:

La Mirta tiene una extraordinaria mano par el dibujo, de manera que no va a ir al Liceo ni al Normal, como pensábamos, sino que entrará en la escuela de Bellas Artes. El Director ha visto los dibujos de Myrta (sic) y me dijo que como esta siga así, dentro de dos años puede trabajar en “El Mundo” como dibujante. Hay una gran artista en ella.

En definitiva, Arlt siempre estuvo rodeado de mujeres, las que amó, las que deseó caminando por la calle Corrientes o soñando con lalguna novela; las que describió en sus notas y las que persiguió en sus sueños fueron mujeres amantes, trabajadoras, prostitutas, niñas, mujeres vulgares y mujeres maravillosas, suegras, madres y abuelas, decididamente, mujeres que siempre lo acompañaron amándolo o asediándolo. También solía responder las cartas de sus lectoras ansiosas por saber sobre su vida y… sobre él.

Su madre lo sobrevivió diez años y siempre recordó las Aguafuertes porteñas del diario El Mundo” y cuando él murió, Ekhaterine publicó artículos con el nombre de Nuevas aguafuertes. Roberto, a pesar de sus críticas nunca descuidó a su madre y la mantuvo económicamente.

Las discusiones con Carmen ya eran insoportables, por lo que él consigue que lo envíen como corresponsal a Chile y luego recorrerá parte de América hasta llegar a México. Mientras viaja, siempre escribe. A Chile fue solo y allí recibió una propuesta del gobierno chileno para recorrer el sur y el norte de ese país. Pero durante ese momento comienza a sentir una molestia en la boca que lo obliga a suspender el viaje y regresar a Buenos Aires.

Más tarde continuará con su rutina en El Mundo. Como presiente que ya no habrá más viajes centra su interés en el teatro y casi todas las noches pasa por un local de Corrientes al 400, en el que algunas veces hay función, otras ensayos y en muchas oportunidades su mayor atracción está en mirar, entre bambalinas, a Ivonne, un actriz muy joven que despertó toda su admiración, pero fue una relación muy corta, ella abandonó el teatro y Buenos Aires sin despedirse de él.

Luego de los ensayos se quedaba con sus amigos tomando café en el bar y charlando sobre literatura, cine, teatro y en ocasiones… de mujeres… Pero estaba seguro de que debía estar entre ellas, entre el amor y el odio, la piedad y el amor…
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Clio
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MensajePublicado: Vie Sep 22, 2006 01:57    Asunto: Responder citando

Holi.

En el finde... les traigo los viajes de Arlt. Wink
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Clio
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MensajePublicado: Sab Sep 23, 2006 14:46    Asunto: Responder citando

Sus viajes

Arlt realizó muchísimos viajes durante su vida, algunos fueron como corresponsal y otros por cuestiones familiares.

Su primer viaje fue aproximadamente a lo 16 años cuando dejó la casa paterna debido a las grandes peleas que tenía con su padre. Su segundo viaje lo hizo el 10 de marzo de 1920 a la provincia de Córdoba (Arg.). Allí hizo el servicio militar, se casó y nació su hija, pero cuatro años después regresó a Buenos Aires para dedicarse en forma definitiva al periodismo.

En 1930 viajó al Uruguay y a Brasil en busca de nuevos temas para sus aguafuertes, y más tarde fue a España, Marruecos y Chile.

Los viajes siempre lo apasionaron, aunque cuando emprendió su recorrida por Brasil y Uruguay, una gran melancolía por abandonar Buenos Aires se apoderó de él. Decía siempre que los viajes cambiaban a la gente y le hacían un gran favor a la inteligencia, pero siempre se sentía desconfiado cuando llegaba a algún lugar. De todos modos se consolaba teniendo claro que solamente iba a escribir y que ese era nada más que su trabajo.

Muy rápido en Uruguay comenzó a producir para su sección aguafuertes. Estas columnas no siempre se llamaron de la misma forma, tuvieron variantes como: Informaciones de viajes, Aguafuertes silvestres, Notas de abordo, De Roberto Arlt, Viñetas santiagueñas, Aguafuertes españolas, Aguafuertes vascas, Notas de viaje, Al margen de cable y algunas otras menos importantes. Tiene 30 años la primera vez que sale de la Argentina y escribe lo siguiente:

¡Oh, querido papel blanco! ¡Querida máquina de escribir! Yo que siempre broncaba por llenarte, hoja blanca, ahora te agarro como mi salvación. Sos el único medio por el cual me puedo comunicar con Buenos Aires; sos la única intermediaria entre los lectores y yo.

