elaleph.com
foros de discusión literaria
 
 FAQFAQ   BuscarBuscar   RegistrarseRegistrarse 
 Entre para ver sus mensajes privadosEntre para ver sus mensajes privados  Chat Chat    LoginLogin 
 Biblioteca de libros digitalesLibros Digitales   Edición en demandaPublicar un Libro   Foros PrivadosForos Privados   CelularesCelulares 

CANTO DESTRUIDO



 
Publicar nuevo tema   Responder al tema    Foros de discusión -> Antología Alepha
Autor Mensaje
PHILO DESCARTES
Miembro Semi-Senior
Miembro Semi-Senior


Registrado: 08 May 2003
Mensajes: 246
Ubicación: Rep. Dom.

MensajePublicado: Jue Jun 07, 2007 01:28    Asunto: CANTO DESTRUIDO Responder citando

Soy un típico dominicano que a veces se la coge por escribir


¿En qué rayo de luz, amor ausente
tu ausencia se posó? Toda en mis ojos
brilla la desnudez de tu presencia.
Carlos Pellicer


Húmedos recuerdos

Llueve
Fucsias florecen
Y en sus húmedas raíces
Moja su pico un ruiseñor.

Por los canales de tu piel

Confieso que el vino más suave lo tomé en tu copa
tu espalda hiere las estrellas encendidas en los gritos
sólo puedo saborear en mis labios el aliento de tu boca.

En el mundo que formó nuestro beso un solo ser habita
no puedo huir de la furia que ata a tu mirada los deseos.

No hay ternura en los anaqueles del amor
toda se ha posado en tus labios
dilatando mi lengua tu vientre
el silencio está muriendo en los quejidos.

Estoy preso en la brevedad de tus besos
dormido en el escenario de tu pecho
resuenan en mis labios
las notas rojizas de tus pezones.

Oficio de la carne

Qué podemos hacer con nuestros cuerpos
ahora que están más limpios que la lluvia
ahora que sólo se escucha el cantar de la cascada
ahora que mis ojos se esconden en tu sexo
y en tus piernas las notas del recuerdo resuenan
torrentes de luces disolviéndose en tu ombligo
en tus ojos dos castillos construyen los deseos
están cerradas las puertas del alba
por sus húmedas ventanas penetra el sol
la soledad cierra sus ojos
desnuda nuestros cuerpos
y en tu espalda habita la alegría
despierto...
Siento el latir del viento y su aroma invernal
no tengo a quien mostrarle el color de la mañana
decirle que había dioses sellando las criptas de la noche
o tal vez...
sentir el peso de tus manos perdiéndose en mi espalda...

Perfumando tus sueños

Sol dilatándose en tu sexo
un volcán subiendo de tu vientre
quema mis labios.
Ese despertar entre húmedos gemidos
gastando mi espalda
es tan tuyo como el perfume de tu vientre.

Arde la tarde

Nunca he pedido a los dioses la humedad
no viene sino cuando juntos la sentimos
con el húmedo sentimiento
de las piernas en fricción
fiesta entre sal y arcilla fundiéndose
un gemir amarillento en la espalda del ocaso
erige una estatua rojiza
cuyo brillo va infinitamente desmayándose
y sobre mi frente ha venido la noche.

Tus labios en lo oscuro

Tráeme en tus labios la noche
circular como la trayectoria de tus besos
una danza de lunas y estrellas
vierte sus copas ígneas en la furia de mi volcán.

La luna danzando en tu espalda

Estábamos sentados sobre una roca
la luna danzaba en tu espalda
el silencio marchó con el tiempo
nos hacíamos viejos
y la música de mis labios
resonaba en tu vientre.

Avispas de neón

En los ojos de la soledad
ella ondea su falda
bendice el tiempo
con sus voces de luz.

Otra vez en la cascada

Juegan al compás de la música
palabras dormidas
deshaces caricias en el vacío
un ángel tendido sobre las hojas
ilumina la cascada
y escucha los pasos de tus besos.

Vencido

En las piernas de Níobe
te espero sentado
lágrimas caen
y se hunden mis labios
en tu recuerdo húmedo.

Detenida

La luna en aire detenida,
estrellas jugando en el verano sus senos
y soles heridos bajo sus pies,
ruiseñores reposando en el nido de sus piernas,
y abejas sentadas en su vientre
aspirando el néctar de su ombligo,
hartas de las flores que exaltan sus ojos.

Vegetaciones de palomas volando
alrededor de sus cabellos
desfilan con flores en sus picos
sobre las cuerdas de su piel
y adolescentes voces
apagan sus lámparas.

