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Cesare Pavese


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Exidor
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Registrado: 26 Nov 1999
Mensajes: 14644

MensajePublicado: Vie Mar 06, 2009 10:33    Asunto: Responder citando

SOGNO

Ride ancora il tuo corpo all'acuta carezza
della mano o dell'aria, e ritrova nell'aria
qualche volta altri corpi? Ne ritornano tanti
da un tremore dei sangue, da un nulla. Anche il corpo
che si stese al tuo fianco, ti ricerca in quel nulla.

Era un gioco leggero pensare che un giorno
la carezza dell'aria sarebbe riemersa
improvviso ricordo nel nulla. Il tuo corpo
si sarebbe svegliato un mattino, amoroso
del suo stesso tepore, sotto l'alba deserta.
Un acuto ricordo ti avrebbe percorsa
e un acuto sorriso. Quell'alba non torna?

Si sarebbe premuta al tuo corpo nell'aria
quella fresca carezza, nell'intimo sangue,
e tu avresti saputo che il tiepido istante
rispondeva nell'alba a un tremore diverso,
un tremore dal nulla. L'avresti saputo
come un giorno lontano sapevi che un corpo
era steso al tuo fianco.

Dormivi leggera
sotto un'aria ridente di labili corpi,
amorosa di un nulla. E l'acuto sorriso
ti percorse sbarrandoti gli occhi stupiti.
Non è piú ritornata, dal nulla, quell'alba?

Cesare Pavese
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Exidor
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Registrado: 26 Nov 1999
Mensajes: 14644

MensajePublicado: Mie Abr 15, 2009 10:32    Asunto: Responder citando

LO STEDDAZZU

L’uomo solo si leva che il mare è ancor buio
e le stelle vacillano. Un tepore di fiato
sale su dalla riva, dov’è il letto del mare,
e addolcisce il respiro. Quest’è l’ora in cui nulla
può accadere. Perfino la pipa tra i denti
pende spenta. Notturno è il sommesso sciacquìo.
L’uomo solo ha già acceso un gran fuoco di rami
e lo guarda arrossare il terreno. Anche il mare
tra non molto sarà come il fuoco, avvampante.

Non c’è cosa più amara che l’alba di un giorno
in cui nulla accadrà. Non c’è cosa più amara
che l’inutilità. Pende stanca nel cielo
una stella verdognola, sorpresa dall’alba.
Vede il mare ancor buio e la macchia di fuoco
a cui l’uomo, per fare qualcosa, si scalda;
vede, e cade dal sonno tra le fosche montagne
dov’è un letto di neve. La lentezza dell’ora
è spietata, per chi non aspetta più nulla.
Val la pena che il sole si levi dal mare
e la lunga giornata cominci? Domani
tornerà l’alba tiepida con la diafana luce
e sarà come ieri e mai nulla accadrà.
L’uomo solo vorrebbe soltanto dormire.
Quando l’ultima stella si spegne nel cielo,
l’uomo adagio prepara la pipa e l’accende.

Cesare Pavese





LO STEDDAZZU

El hombre solo se levanta cuando el mar todavía está a oscuras
y las estrellas vacilan. Una tibieza de aliento
sale de la orilla, donde el mar tiene su cama,
y endulza el respiro. Esta es la hora en la que nada
puede occurrir. Hasta la pipa entre los dientes
le cuelga apagada. Nocturno es el quedo chapoteo.
El hombre solo ya ha encendido un gran fuego de ramas
y observa el terreno que enrojece. También el mar
dentro de poco se volverá como el fuego, flameante.
No hay cosa más amarga que el amanecer de un día
en que no occurrirá nada. No hay cosa más amarga
que la inutilidad. Cuelga cansada en el cielo
una estrella verdusca que el amanecer ha sorprendido.
Ve el mar todavía en la oscuridad y la mancha de fuego
donde el hombre, para hacer algo, se calienta;
ve, y se cae por el sueño entre los montes sombríos
donde tiene una cama de nieve. La lentitud de la hora
es despiadada, para quién ya no espera nada.
¿Merece la pena que el sol se levante del mar
y comience el largo día? Mañana
volverá el tibio amanecer con la diáfana luz
y será como ayer y nunca nada occurrirá.
El hombre solo quiere dormir nada más.
Mientras la última estrella se apaga en el cielo,
el hombre lentamente prepara su pipa y la enciende.

