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POETA EN NUEVA YORK. LORCA.


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DELLWOOD
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MensajePublicado: Vie May 07, 2010 15:53    Asunto: Responder citando



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DELLWOOD
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MensajePublicado: Dom Ene 29, 2012 15:04    Asunto: Responder citando

Enrique Amorim (Julio 25, 1900 – Julio 28, 1960)



Fotografía extraída del libro "Gran Enciclopedia Argentina". Autor: Diego Abad de Santillán. Ediar Soc Anon, de Editores. 1966, Buenos Aires, Argentina.

Enrque Morim fue uno de los más conocidos amantes del premio nobel de literatura Jacinto Benavente cuando éste en 1922 hizo una gira americana.

Amorim, uruguayo, hijo de portugués y vasca, novelista (Las Quitanderas, sore la prostitución rural, por ejemplo) es, entre otras muchas cosas, el responsable del monumento a Lorca en Salto. Fueron amantes, por supuesto.

Aquí los vemos juntos




Hay quien dice que Amorim consiguió pactar con Franco para traerse los restos de Federico a Salto...

Recientemente, el joven periodista salteño radicado en Montevideo Juan M. Chaves, publicó un artículo en el portal El Boulevard -medio digital especializado en cultura- en el que, bajo el título “Los restos del poeta”, investiga y analiza una curiosa situación a partir de un rumor circulante en ámbitos internacionales: que los restos del poeta español Federico García Lorca pudieran estar enterrados en Salto, al pie de su monumento ubicado en la zona de la Piedra Alta, Costanera Sur.
Explica Chaves que sobre fines de 2010, con motivo de los cincuenta años de la muerte de Enrique Amorim, quiso escribir algunas líneas sobre él y para ello decidió venir a Salto, concretamente al chalet Las Nubes, para investigar sobre la supuesta venta de la casa, sobre objetos de alto valor cultural que habrían desaparecido del lugar, sobre documentos desconocidos, un “testamento con extraño contenido”, etc. Pero su propósito cambió totalmente de rumbo cuando la encargada del chalet le dijo: “Constantemente vienen visitantes extranjeros, en su mayoría arquitectos que quieren conocer la casa. Pero últimamente han venido varios españoles, acompañados por un escritor peruano. Eran un poco misteriosos. Como al pasar me dijeron que andan investigando a Amorim porque sospechan que él trajo los restos de Federico García Lorca y los enterró al pie de su monumento en Salto. Pero no me quisieron decir más que eso”. Hacia allí apuntó entonces la investigación del periodista.
Es sabido que los restos mortales del poeta español nunca aparecieron tras su fusilamiento en Granada, lugar también de su nacimiento. Al respecto indica Chaves: “Lorca fue fusilado junto a otras víctimas en Granada en el verano de 1936. Siempre se creyó que sus restos estaban en la fosa común del paraje de Fuente Grande, en Alfacar, a 9 quilómetros de Granada. Pero en los últimos meses de 2009, después de una ardua tarea de excavaciones en ese lugar, ‘no apareció un solo hueso’, ni los suyos ni otros. Los herederos del poeta, se oponían a la búsqueda…”.
El escritor peruano al que se refiere la casera de Las Nubes es, según el periodista salteño, Santiago Roncagliolo, novelista ganador del Premio Alfaguara en 2006.
En otro pasaje dice la nota de El Boulevard: “Ian Gibson, es el más consumado biógrafo de Lorca y quien reconstruyó rigurosa y minuciosamente cada detalle del crimen. El hispanista irlandés asistió a todo el proceso de la fallida exhumación y, para no volverse loco, llevó un diario de la búsqueda. Ese diario se convirtió en un libro: La fosa de Lorca. Crónica de un despropósito, que publicó en 2010 la editorial Alcalá, la misma que ahora ha hecho el convenio por toda la obra de Amorim y en la que trabajan Roncagliolo y Miguel Carini. La sospecha de Gibson de que tal vez a finales de los cincuenta se pudo pactar con Franco para sacar los restos de Federico, coincide con las fechas de construcción del monumento a Lorca. Amorim había viajado a la Unión Soviética y por Europa en 1954, y cuando volvió se puso en campaña para hacer un monumento similar al que había hecho a Quiroga para guardar sus cenizas”.
En un apartado de la nota de Chaves, que lleva como subtítulo “Tras la huella”, comenta el siguiente hallazgo en un blog de Internet: “En el blog de Rafael Ceballos, un editor español amigo de Roncagliolo, escribió el 25 de octubre de 2009: ‘¿Que tuviese la fortuna de encontrar testimonios, historia, fotos inéditas de Federico, ahora que está todo el revuelo de las fosas en Alfacar? ¿Que tuviesen cartas y documentos inéditos de Pablo Neruda, Jorge Luis Borges, Rafael Alberti…? ¿Que tenga una hipótesis alternativa sobre dónde pueden estar descansando los restos de García Lorca?’. No nombra a Amorim, pero debajo de esta confesión coloca una fotografía del escritor salteño”.
El tema está sobre la mesa. Bueno sería continuar investigando, aunque con prudencia. El propio Gibson le escribió a Chaves algunas palabras en las que reconoce que “La posibilidad de que los restos del poeta estén en Salto me parece mínima. Llevar a cabo la operación de localizar la fosa, desenterrar los restos y sacarlos de España sin que nadie se enterara en su momento… es impensable. Una operación de tal envergadura habría sido imposible de silenciar y a mi juicio jamás lo habría permitido el régimen. No sé si se trata de un ’stunt’ publicitario por parte de Roncagliolo. Esto es todo lo que le puedo decir por el momento”.
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MensajePublicado: Dom Ene 29, 2012 15:08    Asunto: Responder citando

