elaleph.com
foros de discusión literaria
 
 FAQFAQ   BuscarBuscar   RegistrarseRegistrarse 
 Entre para ver sus mensajes privadosEntre para ver sus mensajes privados  Chat Chat    LoginLogin 
 Biblioteca de libros digitalesLibros Digitales   Edición en demandaPublicar un Libro   Foros PrivadosForos Privados   CelularesCelulares 

La escritora Pola Oloixarac



 
Publicar nuevo tema   Responder al tema    Foros de discusión -> Obras Literarias
Autor Mensaje
Clio
Miembro Senior
Miembro Senior


Registrado: 15 Jul 2006
Mensajes: 5732
Ubicación: Ciudad Aut. de Bs. As., Argentina

MensajePublicado: Lun Jul 20, 2009 05:22    Asunto: La escritora Pola Oloixarac Responder citando

MUJERES-ARGENTINA: Escritoras que saltan del corral

Por Marcela Valente


La escritora Pola Oloixarac


Crédito: Carolina Camps/IPS



BUENOS AIRES, jun (IPS) - La primera novela de una escritora argentina, narrada desde un personaje que escapa al estereotipo de literatura femenina, despertó las más virulentas descalificaciones sexistas en ámbitos a priori insospechados de esos prejuicios, como la crítica literaria y los lectores instruidos.

El ensañamiento que provocó Las teorías salvajes, "es una muestra de que en Argentina no existe el más mínimo dejo de corrección política cuando se trata de mujeres, ni siquiera en el ámbito cultural", denunció a IPS la joven autora de la novela, Pola Oloixarac.

"El libro genera violencia verbal y agitación sexista justamente porque no lidia con temas asociados con la ‘literatura femenina’, sino que hace crítica sociológica con erudición e ironía, que son valores supuestamente masculinos", concluyó.

El "caso Pola" es emblemático pero no único. La profesora de letras de la Universidad de Buenos Aires, Elsa Drucaroff, autora de ensayos y novelas y crítica de la producción de jóvenes escritores argentinos, explicó a IPS que el escándalo emerge cuando una autora "sale del corral".

El estereotipo dicta que "la escritora habla de sí misma y de sus amores", ironizó.

En ese esquema, también hay una literatura de mujeres independientes. Es la versión "chick lit" (literatura de chicas), que muestra a mujeres glamorosas y autónomas, con su paradigma de mercado en la serie estadounidense "Sex and the City".

Pero si las autoras escapan de este nicho en cualquiera de sus versiones, empiezan las descalificaciones. "A la literatura femenina no se la toma en serio", afirmó Drucaroff, "cuando es buena, dicen que parece escrita por un hombre".

Para la experta, los prejuicios sexistas en el ámbito literario son ahora vergonzantes y se ocultan detrás de cierta crítica literaria, pero tienen una larga tradición.

Recordó que en 1939 el autor uruguayo Juan Carlos Onetti (1909-1994) escribió que con las "doblemente bellas letras femeninas" sucedía algo curioso. "Antes las mujeres se dedicaban casi exclusivamente a la poesía. Cantaban al amante, a Dios, a los árboles, a los recién nacidos", citó.

"Cada comarca tenía su poetisa oficial y todos muy contentos", recordaba Onetti con nostalgia, cuando descubrió a mujeres que "no se conforman" con sonetos y escriben "sobre Cristo, Marx, el Cosmos o la técnica del autor del Bisonte de Altamira".

Para Drucaroff, estos prejuicios siguen manifestándose, aunque menos libremente. Ahora se encasilla a la literatura de mujeres, desde la industria y desde la crítica, y el castigo recae sobre quienes se resisten al corsé.

Es el caso de la novela de Oloixarac. Pero también el de Samanta Schweblin, Alejandra Laurencich o Cecilia Szperling, por mencionar algunos nombres de la nueva narrativa argentina.

Schweblin, galardonada con el Premio Casa de las Américas 2008 por su libro de cuentos "Pájaros en la boca", recibió en abril una crítica sexista de su compatriota y escritor Patricio Prom, desde la revista peruana Etiqueta Negra.