Siempre comparó sus viajes con las mujeres, decía que en cada momento de su vida tenía un gesto definitivo y propio. Ya por ese tiempo era conocido por sus novelas El juguete rabioso y Los siete locos, y además por sus notas en El mundo. Por este motivo los viajes lo desubican y siente mucho temor por perder su relación con Buenos Aires.

Jamás se sintió un turista, lo único que hacía en forma constante era comparar y trazar paralelos de cada ciudad que conocía con Buenos Aires. Estando en Río de Janeiro (Brasil), envía el 4 de abril de 1930 esta crónica:

Tranvía, según las distancias, 3, 6, 9 y 12 centavos. Con 12 centavos se recorre 10 km. Lustrarse los botines, 8 centavos. Refresco de caña, un jugo precioso y estomacal, vaso grande, 9 centavos. Café con leche, pan y manteca, 18 centavos. Caja de fósforos, 3 centavos, Sándwichs de jamón, 6 centavos. Chip de cerveza sin agua ni alcohol, 18 centavos. Cigarrillos, ¡y qué tabaco!, 18 centavos, un paquete de 20 cigarrillos, y no es hoja de papa y repollo como el que fumamos nosotros. Una comida de tres platos, postre, que en Buenos Aires pagamos 12 pesos, (aquí) cincuenta centavos (…).
¿Qué puedo decir de estas asombrosas realidades? ¿Se dan cuenta ustedes…? Esto a mil seis cientos kilómetros de Buenos Aires en América del Sur.


Para cualquier intelectual argentino de los años 30, Brasil era un país muy inusual respecto de la Argentina, y sobre todo, de Buenos Aires, aunque en ese período hubo gran intercambio cultural.

En Brasil tenían una idea muy clara de los movimientos intelectuales argentinos. Mario de Andrade (del diario Nacional de San Pablo) mencionaba mucho a los integrantes de los grupos de la Argentina, aunque nunca mencionó a Arlt, ni Arlt a él, tal vez porque de Andrade se ocupaba más de las artes plásticas.

Pero Roberto siguió escribiendo sobre Brasil:


“En medio de un mar oscuro y violáceo, conos de piedra de base rosalava, pelados como calaveros en ciertas partes, cubiertos de terciopelo verde en otras, y una palmera en la punta. Bandadas de palomas de mar revolotean en torno. Un semicírculo de montañas que parecen espectrales, livianas, como aluminio azul, crestadas delicadamente de un bordado verde… Algunas nubes como velos de color naranja envuelven una sierra jorobaza: El Corcovado. Y más lejos, cúpulas de porcelana celeste, datos rojos, cubos blancos: ¡Río de Janeiro! Una calle fría y larga al pie de la montaña: el paseo de Beira Mar. La avenida de Rio Branco, la Avenida de Mayo Rio, tan perfecta como la nuestra con sus edificios pintados de color cacao, de color ladrillo, entoldados verdes, pasajes sombríos, árboles en aceras, calles empapadas de sol oro, toldos escarlatas, blancos, azules, ocres, “ruas” oblicuas, ascendentes, mujeres…”.

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Negros, negros de camiseta roja y pantalón blanco. Una camiseta roja que avanza movida por un cuerpo invisible; un pantalón blanco movido por unas piernas invisibles. Se mira y de pronto una dentadura de sandía en un trozo de carbón chato, con labios rojos.

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El idioma portugués… ¡Hay que oírla conversar a una minina! Es lo más delicioso que puede concebirse. Es un parlamento hecho para boca de mujer, nada más.



Y muy atraído por lo musical del idioma, llega a escribir:

Los mininos no son gatos. ¡Hé, los mininos son los chicos! Así los llaman en este país… Pero ¿dónde están los chicos?, ¿dónde están los gráficos insolentes manchando las paredes, como los que alguna vez he leído en las calles porteñas? “El que no lee es un gil” y otras finezas de imposible reproducción. Indiscutiblemente que en el género pictórico como literario hay casos teratológicos, monstruosidades de imaginación infantil que espantarían a un clínico, a un poeta en ciernes y Goyas en embrión para el observador inteligente (…) Las inscripciones o grafitos más desvergonzados se encuentran en las proximidades de las escuelas, lo cual demuestra que la instrucción ejerce efectos saludables sobre el alma infantil.

Y agrega:

No se estila decir mala palabras, lo cual es muy posible, porque desde que estoy en Río no he oído todavía una andanada mal sonante ni entre los fulanos que descargan pescado en la orilla del puerto.

