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Anécdotas Literarias


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Autor Mensaje
Jean Valjean
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Registrado: 10 Mar 2003
Mensajes: 2440
Ubicación: La sombra del hombre invisible

MensajePublicado: Mie Ene 21, 2004 13:31    Asunto: Responder citando

"Se reúnen escritores en una comida en honor de Mujica Lainez. El homenajeado se hace esperar; pasadas las once, por fin llega, principesco y afectado, saludando lánguidamente con manos anilladas. Claramente se oye la voz de Silvina Bullrich:
-Tenía que llegar tarde, naturalmente, el maricón de mierda.
Interrumpiendo apenas los saludos, Mujica Lainez contesta en el acto, con voz igualmente clara:
- Callate, vos, gaucho con concha"

Adolfo Bioy Casares: Descanso de caminantes, Barcelona, Editorial Sudamericana, 2001, p.143


Ultima edición por Jean Valjean el Mie Abr 07, 2004 14:50, editado 1 vez
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Jean Valjean
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Registrado: 10 Mar 2003
Mensajes: 2440
Ubicación: La sombra del hombre invisible

MensajePublicado: Jue Ene 22, 2004 15:03    Asunto: Susan Sontag Responder citando

Thomas Mann y yo

"Todo lo que rodea mi encuentro con el tiene el color de la vergüenza.

[...]Yo no quería conocerlo. Merrill estaba en mi casa, era un domingo, mis padres habían salido, y estábamos en la recámara de ello tirados sobre su colcha de satín blanco.
A pesar de mis súplicas, Merrill había ido por el directorio telefónico y buscaba en la "M".
- Que te dije. Esta en el directorio telefónico
- No quiero ver
[...]
El auricular estaba colgado en el aparato. Merril estaba sentado en el borde de la cama, sonriéndose.
- No le veo la gracia -dije-. De veras creí que lo ibas a hacer.
El sacudió la mano.
- Lo hice
- ¿Hiceste que?
- Ya lo hice. -Seguía sonriendo
- ¿Llamaste?
- Nos espera a tomar té el próximo domingo a las cuatro.
[...]
El sol pegaba fuerte y la calle estaba vacía. En dos horas pasaron solamente unos cuantos coches. Luego, a las cinco minutos para las cuatro, merril soltó el freno de mano y bajamos en silencio por la pendiente para estacionarnos, ahora, enfrente del 1550. Nos bajamos, nos estiramos, nos hicimos gruñidos burlones para alentarnos, cerramos las puertas del coche con la mayor suavidad que pudimos, subimos por la vereda y tocamos el timbre. Campanas musicales. Oh.
Abrió la puerta una mujer muy anciana y con pelo blanco en el chongo; no pareció sorprendida de vernos, nos invitó a pasar, nos pidió que esperáramos un minuto en el zaguán oscuro -había una sala a manos derecha-, bajó por un largo corredor y le perdimos de vista.
- Katia Mann -murmuré.
- A ver si vemos a Erika -murmuró Merrill a su vez.
En la casa, un absoluto silencio. Ella regresó.
- Síganme, por favor. Mi esposo los recibirá en su estudio.
La seguimos casi hasta el final del pasillo estrecho y oscuro, justo antes de la escalera. A la izquierda había una puerta que ella abrió. Entramos detrás de ella, dimos una vuelta más a la izquierda y ya estábamos de veras dentro. En el estudio de Thomas Mann.
Vi el cuarto -parecía amplio y tenía un ventanal con una gran vista- antes de reparar en que era él, sentado de trás de una mesa compacta, labrada, oscura. Katia Mann nos presentó. Aquí están los dos estudiantes, le dijo, mientras se refería a él como el Dr. Thomas Mann; el asintión conla cabeza y dijo algunas palabras de bienvenida.
[...]Nunca le conte a nadie del encuentro. Al paso de los años lo he mantenido en secreto, como si fuera algo vergonzoso. Como si hubiera ocurrido entre otras dos personas, dos fantasmas, dos seres provisorios en tránsito a otras partes: una niña apenada, fervorosa, ebria de literatura, y un dios en el exilio que vivía en una casa en Pacific Palisades"


Susan Sontag en: Nexos, Año XII, Vol. 12, Núm. 142, octubre de 1989, pp. 31-41
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Jean Valjean
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Registrado: 10 Mar 2003
Mensajes: 2440
Ubicación: La sombra del hombre invisible