Cesare Pavese

Nota: steddazzu es una palabra en dialecto calabrés que hace referencia a Venus como lucero del alba o del atardecer.
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Clio
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Registrado: 15 Jul 2006
Mensajes: 5735
Ubicación: Ciudad Aut. de Bs. As., Argentina

MensajePublicado: Jue Abr 16, 2009 19:28    Asunto: Responder citando

Hola.

Qué poema elegiste... Crying or Very sad

Besos.
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Hermes
Miembro Semi-Senior
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Registrado: 02 May 2006
Mensajes: 630
Ubicación: Santiago, Rep. Dom

MensajePublicado: Lun Abr 27, 2009 18:34    Asunto: Responder citando

He conseguido las poesías completas de este autor en la Feria del Libro de Santo Domingo recién, veremos cómo se deja leer.
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Exidor
Miembro Decano
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Registrado: 26 Nov 1999
Mensajes: 14644

MensajePublicado: Mie Abr 29, 2009 09:57    Asunto: Responder citando

Espero alguna vez un hallazgo similar, vea.
Ojalá le guste.

EL MUCHACHO QUE HABÍA EN MI

Vaya a saber por qué me encontraba esa tarde en los prados.
Quizá me había dejado caer, exhausto por el sol,
e imaginaba ser un indio herido. Entonces el muchacho
cruzaba las colinas solitario buscando bisontes
y lanzaba las flechas pintadas y arrojaba la lanza.
Esa tarde yo estaba totalmente tatuado con colores de guerra.
Ahora bien,el aire era fresco e igual era la alfalfa,
honda ,aterciopelada, tachonada de flores
violaceas, y las nubes en el cielo
se encendían en medio de los tallos.El muchacho yacente
observaba ese cielo que escuchaba elogiar en la villa.
Pero el crepúsculo aturdía.Era mejor entrecerrar los párpados
y gozar el abrazo de la hierba.Envolvía como agua.

De pronto,una voz ronca del sol llegó hasta mí;
el dueño de ese campo, rival de mi familia,
que se detuvo a ver el hoyo donde yo estaba hundido,
reconoció que yo era de la villa y me dijo irritado
que arruinara lo mío, que podía, y que fuera a lavarme la cara.
Levanté medio cuerpo entre el pasto.Y apoyado en las manos, estuve
mirando tembloroso aquel rostro indignado.

¡Oh, qué buena ocasión para hundir una flecha en el pecho de un hombre!
Si el muchacho no tuvo coraje, me ilusiono pensando
que fue por el aire de mando severo que tenía aquel hombre.
Yo, que aún hoy me imagino que obro impasible y seguro,
me fui en silencio aquel atardecer y apretaba las flechas,
rezongando, gritando palabras de héroe moribundo.
Tal véz fue desaliento frente a la enojosa mirada
de quien hubiera podido pegarme. O más bien verguenza,
como cuando se pasa riendo delante de un peón.
Pero tengo terror de que haya sido miedo.Escapar,escapé.
Y por las noche, las lágrimas y los mordiscones en la almohada
dejaron en mi boca gusto a sangre.

El hombre ha muerto. La alfalfa fué extirpada, rastrillada,
pero aún veo nítido el prado ante mí
y, curioso, camino y me hablo a mi mismo, impasible
como el hombre alto y quemado por el sol habló la tarde aquella.

