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Los Cantos de Maldoror


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Autor Mensaje
Vicente Bathory
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Registrado: 15 Jul 2003
Mensajes: 176
Ubicación: el Kailash, lagunas de LLanganuco, mi qué, soarin high upon the breezes

MensajePublicado: Vie Jul 25, 2003 05:09    Asunto: Los Cantos de Maldoror Responder citando

Todo el mal encerrado en estos cantos puede ser encontrado en cualquier lugar, pero cuaquier maldad que no se encuentre en estos cantos no se encontrará jamás.

De su autor, el Conde de Lautremont, solo tenemos un puñado de poemas, una biblia y una edición de la Iliada anotadas a mano; sabemos que fue acólito, que fue el hijo ilegítimo de un embajador; y como todo amado de los dioses murio joven.

Los Cantos de Maldoror son la expresión cumbre del decadentismo e incluso del surrealismo? Qué puedes averiguar de su autor.

Mis más oscuros saludos
V.d.R
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Brunilda
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Registrado: 22 Sep 2002
Mensajes: 6098
Ubicación: Alephandria, la Torre derruida y el mundo flotante...que se hundió

MensajePublicado: Dom Jul 27, 2003 12:31    Asunto: Vacío Responder citando

Isidore Ducasse, nació en Montevideo-Uruguay en 1846. Murió casi en la miseria a los 24 años (1870). Hijo del canciller francés en Uruguay, con el que no tuvo casi relación y de una madre que murió antes de que cumpliese su primer año de vida y que aparentemente se suicidó.
Su vida está llena de enigmas. Viajó de muy joven a París donde escribió los primeros cantos de Maldoror.
Paradigma del surrealismo, rescatado por un grupo literario Le jeune Belgique en 1885 y difundido ardientemente por León Bloy tiempo después.
No se encontraron fotografías del escritor que nos develen los rasgos de su rostro, como tampoco ningún recuerdo de su infancia.

Los cantos de Maldoror fue considerada una obra “maldita” y Lautreamont un personaje cargado de desgracias.

Maldoror representa a un hombre que encarna la maldad en la sociedad humana. En su obra se juzga a Dios, al hombre y a la relación entre ambos.

Sigamos, por favor


[Editado 1 vez por Brunilda el 10 Agosto 2003 a las 23:34]
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navegante
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Registrado: 29 Abr 2003
Mensajes: 5371
Ubicación: La corte de los milagros

MensajePublicado: Lun Jul 28, 2003 04:43    Asunto: Vacío Responder citando

Si se me permite copiar, copio y pego una semblanza de Duchase que me parece bastante ajustada, como preludio de la lectura de su obra:

El poeta francés ,Isidoro Ducasse, llamado también, conde de Lautréamont, después de permanecer desconocido por muchos años, fue proclamado por los surrealistas como su más ilustre precursor.
Su obra poética es la más consciente realización de la crisis espiritual causada por el progreso científico. En el transcurso de dos años vivió y reflejo el conflicto de la época por la que paso tan rápidamente.
Por su educación científica en la escuela Politécnica de París (en donde se invocaban las matemáticas) y su profunda influencia sobre la naturaleza que comenzaría siendo muy religiosa, constituyendo la base de su obra, pero sin embargo repugnaba los avances de la ciencia en el campo de lo oculto.
Miraba con desprecio los descubrimientos científicos de su tiempo, inclinándose por lo místico, dotado de una poderosa imaginación deseando un mundo que hubiese podido moldear con sus propias manos, un mundo de milagros, de metamorfosis y de revelaciones. Encontrándose como un místico despojado de sus símbolos de veneración, porque la humanidad todavía no ha alcanzado la conciliación de la física y la metafísica.
Para él, el hombre se encuentra en un estado de asfixia, por no poder evadirse de las leyes físicas, las que conllevan a una desesperación por sentir que no habrá nada más allá de la tumba. Por otra parte, hay una rebelión y un desafío del hombre, por no resolver los problemas importantes de la vida, como por ejemplo, la mortalidad e inmortalidad del alma.
En este momento el poeta estaba comenzando a explicar las formas superiores por las inferiores. Los personajes de Lautréamont pasaban fácilmente de una forma de vida a otra, comunicándose entre sí con facilidad, aunque no se alcanza la glorificación de la irracionalidad en el hombre, pero sin embargo orienta a la poesía hacia esa dirección.
Lautréamont era un antisocial, siendo su lema: "Yo solo contra la humanidad". Su símbolo es un corcel galopando furiosamente para esquivar el ojo humano y gozar con todos los ejemplos de la maldad humana, además nos muestra al hombre cometiendo crímenes diabólicos y deleitándose con su perversidad, la sola vista del ser humano le parece repulsiva.
Su poesía ataca al hombre y al creador que no debió haber engendrado tal gentuza. Describa al creador como un rinoceronte, con conducta vergonzosa, siendo una fuente de maldad. Anhela lo infinito y lo correcto e incorrecto, no eran contradictorios, dirigiéndose simultáneamente hacia la búsqueda del infinito. Para él, el infinito no es abstracto, sino, que es un principio espiritual que preside las funciones fisiológicas de la carne.
Con él se origina, pues, la noción de que la expresión artística puede resultar de un método científico de exploración de subjetividad del sujeto pensante. Esta exploración se ve restringida por la razón y la imaginación, basada en una experiencia exterior, impotente y engañadora. Sin embargo, la inteligencia puede ser destruida temporalmente por un torbellino de facultades inconscientes.
De este modo se inicio un experimento científico, una verdadera vivisección humana en literatura.
Lautréamont, desprecia la experiencia y la imaginación, porque no posee la facultad de recordar, por esto reemplaza a la memoria por la mezcla de lo real (remembranza) y lo ilusorio (sueño). Por esto las facultades mentales enfocan un solo sentido cada vez, disminuyendo los demás. En ciertos momentos, magnifica la sensación del tacto, como por ejemplo al aplastar una mosca; y en otros momentos magnifica la audición en una persona que antes ha sido sorda, oyendo ahora hasta lo imposible.
Además crea imágenes que suceden sin conexión entremezcladas, como en una pesadilla, dejando de lado los bellos sueños. Esta pesadilla se ha transformado intencionalmente en monstruo, para eludir la condición humana regida por la naturaleza.
El héroe de sus personajes es Maldoror, quién junto a sus secuaces atacan y hacen sufrir al hombre, porque sienten repugnancia por él, deseando, por esto, matar a niños para que no alcancen ese estado de repulsión inherente al adulto. Estos síntomas son semejantes a los que fueron descubiertos en la perturbación mental de su hermano( perdida de la memoria, deshumanización, egoísmo infantil y falta de sueño).
Su obra fue mantenida fuera del alcance del público, porque la vida estaba ahí pintada con colores demasiado amargos, lo que podía enfadar al público y a causa de esto no tuvo el apoyo financiero de sus padres. A raíz de esto decide cambiar su noción de vida por la esperanza, calma, dicha y deber, para obtener la ayuda financiera de su padre. El prefacio fue todo lo que de él se escribió. Sin embargo no sabemos si realmente, él, se convenció de la grandeza de la vida humana o sólo, quería burlarse de la humanidad.
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Brunilda
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Ubicación: Alephandria, la Torre derruida y el mundo flotante...que se hundió