Al comentar la visita de la escritora a España, Prom escribió: "Schweblin abría los ojos y no decía nada. Parecían los ojos de un venado que ve cómo la noche se parte en los haces de luz de un camión que se dirige hacia él y no puede moverse. Quizás comprende que allí se acaba lo que se daba".

Para Drucaroff, los cuentos de Schweblin son "de lo mejor de la nueva narrativa". En su ficción, escapa del estereotipo. Pero Prom no lo pondera así. "Samanta ya estaba entre lo mejor que hubiera escrito una mujer en Argentina en los últimos 10 años, lo que no era exactamente mérito suyo sino culpa de sus colegas", opinó.

La novela de Oloixarac, publicada por una pequeña editorial a fines de 2008, agotó la tirada en dos meses, pero a la vez inspiró críticas furibundas. La mayoría de los críticos, según Drucaroff, confunde a la narradora con la escritora, y ataca a esta última por los desvaríos de la primera.

"Decir que Oloixarac es una escritora de derecha sería erróneo. No es escritora", sentenciaron dos críticos de la revista Planta pese a que dedican al primer libro de esta "no-escritora" unas 300 líneas. "Es una novela sin amor", le reclamaron.

Oloixarac explica por qué cree que la novela despierta rechazo. "Es deliberadamente política, tiene una relación fuerte con el saber, juega partidas simultáneas con distintas disciplinas y reconstruye las imposturas de la izquierda cultural", dijo.

Pero su descargo no satisface a todos. En el diario Crítica, el comentarista de su libro fue demoledor. "Pobre Pola. Es bonita, virtuosa, pero sigue escribiendo para los profesores", afirmó.

Otros, que valoraron su trabajo, no pudieron evitar entrever a un hombre escondido en su literatura. "Una Fogwill con polleras (faldas)", la definió uno, en alusión al innovador escritor argentino Rodolfo Fogwill.

Pero es en los blogs de lectores eruditos, escritores y estudiantes de letras donde se da rienda suelta a los comentarios más revulsivos, que se potencian ante las imágenes de una escritora que además de inteligente es bonita y no lo oculta.

En uno donde se publica su foto hay decenas de exabruptos. Uno de los menos violentos anunció desde el anonimato: "a ésta (la escritora) le hago un plan canje: 10 segundos de goce por una eternidad de silencio".

"Lo que asombra es que una mujer haya podido alcanzar ese nivel de violencia verbal, que domine el registro de la ironía con esa libertad. Yo sospecho que hubo una importante mano correctora detrás", arriesgó otro lector, seducido a su pesar.

"No es que una mujer no pueda ser irónica, es que no creo que Pola haya podido serlo sin que alguien le pase letra", siguió. "Generalmente, si hay una 'minita' (mujercita en sentido despectivo) díscola en la Facultad de Filosofía y Letras, el propio sistema académico le baja los humos y la mina se va, o se ablanda".

Si deja la facultad, siguió el lector, la espera la "la intrascendencia", y si se queda "no tiene más opción que callar muchas cosas para no perder su lugar".

Finalmente, están quienes hacen un particular "reconocimiento" a Oloixarac. "Se construyó un personaje de putona, esnob, intelectual y con eso tuvo mucho éxito", dijo uno. Otro planteó: "si es verdad que todo eso lo hizo ella, hay que admirarla por su instinto de trepadora".

Los prejuicios que hacen creer que "escribe como un hombre" la mujer que hace literatura a secas cayeron también sobre Cecilia Szperling, autora de Selección natural, que acaba de publicarse en Londres. Un crítico elogió allí la novela y concluyó que parecía escrita por un hombre, contó la autora a IPS.

"En el mundo de la literatura son pocas las ‘papisas’, mujeres fuertes, excepcionales, que alcanzan el reconocimiento de un hombre", explicó. "El sistema de consagración es hegemónico, está dominado por hombres y es difícil que dejen entrar allí a una mujer", sostuvo.

"Como en otros ámbitos, en la literatura hay muy pocas mujeres que sin marca de ‘literatura femenina’ logran reconocimiento", dijo. "Para el mismo mérito se requieren muchos más esfuerzos", aseguró.

Szperling reivindicó a otras autoras argentinas que en el pasado rompieron esquemas, como Silvina Ocampo o Alfonsina Storni, y fueron ignoradas o resistidas. Drucaroff sumó a Ana María Shua, cuya novela Los amores de Laurita provocó, ya en los 70, la confusión narradora-autora que afecta a las mujeres.