Cesare Pavese





IL RAGAZZO CHE ERA IN ME

Va' a sapere perché fossi là quella sera nei prati.
Forse mi ero lasciato cadere stremato di sole,
e fingevo l'indiano ferito. Il ragazzo a queí tempi
scollinava da solo cercando bisonti
e tirava le frecce dipinte e vibrava la lancia.
Quella sera ero tutto tatuato a colori di guerra.
Ora, l'aria era fresca e la medica pure
vellutata profonda, spruzzata dei fiori
rossogrigi e le nuvole e il cielo
s'accendevano in mezzo agli steli. Il ragazzo riverso
che alla villa sentiva lodarlo, fissava quel cielo.
Ma il tramonto stordiva. Era meglio socchiudere gli occhi
e godere l'abbraccio dell'erba. Avvolgeva come acqua.

Ad un tratto mi giunse una voce arrochita dal sole:
il padrone del prato, un nemico di casa,
che fermato a vedere la pozza dov'ero sommerso
mi conobbe per quel della villa e mi disse irritato
di guastar roba mia, che potevo, e lavarmi la faccia.
Saltai mezzo dall'erba. E rimasi, poggiato le mani,
a fissare tremando quel volto offuscato.

Oh la bella occasione di dare una freccia nel petto di un uomo!
Se il ragazzo non ebbe il coraggio, m'illudo a pensare
che sia stato per l'aria di duro comando che aveva quell'uomo.
lo che anche oggi mi illudo di agire impassibile e saldo
me ne andai quella sera in silenzio e stringevo le frecce
borbottando, gridando parole d'eroe moribondo.
Forse fu avvilimento dinanzi allo sguardo pesante
di chi avrebbe potuto picchiarmi. O piuttosto vergogna
come quando si passa ridendo dinanzi a un facchino.
Ma ho il terrore che fosse paura. Fuggire, fuggii.
E, la notte, le lacrime e i morsi al guanciale
mi lasciarono in bocca sapore di sangue.

L'uomo è morto. La medica è stata diverta, erpicata
ma mi vedo chiarissimo il prato dinanzi
e, curioso, cammino e mi parlo, impassibile
come l'uomo alto e cotto dal sole parlò quella sera.

Cesare Pavese
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leos
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Registrado: 29 Abr 2008
Mensajes: 22
Ubicación: Buenos Aires

MensajePublicado: Mar Oct 13, 2009 20:08    Asunto: Responder citando

Actualmente me encuentro leyendo Fiestas de agosto, una colección de pequeños y bellísimos relatos de este maravilloso autor. Transcribí uno de esos breves cuentos y quería compartirlo con ustedes, que como buenos lectores de Pavese seguramente lo van a disfrutar tanto como yo.



El maizal
(Il campo di granturco)

El día que me detuve al pie de un maizal y escuché el crujido de los largos tallos secos movidos por el aire, recordé algo que había olvidado hacía tiempo. Detrás del maizal, una tierra en pendiente, estaba el cielo vacío. «Este es un sitio al que hay que volver», dije, y escapé casi al punto, en bicicleta, como si debiera llevar la noticia a alguien que estuviese lejos. Era yo quien estaba lejos, lejos de todos los maizales y de todos los cielos vacíos. Ese día fue un campo de maíz; habría podido ser una roca colgada sobre un camino, un árbol aislado en el recodo de un collado, una vid al borde de un bancal. Ciertos coloquios remotos se cuajan y concretan en el tiempo en figuras naturales. Éstas figuras yo no las elijo: saben surgir ellas, encontrarse en mi camino en el momento justo, cuando menos lo pienso. No hay ninguno de mis conocidos que tenga un tacto como el suyo.

Lo que me dice el maizal en los breves instantes en que me atrevo a contemplarlo, es lo que dice quien se ha hecho esperar y sin él no se podía hacer nada. «Aquí me tienes», dice simplemente quien se ha hecho esperar, pero nadie le quita la mirada rencorosa que se le lanza como a un amo. En cambio, al cielo entre los tallos bajos le echo una ojeada furtiva, como quien mira desde más allá del objeto como a la espera de que éste se desvele por sí, sabiendo perfectamente que nada podemos prometernos que él ya no contenga, y que un gesto demasiado brusco podría derribarlo todo de mala manera. Nada me debe ese campo para que yo pueda hacer otra cosa que callar y dejarlo entrar en mí. Y el maizal, y los tallos secos, poco a poco me crujen y se me paran en el corazón. Entre nosotros no hacen falta palabras. Las palabras han sido pronunciadas muchos años ha.