MensajePublicado: Lun Jul 28, 2003 09:15    Asunto: Vacío Responder citando

Hola Navegante! la verdad es que la biografia de Ducasse que dejaste no me termina de convencer. Primero porque su origen es Uruguayo y no Francés (el que se haya ido a Francia no quita su naturaleza montevideana). Después, que habla de "sus padres" cuando en realidad su madre murió antes de que Ducasse pudiese guardar cualquier recuerdo de ella. Pero bueno, todo vale para comenzar

Mi primer contacto con este autor y con la obra misma de Maldoror fue hace unos meses cuando tuve la suerte de ir a ver una ópera que Leo Masliah compuso en base a esa historia. La puesta fue en el Teatro Colón y el resultado fue, a mi gusto, excelente.
Les transcribo parte del programa, donde se explican un par de cosas, entre ellas el posible origen del pseudónimo "Lautreamont":

Entre dos sitios
Uno de los tópicos màs seductores de la cultura occidental es ligar la biografia con la creación artística. El capítulo más estimulante de esta noción es el aparente enigma que se juega en la ecuación entre los conceptos de genio y locura, tratados por el filósofo Carl Jaspers en su conocido análisis.
Las geografías básicas de Lautreamont fueron Montevideo y París, dos ciudades sitiadas en continentes diferentes, pero curiosamente, también sitiadas en cada uno de sus bordes temporales de la vida del escritor: Rosas en un extremo y los alemanes de la guerra franco-prusiana en el otro. Uno y otro. Siempre retorna esta idea al hablar de Ducasse y de su alias: el Conde de Lautréamont, nombre de fantasía que eligió para identificarse. Se consideran dos hipótesis para esta elección, que mutuamente no se excluyen. La primera, alude a un personaje maléfico de una novela de Eugene Sue, Lautréamont, que inspiraría al protagonista Maldoror. La segunda, al juego homofónico del nombre Lautre est à Mont ("El otro está en Montevideo"), decisión que insinuaría la dualidad del poeta.


También hoy o mañana les dejo una descripción de Masliah sobre el personaje de esta historia (muy buena).
Por otro lado, ¿alguien sabría dónde puedo encontrar el libro de Lautreamont? es una "figurita dificil" por aqui y si al menos lo encontrase en la web me vendría bárbaro.

Qué bueno Vicente el que hayas traído este libro aqui! Pero, ¿por qué? ¿qué es lo que te atrapó de él?. Interesantísimo personaje para analizar, ¿no?.

Saludos!
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Vicente Bathory
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MensajePublicado: Lun Jul 28, 2003 20:29    Asunto: Vacío Responder citando

Es detestable cuando se borra todo lo que has escvrito..luego sabe a repetido..pero bueno

Me da mucho gusto encontrar con quien compartir los Cantos de Maldoror, es una fugurita dificil de conseguir. Hay una edición realmente buena de Colección Cruz del Sur, Ed pre-textos muy buena. Hace poco tambien vi otra edición argentina, no recuerdo la editorial de la obra Completa de Lautremont.

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Vicente Bathory
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MensajePublicado: Lun Jul 28, 2003 21:23    Asunto: Vacío Responder citando

Saludos

"El hombre más sensible, el más suavizado por la vida, en determinadas horas, sueña con lo indomable"

Existe un extraño placer en la lectura de los Cantos de Maldoror; es decir, se puede encontrar belleza en el mal o es la verdad de la maldad lo que nos deslumbra?. Ducasse es el espejo, mejor dicho, la radiografía a la ilusión del progreso, la fantasía inerte, esteril del positivismo científico; el temor a Dios; Maldoror es el aborto del matrimonio entre el viejo y el nuevo mundo; la rebelión del camino cristiano y la glorificación de la vida, la muerte y todo lo que hay en el medio por medio de la violencia creativa del verbo poético.

A continuación algunas notas:

A las 2 de la tarde de un 24 de noviembre se levantó la siguiente acta de defunción:"Isidore Lucien Ducasse, hombre de letras, de 24 años de edad, nacido en Montevideo (América meridional), fallecido esta mañana, a las 8, en su domicilio de la calle del Faubourg-Montmartre, nº 7, sin más datos. El acta ha sido levantada en presencia del señor Jules François Dupuis, hotelero, calle del Faubourg-Montmartre, nº 7, y de Antoine Milleret, camarero, en idéntico domicilio, testigos que han firmado con nos, Louis Gustave Nast, adjunto del alcalde, tras haber leído y haber comprobado el fallecimiento ante la ley."


Murió como un desconocido y sin embargo Isidore dejó una triple memoria: Ducasse/Lautremont/Maldoror. Como ha hecho notar Brunilda el correlato tanto del nacimiento como de la muerte de Ducasse es el de dos guerras. Nace el 4 de abril de 1846 en Montivideo. Entre 1843 y 1851, tuvo lugar el llamado “Sitio Grande”, en que las fuerzas de del presidente uruguayo Manuel Oribe, aliado del partido de los federales que encabezaba el gobernante argentino Juan Manuel de Rosas, sitiaron Montevideo, lo que le valió que se la denominara “la nueva Troya”, por emular el legendario sitio de la antigua ciudad de Troya, en la época homérica. Con el nombre de “Montevideo o una nueva Troya” se publicó en París, por esos años, una novela firmada por el famoso escritor francés Alejandro Dumas (hijo) ambientada en la Gran Guerra. Con el nombre de “La Guerra Grande“ se conoce históricamente el extenso conflicto ocurrido en los países del Río de la Plata entre 1839 y 1851.Fue esencialmente una guerra civil, interna, en el cual estuvieron involucrados bandos políticos opuestos de la Argentina y el Uruguay, pero también intervinieron Francia, Inglaterra, el Imperio del Brasil y especialmente las fuerzas italianas.

Ducasse fue el hijo ilegítimo de un trabajador Uruguayo en el consulado de frances en Montevideo y una sirvienta francesa de nombre Celestine Davezac, quien fallecería un año y ocho meses después del nacimiento de Isidore Ducasse. El nombre del padre no lo sé, tal vez ustedes lo saben...

Por otro lado, Ducasse muere en noviembre, es decir tres meses despues que Napoleon III cae rendido en Sedan durante la guerra franco-prusiana. Como afirma Manuel Serrat,especialista en Lautréamont, anotará también que "por las esquinas de Montmartre comenzaban ya a soplar los vientos de la Comuna".

En la primera edición (1868) Alfred Sircos (¿?), bajo el pseudónimo de Epistemon, escribe la única nota a esta primera edición la cual reproduce Serrat parcialmente
lo siguiente:

"El primer efecto producido por la lectura de este libro es el asombro: el énfasis hiperbólico del estilo, la salvaje rareza, el desesperado vigor de la idea, el contraste de este lenguaje apasionado con las más insípidas lucubraciones de nuestro tiempo, arrojan de inmediato el espíritu a un profundo estupor... Es preciso leerlo para sentir la poderosa inspiración que lo anima, la sombría desesperación vertida en estas lúgubres páginas."

