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La MUJER en la historia


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Clio
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MensajePublicado: Dom Abr 01, 2007 22:22    Asunto: Responder citando

Holi.

Prometí traer algo sobre los comienzos según la Teogonía. Espero que les resulte interesante.

Besos. Wink

Lo femenino en la historia de los dioses.

Nicole Loraux

Adaptación

Para hablar sobre lo femenino en la historia de los dioses no es necesario remitirnos siempre a los griegos, pero tomo desde este punto porque es la marca mayor para nuestra cultura. Para ello nos basaremos en la lectura de la Teogonía. Y todo comienza distinto de cómo lo esperábamos, ya que en el comienzo había dos madres.

Por un lado tenemos a Gea, la Tierra y por el otro, a la temible Noche, ante la cual, hasta el mismo Zeus, en la Ilíada, se detiene por muy furioso que se halle, para no disgustarla.

Gea lleva ventaja sobre Noche, porque Tierra existió desde los comienzos mismos, justo después de Abismo. Además dio a luz a Cielo (Oraunós), aunque más que un hijo, es un compañero, un igual a ella misma, a pesar de que Abismo es quien da la vida a Noche. Pero como si este tiempo nunca hubiese existido, todo lo importante se decide entre Tierra y Noche. Tierra apenas pare un ser, ya está unida a él en el amor. De esta unión nacen hijos terribles a los que el padre odia y los arroja a las profundidades de la madre. Esta mientras se ahoga y gime, prepara una emboscada para Crono, su último hijo y lo arma con una hoz.

Urano es castrado, pero finalmente, la segunda generación puede ver la luz.

Mientras esto sucede, Noche surgida de la hendidura primordial y que solo conoce la división, pare, sin amor y por escisiparidad, una descendencia que recoge todo lo que los griegos consideran negativo. Por lo que Rea, hija de Gea y madre de los Olímpicos, corresponde exactamente a Discordia (Eride), hija de la Noche y madre de una numerosa descendencia, de la cual se puede recordar a Calamidad (Ate) o Juramento, que es un flagelo para los mortales. Se trata nada más que de una simetría formal, si se juzga por el carácter formal de las dos descendencias: por un lado nacen los dioses y por el otro nacen los grupos femeninos (las Hespérides, las Moiras, las Ceres) y las «abstracciones», aunque estas «abstracciones» también pueden considerarse como presencias. Sin embargo, podría ocurrir que tal simetría derivara de la oposición decidida en los dos modos de procreación; una, por unión; otra por división; una que los dioses comparten con los hombres y la otra solo divina, por lo tanto, milagrosa (o también monstruosa), la nopartenogénesis nocturna, que está alejada de todo principio masculino. Noche ha concebido y parido por sí misma, mientras Gea logró la concepción por Cielo. El historiador Ramnoux delinea en el modo divino, la idea de una feminidad cerrada sobre sí misma, cerrada desde el comienzo y demasiado amenazadora.

De manera contraria a los dioses, los hijos paridos por Noche, parecen existir solo por sí mismos y han sido puestos en el mundo para que el dolor moleste a los hombres.

Eros presidió todos los partos divinos y considera que todo está en orden, salvo que Olvido, hijo de Noche, pareciera que intentara deshacer la temporalidad de las generaciones divinas.

Hay tres generaciones femeninas con Gea, Rea y Hera, y tres masculinas: Urano, Crono y Zeus. Hasta que este último detiene el movimiento, para ponerse a salvo de cualquier sucesor más poderoso que él.

Zeus no es solo un patronímico, ya que detiene toda la reproducción significativa en la familia olímpica. Y de una manera que le es propia comienza a reagrupar a todas las muchachas vírgenes en torno a su paternidad.

Pero qué sucede con las madres… En las dos primeras generaciones son todopoderosas, pero con Hera el proceso se interrumpe. Antes debería agregarse, que en esta historia, las madres arcaicas juegan abiertamente el juego de quien no deja de autoproclamarse «padre de los dioses», porque sucede a dos generaciones de padres caídos. Por ello, en la Teogonía, los consejos de Gea son los que guían a los dioses, después de la derrota de los Titanes que, sin embargo, son los propios hijos de Tierra, a que reconozcan a Zeus como su rey; tal vez con esta actitud, es como Gea consigue ser celebrada igual que los dioses, pero diferenciada de ellos por lo que querrían los profetas de la Madre. En este relato, por la actitud de Gea ya puede observarse la negación de reconocer a las madres, colocándolas solo en el comienzo con todo su poder.

