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POETA EN NUEVA YORK. LORCA.


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DELLWOOD
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MensajePublicado: Dom Oct 21, 2007 08:40    Asunto: POETA EN NUEVA YORK. LORCA. Responder citando

http://www.elpais.com/fotogaleria/Lorca/Inedito/4514-1/elpgal/

http://www.tinet.org/~picl/libros/glorca/gl002600.htm#01

PARA SER EDITADO EN BREVE
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DELLWOOD
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MensajePublicado: Mie Oct 24, 2007 07:59    Asunto: Responder citando



Federico García Lorca, con pantalón oscuro, y Salvador Dalí, de pantalón claro. Pasando unos días en Cadaqués. Foto propiedad de Ana María Dalí.


Ultima edición por DELLWOOD el Dom Oct 28, 2007 14:53, editado 1 vez
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meritxell
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MensajePublicado: Jue Oct 25, 2007 12:05    Asunto: Responder citando

Pues yo cada dia entro a mirar Rolling Eyes
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DELLWOOD
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Registrado: 25 May 2001
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MensajePublicado: Vie Oct 26, 2007 06:06    Asunto: Responder citando

Los libros no empiezan en su primera página, sino mucho antes: en el fondo más hondo del misterioso océano en el que se orquestan los teatros de títeres que llamamos Arte.

Poeta en Nueva York, así pues, no empieza en el Nueva York del crack del ´29, sino en el Madrid de una década antes, y concretamente en su Residencia de Estudiantes. Allí Lorca conoció a Buñuel. Y a Dalí, del que se enamoró. Pero Dalí, que ya había iniciado su singular trayectoria artística, reprochaba a Federico sus poemas de gitanos, incitándole a escribir algo que fuera mucho más allá de recuperar las formas clásicas del Siglo de Oro y los motivos folclóricos del sur. Buñuel, que había descubierto el surrealismo en París, se llevó consigo a Salvador y Lorc a quedó sumido en una gran depresión. Buñuel y Dalí preparaban la película Un perro andaluz y Federico se quedó llorando.

Para buscar una solución a su mal de amores, su padre le propone un viaje y Lorca acaba en Nueva York el 26 de junio de 1929, instalándose en la Universidad de Columbia hasta que salió para La Habana, el siete de marzo del mismo año. Cuando Lorca se entera del estreno de la película, dice que el pero andaluz es él. Por lo visto, los celos que sentía de Buñuel por haberle arrebatado de su vida a Dalí, hicieron que Lorca decidiera dar un giro total en su producción poética, demostrándole a Dalí que él también podía hacer surrealismo. Y empezó a escribir Poeta en Nueva York.

    
    
    
BUÑUEL Y DALÍ.
    
    
    

Cita:
LONRES.- El director británico Paul Morrison está preparando una película que aborda la relación amorosa entre el pintor Salvador Dalí y el poeta Federico García Lorca, informó el dominical británico 'The Observer'.

'Little Ashes', una coproducción entre el Reino Unido y España, está ambientada en el Madrid de la década de 1920 y explora la intensa amistad entre sus protagonistas, Dalí, Lorca y el cineasta Luis Buñuel tras conocerse en la Residencia de Estudiantes.

El filme, rodado principalmente en Barcelona con un modesto presupuesto de unos dos millones de euros, mostrará cómo la relación entre el pintor y el poeta comenzó como "una amistad" que con el tiempo se hace "más íntima" y "progresa hacia un nivel físico", explicó la guionista, Philippa Goslett.

Pero la relación no llegó a consumarse: "(Dalí) dijo que intentaron mantener relaciones sexuales, pero que dolía, así que no pudieron consumar la relación. Considerando las enormes inhibiciones de Dalí, no es sorprendente", añadió Goslett, citada por 'The Observer'.

Como sustituto, el poeta granadino duerme con una amiga, "lo que Lorca llamó su sacrificio final", ante la mirada de Dalí "y esto fue el principio de su voyerismo", apuntó Goslett, que, frente a la controversia que pueda generar la película, se mostró convencida de que "algo ocurrió" entre los dos artistas.