Shua brindó a IPS otro ángulo de la evolución de los temas de las escritoras. "Las mujeres hemos tenido, quizás hasta mi generación, una cierta limitación temática en función de la limitación de nuestra experiencia del mundo", analizó.

"Hemos sido, sobre todo, escritoras de puertas adentro. La infancia, el amor, el erotismo, las relaciones familiares: esa fue durante siglos nuestra experiencia del mundo y por lo tanto también nuestro tema", dijo la premiada autora.

Las escritoras de la nueva guardia intentan romper con la invisibilidad de las que escapan al canon establecido. Se apoyan para eso en editoriales pequeñas que se animan a publicar lo nuevo, en blogs y en otros canales alternativos de difusión.

Pero la batalla se anticipa ardua. "La crítica nos acorrala, y la corrección política hacia las mujeres parece no haber llegado a la literatura", definió Szperlin.

Besos.
Volver arriba
samsa
Miembro Senior
Miembro Senior


Registrado: 14 Nov 2003
Mensajes: 6816
Ubicación: Cuando no ando en las nubes, ando como perdido

MensajePublicado: Dom Ago 30, 2009 20:29    Asunto: Responder citando

Definitivamente, no me interesa… Cuando empezó a hablarse de ese barullo llamado Pola en los pasillos entonces me dije: bueno, ya tengo idea de lo que trata, pero debo hacer un esfuerzo y agarrar las teorías salvajes. Pero no, no hay caso, no me interesa.
Volver arriba
agustina;
Miembro Principiante
Miembro Principiante


Registrado: 01 Sep 2009
Mensajes: 19
Ubicación: Buenos Aires

MensajePublicado: Jue Sep 03, 2009 17:50    Asunto: Responder citando

Un juicio sobre Pola Oloixarac
Análisis de Las teorías salvajes en sus niveles estilístico, cultural y político. La filosofía, el Zeitgeist y la agenda del progresismo

Por Damián Selci y Nicolás Vilela


1- Mis Documentos

Aunque muchos comentaristas coincidieron en que Las teorías salvajes (Entropía, 2008) es un libro "sádico", "revulsivo", "sin miramientos en su crítica del ambiente cultural argentino", hay elementos para pensar que, pese a todo, tiene un final feliz. En el último capítulo la narradora se prepara para un encuentro con un profesor de la universidad, Augusto García Roxler. Leemos entonces lo siguiente: "Tengo la tentación de imprimirle la carpeta entera de 'Mis Documentos', mi compendio de observaciones desde el comienzo de mis lecturas adultas, la totalidad de mis intuiciones antropológicas, esbozos de las teorías nuevas sobre las que estoy trabajando, mi sociológica historia de la perversidad. Pero no. Mejor recapitular. Ordenar, enlazar, componer, volver a numerar". Durante toda la novela García Roxler, docente universitario izquierdista, fue parodiado con saña; sin embargo, en la última escena se convierte en alguien envidiable: al parecer él, a diferencia de nosotros, se salvó de leer la novela entera de Pola Oloixarac (1977). Final feliz, entonces: para García Roxler, no para el lector. Considerando el carácter más bien inútil que marca desde el principio el contenido de este libro, se puede pensar que Las teorías salvajes es la impresión de la entera carpeta de "Mis Documentos" de una estudiante de filosofía singularmente eufórica. Sin embargo, o quizá por eso mismo, Las teorías salvajes se ganó un atisbo de novedad; esto puede ser notable o incomprensible según se mire, y para muchos, directamente irrelevante; pero el que todos los logros de Las teorías salvajes deban ser situados del lado del ruido cósmico y la venta de humo no excluye, y más bien reclama, una intervención crítica de tendencia humanista y quirúrgica. No hay que descartar que los comentaristas, en su mayoría, hayan escuchado música celestial donde no había más que un coro de bocinazos (no sería la primera vez) pero, en todo caso, a los efectos de la comprensión intelectual se torna necesario hacer un mínimo sobrevuelo por el enorme cúmulo de ideas que Oloixarac vertió en su novela y en sus entrevistas. Hay un hecho sugestivo, y es el siguiente: la pátina de "desparpajo", de "novela ambiciosa", de "libro necesario" que Las teorías salvajes consiguió durante el verano obstruye la percepción del carácter fundamentalmente regresivo del texto en todos los niveles de su forma: en lo sintáctico, en lo cultural, en lo político. Es lo que nos proponemos demostrar.