A pesar de todo el esfuerzo de Gea para lograr reconocimiento, Hera queda sola y protesta, ya que sabe que Zeus terminó con la complicidad de las madres, y no hay ningún hijo con más realeza que el padre. Por lo tanto, Hera constantemente se venga, y lo hace con ese humor grotesco y pendenciero que la observamos en todos los relatos. Y la real venganza de la diosa consiste en engendrar sola, sin amor, sin compañero. Esa es la razón por la que Hera vuelve en forma constante a la fuente de la maternidad todopoderosa. Los partidarios de la Gran Diosa piensan que han triunfado, están seguros de adivinar una gran Madre en Hera, y afirman que su lengua es la lengua auténticamente griega del mito teogónico. Pero la carga para Hera no fue fácil. Así se escribe en el mito.

El espectro de la madre solitaria perseguía verdaderamente a Grecia, no menos que el espectro de la madre sin amor. Muy en los comienzos, esto se aceptó: pues era necesario que la mujer diera a luz el primer varón, para formar con él la primera pareja amorosa. Pero luego, sus frutos han sido siempre malos.

Así sobrecargada, Hera deberá acomodarse a la condición de esposa de Zeus.

Desde ya, que los historiadores de las religiones se sienten muy cómodos con la historia tal como la cuenta la Teogonía.



¡Y tenía que ser una Nereida (mujer)! Sad

Zeus y Hera

Solo Zeus, el Padre del Cielo, podía manejar el rayo, y con la amenaza de su fulguración fatal dominaba a su familia pendenciera y rebelde del monte Olimpo. También ordenaba los cuerpos celestes, dictaba leyes, hacía cumplir los juramentos y pronunciaba oráculos.

Cuando su madre Rea, previendo la perturbación que iba a causar su lujuria, le prohibió que se casara, él la amenazó airadamente con violarla. Aunque ella se convirtió inmediatamente en una serpiente amenazadora, eso no atemorizó a Zeus, quien se convirtió en una serpiente macho, se enroscó alrededor de Rea formando un lazo indisoluble y cumplió su amenaza. Fue entonces cuando inició su larga serie de aventuras amorosas. Engendró a las Estaciones, y a las Tres Parcas en Temis, a las Cárites en Eurínome; a las tres Musas en Mnémósine, con quien estuvo acostado durante nueve noches; y, según dicen algunos, a Perséfone, la Reina del mundo subterráneo, con quien se casó forzosamente su hermanop Hades, en la ninfa Estige. Por lo tanto, no carecía de poder ni sobre la tierra ni debajo de ella, y su esposa Hera solo lo igualaba en una cosa: en que todavía podía otorgar el don de la profecía a cualquier hombre o animal que desease.

Zeus y Hera altercaban constantemente. Ofendida por sus infedilidades, Hera humillaba a Zeus frecuentemente con sus intrigas. Aunque él le comunicaba sus secretos y a veces aceptaba sus consejos, nunca confiaba plenamente en Hera y esta sabía que si lo defendía más allá de cierto punto él la azotaría y hasta descargaría un rayo sobre ella. Por lo tanto recurría a intrigas despiadadas como en el caso del nacimiento de Heracles, y a veces tomaba prestado el ceñidor de Afrodita para excitar su pasión y debilitar así su voluntad. Él afirmaba ahora ser el primogénito de Crono.

Llegó un tiempo en que el orgullo y el mal genio de Zeus se hicieron tan intolerables que Hera, Poseidón, Apolo y todos los demás olímpicos, con excepción de Hestia, lo rodearon de pronto cuando dormía en su lecho y lo ataron con correas de cuero crudo, enlazadas en cien nudos, de modo que no pudiera moverse. Él los amenazó con matarlos al instante, pero ellos habían puesto el rayo fuera de su alcance y se rieron de él de modo insultante. Mientras los dioses celebraban su victoria y discutían celosamente quién iba a ser su sucesor, la Nereida Tetis Twisted Evil , previendo una guerra civil en el Olimpo, corrió en busca del gigante de cien manos Briareo, quien rápidamente desató las correas empleando todas sus manos al mismo tiempo, y liberó a su señor. Ya que Hera había encabezado la conspiración contra él, Zeus la colgó del firmamento con un brazalete de oro en cada muñeca y un yunque atado a cada tobillo. Las demás deidades estaban indignadísimas, pero no se atrevieron a liberarla a pesar de sus gritos lastimeros. Al final Zeus se dedicó a ponerla en libertad si ellos juraban que no volverían a rebelarse contra él, cosa que hicieron todos ellos por turno y a regañadientes. Zeus castigó a Poseidón y Apolo enviándolos como siervos al rey Leomedonte, para quien construyeron la ciudad de Troya, pero perdonó a los demás por haber actuado bajo coacción.