"Para mí, la tragedia verdadera es Dalí. Estuvo realmente embrujado por Lorca durante el resto de su vida y hablo sobre él incesantemente, más que de su mujer, Gala", mantuvo la guionista.

El actor británico Robert Pattinson, de 21 años y conocido por su interpretación de Cedric Diggory en la saga de Harry Potter, da vida a Dalí.

El actor español Javiel Beltrán interpreta a Lorca, fusilado un mes después del inicio de la Guerra Civil (1936-39) por combatientes del bando que se alzó en armas contra la República, mientras que Buñuel es encarnado por el británico Matthew McNulty.


Para quien quiera profundizar, le recomiendo el libro Lorca, Buñuel, Dalí:El engima sin fin, de Ian Gibson. El enigma sin fin es el título de un cuadro de Dalí en el que aparece la cara de Lorca. Lo pintó un año después del asesinato de Lorca y es obra representativa del amorfismo, teoría daliniana sobre la confusión de las formas.


Ultima edición por DELLWOOD el Dom Oct 28, 2007 15:14, editado 1 vez
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DELLWOOD
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Registrado: 25 May 2001
Mensajes: 15247

MensajePublicado: Dom Oct 28, 2007 14:48    Asunto: Responder citando

Pero como decía antes, los libros no empiezan en su primera página. Y el nacimiento de éste, que es póstumo, ha creado muchas páginas.

Antes de nacer como libro, que es una apasionante historia a la que llegaremos en su momento, Lorca había publicado algunos de sus poemas en revistas. Así, en la Revista de Avance, de La Habana, número de abril de 1930, publicó Danza de la Muerte.

Cita:
El mascarón. ¡Mirad el mascarón!
¡Cómo viene del África a New York!

Se fueron los árboles de la pimienta,
los pequeños botones de fósforo.
Se fueron los camellos de carne desgarrada
y los valles de luz que el cisne levantaba con el pico.

Era el momento de las cosas secas,
de la espiga en el ojo y el gato laminado,
del óxido de hierro de los grandes puentes
y el definitivo silencio del corcho.

Era la gran reunión de los animales muertos,
traspasados por las espadas de la luz;
la alegría eterna del hipopótamo con las pezuñas de ceniza
y de la gacela con una siempreviva en la garganta.

En la marchita soledad sin honda
el abollado mascarón danzaba.
Medio lado del mundo era de arena,
mercurio y sol dormido el otro medio.

El mascarón. ¡Mirad el mascarón!
!Arena, caimán y miedo sobre Nueva York!

Desfiladeros de cal aprisionaban un cielo vacío
donde sonaban las voces de los que mueren bajo el guano.
Un cielo mondado y puro, idéntico a sí mismo,
con el bozo y lirio agudo de sus montañas invisibles,

acabó con los más leves tallitos del canto
y se fue al diluvio empaquetado de la savia,
a través del descanso de los últimos desfiles,
levantando con el rabo pedazos de espejos.

Cuando el chino lloraba en el tejado
sin encontrar el desnudo de su mujer
y el director del banco observando el manómetro
que mide el cruel silencio de la moneda,
el mascarón llegaba al Wall Street.

No es extraño para la danza
este columbario que pone los ojos amarillos.
De la esfinge a la caja de caudales hay un hilo tenso
que atraviesa el corazón de todos los niños pobres.
El ímpetu primitivo baila con el ímpetu mecánico,
ignorantes en su frenesí de la luz original.
Porque si la rueda olvida su fórmula,
ya puede cantar desnuda con las manadas de caballos:
y si una llama quema los helados proyectos,
el cielo tendrá que huir ante el tumulto de las ventanas.