2- "La sintaxis no miente"

Empecemos con la "preocupación por el estilo" que Oloixarac manifestó en la reciente charla en Eterna Cadencia organizada con motivo de la presentación de la novela, y sumémosle a eso la cantidad de veces que aparece la palabra "sintaxis" en el texto (¿doce veces? ¿veinte veces?). Abrimos Las teorías salvajes y leemos la primera oración: "En los ritos de pasaje practicados por las comunidades Orokaiva, Nueva Guinea, los niños que van a ser iniciados, varones y niñas, son primero amenazados por adultos que se agazapan tras los arbustos". Es una sorpresa, realmente. En términos estilísticos parece un inicio poco prometedor: tres participios rimados ("practicados", "iniciados" y "amenazados"), un criterio extraño para la aposición de los sustantivos ("niños" es dividido, redundantemente, en "varones y niñas") y una aliteración de tres vocales que salió indemne de la corrección (a-o-u: "adultos" y "arbustos", las dos en el mismo período). Quizá no se pueda ser tan exquisito; los comienzos siempre son difíciles. Pero al rato nos sentimos otra vez desorientados. Descubrimos que casi no hay página que no contenga alguna palabra en itálicas: "La filosofía es el playground de Satán"; "La culminación mezclaba las lágrimas y el semen, se sentía muy terapéutico"; "la banda punkie Dos Minutos". Qué raro. Si en la primera frase el recurso se justifica porque se trata de una palabra extranjera, en la segunda... ¿por qué? ¿Y la tercera? ¿Qué es una banda punkie? Difícil saberlo. Existen bandas punks en nuestro país por lo menos desde 1979 (Los Violadores), momento en que la autora tenía dos años. Sin embargo, no parece que sea la falta de cultura joven lo que explique esta rareza de Oloixarac: palabras tan cercanas como puff, blog, disc-jockey, que ya tienen carta de ciudadanía por el uso, son sometidas al bastardilleo, como así también legible, efecto, post, intervalo o cualquier otra... La revista Viva no se atrevería, como Oloixarac, a ponerle cursivas a un campus universitario. Sin dudas es una escritora con mucho desparpajo. Pero en fin, ¿qué son unas cuantas itálicas desperdigadas por ahí? Nada. En cambio preocupan más las repeticiones de estructuras ("Caminando a zancadas, esquivando mis juicios lapidarios"), la imitación quizá voluntaria del lenguaje de traducción ("quitarle", "más de las veces"), el recurso permanente a la prosa de monografía ("se sabe"), la abrumadora cantidad de menciones a filósofos ("el primer Wittgenstein"), la construcción de metáforas equidistantes respecto del posestructuralismo francés y la copia novata del romanticismo ("en otros pozos de sentido, otras penínsulas de rocas"), el procedimiento de "risa enlatada" (un personaje hace una observación "picante" y la narradora, para ayudarnos, aclara que otro se ríe), más aposiciones increíbles ("Porque lo que quiero decirte -lo que aúllo por comunicarte-"), más itálicas, más nombres, más, más... ¿A qué responde este sistema expresivo? ¿Inseguridad retórica? ¿Falta de autoestima estilística, tal vez? Como hipótesis se puede sugerir que Oloixarac no tiene mayor confianza en su prosa y que por eso apela al relleno, la redundancia, la gigantografía. Rara vez deja tranquilos a los sustantivos; prefiere hostigarlos con aposiciones, construcciones adjetivales, subrayados... Hacia la página 141, cuando el lector ya percibió que la narradora no tiene un buen concepto de la izquierda occidental, hay una escena donde un libro de Trotsky queda tirado en el piso: parece suficiente demérito para el marxismo soviético, pero a Oloixarac no le alcanza, y nos reasegura que lo que está ahí es su "pobre, avejentada e inútil historia de la revolución rusa". Adjetivos, adjetivos, adjetivos: todo tiene que ser remarcado en el estilo-pánico de Oloixarac (1).

