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Cesare Pavese


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Exidor
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MensajePublicado: Mar Jul 22, 2008 11:19    Asunto: Responder citando

CANZONE

Le nuvole sono legate alla terra ed al vento.
Fin che ci saran nuvole sopra Torino
sarà bella la vita. Sollevo la testa
e un gran gioco si svolge lassù sotto il sole.
Masse bianche durissime e il vento vi circola
tutto azzurro - talvolta le disfa
e ne fa grandi veli impregnati di luce.
Sopra i tetti, a migliaia le nuvole bianche
copron tutto, la folla, le pietre e il frastuono.
Molte volte levandomi ho visto le nuvole
trasparire nell'acqua limpida di un catino.
Anche gli alberi uniscono il cielo alla terra.
Le città sterminate somiglian foreste
dove il cielo compare su su, tra le vie.
Come gli alberi vivi sul Po, nei torrenti
così vivono i mucchi di case nel sole.
Anche gli alberi soffrono e muoiono sotto le nubi
l'uomo sanguina e muore, - ma canta la gioia
tra la terra ed il cielo, la gran meraviglia
di città e di foreste. Avrò tempo domani
a rinchiudermi e stringere i denti. Ora tutta la
vita son le nubi e le piante e le vie, perdute nel cielo.

Cesare Pavese
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leo..poco
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Registrado: 19 Oct 2003
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MensajePublicado: Dom Ago 10, 2008 03:30    Asunto: Responder citando

Hola,

bellissimo foro, caro amice Exidore Smile

He leido muy poco a Pavese; supongo que no lo pillé en el momento apropiado. Ya le llegará.

Aquí en Barcelona la gente que quiere deshacerse de muebles, trastos viejos, etc, siguiendo las indicaciones del Ayuntamiento es el miércoles el día que se han de bajar a la calle para su recogida.
Hete aquí que llego yo el pasado miércoles a casa, despues del trabajo, y, un poco más arriba en la calle, me encuentro aparte de algún trozo de mueble, un montón de libros. Parada y fonda. Voy mirando mirando y me topo con:

Cesare Pavese
La literatura norteamericana y otros ensayos

Prólogo de Italo Calvino

¡¡Bingo!! Cool Very Happy

Os dejo este interesante


LEER

Es verdad que no hay que cansarse de pedir a los escritores claridad, sencillez y solicitud ante las masas que no escriben, pero a veces también llegamos a dudar de que todos sepan leer. Leer es muy fácil, dicen aquellos que en virtud de su largo trato con los libros han perdido el respeto a la palabra escrita; pero aquel que más que con libros trata con hombres y cosas, y sale cada mañana para regresar por la noche encallecido, cuando se le presenta la ocasión de enfrascarse en una página advierte que tiene ante sí algo ingrato y raro, algo evanescente y al mismo tiempo duro que lo agrede y lo desalienta. Huelga decir que este último está más cerca que el otro de la vedadera lectura.

Con los libros ocurre lo mismo que con las personas, han de tomarse en serio. Pero precisamente por ello debemos guardarnos bien de convertirlos en ídolos, es decir, en instrumentos de nuestra pereza. En este aspecto, el hombre que no vive entre libros y acude a ellos con esfuerzo posee un capital de humildad, de inconsciente fuerza - la única que vale – que le permite acercarse a las palabras con el respeto y la ansiedad con que nos acercamos a una persona predilecta. Y esto vale mucho más que la "cultura"; más aún: es la verdadera cultura. Necesidad de comprender a los demás, actitud caritativa con los demás, que es en fin de cuentas la única manera de comprendernos y amarnos a nosotros mismos; la cultura empieza por aquí. Los libros no son los hombres , son los medios para llgar a ellos; quien ama los libros pero no ama a los hombres es un fatuo o un réprobo.