Las relaciones maritales de Zeus y Hera reflejan las de la época doria bárbara, cuando las mujeres habían sido despojadas de todo su poder mágico, con excepción del de la profecía, y llegaron a ser consideradas como bienes muebles. Es posible que la ocasión en que solamente Tetis y Briareo salvaron el poderío de Zeus después de haber conspirado contra él los otros olímpicos fuera una revolución palaciega de los príncipes vasallos del rey supremo heleno, quienes estuvieron a punto de destronarlo; y que la ayuda le vino de una compañía de soldados leales helenos reclutados en Macedonia, la patria de Briareo, y de un destacamento de magnesios, adoradores de Tetis. De ser así, la conspiración la habría instigado la suma sacerdotisa de Hera, a la que el rey supremo habría humillado luego como describe el mito.

de Los mitos griegos, Robert Graves



Hera y Zeus



La Nereida Twisted Evil

Wink
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Clio
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MensajePublicado: Dom Jul 29, 2007 22:23    Asunto: Responder citando

Mujeres que hicieron historia.

Helena de Troya


A través de los siglos, Helena casi siempre ha sido condenada como adúltera, pero sí existen autores que por determinados motivos han salido en su defensa.

Lo frecuente de la aparición del mito de Helena en la literatura nos indica que tiene un atractivo que jamás decayó, aunque existe algo trágico en este pensamiento, pues atribuirle a Helena ser el motivo único del sacrificio de dos pueblos, pareciera conceder una condición de desastre a su hermosura, es decir, que no existe un precio demasiado elevado para la belleza.

Helena, etimológicamente, es la antorcha (helane), Selene. En monedas de Asia menor su cabeza aparece adornada con la media luna. El huevo del que nació, contaba Neocles de Trotona, había caído de la Luna. Igual que Isis y como Ártemis, Helena es diosa de la vegetación, por lo tanto, vela por todo lo que crece: mies, ganado, hijos. En Argos erigió el santuario de las Ilitias, las diosas del alumbramiento.

Como toda diosa que otorga dones, Helena da belleza: Herodoto cuenta (VI, 61) cómo una vez se apareció en el templo de Terapna, el más antiguo de su culto, a la nodriza afligida por la fealdad de su hija de leche, y cómo, con solo el toque de su mano, la criatura deformada se convirtió en la mujer más hermosa de Esparta.


Estensícoro de Himera (Sicilia, se cree que fue entre los años 632 – 556 a. C.), un poeta contemporáneo de la poetisa Safo, dio tres versiones diferentes sobre el mito:

En la primera lo consideró un simple adulterio, hecho que provocó que Helena dejara ciego al poeta, dado que en vida de Estensícoro, ella disfrutaba de su feliz eternidad en la isla Blanca del Ponto Euxino. (Leuce, en el Mar Negro), en compañía de Aquiles, con quien había tenido un hijo alado: Euforión. En esa época, también (entre 580 – 565 a. C), Leónimo, jefe del ejército de Trotona, había sido herido en combate por el espectro de Ayax el menor, que luchaba para los locrios. Este consultó el oráculo de Delfos para curar sus heridas y le indicó visitar a Helena. La diosa aprovechó su presencia para que Leónimo le dijera al poeta Estesícoro que si deseaba curar sus ceguera, debía retgratarse con un nuevo poema para que despareciera el ultraje con la que la había ofendido. Estesícoro aceptó la sugerencia y redactó la primera Palidonia, donde escribió que no fue quien huyó con Paris, sino su imagen, su sombra, gracias a la intervención de Hera que se vengaba así del pastor frigio por no haberla declarado vencedora en el torneo de belleza del Monte Ida. (Esta versión ya había sido insinuada por Hesíodo). Por lo que, la real soberana de Esparta, no su doble, era la que se hallaba en Egipto bajo el paternal cuidado del rey Proteo. Este cambio de opinión de Estesícoro fue recogido por Eurípìdes, que lo desarrolló en la tragedia de Helena, y aquí aparece como una ejemplar e ingenua esposa.

En una segunda Palinodia del poeta siciliano, Helena ni siquiera salió de su territorio para dirigirse a Egipto. Esta versión fue expuesta por Platón en su diálogo Fedro.

Giorgias de Leontini (Sicilia, 489 – 380 a. C), sofista del siglo V, presentó tres causas para sostener su inocencia, en un alegato titulado: Elogio de Helena; la disposición de los dioses a cuyo mandato no existe posibilidad de negarse, el rapto con violencia y la persuasión mediante la palabra. Actuaciones que los estudiosos en general desestiman.

Como vemos, si bien solo mencioné dos poetas, son muchísimas las leyendas que se cuentan sobre este mito, pero lo que más acertadamente nos cuentan los relatos es que Helena, finalmente, prefirió a Aquiles, que era, sin duda, quien más la merecía. No la merecía Teseo, su raptor, violador y usurpador, ni Menelao, por su demostrada insensatez; ni Paris, que la obtuvo mediante sobornos, ni Deifobo, que la recibió sin mérito alguno por decisión de Príamo contra las aspiraciones de su hermano, el augur de Heleno. El destino unió a la más bella con el más valeroso de los héroes, que paradójicamente, dada su juventud, fue el único que no figuró entre los veintinueve (o tal vez noventa y nueve) pretendientes a la mano que Tíndaro ofreció a los más ilustres jóvenes de Grecia.