MensajePublicado: Jue Feb 05, 2004 14:43    Asunto: Rabindranath Tagore en Buenos Aires Responder citando

"¿Por qué Rabindranath Tagore pasó una temporada en Buenos Aires? Vino invitado por Leguía, que gobernaba en el Perú. Aquí tuvo que hacer una etapa, porque se engripó. Mariano Castex lo vio en el Plaza Hotel, y después, Beretervide, que contó la historia. "Yo lo llevaba muy bien, ya estaba casi restablecido de la gripe, cuando un día lo encontré boca arriba y temblando. pensé: lo traté por gripe y tenía meningitis. no era así. Lo que había pasado era que se había enterado de que Leguía, el hombre que lo había invitado, era un tirano, un enemigo de la libertad, y le dio un patatús. Quería renunciar al viaje. le pidieron a Castex que diagnosticara, por escrito, insuficiencia cardíaca, que hacía peligroso el cruce de los Andes. Castex se negó. Dijo: "Tengo un nombre, que se hizo en cincuenta años de práctica de la medicina. No puedo decir ese disparate". Beretervide escribió un diagnóstico absurdo y Rabindranath Tagore pasó en Buenos Aires los días que proyectaba dedicar al Perú, y conoció a Victoria Ocampo"
(A. Bioy Casares: Descanso de caminantes, Barcelona, Ed. Sudamericana, 2001, p. 95)


Ultima edición por Jean Valjean el Mie Abr 07, 2004 14:50, editado 1 vez
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Alan Breck
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MensajePublicado: Sab Mar 20, 2004 13:55    Asunto: Responder citando

El ángel y la mesa

Hace unos meses compré una novela de Balzac sobre ángeles, Séraphîta, relacionada con los textos del visionario y erudito sueco Emanuel Swedenborg. En el prólogo aparece esta anécdota, extraída de los diarios de Swedenborg, donde se narra cómo los ángeles le visitaron por primera vez:

"Tenía una sola debilidad, la glotonería, un gusto exagerado por la mesa. Una noche, a solas, se dispone a ejecutar un sacrificio delante de una mesa atestada de sus platos predilectos. De repente alguien surgió y dijo con tono de reproche: ¡comes demasiado!.

El apetito perdido, el filósofo medita sobre esta aparición y llega a la certidumbre de que su interlocutor no era otro que un ángel!

Hasta su muerte, se relacionará con los ángeles, quienes le enseñaron los fundamentos de un nuevo cristianismo, que permitiría la realización del hombre cabal."


El libro de Swedenborg parece que inspiraba y divertía a Borges, quien lo cita a menudo. Cuidado con los postres, ¡pueden oír la voz de un ángel!
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Alan Breck
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MensajePublicado: Mie Abr 07, 2004 13:51    Asunto: Responder citando

Idea Idea

Le preguntaron a Albert Einstein: "Cuando tiene una buena idea, ¿la apunta en algún sitio?". El científico respondió: "Cuando tengo una buena idea, no se me olvida."

Algo parecido le ocurrió a John B. Sebastian, músico del grupo Lovin' Spoonful, con el bonito tema incidental, Lonely (Amy's Theme), que compuso para la película de Francis Ford Coppola You're a Big Boy Now:

"Se me ocurrió en el lavabo, en una pausa durante la grabación. Sin embargo, al día siguiente la había olvidado. Mi padre me dijo que no me preocupara, que si la canción era lo bastante buena, la recordaría. Y en verdad, dos semanas más tarde, cuando llegó el momento de grabar aquella parte, la recordé."
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Jean Valjean
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Registrado: 10 Mar 2003
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Ubicación: La sombra del hombre invisible

MensajePublicado: Mie Abr 07, 2004 14:55    Asunto: Isaac Asimov Responder citando

Algo muy parecido cuenta en sus memorias Asimov. Durante la noche, se despertaba de repenta y se le ocurría una idea para un cuento de "ciencia-ficción" o para desarrollar algún argumento de la obra que estuviese escribiendo en ese momento. Nunca se levantaba, se daba media vuelta y se dormía. Su mujer se preocupaba y le instaba a que escribiese ne un hoja la idea. Asimov le contestaba indefectiblemente:

"-Mañana cuando me levante lo recordaré."