Hay un obstáculo para la lectura (es el mismo en todas las esferas de la vida): la excesiva confianza en uno mismo, la falta de humildad, la negativa a aceptar lo otro, lo diferente. Siempre nos hiere el inaudito descubrimiento de que otro ha mirado, no precisamente más lejos que nosotros, sino de manera diferente. Estamos hechos de mezquina costumbre. Nos gusta asombrarnos, como los niños, pero no demasiado. Cuando el estupor nos exige salir verdaderamente de nosotros mismos, perder el equilibrio para recobrar otro acaso más precario, entonces fruncimos el ceño y pataleamos, volvemos en verdad a ser niños. Pero de éstos nos falta la virginidad, que es la inocencia. Nosotros tenemos ideas, gustos, hemos leído precisamente unos cuantos libros: poseemos algo, y como todos los propietarios tememos por ese algo.

Todos, lamentablemente, hemos leído. Y así como a menudo los más pequeños burgueses se aferran al falso decoro y a los prejuicios de clase mucho más que los desenvueltos aventureros del gran mundo, así el ignorante que ha leído algo se aferra ciegamente al gusto, a la trivialidad, al prejuicio que allí ha sorbido, y a partir de entonces, si le sucede volver a leer, todo lo juzga y condena según aquel rasero. Es muy fácil aceptar la perspectiva más trivial e instalarse en ella, al calor del consenso de la mayoría. Es muy cómodo suponer que se han acabado los esfuerzos y ya conocemos la belleza, la verdad y la justicia. Es cómodo y cobarde. Es como creer que regalando de vez en cuando una moneda al mendigo quedamos desligados de nuestro eterno y temible deber de caridad. Nada haremos aquí sin respeto y humildad: la humildad que abre brecha en nuestra sustancia de orgullo de orgullo y pereza y el respeto que nos persuade de la dignidad del otro, de lo diferente, del prójimo en cuanto tal.

Hablamos de libros. Es sabido que cuanto más franca y llana es la voz de un libro, tanto más dolor y ansiedad le ha costado a su autor. Por lo tanto es inútil confiar en sondearlos sin sufrir las consecuencias. Leer no es fácil. Y quien, como suele decirse, ha estudiado, quien se mueve ágilménte en elmundo del conocimiento y del gusto, quien tiene tiempo y medios para leer, demasiado a menudo carece de alma, está muerto para la caridad, está acorazado y endurecido por el egoísmo de casta. En cambio, aquel que anhela tener acceso al mundo de la fantasía y del pensamiento casi siempre carece de los primeros elementos: le falta el alfabeto de todo lenguaje, no le sobra ni tiempo ni fuerzas, o peor aún, ha sido descarriado por una falta de preparación, por la propaganda que bloquea y desfigura los valores. Quienquiera que se enfrente con un tratado de física, un texto de contabilidad o la gramática de un idioma sabe que existe una preparación específica , una mínima cantidad de nociones indispensables para sacar provecho de la nueva lectura. ¿Cuántos se dan cuenta de que se necesita un análogo bagaje técnico para aproximarse a una novela, una poesía o un ensayo, y que estas nociones técnicas son inconmesurablemente más complejas, sutiles y huidizas que aquellas otras, y que no están en ningún manual ni en ninguna biblia? Todos piensan que un relato o una poesía, por el hecho de no dirigirse al físico, al contable o al especialista, sino al hombre que hay en todos ellos, es naturalmente asequible para la ordinaria atención humana. Pero, por otra parte, eso de que poetas, narradores y filósofos se dirijan al hombre así, en absoluto, al hombre abstracto, al Hombre , es una tonta fantasía. Ellos se dirigen al individuo de una determinada época y situación, al individuo que tiene determinados problemas y que, a su manera, trata de resolverlos, incluso y sobre todo cuando lee novelas. Por consiguiente, para comprender las novelas será necesario situarse en la época y proponerse los problemas; lo cual en este campo, implica en primer liugar aprender los lenguajes, la necesidad de los lenguajes. Convencerse de que si un escritor elige ciertas palabras, ciertas entonaciones y actitudes insólitas, tiene por lo menos el derecho a no ser inmediatamente condenado en nombre de una lectura precedente donde actitudes y palabras estaban más ordenadas, eran más fáciles o tan sólo diferentes. Este asunto del lenguaje es el más llamativo, pero no el más peliagudo. Es cierto que todo es lenguaje en un escritor que lo sea de veras, pero basta justamente haber comprendido esto para encontrarse en un mundo de lo más vivo y complejo, donde el problema de una palabra, de una inflexión o una cadencia se vuelve enseguida un problema de modo de vida, de moralidad. O de política, sin más.

