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Hermes Alfredo



 
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Hermes
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Registrado: 02 May 2006
Mensajes: 638
Ubicación: Santiago, Rep. Dom

MensajePublicado: Mar Sep 05, 2006 17:08    Asunto: Hermes Alfredo Responder citando

Hola. Nací San Pedro de Macoriz, República Dominicana, en el año 1989, y allí resido hasta ahora en la cuidad de Santiago de los Caballeros.

Ultima edición por Hermes el Mie Ago 17, 2011 02:24, editado 2 veces
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Hermes
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Registrado: 02 May 2006
Mensajes: 638
Ubicación: Santiago, Rep. Dom

MensajePublicado: Mar Sep 05, 2006 17:17    Asunto: Exodo y Noche Responder citando

Un problema soluble en aula
permanecer si puedo mantener en plural
un dia completo con su lluvia y todo

No sabe si al morir podrá llegar al lugar,
su lugar, si entonces todavía existe
su lugar, y muerto puede doblar sus pies
en posición de llegada. No sabe todo esto
y más. Desconoce esta incertidumbre,
suya, por ambas lados, doblemente.
Y no puede decirla, ni arrastrar
la expresión con que hace seña

su plural desencuentro.



No podrá llegar, tanto ha tardado,
ha puesto


Ultima edición por Hermes el Vie Jun 02, 2017 23:28, editado 19 veces
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Hermes
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Registrado: 02 May 2006
Mensajes: 638
Ubicación: Santiago, Rep. Dom

MensajePublicado: Mar Abr 22, 2008 19:15    Asunto: Responder citando

Reencarnación

Cuando de súbito se exponen nuestros ojos al día no somos nadie. Sólo entonces aprovechamos correctamente haber nacido. Es evidente: nuestra mirada no sobrevivió a la bruma. Unas palabras junto a la cama ―unos pasos― nos traen la urgencia de un bostezo. Convocamos así las partes de nuestro yo que la noche había dispersado a ciertas alturas para permitirnos coincidir con el silencio . El rostro es desconocido y el lugar podría estar en cualquier parte. Pero la profundidad que nos mantuvo cerca de la muerte ahora nos impulsa a estirar los brazos. Todavía nos resistimos a hablar ―si bien hacerlo podría impedir el retorno―. El silencio es lo que sostiene los vestigios de la noche. Únicamente podremos recuperar nuestro trasnochado yo si reunimos sus partes en torno a una suave y muda inversión de aliento. Malograríamos de otro modo cualquier sección que aún ignorara la algarabía en la ventana. Pensamos en formas blancas y en distancias que se vuelven ordinarias. Lo último que recordamos ―por su inútil capacidad de hacernos demasiado visibles― es el nombre. ¿Será posible conquistar otra vez el futuro durante el instante en que nos verifiquemos ante el espejo?

Monoglosario.

Me persigue la palabra «aureola». Mis labios nunca la han pronunciado. Pero a mis ojos se muestra como la estela de un rencor. El verbo «perseguir» —restringiéndonos al mundo independiente a mi aliento— puede resultar excesivo. La palabra «aureola» no hace más que aparecer en escena cada vez que la realidad la reclama. Pero yo siento como si su aparición fuese un acto minuciosamente planeado por nadie más que ella. Desde nuestro primer encuentro lo supe. La palabra «aureola» habíase colado en mi mundo para trastornar el orden del mismo. Por eso me resistí a hacerla mía leyendo su hoja de vida en el diccionario. Nunca sabría su verdadero papel en la realidad aunque supusiera su significado. Su aparición es planeada —eso es—. Como cuando evitamos inútilmente encontrarnos con alguien a quien debemos un encargo o promesa. Nunca los pasos tropezaron con tanta premeditación y sorpresa. Nos pareciera una escena repetida para maximizar nuestra vergüenza y aturdimiento. A veces simplemente nos exaspera que algo intente violar la soledad — el silencio inmóvil y profundo— que hemos construido como un roedor construye su madriguera luego de la inundación. Eso hace la palabra «aureola» conmigo. ¿Qué mensaje tendrá para mí que intenta participar de mi realidad en contra de mi deseo?

Consumación

Y una idea inocente se va bebiendo el sueño...Todo comenzó cuando la luz recogió sus duendes ambulantes. sus círculos caóticos. sus promesas de verdad. sus temblores polvorientos. El silencio nos iba abriendo una puerta —surgida de las entrañas mismas del presagio— pero desconocida. Existente no para nuestros ojos sino para los afluentes que dormían tras nuestro pecho. Pareciera que el mundo se estiraba más allá de sus propias trampas. La vida —siendo el rencor que queda tras unas horas miserablemente compartidas— ahora nos cargaba en sus brazos y nos envolvía con su aliento. Un rincón bastaba para proporcionar todo el calor que precisábamos. Aquella presencia no se empecinaba en golpear el tiempo. La sonrisa negada no importaba. Este final tenía todos los rasgos de un principio.Únicamente nosotros éramos dueños de aquellos blandos bordes que nos refugiaban. El mundo parecía extenderse hasta perderse en el abismo. Pero sólo en nuestra pequeña aureola aleteaba en verdad la eternidad. Entonces... una idea inocente nos devuelve el sueño.

Cronoagonía

Un año nace a mitad de una noche agujereada por vocinglerías y fuegos plásticos. No hay diferencias entre los instantes que limitan el trayecto. La novedad se precisa como un manto con que cubrir un nuevo anuncio de la muerte. Es consuelo también que el baúl tras nuestras espaldas ahora conserve más de nosotros que los surcos de nuestra frente. La compañía ―convocada con apretones de manos y sonrisas― apenas permanece vencida por los silencios repetidos. Existe un límite excesivamente próximo hasta el cual compartir recuerdos instantáneos. Un año nace cuando una noche se parte en dos por el peso que supone todo el cansancio del mundo expuesto ante la luna. Se es rebelde contra la condiciones esenciales de la muerte —el sueño y el silencio— adoptando una posición de verticalidad anacrónica mientras no estamos a salvo tras el umbral. Adoramos con júbilo el cielo para no recordar la tierra. Desplegamos iris multicolores y agigantados sobre el firmamento. Así justificamos las precauciones tomadas en caso de que tras el final sí haya un principio. Un año termina cuando una noche se suicida desde lo alto porque demasiadas personas intentan ocultar su muerte.

Multiepitafio

Nadie puede ignorar la presencia del que vive.
Vicente Aleixandre

Si mi soledad no alcanza moriré tan anónimo. La lluvia ha abandonado su escalofrío en las hojas. Vuelos iguales van repitiéndose al viento. El día intenta hablarme y permanece mudo. Fragmento de otros cielos se posan en mis huesos. Si mi soledad no alcanza moriré tan mezclado. El caminante teme del poder de sus pasos. Las palabras han muerto. Sólo queda una hora que se estira con frío. Hoy el día se ha marchado. Se ha instalado otro reino. Si mi soledad no alcanza moriré tan ausente. Hay confines remotos mirándose al espejo. Rebotando en su sombra. Hoy el día es tan antiguo. Nadie osa arriesgarse a morir en su grito. Qué eternidad pervive de una forma tan lenta. Si mi soledad no alcanza moriré tan foráneo. En unos de esos días que soy lo que ellos quieren. Vivir no me perdono. He sido el eufemismo del error del deseo. Si mi soledad no alcanza para contar mis poros ―el germen del olvido― morire siendo otro.

De "Area de silencio".
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