Y aquí una reivindicación de la labor de este hombre

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MensajePublicado: Lun Ene 30, 2012 07:02    Asunto: Responder citando

Y aquí, con motivo de la promoción de la última novela del anterior, El amante uruguayo, un repaso periodístico desde Crónica.

Pongo el enlace donde se puede leer ,pero me imagino que tenéis que buscarlo en la página dos.

http://www.youkioske.com/prensa-espanola/cronica-el-mundo-29-enero-2012/
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MensajePublicado: Sab Feb 04, 2012 07:27    Asunto: Responder citando

Poeta en Nueva York en griego

Άυπνη Πόλη - Θανάσης Παπακωνσταντίνου




CIUDAD SIN SUEÑO

(NOCTURNO DE BROOKLYN BRIDGE)

No duerme nadie por el cielo. Nadie, nadie.
No duerme nadie.
Las criaturas de la luna huelen y rondan sus cabañas.
Vendrán las iguanas vivas a morder a los hombres que no sueñan
y el que huye con el corazón roto encontrará por las esquinas
al increíble cocodrilo quieto bajo la tierna protesta de los astros.

No duerme nadie por el mundo. Nadie, nadie.
No duerme nadie.
Hay un muerto en el cementerio más lejano
que se queja tres años
porque tiene un paisaje seco en la rodilla;
y el niño que enterraron esta mañana lloraba tanto
que hubo necesidad de llamar a los perros para que callase.

No es sueño la vida. ¡Alerta! ¡Alerta! ¡Alerta!
Nos caemos por las escaleras para comer la tierra húmeda
o subimos al filo de la nieve con el coro de las dalias muertas.
Pero no hay olvido, ni sueño:
carne viva. Los besos atan las bocas
en una maraña de venas recientes
y al que le duele su dolor le dolerá sin descanso
y al que teme la muerte la llevará sobre sus hombros.

Un día
los caballos vivirán en las tabernas
y las hormigas furiosas
atacarán los cielos amarillos que se refugian en los ojos de las vacas.

