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RILKE


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Sol
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Registrado: 26 Dic 2001
Mensajes: 4194
Ubicación: Argentina

MensajePublicado: Lun Mar 19, 2012 21:46    Asunto: Responder citando

dreia: Podés subirlas a imageshack o tiny pic!! Queremos ver tus libros!!

Dejo uno que leí de Rilke hoy que me gustó mucho:



Canciones de los ángeles

No he soltado a mi ángel mucho tiempo,
y se me ha vuelto pobre entre los brazos,
se hizo pequeño, y yo me hacía grande:
de repente yo fui la compasión;
y él, solamente. un ruego tembloroso.

Le .di su cielo entonces: me dejó
él lo cercano, de que él se marchaba;
a cernerse aprendió. yo aprendí vida,
y nos reconocimos . lentamente...

Aunque mi ángel no tiene ya deber,
por mi día más fuerte desplazado,
baja a veces su rostro con nostalgia,
como si no quisiera ya su cielo.

Querría alzar de nuevo, de mis pobres
días, sobre las cimas de los bosques
rumorosos, mis pálidas plegarias
basta la patria de los querubines.

Allí llevó mi llanto originario
y pensamientos; y mis diminutos
dolores se volvieron allí bosques
que susurran sobre él...

Sí algún día, en las tierras de la vida,
entre el ruido de feria y de mercado,
la palidez olvido de mi infancia
florecida, y olvido el primer ángel,
su bondad, sus ropajes y sus manos
en oración, su mano bendiciendo;
conservaré en mis sueños más secretos
siempre el plegarse de esas alas,
que como un ciprés blanco
quedaban detrás de él...

Sus manos se quedaron como ciegos
pájaros que, engañados por el sol,
cuando, sobre las olas, los demás
se fueron a perennes primaveras,
han de afrontar los vientos invernales
en los tilos vacíos, sin follaje.

Había en sus mejillas la vergüenza
de las novias, que el espanto del alma
tapan con púrpuras oscuras
ante el esposo.

Y en los ojos había
resplandor del primer día:
pero sobre todo
descollaban las alas portadoras...

Había expectación en la llanura
por un huésped que no acudió jamás:
aún pregunta tal vez el jardín trémulo:
su sonrisa después se vuelve inválida.

Y por los barrizales aburridos
se empobrece en la tarde la alameda,
las manzanas se angustian en las ramas
y les hacen sufrir todos los vientos.

Es donde están las últimas cabañas
y casas nuevas que, con pecho angosto,
se asoman estrujadas, entre andamios miedosos,
quieren saber dónde empieza el campo.

Allí la primavera siempre es pálida, a medias,
el verano es febril tras esas tablas:
enferman los ciruelos y los niños,
y tan sólo el otoño allí tiene algo

de remoto y conciliador: a veces
son sus tardes de suave derretirse:
dormitan las ovejas, y el pastor con zamarra
se apoya, oscuro, en la última farola.

Alguna vez ocurre en la honda noche
que se despierta el viento, como un niño,
y pasa la alameda, solitario,
quedo, quedo, llegando hasta la aldea.

Y a tientas va marchando hasta el estanque
y se para después a oír en torno:
y las casas están pálidas todas
y las encinas mudas...

Versión de Adrian Kovacsics
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DELLWOOD
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Registrado: 25 May 2001
Mensajes: 15247

MensajePublicado: Mar Mar 20, 2012 09:31    Asunto: Responder citando



Yo no le conocí personalmente, y sus libros me fueron revelados tarde, el mismo año en que el poeta se vestía definitivamente de fantasma. Una gran parte de su obra se me escapa, sumergida en el balbuceo y en la neblina, pues los poemas traducidos no son más que palomas de alas rotas, sirenas arrancadas de su elemento natal, exiliadas en tierra extraña, gimiendo de añoranza. Apenas sus obras en prosa, sus cartas, algunos versos escritos directamente en francés y algunos relatos de personas que le amaron bastaron para inspirarme una ternura infinita y fraternal hacia él, tan sólo comparable a mi amistad con Virgilio. Pero el tiempo no es más que una ilusión, y ya es algo que la balsa de un mismo siglo nos haya llevado juntos: mientras que Virgilio se nos hunde en la polvareda de dos mil años de crepúsculos, Rilke está todavía tan cerca que podemos amarlo como a nosotros mismos. No basta con ser grande, con ser puro; si lo queremos tanto es porque su miseria es casi la nuestra, y la suerte le ha asignado la misma función infausta. Las soluciones que encontró para su vida repartida entre la angustia y el respeto se cuentan entre las que nosotros podríamos aceptar, y esta comunidad de peligro y de soledad hace que su genio nos resulte un poco menos extraño.