Los clásicos estiman que cada razonamiento lleva en sí el germen de su contrario. Por ello, sobre la controversia respecto del comportamiento de la bella espartana no dejarán de polemizar panegiristas ni detractores, comprensivos y misóginos: Cicerón sostenía: “Cuantos son los hombres, tantos son los pareceres”.

La hermosura de una mujer originó la guerra más importante de la literatura. Adúltera o víctima, Helena se convirtió para los griegos en la belleza robada.

Si lo pensamos con frialdad y observamos cómo los mitos se repiten al compás de la historia, sigue ocurriendo que los hombres, no solo acometen empresas importantes para ellos, sino que construyen castillos económicos, labran joyas importantes, derrochan su honor y están dispuestos a costear la vanidad que significa subordinarse a estos arquetipos de la perfección femenina, a los que no por casualidad en el lenguaje se los llama “diosas”.

Besos. Wink
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Clio
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MensajePublicado: Mar Dic 16, 2008 21:44    Asunto: Responder citando

Hola.

Mecho este foro con cosas más actuales. No lo hagamos tan aburrido. Wink


La nueva educación sentimental

Mujeres independientes que se quiebran los domingos a la tarde por falta de caricias conyugales, compradoras compulsivas de objetos de diseño, hábiles estrategas en la búsqueda de novios que nunca llegan, amigas fieles y confidentes; ésa es la imagen que devuelve el espejo de los libros escritos por y para mujeres, un nicho casi bulímico que el mercado ha llamado chick lit y que genera tanto éxito como pronto olvido.

Por Natali Schejtman


Lo vemos, lo olemos, lo sentimos. El mercado ya no le habla a una ama de casa ni a una joven naif que busca —y que declara buscar— a su príncipe azul. Las revistas, los programas de televisión y también los libros afilaron el target de la mujer consumidora y ahora vemos a una Nancy Dupláa interpretando a una abogada fálico-exitosa que grita no saber cocinar un pollo, o secciones de recetas semanales que trastrocaron los criterios de “necesidad”, “sencillez” y “practicidad” barnizándolos con pinceladas de placer y hedonismo. En tanto, las novelas rosas se volvieron fucsias estridentes y lo que se narra allí es una sucesión de dificultades y sinsabores coyunturales, o bien la profundización de aquello que le escapa a la feliz foto familiar. En algunos géneros, además, esto se suma al retrato detallado de los momentos de diversión, a una clara descripción de la ciudad en este momento y al éxtasis autogestionado, dirigidos a una especie de nueva receptora que se siente interpelada.

Claro que aquí los clichés también existen y los estigmas se reformulan. ¿Pero qué se edita hoy, en la Argentina y en el mundo, bajo el implícito título de “Literatura para mujeres”?

Mujercitas

Para empezar, una novedad de impronta argentina sobrevuela en el viejo y conocido mundo del chick lit. Aquel género rotulado por Cris Mazza y Jeffrey DeShell al publicar su antología Chick lit: ficción postfeminista en 1995 y que conoció la masividad con una periodista gordita llamada Bridget Jones, inventada por Helen Fielding y llevada dos veces al cine y con cuatro amigas neoyorquinas comandadas por otra periodista, Carrie Bradshaw (hechas serie y película). Mujeres automantenidas, de profesiones vistas como creativas y glamorosas —periodistas, diseñadoras de moda— que combinan como finas dosis de un brebaje infalible la realidad de las espectadoras con su aspiración, lo que una generación de mujeres es con lo que quisiera ser. Sus amigas son todo, el amigo gay es la mezcla perfecta de chica y chico, los sueldos son abultados y les alcanzan para comprar zapatos con nombre y apellido; les encanta el sexo y no siempre lo relacionan con el amor, ven pasar candidatos sin sentirse juzgadas por eso. Pero a veces, caen: el patrón apologético de la amistad y del sexo libre se ensombrece un domingo a las 17:00 cuando falta la caricia conyugal, sus trabajos poderosos y envidiables no les dejan tiempo para “lo que realmente importa”, su independencia furiosa las deja insatisfechas y débiles. Ese es, más o menos, el mundo del chick lit, con unas cuantas variantes que se han desplegado en más de 10 años de libros best seller. Y éste sería su ADN: “Me llamo Samantha, tengo 29 años y en la vida he horneado un pastel (...). Lo que sí sé es modificar un contrato financiero y ahorrarle a mi cliente 30 millones de libras”, como dice la protagonista de La reina de la casa, criatura delineada por Sophie Kinsella, autora de la serie Loca por las compras. También están los libros que intentan “educar” el gusto por la moda y por los lugares más exclusivos de las grandes ciudades, como El diablo viste Prada (llevado al cine con el nombre de El diablo viste a la moda) o Las rubias de la 5ta avenida, dos exitazos con protagonistas más y menos huecas, nerviosas y planas. Y sí, una agilidad admirable. Por supuesto, en todos estos casos la paradoja es evidente: si fueran hombres los embanderados en todos los ítems que defienden estos libros, la crítica censora sería, directamente, punitiva.

