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Anécdotas Literarias


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Alan Breck
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Registrado: 10 May 2003
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Ubicación: Madrid, España

MensajePublicado: Mar Oct 07, 2003 11:53    Asunto: Anécdotas Literarias Responder citando

Acudió una vez Alejandro hasta él y le dijo: "Yo soy Alejandro el gran rey." Repuso: "Y yo Diógenes el Perro." (...)

Demetrio en sus
Homónimos dice que en el mismo día murió Alejandro en Babilonia y Diógenes en Corinto.

Las anécdotas literarias son un género tradicional en los países anglosajones, a veces menor, a veces la fuente para libros como Vida de Samuel Johnson. La ironía, la brevedad y el sabor de época son esenciales.

De la historia no me gustan sino las anécdotas -escribió Mérimée-, y entre las anécdotas prefiero aquéllas donde imagino encontrar una pintura verdadera de las costumbres y los caracteres de una época. No es un gusto muy noble; pero, lo confieso para mi vergüenza, de buena gana cambiaría a Tucídides por las memorias auténticas de Aspasia o de un esclavo de Pericles. (...)

Leo por ejemplo en L'Estoile esta nota concisa:

"La señorita de Châteauneuf, una de las amantes del rey antes de que éste marchara a Polonia, habiéndose casado por devaneos con Antinotti, florentino, cómitre de galeras en Marsella, y descubriéndole en actos lujuriosos, lo mató virilmente con sus propias manos."

Por medio de esta anécdota y de tantas otras, que abundan en Brantôme, reconstruyo en la imaginación un personaje, y resucito a una dama de la corte de Enrique III.


He comenzado con la vida de Diógenes, tal como la cuenta Diógenes Laercio. Más que una biografía es una sucesión de anécdotas, reales y apócrifas, que componen una semblanza viva y tronchante del filósofo cínico. Destacan sus enfrentamientos con Alejandro, el más célebre su encuentro en Corinto:

Diógenes estaba tumbado al sol. Alejandro llegó hasta él, se detuvo y le dijo: "Yo soy el dueño del mundo. Pide lo que quieras y te lo daré." Diógenes contestó: "Aparta, no me hagas sombra."


Ultima edición por Alan Breck el Jue Oct 09, 2003 01:45, editado 1 vez
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Alan Breck
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MensajePublicado: Mar Oct 07, 2003 22:07    Asunto: Responder citando

Asesinato de filósofos

Al comienzo de su libro Del asesinato considerado como una de las Bellas Artes, enlaza Thomas de Quincey algunas anécdotas sobre filósofos que estuvieron a punto de perder la vida o que efectivamente la perdieron en extrañas circunstancias. Aquí despliega toda su erudición inventiva y su sentido del humor:

No es de extrañar -afirma el conferenciante ante los Caballeros Aficionados de Londres- que se asesine a príncipes y estadistas. (...) Pero hay otra clase de asesinatos que ha prevalecido desde comienzos del siglo XVII y que sí me sorprende: me refiero al asesinato de filósofos. Señores, es un hecho que durante los dos últimos siglos todos los filósofos eminentes fueron asesinados o estuvieron muy cerca de ello, hasta tal punto que cuando un hombre se llame a sí mismo filósofo y no se haya atentado nunca contra su vida, podemos estar seguros de que no vale nada; por ejemplo, creo que una objeción insalvable a la filosofía de Locke (si acaso hiciera falta) es que, aunque el autor paseó su garganta por el mundo durante setenta y dos años, nadie condescendió nunca a cortársela

Un joven Descartes de viaje por Alemania alquila una barca a unos hombres: Tan pronto habían salido al mar cuando hizo un agradable descubrimiento, al saber que se había encerrado en una guarida de asesinos.

Spinoza murió por un veneno. Hobbes, aunque omitido, temió hasta el fin de sus días que alguien lo asesinase. Malebranche fue víctima de una mala digestión y una disputa con Berkeley.