Y que con esto sea suficiente. El arte, como suele decirse, es una cosa seria. Es por lo menos tan seria como la moral o la política. Pero si tenemos el deber de aproximarnos a estas últimas con esa modestia que es búsqueda de claridad – caridad con los demás y dureza con nostros mismos -, no se ve con qué derecho ante una página escrita olvidamos que somos hombres y que un hombre nos habla.


Leer, artículo publicado en "L´Unità" de Turín, 20 Junio 1945.


Saluti a tuti pleni Laughing
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Smith
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MensajePublicado: Dom Ago 10, 2008 07:21    Asunto: Responder citando

Qué buen artículo para un foro sobre libros.
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Exidor
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Registrado: 26 Nov 1999
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MensajePublicado: Dom Ago 10, 2008 11:17    Asunto: Responder citando

Un hallazgo magnífico leo... Pavese fue el introductor y traductor de la literatura norteamericana en Italia, asique imagino que ese ensayo debe ser muy interesante. Se te envidia sanamente.
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leo..poco
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Registrado: 19 Oct 2003
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MensajePublicado: Vie Ago 15, 2008 15:23    Asunto: Responder citando

Exidor escribió:
Pavese fue el introductor y traductor de la literatura norteamericana en Italia, asi que imagino que ese ensayo debe ser muy interesante.



Sí señor, bueno mejor que yo, lo explica el propio Pavese:

AYER Y HOY (*)

Hacia 1930, cuando el fascismo empezaba a ser "la esperanza del mundo", algunos jóvenes iatalianos descubrieron en sus libros a Norteamérica, una Norteamérica pensativa y bárbara, feliz y pendenciera, disoluta, fecunda, grávida de todo el pasado del mundo y al propio tiempo joven e inocente. Durante algunos años aquellos jóvenes leyeron , tradujeron y escribieron con un gozo del descubrimiento y la rebeldía que indignó a la cultura oficial, pero el éxito fue tal que obligó al régimen a tolerar para no quedar en ridículo. ¡Vaya una broma ! Éramos el país de la romanidad renacida donde hasta los agrimensores estudiaban en latín, el país de los guerreros y de los santos, el país del Genio por garacia de Dios ¿y aquellos pelafustantes y novatos, aquellos mercaderes coloniales , aquellos palurdos millonarios se atrevían a darnos una lección de gusto haciéndonos leer, discutir, y admirar? El régimen toleró rechinando los dientes y estuvo alerta, siempre dispuesto a aprovecharse de un paso en falso, de una página demasiado cruda o una blasfemia demasiado clara paracogernos in fraganti y atizar el estacazo. Asestó algunos golpes, pero fue en vano. El sabor de escándalo y fácil herejía de los nuevo s libros y sus argumentos, el ansia de rebeldía y sinceridad que hasta los más lelos sentían palpitar en aquellas traducciones, resultaron irresistibles para un público aún no entontecido del todo por el conformismo y la academia. Se puede afirmar que, al menos en el campo de la moda y del gusto, el nuevo capricho contribuyó no poco a perpetuar y alimentar la posición política, bien que genérica y fútil, del público italiano „que leía“. Pra mucha gente el encuentro con Caldwell, Steinbeck, Saroyan, e incluso el viejo Lewis, significó el primer resquicio de libertad, la primeras sospechas de que no toda la cultura del mundo terminaba en los fasci.

