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HECTOR AVELLAN



 
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DELLWOOD
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Registrado: 25 May 2001
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MensajePublicado: Dom May 11, 2008 11:22    Asunto: HECTOR AVELLAN Responder citando

Poeta nicaragüense

Me permito, si me lo permite el amplio comité de censura de nuestro país, emitir, expresar, compartir y dedicar estas reflexiones principalmente a homosexuales y lesbianas nicaragüenses que se reconozcan como tales.
Reflexiones en torno a la reciente batalla librada por el medio de comunicación de la más rancia derecha de nuestro país, La Prensa, y por la señora Elida de Solórzano, a quien la alta jerarquía católica ha premiado asignándole la lección inaugural del año lectivo de la Universidad Católica.

Quijotesca batalla librada en contra de fantasmas que despierta, en sus más católicas pesadillas, la aprobación de la Ley de Igualdad de Oportunidades. Es decir en contra del trabajo del beligerante movimiento de mujeres nicaragüenses.

¿Es esto un debate?

Debemos aclarar que en Nicaragua no existe un conjunto de intelectuales que se dedique a pensar, no sólo las cuestiones nacionales, sino las cuestiones de la historia del pensamiento integrando aquella historia que no se cuenta, que permanece oculta. Como la historia del Movimiento de mujeres, por ejemplo.

Quizás esto se deba a que nuestros ilustres intelectuales, con alguna que otra excepción, pertenecen a grupos de poder dueños de los medios o allegados. O en su formación temprana han accedido a una información básicamente católica.

En esta visión del mundo, y salvo en casos excepcionales, los otros y las otras no tenemos derecho a la expresión pública. Luego porque el tema del debate, el peligro que representa para la cultura nicaragüense la igualdad de derechos para homosexuales y lesbianas, ha sido impuesto, y no responde a intereses de construcción y desarrollo para el país.

Además que la referida Ley no hace mención explícita, en ningún momento, en ninguna de sus partes, de los argumentos de propiciar el matrimonio entre personas del mismo sexo o de promover el aborto, como vociferan sus detractores. Las leyes son leyes y no metáforas, no deben prestarse a interpretaciones antojadizas de ningún tipo.

En los casos excepcionales, cuando algunos teóricos o emisores de discurso tratan el tema no se sitúan desde la reivindicación, sino que defienden un supuesto orden simbólico que basa la cultura en la diferencia y la complementariedad de los sexos. Asimismo sus discursos por lo general no responden a la ciencia sino a la opinión personal o a la ideología.

El extraño caso de la señora Solórzano

La exprofesora del colegio Teresiano repetía con insistencia a sus niñas alumnas que las feministas son mujeres malas que se dejan crecer pelos en los sobacos, lo decía incluso a modosas niñas que hoy ostentan buenas matas bajo el brazo.

Dedicada con terquedad y fanatismo a imponer su visión de la vida, y con una demanda por injurias y calumnias en proceso en un juzgado local, los escritos de la señora Solórzano, aparecidos constantemente en la página de opinión del mencionado diario, cargados de un explícito y sospechoso odio a homosexuales y lesbianas, tampoco son textos teóricos. Sino intervenciones ideológicas, políticas y religiosas cuyo objetivo declarado es alcanzar fuerza de ley, propuestas destinadas a dar forma a la legislación que regulará nuestras vidas.

El arma que nos apunta, el dedo que nos señala

Una de las principales reglas de la defensa personal es, supongo y cuando es posible, la identificación del arma con que se nos amenaza. A homosexuales y lesbianas, y al movimiento de mujeres, el arma con que se nos ha atacado históricamente ha sido la injuria, es decir, la ofensa, el ultraje, el agravio, el insulto, el desprecio, el vilipendio, el escarnio.

Es decir, que no han sido argumentos científicos los que me dicen que, por ser homosexual, soy anormal o inferior, que soy alguien sobre el que otro tiene poder, el poder de ultrajarme. La injuria es pues, como bien dice Didier Eribon, la expresión de la desigualdad entre los individuos, entre quienes son legítimos y quienes no lo son.

Entonces la injuria, el insulto, que nos acompaña a homosexuales y lesbianas toda la vida, a diario, moldea nuestra identidad, nuestra personalidad y hasta lo más íntimo de nuestra conciencia. Somos lo que somos por estas palabras de insulto, de estigmatización hasta el infinito, que con mucho apasionamiento nos dedican en cualquier momento, cualquier circunstancia, y hasta cuando menos lo esperamos.

¿Pero qué es ser homosexual o lesbiana en Nicaragua, quiénes somos y dónde se nos encuentra?