El viento hiere las noches
y caen de rodillas sobre su cabeza,
pintando de negro sus ventanas.

Como un pálido ruiseñor

Soy un ruiseñor que acuesta sus ojos
sobre el adorno que guardas en tu ombligo,
aumentando el aroma
de las flores que pintan el aire
con el color de sus pezones.

Soy dueño del metal que se dilata
en el calor de tus miradas,
guardo en mí una pira que se enciende
en la energía de tu sol.

Desgarras las extremidades de las noches
para deshacerte en los brazos
de mis sueños y mojar las cavidades
del bosque con las aguas de tu boca.

Fiesta en el mirador

Se levantan los instrumentos
musicales de la lluvia,
organizando cortejos sobre las hojas
vibran los órganos de una diosa

que serpentea su cuerpo
dormido entre las aguas,
desenterrando una estatua de Júpiter
perdida en las esquinas del mirador.

Luz

Con las llamas de tus senos
se enciende una luz,
sobre la cumbre de tu cuerpo
la madrugada se desmaya.

Se enfría la pira del deseo
con la nieve de tus labios,
cortan el hilo de tus besos
las vendimias de tu lengua
y el vendaval de tus sollozos.

Ebria la noche
interpreta salterios eróticos
tomando las cuerdas del cosmos
sostenido en la esencia de tu espalda.

Tus pasos

Suenan los pasos de tus labios sobre mi pecho
sueñan sueños en mi boca
bañan la madrugada y se detienen.

Tus piernas son dos naciones
que envuelve mi espada el eco de sus dogmas.

Y tu cuerpo es un museo que abre sus puertas
Para guardar en su centro los recuerdos.

Retorno

Torres derribadas por tus ojos
dibujando furias verdes en el aire.

Labios nerviosos
resbalando sobre el cristal
de los recuerdos.

Estrellas
bañadas por el vino de tus gritos
hojas sacudidas
por la tormenta nocturna
que mueve nuestra habitación.

Quejidos

Ángeles malvados
te desnudan
te levantan en sus hombros
y la noche guarda humedad
bajo su falda.

Las calles

Las calles están adornadas
por flores doradas que riegan perfume
y se detienen en un jardín,
donde ríen los troncos que las protegen
con sus espinas furtivas.

Las flores que rompen el silencio
en estas calles acicaladas
y despiertan el letargo
del árbol que aspira el aire de su aroma
pero no puede dejar caer sus labios
sobre los pezones enaltecidos
de aquellos néctares florales
que se expanden a través del cielo
que descansa sobre sus hilos dorados.

Detrás del alba se esconde
un ruiseñor para observarlas
mientras de su polen se desprende
el rocío codiciado por el sol.

El sol se detiene cuando choca
con una ventana de cristal
donde descansa una flor.

El vino negro de la noche

Reminiscencias fundidas en los deseos
distancias muriendo en tus brazos
el vino negro de la noche,
la miel del alba
el corazón de una niña
y los vientos eufóricos del placer.

Sol de la tarde

Entre las músicas y letras de la arena
se escucha el crepitar de las olas
los vientos eróticos
de la tarde que se dilatan en tus cabellos.

Detenidas las olas en un punto de tu cuerpo
avisan a las luces del espacio sonriente
que una mano imaginaria
se desliza por tu piel,
se detiene en tu cintura
y dibuja el universo bajo tu falda
envolviendo el tiempo en las sábanas del recuerdo.

Adiós

Ruiseñores de colores se posan en tus labios
gritos voluptuosos se escuchan en la cripta de tu cuerpo
y los quejidos del mar hacen eco
en el vientre perfumado de la noche.


Entre las notas musicales del fingir mitificado de tus besos
tus labios caen sobre el recuerdo de una tarde muda y sombría
pulsando las teclas de un piano desconectado
para interpretar las letras del epitafio de tu amor.
En la ventana cristalizada de la lluvia
los besos del centauro de la noche
caen como truenos de las dagas de tu lengua,
deslizándose sobre la piel erizada del viento
que trae serpientes en sus fauces herrumbres.

Paraliza el sol su caminar en la tarde
que se desprende del volcán de tu mirada verde y marrón,
es una serpiente amarillenta cada hilo de tus cabellos
escondido bajo los vómitos de la luna.

Cada noche, escucho el crepitar de la canción del orgullo,
y las voces del silencio chocan con los rostros
de las estrellas de los sueños de la nada, convirtiéndose
en lodo la miel de tu paladar acicalado y en fuego
el fulgor de tus ojos diamantinos.