Leibniz mostraba tal ambición de ser por lo menos víctima de un atentado que no evitaba el peligro. Pero fue Kant quien, sin pretenderlo, se salvó más estrechamente de morir asesinado que cualquiera otra persona de quien tengamos noticia, con excepción de M. Descartes. ¡Tan absurda es la fortuna al repartir sus favores! Creo que la historia se cuenta en una biografía anónima de este gran hombre. En un tiempo, por razones de salud, Kant andaba unas seis millas diarias en el camino real. Esto llegó a oídos de alguien que tenía sus razones personales para cometer un asesinato y que se sentó en la tercera piedra miliar a partir de Könisberg a esperar a su "pretendido". Kant llegó a la hora exacta, puntual como un coche de correo. De no mediar un accidente era hombre muerto. El accidente estuvo en el carácter escrupuloso y, como diría la señora Quickley, quisquilloso del asesino. Un viejo profesor, se dijo, estará abrumado de pecados. No así un niño. Pensando en esto, se alejó de Kant en el momento crítico y poco después dio muerte a una criatura de cinco años. Tal es al menos la versión alemana de los acontecimientos. Mi opinión es que el asesino era un aficionado que comprendió lo poco que ganaría la causa del buen gusto con el asesinato de un metafísico viejo, árido y adusto que no le daría ninguna oportunidad de lucimiento, puesto que no era posible que, una vez muerto, se pareciese más a una momia de lo que ya se parecía en vida.

Valga esta anécdota como recuerdo a ese otro gran ensayo de Thomas de Quincey, Los últimos días de Emmanuel Kant.
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Alan Breck
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MensajePublicado: Mie Oct 08, 2003 12:24    Asunto: Responder citando

Ostras Frescas

Un siervo de nombre Chej que había comprado su libertad y dignificado su apellido fue el abuelo de Antón Chéjov.

Chéjov falleció en un balneario alemán, donde se curaba de tuberculosis. Acerca de esto hay una anécdota tétrica y humorística que recuerda a sus narraciones.

Igual que Stevenson o Boris Vian, Chéjov llevó una vida de plenitud mientras escapaba de una muerte que sabía temprana. Aún estudiante, sostuvo a su familia gracias a su temprano éxito como escritor, escribiendo incansablemente cuentos de una rara maestría. Ya médico recibía gratis en su consulta a multitud de campesinos. Al final de su vida, viajó a la isla de Sajalin, la isla del infierno, y dejó un testimonio impresionante acerca de lo que había visto en este lugar de deportación.

En sus cuentos y en su teatro vemos seres atrapados en una existencia baldía, ya sin remedio, a causa de la crueldad, la ignorancia o la desidia. Pero no es un autor que se regodee en estos temas, sus cuentos están llenos de humor e idealismo.

Según refiere Gorki, el cadáver de Chéjov llegó a la estación de Moscú, procedente del balneario de Bardenweiler, en un vagón que llevaba el rótulo Ostras Frescas. Al mismo tiempo se recibía el féretro de un general caído en la guerra ruso-japonesa. La banda dispuesta eligió the wrong box (como la novela de Stevenson) y empezó a hacer los honores siguiendo el féretro de Chéjov, hasta que la confusión se aclaró. Poco más tarde, sólo quedaban cerca los pocos que habían ido a acompañarle. He aquí cómo los describe Gorki, como si fuesen los propios personajes de Chéjov, salidos de sus cuentos, que le daban un último adiós:

Recuerdo a dos abogados moscovitas que parecían unos novios, con sus botas nuevas y sus corbatas de vivos colores. Al marchar detrás de ellos, oí que uno hablaba de la inteligencia de los perros, mientras que el otro describía las cualidades de su casa de campo y las hermosas vistas que la rodeaban. Una mujer, con traje malva y sombrilla de encaje, decía a un viejo: "¡Qué simpático era, qué ingenioso!" El viejo carraspeó escépticamente varias veces.
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Alan Breck
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MensajePublicado: Mie Oct 08, 2003 19:00    Asunto: Responder citando

Los arqueros

En septiembre de 1914, un mes después de la batalla de Mons que enfrentó a las tropas inglesas y alemanas en tierra de Francia, Arthur Machen publicó en el Evening News un cuento titulado The Bowmen. Allí, al modo de las narraciones medievales, imaginaba a los soldados ingleses, inferiores en número, salvados por la providencial aparición de una nube de espectrales flechadores que ponían en desbandada al ejército alemán.