Es obvio que para quien supo aprovecharla la verdadera lección fue más profunda. Los que no se limitaron a hojear la docena de libros sorprendentes publicados por aquellos años en los Estados Unidos, los que sacudireon el árbol para que cayeran también los frutos escondidos y escarbaron alrededor para desubrir las raíces, muy pronto se convencieron de que la riqueza expresiva de aquel pueblo nacía no tanto de la llamativa, y en el fondo cómoda, búsqueda de asuntos sociales escandalosos como de la severa ambición, que ya tenía un siglo, de ceñir con la palabra la entera vida cotidiana.. De ahí su esfuerzo continuo para adecurar el lenguaje a la nueva realidad del mundo, para crear en suma un nuevo lenguaje, material y simbólico, que se justificara por sí mismo y no por tradicionales complacencias. Y de este estilo, frecuentemente trivializado, que no obstante seguía sorprendiendo en los libros recién aparecidos por su insólita evidencia, no fue difícil descubrir iniciadores y pioneros en el poeta Walt Whitman y el narrador Mark Twain, en pleno siglo XIX.

En ese momento la cultura norteamericana se convirtió para nosotros en algo muy serio y precioso, en una especie de gran laboratorio donde con distinta libertad y distintos medios los mejores de entre nosotros perseguían el mismo objetivo -quizá con menor inmediatez, pero con la misma obstinación- : la creación de un gusto, un estilo y un mundo modernos. En fin, aquella cultura nos pareció un lugar ideal de trabajo y de búsqueda, de laboriosa y porfiada búsqueda, algo más que la Babel de clamorosa eficiencia y cruel optimismo inspirado por el neón que aturdía y deslumbraba a los ingenuos, Babel que aderezada con alguna hipocresía romana tampoco hubiera disgustado a nuestros provincianos jerarcas. En aquellos años de estudio nos percatamos de que Norteamérica no era otro país ni un nuevo comienzo de la historia; era simplemente, el gigantesco teatro donde con mayor franqueza se recitaba el drama de todos. Y si por un momento nos pareció que valía la pena renegar de nosotros mismos y de nuestro pasado para entregarnos en cuerpo y alma a ese mundo libre, ello se debió a la absurda y tragicómica situación de muerte civil en que nos había arrojado la historia.

Gracias a la cultura norteamericana, en aquellos años vimos como en pantalla gigante el desarrollo de nuestro propio drama. Nos mostró una lucha encarnizada, consciente e incesante por dar sentido, nombre y orden a las nuevas realidades y a los nuevos instintos de la vida individual y asociada, por adecuar a un mundo vertiginosamente transformado los antiguos sentimientos y palabras. Como era natural en tiempos de estancamiento político, nos limitamos entonces a estudiar cómo habían expresado ese drama los intelectuales de ultramar, cómo llegaron a hablar ese lenguaje, a narrar y a cantar esa fábula. No podíamos adherirnos abiertamente al drama, al problema, y así estudiamos la cultura norteamericana casi como se estudian los siglos del pasado, los dramas isabelinos o la poesía del stil nuovo.

Ahora bien los tiempos han cambiado y tod se puede decir; en realidad, de alguno modo ya se ha dicho. Ocurre que pasan los años y de los Estados Unidos llegan más libros que antes, pero hoy los abrimos y cerramos sin ninguna emoción. En otra época, incluso un modesto libro o filme norteamericano nos conmovía y planteaba problemas llenos de vivacidad, nos arrancaba un asentimineto. ¿Estamos envejeciendo o ha bastado esta poca libertad para distanciarnos? Las conquistas expresivas y narrativas que los norteamericanos llevaron a cabo en tres decenios sin duda perdurarán -Lee, Mastera, Anderson, Hemingway, Faulkner ya están en el cielo de los clásicos- , pero ni siquiera el ayuno de los años de guerra puede empujarnos a amar sinceramente las novedades que ahora nos envían. Sucede a veces que leemos un libro vivo que agita nuestra fantasía y toca nuestra conciencia; miramos luego la fecha: anteguerra. En fin, a decir verdad, creemos que la cultura norteamericana ha perdido su magisterio, aquel sagaz e ingenuo furor que la puso en vanguardia de nuestro mundo intelectual. Y salta a la vista que eso ha coincidido con el final, o la interrupción de su lucha antifascista.

