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La noche tiene palabras escritas



 
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RodolfoCarmona
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Registrado: 24 Oct 2003
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MensajePublicado: Vie Ago 08, 2014 06:18    Asunto: La noche tiene palabras escritas Responder citando

La noche tiene palabras escritas, un manto de sueño sobre su rostro invisible, un nuevo Evangelio que olvidar cuando llega la luz con sus ocho minutos y diecinueve segundos de retraso. Todo el mundo sabe que a la noche egipcia que sustenta nuestro Cristo, no le interesan los profetas sino hablan de amor en los altares y las plazas del mundo.

Cambia el pasado cada vez que recordamos el viaje del heroico personaje que pretendemos ser. Tal vez nosotros, como Alejandro, no caímos en Gaugamela. Pero aún nos aguarda la espada en Hidaspes, la última batalla. Saltemos pues, metafóricamente, por la ventana.

El mundo no es tan mala idea después de todo. Pese a la posible fatalidad del momento, vivir es todo cuanto tiene aquel que respira. Para ser felizmente infelices nos basta la vida a secas. Para ser infelizmente felices nos basta la idea del dios infantil que nos venden, ocultando así su semblante verdadero.

El horario de la tristeza busca un nuevo timetable, un cenador en mitad del desierto al que invitarnos al festín de los ausentes, un nuevo paisaje donde alabar la ambición de los fracasos a los pies de Aracataca y Macondo.

No llega el sueño en esta noche de luna implacable, no llega. El despertar nos pillará en cama extraña. Dejemos que nos marque la oscuridad con los monstruos de Goya. Dejemos pues que el insomnio termine su trabajo y nos venza.

Despierta la razón en su guarida. Despierta el mar en sus entrañas. Despiertan los días sucesivos con su concatenación de nimiedades y transcendencias. El día de hoy nos cuenta que el último tripulante del Enola Gay sobrevuela por última vez el cielo de Hirosima camino del erial de lo sido y de la nada. ¿Qué distancia hay entre el seis de agosto de 1945 y este ahora?

Un siglo, un año, un día. ¡Qué más da! Todo el tiempo se condensa en este ahora, en este instante en que la brisa descorre las cortinas de tu casa, de todas las casas.

El auditorio está vacío. Nadie escucha las palabras que escriben los dedos de la tarde. Nadie escucha el ruido terrible de las bolsas de basura sobre el asfalto y las aceras. En mi esquina de la calle San Luis, cada atardecer, una decena de personas rebusca en los contenedores su plato diario de comida. Mientras, en las terrazas cercanas otros muchos bebemos té helado junto a Pessoa contemplando el plácido espectáculo del mundo.

Ese mundo convertido en un lugar donde los cuerpos inertes o vencidos pasan a ser unos intrusos incómodos en la ciudad de los “vivos”. Están ahí, pero no queremos verlos, son como fantasmas irreales que recorren las ciudades arrastrando cartones y basura, son como barcos varados en mitad de las calles transportando los escombros de nuestro presente, manos ávidas e insomnes que desguazan poco a poco la Alejandría que fuimos.

Su derrota aparente nos desvela a bocajarro la frágil realidad de nuestra fingida victoria. Cerramos los ojos. El edén propio, la Arcadia que anhelamos es más hermosa y real cuando la soñamos.

La belleza es hoy es un puzle incompleto de la imagen del Nacimiento de Venus de Botticelli, el azar de una flor entre la piedra, una risa furtiva en mitad de un velatorio, una ola blanquísima que rompe sobre el chapapote de la orilla sus nácares de plata. La belleza es hoy un adiós con sabor a bienvenida. Una vez que la ves está ya irremediablemente ida. Apenas un borroso vestigio en la memoria es la huella que guardamos de su esplendor.

Escribo. Estalla la certeza en este lento buscar de palabras que se abrazan, palabras que nombran de manera exacta el misterio, el envés del haz de lo cotidiano.

Recorre el mar esta Torrevieja tumbada en la arena. El verano bulle afuera con todo su olor a crema solar y sardinas asadas.

La decisión está tomada. Ítaca nos espera en el colmado de la esquina. Es hora de vivir soñando la vida. Hora de volver al otro lado de las cosas donde esta voz se encuentra con la complicidad de tus ojos. Gracias.
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