El profundo Virgilio nos hace soñar con las plantas nocturnas que crecen silenciosamente bajo los rocíos lunares, con la melancolía de los frutales corrompidos por el otoño, con el destino dorado de las abejas y de los astros. También Rilke tiene sus frutales, sus astros y su Orfeo. Pero la verdadera patria del joven Malte no son los Campos Elíseos de Gluck, sino el país enfermo y gris donde el ajusticiado se consuela con la esperanza; es París, es Praga, Purgatorios pensativos.

La luz tenebrosa que invade la habitación de la calle Toullier es la de un alba aún pálida por haber atravesado la noche, y la manzana de Cézanne hace que los árboles del huerto de Muzot se inclinen bajo su peso tranquilizador y triste. Extrañas manos, como esas que Rodin jamás se cansó de modelar, frecuentan los pasillos de esta obra crepuscular como la mañana, y que parece dictada en la hora en que los fantasmas palidecen. Si este poeta, acostumbrado a las visitaciones angélicas se consideró insustancial, humilde, despojado hasta la transparencia, es porque se sabía nacido para transmitir, para escuchar, para traducir, arriesgando su vida, esos secretos mensajes que las antenas de su genio le permitían captar; encerrado en su cuerpo, como un hombre que escucha en un navío que naufraga, mantuvo hasta el final su contacto con ese lugar misterioso de emisión, situado en el centro de los sueños.

Respeto hacia los hombres, respeto hacia sus almas invisibles o, tan rara, tan patéticamente adivinadas; respeto hacia sus tristes cuerpos que ellos mismos apenas respetan, contentándose con cuidarlos, torturarlos o negarlos. Respeto hacia las cosas, de las que los hombres abusan con mayor inconsciencia si cabe, y a las que tratan peor de los que su corazón les diría. Respeto hacia el silencio, lleno del presentimiento de voces futuras; respeto hacia el pasado, que sigue presente como la huella que deja el anillo desaparecido en el joyero, y respeto hacia el instante presente, que pronto irá a añadirse al pasado, atraído por la imantación del tiempo. Respeto hacia los ángeles, que son nuestros guardianes y tal vez nuestras almas; respeto también hacia nuestros demonios, que son la sombra que nuestros ángeles proyectan. Respeto hacia Dios, aunque no exista, pues no existir no es, después de todo, más que una manera algo más noble y más pura de ser, y porque le poseemos al menos en forma de deseo y de espera. Respeto hacia el amor, que hombre y mujeres no respetan por el miedo que tienen a ser dignos de él. Respeto hacia la muerte, que es el fruto de nuestra vida y casi su hija. Rilke respetó todas estas cosas y dedicó su existencia a venerarlas poniendo sobre ellas unas manos cada vez más temblorosas, pero que, como las de un amante, sólo tiemblan a fuerza de atrevimiento. En una época en la que morimos de sequedad desdeñosa y de indiferencia grosera, Rilke es el único poeta a quien cosas y seres entregaron sus secretos supremos, por haber sido él el único en comprender la necesidad de arrodillarse. No dispone de los dones del visionario, como Blake, o del nigromante, como Swedenborg, o del brujo, como el viejo Goethe; no posee el extraño magnetismo telúrico que hace de la obra de Mann la mayor reserva de fuerzas elementales; ni tampoco tiene entre sus dedos los utensilios cortantes y curvos de Proust. Del fondo de tanta desnudez y de tanta soledad, los privilegios de Rilke y su mismo misterio, son el resultado del respeto, de la paciencia y de la espera con las manos juntas. Un buen día, esas manos, doradas por el reflejo de no sé qué cielos desconocidos, se separaron por sí mismas, semejantes a la cáscara frágil y perecedera de un fruto formado en la profundidad de esas palmas y del que nunca sabremos si se debe más a la luz que le ha madurado o a la profundidad de la que ha salido.