¡Y así era!

Saludos Alan (poco a poco va creciendo el foro... Tengo en la recámara alguna anécdota)
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Alan Breck
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Registrado: 10 May 2003
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Ubicación: Madrid, España

MensajePublicado: Jue Abr 08, 2004 18:41    Asunto: Responder citando

Gracias por ayudarlo a crecer, Jean. Aguardo esas anécdotas.

Se me olvidó decir que la de Einstein ocurrió en una conferencia en París, y quien le hizo la pregunta ("Cuando tiene una idea, ¿dónde la anota? ¿en una libreta, en una hoja suelta?") fue el poeta francés Paul Valéry.

Saludos.
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samsa
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Registrado: 14 Nov 2003
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Ubicación: Cuando no ando en las nubes, ando como perdido

MensajePublicado: Sab May 08, 2004 02:26    Asunto: Responder citando

En un capítulo de un extraño libro llamado Borrador de memorias Conrado Nalé Roxlo cuenta sencillas pero deliciosas anécdotas sobre las veces que se relacionó con Roberto Arlt:


A poco de conocerlo, me llevó a su casa, donde vivía con sus padres y su hermana Lila, una dulce muchacha que murió muy joven. Debajo de la cama, una alta cama de hierro, había pilas de grandes hojas de papel que ocupaban todo el espacio entre el piso y el elástico.
-Mire –me dijo-, todo esto lo eh escrito yo.
-¡Al diablo!
-Hace bien en jurar como un pirata, porque se lo pienso leer todo. ¡No sabe lo que le espera! –y soltó una carcajada.
Poco tiempo después volví a visitarlo, y ante mi extrañeza al no ver ningún papel debajo de la cama, me dijo:
-Lo quemé todo, no servía.
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samsa
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Registrado: 14 Nov 2003
Mensajes: 6825
Ubicación: Cuando no ando en las nubes, ando como perdido

MensajePublicado: Sab May 08, 2004 03:20    Asunto: Responder citando

21 de diciembre de 1974

Nos reunimos en el bar Maipú y Córdoba y hace calor afuera.
Alrededor, las mesas están vacías y solas. Yo también, cuando lleguen ellos, me sentiré solo. Ahora están a mi lado y conversan y puedo observarlos impunemente. (La medida es ser invisible a veces).
Presagio un diálogo profundo y vasto. El de dos cazadores que persiguen distintas presas en distintos cotos y que por eso no se enfrentarán.
Viéndolos, comprendo que son adversarios, pero no de veredas sino de universos.
Borges nunca escribirá Abaddón, Sábato tampoco escribirá El Aleph. Un detalle trivial observo: que alguno (yo no) traducirá en símbolos. Dos vasos: en el de Borges agua, en el de Sábato Whisky.





El anterior fragmento pertenece al libro Diálogos Borges-Sábato de Orlando Barone, cuando juntó a los dos escritores y los grabó conversando en distintos lugares en varias sesiones. Pues esto puede ser pertinente. Él (Barone) va narrando su experiencia como testigo de esa charla, y ya está con eso contando una anécdota literaria, a la vez que Sábato y Borges, en el plano central del libro, cuentan otras tantas anécdotas. Se entiende que quiero decir que este es un buen libro para golosos de las anécdotas literarias.




Ahí van un par de fragmentos de cuando Varone cuenta cómo eran los encuentros, lo cuál es una anécdota literaria. Y más abajo les pego un fragmento de los diálogos, donde se cuentan más anécdotas...




14 de diciembre de 1974
Creo que se tocaron las manos. Y un brazo o el hombro tal vez. Suelo imaginar más que lo que veo.
Se deben de haber dicho, no obstante, esas cosas comunes y triviales de todos: Hola, Borges; Qué dice, Sabato...
Mi obligación de testigo es registrar las palabras exactas. Pero ese momento cualquiera puede haberlo soñado siempre (cualquier escritor, cualquier artista) y es mejor hacer compartir las sensaciones, no las palabras.
Sé que venían por el pasillo de la casa, tomados del brazo, lentamente. El bastón era un péndulo en las manos de Borges.
Entreví dos sombras y detrás a dos hombres y, dentro de las sombras y los hombres, entreví el amor y la muerte, la lucha y el arte, es decir: la vida.
No me importó que apenas me saludaran (puedo soportar la idea de que por ese rato, de haberme ido, no se hubiesen dado cuenta).