Otro día
veremos la resurrección de las mariposas disecadas
y aún andando por un paisaje de esponjas grises y barcos mudos
veremos brillar nuestro anillo y manar rosas de nuestra lengua.
¡Alerta! ¡Alerta! ¡Alerta!
A los que guardan todavía huellas de zarpa y aguacero,
a aquel muchacho que llora porque no sabe la invención del puente
o a aquel muerto que ya no tiene más que la cabeza y un zapato,
hay que llevarlos al muro donde iguanas y sierpes esperan,
donde espera la dentadura del oso,
donde espera la mano momificada del niño
y la piel del camello se eriza con un violento escalofrío azul.

No duerme nadie por el cielo. Nadie, nadie.
No duerme nadie.
Pero si alguien cierra los ojos,
¡azotadlo, hijos míos, azotadlo!
Haya un panorama de ojos abiertos
y amargas llagas encendidas.
No duerme nadie por el mundo. Nadie, nadie.
Ya lo he dicho.
No duerme nadie.
Pero si alguien tiene por la noche exceso de musgo en las sienes,
abrid los escotillones para que vea bajo la luna
las copas falsas, el veneno y la calavera de los teatros.
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MensajePublicado: Jue Mar 01, 2012 19:21    Asunto: Responder citando

Luis Antonio de Villena nos pone en antecedentes personales de Lorca para la construcción de Poeta En NY

Lorca (se lo oí al gran letrista Rafael de León) amó mucho, pero tuvo la desdicha de que esos amores no fueran correspondidos o lo fueran de una manera irregular, atípica, muy propia de una homosexualidad tabuada y reprimida, en la época. Y hablando de Lorca, nunca puedo dejar de acordarme de Vicente Aleixandre, que fue uno de sus mejores amigos, y que pese a los años transcurridos siempre se refería a él, entrañablemente, como a Federico…

Recuerdo una tarde en que hablando del poeta granadino, Aleixandre me dijo: Tú habrás oído eso de que Federico se marchó a Nueva York, en 1929, para aprender inglés… Mentira. A Federico le hicieron casi ir allí (y él lo aceptó, porque estaba destrozado) para poner tierra por medio. Necesitaba huir de un gran amor, quizá del mayor amor de su vida, un escultor joven y guapo que se llamó Emilio Aladrén y a quien Federico dedicó un poema en su “Romancero gitano”, uno que se titula “El emplazado” y que comienza: “¡Mi soledad sin descanso!”, y que tiene después un fragmento muy “epéntico”: “Los densos bueyes del agua/ embisten a los muchachos/ que se bañan en las lunas/ de sus cuernos ondulados…” (Decía Aleixandre que Lorca había inventado la voz “epéntico” para referirse en público a la homosexualidad sin ser comprendidos de otros, como hasta no hace mucho se decía “fulanito entiende”).



Nacido en Madrid en 1906 –cuenta Ian Gibson- Emilio Aladrén, hijo de una madre vienesa oriunda de San Petersburgo (lo que le daba un aire levemente oriental a la belleza morena del chico) había ingresado en la escuela de Bellas Artes en 1922. Allí se hizo amigo y amante de la extravagante pintora Maruja Mallo, quien lo recordaba como a “un efebo griego”. Conoció a Lorca en 1925 y un año después, como la propia Maruja reconocía, “Federico me lo quitó”. La cosa no debía ser muy seria, porque la propia Maruja no le daba al hecho de ser “dejada” demasiada importancia. Maruja era surrealista y divertida y creía en el amor libre. En 1927, cuando la relación está en su apogeo, Federico tiene 29 años y Emilio 21.

García Lorca presentó a Aladrén a todos sus amigos y trató de convencerlos (al parecer con menguado éxito) de que estaban ante un escultor genial. Emilio Aladrén pertenecía sin duda a esa clase de jóvenes –más frecuente entre los guapos- que aunque básicamente heterosexuales, no dudan, en alas de la seducción y del agasajo, de utilizar ocasionalmente su bisexualidad. Lo que suele ser tan maravilloso como –eventualmente- dramático.