En Roma, una tarde de Navidad que recuerda e iguala a la mañana de Pascua del primer Fausto, Rilke escribía a un joven poeta para aconsejarle que fuera grande, y para consolarle por estar solo. Entre los compañeros dispuestos a probar nuestras soledades, enumeraba a Dios, y también a la primavera, y a la infancia, y sobre todo al viento “que pasó sobre los árboles de numerosos países”. El recuerdo de Rilke se ha vuelto semejante a esa brisa que de nuevo abre, como una rosa de Jericó, el corazón árido de los solitarios. Porque él fue triste, nuestra amargura es menos grande; porque él vivió sin seguridades, nosotros estamos menos inquietos; porque él estuvo solo, nosotros nos sentimos menos abandonados. Diez años hace ahora que Rilke entró en esa tierra en la que el sepulturero de sus cuentos esperaba ahondar lo suficiente como para encontrar a Dios, y ya la obra de este poeta ha adquirido un rostro de Ángel y aporta a los desdichados el refrigerio de sus propias lágrimas.

Marguerite Yourcenar
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luiso
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Registrado: 02 Ene 2003
Mensajes: 1235
Ubicación: Madrid, Caravasar

MensajePublicado: Jue Mar 22, 2012 08:24    Asunto: Responder citando

Qué intersante ese relato sobre Rilke de Yourcenar, Dellwood. Rilke tuvo un encuentro con Tolstoi, lo leí en alguna parte, pero salió escaldado, porque el ruso detestaba la poesía.
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DELLWOOD
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Registrado: 25 May 2001
Mensajes: 15247

MensajePublicado: Jue Mar 22, 2012 16:00    Asunto: Responder citando

Cómo despiertan los dinosaurios cuando hay calidad!!!!

Rilke conoció a TOlstoi por Lou Salomé, que fue además quien enseñó ruso a Rilke (tradujo a Tschehov) y con Tolstoi se encontró en en dos ocasiones: en 1899 y 1900. León Tolstoi ya era una leyenda en vida. Tolstoi tenía una relación muy cercana con la gente, especialmente con el campesinado ruso. Se daba el lujo de bromear sobre su obra. La desromantización de su trabajo y la cercanía con el campesinado llevaron a que, cuando el joven soñador Rilke le dijo que se dedicaba a la lírica, el viejo escritor respondiera con una apasionada diatriba contra todo lirismo.

Mientras tanto Rilke preparaba su nueva concepción de Dios. (Ejem!)

Se sabe muchísimo del mundo ruso de Rilke, sobre todo por ser una gran influencia para poetas rusas como Boris Pasternak.

Aquí una foto de aquellos días

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dreia
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Registrado: 04 Sep 2008
Mensajes: 373
Ubicación: Villa Urquiza, Argentina

MensajePublicado: Jue Mar 22, 2012 22:46    Asunto: Responder citando

Gracias por la ayuda, Sol. Ya voy a intentar subir las fotos.
Dellwood, cuando tenía unos siete, ocho años, mi mamá me regaló los cuentos para niños de Tolstoi... Duras las historias, pero supe entonces que era un escritor maravilloso.
Saludos,
dreia
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DELLWOOD
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Registrado: 25 May 2001
Mensajes: 15247

MensajePublicado: Vie Mar 23, 2012 06:42    Asunto: Responder citando

No he dicho yo nunca lo contrario. Me alegro de que tu mamá tuviera tan buen tino con los regalos. Pero a Tolstoi se le escapa un aspecto, creo yo: no todo lo real es tangible. (Rilke, para Lou: Sólo tú eres real) De todas formas, el ya consagrado Tolstoi, inválido para la poesía, no tomaría muy en serio las veleidades poéticas de Rilke. ¿Pero qué pensaría Rilke de Tolstoi? A Rilke en San Petersburgo le interesó mucho más analizar los iconos de la iglesia ortodoxa....
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luiso
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Registrado: 02 Ene 2003
Mensajes: 1235
Ubicación: Madrid, Caravasar