Pero queda claro que si la identificación es una de las búsquedas del género, la producción local tenía que hacer algunas adaptaciones. Tal vez es un círculo vicioso: ellas escriben, venden de a montones y pueden seguir manteniendo esa vida tan brillante para contar. Pero aquí, como es sabido, ni la creatividad se paga tan bien ni tampoco, hay que decirlo, culturalmente las mujeres son tan marqueras. Afortunadamente, varias de las novelas argentinas publicadas bajo estas premisas esquivan las características más irritables del género.

Sudamericana ha sacado bajo uno de sus sellos una colección de chick lit local. Florencia Cambariere, editora de la colección, explica las principales diferencias con la importada: “Quisimos hacer chick lit local, entre otros motivos, para lograr una mayor identificación de las lectoras argentinas. Si bien las mujeres del chick lit son posfeministas bastante glamorosas, resulta bastante improbable que alguna argentina use zapatos de 400 dólares como Carrie Bradshaw. Pero, además, una de las diferencias principales es el lenguaje, además del contexto social. En las novelas argentinas hay una apropiación del lenguaje que no es el mismo, hay un código en el lenguaje que es mucho más nuestro. Por otro lado, en las traducciones hay una inverosimilitud que pesa mucho a la hora de leer”.

Casi todas narradas desde una primera persona furibunda, el resultado varía en cuanto a su relación con el cliché y con esa faceta de manual de la mujer independiente que valora la amistad, pero en gran parte para poder hablar con sus compinches de sus aventuras y búsquedas amorosas. Algunas, sin faltar a las pautas, mencionan el aborto o se meten en los temas con mayor dramatismo, pero sin perder nunca decibeles. Todas cumplen con las características del entretenimiento —si no hay primera persona habrá mucho diálogo— y la ambición de llegar a un público tal vez no muy lector. Tenemos que hablar, escrito por la crítica de teatro Celia Dosio, cuenta la vida de tres mujeres insatisfechas que a la misma edad, y habiendo sido compañeras del colegio, viven realidades diferentes: una es madre y está achatada por la vida de ama de casa, la otra es una loba del derecho y la tercera una soltera que sí, busca un novio. En clave más de comedia y con situaciones desopilantes, Los enredos de la srta. Pacman, de Marina Macome, se pasea por distintos registros y plantea momentos extremos.

Verónica Schulman, autora de Sábados de súper acción (con una tapa que muestra la caricatura de una mujer depilándose mientras ve la tele y tiene un pote de helado de compañía), narra en su primera novela el mes a mes de Moro, una estudiante de Letras de la UBA de casi 30 años, muy clase media y psicoanalizada que intenta resolver los verbos problemáticos de su vida: como diría Freud, amar y trabajar. La escritora cuenta que se enteró de la existencia del género después de haber empezado a acumular sus anécdotas relacionadas con el universo femenino y no fue mucho lo que tuvo que hacer para adaptar el anecdotario a una novela costumbrista femenina: “traté de hacer un enfoque diferente de los vínculos. Uno a veces quiere a los amigos y a veces no los quiere, somos complejos. Por otro lado, también aparece mucho el tema de los fracasos amorosos. Eso humaniza al género”.