Ahora que han desaparecido las imposiciones brutales podemos comprobar que muchos países de Europa y del mundo son hoy laboratorios donde se crean formas y estulos, y no hay nada que impida a un hombre de buena voluntad, aunque viva en un viejo convento, decir una palabra nueva. Pero sin un fascismo al que oponerse, es decir, sin un pensamiento históricamente progresivo que encarnar, ni siquiera Norteamérica , por muchos rascacielos, automóviles y soldados que produzca, podrá estar en vanguardia de cultura alguna. Sin un pensamiento y una lucha progresiva incluso correrá el riesgo de darse también ella al fascismo, y acaso en nombre de susmejores tradiciones.


(*)Ayer y hoy, artículo publicado en "L´Unità“ de Turín el 3 de agosto de 1947.


Exidor escribió:
Se te envidia sanamente.


Bueno, un rapido viajecito a estas tierras catalanas y una cervecita, pueden solucionarla. Very Happy . Te lo guardo, Exi
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leo..poco
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MensajePublicado: Vie Ago 15, 2008 15:30    Asunto: Responder citando

Aprovecho y os dejo esta entrevista en la radio; que si fuera un cuadro no dudaría en calificar de autoretrato:


ENTREVISTA EN LA RADIO (*)


Hace ya diez años que la crítica tiene la deferencia de ocuparse regularmente de mí, de los distintos relatos que voy escribiendo; y en los últimos años ha dicho cosas muy lisonjeras y acertadas acerca de ellos, cosas que yo mismo podría suscribir con satisfacción. Que quede claro, pues, que las objecciones que hoy haré a dicha crítica -tomada en su conjunto- no surgen de una necia intolerancia de joven autor, sino, me atrevo a decir, del deseo de colaborar al esclarecimiento de uno de los problemas más discutidos de nuestra cultura actual.

Hablo de la llamada influencia norteamericana, es decir, no sólo de mí, Cesare Pavese, sino de la pequeña revolución que en los años de la guerra ha transformado, según dicen, la cara de nuestra narrativa. Cuando se habla de Hemingway, Faulkner, Cain, Lee Masters, Dos Passos, el viejo Dreiser, del socorrido influjo en los escritores italianos, más tarde o más temprano se pronuncia la palabra fatal y acusadora: neorrealismo. Ahora bien, quisiera recordar que esta palabra tiene, sobre todo hoy, un sentido cinematográfico; caracteriza las películas que, como Ossessione, Roma cità aperta, Ladri di biciclette, han asombrado al mundo – norteamericanos incluidos -, revelándole un estilo que en sustancia bien poco o nada debe al ejemplo de aquel cine de Hollywood que imperaba en Italia por la misma época en que se empezaba a conocer a los narradores norteamericanos.

¿Cómo es posible que en la misma papeleta se otorgue un sobresaliente a la cinematografía y un suspenso a la narrativa, cuando ambas han nacido al mismo tiempo y en el mismo terreno impregnado de jugos norteamericanos?

Los reparos que quería oponer son los siguientes: ¿Ha intentado esta crítica definir alguna vez el estilo, la manera narrativa norteamericana, buscando sus raices y modelos históricos? ¿Sabe esta crítica que sin Kipling no se explica un Hemingway, que sin el expresionismo alemán y los rusos no se explican O´Neill ni Faulkner, y que sin Maupassant no se explican Fitzgerald, Cain y todos los demás? No era en absoluto necesario salir de Europa para volverse, como se dice, neorrealista. Un paso más y podremos sostener, con toda razón, que fueron los norteamericanos los que aprendieron en Europa el neorrealismo narrativo (como técnica, por supuesto, no como espíritu), así como hoy de hecho aprenden el neorrealismo cinematográfico.

Queda mi caso personal. Lo siento pero cuando se me describe como uno que ha pasado del americanismo al neorrealismo polémico y luego sin más al regionalismo autóctono, confieso que no entiendo nada.