Otra vez Aleixandre. Yo le pregunté: Debía ser un amor difícil, pero ¿se acostaban? A lo que Vicente me contestó muy picarón: Pues, claro. Menos de lo que Federico deseaba, porque él estaba enamoradísimo, pero se acostaban. Una mañana (de Domingo, creo) recibí una llamada telefónica desde un hotel de Ávila, era Federico. Recuerdo muy bien que me dijo: Estoy aquí con Emilio, todavía no nos hemos levantado… Me parece que fue la primera vez que lo hicieron.

Sin embargo, es obvio que vivir un amor en el que uno se desvive de ardor, mientras que el otro sólo se deja querer, hace el Narciso, y coquetea esplendente, es tarea harto improbable. Lorca venía del frustrado amor con Dalí, y se topó con el frustrante amor por Aladrén. No es de extrañar así que en el currículum erótico de Lorca abunden los sólitos amores venales, como sus amigos también conocían. A mediados de 1928 (cuando el “Romancero gitano” es un éxito resonante, que consagra a Lorca como el primer poeta de su generación) Emilio Aladrén entra en una relación más seria, que pone a prueba la frágil estabilidad de Federico. Conoce a una chica inglesa, Eleanor Dove, que ha venido a Madrid como representante de la casa de cosméticos Elizabeth Arden. Emilio no puede resistirse y unos años después la hará su mujer. Federico escribe, deprimido, a otro de sus íntimos amigos, Rafael Martínez Nadal: “Estoy convaleciente de una gran batalla y necesito poner en orden mi corazón”. En esas fechas Emilio acaba de terminar una cabeza en escayola que hizo de Federico, y que aparentemente no se conserva, auque consta que al retratado le gustó.

La situación era tensa y no parecía apaciguarse. De un lado, García Lorca aclamado como gran poeta por amigos y lectores (su primera fama verdaderamente pública) y de otro una situación sentimental calamitosa, opresiva, maníaca, de la que Federico no logra recobrarse. Tanto fue así que su familia, alarmada, decidió –o instó al poeta- para que se matriculara un curso en la Columbia University de Nueva York, para –según las palabras de Vicente Aleixandre- poner tierra por medio. Los amores que no andaban la misma ruta, al fin, no habían podido encontrarse. Y la alarma del deseo insatisfecho (o más, del desamor) era tremenda. Federico tardó en curarse de la relación con Aladrén. Cierto que Nueva York sería la ciudad de los negros, un nuevo descubrimiento, también en parte erótico, pero eso es evidentemente otro capítulo. Cuando regresó a Madrid, a fines de 1929, con nuevos y bullentes proyectos iniciados –poemas de ígnea armonía surrealista- Federico se vio todavía, alguna vez, con Emilio Aladrén, para continuar como amigos. Pero todo pasó y todo se fue alejando. Vicente Aleixandre me contaba todavía: Entonces Federico venía a casa y me decía, nos hemos equivocado, creíamos que Emilio era un gran artista y resulta que no lo es. A lo que yo le replicaba de inmediato: No, querido Federico, no nos hemos equivocado. El único que se había equivocado eras tú. Y Federico se reía…

Federico García Lorca (hasta su trágica muerte, en agosto de 1936, con 38 años) no llegó a conocer el profundo, casi telúrico amor que buscaba, y del que sus obras, desesperadas y magníficas, dan buena cuenta. Un joven actor gallego para el que escribió poemas en esa lengua y (se ha dicho, pero no importa repetirlo) no pocos amores mercenarios –quizás amores no sea la palabra- entre los que alguna carta menciona a un torerillo… En cuanto a Emilio Aladrén, efectivamente, fue escultor y parece que tuvo algún éxito, poco después de la Guerra Civil, haciendo bustos en bronce de prohombres franquistas. ¡Menuda paradoja! Aleixandre me narró (una vez más) que Aladrén iba muy de cuando en cuando a verle, en los años 40. Finalizando esa década murió prematuramente. Iba a casa de Aleixandre a buscar una parte de su pasado. Pero todo –como para tantos- se había desvanecido. Vicente me contaba que tenían poco de qué hablar. Y que a veces, cariñosamente, rezongaba él para si mismo: ¡Vaya herencia que me ha dejado Federico! Pues el famoso amigo muerto era la única excusa para verse.