Andas tras la lápida de un amor sepulcral
que descansa en una cripta milenaria, cuyas rocas
abismales se han dilatado por los siglos de los siglos
corriendo al mar sus elásticas aguas.

Mariposas encendidas

Vuelan mariposas encendidas
en la oscuridad de tu ausencia
caen pedazos de luna
partida por tus ojos,
yace aquí tendido un cadáver
pisoteado por la bestia negra del tiempo
las estrellas envían luces en alas de murciélago
y los dioses de la noche corren cargados de deseo.

Tus cabellos dorados

Apoyado en el perfume de tu pelo
mis vuelos se detienen
acariciando tu cintura
las manos de la lluvia.
Hay un nuevo sol
en cada hilo de tus cabellos.


No es la luz

Tiembla la luz a la sombra de sus manos.
Se pierden los cantos de los gallos
entre la música de los besos
que caen como lluvia sobre su cabeza,
duermen en su recuerdo las diecisiete
antorchas, que encendieron en su vientre
un Abril desconocido
a la sombra de su espalda perforada por tiempo.

Las líneas perfectas de tu espalda

Como una pluma tocada por el viento,
tiemblan mis labios frente al árbol del hedonismo.

Se solidifica la noche,
no veo tu imagen fraguada en su espesor.

Mis besos abordan
el veloz auto del tiempo
y mis labios se esconden
tras la ventana de tu lengua.

Recobrando vida
en cada movimiento de tus fauces,
dibujando notas soñadas
sobre las líneas perfectas de tu espalda.
Los radiantes ojos del alba
desprenden lágrimas seminales.

Cielo desnudo

Atraviesa el cielo desnudo
que divide en dos mitades
nuestras nubes de recuerdo

envuelve en un mundo rojizo
la última gota de lágrima
de las noches fraguadas
en tus quejidos ausentes.

El viento vestido
de pálidas caricias
intenta cruzar
las fronteras de tus piernas
y lentamente se mueve el sol,
vertiendo intermitentes
rayos de colores
atados al perfume de tu piel.

Multitudes enmudecidas
sostienen las paredes encendidas
por los labios electrizados del placer.

Sueños lapidados

Amores degollados bajo el cielo de su falda
perdidos entre sangre y sueños lapidados
y del placer más allá de los ojos abiertos de tus besos.

Oxidados cántaros se regocijan en el manantial
de los inventados quejidos de la soledad.

Pasea por el parque llevando en las manos el ombligo
para ofrendarlo al dios Euro en el trono
blanco de las cafeterías, donde las manos secas de la carne golpean
los senos inocentes del placer.

Ha dejado huellas su cintura en los ojos de las calles
y los labios de alcohol y de tabaco
que trepan por las ventanas de su cuerpo dormido.

En las alas de tu sexo

En tus alas
la sombra fría
de un vuelo
se detiene
mis labios arden
en el fuego de tus senos
y después de tantas horas
dilatadas en tu calor
me baño en las aguas de tu mar.

Entre flores amarillas

Ayer se desprendió sobre tu pelo
el color de las flores amarillas,
su perfume natural
quedó preso en las garras del aire.

Son las espadas de las avispas
tus cabellos pintados de flores amarillas,
lo ha descubierto un niño
atado a los pezones de tu mirada.

Desnudo

Un río desnudo se abre sobre su almohada
la brisa que lleva en las manos su vestido
va cantando en su caudal.
Las aguas abrazan
las hojas de caña que cubren su cuerpo
y despiertan vegetaciones de besos
en la corriente dormida de su ser.

Átame

Átame a la cuerda de tu talle
y sométeme al castigo de sus movimientos,
hazme descender a las aguas de tu fuente
seca mi cuerpo con el baile de sus algas.

No es el aire

No es el aire
muerden otros labios tus dientes
es el recuerdo medido en las alas de tu sexo
y la promesa del viento
tocando tu falda en la cabeza de los árboles.

Canta la madrugada dibujada por la lluvia
exhibe tu cuerpo las manos del invierno.

No recuerdo si he caminado
por las calles desiertas de tus piernas
no sé si me he detenido en las aguas de tu río
he olvidado quién eres, pero recuerdo el caminar
de tus labios sonámbulos junto a las hojas dormidas.


Dormido

El sueño crece sobre mis párpados
mil truenos imitan las voces
es la música de tus senos
que caen sobre mi espalda,
duros como los amaneceres
en los campos lejanos.

El vaivén de tus piernas
rozando mi frente,
mientras su centro flamea en mi boca
junto a los susurros nocturnos
de los pájaros que nos acechan
acompañando nuestras notas voluptuosas
con sus múltiples cantares.