Me parece interesante Brunilda aquella teoría basada en el juego de palabras en la traducción de "Lautre est à Mont" como el otro está en Montevideo. Tenía conocimiento de la novela de Eugene Sue, Latreamont publicada en 1838, que a pesar de la errata, haría referencia al personaje histórico Jules Duhamel, señor de Latreamont. En una nota a pie de página en mi edición Angel Pariente cita la obra de Sue : "Valiente hasta la eternidad, de una fuerza tan espantosa que, se dice, levantaba un caballo sobre sus anchos hombros o lo aturdía con un golpe de su enorme puño (...) No temía ni a Dios ni a los hombres y era de una gran tenacidad cuando de trataba de saciar sus desenfrenadas pasiones". Pariente pregunta si quiso el joven Ducasse ser un reflejo de aquel aristócrata normando. Qué piensan ustedes.... habría que leer a Sue....

Qué les parece si comenzamos a discutirlo canto por canto, me parece lo más indicado para no caes en comentarios a grandes rasgos...

saludos

V.d.R
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Vicente Bathory
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MensajePublicado: Mar Jul 29, 2003 03:01    Asunto: Vacío Responder citando

Aqui una mirada a Montmartre y otras imágenes del entorno de Lautreamont: http://www.maldoror.org/Images/Mervyn/Boulevard%20Montmartre.jpg

Saludos
V.d.R
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Vicente Bathory
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MensajePublicado: Mar Jul 29, 2003 03:17    Asunto: Vacío Responder citando

POÉSIES

- I -

Je remplace la mélancolie par le courage, le doute par la certitude, le désespoir par l’espoir, la méchanceté par le bien, les plaintes par le devoir, le scepticisme par la foi, les sophismes par la froideur du calme et l’orgueil par la modestie.

V.d. R
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Vicente Bathory
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MensajePublicado: Mar Jul 29, 2003 03:29    Asunto: Vacío Responder citando

POÉSIES
II

Le génie garantit les facultés du cœur.

L’homme n’est pas moins immortel que l’âme.

Les grandes pensées viennent de la raison !

La fraternité n’est pas un mythe.

Les enfants qui naissent ne connaissent rien de la vie, pas même la grandeur.

Dans le malheur, les amis augmentent.

Vous qui entrez, laissez tout désespoir.

Bonté, ton nom est homme.

C’est ici que demeure la sagesse des nations.

Chaque fois que j’ai lu Shakspeare, il m’a semblé que je déchiquète la cervelle d’un jaguar.

Jécrirai mes pensées avec ordre, par un dessein sans confusion. Si elles sont justes, la première venue sera la conséquence des autres. Cest le véritable ordre. Il marque mon objet par le désordre calligraphique. Je ferais trop de déshonneur à mon sujet, si je ne le traitais pas avec ordre. Je veux montrer quil en est capable.

Je n’accepte pas le mal. L’homme est parfait. L’âme ne tombe pas. Le progrès existe. Le bien est irréductible. Les antéchrists, les anges accusateurs, les peines éternelles, les religions sont le produit du doute.


Dante, Milton, décrivant hypothétiquement les landes infernales, ont prouvé que c’étaient des hyènes de première espèce. La preuve est excellente. Le résultat est mauvais. Leurs ouvrages ne s’achètent pas.

Lhomme est un chêne. La nature nen compte pas de plus robuste. Il ne faut pas que lunivers sarme pour le défendre. Une goutte deau ne suffit pas à sa préservation. Même quand lunivers le défendrait, il ne serait pas plus déshonoré que ce qui ne le préserve pas. Lhomme sait que son règne na pas de mort, que lunivers possède un commencement. Lunivers ne sait rien : cest, tout au plus, un roseau pensant.

Je me figure Elohim plutôt froid que sentimental.

L’amour d’une femme est incompatible avec l’amour de l’humanité. L’imperfection doit être rejetée. Rien n’est plus imparfait que l’égoïsme à deux. Pendant la vie, les défiances, les récriminations, les serments écrits dans la poudre pullulent. Ce n’est plus l’amant de Chimène ; c’est l’amant de Graziella. Ce n’est plus Pétrarque ; c’est Alfred de Musset. Pendant la mort, un quartier de roche auprès de la mer, un lac quelconque, la forêt de Fontainebleau, l’île d’Ischia, un cabinet de travail en compagnie d’un corbeau, une chambre ardente avec un crucifix, un cimetière où surgit, aux rayons d’une lune qui finit par agacer, l’objet aimé, des stances où un groupe de filles dont on ne sait pas le nom, viennent balader à tour de rôle, donner la mesure de l’auteur, font entendre des regrets. Dans les deux cas, la dignité ne se retrouve point.

L’erreur est la légende douloureuse.

Les hymnes à Elohim habituent la vanité à ne pas s’occuper des choses de la terre. Tel est l’écueil des hymnes. Ils déshabituent l’humanité à compter sur l’écrivain. Elle le délaisse. Elle l’appelle mystique, aigle, parjure à sa mission. Vous n’êtes pas la colombe cherchée.

Un pion pourrait se faire un bagage littéraire, en disant le contraire de ce qu’ont dit les poètes de ce siècle. Il remplacerait leurs affirmations par des négations. Réciproquement. S’il est ridicule d’attaquer les premiers principes, il est plus ridicule de les défendre contre ces mêmes attaques. Je ne les défendrai pas.

Le sommeil est une récompense pour les uns, un supplice pour les autres. Pour tous, il est une sanction.

Si la morale de Cléopâtre eût été moins courte, la face de la terre aurait changé. Son nez nen serait pas devenu plus long.

Les actions cachées sont les plus estimables. Lorsque jen vois tant dans lhistoire, elle me plaisent beaucoup. Elles nont pas été tout à fait cachées. Elles ont été sues. Ce peu, par où elles ont paru, en augmente le mérite. Cest le plus beau de navoir pas pu les cacher.

Le charme de la mort n’existe que pour les courageux.

Lhomme est si grand, que sa grandeur paraît surtout en ce quil ne veut pas se connaître misérable. Un arbre ne se connaît pas grand. Cest être grand que de se connaître grand. Cest être grand que de ne pas vouloir se connaître misérable. Sa grandeur réfute ces misères. Grandeur dun roi.

Lorsque jécris ma pensée, elle ne méchappe pas. Cette action me fait souvenir de ma force que joublie à toute heure. Je minstruis à proportion de ma pensée enchaînée. Je ne tends quà connaître la contradiction de mon esprit avec le néant.

Le cœur de l’homme est un livre que j’ai appris à estimer.

Non imparfait, non déchu, l’homme n’est plus le grand mystère.

Je ne permets à personne, pas même à Elohim, de douter de ma sincérité.

Nous sommes libres de faire le bien.

Le jugement est infaillible.

Nous ne sommes pas libres de faire le mal.