¿Cuándo realmente? No lo sé. Y ni siquiera sé qué podían haberse dicho un maizal y un muchacho. Pero un día me detuve, con toda seguridad —como si conmigo se detuviese el tiempo—, y después al día siguiente, y otro más, durante toda una estación y una vida, ante un campo semejante; y aquél había sido un límite, un horizonte familiar a través del cual las colinas, bajas de tan remotas que eran, se transparentaban como rostros en una ventana. Cada vez que me había atrevido a un paso por la selva amarilla, el maizal debía de haberme acogido con su voz crepitante y soleada; y mis respuestas habían sido los gestos cautos, a veces bruscos, con que apartaba las hojas cortantes, me inclinaba hacia las correhuelas, y más allá de los tallos altos hundía la mirada en el vacío del cielo. Había en aquel crepitar un silencio mortal, de lugar cerrado y desierto, que abría en el cielo lejano una promesa de vida desconocida, inaccesible y atrayente como las colinas.

Que el tiempo entonces se había parado lo sé porque aún hoy ante el maizal lo recupero intacto. Es un crujido inmóvil. Comprendo que tengo ante mí una certeza, que he como tocado el fondo de un lago que me esperaba, eternamente igual. La única diferencia es que entonces me atrevía a gestos bruscos, penetraba en el maizal lanzando un grito a las colinas familiares que parecían esperarme. Entonces era un niño, y todo ha muerto de aquel niño salvo ese grito.

La estación de aquel campo es el otoño, cuando todo despierta en la campiña detrás de las hileras de maíz. Se oyen voces, se hacen recolecciones, de noche se encienden fuegos. La inmovilidad del campo contiene también estas cosas, pero como a cierta distancia, como promesas vislumbradas entre las ramas. El secarse de las hojas abre trechos de cielo cada vez mayores, revela más desnudamente las colinas lejanas. Se piensa también en lo que hay detrás, y en las presencias nocturnas al borde de la Selva. Sube a veces en el recuerdo la crepitación de las hojas amarillas, y asusta como el rumor de un paso desconocido y temido, como el debatirse de cuerpos en lucha. Ahora, en la distancia, son una sola cosa las fogatas nocturnas sobre los oteros y la anochecida entre los vagos tallos del maizal. Tranquiliza sólo la idea de que quien se ha arrojado al suelo escondiéndose es el muchacho, y que de los tallos cuelgan gruesas panochas que los campesinos vendrán a recoger mañana. Y mañana el muchacho no estará ya.

Estas cosas ocurren cada vez que me paro ante el maizal que me espera. Es como si hablase con él, aunque el coloquio se haya desarrollado hace muchos años y se hayan perdido incluso sus palabras. A mí me basta con la ojeada furtiva de que he hablado, y el cielo vacío se puebla de colinas y de apariencias.
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Exidor
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Registrado: 26 Nov 1999
Mensajes: 14644

MensajePublicado: Mie Oct 28, 2009 09:09    Asunto: Responder citando

leos escribió:
Actualmente me encuentro leyendo Fiestas de agosto, una colección de pequeños y bellísimos relatos de este maravilloso autor. Transcribí uno de esos breves cuentos y quería compartirlo con ustedes, que como buenos lectores de Pavese seguramente lo van a disfrutar tanto como yo.


Hace poco conseguí Fiestas de agosto en una edición de Bruguera que incluye también La Playa, y otro volúmen que trae De Tu Tierra y El Camarada. Espero poder leerlos pronto.
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leos
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Registrado: 29 Abr 2008
Mensajes: 22
Ubicación: Buenos Aires

MensajePublicado: Dom Nov 01, 2009 17:48    Asunto: Responder citando

Exidor escribió:
leos escribió:
Actualmente me encuentro leyendo Fiestas de agosto, una colección de pequeños y bellísimos relatos de este maravilloso autor. Transcribí uno de esos breves cuentos y quería compartirlo con ustedes, que como buenos lectores de Pavese seguramente lo van a disfrutar tanto como yo.