Empezando por el americanismo, supongo que se piensa en la docena o poco más o menos de narradores anglosajones que he traducido en los años treinta. Pero, dejando de lado el hecho de que es esos años escribía también los poemas de Trabajar cansa, para los cuales resultaría difícil encontrar un modelo anglosajón en nuestro siglo, es burdo creer que el traducir pueda acostumbrar la mano a ese estilo determinado que se traduce. El traducir – hablo por experiencia – enseña cómo no se debe escribir; a cada paso nos hace sentir cómo se expresan en un determinado estilo una sensibilidad y una cultura diferentes; y el esfuerzo por reflejar ese estilo nos cura de cualquier tentación de experimentarlo en nuestros propios escritos. Hacia el final de un intenso período de traducciones (Anderson, Joyce, Dos Passos, Faulkner, Gertrude Stein) yo sabía ya exactamente cuáles son los módulos y portes literarios que no me son permitidos, que me son exteriores y me dejan frío. Como sucede cuando uno se mezcla y habitúa a gente muy exótica e imprevisible, a la postre me sentí más aislado y más receloso, pero también más listo.

Además, miremos las fechas. Ninguno de los críticos quiere creer que mi relato La cárcel haya sido escrito, en la forma que tiene en Antes que cante el gallo, en 1939, porque su estilo enteramente evocativo y fantástico amenaza con invalidar la teoría de que yo he iniciado precisamente en aquel año el neorrealismo a la norteamericana. Eso es simplista, y, por lo demás, en la carrera literaria que me han trazado no encontrarían libros como Fiestas de agosto o Diálogos con Leucó, esos diálogos que son tal vez la cosa la cosa menos infeliz que yo haya llevado al papel.

Permítaseme hablar de mi obra como si fuera la obra de otro, y yo un crítico que nada tiene que perder. Digamos entonces que que esa obra, iniciada recelosamente en los años del hermetismo y la prosa artística, cuando el castillo de la cerrada civilización literaria italiana resistía impertérrito los embates de los vigorosos vientos del mundo, no ha renunciado hasta el presente a su ambigua naturaleza, esto es, a la ambición de fusionar unitariamente las dos inspiraciones que desde el principio se combaten: mirada abierta a la realidad inmediata, cotidiana, „rugosa“, y recato profesional, artesano, humanista (frecuentación de los clásicos como si fuesen contemporáneos y de los contemporáneos como si fuesen clásicos, la cultura, en fin, entendida como oficio). De la civilización humanista esa obra quiere conservar -dicho con toda humildad- el distanciamineto contemplativo y formal, el gusto por las estructuras intelectualistas, la lección de Dante y Baudelaire: un mundo estilísticamente cerrado y en definitiva simbólico. De la realidad contemporánea quiere reflejar el ritmo, la pasión, el sabor, con la misma casual inmediatez de un Cellini, de un Defoe, o del parlanchín que uno encuentra en un bar.

Exigencias difícilmente conciliables, desde luego. Pero nos parecce que ha llegado el momento, ahora o nunca. En tiempos como éste en que quien sabe escribir parece no tener ya que decir y quien empieza a tener algo que decir no sabe todavía escribir, creemos que la única posición digna de los que a pesar de todo se sienten vivos y hermanados con los hombres es enseñar a las generaciones futuras, que tendrán necesidad de ello, cómo puede transformarse la caótica y cotidiana realidad de todos en pensamineto y fantasía. Para llevarlo a cabo es obvio que será preciso no permanecer sordos ni al ejemplo intelectual del pasado -el oficio de los clásicos- ni al tumulto revolucionario, informe, dialectal de nuestros días. La crisis, bien se ve, es sobre todo política.