El amor (diría una novela policíaca) no fue tampoco posible.

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MensajePublicado: Dom Mar 11, 2012 03:53    Asunto: Responder citando








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MensajePublicado: Dom Abr 29, 2012 09:08    Asunto: Responder citando

La vida sentimental de Federico García Lorca (1898-1936) se ha escrito tarde, quizá no completa y entre muchísimos pudores que venían de un tiempo gazmoño –en España- y del hecho de que dos hermanos de Federico, Paco e Isabel, fueran mucho tiempo totalmente refractarios a que se hablara nada sobre la homosexualidad de su hermano. Incluso quisieron negarla, hasta que resultó del todo imposible. Además quienes habían conocido muy bien esa historia (íntimos de Federico) tampoco la hablaron en público. Nos la contaron sólo a algunos amigos, y eso hizo que su testimonio directo se escapara a los biógrafos…

Todavía cuando, en los años 60, la escritora e hispanista francesa Marcelle Auclair, que vivió en Madrid parte de los años de la 2ª República, y que conoció muy bien a Lorca y su entorno, habló con naturalidad de los amores masculinos de Federico y su sufrimiento, Auclair (inteligente y lúcida) fue prácticamente condenada al ostracismo. En realidad parece –y esa es mi tesis y la que heredé de los amigos del poeta, a los que traté con intimidad- es que Lorca, buscador de un “gran amor”, nunca llegó a encontrarlo plenamente. El libro de Ian Gibson (biógrafo oficial de Federico) “Lorca y el mundo gay” -2009- no hace más que remachar lo sabido, pese a tantos obstáculos iniciales… Tanto para Vicente Aleixandre,o Rafael Martínez Nadal, como para Eduardo Blanco-Amor, los tres íntimos de Lorca a los que traté con cercanía, el “gran amor” (realizado y no) de Federico, fue Emilio Aladrén, ocho años menor que Lorca, escultor mediocre según la mayoría, pero muy atractivo y de aire moreno orientalizante por línea materna. Aladrén había estado con la pintora Maruja Mallo, para volverse hacia Federico. Nadie dudó del amor del poeta (que dedicó a Aladrén un poema en “Romancero gitano”, “El emplazado”) y todos aseguran que ese deseo se consumó -hablamos del entorno de 1926- hasta que en el 28, el bisexual Aladrén (todos los “novios” de Federico fueron bisexuales) conoció a una inglesa, representante de la casa Elizabeth Arden en Madrid y se fue con ella. Para Federico –que no tenía inconveniente alguno en practicar el amor venal, en sus largas noches- aquello fue un derrumbe que sólo pudo salvarse viajando a Nueva York en 1929. Allí descubrió el poder sexual de la negritud, como le escribió a Martínez Nadal en cartas lúbricas que vi (en 1982) pero que permanecen inéditas sino han sido destruidas como Rafael aunciaba. Allá reencontró también a un guapo norteamericano que conoció en la Residencia de Estudiantes, y con el que renovó el idilio –como descubrió Dionisio Cañas. La historia con Philip Cummings, aunque recordada por este último desde la vejez con cariño, no pudo ser más que un idilio sentimental, en medio de tanto sexo negro, que continuaría en Cuba en 1930.