MensajePublicado: Vie Mar 23, 2012 08:12    Asunto: Responder citando

dinosaurio, jejejej. ¡Más dinosaurio eres tú qué entraste antes aquí! Shocked Laughing

Quería comentar -me lo ha recordado la aparición de Lou- que creo que fue esta quien se ofreció a Rilke para psicoanalizarle, y que Rilke no quiso. Numerosos comentaristas han opinado que su poesía habría salido perdiendo de haberlo hecho. Laughing

Y sin embargo, aunque cada uno trata de escapar
de sí mismo como de una prisión que lo encierra en su odio,
hay en el mundo un gran milagro, yo lo siento:
toda vida es vivida.
Rainer María Rilke, El libro de la peregrinación.
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DELLWOOD
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Registrado: 25 May 2001
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MensajePublicado: Dom Mar 25, 2012 07:20    Asunto: Responder citando

En el otoño de 1900, invitado por su amigo Heinrich Vogeler, Rilke fijó su residencia en la colonia de artistas de Worpswede, pueblecito cerca de Bremen, Baja Sajonia -donde incluso hoy existe una institución local, la Künstlerhäuser Worpswede, que otorga becas a artistas internacionales (pintores, músicos y literatos).




En aquel enclave próximo a Bremen, el polifacético pintor, arquitecto, decorador e ilustrador -Vogeler- había cofundado una colonia de artistas que buscaban, en la sobriedad de las llanuras pantanosas y en sus modestos habitantes, un retiro donde ensayar una especie de nueva síntesis del espíritu de la escuela de Barbizon con la exquisitez fin-de-siécle.



En Worpswede comenzaron a establecerse a finales del siglo xix diversos pintores que llegaron aconstituir una auténtica colonia de artistas, amparados por la armoníade su paisaje y el austero discurrir de sus días.

Acuciado económicamente y deseoso de asentarse junto a su esposa y su hija recién nacida, Rilke llega a Worpswede en el otoño de 1900 para realizar el encargo de escribir una monografía sobre la colonia y sus integrantes. En un género ensayístico al que dota de una belleza rara y subyugante, traza Rilke un retrato -más lírico que analítico- de quienes considera el núcleo esencial del grupo pictórico (Fritz Mackensen, Otto Mondersohn, Fritz Overbeck, Hans am Ende y Heinrich Vogeler), tras una introducción, magistral y genuinamente rilkeana, donde busca profundizar en la esencia del paisaje en su vinculación con la pintura: Rilke «evita juzgar» y, enfrentado a la tarea de
«escribir la historia del paisaje», se encuentra «abandonado a merced de lo extraño, lo distinto, lo inconcebible», pues el paisaje «no tiene figura , « no expresa una voluntad cuando se mueve», y, ante la naturaleza, «por muy misteriosa que sea la muerte, más misteriosa aún es una vida que no es nuestra vida, que no se interesa por nosotros y, en cierto modo sin vernos, celebra sus fiestas, a las que asistimos con un cierto apuro, como invitados que llegan por casualidad y que hablan otro idioma».

Allí, en el norte de Alemania, fue donde conoció a la pintora Paula Modersohn-Becker, autora de un conocido retrato del poeta, y a su hermana, la escultora Clara Westhoff (1878-1954), con la que contrajo matrimonio en la primavera siguiente.



Su hija Ruth (1901-1972) nació en diciembre de 1901. Sin embargo, pocos meses después, en el verano de 1902, Rilke se trasladó a París con la intención de escribir un ensayo sobre el escultor Auguste Rodin .Aunque mantuvo hasta el resto de su vida su relación con Clara Westhoff, Rilke no supo adaptarse a vivir en un hogar de clase media.