Déjame

Quiero seguir caminando solo sobre el aire
no me envuelvas en el fuego de tu falda,
ahora me duelen los besos desgarrados
en la oscuridad de tus deseos.

No sigas llevando tus labios
a la escuela de mi boca,
deja que duerman los heraldos del deseo,

mientras vuelan tus caricias
en las alas de la fantasía
yo seguiré caminando
por las calles del recuerdo.

Virgen desnuda

Arde en tus ojos un misterio...
Antonio Machado


Se encienden luces en tu sombra
los árboles se desnudan
las estrellas repiten tu nombre,
en cada esquina de tu cama
una virgen desgarra su velo,
tú y yo bailamos en su centro
como dos figuras del génesis
unidas para crear un misterio.

En tu espalda
mis manos pierden su peso,
se van deslizando
hasta llegar al infinito.

Nace una cascada
donde se unen mis voces
para despertar en tu lengua una canción,
mientras tu cuerpo se deshace
y se funde en el mío.

De tu falda sube una diosa
y se posa en tu ombligo.

Desde allí ilumina los árboles
que en tu nombre quemaron sus vestidos,
las vírgenes nos levantan en sus hombros,
te duermen en mi ausencia
y se desnudan a mis pies.

Sex gale

Desgarra el hilo ardiente
de los labios del verano,
calienta el centro del invierno,
desnúdalo
saca de su interior
la fruta codiciada
por el pico mojado
de un pájaro,
detenido en el fresco
aire de su aroma.

Despierta un nuevo sol
en el génesis de tus piernas,
atrapa el aire ígneo
de sus rayos
en las aristas de tus senos.

Corre las calles doradas
del universo de tus sueños,
moja tu cuerpo
en las aguas de tu esencia.

Inmortaliza el ser
con el vaivén
de las aguas vivas
de tu talle.

Desborda la corriente
voluptuosa represada
en tu memoria,
arrástrame al lago
de la adolescencia,
desflórame
en la oscuridad
de su falda.

Concierto

Un concierto de luces
iluminando tu cuerpo
tendido sobre las aguas
el silencio sella tus voces.
Canta la lluvia
la brisa descubre sus senos
y danzan sus pezones
sobre la lengua del rayo.

Viaje a la noche

Detén tu sonido guitarra
estás cansada de llorar el recuerdo,
mis dedos no escriben poesía
ni quieren caer sobre tus cuerdas,
una diosa vendía te amo en la distancia
y ahora escucho la música de sus pezones
dilatándose en mis labios.

El derrumbe de las voces

Si estas manos bañadas de calor
y un silencio tan lúcido como tu desnudez
me han traído aquí hasta tus piernas
para herir de sonrisa la noche
soñando en tus labios amaneceres,
¿por qué no someter al castigo de los días
el derrumbe de las voces?

Tu silencio

Tu silencio se derrama en la noche
se congela el tiempo en la distante mirada,
nadie te habla de mis sueños.

y la madrugada despierta rumores de lluvia,
corta la risa que arde en mis labios.

Mueven sus alas
Mariposas atadas a tu espalda
dibujando soledades
en la ventana de tu ausencia.

La marca invisible de tu espalda


Huellas borradas sobre mi sombra
dejan las pisadas del fin
recordarás mi nombre
y el rostro que salpica
de angustias tu alegría
y ya no seré yo, sino el recuerdo
de los labios sombríos y sus noches ahogadas
cuyos gritos golpean tus ventanas.

Contigo mi tristeza
es un vendaval de nubes de colores
bendiciendo la noche
con su fiesta de luces.

Estoy muerto
y mi sombra persigue
la marca invisible de tu espalda
dilatada en la fuga nocturna de tus ojos.

Furias seminales
expone a los pasos de la lluvia
la sábana que envuelve
soledades infinitas.

Pacto nocturno

Llegó con su vestido de sombra
el miedo de nombrarla me llevó a su falda
cerramos los ojos para estar solos
dos deidades en medio de la multitud
cuyas rodillas hirieron la tierra
creamos el misterio
seguimos solos
y ahora la multitud
maldice las risas fecundadas.

Después de la lluvia


Quiero ver el sol hundirse
en las cavidades húmedas
que ha dejado la lluvia
en tus fucsias virginales.
Volver arriba
Mostrar mensajes de anteriores:   
Publicar nuevo tema   Responder al tema    Foros de discusión -> Antología Alepha Todas las horas son GMT - 3 Horas
Página 1 de 1