La leyenda sobre los arqueros de Agincourt, que regresan para salvar de nuevo a Inglaterra en una batalla, se extendió con rapidez en tiempos de guerra. Pronto se les llamó los ángeles de Mons, y numerosas personas afirmaban haber escuchado el suceso de testigos presenciales. El cuento de Machen fue reeditado en forma de libro, ya no como una obra de imaginación sino como la crónica de un hecho al que se daba crédito y que suscitaba curiosidad.

En el prólogo al libro, Machen explica cómo concibió y escribió Los arqueros, que para él representaba un fracaso más que un logro. No la consideraba una de sus mejores narraciones, ni dio veracidad a la leyenda que él mismo había suscitado. Arthur Machen distaba tanto de ser una persona no creyente como un aficionado al ocultismo. Pueden leerse los recuerdos de su paso por la asociación esotérica Golden Dawn. Sin embargo, de alguna forma consiguió su propósito, uno de los escasos ejemplos recientes de cómo un escritor de genio elabora una historia que la gente cree, hace suya y convierte en una fantasía colectiva.

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Jean Valjean
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MensajePublicado: Lun Oct 13, 2003 14:40    Asunto: El atizador de Wittgenstein Responder citando

... la mayor disputa filosofica del s.XX.

Wittgenstein contra el Circulo de Viena encarnado en Popper, realmente llego a blandir ese instrumento con aviesa intencion de hundirselo en la dura mollera del positivista...

¿quien sabe?

Saludos Alan
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Louis
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Registrado: 04 Nov 2002
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Ubicación: La República de las Letras

MensajePublicado: Lun Oct 13, 2003 20:35    Asunto: El Poker Responder citando

Jean Valjean escribió:
... la mayor disputa filosofica del s.XX.

Wittgenstein contra el Circulo de Viena encarnado en Popper, realmente llego a blandir ese instrumento con aviesa intencion de hundirselo en la dura mollera del positivista...

¿quien sabe?

Saludos Alan


Claro, es el famoso ejemplo del atizador que aparecía y desaparecía en los recuerdos de los asistentes. Ocurrió el 25 de Octubre de 1946 en el seminario del Cambridge Moral Science Club, lugar en el que se encontraron Karl Popper -como ponente de una conferencia llamada "Are There Philosophical Problems?")- , Ludwig Wittgenstein -por aquel entonces, anfitrión de las reuniones, dada su vinculación con Cambridge, y Bertrand Russell, toda una institución en dicha universidad.

El asunto generó cierta polémica, porque todo el mundo consideraba lo suficientemente loco a Witt como para darle en lo que Jean Valjean llama dura mollera popperiana, quizás quedándose corto. Witt se pasó toda la conferencia cuestionando cada frase de Popper, y en la refriega verbal, parece que tomó un atizador de la chimenea, ya por jugar nerviosamente con él, ya como ejemplo material. El caso es que -cuenta Popper- gesticulaba nerviosamente ante él con el instrumento en las manos, hasta que Russell le ordenó que lo soltase: según esta versión, Witt salió de la sala enfurruñado y dando un portazo.

Como hay diez versiones diferentes del asunto, nos quedaremos con ésta, la más conocida, quizás porque es la que aparece en Unended Quest: An Intellectual Autobiography (1976), la autobiografía de Monseñor Popper.

Es un caso trivial, sin duda: si le hubiese arreado, posiblemente el mundo se hubiese quedado con un atizador menos. Hace poco, se escribió un librito, no demasiado inteligente sobre el asunto por parte de un par de periodistas de la BBC, que narraban el argumento como si de un caso de misterio se tratase. El libro se llamaba Wittgenstein`s Poker, que puede entenderse tanto como póker como atizador; incluso motivó una obra de teatro: The Fly-Bottle

Louis
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Alan Breck
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MensajePublicado: Mar Oct 14, 2003 12:08    Asunto: Responder citando