Descendamos a cotas más humildes. Ahora tal vez puede verse con claridad por qué Pavese rechaza el marchano de neorrealista, regionalista y cosas por el estilo. Me explico. Cuando Pavese empieza un relato, una fábula, un libro, nunca se propone un ambiente socialmente determinado, un personaje o unos personajes, una tesis. Casi siempre sólo apunta a un ritmo indistinto, a un juego de acontecimientos que son sobre todo sensaciones y atmósferas. Su propósito es aferrar y construir esos acontecimientos según un ritmo intelectual que los transforme en símbolo de una realidad dada. Lo conseguirá, naturalmente, conforme al grado de concreción sensorial , dialógica, humana que alcance en su elaboración. De ahí que Pavese no se ocupe en „crear personajes“ (hecho que no se ha señalado lo bastante). Los personajes son para él un medio, no un fin. Le sirven simplemente para construir fábulas intelectuales cuyo tema es el ritmo de lo que sucede: un estupor como de mosca cautiva bajo un vaso en La cárcel; la transfiguración angustiosa del campo y la vida cotidiana en La casa en la colina; la búsqueda paradójica que se pregunta qué es el campo, la civilización campesina, la vida elegante y el vicio en El diablo en las colinas; la memoria de la infancia y del mundo en La luna y las fogatas. En estos relatos los personajes son del todo sumarios, son nombres y tipos, nada más: están en el mismo plano que un árbol, una casa, un temporal o una incursión aérea.

Por eso Pavese considera , con razón, que Diálogos con Leucó es su libro más significativo, seguido muy de cerca por los poemas de Trabajar cansa. En cada uno de los diálogos con Leucó se evoca, en rápidos parlamentos dialógicos entre los dos protagonistas, un mito clásico, visto e interpretado en su problemática y angustiosa ambigüedad, penetrando en su esencia humana, despojándolo de todos los primores neoclásicos y tratando a sus protagonistas como bellos nombres cargados ciertamente de destino, pero no de un carácter psicológico de bulto redondo. Así son, más o menos, todos los personajes de Pavese, y así espera él seguir haciéndolos, mientras se lo permitan sus fuerzas.

A la misma conclusión se llega examinando las predilecciones de Pavese, y con ello, se responde a la segunda pregunta del cuestionario. Más que italianas, sus lecturas son principalmente clásicas, y después por lo general extranjeras. Para Pavese, los máximos narradores griegos son Herodoto y Platón (a propósito él no hace distinciones entre teatro y narrativa), escritores que se preocupan menos del personaje -al contrario de Homero y Sófocles- que del ritmo de los acontecimientos o de la construcción intelectualista-simbólica de la escena. Le gusta mucho Shakespeare, pero no por la romántica razón de que es un creador de personajes inolvidables , sino por otra más verdadera: su absurdo y maravilloso lenguaje trágico (y también cómico) y las terribles frases o parlamentos del quinto acto, en el cual, por muy dispares que sean los carácteres de los personajes , siempre dicen todos la misma cosa. Le gusta como narrador, Giovanni Battista Vico, narrador de una aventura intelectual, que describe y evoca con rigor un mundo que siempre ha interesado a Pavese -el heroico de los primeros pueblos- , y lo ha inducido, desde hace ya mucho tiempo, a dejar las lecturas amenas para dedicarse a los informes y docuemntos etnológicos, textos en los que vuelve a encontrar aquel sentimiento de una realidad al propio tiempo simbólica y fundada en solidísimas instituciones que, en su opinión, es la fuente primera de toda poesía digna de ese nombre. En fin, le gusta bastante Hermann Melville cuyo Moby Dick ha traducido hace unos veinte años, no sabe con cuánta idoneidad, pero sí con mucha pasión, y que aún hoy le sirve de acicate para concebir sus relatos no como descripciones, sino como juicios fantásticos sobre la realidad.

Esta lista de lecturas es desde luego sólo indicativa. ¿Pero qué sentido tendría hacer una fácil ostentación de nombres ? Quedan los escritores vivos, los italianos vivos, ¿pero por qué granjearse la amistad interesada o la enemistad? Es mejor evitar la trampa y declarar - por lo demás, conforme a la verdad- que para Pavese el mayor narrador contemporáneo es Thomas Mann y, entre los italianos, Vittorio De Sica.