Allí (entre literaturas) conoció a los ricos hermanos Loynaz, hermanos de la poetisa Dulce María. Se sabe que uno de ellos, Enrique Loynaz, un gay muy abierto, hizo buena amistad con Federico y le dedicó un poema en su libro “Alas de sombra”… Dicen que Enrique Loynaz (esos días) quemó un gran auto en el parque de su villa y cuando Lorca le preguntó porqué lo hacía, respondió con naturalidad: “ Se ha subido una mujer…” Loynaz pudo ser otro amor pasajero de Lorca, como el mexicano Salvador Novo (que imitó uno de los romances gitanos) ¿o estaban, en verdad, demasiado cerca? Mas el testimonio importa mucho, porque sino fueron amantes sí le debieron presentar a múltiples muchachos consentidores.

De vuelta a España (y a las venalidades) surge Eduardo Rodríguez Valdivieso, granadino, y al que Federico conoce en 1932. Valdivieso –que se mantuvo muchos años en silencio- parece que fue como el “amor” local de Lorca, pero nunca posee la misma pasión que los que llamaremos “importantes”. Ni Martínez Nadal ni Aleixandre hablaban de él. Se sabía que Serafín (gran amor de Luis Cernuda) se le había presentado una noche en un bar a Federico y este –inapetente o no era su estilo- se lo envió con una nota manuscrita de presentación, que se conserva, a Luis. Por esa época, Federico viaja con gran éxito de su teatro a Buenos Aires donde es muy esperado. Mujica Laínez (periodista joven en la época) me contó que él acompañó a Federico varias noches a tabernas de marineros en el puerto… También ahí sitúa el escritor uruguayo Santiago Roncagliolo –un tanto amante de llamar la atención- la relación fabulosa y con tintes mortuorios que narra en su libro “El amante uruguayo”(2012), que une a Lorca con Enrique Amorim (1900-1960). Amorim, rico, casado, izquierdista y derechista, medio uruguayo medio argentino, amigo un tiempo de Borges –que le dedicó el cuento “Hombre de la esquina rosada”- fue según todos los amigos uruguayos que he consultado (especialmente Cristina Peri Rossi, que conoce el tema y no cree a Roncagliolo) un criptogay,que no salió del armario si no en muy estricta intimidad. ¿Hubiera sino amigo, sino, de un Borges tan claramente homófobo?- Claro que Enrique Amorim, con nombre en el Río de la Plata y poco conocido entre nosotros, conoció a Lorca, lo festejó y se hizo amigo suyo… Supongamos que se acostaron alguna vez. ¿Es eso “gran amor”, ese que Federico nunca tuvo? Roncagliolo exagera pero está bien porque saca a relucir más relaciones lorquianas, por efímeras sentimentalmente que fueran…

Parece que los últimos pretendidos “amores” de Federico llegaron con su vuelta a España en 1934. El escritor gallego Banco-Amor, hombre refinado y cordial, me contó poco antes de morir, que él ayudó a Federico (que no sabía gallego) a escribir o pulir sus famosos “Poemas galegos” de 1935 para un muchacho galaico que iba en “La Barraca”… No recuerdo el nombre que dijo Blanco-Amor, que acaso no es el mismo que el último “gran amor” conocido de Federico, Rafael Rodríguez Rapún, (“Tres erres”, le llamó Lorca) doce años menor que Federico, y seguro destinatario de los inacabados (en opinión de Aleixandre) “Sonetos del amor oscuro”, que con esa “oscuridad” no aludían a la homosexualidad, sino al intrínseco desgarro de un amor, sólo correspondido en parte…

¿Y dónde dejamos a Dalí, según algunos el primer deseo confeso y homosexual de Federico, en la Residencia y a partir de 1922, con estancias en Cadaqués? A Dalí le gustaba jugar con el imaginario homosexual, pero sólo eso. Dijo que fue amigo de Federico y que lo admiró, pero que tenía miedo de la homosexualidad o sus actos. Relación mucha, amor poco. Aunque el modelo colombiano Carlos Lozano, ya fallecido, “muso” en ocasiones de Dalí, cuenta en su libro “Sexo, surrealismo, Dalí y yo” (2000), que don Salvador preparaba sesiones gays y esteticistas en sus suites parisinas del Hotel Meurice, aunque sólo hiciera de interesado “voyeur”… ¿Hemos bosquejado una triste historia, con no poco sexo? Sólo la búsqueda de un “gran amor” que nunca llegó. ¡Pobre Lorca!