Lhomme est le vainqueur des chimères, la nouveauté de demain, la régularité dont gémit le chaos, le sujet de la conciliation. Il juge de toutes choses. Il nest pas imbécile. Il nest pas ver de terre. Cest le dépositaire du vrai, lamas de certitude, la gloire, non le rebut de lunivers. Sil sabaisse, je le vante. Sil se vante, je le vante davantage. Je le concilie. Il parvient à comprendre quil est la sœur de lange.

Il n’y a rien d’incompréhensible.

La pensée n’est pas moins claire que le cristal. Une religion, dont les mensonges s’appuient sur elle, peut la troubler quelques minutes, pour parler de ces effets qui durent longtemps. Pour parler de ces effets qui durent peu de temps, un assassinat de huit personnes aux portes d’une capitale, la troublera - c’est certain - jusqu’à la destruction du mal. La pensée ne tarde pas à reprendre sa limpidité.

La poésie doit avoir pour but la vérité pratique. Elle énonce les rapports qui existent entre les premiers principes et les vérités secondaires de la vie. Chaque chose reste à sa place. La mission de la poésie est difficile. Elle ne se mêle pas aux événements de la politique, à la manière dont on gouverne un peuple, ne fait pas allusion aux périodes historiques, aux coups d’État, aux régicides, aux intrigues des cours. Elle ne parle pas des luttes que l’homme engage, par exception, avec lui-même, avec ses passions. Elle découvre les lois qui font vivre la politique théorique, la paix universelle, les réfutations de Machiavel, les cornets dont se composent les ouvrages de Proudhon, la psychologie de l’humanité. Un poète doit être plus utile qu’aucun citoyen de sa tribu. Son œuvre est le code des diplomates, des législateurs, des instructeurs de la jeunesse. Nous sommes loin des Homère, des Virgile, des Klopstock, des Camoëns, des imaginations émancipées, des fabricateurs d’odes, des marchands d’épigrammes contre la divinité. Revenons à Confucius, au Boudha, à Socrate, à Jésus-Christ, moralistes qui couraient les villages en souffrant de faim ! Il faut compter désormais avec la raison, qui n’opère que sur les facultés qui président à la catégorie des phénomènes de la bonté pure.

Rien n’est plus naturel que de lire le Discours de la Méthode après avoir lu Bérénice. Rien n’est moins naturel que de lire le Traité de lInduction de Biéchy, le Problème du Mal de Naville, après avoir lu les Feuilles dAutomne, les Contemplations. La transition se perd. L’esprit regimbe contre la ferraille, la mystagogie. Le cœur est ahuri devant ces pages qu’un fantoche griffonna. Cette violence l’éclaire. Il ferme le livre. Il verse une larme à la mémoire des auteurs sauvages. Les poètes contemporains ont abusé de leur intelligence. Les philosophes n’ont pas abusé de la leur. Le souvenir des premiers s’éteindra. Les derniers sont classiques.

Racine, Corneille, auraient été capables de composer les ouvrages de Descartes, de Malebranche, de Bacon. L’âme des premiers est une avec celle des derniers. Lamartine, Hugo, n’auraient pas été capables de composer le Traité de lIntelligence. L’âme de son auteur n’est pas adéquate avec celle des premiers. La fatuité leur a fait perdre les qualités centrales. Lamartine, Hugo, quoique supérieurs à Taine, ne possèdent, comme lui, que des - il est pénible de faire cet aveu- facultés secondaires.

Les tragédies excitent la pitié, la terreur, par le devoir. C’est quelque chose. C’est mauvais. Ce n’est pas si mauvais que le lyrisme moderne. La Médée de Legouvé est préférable à la collection des ouvrages de Byron, de Capendu, de Zaccone, de Félix, de Gagne, de Gaboriau, de Lacordaire, de Sardou, de Gœthe, de Ravignan, de Charles Diguet. Quel écrivain d’entre vous, je prie, peut soulever- qu’est-ce ? Quels sont ces reniflements de la résistance ?- Le poids du Monologue d’Auguste ! Les vaudevilles barbares de Hugo ne proclament pas le devoir. Les mélodrames de Racine, de Corneille, les romans de la Calprenède le proclament. Lamartine n’est pas capable de composer la Phèdre de Pradon ; Hugo, le Venceslas de Rotrou ; Sainte-Beuve, les tragédies de Laharpe, de Marmontel. Musset est capable de faire des proverbes. La tragédie est une erreur involontaire, admet la lutte, est le premier pas du bien, ne paraîtra pas dans cet ouvrage. Elle conserve son prestige. Il n’en est pas de même du sophisme, - après - coup le gongorisme métaphysique des autoparodistes de mon temps héroïco-burlesque.

Le principe des cultes est l’orgueil. Il est ridicule d’adresser la parole à Elohim, comme ont fait les Job, les Jérémie, les David, les Salomon, les Turquéty. La prière est un acte faux. La meilleure manière de lui plaire est indirecte, plus conforme à notre force. Elle consiste à rendre notre race heureuse. Il n’y a pas deux manières de plaire à Elohim. L’idée du bien est une. Ce qui est le bien en moins l’étant en plus, je permets que l’on me cite l’exemple de la maternité. Pour plaire à sa mère, un fils ne lui criera pas qu’elle est sage, radieuse, qu’il se conduira de façon à mériter la plupart de ses éloges. Il fait autrement. Au lieu de le dire lui-même, il le fait penser par ses actes, se dépouille de cette tristesse qui gonfle les chiens de Terre-Neuve. Il ne faut pas confondre la bonté d’Elohim avec la trivialité. Chacun est vraisemblable. La familiarité engendre le mépris ; la vénération engendre le contraire. Le travail détruit l’abus des sentiments.

Nul raisonneur ne croit contre sa raison.

La foi est une vertu naturelle par laquelle nous acceptons les vérités qu’Elohim nous révèle par la conscience.

Je ne connais pas d’autre grâce que celle d’être né. Un esprit impartial la trouve complète.

Le bien est la victoire sur le mal, la négation du mal. Si l’on chante le bien, le mal est éliminé par cet acte congru. Je ne chante pas ce qu’il ne faut pas faire. Je chante ce qu’il faut faire. Le premier ne contient pas le second. Le second contient le premier.

La jeunesse écoute les conseils de l’âge mûr. Elle a une confiance illimitée en elle-même.

Je ne connais pas d’obstacle qui passe les forces de l’esprit humain, sauf la vérité.

La maxime na pas besoin delle pour se prouver. Un raisonnement demande un raisonnement. La maxime est une loi qui renferme un ensemble de raisonnements. Un raisonnement se complète à mesure qu’il s’approche de la maxime. Devenu maxime, sa perfection rejette les preuves de la métamorphose.

Le doute est un hommage rendu à l’espoir. Ce n’est pas un hommage volontaire. L’espoir ne consentirait pas à n’être qu’un hommage.

Le mal s’insurge contre le bien. Il ne peut pas faire moins.

Cest une preuve damitié de ne pas sapercevoir de laugmentation de celle de nos amis.

L’amour n’est pas le bonheur.

Si nous navions point de défauts, nous ne prendrions pas tant de plaisir à nous corriger, à louer dans les autres ce qui nous manque.