Me alegra volver a saludarte, Jean. Y gracias a Louis por contar la anécdota. Creo que había una novela policiaca, El anillo de los doce filósofos o algo así, y también otra con Wittgenstein de protagonista, en la que tal vez se narra esta historia Question .
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Alan Breck
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Registrado: 10 May 2003
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MensajePublicado: Mar Oct 14, 2003 21:33    Asunto: Responder citando

"Good Evening"

Había una guapa muchacha, hija de un guardabosques, que se ganó la admiración de Hardy a causa de su hermoso pelo rojo como las bayas. Pero, al ser dos o tres años mayor, ella le rechazó y se casó temprano. Él la celebró más tarde como 'Lizbie Browne'. Y hubo otro afecto, algo después, que llegó a ser más intenso, por la hija de un granjero llamada Louisa. Hubo más, probablemente. Todos parecen, sin embargo, haber sido fugaces, excepto quizás el de Louisa.

Él creía que su afecto por esta damisela era correspondido, ya que en una ocasión, cuando volvía a casa desde Dorchester, la descubrió paseando en el camino, como si quisiera encontrarlo. Él ansiaba hablarla, pero la vergüenza le sobrecogió, y cruzó a su lado murmurando 'Buenas noches', mientras que la pobre Louisa no tuvo qué decir.

Después se enteró de que ella había ido a Weymouth, a un internado para señoritas, y allá se fue, domingo tras domingo, hasta que dio con la iglesia donde la muchacha de sus amores acudía junto a sus compañeras. Pero, ay, todo lo que resultó de estos esfuerzos fue una tímida sonrisa por parte de Louisa.

Que esta visión perduró se deduce del poema 'A Louisa en el camino', escrito no muchos meses antes de su muerte. Louisa yace en una tumba anónima junto a la iglesia de Meylstock. Aquel 'Buenas noches' fue la única palabra que cruzó entre ellos.


De la autobiografía The Early Days of Thomas Hardy, escrita por su segunda mujer, Florence Emily Hardy.

(to be continued)


Ultima edición por Alan Breck el Vie Oct 17, 2003 17:42, editado 1 vez
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Jean Valjean
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Registrado: 10 Mar 2003
Mensajes: 2440
Ubicación: La sombra del hombre invisible

MensajePublicado: Mie Oct 15, 2003 15:13    Asunto: Gracias a Louis Responder citando

por ahorrarme el trago de buscar entre los recortes de periodicos la referencia de donde lo saque (un articulo publicado en El pais donde se explicaban varias de las versiones.

Yo lei el libro El mundo tal como lo encontre de un tal Duffy que es una novela historica sobre Wittgenstein pero no decia nada del asunto.

Otro dia contare la anecdota historica de Efialtes (esta real, si se me autoriza a ello)

Saludos
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Alan Breck
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Ubicación: Madrid, España

MensajePublicado: Mie Oct 15, 2003 19:45    Asunto: Responder citando

Yo la espero Jean, aunque la verdad no sé quién es Efialtes.

("Good Evening", continuación)

To Louisa in the Lane

Meet me again as at that time
In the hollow of the lane;
I will not pass as in my prime
I passed at each day's wane
- Ah, I remember!
To do it you will have to see
Anew this sorry scene wherein you have ceased to be!

But I will wellcome your aspern form
As you gaze wondering round
And say with spectral frail alarm,
'Why am I still here found?
- Ah, I remember!
It is through him with blitheful brow
Who did not love me then, but loves and draws me now?'

And I shall answer: 'Sweet of eyes,
Carry me with you, Dear,
To where you donned this spirit-guise;
It's better there than here!'
- Till I remember
Such is a deed you cannot do:
Wait must I, till with flung-off flesh I follow you.

Las novelas de Thomas Hardy se desarrollan en un espacio inventado pero inmediatamente reconocible: la región sur de Inglaterra, a la que llamó Wessex adoptando un topónimo medieval. Tras el éxito de sus libros, la comarca volvió a ser conocida por este nombre.

Esta anécdota me ha recordado la aparición de Bathsheba en Lejos del mundanal ruido y un poemilla de hace tiempo.

The shepherd encounters Bathsheba

I knew there were your blue green eyes
Long hair now brown - and then all red
You liked to cross the countryside
With smiles and arms and running legs.
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