Aunque tal vez, uno de los escritos más curiosos es el del 13 de mayo de 1930, cuando Brasil cumple 40 años de la abolición de la esclavitud: Cualquier negro de cincuenta años que usted encuentre en las calles ha sido esclavo hasta los ocho años; el negro de sesenta años, esclavo hasta los dieciocho…, y comienza hacer registros sobre el costo de un esclavo, su tipo de trabajo, los tratamientos que recibían, el modo de vida y escribe:

[…] todavía no me resuelvo a reportear a un ex esclavo. No sé. Me da una sensación de terror entrar al país del miedo y del castigo. Lo que me han contado parecen historias de novelas, prefiero creer que lo escribió Alen Car temblando de indignación, es una historia sucedida en un país fantasía. Creo que es mejor.

Pero hay algo de Río que le molesta muchísimo, es tener que irse a dormir a las diez de la noche, siempre se preguntaba en dónde estaba la vida nocturna. Decía que los domingos eran aburridos y que Río parecía una ciudad de piedra porque le faltaban jardines con flores. Siempre va a sorprenderlo de Río su estructura edilicia, nunca sus flores.

Lo último que escribe en Río (estuvo allí 2 meses) fue el 1.º de junio de 1930. Las crónicas brasileñas, en total, fueron 42 y todavía no están publicadas en forma de libro.

Pero… el 21 de mayo le habían informado que había obtenido el Premio Municipal por los Siete locos, y por supuesto, regresó a Buenos Aires y continuó con sus aguafuertes para el diario El Mundo.

En 1934, después de haber publicado cuatro novelas, le indicaron que debía viajar a España. Ganaría más dinero y podría ayudar a su madre, algo que siempre lo preocupó. También tendría suficiente solvencia económica para que a su mujer y a su hija no les faltara nada. El día de la partida estaba feliz, pero siempre con esa nostalgia por dejar a la ciudad que amaba, Buenos Aires.

En 1934, después de haber publicado cuatro novelas, le indicaron que debía viajar a España. Ganaría más dinero y podría ayudar a su madre, algo que siempre lo preocupó. También tendría suficiente solvencia económica para que a su mujer y a su hija no les faltara nada. El día de la partida estaba feliz, pero siempre con esa nostalgia por dejar a la ciudad que amaba, Buenos Aires.

En España escribió las Aguafuertes españolas.

Recorrió desde las islas Canarias hasta Santiago de Compostela, también estuvo en Marruecos y quedó apasionado por la cultura árabe. Conoció a los gitanos del Sacramonte y… por supuesto… otra vez se enamoró, esta vez de una gitana que se llamaba Lola La Chata, ella le enseñó todo el mundo de los gitanos.

Más tarde recorrió Madrid en busca de actores y directores teatrales que pudieran interesarse por su obra, pero… no tuvo suerte.

Vivió el atentado al presidente de España, Azaña; y cubrió la nota desde la confitería El Molino.

Finalmente en 1936 un barco español llegaba al puerto Buenos Aires, y en él, regresaba Arlt que agitaba en forma ansiosa su sombrero. Dijo apenas llegó que cualquier viajero que llegue a España, jamás podrá olvidar el embrujo de la tierras hispanas. Manuel de Falla lo embobaba, tanto como la voz de Concepción Badía que nunca dejó de escucharla en su cuarto. Siempre insistió en que regresaría a España. El mundo hispano- árabe con aventuras amorosas y literarias ocupó un enorme lugar en sus sueños. Su llegada a Cádiz y el contacto con la catedral lo describe así:

Entro. Una luz ligeramente violácea cae de la cúpula del crucero formada en panes de granito blanco, labrado, de doce metros de altura, de mármol blanco.

Frescura mortal. Silencio del alma parece filtrarse entre las juntas de los panes de piedra. Se siente uno más pequeño que una hormiga. La luz cayendo oblicuamente sobre los moldes de piedra son inmensas grutas marinas. Así deben de ser el silencio y la luz al otro lado del sol.


También escribió notas sobre la gitana Lola, lo deslumbraba la forma de hablar y de contar las cosas que tenía Lola, esa gitana adivinadora, cantaora, alegre y divertida con sus costumbres tan poco ciudadanas, aunque sentía que ella podía expresarse como cualquier muchacha de Buenos Aires.

Las Aguafueretes españolas muestran a sus lectores porteños paisajes y hombres de Madrid, de Cádiz, de Marruecos; por supuesto, con toda la admiración y la indignación que algunas cosas le provocan a este Roberto, de tan insólita personalidad.
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