Les hommes qui ont pris la résolution de détester leurs semblables ignorent qu’il faut commencer par se détester soi-même.

Les hommes qui ne se battent pas en duel croient que les hommes qui se battent au duel à mort sont courageux.

Comme les turpitudes du roman s’accroupissent aux étalages ! Pour un homme qui se perd, comme un autre pour une pièce de cent sous, il semble parfois qu’on tuerait un livre.

Lamartine a cru que la chute dun ange deviendrait l’Elévation d’un Homme. Il a eu tort de le croire.

Pour faire servir le mal à la cause du bien, je dirai que l’intention du premier est mauvaise.

Une vérité banale renferme plus de génie que les ouvrages de Dickens, de Gustave Aymard, de Victor Hugo, de Landelle. Avec les derniers, un enfant, survivant à l’univers, ne pourrait pas reconstruire l’âme humaine. Avec la première, il le pourrait. Je suppose qu’il ne découvrît pas tôt ou tard la définition du sophisme.

Les mots qui expriment le mal sont destinés à prendre une signification d’utilité. Les idées s’améliorent. Le sens des mots y participe.

Le plagiat est nécessaire. Le progrès l’implique. Il serre de près la phrase d’un auteur, se sert de ses expressions, efface une idée fausse, la remplace par l’idée juste.

Une maxime, pour être bien faite, ne demande pas à être corrigée. Elle demande à être développée.

Dès que l’aurore a paru, les jeunes filles vont cueillir des roses. Un courant d’innocence parcourt les vallons, les capitales, secourt l’intelligence des poètes les plus enthousiastes, laisse tomber des protections pour les berceaux, des couronnes pour la jeunesse, des croyances à l’immortalité pour les vieillards.

J’ai vu les hommes lasser les moralistes à découvrir leur cœur, faire répandre sur eux la bénédiction d’en haut. Ils émettaient des méditations aussi vastes que possible, réjouissaient l’auteur de nos félicités. Ils respectaient l’enfance, la vieillesse, ce qui respire comme ce qui ne respire pas, rendaient hommage à la femme, consacraient à la pudeur les parties que le corps se réserve de nommer. Le firmament, dont j’admets la beauté, la terre, image de mon cœur, furent invoqués par moi, afin de me désigner un homme qui ne se crût pas bon. Le spectacle de ce monstre, s’il eût été réalisé, ne m’aurait pas fait mourir d’étonnement : on meurt à plus. Tout ceci se passe de commentaires.

La raison, le sentiment se conseillent, se suppléent. Quiconque ne connaît quun des deux, en renonçant à lautre, se prive de la totalité des secours qui nous ont été accordés pour nous conduire. Vauvenargues a dit « se prive dune partie des secours. »

Quoique sa phrase, la mienne reposent sur les personnifications de l’âme dans le sentiment, la raison, celle que je choisirais au hasard ne serait pas meilleure que l’autre, si je les avais faites. L’une ne peut pas être rejetée par moi. L’autre a pu être acceptée de Vauvenargues.

Lorsqu’un prédécesseur emploie au bien un mot qui appartient au mal, il est dangereux que sa phrase subsiste à côté de l’autre. Il vaut mieux laisser au mot la signification du mal. Pour employer au bien un mot qui appartient au mal, il faut en avoir le droit. Celui qui emploie au mal les mots qui appartiennent au bien ne le possède pas. Il n’est pas cru. Personne ne voudrait se servir de la cravate de Gérard de Nerval.

L’âme étant une, l’on peut introduire dans le discours la sensibilité, l’intelligence, la volonté, la raison, l’imagination, la mémoire.

Javais passé beaucoup de temps dans létude des sciences abstraites. Le peu de gens avec qui on communique nétait pas fait pour men dégoûter. Quand jai commencé létude de lhomme, jai vu que ces sciences lui sont propres, que je sortais moins de ma condition en y pénétrant que les autres en les ignorant. Je leur ai pardonné de ne sy point appliquer ! Je ne crus pas trouver beaucoup de compagnons dans létude de lhomme. Cest celle qui lui est propre. Jai été trompé. Il y en a plus qui létudient que la géométrie.

Nous perdons la vie avec joie, pourvu quon nen parle point.

Les passions diminuent avec l’âge. L’amour, qu’il ne faut pas classer parmi les passions, diminue de même. Ce qu’il perd d’un côté, il le regagne de l’autre. Il n’est plus sévère pour l’objet de ses vœux, se rendant justice à lui-même : l’expansion est acceptée. Les sens n’ont plus leur aiguillon pour exciter les sexes de la chair. L’amour de l’humanité commence. Dans ces jours où l’homme sent qu’il devient un autel que parent ses vertus, fait le compte de chaque douleur qui se releva, l’âme, dans un repli du cœur où tout semble prendre naissance, sent quelque chose qui ne palpite plus. J’ai nommé le souvenir.

L’écrivain, sans séparer l’une de l’autre, peut indiquer la loi qui régit chacune de ses poésies.

Quelques philosophes sont plus intelligents que quelques poètes. Spinoza, Malebranche, Aristote, Platon, ne sont pas Hégésippe Moreau, Malfilatre, Gilbert, André Chénier.

Faust, Manfred, Konrad, sont des types. Ce ne sont pas encore des types raisonnants. Ce sont déjà des types agitateurs.

Les descriptions sont une prairie, trois rhinocéros, la moitié d’un catafalque. Elles peuvent être le souvenir, la prophétie. Elles ne sont pas le paragraphe que je suis sur le point de terminer.

Le régulateur de l’âme n’est pas le régulateur d’une âme. Le régulateur d’une âme est le régulateur de l’âme, lorsque ces deux espèces d’âmes sont assez confondues pour pouvoir affirmer qu’un régulateur n’est une régulatrice que dans l’imagination d’un fou qui plaisante.

Le phénomène passe. Je cherche les lois.

Il y a des hommes qui ne sont pas des types. Les types ne sont pas des hommes. Il ne faut pas se laisser dominer par l’accidentel.

Les jugements sur la poésie ont plus de valeur que la poésie. Ils sont la philosophie de la poésie. La philosophie, ainsi comprise, englobe la poésie. La poésie ne pourra pas se passer de la philosophie. La philosophie pourra se passer de la poésie.

Racine n’est pas capable de condenser ses tragédies dans des préceptes. Une tragédie n’est pas un précepte. Pour un même esprit, un précepte est une action plus intelligente qu’une tragédie.

Mettez une plume d’oie dans la main d’un moraliste qui soit écrivain de premier ordre. Il sera supérieur aux poètes.

Lamour de la justice nest, en la plupart des hommes, que le courage de souffrir linjustice.

Cache-toi, guerre.