Para Lidia María Riba, editora de V&R, estos libros están narrados por un personaje que podría encontrar su antecedente en Jo, la protagonista de Mujercitas, que resaltaba entre sus hermanas porque no estaba corriendo detrás de los jovenzuelos y le gustaba observar y leer (aunque también los hombres). “En la novela rosa daba la sensación de que la mujer se completaba a sí misma cuando encontraba el amor. Acá, más allá de que la problemática aparece, el vínculo con un hombre es más bien una consecuencia del encuentro de una chica consigo misma, de una búsqueda en la que no depende de él.” La editorial se dedica a un curioso segmento: el del chick lit para adolescentes y preadolescentes, o sea que vende libros que gustan a madres y a chicas. La genealogía fue la siguiente: la editorial sólo se dedicaba a los libros para regalar y agendas. Después de las crisis de 2001, el juego se abrió e incluyeron libros para adolescentes que pronto se fueron volcando hacia cierta clase de autoayuda con títulos como Si él ha roto tu corazón o Guía para amarte a ti misma y vivir mejor tu adolescencia. La ficción ideal que complementaba este catálogo era la literatura para adolescentes que en otro momento podía encontrarse en sagas como Las mellizas de Sweet Valley o similares y que hoy se hace llamar chick lit teen o tween (preadolescente). La autora elegida fue la vendedora Kathy Hopkins. En su colección Chica Canela, por ejemplo, cuenta (en castellano más bien neutro) las andanzas de India Jane, chica que relata su vida en primera persona, con un fuerte contenido de me mira o no me mira, relaciones sociales en general, belleza y descripciones detalladas de la ropa que se ponen y cómo les queda. La editorial también ha desarrollado títulos made in argentino: “Para elegir los títulos que publicamos, nos fijamos en preservar ciertos valores, si bien no se desconoce que existe el mundo de las drogas o el alcohol. Hay una alusión a los temas que les van a interesar de grandes. Tampoco gira tanto en torno de las marcas. Hay moda y preocupación por estar en determinado círculo pero que no tiene que ver sólo o principalmente con el dinero”, explica Riba.

Yo te cuento

Pero cuando se habla de literatura para mujeres, no todo es chick lit. O tal vez al revés: en todo podemos encontrar un dejo de chick lit, precisamente porque los géneros van haciéndose impuros, porque las problemáticas se repiten y porque los escritores (y el mercado editorial) se nutren del escenario en el que viven. Además, si conocemos las pautas del chick lit, la lectora moderna y con recursos a la que apunta, su característica “entretenida”, sabemos también que por otro lado el fenómeno de la literatura de, sobre y para mujeres se mezcla con la expresión en primera persona confesional que es marca de los tiempos. Ambas variables definen la proliferación de más títulos que nacieron como poscostumbristas, lúdicos o ensayísticos en un blog y se convirtieron en un libro: Quiero un novio, de Lorena Bassani, recopila una extraña y zigzagueante búsqueda enardecida que atrajo a cientos de miles de lectores a leer su recorrido en busca de alguna pareja. Ciega a citas, de Lucía González, comienza con la protagonista escuchando de rebote una apuesta entre su mamá y su hermana, próxima a casarse, que consiste en si la pobre —triste, gorda y eterna solitaria— iría o no en pareja al casorio, convirtiéndose dicha apuesta en un desafío para encontrar ella, en nueve meses, alguna pareja. Lo que sigue es un desfile de personajes para evaluar y contar, además de la pompa con la que salió publicado el libro, como un concurso para que los lectores contaran anécdotas de sus citas.

Diríamos: las mujeres de hoy no tienen tiempo para nada, pero sí para escribir al detalle cada cosa que les pasa, como señala la burla machista la afición por el teléfono.

Sin seguir a rajatabla el decálogo del género que en un momento se conoció como chick lit y que hoy es varias cosas a la vez, de esta literatura orientada a las mujeres forman parte un tono y una agenda de preocupaciones femeninas y autóctonas que emergen cada vez más. La madre que exige, el novio que no aparece, la comida que angustia, la plata que no alcanza, las exigencias estéticas que denigran, la escritura que no sale, el cuarto propio que se convirtió en lavadero, todo eso zumba y molesta, y todo esto se trata con más o menos honestidad, con más o menos esnobismo, con más o menos estereotipos fálicos y no muy genuinos.

No es solo en pos del amarillismo periodístico sugerir que hoy podrían releerse pinturitas de Dorothy Parker, Clarice Lispector y Lorie Moore como semillas muchas veces vapuleadas y pisoteadas por un género que, sobre todo en Estados Unidos, aparece como una producción en serie. Digamos que si ellas supieron indagar en la complejidad del universo femenino y convertirlo en materia literario con sensatez y sentimientos, a la vez plantearon aristas problemáticas que son consideradas modelos para contar al público masivo: “El chick lit tiene algunas pautas rígidas, sí, y hay gente que compra estos libros con voracidad. Pero podemos encontrar cosas del chick lit mezcladas en distintas autoras del siglo XX. Dorothy Parker o Clarice Lispector varias veces se meten con temas que hoy son característicos del chick lit, porque en realidad son cuestiones de género”, explica Cambariere.

Por otro lado, así como hay escritura girly banal y frívola, muchas veces está sometida a un mayor prejuicio por considerarse que hay temas femeninos que de por sí son banales. Son pocos los que hablarían de una literatura para hombres al mencionar a un escritor como Nick Hornby, cuarentón autor de Fiebre en las gradas, Alta fidelidad y Un gran chico, mordaz detentor de la crisis de la masculinidad del siglo XXI y observador —acaso a su pesar— del machismo que se esconde en la clase media culta y curiosa. (Si bien el término Dick-Lit existe.)