No es extraño este sitio para la danza, yo lo digo.
El mascarón bailará entre columnas de sangre y de números,
entre huracanes de oro y gemidos de obreros parados
que aullarán, noche oscura, por tu tiempo sin luces,
¡oh salvaje Norteamérica! ¡oh impúdica! ¡oh salvaje,
tendida en la frontera de la nieve!

El mascarón. ¡Mirad el mascarón!
¡Qué ola de fango y luciérnaga sobre Nueva York!

Yo estaba en la terraza luchando con la luna.
Enjambres de ventanas acribillaban un muslo de la noche.
En mis ojos bebían las dulces vacas de los cielos.
Y las brisas de largos remos
golpeaban los cenicientos cristales de Broadway.

La gota de sangre buscaba la luz de la yema del astro
para fingir una muerta semilla de manzana.
El aire de la llanura, empujado por los pastores,
temblaba con un miedo de molusco sin concha.

Pero no son los muertos los que bailan,
estoy seguro.
Los muertos están embebidos, devorando sus propias manos.
Son los otros los que bailan con el mascarón y su vihuela;
son los otros, los borrachos de plata, los hombres fríos,
los que crecen en el cruce de los muslos y llamas duras,
los que buscan la lombriz en el paisaje de las escaleras,
los que beben en el banco lágrimas de niña muerta
o los que comen por las esquinas diminutas pirámides del alba.

¡Que no baile el Papa!
¡No, que no baile el Papa!
Ni el Rey,
ni el millonario de dientes azules,
ni las bailarinas secas de las catedrales,
ni constructores, ni esmeraldas, ni locos, ni sodomitas.
Sólo este mascarón,
este mascarón de vieja escarlatina,
¡sólo este mascarón!

Que ya las cobras silbarán por los últimos pisos,
que ya las ortigas estremecerán patios y terrazas,
que ya la Bolsa será una pirámide de musgo,
que ya vendrán lianas después de los fusiles
y muy pronto, muy pronto, muy pronto.
¡Ay, Wall Street!

El mascarón. ¡Mirad el mascarón!
¡Cómo escupe veneno de bosque
por la angustia imperfecta de Nueva York!

Diciembre 1929


Y en Musicalia, también de La Habana y en el mismo año, Son de Negros

Cita:
Cuando llegue la luna llena
iré a Santiago de Cuba,
iré a Santiago,
en un coche de agua negra.
Iré a Santiago.
Cantarán los techos de palmera.
Iré a Santiago.
Cuando la palma quiere ser cigüeña,
iré a Santiago.
Y cuando quiere ser medusa el plátano,
Iré a Santiago
con la rubia cabeza de Fonseca.
Iré a Santiago.
Y con la rosa de Romeo y Julieta
iré a Santiago.
Mar de papel y plata de monedas
Iré a Santiago.
¡Oh Cuba! ¡Oh ritmo de semillas secas!
Iré a Santiago.
¡Oh cintura caliente y gota de madera!
Iré a Santiago.
¡Arpa de troncos vivos, caimán, flor de tabaco!
Iré a Santiago.
Siempre dije que yo iría a Santiago
en un coche de agua negra.
Iré a Santiago.
Brisa y alcohol en las ruedas,
iré a Santiago.
Mi coral en la tiniebla,
iré a Santiago.
El mar ahogado en la arena,
iré a Santiago,
calor blanco, fruta muerta,
iré a Santiago.
¡Oh bovino frescor de cañavera!
¡Oh Cuba! ¡Oh curva de suspiro y barro!
Iré a Santiago.
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DELLWOOD
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MensajePublicado: Lun Oct 29, 2007 20:03    Asunto: Responder citando



Lorca y Dalí. Amigos.
No en vano, en su lecho de muerte, el pintor sólo decía, Mi amigo, Federico. Mi amigo , Federico.

A lo largo y ancho de los poemas de Poeta en Nueva York puede uno vislumbrar hasta dónde llegaba esa amistad, ese amor, ese sentimiento mutuo, quebrado.