En Nicaragua no existe comunidad homosexual ni lesbiana, sino que circulamos en el anonimato, nos movemos en sitios públicos de encuentro improvisados, somos noticias esporádicas y sensacionales de los periódicos, en el mejor de los casos beneficiarios de proyectos de instituciones no gubernamentales cuyo trabajo se enfoca en la prevención del SIDA en este sector de la población principalmente (como que no fueran las estadísticas mundiales más que claras al registrar una cantidad mayor de heterosexuales infectados e inconscientes acerca la problemática del SIDA y como que fuera esta la prioridad de las personas homosexuales y lesbianas que padecemos a diario discriminación en este país), o, en el peor de los casos, blanco y objeto de ataques y agresiones verbales en periódicos, televisión, en la calle y hasta en nuestras propias casas.

¿Pero qué es ser homosexual? Para homosexuales y lesbianas plantea un conjunto de estereotipos impuestos por la sociedad patriarcal, por la dominación masculina heterosexual. Porque cuando descubrimos o nos damos cuenta de que somos homosexuales, inmediatamente ocupamos un lugar en la sociedad que existe antes de nosotros, donde las reglas del juego ya están decididas, como escritas sobre piedra en las mentes de nuestros predecesores, y hasta en algunas y algunos contemporáneos, y no tenemos derecho a la negociación.

Pero ser homosexual no se define por una sola manera de ser, sino que hay mil y una formas de vivir la homosexualidad o el lesbianismo, y esta forma está determinada por la clase social, la raza, el medio académico en que nos desarrollamos y otros muchos factores. Por eso los homosexuales abarcamos desde el cochón despreciado que baila en las fiestas patronales de nuestros pueblos y en quienes descansa la vigencia de nuestras tradiciones, hasta el encorbatado oficinista que se fuga por las noches en su carro a recorrer las calles de Managua en busca de algún levante o que se va de pesca teniendo a su esposa e hijos dormidos en casa.

En el caso de las mujeres lesbianas no es lo mismo, éstas, a diferencia de los homosexuales que al menos bajo algunas circunstancias somos tolerados, como en fiestas patronales o en algunos oficios, como estilista o bailarín, a las mujeres lesbianas no se les otorga ningún espacio en nuestra sociedad.

Viven en nosotros innumerables otros o la esperanza es un barco sin brújula Personalmente me aterra que nuestro mundo, nuestro país, nuestra vida privada, sea regida y regulada por opiniones personales, por intereses ideológicos y religiosos, criterios que aún hoy, más allá del año dos mil, son privilegiados sobre los criterios de la ciencia con sus métodos científicos.

Entonces, el supuesto debate al que asistimos o del que somos simples y mudos testigos, deja claro que no hay frontera o es difícil saber hasta dónde llega la vida pública y dónde la privada. Las vidas privadas son regidas o reguladas por el derecho, y éste es instituido por la política, y aquí el que tiene más galillo traga más pinol.

En nombre del interés superior de la sociedad se decide sobre nuestras vidas. Pero nosotros formamos parte de esta sociedad al igual que ellos y ellas. Por eso permítanme que hable también en nombre de ustedes, principalmente de aquellos y aquellas que no estamos dispuestos a someternos a ninguna imposición, porque seguiremos, no en el ámbito público, quizás, sino en el privado, como siempre lo hemos hecho, derribando barrera por barrera, comenzando por las barreras mentales, haciendo valer nuestra forma de vida y nuestras elecciones. Nadie debe decidir por mí a quién debo amar, con quién, siendo adultos, debo acostarme. Tengamos presente siempre que ésta es la única vida que tenemos, no podemos dejar en manos de nadie el cómo vivirla
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DELLWOOD
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MensajePublicado: Dom May 11, 2008 11:23    Asunto: Responder citando

La rana tenía un estanque, un charco, una piedra, una casa y bajo las piedras huevezuelos como espuma.

El albatros tenía un cielo, un mar y anchas alas.

La rana invitó al albatros a vivir en su estanque.

El albatros quiso saltar como lo hacía la rana,
pero sus alas eran gigantes
y su tamaño colmaba el estanque.

La rana se acurrucó como pollo
bajo las alas del albatros.

Entonces el albatros de alas gigantes
que le impedían caminar, vio en el cielo un avión
y creyó que era otro albatros.

Equivocado echó a volar tras el avión,
por encima de los valles y los mares y las nubes.

La rana se puso triste,
creyó que el albatros no había hallado calor
en su sangre fría.

Más triste se puso cuando con
nostalgia de alas
vio al cielo:

sangre y plumas en la ventanilla del avión
impedían un tranquilo aterrizaje.
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