3- Miguel Cané con polleras

Un personaje "levanta una ceja despectiva", otro mira con "canónica desconfianza", la narradora se refiere a un "tono de maestrita bonaerense": hipálages, hipérboles y diminutivos son tres de los recursos con los que la adjetivación se hace cargo de un único sentimiento: el desprecio social. El balance del breve análisis precedente arroja un resultado claro: un estilo dispuesto a perderse entre adjetivos desdeñosos, aposiciones redundantes, bastardillas que fingen distancia en palabras que no la tienen, etc., es un estilo con un afán de distinción cultural. Lo que importa a la hora de escribir no es, parece, canalizar literariamente las ideas, aspiraciones y temores de los contemporáneos, sino marcar con una cruz a los ignorantes y parodiarlos sin tregua. ¿Quiénes son los ignorantes? Adelantemos algo que vamos a retomar después: los ignorantes son los subeducados por "la cultura progresista". ¿Quiénes son, entonces, los sobreeducados? Aunque no parezca, es por medio de esta pregunta que puede entenderse aquella extraña afirmación de Oloixarac durante la charla en Eterna Cadencia: el lector ideal de Las teorías salvajes sería, según dijo, "una persona profundamente humanista". Considerando la vocación peyorativa de Las teorías salvajes, parece una tesis indescifrable, y sin embargo no lo es: el nombre propio que aclararía la cuestión sería el de Miguel Cané, autoproclamado humanista que con una mano escribía loas a los autores clásicos y con la otra redactaba una Ley de Residencia para expulsar a los inmigrantes que quisieran introducir ideas socialistas en la clase obrera argentina. Esta referencia no tendría que sonar desmedida: después de estudiarlos un rato, tenemos la sensación de que los "saberes" de la novela no buscan proporcionar alguna información útil sino que funcionan como vectores de estratificación social. El conocimiento aparece como una determinación acumulable que distingue entre los que "saben" y los que no. Y los que saben son los que leyeron, claro: ante todo, filosofía. Por esa razón, no resulta necesario que el saber sea verdaderamente profundo, o sea, útil en algún sentido; a los efectos de Oloixarac basta con mencionarlo. Todo sucede como si Platón, Aristóteles, Descartes, Kant, Rousseau, Hobbes, Clausewitz, Wittgenstein y Althusser pasaran, saludaran a la plebe y se metieran de nuevo en la hoja de apuntes (2). Por momentos Oloixarac entiende que tratar a los filósofos como se cantan los números de la lotería puede ser insuficiente como prueba de sofisticación, y entonces filosofa sobre: Borges, la cópula, el Aleph y los espejos; Platón, los guerreros homosexuales que son tanto más guerreros cuanto más homosexuales; Hobbes y el terror... Pero claro, no son temas inéditos, sino una doxa desmayada. Oloixarac parece decirnos que es mejor evidenciar un saber cualquiera antes que preguntarse qué hacer con él (por eso las bastardillas enfatizan una palabra de cada cuatro: para generar apariencia de concepto). La mímica argumentativa de su novela está hecha de notas al pie, citas en lengua original, referencias bibliográficas, y no de algún contenido digno de atención. Esto se vuelve particularmente claro en la charla en Eterna Cadencia, donde Oloixarac acometió con un panegírico de la escritura "pura", argumentativamente acérrima, de Spinoza: "¡Eso es escribir historias!", aseguró. Pero si relacionamos esa frase con lo que pasa en Las teorías salvajes queda claro que Oloixarac entiende a la literatura como un recipiente donde emitir teorías que no podrían sostenerse ni un instante en los géneros argumentativos convencionales, y a la filosofía como un barniz para disimular el descascaramiento de su prosa literaria. Por cierto esto no significa que Las teorías salvajes esté "entre" la filosofía y la literatura, sino más bien que pretende estafar a una con la otra. Es, podríamos decir, el triunfo de la parafernalia. Y la parafernalia tiene una lógica implacable. Oloixarac no se priva de escribir su propia ontología; esto le habrá demandado tiempo, seguramente, y es una pena porque nadie se lo devolverá. De cualquier manera, podríamos pensar que sí existió una recompensa: la simulación del pensamiento por parte de Oloixarac tuvo como contrapartida la simulación de la sorpresa por parte de los reseñistas. Es posible (¿por qué no?) que el simulacro haya sido tan bueno como para que los mismos actores se lo creyeran. Pero, aunque hay que respetar las creencias privadas de las personas, nuestros problemas son otros: a nivel cultural, la base del humanismo conservador de Oloixarac es una absoluta tabula rasa de información práctica.