Lo cierto es que hay una tendencia a señalar que los libros escritos por mujeres son para mujeres y que los temas de mujeres solo les interesan a las mujeres. En tanto, son muchos los productos ofrecidos en las diversas ramas del mercado que prefieren mantener una segmentación y desarrollar la idea de secreto compartido.

La mujer de hoy

También en esta parte del año, una antología viene a reforzar la idea de una nueva lectora, al mismo tiempo que el énfasis de la apuesta editorial, a sabiendas de que la mujer consume indiscutidamente más ficción que el hombre. Son las Historias de mujeres infieles, compiladas por Natalia Moret y Santiago Llach para el sello Emecé.

El libro agrupa cuentos intensos y sorprendentes en su mayoría de escritoras contemporáneas como Romina Paula, Cecilia Pavón o Carolina Aguirre (autora de Bestiaria, otro ejemplo de biblografía) y de otras generaciones, como Silvina Bullrich, Ana María Shua o Silvina Ocampo.

Por momentos extremos y formalmente osados, los cuentos desmenuzan desde aristas de lo más diversas la idea y la práctica de la infidelidad femenina. Consciente de que tanto por la temática como por las autoras y la tapa, el libro puede llegar a atraer más a las mujeres que a los hombres, Santiago Llach manifiesta, por cómo está circulando, que la antología se toma como algo más “comercial” de lo que realmente es: “Eso favorece y a la vez desfavorece, porque también opera como un prejuicio. Me da la sensación de que si bien es una antología de literatura de calidad está funcionando por fuera del medio literario. Está vendiendo más en las cadenas, por ejemplo, y menos en las librerías más independientes”. Llach, por otro lado, se muestra interesado en que los hombres puedan leer ese libro.

Hacia esa dirección apunta la crítica y escritora Elsa Drucaroff, que prefiere evitar los rótulos de quién es el destinatario para qué novela, tanto entre hombres y mujeres como entre adultos y niños. Además, se esfuerza en separar los tantos, evitar los prejuicios y buscar en todos los géneros, sin distinciones “prestigiadas”, dónde hay escritores y escritoras de valor: “Para pensar este tema creo que hay que separar entre las políticas mercantiles de una editorial y el hecho mismo de la literatura. Bioy Casares escribía policiales de gran calidad teniendo en cuenta el éxito editorial que tenían. Hay que mirarlos, porque a veces la existencia de un género dará cosas estúpidas y mediocres y a veces dará cosas buenas. Los nuevos géneros con objetivos comerciales pueden ayudar a que escritores con talento demuestren su calidad”. Ella misma explica que le debe la publicación de sus novelas —la última El infierno prometido: una prostituta de la Zwi Migdal— en parte a la moda editorial de la novela histórica de mujeres, y que en todo caso estuvo en ella la necesidad de salirse de los corralitos impuestos.

Pero también, Elsa se detiene en lo que es la experiencia femenina como material narrativo: “La experiencia femenina era una experiencia para la cual no había muchas palabras. Ni a los hombres ni a las mujeres les resultaba interesante. En los últimos años, con el discurso alrededor de los derechos de la mujer o personajes como Hillary Clinton, las mujeres empezaron a poder contar su historia con una gran demanda”. Experta en literatura contemporánea, Drucaroff cita el libro Cera negra, de Andrea Rabih, escritora ya fallecida, como uno de los tesoros ineludibles para sumergirse en el universo femenino sin etiquetas, e invita a buscar desprejuiciadamente y sin atender a las marcas: “Advertiría sobre los peligros tanto de someterse de lleno a leer todo cuanto el mercado impone leer como de rechazarlo todo, en cuyo caso también me pierdo lo que puede haber ahí”.

Escritura y lectura de género fueron temas de los que se ha ocupado la literatura. La chica que lee como apartada, la chica que escribe como una excepción. En la humareda de prejuicios arraigados y a veces indiscernibles que rodea a todo lo que la mujer hace, hay una realidad que tal vez haya legitimado el mercado, de manera siempre ambigua. Lo cierto es que nuevas voces femeninas están hablando, desde el enigma y desde el griterío. Habrá que prestar atención para atender a qué es lo que dicen.

Besos.
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inmaculada concepción
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MensajePublicado: Mie Dic 17, 2008 02:10    Asunto: Responder citando

Cita:
la humareda de prejuicios arraigados y a veces indiscernibles que rodea a todo lo que la mujer hace,


Cómo me identifico con esta cita, Clío.
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malva marina
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MensajePublicado: Sab Dic 20, 2008 09:17    Asunto: Responder citando

He estado asesorándome antes de participar en este foro y, dado que el uso de proverbios populares no supone violación alguna de los derechos de autor (por lo que nadie se sentirá plagiado) me he decidido a hacer mi pequeña contribución al tema propuesto por Clio. Este es un proverbio de los indios cheyenne que espero sea de vuestro agrado. Un saludo a todos,

Una nación no es conquistada hasta que los corazones de sus mujeres están en el suelo. Entonces está acabada, no importa cuan bravos son sus guerreros ni como de fuertes son sus armas.
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Clio
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MensajePublicado: Jue Feb 12, 2009 00:56    Asunto: Responder citando

Hola.