Ultima edición por DELLWOOD el Dom Mar 25, 2012 18:50, editado 1 vez
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DELLWOOD
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MensajePublicado: Dom Mar 25, 2012 07:56    Asunto: Responder citando

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DELLWOOD
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MensajePublicado: Dom Mar 25, 2012 13:47    Asunto: Responder citando



Worpswede, a 16 de julio de 1903

“…Si se atiene a la naturaleza, a lo que hay de sencillo en ella; a lo pequeño que apenas se ve y que tan improvisadamente puede llegar a ser grande, inmenso; si siente este cariño hacia las cosas ínfimas y, con toda sencillez, como quien presta un servicio, trata de ganar la confianza de lo que parece pobre, entonces todo se tornará más fácil, más armonioso, de algún modo más avenible. Tal vez no en el ámbito de la razón, que, asombrada, se queda atrás, pero sí en lo más hondo de su conocimiento, en el constante velar de su alma, en su más íntimo saber.

Por ser usted tan joven, estimado señor, y por hallarse tan lejos aún de todo comienzo, yo querría rogarle, como mejor sepa hacerlo, que tenga paciencia frente a todo cuanto en su corazón no esté todavía resuelto. Y procure encariñarse con las preguntas mismas, como si fuesen habitaciones cerradas o libros escritos en un idioma muy extraño. No busque de momento las respuestas que necesita. No le pueden ser dadas, porque usted no sabría vivirlas aún -y se trata precisamente de vivirlo todo. Viva usted ahora sus preguntas. Tal vez, sin advertirlo siquiera, llegue así a internarse poco a poco en la respuesta anhelada y, en algún día lejano, se encuentre con que ya la está viviendo también. Quizás lleve usted en sí la facultad de crear y de plasmar, que es un modo de vivir privilegiadamente feliz y puro. Edúquese a sí mismo para esto, pero acoja cuanto venga luego, con suma confianza. Y siempre que ello proceda de su propia voluntad o de algún hondo menester, écheselo a cuestas sin renegar de nada.

El sexo es una dura y difícil carga, sí, pero es precisamente duro y difícil cuanto nos ha sido encomendado. Casi todo lo que es serio es también arduo, y todo es serio… Con tal que usted reconozca esto y, por sí mismo, conforme a su peculiar modo de ser y a sus aptitudes, merced a su infancia, a su experiencia y a sus propias fuerzas, llegue a conseguir y a mantener con el sexo una relación del todo propia y personal, libre de la influencia que por lo común ejercen convencionalismos y costumbres, ya no debe temer entonces ni el perderse a sí mismo, ni el hacerse indigno de su más preciado bien.

El goce propio del sexo es una emoción sensual como el simple mirar. O como la mera sensación que colma la lengua mientras saborea una hermosa fruta. Es una experiencia grande, infinita, que nos es regalada. Un conocer del mundo, la plenitud y el esplendor de todo saber… Y lo malo no está en vivir esta experiencia, sino en que casi todos abusen de ella y la malgasten. Empleándola como incentivo y esparcimiento en los momentos de mayor lasitud, en vez de vivirla con recogimiento para alcanzar sublimes culminaciones. También del comer, por cierto, han hecho los hombres otra cosa. Por un lado la miseria, por otro la opulencia excesiva, han empañado la nitidez de este menester. De modo parecido se enturbiaron también los profundos y sencillos menesteres. en virtud de los cuales la vida se renueva. Pero cada individuo, para sí mismo, puede tratar de devolverles su pureza, viviéndolos con límpida sencillez. Si esto no está al alcance de cualquier individuo -porque cada cual depende demasiado de otros-, sí está al alcance del hombre solitario. Puede éste recordar que tanto en las plantas como en los animales, toda belleza es una callada y persistente forma de amor y anhelo. Puede también ver a los animales como ve a las plantas: uniéndose, multiplicándose y creciendo, no por ningún placer ni por ningún sufrimiento físico, sino doblegándose ante necesidades más grandes que el goce y el dolor, más poderosas que toda voluntad y que toda resistencia. ¡Oh, si el hombre pudiese acoger con ánimo más humilde y llevar con mayor seriedad este misterio, del que está llena la tierra hasta en sus cosas más pequeñas! ¡Y lo soportara, sintiendo cuán terrible y agobiante es su peso, en vez de tomarlo a la ligera! ¡Y se inclinara con profunda veneración ante su propia fecundidad, que es una sola! ¡Tanto si parece espiritual como si parece material! Pues también el crear del espíritu arranca del mundo físico. Es de su misma esencia y como una reproducción más sutil, más arrobadora y más perenne del goce carnal.