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meritxell
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Registrado: 04 Nov 2006
Mensajes: 351

MensajePublicado: Jue Nov 01, 2007 10:27    Asunto: Responder citando

habeis leido el libro sobre Pepin Bello en el que habla de todos estoy autores por su paso en la residencia de estudiantes?
Es fantastico, empezéa leer y no pude para hasta finalizarlo.
Lo recomiendo
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DELLWOOD
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Registrado: 25 May 2001
Mensajes: 15247

MensajePublicado: Vie Nov 02, 2007 08:44    Asunto: Responder citando

Yo no lo he leído, pero debe de ser bastante interesante conocer el papel de Pepín Bello en la trastienda de la Generación del Veintisiete.
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Ángel Badalament
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Registrado: 02 Jun 2005
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Ubicación: Bilbao

MensajePublicado: Vie Nov 02, 2007 20:05    Asunto: Responder citando

Hay que recordar que Dalí brindó en París cuando tuvo noticia del asesinato de Lorca y que dijo algo así como 'bravo'.

Esto no le quita un ápice de calidad a su obra temprana (la influenciada por Lorca, no esos Cristos repugnantes de su etapa franquista) ni por supuesto al poemario, que sigue siendo la vanguardia de la poesía española para vergüenza de la misma.

Por cierto, Ian Gibson es un pesado y recomiendo usar sus libros como mantel.

Saludos.
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DELLWOOD
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Registrado: 25 May 2001
Mensajes: 15247

MensajePublicado: Vie Nov 02, 2007 20:47    Asunto: Responder citando

Primero, una aclaración personal: si yo hubiera sido Dalí, yo también habría hehco lo mismo al saber de la muerte de Lorca. Exigencias del método paranoico-crítico en el extremo absoluto de la ironía daliniana.

Segundo, no dijo Bravo! Lo que dijo, y he ahí el cincuenta por ciento de la ironía, fue Olé!

Para más datos, es mejor que hable Dalí mismo.

.............


Muerte de Federico García Lorca, ametrallado en Granada. Suicidio de René Clavel en Paris y de Jean Michel Franc en Nueva York. Muerte del surrealismo. Muerte del Principe M`Diván guillotinado por su Rolls. Muerte de la Princesa M`Diván. Muerte de Sigmung Freíd, desterrado en Londres. Doble suicidio, a raíz de un pacto, de Stefan Zweig y su mujer. Muerte de la Princesa de Faustine Lusinge. En el teatro, la de Christian Berard y la de Louis Jouvet. Muerte de Gestrude Stein. Muerte de José María Sert. Muerte de Misia y de Lady Mendl. Muerte de Robert Desnos y de Antonin Artaud. Muerte del existencialismo. Muerte de mi padre. Muerte de Eluard. Muerte de Stalin.
Tengo la seguridad de que mis cualidades de psicólogo analista son superiores a las de Marcel Proust. No sólo por tener a mi disposición el psicoanálisis entre los demás métodos que él desconocía, sino ante todo porque la estructura de mi espíritu es de un tipo eminentemente paranoico, el más indicado para este género de actividades, mientras que el suyo era el de un "neurótico depresivo". Es decir, el "menos apropiado". Esto se nota hasta en sus bigotes distraídos y depresivos, que al igual de los ultra-depresivos de Federico Nietzsche, son completamente opuestos a los bigotes alegres de Velásquez o de los ultra-rinocerontescos de vuestro genial servidor.
Es cierto que siempre me ha gustado valerme de sistemas peludos (ya sea en la estética para determinar la proporción de oro, según el brote de pelo o en el campo psicopatológico del bigote, esa constante trágica del carácter, sin duda la más truculenta del rostro masculino).
Es aún más cierto que si tanto me gusta valerme de términos gastronómicos para hacer tragar mis ideas filosóficas, de difícil y laboriosa digestión, exijo siempre una limpidez feroz de cada pelo; ni la más mínima falta de claridad será tolerada.
Es por eso que me gusta decir que Marcel Proust, con su introspección masoquista y su descortezamiento sádico de los demás logró hacer una especie de sopa de langostas prodigiosa, impresionista, super-sensible y casi musical, donde éstas no existirían por así decirlo, más que en esencia. Mientras que Salvador Dalí, al contrario, de todas las esencias y quintaesencias más imponderables de sus auto-descortezamientos, y de los otros que no son jamás sus semejantes, consigue ofrecerles, en un plato deslumbrante y sin un pelo de conocimiento, nada menos que una auténtica langosta nadando, concreta, articulada y reluciente cual armadura comestible.
Proust, de la langosta, logra producir música. Dalí, de la música misma, logra producir langostas.