Les sentiments expriment le bonheur, font sourire. L’analyse des sentiments exprime le bonheur, toute personnalité mise à part ; fait sourire. Les premiers élèvent l’âme, dépendamment de l’espace, de la durée, jusqu’à la conception de l’humanité, considérée en elle-même, dans ses membres illustres. La dernière élève l’âme, indépendamment de la durée, de l’espace, jusqu’à la conception de l’humanité, considérée dans son expression la plus haute, la volonté ! Les premiers s’occupent des vices, des vertus ; la dernière ne s’occupe que des vertus. Les sentiments ne connaissent pas l’ordre de leur marche. L’analyse des sentiments apprend à le faire connaître, augmente la vigueur des sentiments. Avec les premiers, tout est incertitude. Ils sont l’expression du bonheur, de la douleur, deux extrêmes. Avec la dernière, tout est certitude. Elle est l’expression de ce bonheur qui résulte, à un moment d onné, de savoir se retenir, au milieu des passions bonnes ou mauvaises. Elle emploie son calme à fondre la description de ces passions dans un principe qui circule à travers les pages : la non-existence du mal. Les sentiments pleurent quand il le leur faut, comme quand il ne le leur faut pas. L’analyse des sentiments ne pleure pas. Elle possède une sensibilité latente, qui prend au dépourvu, emporte au-dessus des misères, apprend à se passer de guide, fournit une arme de combat. Les sentiments, marque de la faiblesse, ne sont pas le sentiment ! L’analyse du sentiment, marque de la force, engendre les sentiments les plus magnifiques que je connaisse. L’écrivain qui se laisse tromper par les sentiments ne doit pas être mis en ligne de compte avec l’écrivain qui ne se laisse tromper ni par les sentiments, ni par lui-même. La jeunesse se propose des élucubrations sentimentales. L’âge mûr commence à raisonner sans trouble. Il ne faisait que sentir, il pense. Il laissait vagabonder ses sensations : voici qu’il leur donne un pilote. Si je considère l’humanité comme une femme, je ne développerai pas que sa jeunesse est à son déclin, que son âge mûr s’approche. Son esprit change dans le sens du mieux. L’idéal de sa poésie changera. Les tragédies, les poëmes, les élégies ne primeront plus. Primera la froideur de la maxime ! Du temps de Quinault, l’on aurait été capable de comprendre ce que je viens de dire. Grâce à quelques lueurs, éparses, depuis quelques années, dans les revues, les in-folios, j’en suis capable moi-même. Le genre que j’entreprends est aussi différent du genre des moralistes, qui ne font que constater le mal, sans indiquer le remède, que ce dernier ne l’est pas des mélodrames, des oraisons funèbres, de l’ode, de la stance religieuse. Il n’y a pas le sentiment des luttes.

Elohim est fait à l’image de l’homme.

Plusieurs choses certaines sont contredites. Plusieurs choses fausses sont incontredites. La contradiction est la marque de la fausseté. Lincontradiction est la marque de la certitude.

Une philosophie pour les sciences existe. Il n’en existe pas pour la poésie. Je ne connais pas de moraliste qui soit poète de premier ordre. C’est étrange, dira quelqu’un.

Cest une chose horrible de sentir sécouler ce quon possède. Lon ne sy attache même quavec lenvie de chercher sil na point quelque chose de permanent.

Lhomme est un sujet vide derreurs. Tout lui montre la vérité. Rien ne labuse. Les deux principes de la vérité, raison, sens, outre quils ne manquent pas de sincérité, séclaircissent lun lautre. Les sens éclaircissent la raison par des apparences vraies. Ce même service quils lui font, ils la reçoivent delle. Chacun prend sa revanche. Les phénomènes de lâme pacifient les sens, leur font des impressions que je ne garantis pas fâcheuses. Ils ne mentent pas. Ils ne se trompent pas à lenvi.

La poésie doit être faite par tous. Non par un. Pauvre Hugo ! Pauvre Racine ! Pauvre Coppée ! Pauvre Corneille ! Pauvre Boileau ! Pauvre Scarron ! Tics, tics, et tics.

Les sciences ont deux extrémités qui se touchent. La première est lignorance où se trouvent les hommes en naissant. La deuxième est celle quatteignent les grandes âmes. Elles ont parcouru ce que les hommes peuvent savoir, trouvent quils savent tout, se rencontrent dans cette même ignorance doù ils étaient partis. Cest une ignorance savante, qui se connaît. Ceux dentre eux qui, étant sortis de la première ignorance, nont pu arriver à lautre, ont quelque teinture de cette science suffisante, font les entendus. Ceux-là ne troublent pas le monde, ne jugent pas plus mal de tout que les autres. Le peuple, les habiles composent le train dune nation. Les autres, qui la respectent, nen sont pas moins respectés.

Pour savoir les choses, il ne faut pas en savoir le détail. Comme il est fini, nos connaissances sont solides.

L’amour ne se confond pas avec la poésie.

La femme est à mes pieds !

Pour décrire le ciel, il ne faut pas y transporter les matériaux de la terre. Il faut laisser la terre, ses matériaux, là où ils sont, afin d’embellir la vie par son idéal. Tutoyer Elohim, lui adresser la parole, est une bouffonnerie qui n’est pas convenable. Le meilleur moyen d’être reconnaissant envers lui, n’est pas de lui corner aux oreilles qu’il est puissant, qu’il a créé le monde, que nous sommes des vermiceaux en comparaison de sa grandeur. Il le sait mieux que nous. Les hommes peuvent se dispenser de le lui apprendre. Le meilleur moyen d’être reconnaissant envers lui est de consoler l’humanité, de rapporter tout à elle, de la prendre par la main, de la traiter en frère. C’est plus vrai.

Pour étudier l’ordre, il ne faut pas étudier le désordre. Les expériences scientifiques, comme les tragédies, les stances à ma sœur, le galimatias des infortunes n’ont rien à faire ici-bas.

Toutes les lois ne sont pas bonnes à dire.

Etudier le mal, pour faire sortir le bien, n’est pas étudier le bien en lui-même. Un phénomène bon étant donné, je chercherai sa cause.

Jusqu’à présent, l’on a décrit le malheur, pour inspirer la terreur, la pitié. Je décrirai le bonheur pour inspirer leurs contraires.

Une logique existe pour la poésie. Ce n’est pas la même que celle de la philosophie. Les philosophes ne sont pas autant que les poètes. Les poètes ont le droit de se considérer au-dessus des philosophes.

Je n’ai pas besoin de m’occuper de ce que je ferai plus tard. Je devais faire ce que je fais. Je n’ai pas besoin de découvrir quelles choses je découvrirai plus tard. Dans la nouvelle science, chaque chose vient à son tour, telle est son excellence.

Il y a de l’étoffe du poète dans les moralistes, les philosophes. Les poètes renferment le penseur. Chaque caste soupçonne l’autre, développe ses qualités au détriment de celles qui la rapprochent de l’autre caste. La jalousie des premiers ne veut pas avouer que les poètes sont plus forts qu’elle. L’orgueil des derniers se déclare incompétent à rendre justice à des cervelles plus tendres. Quelle que soit l’intelligence d’un homme, il faut que le procédé de penser soit le même pour tous.

L’existence des tics étant constatée, que l’on ne s’étonne pas de voir les mêmes mots revenir plus souvent qu’à leur tour : dans Lamartine, les pleurs qui tombent des naseaux de son cheval, la couleur des cheveux de sa mère ; dans Hugo, l’ombre et le détraqué, font partie de la reliure.