“La idea de ser creador, de engendrar, de dar forma y vida” nada es sin su amplia, perpetua confirmación y realización en el universo. Nada sin el ascenso que, de mil modos repetido, emana de los animales y de las cosas. Y si su disfrute resulta indeciblemente bello y rico, es sólo porque está pleno de recuerdos heredados de los engendramientos y partos de millones de seres que nos precedieron… En un pensamiento creador reviven miles y miles de noches de amor olvidadas, que lo llenan de nobleza y celsitud. Y los que en las noches se juntan, entrelazados y voluptuosamente mecidos en su amor, llevan a cabo una empresa muy seria, y atesoran dulzuras, hondura y fuerza para el himno de algún poeta venidero, que un día se alzará para cantar inefables delicias. Así llaman al porvenir. Y aun cuando yerren, aun cuando sean ciegos sus abrazos, el porvenir llega. Surge un nuevo ser, y en el ámbito del acaso que ahí parece haberse consumado, despierta la ley en virtud de la cual un germen de vida vigoroso y resistente irrumpe con ímpetu, haciéndose paso hacia el óvulo que, abierto, sale a su encuentro. No se deje engañar por lo que aparezca en la superficie. En las profundidades es donde todo se vuelve ley. Y aquellos que vivan falsa y torpemente ese misterio -son muchísimos-, sólo para sí mismos lo pierden. Pues, con todo, lo retransmiten como un mensaje cerrado, sin llegar a conocerlo. Tampoco debe desconcertarse ante la multiplicidad de los nombres, ni ante la complejidad de las cosas. Quizás haya por encima de todo una gran maternidad como anhelo común… La hermosura de una virgen, es decir, de un ser que -como usted lo define con tan bellas palabras- “no ha dado aún nada de sí”, es maternidad que se presiente a sí misma, y se prepara temerosa y anhelante: Y la belleza de la madre es maternidad empeñada en su servidumbre: Y en la mujer anciana perdura una gran remembranza.

Yo creo que también en el hombre hay maternidad. Tanto en su espíritu como en su cuerpo. Pues su modo de engendrar es así mismo una especie de parto. También es parto cuando crea al impulso de una íntima plenitud. Acaso haya entre los sexos mayor grado de parentesco y afinidad que el que se supone comúnmente. Y la gran Renovación del mundo consistirá quizás en que el hombre y la mujer, una vez libres de todo falso sentir y de todo hastío, ya no se buscarán mutuamente como seres opuestos y contrarios, sino como hermanos y allegados. Uniéndose como humanos, para sobrellevar juntos, con seriedad, sencillez y paciencia, el arduo sexo que les ha sido impuesto.

Pero todo cuanto tal vez algún día llegue a ser asequible para muchos, lo puede aprestar ya desde ahora el hombre solitario, edificándolo con sus manos que yerran menos. Por eso, estimado señor, ame su soledad y soporte el sufrimiento que le causa, profiriendo su queja con acentos armoniosos. Si, como dice, siente que están lejos de usted los seres más allegados, es señal de que ya comienza a ensancharse el ámbito en derredor suyo. Y si lo cercano se halla tan lejos, es que la amplitud de su vida ha crecido mucho y alcanza ya las estrellas. Alégrese de su propio crecimiento, en el cual, por cierto, a nadie puede llevarse consigo. Y sea bueno con cuantos se queden rezagados, permaneciendo seguro y tranquilo ante ellos, sin atormentarlos con sus dudas ni asombrarles con su firme confianza en sí mismo, o con su alegría, que ellos no sabrían comprender. Trate de conseguir algún modo de convivencia con ellos. Un algo común, que sea sencillo, modesto, sincero, que no tenga necesidad de alterarse, aunque usted siga transformándose más y más cada día. Ame la vida que en ellos se manifiesta en forma extraña a la suya propia. Y sea indulgente con aquellos que van envejeciendo, y temen la soledad en que usted tanto confía”.

Rainer María Rilke
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