Luis Antonio de Villena
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MensajePublicado: Jue May 10, 2012 05:06    Asunto: Responder citando





Juan Ramírez de Lucas (Albacete, 1917-Madrid, 2010), periodista y crítico de arte, no quiso llevarse a la tumba su secreto. Guardó silencio durante más de 70 años, con todos los recuerdos (dibujos, cartas, un poema, su diario…) de su tragedia sentimental ocultos en una caja de madera. Sin embargo, antes de fallecer, entregó a una de sus hermanas su legado para que se hiciera público. Pese al férreo silencio que mantuvo en vida, apoyado por los propios amigos de la pareja que respetaron su intimidad, Ramírez de Lucas no quiso que la memoria de su gran amor de juventud, el poeta Federico García Lorca, se perdiera para siempre.

La pareja se conoció en el convulso Madrid republicano, donde mantuvieron su idilio de espaldas a sus familias, una de ideas muy conservadoras y otra socialista pero con sentimientos cercanos en cuanto a la homosexualidad. Culto y muy atractivo, Ramírez de Lucas soñaba con ser actor y Lorca prometió llevarlo por los teatros del mundo. Locamente enamorados decidieron escapar juntos a México. La situación de Lorca en Madrid, convertido ya en un autor de éxito en medio mundo y una de las figuras más odiadas por los grupos violentos de derechas, se hacía más peligrosa por momentos. Sus amigos le advirtieron del peligro que corría, pero el poeta no quería viajar solo. La pareja se despidió, el mes de julio de 1936, en la estación de Atocha. Ramírez de Lucas, que apenas contaba 19 años, iba camino de Albacete, buscando el permiso familiar (la mayoría de edad era a los 21) para poder marcharse a América con el poeta. Lorca subió al tren rumbo a Granada para despedirse de sus padres antes de partir para México.

La vuelta a escena de Ramírez de Lucas ha sido saludada por los expertos lorquianos, dada la importancia histórica que supone que afloren nuevos documentos que ayuden a comprender mejor la historia. Laura García Lorca, sobrina del poeta, que conocía la existencia de la carta, aseguró que podría tratarse de “material de enorme interés para el archivo de la Fundación Lorca”. Una novela de Manuel Francisco Reina, Los amores oscuros, que Temas de Hoy publica el 22 de mayo, recupera la relación de ambos. Los herederos de Ramírez de Lucas, que negocian con una editorial la posible publicación del diario y otros documentos, no quisieron aportar ningún dato a este diario, alegando problemas de herencia y de criterios sobre el destino del legado.

A estas alturas del siglo XXI sobra contar que los planes de la pareja no pudieron salir peor. Como sospechaba Ramírez de Lucas su padre puso el grito en el cielo y amenazó con poner el asunto en manos de la Guardia Civil si intentaba salir de Albacete sin su autorización. Lo había mandado a Madrid para estudiar administración pública y, pese a los buenos resultados escolares, había defraudado su confianza. Su vida paralela como actor en el Club Teatral Anfistora, creado por Pura Ucelay para estrenar, entre otras, las obras de Lorca, no encajaba para nada en sus planes, y menos aún su relación sentimental con un poeta homosexual. Trató de intermediar a su favor Otoniel, el mayor de sus 10 hermanos, miembro de las Juventudes Socialistas y el único que conocía su doble vida, pero fue en vano. Simultáneamente, desde la Huerta de San Vicente en Granada, Lorca telefoneaba animándole a que fuera paciente y comprendiera a su familia. Pensaba que se impondría la razón y acabarían entendiéndolo. Llegó una carta, fechada en Granada el 18 de julio, pero ahí perdió su rastro. El arresto de Lorca, en casa de la familia Rosales, y su fusilamiento no fueron conocidos en los primeros momentos en la confusión de la guerra. El asesinato del poeta dejó a Ramírez conmocionado. Su sentimiento de culpa no hizo sino aumentar con el paso de los años.