La science que j’entreprends est une science distincte de la poésie. Je ne chante pas cette dernière. Je m’efforce de découvrir sa source. A travers le gouvernail qui dirige toute pensée poétique, les professeurs de billard distingueront le développement des thèses sentimentales.

Le théorème est railleur de sa nature. Il n’est pas indécent. Le théorème ne demande pas à servir d’application. L’application qu’on en fait rabaisse le théorème, se rend indécente. Appelez la lutte contre la matière, contre les ravages de l’esprit, application.

Lutter contre le mal, est lui faire trop d’honneur. Si je permets aux hommes de le mépriser, qu’ils ne manquent pas de dire que c’est tout ce que je puis faire pour eux. L’homme est certain de ne pas se tromper.

Nous ne nous contentons pas de la vie que nous avons en nous. Nous voulons vivre dans lidée des autres dune vie imaginaire. Nous nous efforçons de paraître tels que nous sommes. Nous travaillons à conserver cet être imaginaire, qui nest autre chose que le véritable. Si nous avons la générosité, la fidélité, nous nous empressons de ne pas le faire savoir, afin dattacher ces vertus à cet être. Nous ne les détachons pas de nous pour les y joindre. Nous sommes vaillants pour acquérir la réputation de ne pas être poltrons. Marque de la capacité de notre être de ne pas être satisfait de lun sans lautre, de ne renoncer ni à lun ni à lautre. Lhomme qui ne vivrait pas pour conserver sa vertu serait infâme.

Malgré la vue de nos grandeurs, qui nous tient à la gorge, nous avons un instinct qui nous corrige, que nous ne pouvons réprimer, qui nous élève !

La nature a des perfections pour montrer quelle est limage dÉlohim, des défauts pour montrer quelle nen est pas moins que limage.

Il est bon quon obéisse aux lois. Le peuple comprend ce qui les rend justes. On ne les quitte pas. Quand on fait dépendre leur justice dautre chose, il est aisé de la rendre douteuse. Les peuples ne sont pas sujets à se révolter.

Ceux qui sont dans le déréglement disent à ceux qui sont dans lordre que ce sont eux qui séloignent de la nature. Ils croient le suivre. Il faut avoir un point fixe pour juger. Où ne trouverons-nous pas ce point dans la morale ?

Rien nest moins étrange que les contrariétés que lon découvre dans lhomme. Il est fait pour connaître la vérité. Il la cherche. Quand il tâche de la saisir, il séblouit, se confond de telle sorte, quil ne donne pas sujet à lui en disputer la possession. Les uns veulent ravir à lhomme la connaissance de la vérité, les autres veulent la lui assurer. Chacun emploie des motifs si dissemblables, quils détruisent lembarras de lhomme. Il na pas dautre lumière que celle qui se trouve dans sa nature.

Nous naissons justes. Chacun tend à soi. Cest envers lordre. Il faut tendre au général. La pente vers soi est la fin de tout désordre, en guerre, en économie.

Les hommes, ayant pu guérir de la mort, de la misère, de lignorance, se sont avisés, pour se rendre heureux, de ny point penser. Cest tout ce quils ont pu inventer pour se consoler de si peu de maux. Consolation richissime. Elle ne va pas à guérir le mal. Elle le cache pour un peu de temps. En le cachant, elle fait quon pense à le guérir. Par un légitime renversement de la nature de lhomme, il ne se trouve pas que lennui, qui est son mal le plus sensible, soit son plus grand bien. Il peut contribuer plus que toutes choses à lui faire chercher sa guérison. Voilà tout. Le divertissement, quil regarde comme son plus grand bien, est son plus infime mal. Il le rapproche plus que toutes choses de chercher le remède à ses maux. Lun et lautre sont une contre-preuve de la misère, de la corruption de lhomme, hormis de sa grandeur. Lhomme sennuie, cherche cette multitude doccupations. Il a lidée du bonheur quil a gagné ; lequel trouvant en soi, il le cherche, dans les choses extérieures. Il se contente. Le malheur nest ni dans nous, ni dans les créatures. Il est en Elohim.

La nature nous rendant heureux en tous états, nos désirs nous figurent un état malheureux. Ils joignent à létat où nous sommes les peines de létat où nous ne sommes pas. Quand nous arriverions à ces peines, nous ne serions pas malheureux pour cela, nous aurions dautres désirs conformes à un nouvel état.

La force de la raison paraît mieux en ceux qui la connaissent quen ceux qui ne la connaissent pas.

Nous sommes si peu présomptueux que nous voudrions être connus de la terre, même des gens qui viendront quand nous ny serons plus. Nous sommes si peu vains, que lestime de cinq personnes, mettons six, nous amuse, nous honore.

Peu de chose nous console. Beaucoup de chose nous afflige.

La modestie est si naturelle dans le cœur de lhomme, quun ouvrier a soin de ne pas se vanter, veut avoir ses admirateurs. Les philosophes en veulent. Les poètes surtout ! Ceux qui écrivent en faveur de la gloire veulent avoir la gloire davoir bien écrit. Ceux qui le lisent veulent avoir la gloire de lavoir lu. Moi, qui écris ceci, je me vante davoir cette envie. Ceux qui le liront se vanteront de même.

Les inventions des hommes vont en augmentant. La bonté, la malice du monde en général ne reste pas la même.

Lesprit du plus grand homme nest pas si dépendant, quil soit sujet à être troublé par le moindre bruit du Tintamarre, qui se fait autour de lui. Il ne faut pas le silence dun canon pour empêcher ses pensées. Il ne faut pas le bruit dune girouette, dune poulie. La mouche ne raisonne pas bien à présent. Un homme bourdonne à ses oreilles. Cen est assez pour la rendre incapable de bon conseil. Si je veux quelle puisse trouver la vérité, je chasserai cet animal qui tient sa raison en échec, trouble cette intelligence qui gouverne les royaumes.

Lobjet de ces gens qui jouent à la paume avec tant dapplication desprit, dagitation de corps, est celui de se vanter avec leurs amis quils ont mieux joué quun autre. Cest la source de leur attachement. Les uns suent dans leurs cabinets pour montrer aux savants quils ont résolu une question dalgèbre qui ne lavait pu être jusquici. Les autres sexposent aux périls, pour se vanter dune place quils auraient prise moins spirituellement, à mon gré. Les derniers se tuent pour remarquer ces choses. Ce nest pas pour en devenir moins sages. Cest surtout pour montrer quils en connaissent la solidité. Ceux-là sont les moins sots de la bande. Ils le sont avec connaissance. On peut penser des autres quils ne le seraient pas, sils navaient pas cette connaissance.