Pasemos ahora a la muerte de los contemporáneos que he conocido y que han sido amigos míos, como ya he dicho antes. Mi primer sentimiento es un sentimiento tranquilizador de que esos muertos se vuelven tan Dalinianos que van a trabajar en las mismas fuentes de mi obra. Pero enseguida, otro sentimiento inquietante y paradójico se manifiesta, y es que yo soy la causa de su muerte.
Mi delirio de interpretación paranoica, sin yo solicitarlo, llega a entregarme las pruebas más minuciosas de mi responsabilidad criminal. Pero ya que eso es objetivamente falso, y que además yo estoy por encima de todo, casi inhumanamente inteligente, todo termina bien. Y es por eso que puedo confesarles con melancolía, desnudo de toda vergüenza, que cada nueva muerte de un amigo, sobreponiéndose en capas finísimas de "sentimientos falsos de culpabilidad", termina por formar una especie de almohadón blandísimo en el cual me duermo cada noche con más frescura y menos angustia.
Muere ametrallado en Granada el poeta de la mala muerte, Federico García Lorca. ¡Olé! Esto es lo que exclamé en París, en mi apartamento del número 8 de la rue de I'Université, al enterarme de la muerte de Lorca, el mejor amigo de mi adolescencia.
Esta exclamación que se produce biológicamente para rematar un pase en la corrida, o en el jaleo del cante jondo, y que grité en la ocasión de la muerte de Lorca, encarna todo el inocultable españolismo del éxito trágico de su destino.

A lo menos cinco veces al día Lorca hacía alusión a su muerte. En la noche no podía irse a dormir sin que varios de sus compañeros fuésemos a acostarlo. Una vez en la cama, eternizaba las más trascendentales conversaciones poéticas que ha habido en nuestro siglo. Casi siempre volvía al tema de la muerte y sobre todo al de su propia muerte.
Lorca imita y canta todo lo que dice, primero y ante todo, canta su muerte y la imita. La remeda y la escenifica. "Así, decía, estaré en el momento de mi muerte!" Después, se estremecía su cuerpo al descender el cortejo fúnebre por una agreste colina de Granada; y cinco días después de su muerte, se arregla para que su rostro, que no era hermoso, se aureolara de una belleza desconocida, de una hermosura excesiva. Luego, seguro del efecto inesperado que había producido en nosotros, se sonrío con una sonrisa radiante, sonrisa que brotaba de la absoluta posesión lírica de sus espectadores. Lorca había escrito:
"El río Guadalquivir tiene las barbas granates.
Granada tiene dos ríos, uno llanto, el otro sangre".
También, al fin de la Oda a Salvador Dalí (dos veces inmortal), Lorca hace alusión inequívoca a su propia muerte, y me pidió que no la mirara mientras florecieran mi vida y mi obra.
La última vez que ví a Lorca fue en Barcelona, dos meses antes de la guerra civil. Gala, que no lo conocía, se quedó atónita ante ese fenómeno glutinoso y de un lirismo total. Este sentimiento, además, fue recíproco; durante tres días, Lorca no me habló sino de Gala