Tras su paso por la División Azul para limpiar su pasado, Ramírez de Lucas regresó a Madrid y rehizo su vida. Solo Agustín Penón, el escritor que viajó a Granada para investigar la muerte de Lorca en 1955, descubrió la relación y dejó constancia de ello en sus anotaciones, que posteriormente serían publicadas, en primera instancia, por Ian Gibson y después recogidas también en la edición que Marta Osorio realizó de la maleta de Penón. Se trataba en ambos casos de unas pocas líneas perdidas entre cientos de páginas, algo que alentó el propio amante de Lorca al no contestar a los requerimientos de ninguno de los estudiosos. Perdido en el anonimato que ofrece una gran ciudad, recurrió al poeta Luis Rosales, gran amigo de Lorca, quien lo ayudó a entrar en el diario Abc, donde comenzó su carrera como crítico de arte y arquitectura, que luego desarrollaría en otros medios especializados.

Comenzó a redactar un diario y nunca se desprendió de los recuerdos que le unían a Lorca, entre ellos un poema escrito en el reverso de una factura de la academia Orad, donde estudiaba en Madrid. No contó su relación con Lorca ni a su nuevo compañero, con el que vivió 30 años. “Tenía encanto, sentido del humor, personalidad y era muy atractivo”, cuenta Julia Sáez-Angulo, vicepresidenta de la Asociación de Críticos de Arte, quien lo valora como un pionero en la crítica de arquitectura y un gran experto en arte popular.

Tras dos años de investigación exhaustiva, que ha volcado en su novela testimonial, Manuel Francisco Reina tiene claro que Ramírez de Lucas fue el protagonista último de los Sonetos del amor oscuro. Para el biógrafo Ian Gibson la recuperación de la documentación, que obra en poder de los herederos de Ramírez de Lucas, sería fundamental para aclarar los últimos días de Lorca. “Intenté entrevistarle, pero no fue posible. Sabía que era un personaje fundamental pero supongo que su silencio tuvo que ver con el tema gai”.

Todos los expertos en la obra del poeta aplaudieron ayer la noticia. Para Félix Grande la sorpresa fue escuchar su nombre: “Sabíamos que había un gran amor, que en cierto modo inspiró los Sonetos de amor oscuro, pero no sabíamos cómo se llamaba”, explicó el poeta. “En las muchas conversaciones que tuve con Rosales me contó que durante los días que Lorca pasó escondido en su casa corregía sin parar esos versos. Nunca logré que me diera el nombre. Le había prometido a Federico que mantendría el secreto y era una persona de palabra”. Para el flamencólogo, que una historia de ese calibre permanezca oculta prueba el mundo en que vivimos tres cuartos de siglo después del asesinato. También el poeta Antonio Hernández conocía la relación. De hecho, lleva tiempo trabajando en un libro que cerraría la obra poética de Luis Rosales en el que aborda, entre otros, el tema de la homofobia y de Lorca y en el que aparece Ramírez de Lucas.
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MensajePublicado: Jue May 10, 2012 16:12    Asunto: Responder citando

Aquel rubio de Albacete
vino, madre, y me miró.
¡No lo puedo mirar yo!
Aquel rubio de los trigos
hijo de la verde aurora,
alto, sólo y sin amigos
pisó mi calle a deshora.
La noche se tiñe y dora
de un delicado fulgor
¡No lo puedo mirar yo!
Aquel lindo de cintura
sentí galán sin...
sembró por mi noche obscura
su amarillo jazminero
tanto me quiere y le quiero
que mis ojos se llevó.
¡No lo puedo mirar yo!
Aquel joven de la Mancha
vino, madre, y me miró.
¡No lo puedo mirar yo![youtube][/youtube]
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