Me parece muy buena idea retomar este tópico, malva marina.

El problema de la mujer siempre ha sido un problema de hombres.

Simone de Beauvoir

Besos.
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javert
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MensajePublicado: Jue Feb 12, 2009 14:01    Asunto: Responder citando

Les presento a la mujer que hace historia en mi vida.

MI HIJA!!!!!!!!!!

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Clio
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Registrado: 15 Jul 2006
Mensajes: 5735
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MensajePublicado: Jue Feb 12, 2009 14:09    Asunto: Responder citando

Hola.

¡Qué ojazos! ¡Felicitaciones! Wink

Besos.
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Clio
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Mensajes: 5735
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MensajePublicado: Vie Feb 13, 2009 03:30    Asunto: Responder citando

Hola.

A los 30 no pensamos en el futuro, ni en un probable arrepentimiento, porque tenemos la suficiente experiencia para decidir y la justa juventud para equivocarnos. Es por eso que en esta etapa de la vida encaramos los proyectos más ambiciosos y delimitamos nuestra forma de ser en este mundo. Para algunas, es tiempo de casarse y de tener hijos; para otras, llegó el momento de dejarlo todo para viajar o lanzarse a ser esa profesional con la que tanto habían soñado.

Para todas es tiempo de despegar, o al menos de hacer un clic. Fueron muchas las mujeres célebres que despegaron en sus 30: no olvidemos a la tucumana Lola Mora, que en 1897, a sus 31 años, viajó a Italia para estudiar escultura; a la francesa Marguerite Duras, quien publicó su primera novela, Los Imprudentes; o a Susan Sontag, una de las tantas intelectuales que dio Nueva York, que se lanzó a escribir su famoso diario íntimo en la tercera década.

Besos.
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Clio
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Registrado: 15 Jul 2006
Mensajes: 5735
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MensajePublicado: Sab Feb 14, 2009 05:20    Asunto: Responder citando

Hola.

Mujeres extraordinarias:

Simone de Beauvoir nació en París, Francia en el seno de una familia bien acomodada del mundo burgués y muy católica.

A pesar de esto y tener una educación tradicional, desde joven se quiso rebelar y se autodefinió como una mujer comprometida de intelecto muy inquieto y de una actitud independiente.

En 1929, conoce a Jean Paul Sartre, el famoso filósofo del existencialismo, cuando ambos eran profesores en la Sorbona en la escuela de Filosofía.

Simone mantuvo un vínculo tanto intelectual como emocional con el letrado, hasta la muerte de este. La presencia de Sartre en la vida de Simone es decisiva, pues para ella, él era el mundo. Gracias a esto, ella pudo desarrollar varias teorías relacionadas con el género y con la pareja, por los cuales ella ha sido considerada una de las grandes teóricas feministas.

Su primera novela es La Invitada (1943), donde explora la relación de pareja y la infidelidad, pero además abarca los conceptos de libertad y de conciencia individual, así como la concecuente libertad que ambas ideas implican.

Su inclinación existencialista se descubre con mayor fuerza en sus autobiografías como Memorias de una joven formal del 58 y Final de Cuentas que escribe en la década de los setenta.

En 1943 deja su labor de docente en filosofía para incorporarse al equipo de la revista Tempes Modernes, la cual era dirigida por Sartre. Viajó por muchos sitios para conocer diversas realidades y ampliar sus horizontes. Fue a la Unión Soviética, a Cuba, a China y a Estados Unidos.

Su inclinación filosófica siempre fue de izquierda y por supuesto muy influida por el existencialismo. Además, hasta pasada la II Guerra Mundial había escrito varias novelas, género que abandona para incursionar más en la autobiografía en busca de una introspección y de un autoreconocimiento.

Por otra parte, donde más se encuentran las tesis feministas es en sus ensayos, siendo el más importante El segundo sexo (1949), en el cual aborda la alienación femenina desde una perspectiva sociohistórica y filosófica.

Cuando su amado Sartre muere, ella escribe una novela inspirada en él denominada La ceremonia del adios en 1981, esto a pesar de que la relación entre ambos pensadores fuera tempestuosa y conflictiva, probablemente debido a sus gigantes egos, a sus posiciones racionales, al ansia de libertad de ella y a la infidelidad de él.

Simone de Beauvoir murió el 14 abril de 1986, en París.

Besos.
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