(*)Esta entrevista (fechada 12 de junio de 1950 en el manuscrito) fue emitida en el espacio „Escritores en el micrófono“. Las preguntas, formuladas por Leone Piccioni, eran las siguientes:
1)La mayor parte de los críticos han coincidido en señalar las fasese por las que ha pasado su trabajo: de la influencia de los norteamericanos a un neorrealismo polémico y a tonos genuinamente autóctonos, a veces regionalistas. ¿Quiere usted hablar a los oyentes de su trayectoria y de sus propósitos?
2)Desearíamos ahora conocer su posición respecto a la narrativa italiana, la del pasado y la contemporánea. ¿Piensa que su trabajo se inserta en una tradición italiana clásica? ¿Qué corrientes y autores contemporáneos aprecia particularmente?
3)Antes que como escritor usted adquirió amplio renombre como traductor. ¿Puede decirnos si existen fértiles relaciones entrre la actividad del escritor y la del traductor? (**)


(**)Esta es la transcripción exacta del texto. En el bloque principal todas las contestaciones de Pavese, a modo de monólogo; y como nota las intervenciones del locutor. Mi primera idea fue, para hacerlo de lectura más amena, darle un formato tradicional: pregunta – respuesta; pero al leer el texto no acabé convencido de que siga el orden estricto de la entrevista. Por eso me decidí a hacer una transcripción literal del texto.


Saludos, Smile
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Exidor
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MensajePublicado: Dom Ago 17, 2008 13:04    Asunto: Responder citando

Excelentes artículos, leo. ¡Mil gracias!
Ojalá pudiera ir para allá a darle a esa cervecita pero por ahora me es imposible. Vas a tener que venirte vos.
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calamaro
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MensajePublicado: Mar Sep 09, 2008 14:24    Asunto: Genial, entrañable Pavese Responder citando

He estado echando un vistazo a este tema. Pavese es uno de los autores que más hondo me han llegado, como autor y como ser humano, su obra me parece muy cuidada y su estilo es inconfundible.

En "el oficio de Vivir/El oficio de poeta" se hallan las claves de su obra, influencias y vida, todo entre mezclado. Siempre relaciono este libro con el libro del desasosiego de Pessoa, creo que tienen ese poso de amargura y nihilismo en común. La diferencia es que Pessoa crea vidas paralelas a la suya propia y las dota de vida; mientras que Pavese es unilateralmente autobiográfico. Y es que yo disfruto con los autores que llevan en el mismo paquete vida y obra. A raíz de este libro autobiográfico fui leyendo sus novelas (la poesía la conocía de antes).


Primero, "el diablo en las colinas". Hará un año "Entre mujeres solas". Y el último que leí fue "el bello verano"

A eta trilogía se le llamó "la bella state". Estos libros no se suceden uno a otro sino que lo que tienen en común es la temática, la atmósfera mítica y el paso a la madurez.

Buscaré algún título más cuando vaya a alguna tienda de libros, creo que la estética que Pavese desprende en los textos es única. Con el tiempo he advertido al eleer que su forma de narrar es sumamente complicada, las escenas que expone Pavese adquieren una plasticidad mítica, era un perfeccionista con una sensibilidad extraordinaria. Los personajes y la ubicación de la trama desprenden realismo, pero el fondo apunta siempre a lo mítico. Creo que incomprendido Cesare acabó por hacer de sí mismo un mito también.
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calamaro
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MensajePublicado: Mar Sep 09, 2008 15:00    Asunto: la bella estate Responder citando

Magnífico, no deja de maravillarme este monográfico. Gran aportación de todos, especialmente de Exidor. No se os escapa nada.

Quería apuntar que curiosamente el relato de "la bella estate" es de 1940. Me resulta llamativo que cogiera un relato de hacía 9 años para culminar su obra en conexión con los otros dos de 1948 y 1949. ¿Qué me dicen de esto? Es como si estuviera cerrando el círculo de su obra y de su propia vida.

Saludos.
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lo sputnik
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MensajePublicado: Mar Sep 09, 2008 16:56    Asunto: Responder citando

Hoy se cumplen 100 años del nacimiento de Pavese...
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