Hace poco conseguí Fiestas de agosto en una edición de Bruguera que incluye también La Playa, y otro volúmen que trae De Tu Tierra y El Camarada. Espero poder leerlos pronto.


Justamente, descubrí a Pavese ya que tengo varios libros de la colección de Brugera, y entre ellos los títulos que nombraste, que ya tuve la oportunidad y el placer de leer, por eso no dudo de que resultarán muy gratas lecturas.
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Exidor
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Registrado: 26 Nov 1999
Mensajes: 14644

MensajePublicado: Dom Nov 01, 2009 18:34    Asunto: Responder citando

Ojalá que si, leos.
De su narrativa hasta ahora sólo leí La luna y las hogueras. Maravilloso. Espero poder dedicarle tiempo al resto en breve.
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Exidor
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Registrado: 26 Nov 1999
Mensajes: 14644

MensajePublicado: Vie Nov 13, 2009 22:43    Asunto: Responder citando

Fine della fantasia


Questo corpo mai più ricomincia. A toccargli le occhiaie
uno sente che un mucchio di terra è più vivo,
ché la terra, anche all'alba, non fa che tacere in se stessa.
Ma un cadavere è un resto di troppi risvegli.

Non abbiamo che questa virtù: cominciare
ogni giorno la vita - davanti alla terra,
sotto un cielo che tace - attendendo un risveglio.
Si stupisce qualcuno che l'alba sia tanta fatica;
di risveglio in risveglio un lavoro è compiuto.
Ma viviamo soltanto per dare in un brivielo
al lavoro futuro e svegliare una volta la terra.
E talvolta ci accade. Poi torna a tacere con noi.

Se a sfiorare quel volto la mano non fosse malferma
- viva mano che sente la vita se tocca -
se davvero quel freddo non fosse che il freddo
della terra, nell'alba che gela la terra,
forse questo sarebbe un risveglio, e le cose che tacciono
sotto l'alba, direbbero ancora parole. Ma trema
la mia mano, e di tutte le cose somiglia alla mano
che non muove.
Altre volte svegliarsi nell'alba
era un secco dolore, uno strappo di luce,
ma era pure una liberazione. L'avara parola
della terra era gaia, in un rapido istante,
e morire era ancora tornarci. Ora, il corpo che attende
è un avanzo di troppi risvegli e alla terra non torna.
Non lo dicon nemmeno, le labbra indurite.

Cesare Pavese





Fin de fantasía

Este cuerpo no habrá de renacer. Tocándole los párpados
se siente que un montón de tierra está más vivo,
pues la tierra, aun al alba, no hace más que callar ensimismada.
Pero un cadáver es la sobra de demasiados despertares.

No poseemos más que una virtud: comenzar
cada día la vida -delante de la tierra,
bajo un cielo que calla -aguardando un despertar.
Alguien se asombra de que sea tan fatigosa el alba,
de un despertar a otro queda un trabajo hecho.
Pero sólo vivimos para ir en un temblor
al trabajo futuro y despertar de una vez a la tierra.
Y a veces nos sucede. Luego vuelve a callar con nosotros.

Si al rozar ese rostro no estuviera temblorosa la mano
-viva mano que siente la vida cuando toca-,
si ese frío en verdad no fuese más que el frío
de la tierra, en el alba que hiela la tierra,
quizás esto sería un despertar, y las cosas que callan
bajo el alba dirían todavía palabras. Pero tiembla
mi mano y entre todas las cosas se parece a la mano
que está inmóvil.

Otras veces, despertarse en el alba
era un seco dolor, un desgarrón de luz,
pero era también una liberación. La avara palabra
de la tierra era alegre, en un rápido instante,
y morir todavía era volver a ella. Ahora el cuerpo que espera es
un resto
de demasiados despertares y no vuelve a la tierra.
Y los rígidos labios no lo dicen tampoco.

Cesare Pavese
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