4- Oloixarac y sus precursores

Nada compite en asco con el capitalismo escénico desarrollado por las izquierdas para la comercialización de sus productos. Es una forma de banalidad común a las sociologías triunfantes: el silogismo práctico según el cual la verdad está necesariamente del lado de los perseguidos y de los pobres, sólo porque halaga al ideal democrático en vigencia y otra sarta de eufemismos que no pueden ser puestos en duda. Tener una izquierda triunfante en el ámbito de la cultura tiene consecuencias peores que simplemente malas películas. (Pola Oloixarac, Las teorías salvajes, p. 188).

El pobrismo no es un mecanismo de dominación, es una visión de la sociedad, una filosofía de vida, una versión del mundo. (...) Pobrismo es hacer de la comunidad carenciada una comunidad virtuosa, del hombre caído un personaje siempre más valioso y mejor que el hombre entero y capaz de algo. (...) Pobrismo es, para un político, cortejar a la pobreza como a una novia, siendo incapaz de generar otra estrategia de poder que la de reinar en el vacío. (Alejandro Rozitchner, "Una visión pobrista", http://www.bienvenidosami.com.ar/v2/articulos/2005_Noticias_UnaVisionPobrista.html).

El impulso básico de Las teorías salvajes se podría resumir en la siguiente fórmula: hay que terminar con la hegemonía de la izquierda progresista en el campo cultural. No hay otra manera de entender la ideología del libro. Los reseñistas han marcado el carácter "crítico, revulsivo" de Oloixarac; lo que no dijeron es que todas las críticas que hace van por derecha. La novela incluye una parodia de la pregnancia del marxismo en la universidad; una parodia de la educación sexual en los colegios; una parodia del diario íntimo de una militante maoísta; una parodia de un profesor de izquierda; una parodia de otro profesor de izquierda; una parodia de las mujeres que se anotan en la carrera de Psicología; una parodia del discurso de una psicoanalista lacaniana; una parodia de una docente bonaerense que habla marcando las zetas; una parodia del modo de vestir de los estudiantes de Puán; y otras parodias que omitimos por cansancio. Por supuesto, decir que Oloixarac es una escritora de derecha sería erróneo: no es escritora. La disyuntiva entre escribir legiblemente y emitir una opinión desaforada contra cualquier cosa que parezca izquierdista decanta, por sí sola, en la segunda opción. Si bien es probable que Michel Houellebecq sea un referente para Oloixarac (como lo es, según declaró en Eterna Cadencia, Peter Sloterdijk, un filósofo alemán muy parecido, en cuanto a lo atrevido de su inanidad mental, al escritor francés), por razones de locación Alejandro Rozitchner parece una referencia más apta. Y no solamente porque tanto Oloixarac como Rozitchner usen la filosofía de un modo que no desentonaría con la revista Brando, situándose entre una nota sobre la mejor manera de invertir 30 mil dólares y la última producción fotográfica de Pampita Ardohain. Los párrafos arriba citados muestran que además comparten un nietzscheanismo glotón y arancelado. Pero Oloixarac es más joven o (todavía) más vehemente que su colega; no solamente quiere ser de derecha, además quiere demostrar la superioridad filosófica de la derecha. En esta instancia el libro alcanza un súmum de risibilidad. En la página 87 podemos leer que el sentido de la palabra "revolución" en Copérnico, designando los trayectos fijos de los planetas, tenía un "sentido fuertemente conservador" que "sólo se vio modificado posteriormente con el quilomberismo jacobino francés". Nosotros, lectores modernos que apoyamos el proceso contra Luis XVI, nos preguntamos: ¿y? Es triste, o inevitable, que Oloixarac se distraiga con semejante bagayeo. Pero todo derechista tiene en algún momento que hacer un excurso etimológico para refrenar el avance de la marea roja: Nietzsche buscó en la Genealogía de la moral la etimología de la palabra "bueno" para mostrar que el término original no se predicaba de los pobres y toda la lacra social judeocristiana, sino de los vikingos; Heidegger buscó la etimología del término griego aletheia para probar que Occidente se había cerrado al Ser y había caído entre las tenazas del americanismo y el sovietismo; Mariano Grondona también es famoso por buscar etimologías, y a veces hasta por encontrarlas. Para decirlo de una vez, Pola Oloixarac no es moderna. El recurso a la etimología como piedra de toque de sus críticas a la tradición de izquierda es una prueba clara de que, ante todos los fenómenos de la vida social, Oloixarac mira para atrás. Su desprecio no es una comprensión del mundo sino la secreción imparable de una melancolía agrietada, medieval. Con estas premisas, será claro para el lector que cuando Oloixarac se abone a escribir sobre la lucha de clases en la Argentina de los 70 sólo podrá exhibir una desorientación máxima. La novedad, en este punto, se limita a refritar dos veces la teoría de los dos demonios (cf. el ¡otro! excurso etimológico sobre la palabra "bestia" en la p. 193, y el videojuego Dirty War 1975 en la 213 y ss.)