También Edward James, poeta inmensamente rico y super-sensible como un picaflor, quedó preso e inmovilizado en la personalidad glutinosa de Lorca. James vestía un traje tirolés excesivamente bordado, de pantalón corto y camisa de encajes. Lorca decía de él que era un picaflor vestido de soldado de la época de Swift (Gulliver).
Durante una comida en el Canari de la Garriga atravesó el mantel con paso militar un insecto diminuto y extraordinariamente bien vestido. Lorca lo vio de repente y lanzó un grito pero, sujetándolo con un dedo le ocultó a James la identidad del bicho. Al retirar el dedo no quedaba ni huella del insecto. Pues bien, fue ese pequeño insecto, también poeta y vestido de encajes tiroleses, el único que nos hubiera podido explicar su destino.
En efecto, James acababa de alquilar la Villa Chimbrone, cerca de Amalfi, donde se inspiró Wagner para componer el Parsifal y nos invitó a mí y a Lorca a vivir allá todo el tiempo que quisiéramos. Por tres días Lorca se torturó con alternativas de angustia: ¿Iría o no iría ? Cada cuarto de hora cambiaba de opinión.

En Granada, su padre estaba enfermo del corazón y temía morir. Por fin Lorca prometió reunirse con nosotros tan pronto como hubiera ido a ver a su padre para tranquilizarse. Estalló la guerra civil. El murió fusilado y el padre vive aún.
¿Guillermo Tell? Yo estaba convencido que si no nos llevábamos a Lorca con nosotros en ese mismo instante, con su personalidad llena de ansiedades e indecisiones psicopatológicas, no obstante sus deseos, jamás hubiera sido capaz de reunirse con nosotros en la Villa Chimbrone. Fue en ese momento que se formó en mí un sentimiento de culpabilidad hacía él. Yo no había insistido lo suficiente para arrastrarlo con nosotros. Si yo hubiera querido, podría haberlo llevado a Italia.
Yo, en aquel entonces, escribía un gran poema lírico, "Me como a Gala", y en el fondo, más o menos celoso de Lorca. Quería estar solo en toda Italia, en la lejanía de mi horizonte frente a terrazas de cipreses y de naranjos. Verticales y solitarios, los solemnes templos de Pestum me habían de brindar una vez más la oportunidad de no amarlos para mayor felicidad megalomaníaca y de soledad. Si, en este momento del descubrimiento Daliniano de Italia, mis relaciones con Lorca fueron de cierto modo y por extraña coincidencia, el pricipio de una correspondencia casi violenta semejante a la de Nietzsche y de Wagner en el momento de la ruptura.
Fue la época en que yo hacía la apología del Angelus, de Millet; cuando escribía mi mejor libro, inédito aún, El mito trágico del Angelus de MIllet, y mi mejor ballet también, que tampoco se ha producido y que se llama El Angelus de MIllet, para el cual quería la música de Bizet (La Artesiana) y la música inédita de Federic Nitx (influenciado por Bizet). Nitx escribió esa partitura al borde de su locura en sus crisis antiwagnerianas. El Conde Etienne de Beaumont la había descubierto, según me parece, en una biblioteca de Basilea, y sin conocerla yo, me imaginaba que era la única música que podía convenirle a mi obra.
Los rojos, los semi-rojos y los rosados, y aún los lila-pálidos, aprovecharon propagandística, demagógica y vergonzosamente la muerte de Lorca en un chantage indigno. Trataron y hasta la fecha siguen tratando de darle a su muerte el significado de un héroe político.

Yo que soy su mejor amigo, declaro ante Dios y la historia que Lorca, poeta cien por ciento, era consustancialmente el ser más APOLITICO que jamás he conocido. Fue sencillamente una víctima propiciatoria de problemas personales, personalísimos, ultralocales y, ante todo, presa inocente de la confusión omnipotente, convulsiva y cósmica de la guerra civil española.
Una cosa es cierta. Cada vez que en el fondo de mi soledad logro hacer brillar una idea genial, sacándola desde lo más recóndito de mi cerebro a la superficie del aire de Cadaqués, o cuando logro dar una pincelada milagrosa, siempre escucho la voz ronca y dulcemente afónica de Lorca que me grita: ¡¡Olé!!


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