(...)

Borges: ¿Cuándo nos conocimos? A ver... Yo he perdido la cuenta de los años. Pero creo que fue en casa de Bioy Casares, en la época de Uno y el Universo.

Sábato: No, Borges. Ese libro salió en 1945. Nos conocimos en lo de
Bioy, pero unos años antes, creo que hacia 1940.

Borges: (Pensativo) Sí, aquellas reuniones... Podíamos estar toda la
noche hablando sobre literatura o filosofía... Era un mundo diferente... Ahora me dicen, sé, que se habla mucho de política. En mi opinión les interesan los políticos. La política abstracta, no. A nosotros nos preocupaban otras cosas.

Sábato: Yo diría, más bien, que en aquellas reuniones hablábamos de lo que nos apasionaba en común a usted, a Bioy, a Silvina, a mí. Es decir, de la literatura, de la música. No porque no nos preocupara la política. A mí, al menos.

Borges: Quiero decir, Sábato, que no se hacía ninguna referencia a las noticias cotidianas, fugaces.

Sábato: Sí, eso es verdad. Tocábamos temas permanentes. La noticia cotidiana, en general, se la lleva el viento. Lo más nuevo que hay
es el diario, y lo más viejo, al día siguiente.

Borges: Claro. Nadie piensa que deba recordarse lo que está escrito en un diario. Un diario, digo, se escribe para el olvido, deliberadamente para el olvido.

Sábato: Sería mejor publicar un periódico cada año, o cada siglo. O cuando sucede algo verdaderamente importante: "El señor Cristóbal Colon acaba de descubrir América". Título a ocho columnas.

Borges: (Sonriendo) Sí... creo que sí.

Sábato: ¿Cómo puede haber hechos transcendentes cada día?

Borges: Además, no se sabe de antemano cuáles son. La crucifixión de Cristo fue importante después, no cuando ocurrió. Por eso yo jamás he leído un diario, siguiendo el consejo de Emerson.

Sábato: ¿Quién?

Borges: Emerson, que recomendaba leer libros, no diarios.

Barone: Si me permiten... aquel tiempo en que se encontraban en lo de Bioy...

Borges: Caramba, usted se refiere a aquel tiempo como si fueran épocas muy lejanas. (Pareciera evocarlas). Sí, claro, cronológicamente son lejanas. Sin embargo siento, pienso en aquello
como si fuera contemporáneo. Además, nos reuníamos pocas veces.

Sábato: El tiempo no existe, ¿no?

Borges: Quiero decir... Como yo sigo mentalmente en esa época... y además la ceguera me ayuda.

Se produce una larga pausa.

Borges: Recuerdo la polémica Boedo-Florida, por ejemplo, tan célebre hoy. Y sin embargo fue una broma tramada por Roberto Mariani y Ernesto Palacio.

Sábato: Bueno, Borges, pero aquel tiempo no fue el mío.
Lo dice con sarcasmo.

Borges: Sí, lo sé, pero recordaba esa broma de Florida y Boedo. A mí me situaron en Florida, aunque yo habría preferido estar en Boedo.
Pero me dijeron que ya estaba hecha la distribución (Sábato se divierte) y yo, desde luego, no pude hacer nada, me resigné. Hubo otros, como Roberto Arlt o Nicolás Olivari, que pertenecieron a ambos grupos. Todos sabíamos que era una broma. Ahora hay profesores universitarios que estudian eso en serio. Si todo fue un invento para justificar la polémica. Ernesto Palacio argumentaba que en Francia había grupos literarios y entonces, para no ser menos, acá había que hacer lo mismo. Una broma que se convirtió en programa de la literatura argentina.

Sábato: ¿Recuerda, Borges, que, aparte de la literatura y la filosofía, usted y Bioy sentían una gran curiosidad por las matemáticas? La cuarta dimensión, el tiempo... aquellas discusiones sobre Dunne y el Universo Serial...

Borges: (Aprieta el bastón con las dos manos, se yergue un tanto, casi con entusiasmo) ¡Caramba! Claro... los números transfinitos, Kantor...