Lexemple de la chasteté dAlexandre na pas fait plus de continents que celui de son ivrognerie a fait de tempérants. On na pas de honte de nêtre pas aussi vertueux que lui. On croit nêtre pas tout à fait dans les vertus du commun des hommes, quand on se voit dans les vertus de ces grands hommes. On tient à eux par le bout par où ils tiennent au peuple. Quelque élevés quils soient, ils sont unis au reste des hommes par quelque endroit. Ils ne sont pas suspendus en lair, séparés de notre société. Sils sont plus grands que nous, cest quils ont les pieds aussi haut que les nôtres. Ils sont tous à même niveau, sappuient sur la même terre. Par cette extrémité, ils sont aussi relevés que nous, que les enfants, un peu plus que les bêtes.

Le meilleur moyen de persuader consiste à ne pas persuader.

Le désespoir est la plus petite de nos erreurs.

Lorsquune pensée soffre à nous comme une vérité qui court les rues, que nous prenons la peine de la développer, nous trouvons que cest une découverte.

On peut être juste, si lon nest pas humain.

Les orages de la jeunesse précèdent les jours brillants.

Linconscience, le déshonneur, la lubricité, la haine, le mépris des hommes sont à prix dargent. La libéralité multiplie les avantages des richesses.

Ceux qui ont de la probité dans leurs plaisirs en ont une sincère dans leurs affaires. Cest la marque dun naturel peu féroce, lorsque le plaisir rend humain.

La modération des grands hommes ne borne que leurs vertus.

Cest offenser les humains que de leur donner des louanges qui élargissent les bornes de leur mérite. Beaucoup de gens sont assez modestes pour souffrir sans peine quon les apprécie.

Il faut tout attendre, rien craindre du temps, des hommes.

Si le mérite, la gloire ne rendent pas les hommes malheureux, ce quon appelle malheur ne mérite pas leurs regrets. Une âme daigne accepter la fortune, le repos, sil leur faut superposer la vigueur de ses sentiments, lessor de son génie.

On estime les grands desseins, lorsquon se sent capable des grands succès.

La réserve est l’apprentissage des esprits.

On dit des choses solides, lorsquon ne cherche pas à en dire dextraordinaires.

Rien n’est faux qui soit vrai ; rien n’est vrai qui soit faux. Tout est le contraire de songe, de mensonge.

Il ne faut pas croire que ce que la nature a fait aimable soit vicieux. Il n’y a pas de siècle, de peuple qui ait établi des vertus, des imaginaires.

On ne peut juger de la beauté de la vie que par celle de la mort.

Un dramaturge peut donner au mot passion une signification d’utilité. Ce n’est plus un dramaturge. Un moraliste donne à n’importe quel mot une signification d’utilité. C’est encore le moraliste !

Qui considère la vie dun homme y trouve lhistoire du genre. Rien na pu le rendre mauvais.

Faut-il que j’écrive en vers pour me séparer des autres hommes ? Que la charité prononce !

Le prétexte de ceux qui font le bonheur des autres est quils veulent leur bien.

La générosité jouit des félicités dautrui, comme si elle en était responsable.

Lordre domine dans le genre humain. La raison, la vertu ny sont pas les plus fortes.

Les princes font peu dingrats. Ils donnent tout ce quils peuvent.

On peut aimer de tout son cœur ceux en qui on reconnaît de grands défauts. Il y aurait de limpertinence à croire que limperfection a seule le droit de nous plaire. Nos faiblesses nous attachent les uns aux autres autant que pourrait le faire ce qui nest pas la vertu.

Si nos amis nous rendent des services, nous pensons quà titre damis ils nous les doivent. Nous ne pensons pas du tout quils nous doivent leur inimitié.

Celui qui serait né pour commander, commanderait jusque sur le trône.

Lorsque les devoirs nous ont épuisés, nous croyons avoir épuisé les devoirs. Nous disons que tout peut remplir le cœur de lhomme.

Tout vit par laction. De là, communication des êtres, harmonie de lunivers. Cette loi si féconde de la nature, nous trouvons que cest un vice dans lhomme. Il est obligé dy obéir. Ne pouvant subsister dans le repos, nous concluons quil est à sa place.

On sait ce que sont le soleil, les cieux. Nous avons le secret de leurs mouvements. Dans la main dElohim, instrument aveugle, ressort insensible, le monde attire nos hommages. Les révolutions des empires, les faces des temps, les nations, les conquérants de la science, cela vient dun atôme qui rampe, ne dure quun jour, détruit le spectacle de lunivers dans tous les âges.

Il y a plus de vérité que derreurs, plus de bonnes qualités que de mauvaises, plus de plaisirs que de peines. Nous aimons à contrôler le caractère. Nous nous élevons au-dessus de notre espèce. Nous nous enrichissons de la considération dont nous la comblâmes. Nous croyons ne pas pouvoir séparer notre intérêt de celui de lhumanité, ne pas médire du genre sans nous commettre nous-mêmes. Cette vanité ridicule a rempli les livres dhymnes en faveur de la nature. Lhomme est en disgrâce chez ceux qui pensent. Cest à qui le chargera de moins de vices. Quand ne fut-il pas sur le point de se relever, de se faire restituer ses vertus ?

Rien n’est dit. L’on vient trop tôt depuis plus de sept mille ans qu’il y a des hommes. Sur ce qui concerne les mœurs, comme sur le reste, le moins bon est enlevé. Nous avons l’avantage de travailler après les anciens, les habiles d’entre les modernes.

Nous sommes susceptibles damitié, de justice, de compassion, de raison. O mes amis ! quest-ce donc que labsence de vertu ?

Tant que mes amis ne mourront pas, je ne parlerai pas de la mort.

Nous sommes consternés de nos rechutes, de voir que nos malheurs ont pu nous corriger de nos défauts.

On ne peut juger de la beauté de la mort que par celle de la vie.

Les trois points terminateurs me font hausser les épaules de pitié. A-t-on besoin de cela pour prouver que l’on est un homme d’esprit, c’est-à-dire un imbécile ? Comme si la clarté ne valait pas le vague, à propos de points !

Saludos

V.d.R
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Vicente Bathory
Miembro Semi-Senior
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Registrado: 15 Jul 2003
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MensajePublicado: Mar Jul 29, 2003 03:58    Asunto: Vacío Responder citando

Estos dos poemas junto con los seis cantos de Maldoror comprenden la obra completa del Conde de Lautreamont. A continuación algunas correcciones a nuestra biografía de Ducasse.

Bueno y el nombre del Padre es François Ducasse, el cuarto hijo de los ocho de Bernard-Louis Ducasse, abuelo de Isidore. El padre de Isidore fue Consul francés en Uruguay Montevideo.

El nombre completo de la madre es Jacquette-Célestine Davezac. Contraen matrimonio el 1ro de febrero de 1846. Si fue en el 4 de abril que nace Isidore queda claro que no fue hijo ilegítimo.

El 16 de noviembre de 1847 Isidore es bautizado en la Catedral de Montevideo. El 9 de diciembre se suicida Jacquette-Célestine Davezac,madre de Isidore.

Entre marzo y abril de 1857 durante una epidemia de fiebre amarilla muere el padre de Isidore.

Con relación a nuestra lectura canto por canto, capítulo por capítulo....estoy preparando el primer capitulo, si alguien se anima con alguna linea en especial bienvenido sea.....

Saludos.
V.d.R
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