5- TN o el Zeitgeist


La distancia que Oloixarac impone con el mundo humano, expresada en la sintaxis aterrorizada, en las descripciones con mero afán despectivo, en los muñecos inertes que hace pasar por personajes y en las escenas inverosímiles que monta con la sola voluntad de escupir contra algún lugar común progresista, es precisamente lo que le cierra el acceso a la comprensión del mundo en el que vive. Por eso estamos en condiciones de afirmar que en Las teorías salvajes no hay ideas sobre nuestra época. La entrevista en donde Oloixarac decía que lo que le interesaba era aprehender el Zeitgeist nos había entusiasmado; la novela que vino a testificarlo nos dejó un regusto a decepción. Por duro que sea, hay que asumir que la promesa de entender el presente decae hacia la perezosa ocurrencia de que el mundo de los jóvenes está hecho de drogas sintéticas, fiestas, orgías, blogs y videojuegos violentos... ¿Realmente Oloixarac cree en todo esto? Es una etnografía de noticiero, esquemática, que sólo repite el nivel de credibilidad y espesor de los columnistas de TN, siempre interesados en la sexualidad borrosa de los floggers y en "el descontrol en Villa Gesell". Insignificancias, claro, históricamente causantes del fastidio de generaciones de artistas e intelectuales, pero que no disgustan a Oloixarac. Para abreviar, en lugar de un Zeitgeist novelado encontramos delirio de novedad, populismo informativo y fanatismo derechista: se dirá que son los riesgos de escribir con el televisor prendido, y es posible; no hay muchas maneras de explicar el escandalizado interés por los vendedores ambulantes de la facultad, ni el enfoque de suplemento informático dominical con que la novela se acerca a "temas de actualidad" como internet y los hackers; hasta hay una escena de "inseguridad" con unos ladrones tan falsos que hacen pensar en la necesidad (literaria, claro) de que Oloixarac sea asaltada más seguido. La mentalidad de movilero frívolo que organiza la perceptiva de la novela explica, también, las escenas sexuales. Ya sabemos que Oloixarac busca correr por derecha al progresismo en todas sus líneas: por ende, en Las teorías salvajes está mal vista de educación sexual en los colegios (cf. p. 3Cool, pero bien vista una moral sexual "perversa", que no tiene nada que ver con la de Sade o Lamborghini, pero sí con el destape católico: los personajes no se pierden a sí mismos por la vía de la violencia sexual, sino que, por el contrario, alardean un descarrío tan falto de consecuencias que sólo puede ser la antesala de un lógico matrimonio burgués. Es sabido que al poder eclesiástico no le molesta que sus representantes abusen de algunos niños, pero le fastidia que el Estado le dispute el monopolio discursivo sobre la sexualidad. Las teorías salvajes comparte esta canónica desconfianza.