Sábato: El Eterno Retorno, Nietzsche, Blanqui...

Borges: Y, siglos antes, ¡los pitagóricos, o los estoicos!

Sábato: Las aporías, Aquiles y la tortuga... Nos divertíamos mucho, sí. Recuerdo cuando Bioy leía los cuentos de Bustos Domecq recién salidos del horno. Pero a Silvina no le gustaban, permanecía muy seria.

Borges: Bueno, Silvina solía leer esos textos con indulgencia y
gesto maternal. A mí, sin embargo, los cuentos de Bustos Domecq me causaban gracia.

Sábato: Recuerdo que también hablábamos mucho de Stevenson, de sus silencios. Lo que calla, a veces más significativo que lo que expresa.

Borges: Claro, los silencios de Stevenson... y también Chesterton, Henry James... no, creo que de James se hablaba menos.

Sábato: Al que le interesaba mucho era a Pepe Bianco.

Borges: Sí, él había traducido The Turn of the Screw. Mejoró el
título, es cierto. Otra vuelta de tuerca es superior a La vuelta de tuerca ¿no?

Sábato: Representa con más claridad la idea de la obra. Al revés que con ese libro de Saint-Exupéry llamado Terre des Homme que aparece traducido como Tierra de hombres. Como quien dice "Tierra de machos". Si hasta parece un título para Quiroga o Jack London. Cuando lo que en realidad quiere significar (además lo dice literalmente) es Tierra de los Hombres, la tierra de estos pobres diablos que viven en este planeta. No sólo ese traductor no sabe francés sino que no entendió nada de Saint-Exupéry ni de su obra entera. Pero a propósito, Borges, recuerdo algo que me llamó la atención hace un tiempo en su traducción del Orlando, de Virginia Woolf...

Borges: (Melancólico) Bueno, la hizo mi madre... yo la ayudé.

Sábato: Pero está su nombre. Además, lo que quiero decirle es que encontré dos frases que me hicieron gracia porque eran borgeanas, o así me parecieron. Una cuando dice, más o menos, que el padre de
Orlando había cercenado la cabeza de los hombres de "un vasto infiel". Y la otra, cuando aquel escritor que volvió hacia Orlando y "le infirió un borrador". Me sonaba tanto a Borges que busqué el original y vi que decía, si no recuerdo mal, algo así como presented her a rough draft.

Borges: (Riéndose) Bueno, sí, caramba...



imagen externa. [Para que las imágenes que usted publica se vean en los foros, solicite permiso.]
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Alan Breck
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Registrado: 10 May 2003
Mensajes: 3838
Ubicación: Madrid, España

MensajePublicado: Dom May 09, 2004 10:22    Asunto: Responder citando

Muy buenas anécdotas, samsa, gracias por añadirlas.

Mirando al futuro

Los libros científicos de divulgación a menudo comienzan narrando una anécdota de algún filósofo antiguo, o bien un pasaje de Carroll, de Wells, o cualquier otro texto literario. En Mundos del futuro, el profesor Freeman Dyson echa mano de su memoria.

Onkel Bruno era el tío de mi esposa, un médico rural que vivía en una gran casa de un pueblo de Alemania. Heredó la casa, junto con la práctica médica, de su padre, y permaneció en ella toda la vida. Durante aquel tiempo, Alemania estuvo gobernada por potentados de diversa índole, imperiales, republicanos, nacionalsocialistas y comunistas. Al igual que el vicario de Bray, Onkel Bruno hizo las paces con cualquier partido que estuviera en el poder y siguió adelante con su profesión. Lo visité en su casa hacia el final de su vida, cuando era ciudadano de la República Democrática Alemana. No expresó ningún entusiasmo por la sociedad comunista en que vivía, pero estaba agradecido a los comunistas porque lo dejaban en paz.

Su casa y su jardín magníficos eran el orgullo y la alegría de los últimos años de su vida. Mientras yo admiraba el gran roble que se encontraba frente a su casa,
Onkel Bruno me dijo en un tono desapasionado: "Este árbol tendrá que talarse; ya ha pasado la plenitud de su vida". Por lo que yo podía ver, el árbol estaba sano y no mostraba signo alguno de caída inminente. Le pregunté cómo podía atreverse a cortarlo. Me contestó: "Por consideración a los nietos. Este árbol durará mi época, pero no sobrevivirá a la suya. Plantaré un árbol del que gozarán cuando sean tan viejos como yo lo soy ahora". Esperaba que sus nietos heredaran su profesión y que vivieran su vida en su casa. Así era costumbre en el mundo que conocía. Los gobiernos vienen y van, pero la familia resiste. Uno vive para sus hijos y para sus nietos. Los horizontes son largos, y es normal y natural mirar cien años hacia el futuro, el tiempo que un roble tarda en crecer.