6- De la autoestima a la autocrítica

Que las reseñas y los comentarios hayan gustado de Las teorías salvajes por su impronta "disidente" y "descarriada" no puede asombrarnos, finalmente, "la literatura debe cuestionar", etc.; pero queda abierta la pregunta acerca de si realmente sobra progresismo en este país, es decir, si verdaderamente hay resto como para que los comentaristas del libro de todo el arco cultural celebren las invectivas de la novela de Oloixarac sin hacer mención a su carácter retardatario. Basta con hojear cualquier diario con llegada para notar que las mínimas posiciones de izquierda son todos los días desmentidas desde los títulos hasta el editorial y el chiste de la contratapa. Dada la carencia de una agenda cultural progresista, lo que encontramos en Las teorías salvajes es consenso periodístico de derecha, más que incorrección intelectual. Claro que un autor ideológicamente conservador podría tener otros méritos (Céline, León Bloy o quien sea): pero creemos haber demostrado que Las teorías salvajes no muestra nada interesante en ninguno de sus niveles. La defensa del texto, por lo tanto, es imposible de hacer, salvo desde la derecha (3). Los comentaristas, apelando a la construcción adjetival "hija descarriada de Puán", han pretendido que Oloixarac de alguna manera compartía con ellos un éter común, el universitario, y entendieron que todas sus críticas eran, por así decir, "internas". En este punto se impone un desagravio general de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA: ciertamente no se la puede responsabilizar de haber engendrado a Las teorías salvajes. La relación de Oloixarac con la academia es narrativa y argumentativamente tan anodina como con el resto de los temas. Hasta aquí, la única evidencia es que Las teorías salvajes no sirve para pensar. Tampoco para escribir: no contiene una sola idea literaria válida (¿parodiar profesores universitarios es el destino de la narrativa?) y su uso de la hipotaxis tiene resultados espectrales. Su desparpajo derechista no nos convoca como lectores, no le da expresión a las cosas que pensamos y encarna, en diversos niveles, el fin de la inteligencia a manos de la pereza, el amague y la vanidad. Es una novela sin amor. Con todo, el censo final sugiere la posibilidad de un acontecimiento estremecedor: una retractación pública por parte de Oloixarac. A sala llena, con brindis festivo y empanadas: ideal para el comienzo del otoño. ¿No sería estimulante?


(1) En las páginas 113-114 de la novela, la narradora transcribe un texto que había garabateado en una servilleta mientras esperaba a García Roxler. Las líneas incluyen tachaduras a modo de exposición del work in progress textual. A primera vista, resulta un gesto desconcertante para una novela tan chapuceada. Sin embargo, se explica con facilidad: en lugar de atinar a la corrección de su propia novela, Oloixarac monta una escena de corrección. Es la propia sinécdoque de toda la novela: el planteamiento de los problemas muere bajo la aplastante apariencia de problematización.

(2) El lector podría preguntarse: ¿nada hay de afecto, no hay algún vínculo a salvo del vilipendio y el desprecio pedante? Claro que sí. Existe un gato al que la narradora mima y alecciona con franqueza emocionante. Pero el gato se llama... Montaigne. El lector vuelve a la desazón. Sólo le queda recordar aquella prevención ubicable en Punctum, el poema de Martín Gambarotta: "nunca debiste confiar tanto / en alguien que le pone Heráclito a su gato."

(3) Por eso resulta raro que Oloixarac haya participado en la Mesa Redonda del Día de la Mujer celebrada el pasado 11 de marzo en el Centro Cultural "Paco Urondo" (sito en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA) con una ponencia sobre "La belleza y la guerra en Las teorías salvajes". Raro porque, teniendo en cuenta la manera en que las mujeres aparecen representadas, se diría que la suya es una novela falocéntrica.
Volver arriba
liliandice
Miembro Principiante
Miembro Principiante


Registrado: 10 Jul 2009
Mensajes: 35

MensajePublicado: Mie Sep 16, 2009 15:31    Asunto: Responder citando

Gracias por el post, Clio. Gracias a él pude averiguar un montón sobre esta chica-fenómeno que hizo un revuelo en la narrativa argentina. En otro momento puedo subir el link para bajar el primer cap. de Las teorias salvajes (aun no lo leí) y su blog, donde hay entradas a sus criticas.
saludos!
Volver arriba
Mostrar mensajes de anteriores:   
Publicar nuevo tema   Responder al tema    Foros de discusión -> Obras Literarias Todas las horas son GMT - 3 Horas
Página 1 de 1