Cuando yo era estudiante en Cambridge, Inglaterra, mi facultad tomó una decisión similar. El camino que conduce al Trinity College por el lado del río atravesaba una magnífica avenida de olmos plantados en el siglo XVIII. Los olmos todavía eran hermosos, pero habían pasado la flor de la vida. La facultad decidió, como
Onkel Bruno, sacrificar el presente para el bien del futuro. La avenida fue talada y sustituida por dos hileras de larguiruchos arbolillos. Ahora, cincuenta años después, los arbolillos están creciendo hacia la madurez. La avenida vuelve a ser hermosa, y crecerá hasta la altura máxima de los árboles para cuando el siglo XXI termine. El Trinity College ha sido un gran centro de enseñanza desde su fundación en el siglo XVI, y pretende seguir siendo un gran centro de enseñanza en el siglo XXI.

En los párrafos siguientes opone a esta visión del futuro la que observa en los nuevos dirigentes de las industrias de ordenadores y de equipos lógicos durante una reunión en Eslovenia, en 1995, el Forum de Alta Tecnología Este-Oeste.

Muchas personas vinieron de Rusia y de Europa Oriental, y un número igual de América y de Europa Occidental. Todos ellos tenían éxito y esperaban seguir teniéndolo. Vivían a todo tren. Los orientales representaban la nueva ola de ejecutivos de negocios que resurgía de las cenizas de las viejas sociedades comunistas; los occidentales representaban a empresas con la vista puesta en el futuro y que se desplazaban hacia los mercados del Este que se acababan de abrir. Los dos bandos compartían algunas premisas básicas: creían encontrarse en la cresta de la ola de la historia; creían que el futuro de la economía de libre mercado era inevitable y que ellos estaban ayudando a conseguirlo; y sus horiczontes eran a corto plazo.

En el mundo de la información al que pertenecen, cinco años es mucho tiempo; las fortunas se ganan y se pierden en uno o dos años. No tiene sentido hacer planes a más de cinco años vista, porque el crecimiento de la tecnología de la información es impredecible, y los mecanismos del mercado libre son más impredecibles todavía. Estos nuevos jóvenes capitalistas crecieron en un mundo de planes socialistas a largo plazo que fracasaron, y no ven ninguna virtud en ningún tipo de plan a largo plazo. En todas las conversaciones que oí, apenas se hizo mención al siglo XXI.

Parece que en los últimos años el mundo se ha hecho cada vez más miope, como si el hudimiento de las economías socialistas y las victorias del mercado libre hubieran hecho ilusorias todas las visiones a largo plazo del futuro. Las voces de
Onkel Bruno y del Trinity College, que intentan conservar pequeñas islas de belleza natural para nuestros nietos, parecen ser voces del pasado, apenas audibles en medio de los crecientes vientos de cambio. El diálogo público de nuestra era es principalmente un debate entre conomistas del mercado libre y conservacionistas; los conservacionistas intentan preservar el pasado, los economistas del mercado libre devaluar el futuro a un tipo de descuento del siete por ciento anual. Ningún bando del debate habla pensando en el futuro.

¿Quién, en la era moderna, tiene todavía sueños que se extiendan más allá del curso de la vida de nuestros nietos? Dos voces hablan pensando en el futuro, la voz de la ciencia y la voz de la religión. (...) Como la naturaleza humana de la que es reflejo, la religión suele ser cruel y pervertida. Cuando la ciencia alcanzó el poder que igualó el poder de la religión, también la ciencia se hizo con frecuencia cruel y pervertida. (...)

Pero las consideraciones éticas pueden prevalecer sobre el egoísmo miope únicamente si la voz de la religión se une a la de la ciencia. Ambas deben ser oídas, si es que nuestras elecciones éticas han de ser al mismo tiempo racionales y humanas.
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